
Notas de Amudiel: Cuando no puedes quitarte a una persona de la cabeza, acabas de alguna manera buscando su compañía…
Esclavo: el perfume del amor. Fic Twc de Amudiel
Capítulo 4: Algo gay, pero interesante…
Bill llegó al apartamento donde vivía aproximadamente a las doce menos cuarto de la noche, no le sorprendió ver a sus amigos despiertos mirando la televisión, al día siguiente era domingo y podían dormir de más si así lo querían, Gustav y Georg lo saludaron vagamente cuando lo vieron entrar.
—¿Qué tal te fue? – pregunto Gustav, Bill se sentó en medio de ambos.
—bien
—¿Qué te pregunto? – Georg dejo de prestarle atención a la tele.
—Nada… — Bill desvió la mirada hacia sus piernas, era una suerte que las luces de la sala estuviesen apagadas, así sus amigos no notarían su rubor, no podía evitar pensar en lo que Tom le hizo en esa habitación, se sentía humillado, realmente considero una suerte que no tuviese que volver a verlo.
—¿te llamo a su hotel para “nada”? – insistió Gustav augurando algo malo.
—bueno… dijo que le gusto mi manera de desempeño en el modelaje, eso, solo algo así
Ninguno de los tres dijo nada durante un buen rato.
“yo realmente te amo, fui un estúpido al no darme cuenta antes” esa película estaba al terminar, parecía sumamente aburrida, los tres jóvenes eran consientes de la tensión flotante en el aire del departamento.
“¿Cómo se que no mientes?” la mujer que lo miraba era mayor, una mujer madura “¿incluso a esa edad hay confusiones amorosas?” pensó Bill suspirando cansinamente, los sentimientos no deberían existir, solo hacen a la gente débil, sin embargo en algunos casos la fortalecen.
—me voy a dormir
—de acuerdo
—buenas noches
Bill se dirigió al pasillo que dirigía a las habitaciones, la suya estaba al lado de la de Georg, y la de Gustav al frente, el baño al fondo, entro a su santuario privado, el único lugar donde podía anestesiarse de todo, y sentirse adormecido, hermosamente adormecido, era fácil dejar su mente en blanco entre esas paredes violetas, esos muebles blancos, y esa cama color crema, se cambió de ropa y sin bañarse se dejó llevar por el sueño.
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Hermoso, delicado, piel suave, alto, Bill era más alto que el mismo, su pelo era suave, la piel de su cuello también lo era, y Tom lo sabía por que la había profanado la noche anterior, la piel del cuello de otro puto hombre, de otro mal nacido hombre del cual no podía apartar sus pensamientos, ni tampoco sus ojos.
Las revistas rodeaban su cama, algunas estaban cerradas pues el “travesti loco” estaba en la portada, y en otras que estaban abiertas de par en par, también aparecía este, con sus delineados ojos, su piel tentadora, su pose chulesca, ¿es que acaso se podía ser más cabrón? Tom enojado arrojo de un manotazo todas las revistas por doquier, nunca en su puta, jodida y mal nacida vida había pensado tanto en una persona. No de esa manera al menos.
La sinfonía de ruiditos extraños que habían salido de la impune boca el día anterior, se reproducían en su cerebro una y otra vez, los suspiros, los gemidos amortiguados, las suplicas de que lo dejara en paz, como si se estuviera aprovechando, Tom bufo molesto, ¿el aprovechándose del joven marica? Jamás, solo le daba asco.
Asco.
Nauseas.
Vomito.
Joder que no podía más.
Era todo una mentira, como cuando tratas de convencerte muy profundamente de que algo que definitivamente te gustaba, no te gustaba en lo absoluto, el encontrarse con ese modelo aterrizado de algún planeta desconocido, le hacía pensar tanta gilipollez junta, y eso le cabreaba.
Tocaron a su puerta, no se molestó en contestar, Victoria entro de todas maneras, después de tocar como siempre, con una agenda en las manos y sus gafas delgadas bordeadas por un sencillo marco dorado sobre sus azules ojos. Victoria siempre le había puesto de ganas, por eso trato de seducirla cuando empezó a trabajar, siendo limpiamente mandado a la mierda.
No tenía ganas de insistir.
—el vuelo para Hamburgo sale a las seis…
—Cancélalo – le interrumpió Tom, ella lo miro frunciendo el ceño.
—¿perdón?
—que canceles el puto vuelo, no volveremos
—disculpe pero yo ni si quiera iba a acompañarlo a este viaje, ¿Cuál es el motivo por el que habríamos de quedarnos?
Tom no respondió, simplemente dejo que Victoria hablase como la cotorra mandona que a veces era, ¿Por qué las mujeres eran tan insoportables a veces? Chantelle era como unas 100 mujeres juntas, todas igual de histéricas y locas, combinadas para formar una rubia gigante de 30 metros, como en las películas, ¿y Victoria le preguntaba por qué no quería volver? Aunque… Chantelle no era el único motivo.
Y Victoria seguía esperando una respuesta.
—¿Qué no te agrada Leipzig? – pregunto Tom con fingida inocencia.
Las revistas que había arrojado de su cama estaban esparcidas por todos lados, algunas de cara, otras cerradas, pero un par las que tenían a Bill en la portada estaban perfectamente a la vista, Victoria no era tonta.
—Señor – dijo sentándose en la cama – ¿Qué le hizo ayer al modelo para que se fuera tan molesto?
—¿se fue molesto? – Sonrió Tom – al menos se enojó
—Tom – rara vez Victoria se tomaba esas confianzas con su jefe, a pesar de que Tom le había pedido en innumerables veces que dejase de tratarlo como si fuera un viejo.
—no le hice nada, al menos, nada que él no quisiera ¡si hasta lo disfruto! – Victoria abrió los ojos impresionada.
—¿acabas de admitir que hiciste “algo” con otro hombre? ¿TU?
—No soy gay – siseo Tom arrugando el ceño – el maldito marica, es el, no yo
—¿entonces fue el quien te hizo algo a ti?
Tom estaba seguro de que Bill le había hecho algo, porque Tom Kaulitz jamás habría empotrado a otro hombre contra la barandilla del balcón, ni abría besado su cuello, mucho menos le habría frotado el paquete mientras se excitaba, la maldita culpa era de ese travestí reprimido de Bill Trümper.
—Supongo – dijo al final el de trenzas – mira necesito alejarme por un tiempo de Hamburgo, no tengo nada que me exija volver de inmediato, así que por lo pronto me quedare, tu por tu parte si quieres volver con tu noviecito no te detendré.
Victoria bufo, haciendo que dos mechones de su negro pelo, volasen en el aire.
—no sobrevivirías sin mí ni medio día
—no lo sabremos hasta que lo intentemos, por-fa-vor Victoria tengo 25 años, podré sobrevivir tranquilamente sin ti por algunos días
—me quedare contigo solo un día más, pero dime una cosa – la asistente dejo a un lado su agenda sobre la cama –¿Qué esperas lograr con ese modelo?
—quiero que deje de ser un misterio, que se convierta en algo aburrido para que pueda dejar de… pensar en… su maldita cara, y seguir mi jodida vida como siempre lo hice. Eso es todo Vic, solo es un jodido modelo más raro que un gato rosa.
—es un reto ¿verdad?
—como me conoces…
—a veces creo que mas de lo que tú mismo te conoces, creo que deberías dejarlo en paz – dijo Victoria seriamente – pienso que nada bueno saldrá de que andes acosándolo ¿Qué tal si te denuncia o algo?
—soy el puto Tom Kaulitz, el jamás me denunciará, y aun que lo hiciera ¿Qué crees que pasaría?
—nada…
—pues eso Vic, yo no salgo perdiendo nada, y eso es lo mejor
—¿y cuál es el plan?
Tom la miro pensativo, ¿Cuál era el puto plan? No tenía idea, lo único que quería era sacarse al modelito infame de la cabeza, dejar de pensar en él, en cada detalle que tuviera que ver con él, ni que fuera una tía buena, pensando en tías de nuevo, Tom recordó que tenía que follarse una cuanto antes, o de verdad enloquecería.
No había nada mejor que un cuerpo femenino para relajarse, esas pronunciadas curvas que las diferenciaban de los chicos, esas coquetas sonrisas que arrasaban pasiones, y también braguetas en el camino ¿Cómo un asqueroso hombre podía ser…? ¿ser qué? ¿más atractivo? ¿más deseable? Asco.
—No hay plan – contesto algo frustrado – a veces creo que todos los hombres a excepción mía deberían dejar de existir, el mundo sería un lugar mejor.
—dices cosas raras
—por lo pronto vamos a comer Vic, que me muero de hambre
Se dirigieron al restaurante del hotel, hablando, bueno Victoria era la que hablaba por que Tom no decía ni una palabra escuchando a medias lo que salía de la boca de su asistente, de repente se sentía existencial, si, eso que suele darle a la mayoría de las personas alguna vez, le dio a Tom en momento menos esperado.
Ponerse a pensar por que estaba en el mundo, que propósito tenía su existencia y esas mierdas filosóficas acerca de la de vida y del universo en sí, ¿que de filosófico tenía una juerga hasta las 5 de la madrugada?, vomitar alcohol en estado puro al día siguiente, encontrar condones usados por todos lados, ¿tenía eso algo de existencial?
Estúpidos sentimientos de los que le hablaba su madre en esa época, en su época de libertinaje total, el amaba demasiado a su madre, mas que a cualquier otro ser en el mundo, pero no podía simplemente seguir sus palabras al pie de la letra, ninguna chica había hecho vibrar jamás su ser como ella describía apasionadamente, con su hermosa voz, ninguna pasaba por su mente después de habérsela follado, es mas ni las reconocía, había tenido ciertos problemas por eso.
—¿Tom que vas a pedir? – le devolvió a la realidad la voz de su asiente.
—lo que sea
—el pollo francés estará bien – indico Victoria al mesero – ¿escuchaste si quiera algo de lo que te dije?
—no – negó con toda calma Tom – estaba preguntándome toda esa mierda de porque estamos aquí y demás.
—¿TU? – volvió a decir Victoria asombrada – pues desde que conociste a ese modelo estas raro, más de lo que habitualmente eres.
—Victoria déjame hacerte una pregunta – ella asintió – ¿Por qué amas al baboso de tu novio? Quiero decir… es un tonto, y ese día, estaba ridículamente homosexual con ese traje todo pegado al cuerpo – se estremeció al recordarlo.
—Uno no elije de quien se enamora – declaro ella – simplemente sucede y ya, y mi novio no es baboso, ni tonto, es gimnasta y el leotardo es el traje reglamentario de esa profesión.
—¿entonces tu no elegiste enamorarte de ese? – pregunto Tom ignorando lo demás.
—claro que no, fue nada más vernos y que hubiera esa chispa – los ojos de Victoria brillaron emocionados, Tom se estremeció, odiaba cuando las chicas ponían esa cara de enamoradas hasta los huesos – nos conocimos y no podíamos dejar de hablar entre nosotros, de cualquier bobería a veces, el buscaba cualquier tonta excusa para llamarme, yo buscaba excusas para verle, recuerdo que hice subir a mi gato a un árbol una vez solo para hacerle venir a mi casa a bajarlo – suspiro – así es el amor
—hablas peor que mi madre – declaro Tom.
—¿nunca sentiste un hormigueo emocionante en el estómago? – Tom negó – ¿una emoción desbordante al ver a esa persona? – Negación – ¿ganas de verla todo el tiempo? – Nuevamente una negativa – eres peor que una roca
—¿te refieres a que soy duro, gris y deforme?
—¡no! Me refiero a que tienes el mismo grado sensitivo que una piedra
—El amor es una mierda Vic – declaro Tom descuartizando el pollo que acababan de ponerle delante – si tu novio el rarito de los gimnasios se metiera con otra tu quedarías destrozada y el amor no serviría de nada, lloraras, lo repudiaras y al final acabaras negando su existencia.
—mi novio no aria algo así ¿es que a ti te engañaron? ¿Es el motivo por el que no crees en el amor?
—nah – Tom mastico sin saborear la comida, todo en su vida era así, los colores eran monocromáticos, la comida no tenía sabor, solo alguno que otro olor lograba hacerlo sentir más vivo y menos zombi, ¿Qué clase de vida era esa? Donde no se podía sentir nada, igual que una piedra – creo que yo ya nací así sin creer en eso de los sentimientos.
—el amor no es, lo que tú piensas que es Tom, el amor no es como en las caricaturas, rosa y con corazoncitos flotantes por todas partes, donde los protagonistas se toman de la mano mirándose embobados y caminan a través de un camino amarillo a la vida de sus sueños – Tom la miro frunciendo el ceño sin entender nada – el amor es, todo, es alegría, también tristeza, con el amor ríes, pero también lloras, te sientes seguro e inseguro al mismo tiempo, es maravilloso pero aterrador, no es solo amor y ya, es un cúmulo de miles de sensaciones que te hacen sentir vivo…
Tom calló, al igual que su interlocutora, ¿el amor era sentiste vivo? ¿Qué era sentirse vivo? Era tan desesperante ser el, lo tenía todo, absolutamente todo, dinero, fama, mujeres, estabilidad, todo, pero aun así era tan vacío, no había dolor, ni siquiera tristeza, solo un vacío asfixiante carente de cualquier otro sentimiento positivo o negativo, siempre vacío.
—¿tu no amas a Chantelle verdad?
—claro que no
—¿entonces por qué te casaste con ella?
—para poder follarmela – Victoria lo miro interrogante, Tom se explicó mejor – quería llevarla a mi cama, y ella me dijo que solo se acostaría conmigo si nos casábamos, yo no podía dejar que esa maldita zorra se metiera con mi orgullo, me mando a la mierda, y yo sabía que no estaría tranquilo hasta que la metiera en mi cama
—eso es ridículo… ¿Cómo pudiste casarte solo por eso?
—pues me daba igual, casado o no casado es la misma mierda de siempre
—oye… mira no quiero ser grosera pero lo que hiciste con tu esposa no es… una especie de… no se reto que querías ganar – Tom se lo pensó un rato.
—algo así
—¿y el modelo también es esa clase de reto? – pregunto ella asombrada.
—¡no! – elevo la voz Tom – mira Victoria, te lo repetiré una vez más, No. Soy. Gay
—De acuerdo – alzo las manos ella aguantando una risa – no lo eres, pero ¿entonces qué clase de reto representa ese modelo para ti?
—Quiero que deje de ser misterioso – y Tom se repitió la frase mentalmente, al menos unas mil veces ese domingo, porque tenía miedo de encontrar en su interior que realmente si era el otro tipo de reto del que Victoria hablaba, y eso sería peor que una patada en los huevos.
Definitivamente no podía ser lo otro.
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La camioneta negra estaba estacionada frente al edificio con el diminuto balcón, el modelo vivía ahí con sus amigos, según lo que le habían contado a Tom, porque a pesar de que él lo mando discretamente a averiguar, según él se lo contaron en contra de su voluntad, debería irse a follar a alguna tía en vez de estar mirando un estúpido edificio sin gracia.
Tom se sentía furioso por estar allí haciendo el imbécil, y toda la maldita culpa la tenía ese modelo de cuarta que seguro estaba ahí dentro con sus amiguitos snobs viendo alguna estúpida película de terror, comiendo palomitas de maíz, mas patéticos no podían ser.
¿Por qué se tenía que comer el cerebro pensando en la jodidamente aburrida vida de Bill Trümper? Ese cabron travestí, porque cualquiera que lo mirase lo confundiría con una mujer fácilmente.
¿A quien jodidos quieres engañar Tom? Ese modelo es interesante, algo con color entre el paisaje blanco y negro que es tu vida desde que naciste
Ah… la vocecita, hace años que no la escuchaba, lo único que auguraba esa estúpida voz, eran días y días de dolor de cabeza, o en su defecto migrañas, la muy pelotuda voz tenía la mala manía de golpear su cabeza desde dentro cuando Tom decidía ignorarla.
—Cállate – dijo a la nada en voz alta, sintiéndose el ser más estúpido del planeta – necesito un porro
Yo también tío, yo también…
La puerta del edificio se abrió dejando salir a una chica castaña bastante linda, y también estaba ahí el causante de sus migrañas, el maldito modelo del demonio, vestido con unos sencillos pantalones de tela, y en su torso nada, absolutamente nada, la chica castaña le dejo un beso y se alejó taconeando alegremente, Tom bajo rápidamente de su coche dando un portazo, quería atraer la atención de Bill ¿y qué?
¿No que no tenía novia?
El modelo lo miro sorprendido y como un acto reflejo Tom le vio ocultar lo mejor que pudo su torso desnudo con sus brazos cruzados, ¿Qué mierda iba a decirle? Se preguntaba Tom, a cada paso que daba acercándose al chico de rastas bicolores, estaba molesto, a Tom Kaulitz nadie le mentía, ni siquiera un modelo con complejo de mujer reprimida y delirios de grandeza.
—¿vives aquí? – pregunto con una ligera mueca de asco.
—¿Qué haces aquí? – le pregunto Bill sin contestar su pregunta más que obvia.
—turismo
—¿frente a mi departamento?
—la calle es publica
—opino, que es demasiada coincidencia, ¿o es que acaso querías algo? – Tom noto que el chico estaba totalmente a la defensiva ¿Qué? ¿Creía que iba a manosearle otra vez? estaba loco definitivamente si pensaba que repetiría tal asquerosidad nuevamente.
Dile algo, idiota.
—¿no me invitas a pasar? – fue lo primero que se le ocurrió a Tom, Bill lo miro sorprendido mientras el perfumista se pateaba mentalmente ¿Cómo que pasar? ¿Para qué cuernos quería pasar a ese lugar de quinta?
—Claro – contesto después de un rato Bill – pasa si quieres
Oh claro que quiere.
Maldita y maldita voz, Tom realmente la odiaba y esperaba que algún día se callase, definitivamente no como ahora que misteriosamente había vuelto a aparecer en su cabeza, era como tener dos personas dentro, porque esa voz decía cosas que Tom Kaulitz jamás, nunca, en la vida diría o pensaría si quiera.
—¿entonces que querías? Aparte de pasar digo…
—Estaba aburrido – contesto Tom observando las gradas del sitio ¿Qué no había un jodido ascensor? – y de casualidad mientras hacía turismo, me topé con tu… casa
Bill lo miró totalmente incrédulo.
—aja…
—oye… ¿Por qué estás tan… desabrigado? Digo, aquí en Leipzig hace frío
—en el departamento hay calefacción, hace mucho calor ahí dentro
—¿esa es la excusa que me vas a dar? – pregunto algo molesto Tom.
Oh miren quien esta celoso.
—¿perdón? – Bill miraba como Tom estaba estupefacto, así de la nada, mirando al vacío – ¿te sucede algo? La verdad no sé de qué excusa estás hablando.
Yo no estoy celoso maldita voz de mierda, ya sabía que tú no podías ser yo, yo jamás siento celos de nadie, de ninguna mujer y mucho menos de un hombre, joder.
Claro que yo soy tú, imbécil, por algo estoy dentro de tu cabeza.
—seria mas fácil que dijeras que has estado follando con tu novia y que por eso vas medio desnudo, no tienes por qué inventarte excusas tontas.
Bill abrió la puerta de un apartamento mirándolo totalmente extrañado.
—Ya te había dicho que no tengo novia – le recordó el modelo al perfumista – ella es Sara la hermana de Gus…
—¿Gus…? ¿El tío rubio con cara de mafioso?
—El mismo – sonrió tiernamente Bill, él y Georg seguían sin verle el lado macabro a su amigo – en realidad es su hermanastra por eso la diferencia física entre ambos
Bill se encontró de repente preguntándose, porque le daba tantas explicaciones a la persona que menos deseaba ver en el planeta y que curiosamente estaba entrando a su apartamento en ese momento.
—¡Bill! – se escuchó una voz desde dentro – ¡trae tu culo hasta aquí que estamos en la mejor parte de la película!
El moreno enrojeció, el gesto le pareció adorable a Tom, y la estúpida, molesta vocecita dentro de su cabeza opinaba igual que él, Bill siguió ingresando hasta la sala seguido por Tom, sus amigos seguían con la película pausada que habían dejado a medias cuando Sara les anuncio que se iba, Bill la acompaño hasta abajo.
—¿Qué demonios te demoro tanto? – Georg abrió los ojos a más no poder cuando vio a Tom Kaulitz parado detrás de su amigo.
—hum… — Bill no estaba muy seguro de que decir – me encontré con… el Sr. Kaulitz fuera y pues, lo invite a pasar
—aja… — Georg seguía en shock, Gustav miraba al “intruso” firmemente.
—que coincidencia que se encontrasen – dijo como quien no quiere la cosa.
—este… si, iré a… ya regreso – se cortó Bill sintiéndose bastante incomodo al estar parado al lado de Tom, sin nada que le cubriera el torso, Bill camino tan rápido hacia su habitación que no noto como este le seguía, ante las miradas estupefactas de Gustav y Georg, Tom las ignoro olímpicamente.
Bill entro a su habitación corriendo directamente a su armario para sacar una camiseta y regresar a la sala para ver qué demonios quería Tom ahora, la puerta se cerró con un suave clic, y se escucharon ligeros pasos en la habitación, pasos que no eran suyos.
—vaya, es muy interesante – comentó el de trenzas sentándose en la cama, observando la decoración – algo gay, pero interesante…
& Continuará &
Notas de Amudiel: Espero que les haya gustado 😀 comenten que no cuesta mucho hacerlo para ver si esta historia vale la pena o es mejor dejarla en el baúl del olvido xD