Esclavo: el perfume del amor. Fic Twc de Amudiel

Capítulo 19: En Hawái II

El humor de las personas mayormente dependían de la actitud, uno podía sentirse el rey del mundo y no serlo, pero se sentía bien, y eso era lo que Tom estaba haciendo, sentirse el mandatario supremo del universo, quizás era infantil, pero funcionaba, las miradas se posaban en el mas de lo usual.

—¿Por qué estás tan contento? – le pregunto Bill, acababan de almorzar y estaban regresando a la habitación, el modelo no podía dejar de sentir que alguien lo perseguía.

—el sexo siempre me pone de buenas – contesto el perfumista.

—Pero… – Bill lo miro confuso – si no hemos hecho nada hoy…

—Aun – dijo Tom mirándolo sugerentemente.

—Pero acabamos de comer… por lo menos espera un momento… la digestión – Tom soltó una carcajada, estaba descubriendo que Bill era muy gracioso a veces.

—Conozco una manera de hacer digestión más divertida – abrió la puerta de la habitación jalando a Bill dentro, pronto solo una sinfonía de gemidos y jadeos era lo que se escuchaba en la habitación.

&

Hacía un calor infernal en Hawái, aun no tenía ni puta idea de cómo se había dejado convencer de ir a ese infierno, su mirada se perdía entre las chicas que caminaban escasas de indumentaria, eso era lo único bueno de ese jodido lugar caluroso, el estaba más acostumbrado al fresco clima de Alemania, sudaba como cerdo.

—¿desea algo mas señor? – pregunto un mesero.

—no gracias – contesto el hombre en alemán, el mesero asintió alejándose, entendía levemente el inglés, pero no le gustaba hablarlo, sobre todo por qué haría un tremendo ridículo al no saber ni la tercera parte del idioma.

Se levantó caminando entre la multitud, se alejó del hotel, a lo lejos estaba una camioneta rentada, condujo en ella hasta llegar a un pueblo pequeño, habían pocas casas rodeadas de árboles, gallinas que se apartaron de su camino espantadas por el coche, y algunas ovejas y cabras, estaciono la camioneta al lado de un restaurante y paso de largo sin mirar a los hombres que bebían y escupían al piso lleno de hojas secas de los árboles, realmente no entendía como había gente viviendo rodeada de tanta planta joder.

—¿desea algo señor? – pregunto una gorda mujer en un inglés mal hablado. Como no, eran gente de campo.

—Busco a Darío – le dijo en alemán, la mujer entendió solo una palabra.

—¿Darío? – Pregunto rascándose la barbilla – ¿Qué asuntos tienes con mi hijo?

—mire señora no entiendo nada de lo que me dice, solo llame a Darío – la mujer lo miro una última vez antes de entrar a la casa echa de hojas de alguna planta, si que eran cavernícolas por esas zonas, ni casas de cemento tenían, espero un momento, un sujeto se acercó a él hablando en un inglés realmente malo y tratando de darle una gallina.

—¿usted me busca? – le pregunto alguien en un alemán bastante precario.

—¿eres Darío? – El chico asintió – ¿Qué demonios quiere este? – señalo al tipo de la gallina.

—quiere cambiar su auto por sus gallinas – le dijo el joven.

—¿Qué está loco? Dile que aleje esa cosa de mí – Darío le dijo algo en un inglés rápido al hombre que se fue rumiando con su gallina.

—Tu deseas arma – pregunto el chico tratando de que su alemán se entendiese.

—directo al grano – sonrió el hombre – muéstrame que tienes – el joven lo llevó hasta atrás de la casa, pasando un corral de ovejas y cabras que le dio mucho asco por las heces de los animales, y llegaron a un deposito cerrado bajo siete llaves, una vez dentro una gran cantidad de armamento lo saludó, no era gran cosa pero serviría por el momento.

—Genial – murmuro decidiendo cual compraría.

&

Leonardo no era idiota, y por haber estado pegado a los dos hombres desde que estos llegaron a Hawái se dio cuenta de que alguien más estaba siguiéndolos desde hace algunos días, dos para ser exactos, ¿otro periodista? Quizás Jessica abría contratado a dos personas, pero el sujeto no parecía del lugar, tenía un cuerpo demasiado alto para ser de Hawái, la piel demasiado blanca, y los ojos, eran verdes con algunos destellos dorados en ellos, además sus ropas… era extranjero definitivamente.

Hubiese pasado desapercibido como los miles de turistas que vagaban por ahí, pero no lo hizo por el simple hecho de que el también seguía lo mismo que Leonardo, y él era periodista por una razón: porque se enteraba de todo.

—¿Qué es todo esto? – susurró, estaba atardeciendo, el sol estaba anaranjado anunciando que se hundiría dando paso a la noche en más o menos unas 4 horas mas, o quizás tres.

Realmente algo raro estaba pasando con esos dos sujetos, parecía algo fuera de lo común, hacía tiempo que no sentía esa necesidad de saber con detalle lo que sucedía, su espíritu de reportero renació de las cenizas.

—esto podría ser una historia interesante – murmuro acabando su taza de té helado, los hombres que tenía que fotografiar bajaron atrayendo múltiples miradas, y es que atraían mucho la atención, uno con sus trenzas al estilo rap y esa manera de caminar, como si fuera dueño del jodido mundo entero, el otro con esa belleza andrógina, su rostro maquillado y dulcificado por su largo cabello con rastas, algunas blancas, otras negras, joder que el tío parecía una mujer, muchas veces se encontró comprendiendo al perfumista por perderse con semejante persona, pero al minuto siguiente sentía algo de asco, por mas mujer que pareciera seguía siendo un hombre, y a él nunca le gustaron las relaciones de maricas.

—bueno, hora de trabajar.

Se puso de pie y siguió muy bien disimulado a los hombres, el otro sujeto también comenzó a seguirlos.

&

Era decisivo, tenía que cortar lo que sea que hubiese empezado con Tom, pero no podía en ese momento, se sentía demasiado bien, era como si la vida en Hawái con Tom fuera la verdadera y todo lo demás vivido antes de eso simplemente un sueño, Tom era bastante distinto en Hawái, Bill pensaba que era porque se sentía más seguro lejos de Alemania, aun les quedaban cinco días de vacaciones.

Almorzaron frente a la piscina del hotel, en una mesa cubierta por una sombrilla echa de hojas de palmera, la batata estaba bastante rica, al principio Bill no había podido comer mucho de la comida Hawaiana pero ahora se le hacía más fácil, en la tarde Tom decidió ir junto con otros turistas a un centro de masajes que estaba a unos cuantos kilómetros del hotel, era una linda cabaña, muy elegante por dentro, pasaron a unos vestidores donde se quitaron la ropa, Bill agradeció que fuese individuales, realmente no le atraía la idea de desnudarse junto a otros hombres, se colocó una toalla en la cintura y salió fuera, en otra habitación habían varias camas, algunas ocupadas por hombres o mujeres siendo atendidos por las expertas manos de las masajistas o de los masajistas.

Bill se tenido en una de las camas, una chica se materializo a los lados y comenzó a esparcir aceite en sus manos, después comenzó el masaje en los hombros, la verdad es que era muy relajante, Tom salió poco después en las mismas condiciones, Bill trato de no mirar mucho su torso o tendría un problema que la toalla era incapaz de ocultar. Otra chica comenzó a atender a Tom, era castaña de pelo ondulado muy largo hasta la cintura, Bill tuvo que admitir que era muy linda, sin embargo dejo de parecerle linda cuando sus manos tocaron de una forma extraña a Tom, parecían masajes pero de otra índole que la de aliviar los músculos, lo peor fue cuando Tom, sin abrir los ojos, esbozo una pequeña sonrisa poco perceptible.

Bill dejó de mirar.

&

Bill se había ido a la sauna, Tom estaba realmente dispuesto a seguirlo en cuanto terminaran el masaje, pronto noto que no había nadie en la habitación, solo la chica masajista, sus nudillos marcaban círculos en sus piernas, la sintió llegar hasta el tope de la toalla pero ella no se detuvo y siguió ascendiendo, Tom tuvo el repentino impulso de alejar sus manos de ahí pero luego pensó que la idea era absurda, ¿Por qué hacerlo?

Las manos de la chica llegaron hasta su miembro que estaba semi duro por las caricias, acabo de endurecerse bajo las expertas manos de esa chica, Tom abrió los ojos sin sorprenderse de encontrar una mirada predadora, la chica era muy linda, tenía un cuerpo de los que solía gustarle… hasta que apareció Bill claro, ahora que lo pensaba a fondo, no había tenido sexo con una mujer desde hacía más de cinco meses por lo menos, toda su atención había estado centrada en Bill y en follárselo, quizás era tiempo de dejar a un lado las mariconadas… por un rato claro.

Tom se puso de pie y atrapo el delicado cuerpo entre sus brazos llevándolo sin mucha delicadeza a la otra habitación de los vestidores, estaba desolada, seguramente los demás tardarían un buen rato en la sauna, empujo a la chica dentro del vestidor que utilizo para cambiarse y comenzó a desnudarla, no que fuese muy difícil, ella traía poca ropa, alargó la mano para tomar un preservativo de su billetera, agradeciendo traerlo por costumbre que por otra cosa, pues con Bill no lo necesitaba, el había sido virgen hasta que Tom se ocupó de cambiar eso, y Tom no tenía nada así que no había problema. Pero no podía decir lo mismo de esa perra que apoyada contra una de las paredes restregaba su trasero contra el miembro de Tom.

El perfumista por un momento se sintió confuso al ver esa mata de cabellos castaños y ondulados cayendo por esa espalda angosta, esperaba ver unas cuantas rastas y el pelo negro, acompañados por la “T” tallada en el omoplato, Tom abrió el preservativo y se lo puso, la penetro sin mucho preámbulo, se preguntó si realmente la había penetrado, no sentía la presión que suponía debía sentir, además de sentir la zona demasiado resbaladiza, tomo a la chica por las caderas y comenzó a embestirla, estaba exasperándose, no sentía nada, su pene necesitaba la asombrosa presión que Bill ejercía sobre él, pero no sentía nada, quizás la chica era muy abierta.

Ella se corrió, pero a Tom le faltaba un montón para llegar al orgasmo, se alejó de ella y retiro el condón vació de su pene, ella comenzó a vestirse, no le extraño verla escribiendo un número de teléfono en un pedazo de papel, ya lo arrojaría al primer basurero que se cruzase en su camino.

Sus manos estaban pegajosas, por el látex del condón y otros fluidos, de repente se sintió asqueroso, eso no pasaba con Bill, salió en bóxer hacia las duchas que había a un costado y se metió rápidamente bañándose totalmente en jabón, la chica le dijo que había dejado su número en su billetera, trato de besar sus labios pero eso si que Tom no se lo permitió, necesitaba los perfectos labios de Bill, ella lo notó pero no dijo nada, sonriéndole a Tom se alejó a la otra habitación.

&

Su corazón parecía romperse un poquito más con cada gemido, no tenía derecho a reclamarle a Tom nada, porque no eran novios con exclusividad ni nada por el estilo, pero eso no impedía sentir resquebrajarse por dentro, escuchaba los roncos jadeos de Tom, esos que solía oír mucho mas fuertes cuando estaban solos y Tom le hacía el amor… o mejor dicho cuando tenían sexo.

El choque de las pieles, ese sonido medio viscoso, se sintió mareado, su cuerpo casi se movió por inercia, aparto un poco la cortina del vestidor, y los vio, Tom embestía rudamente a la chica del masaje, se alejó horrorizado, no supo porque en ese momento se le vinieron a la mente imágenes de su adolescencia, esas que aparecían en sus pesadillas, las que casi lo habían obligado a quitarse la vida en una ocasión.

Entro a su vestidor y se puso su ropa lo más rápido y silenciosamente que pudo, salió del lugar alejándose de esos sonidos que le arrancaban la poca felicidad del cuerpo, apenas llego fuera de la cabaña, sus deportivos pisaron las hojas secas en el piso, los arboles verdes surcaban su cabeza, el paisaje era hermoso, corrió dentro del espero bosque y cuando no pudo aguantar más se dobló en dos y vomitó todo lo que tenía en el estómago.

—¿hay alguien ahí? – Bill alzo la mirada escuchando pasos, una joven de pelo lacio apareció frente a él, era bastante alta, y bastante hermosa, sujetaba su estómago con una mano, Bill notó la ligera curva de su vientre, estaba embarazada – ¿estás bien? – pregunto ella amablemente.

—no lo sé – dijo Bill sin mentir, su mente parecía una masa derretida incapaz de pensar, y su pecho dolía, en su mente se repetía varias veces la pregunta ¿Cómo pudo hacerlo? Se sentía tan traicionado, no merecía sentirse así, ni exigir explicaciones, pero desde que comenzó eso con Tom el perfumista solo había tenido ojos para él, todo lo que presencio era demasiado. La muchacha le tendió un pañuelito que olía a menta.

—se lo horrible que se siente vomitar – le sonrió – la comida de Hawái suele hacerme mal, tengo muchos de esos, puedes quedártelo si gustas.

—Gracias – Bill alzo la vista una vez más admirando la belleza de la joven – ¿Cómo te llamas?

—Helena ¿y tú?

—Bill… ¿y qué haces aquí?

—oh bueno, me dijeron que hay un acantilado mas allá, donde lanzas una moneda de un dólar y se te cumple un deseo, sé que es una historia absurda, pero me pareció divertido hacerlo

—¿no es un poco peligroso que camines sola? – ella sonrió tranquilizadora.

—vine con mi madre, el padre de mi hijo me abandono cuando se enteró que estaba embarazada, pero aun así ella me trajo aquí para que me relajara, ella ahora está en uno de esos baños de lodo o algo así, yo me aburrí ahí dentro – Bill se sentía mejor, pateo un poco las hojas secas para cubrir en algo el desastre que había causado – oh, tengo chicles de menta y una botella de agua para enjuagarse la boca

—¿de verdad? – ella saco una botella que contenía algo de un color café claro, y se la paso.

—Tengo que tomar precauciones por si me toca vomitar a mi – le sonrió. Bill tomo la botella y le pego un trago, era agua con canela, se enjuago bien la boca y escupió al piso, luego acepto un chicle de menta que le hizo sentir la boca mucho más fresca desde las primeas mascadas

—gracias

—de nada, ¿quisieras venir conmigo al acantilado? Noto que estas algo triste, podrías pedir un deseo – Bill no creía en esas cosas, pero necesitaba mantener su mente alejada de las imágenes y sonidos que acababa de presenciar, sonrió.

—claro, ¿conoces el camino?

—tengo un mapa

&

Tom se acercó totalmente vestido al sauna y metió la cabeza, entre el vapor podía ver a muchas personas pero definitivamente ninguna era Bill, ¿Dónde demonios estaba?, marco nuevamente al celular de Bill y nadie contestó, joder cuando lo viera iba a matarlo por desaparecer así.

Quizás había vuelto al hotel, porque en la cabaña no estaba, salió y regreso al hotel en uno de los autos que hacían ese recorrido, pero entonces descubrió que Bill no podría a haber entrado a la habitación, el no tenía llave, solo Tom tenía una copia, y como casi nunca se separaban, subió hasta la habitación y se cambió de ropa, entonces recién se sintió un poco más fresco, marco nuevamente a Bill, una canción de algún grupo de esos góticos los sobresalto, se acercó a la cama para alzar el celular del modelo.

Tom calling

Cortó su llamada y el celular de Bill dejo de vibrar, tenía un mensaje sin leer, sin mucha duda lo abrió invadiendo su privacidad.

From: Noah

Hey Bill, espero que no te estés olvidando de mi, lamento que hubieses tenido que partir repentinamente donde tu tío, de todo corazón espero que se mejore de la pulmonía, tengo algo para ti cuando regreses, es una sorpresa, y no, no es ningún collar con tu inicial, ya lo veras cuando vuelvas.

Con cariño, Noah

El puto collar, siempre se había preguntado si Bill era uno de esos tipos raros a los que les gustaba usar la inicial de sus nombres en todo, pero ahora tenía sentido, Bill tenía ese ridículo collar desde navidad, entro al buzón de mensajes.

Noah

Gustav

Noah

Noah

Georg

Judy

Noah

Noah

¿Por qué se mensajeaban tanto? Parecían dos locos por el chat, fijándose en las fechas Tom descubrió que algunos mensajes habían sido recibidos y contestados cuando ellos ya estaban en Hawái, y él no se había dado cuenta, necesitaba ver a Bill, lo necesitaba y ya de alguna manera sentía como si el modelo hubiera estado burlándose de él, Bill era suyo, y de nadie más, no tenía planeado compartirlo, hasta que se aburriese de él, necesitaba encontrarlo, quizás estaba en algún lugar del hotel comiendo algo.

Salió a buscarlo.

&

—wow, es hermoso – Bill estaba totalmente de acuerdo, estaban parados al borde del acantilado, bajo ellos muchos metros de caída los recibieron por paisaje, las nubes habían descendido hasta quedarse por debajo, era como mirar el cielo desde arriba.

—¿vas a pedir un deseo? – le pregunto a Helena.

—ya que estamos aquí lo hare – metió sus manos a su bolso y saco una moneda de un dólar, cerró los ojos como una niña antes de soplar las velas de su torta de cumpleaños y lanzo la moneda, Bill sabía que no debía decirse el deseo pedido pues si no este no se cumplía, así que decidió preguntar otra cosa.

—¿pediste que el padre de tu hijo regrese? – ella negó suavemente con la cabeza, acariciando su vientre apenas visible.

—No, pedí algo que realmente quería – eso decía claramente que ella no deseaba volver con el padre de su bebé – deberías pedir algo tú también, ¿Qué tal si se cumple?

—no creo mucho en estas cosas

—yo tampoco – Bill la miro fijamente, sus largos cabellos negros ondulando al viento, metió una mano al bolsillo de su pantalón y saco la moneda, Helena sonrió feliz, Bill giro la moneda entre sus largos dedos pensando, ¿Qué podía pedir que realmente quisiera?

Que Tom se enamore de mi pensó antes de poder evitarlo, negó con la cabeza quiero olvidarme de Tom lanzó la moneda al vacío, si llegaba a cumplirse su deseo sería lo mejor para dejar de sentir ese dolor espantoso en el pecho.

—Bill Trümper – era una voz masculina, Helena y Bill se giraron – he venido a darte un mensaje – el hombre hablo en un perfecto alemán, lo más raro del asunto era que el sujeto tenia tapada la cara hasta la nariz dejando ver solo sus ojos de un color verde con destellos marrones.

—¿Quién eres tú? ¿Acaso te conozco? – pregunto Bill en alemán, Helena no entendía nada.

—no importa si me conoces o no, he venido a decirte que te alejes de Tom Kaulitz

—¿Por qué habría de hacer eso? ¿Quién eres?

—Esto solo es una advertencia, la siguiente vez podrías acabar seriamente herido – el hombre saco un revolver de su bolsillo y lo apuntó, Bill automáticamente alejo a Helena de sí mismo.

—¿Qué está haciendo? ¡Baje eso! – le pidió Helena en inglés, se notaba que el sujeto no logro entenderla, pero cambio el blanco de su revólver, ahora la apuntaba a ella.

—¡detente, está embarazada! – Bill le pidió al alemán, horrorizado.

—como no puedo matarte a ti la matare a ella, es una advertencia Trümper ¡aléjate de Tom Kaulitz o los que te rodean pagarán las consecuencias!

Bill descubrió horrorizado que el sujeto iba apretar el gatillo, abrazó a Helena con todas sus fuerzas y saltó al acantilado.

&

Leonardo no estaba tan loco como para fotografiar a un tipo con un arma, se mantuvo quieto y totalmente silencioso entre la vegetación, no entendía mucho de lo que decían, claro que entendía alemán, pero no cuando hablaban demasiado rápido, el sujeto apuntaba ahora a la chica embarazada, entonces el modelo salto sobre ella y ambos cayeron al barranco, Leonardo se quedó mudo de asombro, el sujeto del arma miro a los alrededores sin percatarse de él, guardo el arma y se retiró a grandes zancadas, Leonardo pudo reconocer claramente el tono vede de sus ojos.

Sacó su celular y llamó a la policía de Hawái, informando rápidamente que dos turistas habían sufrido un accidente, luego se retiró.

&

Una señora parecía histérica diciendo algo sobre su hija desaparecida, Tom no le prestó mucha importancia, había recorrido el hotel de punta a punta sin encontrar a Bill, era de noche y tampoco volvía, llamo a la cabaña de masajes preguntando por él, pero nadie sabía nada, la verdad es que era muy raro que Bill hubiese desaparecido así sin más.

No pudo evitar comenzar a preocuparse un poco.

—Es una desgracia – escucho decir a una mujer que traía audífonos – que imprudencia, pobres chicos

—¿no los encontraron aun? – pregunto el que parecía ser su marido.

—no, están buscando por el acantilado con coches, yo creo que no van a encontrar a nadie vivo ahí, ¿recuerdas lo alto que era cuando fuimos? – el hombre asintió con pesar.

—¡mi hija quería ir a ese acantilado! – grito la mujer loca que apenas era contenida por dos camareros del hotel – ella debió caerse, por favor ¿la encontraron?

—No lo sé – contesto la mujer de los audífonos – en la radio están diciendo que en realidad dos jóvenes cayeron, quizás no era su hija

—era ella, estoy segura, por favor que alguien me ayude, está embarazada

—Acaban de confirmar que fueron una chica y un chico los que cayeron al acantilado – grito un chico que también escuchaba la radio por sus audífonos. Tom se sintió alarmado por alguna razón.

—¿dijo nombres? – Pregunto la mujer – ¿dijo algo sobre mi Helena?

—no señora, solo dijeron que un chico y una joven cayeron al vacío, no mencionan nombres – esta vez Tom sintió un corrientazo eléctrico en su cuerpo, dolió, algo le decía que Bill podía ser el joven que mencionaban, la sola idea de que estuviera muerto le helo la sangre, el pecho comenzó a dolerle y tuvo que apretárselo con una mano, nunca había sentido algo así en su vida, algo húmedo se deslizaba por su mejilla.

Era una lágrima, Tom estaba demasiado sorprendido por sus propias reacciones que tardo en escuchar que había gente tratando de hablarle.

—¿señor está bien? – Tom lo miro aun con sorpresa, otra lagrima se deslizo por la otra mejilla, Bill no podía morir ¿verdad? – ¿señor?

—¿Dónde está la estación de policía? – pregunto Tom limpiando con brusquedad sus mejillas – ¡donde!

—yo… puedo llevarlo si quiere

—entonces andando

Tom subió al viejo auto del hombre, no podía perder a Bill, tenía que recuperar a su esclavo, tenía que preguntarle muchas cosas, como por que judía tanto con Noah por mensajes, porque traía esa horrible cadena con su inicial todo el tiempo, porque se había ido de la cabaña, no podía estar muerto, esa era una posibilidad fuera de aceptación.

Pero a pesar de eso las extremidades comenzaron a temblarle.

&

Entro a la estación de policía directo hacia el gordo hombre que estaba tras un mostrador de vidrio.

—Quiero hablar con el que se encarga de todo esto – exigió. El policía lo miro con mal talante, pero asintió.

—jefe, aquí lo buscan – dijo por un intercomunicador, al rato un hombre algo más bajo que Tom y mas musculoso apareció por una puerta, tenía varias insignias que caracterizaban su rango, y su piel era morena debido al sol Hawaiano.

—¿usted es?

—Tom Kaulitz, necesito pedirle algo

—¿perdón?

—necesito los helicópteros que vi en el helipuerto

—debe estar bromeando

—no bromeo en absoluto, seguro está al tanto de los turistas desaparecidos, uno de ellos es mío… mi acompañarte, necesito encontrarlo, ¿entiende?

—entiendo su preocupación, pero lo que me pide es imposible, es de noche y en el acantilado hay mucha neblina, sería imposible manejar los helicópteros así, tengo entendido que un par de patrullas de rastreo…

—Escuche – Tom interrumpió – no me importa lo que tenga que hacer para mover esas máquinas pero lo hará ¿quiere dinero? Pídame el que quiera y yo se lo daré – el jefe de la policía pareció ofenderse, pero algo en ese hombre lo conmovió, quizás era el grito de desesperación que sus ojos emitían, él sabía lo que se sentía perder a un ser querido, suspiro con resignación.

—está bien señor Kaulitz, pondré a dos helicópteros a rastrear todo el acantilado, si la neblina es tan espesa que los focos no la rompen tendremos que desistir.

—yo iré con usted, y eso queda fuera de discusión.

El jefe acabo de comprender que la persona desaparecida debía ser muy importante para ese hombre, nunca olvidaría el gesto de frustración en su rostro, ojala pudieran encontrar a ambos con vida, comenzó a rezar en silencio.

& Continuará &

Gracias por la visita

por Amudiel

Escritora del Fandom

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!