
Notas de Amudiel: Si el perfumista esta vacío, el perfume también lo estará…
Esclavo: el perfume del amor. Fic Twc de Amudiel
Capítulo 2: Renacer una fragancia vacía
Victoria negaba con la cabeza, mientras Tom fumaba un cigarrillo, ¿tan difícil era que lo acompañara al jodido viaje? Tom la miro enojado.
—te necesito – declaro tajante – así que no me pongas excusas
—Tom, sabes que Fernando se molestara si…
—vamos Vic, no mezcles trabajo con lo personal – interrumpió.
—es el único día que sus padres tienen libre…
—si postergan la cena prometo pagar otra en el mejor restaurante de la ciudad, vamos Vic, convence a tu odioso prometido de que te deje venir conmigo
La morena suspiro cansada sentándose en el sillón frente al escritorio de Tom, suspiro nuevamente y asintió resignada, Tom sospechaba que ella pensaba en renunciar al menos una docena de veces al día, pero no era fácil dejar de lado el esfuerzo que se empleaba para llegar a algo, ella no renunciaría a su esfuerzo solo por que Tom era un imbécil.
—gracias – sonrió arrojando el cigarrillo al cenicero – partimos mañana
—me retiro – dijo la morena saliendo con pesar del lugar, Tom disfruto del silencio en su despacho, su hermoso despacho antes de su padre, lo único que afeaba el lugar era la fotografía de el y Chantelle, el día de su boda, dos años “felizmente” casados, se inclino hacia delante y volteo la fotografía hasta dejarla de cara al escritorio, despertar al lado de ella era un martirio, soportarla el resto del día era otro martirio, aguantar sus celos era una tortura, Tom deseaba morir.
Pero en el fondo no era cierto, solo quería ser libre, pero cuando sentía esa necesidad de libertad, recordaba los días antes de casarse con Chantelle, aun siendo libre, su vida estaba tan vacía, tan seca, tan monocromática, le daba asco, y dejaba de anhelar la libertad, ¿para que querer ser libre si era la misma sensación que estar casado? Solo que sin Chantelle jodiendole la puta vida.
Hablando de la reina de Roma.
—cariño – dijo entrando la rubia a la oficina, su blusa era un diseño animal print que combinaba con sus botas de taco angosto – ¿Qué hacia Victoria hasta tan tarde aquí? – pregunto molesta.
—trabajo – respondió secamente Tom.
—sabes que desconfío de ella… — el hombre no le hizo caso, solo se encogió de hombros sin mirarla, encendió otro cigarro, la cercanía de Chantelle le hacia querer fumar cual chimenea – Tom te advertí que debías serme fiel – una risa amarga emergió de sus labios.
—te aseguro que entre Victoria y yo no hay nada –solo por que ella nunca quiso, pensó Tom con un irónico humor interno, chica inteligente…
Chantelle no le hizo caso, se acerco hasta estar frente a el y taconeo un par de veces el suelo mirándolo con el ceño fruncido.
—¿Cuánto? – pregunto Tom dejando el cigarro en el cenicero y sacando su chequera.
—¡no vine a pedirte dinero! – Chillo la rubia con su agudísima voz que taladraba los oídos de Tom – ¿Por qué no me dijiste que viajarías otra vez? ¡Y vas con esa perra! –¿el burro hablando de orejas? Rió el hombre internamente.
—solo iré a Leipzig – dijo aburrido dejando la chequera sobre el escritorio – ya te dije que no tengo nada con ella – Tom volvió a tomar el cigarro para fumarlo, observo la ciudad, a través del ventanal, el que estaba tras su escritorio, era enorme y le dejaba una hermosa vista.
—¿estas seguro que es necesario el viaje de negocios?
—lo es
—viajas demasiado…
—es trabajo
—¿Por qué será ahora?
—el lanzamiento del nuevo perfume ¿lo olvidaste? “renacer” – ella asintió.
—realmente me gusto ese aroma – dijo sonriente la rubia – hiciste un buen trabajo al crearlo – Tom se abstuvo de bufar, a el le parecía un aroma asqueroso, pero no era novedad, que los gustos de Chantelle y los de él, eran tan opuestos como el caribe y el polo norte. Su talento perfumista estaba por los suelos, siendo pisoteado por montones de zapatos, zapatos que simbolizaban el pesimismo del creador, era interesante descubrir que por más mierda que sus manos creasen, en respecto a perfumes, la gente seguía idolatrándolo.
—gracias – comento secamente perdiéndose en las luces nocturnas de la ciudad.
—ya que vas a viajar, con esa perra, y me vas a dejar sola…
Tom suspiro dejando de nuevo el cigarrillo en el cenicero, ya se estaba tardando, pensó, cogiendo la chequera y garabateando en ella rápidamente, arranco el trozo de papel y se lo dio a su esposa, Chantelle lo tomo mirándolo detenidamente, al cabo de un momento sonrió y se inclino hacia delante.
—que tengas un buen viaje cariño – dijo tan dulcemente que Tom sintió el humo del cigarrillo hacerse espeso en sus pulmones, la rubia observo el escritorio, y con sus delgadas manos volvió a parar el retrato de ella y Tom sonriendo ante la imagen, beso brevemente los labios de Tom y se alejo dejando el eco de sus tacones resonando en el lugar. Y a un Tom, con un mal sabor de boca, y no por el tabaco que estaba fumando.
Tom acabo su cigarrillo y lo arrojo al cesto de basura, después de mirar el cielo oscuro, semi rojo, amenazante de lluvia, se volteo hacia su escritorio, su mano se extendió al retrato y lo volvió a voltear dejando, de nuevo, ver solamente la parte de madera de detrás, necesitaba a su madre, la llamo y quedo con ella en un restaurante.
Siempre lo tranquilizaba en cierta forma, el hablar con su madre, sus palabras certeras, eran como una anestesia al sentimiento ausente de su vida, por que el no sentía nada, tenia el mismo grado de sentimientos y emociones que una roca en medio de un camino de tierra, y lo único que lograba hacerlo sentir algo en su miserable alma, era su madre y sus palabras reconfortantes.
Aborreció la hora en la que la cena termino, deseo poder irse con su madre y quedarse a su lado hasta dormir sobre su regazo, como si fuera un pequeño niño de cinco años, sin embargo tenia un viaje de negocios al día siguiente, a pesar de sentir que su vida era un cascaron viejo vacío y roto, la apreciaba demasiado como para ponerla en riesgo si se atrevía a fallarle a Victoria, después de haberla casi obligado a acompañarlo.
Esos viajes eran una pequeña dosis de vida alocada para Tom, lejos de su esposa, lejos de su entorno diario, la adrenalina que corría por su cuerpo al saber que estaba cometiendo cosas irresponsables, lo sedaba de su vida real temporalmente, una de las razones por las que Victoria odiaba viajar con el, por que la joven asistente sabia que Tom cambiaría radicalmente apenas bajar del avión en otro lugar, según se lo había dicho una vez con su profunda voz de mujer “lo que haces no tiene nombre”.
Tom, al contrario que Victoria, si le daba un nombre, sensación de libertad errónea, por que se sentía ligeramente libre, aun que no lo fuese, igual de vacío que siempre, pero algo mas libre al fin y al cabo, lo que tanto odiaba Victoria eran varias cosas, cosas que se resumen al nombre de Tom.
Pues en un lugar lejos de su casa, de sus pesadillas vivientes, de su carente subsistir, Tom era un mal esposo, un mal hombre, una mala persona, Victoria era una chica decente, enamorada de su prometido el gimnasta, era claro que odiaba la infidelidad, la primera vez que vio a Tom rodeado de mujeres como si de un harem se tratase, se sintió asqueada, no hablo sobre ello, pero después de dos años viajando junto a su jefe no lo soporto mas y le confeso que le costaba ver a su mujer a los ojos, la compadecía, no podía simplemente mirarla sabiendo todo lo que sabia.
Tom había reído internamente ante ello.
La idea de alguien tan puro e inocente como Victoria, compadeciéndose con alguien tan rastrero y defectuoso como Chantelle era bizarro, Victoria se horrorizaría si supiera quien era en realidad Chantelle Kaulitz, y después a quien tendría problemas para mirar a los ojos seria a Tom, sin embargo el nunca le había dicho nada a Victoria, ¿para que hacerlo?, y arruinar la imagen de “esposa abnegada” que se cargaba Chantelle. A el sencillamente le daba igual lo que creyera la gente, mientras Victoria siguiera con su fabuloso desempeño en el trabajo, que pensara lo que gustase.
Que siguiese creyendo que Tom era un monstruo.
Esa noche el aeropuerto de Hamburgo estaba distinto, Tom se sentía demasiado ególatra al saber que ese cambio era por el, de entre todas las cadenas televisivas solo una tenia permiso de acercarse a el, la mas exclusiva elegida por la maravillosa Victoria, no hacían preguntas incomodas sobre su personal vida, se limitaban a un trabajo bien echo preguntando acerca del tema central, el nuevo perfume “renacer” que Tom había inventado tras medio año de vació incentivo, el trenzado trato de responder lo mas jubilosamente posible las preguntas de la entrevistadora.
Pues si se atreviera a responder con la verdad seria una frase como “es una mierda inventada mas por obligación que por placer, para que la gente no diga que pierdo mi talento después de tanto tiempo sin crear nada, un premio consuelo como la perra de mi mujer”, Victoria frunció el ceño reconociendo perfectamente la hipocresía en sus frías y vacías respuestas, les tomaron un par de fotos y los dejaron marchar en paz.
—“es una fragancia que no me atrevo a describir” – repitió Victoria una vez ambos estuvieron en avión, Tom frunció la nariz al escuchar su tono de reproche – ¿Por qué demonios dijiste eso?
—por que si me atreviera a describirla, los de la televisión hubiesen tenido que usar sonidos de censura para mis palabras – contesto sin mirarla, al lado de su asiento de primera clase estaba la característica cajuela con objetos necesarios, como las orejeras para no escuchar el ruido de las turbinas ni ningún otro, y un par de antifaces negros para dormir, Victoria dejo de hostigarlo con reprimendas pues sabia que Tom dormiría hasta llegar a Leipzig.
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Esa mañana estaba cargada de nubes oscuras oscureciendo el cielo de la ciudad de Leipzig, como las demás mañanas desde hace 2 o 3 semanas, la gente sin dejarse amilanar por el osco clima caminaba de un lado a otro, mujeres jóvenes con bolsas de shoping en las estilizadas manos, abrigadas, elegantes, soberbias, caballeros en elegantes o modernos ropajes dirigiéndose a sus destinos, con cada respirar un ligero vapor casi imperceptible salía de las sonrosadas y a veces partidas bocas debido al ligero frío.
La universidad Herder—Institut estaba semi vacía, los pocos alumnos que deambulaban por ahí conversando, no corrían prisas por llegar a algún sitio, caminaban a paso lento sintiendo la leve escarcha del pasto pulcramente cortado bajo sus zapatos, zapatillas, o botas hasta la rodilla con extremadas hebillas color plateado sobresaliendo de estas a los cotados, además de un par de cordones largos sin amarrar, Georg bostezo sin ganas al lado de su amigo Bill, sus rastas y demás pelo asegurados en una coleta baja, al igual que el pelo castaño del primero.
Herder podía ser una universidad muy estricta con respecto a la apariencia de sus estudiantes, pero bajo ninguna circunstancia habían logrado que “ese par” aplicara un decente estilo de corte en sus cabezas, antes se acababa el mundo.
—escuche que el perfumista llegara hoy – cuchicheaban las voces emocionadas a su alrededor – es tan encantador, que suerte tiene Chantelle de haberle echado el lazo
—mas suerte tiene el por haber encontrado a tremenda mujer – sin duda una voz masculina, era un tema de conversación común entre los de sexo masculino, el tamaño de las tetas de Chantelle Kaulitz
—¡traidores, los matare a ambos! – chillo una voz extremadamente aguda provocando que mas de un estudiante saltase debido al susto.
—oh no – corearon Bill y Georg maldiciendo su suerte.
—¡como pudieron! – siguió la joven furibunda.
—Jessica por favor no aquí
—¡cállate Georg! ¡Traidor creí que éramos amigos! – Bill y el nombrado se miraron incrédulos, Jessica, en algún momento de esos 4 años que llevaban estudiando juntos se había auto nombrado su “amiga”, ellos simplemente no sabían el por que, y desde eso todos pensaban que ella era la única amiga que tenían los jóvenes modelos, pues ninguna otra chica era “aceptada” en su circulo amistoso.
Cosa que era mentira pues si había una.
—¿Qué demonios sucede ahora Jessica? – pregunto una molesta voz detrás de la chica.
En ese momento Bill y Georg, amaban con toda su alma a Gustav, su amigo de verdad, el mejor del mundo, al que Jessica temía, no sabían porque, ni les interesaba, pero era muy probable que fuese por sus penetrantes ojos avellanados o su carácter fuerte y potente que contrastaba totalmente con su cara de “niño bien”
—Gustav – dijo más amilanada la aplastante joven.
—sal de mi vista, no puedo escuchar lo que pienso con tu asquerosa voz resonando en mis oídos – Ella agacho la mirada como perro apaleado, y se retiro no sin antes mirar con profundidad a Bill y a Georg, dejándoles saber claramente que no había terminado su reprimenda.
—mi héroe – canturreo Georg caminando al lado de su rubio amigo, Gustav podía ser “el malo” de la universidad pero la excepción eran aquel par.
—¿tu sabes por que estaba tan pesada hoy? – pregunto Bill acomodando mejor la mochila sobre sus esbeltos hombros, si Gustav era el chico mas malo del lugar, Bill era el mas hermoso, con sus facciones delicadas, talladas por el perfeccionismo en persona.
—por que se entero de que ustedes serán los modelos oficiales del perfume “renacer”, y no corrieron a comentarlo con ella – Georg saco un cigarrillo y comenzó a fumar mientras seguían su camino en dirección a la salida.
—realmente no puedo creer que la gente piense que es amiga nuestra – dijo tras soltar el humo lentamente.
—fíjate por donde caminas Bill – le reprendió de repente Gustav, el aludido, acostumbrado a sus reproches, no le hizo caso y poco después tropezó, el rubio lo atrapo en sus fuertes brazos y bufo molesto – por eso siempre digo que deberías atarte las espantosas botas que sueles usar
—odio cuando sabes lo que va a pasar ¿Qué eres? ¿Un brujo?
—un “gracias por haber evitado que me rompa la cara contra el piso el mismo día de mi presentación” hubiera estado bien
Georg rió bajito, siguieron caminando en dirección al apartamento que compartían en un edificio cercano a la universidad, justo frente a la Humboldtstraße a una sola cuadra, en su momento consiguieron el lugar gracias a Gustav, pues Bill y Georg solo eran “graduados sin rumbo”, como solía decirles Gustav con el mismo tono que hubiese empleado para decir “cachorros abandonados”.
El dueño del lugar sencillamente le tenia miedo a Gustav, miedo a que “se apareciese en medio de la noche cubierto por una mascara de jockey y una sierra eléctrica para matarlo”, ni Bill ni Georg podían imaginarse a Gustav de esa manera, pero las demás personas no tenían ese problema y temblaban ante la idea.
—gracias por haber evitado… eso – dijo cansado Bill, ingresaron a su apartamento amplio, una sala moderna con un par de sillones y un televisor, una que otra planta, y al final un balcón que daba hacia la calle, a un costado de la sala el comedor—cocina y al otro lado el pasillo conducente a las 4 habitaciones y dos baños.
—odio mi trabajo – se quejo Georg desplomándose en los sillones – en realidad amo mi trabajo, no sé si me entienden…
—suenas como una vaca loca – le dijo Gustav encendiendo la televisión.
—yo si te entiendo – consoló Bill ocupando el solo uno de los sillones con su esbelta y larga figura.
—pues gracias…
Gustav se detuvo al ver una cara familiar en la televisión, suspiro molesto aventando el control a la mesa céntrica, su hermanastro Miguel, Bill creía seriamente que Gustav tenia ese carácter aterrorizador debido a ese hombre, por que sabia como trato a Gustav cuando ambos eran niños aun, Gustav se recostó en el tercer sillón.
—que presumido – bufo cubriendo sus ojos con los antebrazos.
Miguel Shafer, publicista reconocido de Alemania, era el encargado de la publicidad del perfume renacer, la propaganda que seria filmada con ellos de protagonistas, después de la presentación oficial del perfume esa misma noche.
—tengo hambre – se quejo Georg — ¿podemos almorzar?
—son las 10 de la mañana
—¿y?
—que se almuerza al medio día, con razón te dicen Hobbit, triple desayuno, triple almuerzo y triple cena ¿no? – Georg le aventó un almohadón a Gustav
—cuando estoy nervioso tengo hambre – se defendió el castaño
—has estado en muchas presentaciones ¿Por qué esta seria diferente? – Georg se sentó con un brillo intenso en sus ojos
—esto es otro nivel Gusti – el aludido no se molesto por el diminutivo empleado en su nombre – es el trabajo mas importante que realizamos en nuestras carreras de modelos – Bill suspiro sentándose igualmente
—es cierto, después de esto nos lloverán ofertas a trabajos de todo el mundo
—deberían estar felices…
—nerviosos – contestaron a unísono
El timbre de la puerta resonó en el departamento, Georg se volvió a recostar y Gustav no se movió de su lugar, Bill enfurruñado fue a atender.
—hola Bill – saludo una hermosa chica castaña – ¿Cómo estas?
—Hola Sara, pasa
—¡Sara! ¡Mi salvadora! – alabo George arrancando de sus manos las cajas con roquillas.
—hola Sara – Gustav abrazo a su hermanastra con cariño – ¿desde temprano aquí?
—si, ya sabes tengo que ocuparme de que estos dos lleguen presentables al evento de esta noche – Sara era maquillista, personal y exclusivamente de los modelos, Georg y Bill estaban en la sala devorando las rosquillas.
—no quisiera estar en tu lugar – bromeó Gustav.
Continúa…
Gracias por la visita 😉