Notas de Amudiel: Cuando nos descubrimos pensando en personas cuando no estamos con ellas, como el “que estará haciendo” o “si estará bien” es tiempo de reflexionar que esa persona nos importa mucho más de lo que creíamos…

Esclavo: el perfume del amor. Fic Twc de Amudiel

Capítulo 16: Navidad, bienvenido un nuevo año

Feliz año nuevo, mamá —le susurró Tom en el oído, esa era la única noche en que Simonne se permitía fumar un cigarrillo, ambos en la terraza de la casa de su padre, mirando el cielo nocturno, que pronto se iluminó con miles de fuegos artificiales para dar la bienvenida a un nuevo año.

Feliz año nuevo, cariño —contestó ella suavemente expulsando el humo de sus labios rojos por el labial que se había aplicado esa noche, Tom la imitó, amaba esa noche de todos los años cuando podía fumar con tranquilidad junto a ella, rodeo con posesividad su estrecha cintura, ella automáticamente apoyó su cabeza en su hombro suspirando ligeramente.

¿Qué pasa mamá? —preguntó él mirando los últimos vestigios de las lucecitas de los fuegos artificiales.

Estás tan distinto, Tom —dijo ella sonriente—, te conozco tan bien hijo, porque nadie te ama tanto como yo lo hago, ¿Por qué estás tan ansioso?

Mamá… —fue interrumpido por la aguda y cristalina risa de su esposa que les llegó desde dentro, Tom quiso bufar de exasperación, pero se abstuvo.

¿Es por ese modelo Tom?

No, mamá…

Cariño, no trates de mentirme —interrumpió ella acariciando las trenzas largas entre sus dedos—, no funciona conmigo —Tom recordó la cantidad de veces que le había dicho eso a Bill, y ahora lograba sentir un poco la desesperación que traía el verse incapaz de ocultar con una mentira lo que se sentía en verdad, viendo la realidad desde el otro lado.

¿No estás decepcionada?

¿Por qué debería estarlo? Tom, el amor es algo tan impredecible, cuando yo me enamoré de tu padre no lo hice por su encantador físico, que por cierto heredaste —Tom sonrió autosuficiente—, sino por todo lo que hizo para conquistarme, no tienes idea de cómo se humilló ante sus amigos que lo creían el player del milenio o algo así, cuando lo veo, no veo su exterior, si no el interior, sus maravillosos defectos y virtudes, que me hacen feliz cada día, si hubiera sido una mujer quien me hubiese logrado enamorar yo me hubiera fijado en lo mismo, no en el exterior.

Mamá, eso es algo perturbante…

Sólo porque soy tu madre —sonrió ella—, jamás me decepcionarás Tom, eres lo más importante de mi vida, eres mi hijo y te amo.

También te amo mamá, pero en verdad esto no es nada…

Al principio creí que en verdad no era nada, pero ahora es diferente Tom, tu mirada no puede mentirme, estás ansioso por verlo de nuevo, Tom confía un poco en mí. ¿Qué significa ese chico en tu vida? —Tom no dijo nada, se quedó mirando la ciudad a sus pies, recordando las palabras de Bill, sólo sexo, casi podía escucharlo en su mente.

Pero de alguna manera Bill era algo más que solo sexo para él, quizás el hecho de que fuese hombre lo hacía más emocionante, Tom no sabría decirlo, cuando estaba en la universidad solía acostarse con chicas distintas cada vez, sin repetir, pues una vez que había cometido el error de repetir la chica en cuestión comenzó a exigirle exclusividad, y él no estaba de humor para tener sexo con una misma chica, en el presente, con su ahora esposa se había acostado no más de diez veces en lo que llevaban de casados, y a pesar de que ella aparentaba que todo marchaba bien entre ellos, y le exigía fidelidad, sabía que Chantelle era consciente de que él no le era fiel, y él sabía que ella debía andar acostándose con otras personas, mientras dejara de joderlo por el todo bien.

Pero con Bill era distinto, quería tomarlo una y otra vez, perderse en la suavidad de su piel, morir escuchando sus gemidos, sentirse rodeado por su estrechez incomparable con cualquier otra, quería besarlo hasta hacer sangrar sus labios, mientras más tiempo compartía con el modelo, más se convencía a sí mismo de que no deseaba alejarse de su lado, totalmente contrario a lo que pasaba con sus amantes ocasionales, cuando lo único que quería era alejarse después de tener sexo con ellas.

Simonne se arrebujó un poco más contra su cuerpo.

Me acosté con él —le soltó Tom de repente, incapaz de guardárselo por más tiempo, la situación lo sobrepasaba, necesitaba alguien que le dijera qué mierda era todo aquello que Bill le hacía sentir en el pecho o acabaría estallando—, dos veces, mamá —si Simonne estaba sorprendida por la declaración, no lo demostró.

¿Lo volverías a hacer? —preguntó con aura tranquila.

Sí —contestó Tom con el mismo tono de voz—, no me cansaría de él… —Simonne creyó entonces que necesitaba otro cigarro, rompiendo así la tradición de fumar uno la noche de navidad, sacó otro y lo encendió.

¿Recuerdas el día de tu boda, Tom? —él asintió apegándola más a su cuerpo, usando ahora sus dos brazos para abrazarla—, cuando te dije que tus ojos no brillaban como los míos o los de tu padre cuando nos casamos —él volvió a asentir—, pues ahora brillan así cuando hablas de él…

Tom abrió los ojos, sorprendido y dispuesto a replicar, eso superaba todo, no podía estar insinuando que sentía algo más que deseo sexual por Bill, porque eso ya lo haría maricón y él no lo era, a pesar de estarse acostando con un hombre, no lo era, el miedo invadió ligeramente su pecho.

Antes de que pudiera decir algo la voz de su padre interrumpió el momento.

¿Ya tuvieron su momento de intimidad o es hora de que comience a ponerme celoso? —Tom se volteó a mirarlo, las canas adornaban ligeramente sus sienes, lucía feliz y relajado, se acercó a ellos y posó un brazo en los hombros de Tom.

Tranquilo papá, no planeo quitártela, está demasiado enamorada de ti, aunque no sé por qué sinceramente, yo soy mejor partido, tengo una empresa millonaria, soy más joven y muy guapo, indudablemente mejor partido —se burló Tom.

Olvidaste decir extremadamente arrogante —bufó Jörg sonriendo sin embargo—, pero yo hice un perfume con su nombre —agregó triunfal.

En ese momento se le vino a la mente con demasiada claridad el aroma de Bill, ese olor tan peculiar a rosas, canela y cítricos que lograba volverlo loco en cuestión de segundos, se sintió embargado nuevamente por ese chispazo de inspiración, pero se fue con la misma rapidez con la que llegó, aún no estaba listo para entrar a los laboratorios y ponerse creativo, podría salir una mierda peor que el “renacer”.

Perdón por interrumpir —dijo la molesta voz de la madre de Chantelle—, pero es hora de abrir los regalos…

Claro, ya vamos —dijo cordialmente Jörg, ella les dio una mirada de fastidio mal disimulada antes de volver a entrar a la sala, ésta vez Tom no se abstuvo de bufar molesto.

Tom, trata de ser educado…

Como si se lo mereciera, debimos inventar alguna excusa para que este año no cenaran con nosotros, mierda, aún falta la cena formal de ESCENCIAS.

¿Va a ir ese remedo de científico que trata de comerse a mi esposa con la mirada? – preguntó algo molesto Jörg.

¿Charles? —preguntó Tom arrugando también el cejo—, debí decirle a Victoria que no lo invitara, de todas formas no pienso separarme de mamá.

Por Dios —bufó ella riendo—, sé cuidarme sola par de celosos compulsivos.

No sería mala idea que su auto patinase en la carretera helada —dijo inocentemente Jörg.

O que se cayera al mar atado de casualidad a un yunque…

¡Qué graciosos! —rió ella acomodándose el pelo que traía en un moño alto—, será mejor que entremos antes de pescar un resfriado, y ya dejen de poner esas caras de perros rabiosos, ustedes son y serán los únicos hombres de mi vida.

Simonne entro a la sala tratando de no reír por la estúpida pelea que mantenían su esposo y su hijo peleando por “a mí me quiere más”. Dentro, Chantelle le dio una de esas gélidas miradas, ella estaba acostumbrada a eso, siempre que acaparaba la atención de Tom ella la miraba así, y como Tom siempre estaba pegado a ella, Chantelle siempre acababa mirándola con aversión.

Maldito el día en que su hijo se casó con esa arpía.

&

Yo no pienso bajar a ver quién es —declaró Georg acabándose el vino de su copa, el árbol de navidad brillaba a un costado de la sala, era lo único encendido, las luces estaban apagadas dándole un aspecto más cálido a todo, Bill suspiró resignado, de fondo sonaban aleatoriamente las canciones que ellos habían escogido en sus iPods conectados al estéreo, Judy soltó una risita, Sara estaba en la cocina y Gustav se hizo al desentendido.

Está bien, yo iré.

Por eso te amamos, Bill —dijo Judy sonriente. Georg soltó un silbido insinuante.

Yo los odio —declaró Bill, sacando su lengua antes de levantarse del sillón y bajar por las escaleras, la luz en la pantalla de su celular le indico que eran las 11:45 de la noche, dentro del departamento hacia bastante calor por la calefacción, pero saliendo, la piel casi le dolió por el frio intenso, debió haberse cubierto un poco más antes de atreverse a salir con los brazos descubiertos.

Se preguntó qué estaría haciendo Tom en esos momentos, cuando bajaba los escalones le llegó a la mente una imagen de una rubia besando a Tom, y el ardor en su pecho le indicó que no era bueno ponerse a pensar en Tom y su despampanante esposa, y sobre todo alejar siquiera la idea de que eso que sentía eran celos, ¿y si lo llamaba? ¿se molestaría mucho?

Abrió la puerta casi sin ver quién era, al instante un paquetito cuadrado fue depositado en sus manos, casi haciendo caer su celular.

¡Feliz navidad Bill! —saludó Noah con su hermosa y sincera voz—, pero… ¿No te hace frío? —preguntó mirando los brazos descubiertos de Bill y el clima casi catastrófico que los rodeaba—, Dios, duele de sólo verte.

Noah —Bill le sonrió, el chico estaba totalmente abrigado hasta la mitad de su rostro dejando ver sólo sus ojos—, perdona, es que en el departamento hace mucho calor…

Es mi culpa por venir de improviso —se disculpó el chico—, es que quería darte esto en tus manos, será mejor que entres antes de que pesques un resfriado.

¿Viniste solo? —preguntó Bill.

Sí, vine en un taxi, nos vemos Bill.

Espera, Noah —llamó éste antes de que el chico se fuera—, ¿no quieres pasar? —preguntó sintiendo que los dientes comenzaban a castañearle, ¿a quién diablos se le ocurría salir en plena nevada sin abrigo?

Debatiría contigo sobre eso —comenzó Noah—, pero tus labios comienzan a verse azules, así que me quedo con gusto y espero no incomodar…

Claro que no incomodas —dijo Bill con la voz algo ahogada por los temblores que asaltaban su cuerpo.

Entonces entremos rápido —Bill sintió agradable el contacto del guante que cubría la mano de Noah sobre su brazo.

¡Bill Trümper! —gritó una voz, ninguno de los dos jóvenes había reparado en la camioneta blanca que se estacionó detrás del auto de Sara—, perdón ¿aquí vive Bill Trümper? —preguntó un hombre desde dentro de la camioneta.

Noah vio que eso iba para un buen rato, así que se quitó el abrigo y lo puso sobre un distraído Bill que dio un respingo.

Te vas a congelar —le dijo Noah, debajo de su abrigo traía un suéter negro, no era tan caliente como el abrigo, pero Bill estaba mucho más descubierto.

Gracias —sonrió Bill—. ¡Soy yo! —gritó hacia la camioneta para hacerse oír por sobre la ventisca. El hombre se bajó, junto a otro que se bajó del otro lado, sacaron un paquete envuelto de tamaño rectangular y cruzaron la calle.

Éste paquete es para usted, firme aquí —pidió el sujeto, Bill miró confuso el paquete, pero no se detuvo a pensar más en ello y firmó rápidamente, o a Noah le daría una pulmonía—, muchas gracias, señor.

¡Espere! —llamó Bill—, ¿quién lo envía?

Es anónimo señor, no se me permite revelar su identidad – los sujetos caminaron rápidamente hacia la camioneta y se alejaron.

Será mejor que entremos —dijo Bill dejando la cajita que Noah le había dado en sus brazos y cogiendo el otro paquete.

Ambos subieron apresuradamente al departamento, Bill odió no tener ascensor, el frío comenzaba sentirse a pesar del abrigo que Noah le había dado.

Pasa —le pidió a Noah, la calefacción era buena, pensó Bill, pues una vez dentro, el calor le hizo quitarse el abrigo y colgarlo en el perchero.

¿Quién era Bill? —llamó una voz femenina desde adentro. Caminaron juntos hasta la sala.

Chicos, él es Noah —presentó Bill— Noah ellos son mis amigos, Gustav, Georg, Sara y Judy.

¿No eres tú el chico que modeló ropa interior en M&S? —preguntó Judy emocionada –. ¡Sí, eres tú! Vaya, eres más guapo en persona —Noah sonrió humilde.

Gracias por el halago, acabarás haciendo que mi ego obtenga un subidón…

Pero no miento —dijo Judy acercándose—, eres muy lindo.

Ya Judy, harás que Bill se ponga celoso —le molestó Georg dándole un pequeño codazo a la chica, ella lo miró fingiendo enfado.

No sabía que tenías una novia tan linda, Bill —dijo Noah hacia el joven, Bill negó suavemente con la cabeza.

Judy no es mi novia —dijo—, somos amigos —Judy le sonrió, entonces Noah se dio cuenta de que era verdad y no uno de esos casos en el que la chica está enamorada del chico y no es correspondida, eso alivió a Noah.

¿Qué es ese paquete? —preguntó Gustav señalando el que Bill traía en las manos.

Oh… No lo sé, llegó junto con Noah —contestó Bill.

¿Un regalo? —preguntó Sara mirando a Noah con picardía.

Pero no es mío —aclaró el modelo de pelo rizado—, éste es el que yo traje —dijo enseñando la caja en sus manos—, lamento no haber traído uno para todos, pero no sabía…

Vamos, Noah —interrumpió Bill—, no necesitas disculparte, es más, no tenías que darme nada —dijo algo ruborizado.

Entonces ¿te apetece algo de vino? —invitó Gustav.

Claro, gracias —aceptó Noah, Bill cogió el regalo que Noah volvió a darle y el otro con la otra mano para llevarlos a su habitación, Judy comenzó a asaltar a su amigo con preguntas, sonrió para sus adentros, estaba muy intrigado por el regalo, sintiéndose algo mal dejo el de Noah sobre la cama y abrió el paquete grande primero, abrió sus ojos enormemente y aún más su boca en una mueca de sorpresa al ver la linda pintura que emergió de entre el papel.

¿Una pintura? —jadeó, sabía lo suficiente de arte como para reconocerla, acabó de destaparla y la admiró en su totalidad, no estaba seguro del nombre de la pintura, pero el autor era Harald Sohlberg, giró la pintura para ver la parte posterior, lo que había escrito le confirmó sus sospechas:

Calle de Røros (1902)

Espero que te guste la pintura, no te lo tomes personal

Sólo quise hacerlo y ya, T.

Tom” pensó Bill sintiendo la aceleración en los latidos de su órgano vital, ¿cómo se le ocurría regalarle algo tan caro? había estado pensando a medias en él, pero ahora estaba totalmente concentrado en Tom, en recordar su rostro, cada detalle, su aroma, su manera de hablar a veces arrastrando las palabras, en la expresión de su cara cuando llegó al orgasmo… Dentro de su cuerpo, sintió un calor recorrerlo entero, su cuerpo se estremeció y la ropa le pareció más apretada.

Era mejor alejar las imágenes de su mente o necesitaría una ducha fría, y no era buena idea con ese clima, cogió el regalo de Noah para distraerse, al abrirlo se quedó impresionado, era un hermoso collar dorado, seguramente de oro, la cadena era delicada y de ella colgaba una figura, era una “B” envuelta en una enredadera, parecía una letra medieval, se la puso en el cuello, y la oculto bajo su ropa, iría a agradecerle a Noah por el regalo.

Pero todo fue inútil cuando volvió a mirar la pintura, todo regresó a él una vez más, con una intensidad asombrosa, cerró los ojos sin poder evitarlo, fue un error hacerlo… La voz de Tom resonó en sus oídos como si el perfumista estuviera ahí, podía sentir sus manos acariciarlo sin pudor, un gemido escapó de sus labios.

Eres tan caliente Bill”

Bill jadeó ahogadamente, su mano acariciando su propio torso, no se había dado cuenta en qué momento se recostó sobre su cama, y metió las manos bajo su camiseta sin mangas, volvió a cerrar sus ojos y el paisaje a su alrededor cambio, las paredes eran azules, y el lugar era elegante, Tom estaba sobre su cuerpo mirándolo con esa mirada predadora que lograba encenderlo a límites insospechados.

Yo sé que querías esto Bill”—dijo el Tom de su mente—, “no puedes llamarlo violación”.

Bill casi sintió cómo Tom entraba en él, estaba desnudo y gimió audiblemente atrayendo a Tom con sus piernas, sintió el frenético ritmo de sus embestidas, la mano le dolió como si estuviera haciendo un gran esfuerzo físico con ella.

¿Tanto me deseas dentro de ti, que fantaseas así conmigo?—Dijo Tom en su oído haciéndolo arquearse—, “debería darte vergüenza…”

Bill sintió como sus testículos se encogían y casi gritó cuando su orgasmo salpicó fuertemente su pecho y hombros, incluso algunas gotas llegaron a su rostro, abrió los ojos sintiéndose mareado, para descubrir sus pantalones colgando de sus talones, y su mano agarrando su pene, manchada de blanco, por un momento pensó que estaba viviendo una pesadilla, pero después cayó en la realidad.

Se había masturbado monumentalmente casi sin darse cuenta pensando en Tom, con una rapidez inusual en él, se levantó buscando algo con qué limpiarse, agarró una de sus sudaderas y se limpió rápidamente con eso para subirse los pantalones, salió de su habitación en dirección al baño y acabó de lavarse bien el rostro, su reflejo en el espejo estaba gritándole que acababa de mandar su orgullo por el desagüe.

¿Cómo había podido…?

Para qué negarlo más, está loco, totalmente loco por Tom Kaulitz, y no sólo físicamente hablando, lo necesitaba para sentirse bien con su alma.

Eso no podía ser amor.

Regresó a la sala tratando de no pensar en nada, Noah los divirtió a todos hasta que fue media noche, muchas luces estallaron en los cielos, y ellos chocaron nuevamente copas para recibir el año nuevo.

Bill a pesar de todo volvió a pensar en Tom.

Feliz año nuevo, amor…

&

Creo que después de cuatro años casado con mi hija es tiempo de que piensen en sus hijos —Tom miró a su suegra y se abstuvo de empujarla por la terraza en la que momentos antes había estado con su madre.

Yo creo que aún tenemos tiempo para pensar en eso.

¿Cuánto tiempo más necesitas para sentar cabeza, Tom? —le encaró ella.

El que yo crea necesario.

¿Y qué hay de Chantelle?, ¿ella no tiene voto en esto? —Tom la miró frunciendo ligeramente el ceño.

Yo creo que tampoco quiere tener hijos por ahora —la mujer lo miró con incredulidad, Tom no iba a decirle que en realidad él no podía tenerlos, simplemente se mantuvo en silencio.

Por lo menos, piénsalo —fue lo que dijo antes de irse dejándolo solo, Tom no le dio importancia, pronto sería la una de la mañana, se preguntó si Bill habría recibido su regalo.

No supo en que impulso loco le compró el cuadro, pero lo hizo, no necesitaba dar explicaciones de sus actos, ni siquiera a sí mismo.

¿Después de todo qué de malo tenía regalarle algo? Bill era suyo, de su propiedad aunque no quisiera admitirlo, porque Tom Kaulitz conseguía lo que quería, aunque fuese un joven que ahora tenía 19 años.

Y lo había conseguido, se recordó sonriendo, no podía esperar para volver a acariciar cada centímetro de piel de Bill, para volver a hacerlo suyo una y mil veces hasta que se le quedase grabado a quién le pertenecía

¿No temes que esto acabe al revés? Decidió preguntar la voz en su cabeza.

No sé de qué hablas, y no es novedad, casi nunca lo sé. Respondió Tom sin indagar mucho en que haciendo eso podría volverse loco de verdad.

Me refiero a que Bill podría acabar haciéndote su esclavo.

¿El vino te afectó más a ti? Preguntó Tom con burla, no se detuvo a pensar que era raro burlarse de la voz en su cabeza que decía ser el mismo. No sé de dónde sacaste el término “esclavo”, pero si alguien lo es, ese es Bill, y yo soy su dueño.

La voz no contestó, la música clásica se escuchaba desde el fondo, atrás de él, escucho los violines, las arpas, el piano y demás instrumentos, le gustaba el invierno, pero ese año estaba comenzando a cansarlo, necesitaba unas vacaciones.

Y tenía muy en claro a quién llevaría consigo.

&

¡Muy bien! ¡eso es todo, pueden irse! —Bill suspiró estirándose, estar mucho tiempo en la misma pose causaba dolores musculares, hizo sonar su cuello y se dirigió al camerino seguido por Georg.

Qué hambre —dijo Georg—, me muero de hambre ¿qué tal si vamos a comer algo?

No es mala idea —sonrió Bill, quitándose la ropa del modelaje y poniéndose la suya, aunque hacía calor dentro del estudio afuera seguía haciendo algo de frío, después de todo era enero, faltaba mucho para el calor.

El celular de Georg sonó, Bill supuso que sería una de las tantas chicas que lo buscaban todos los días, siguió caminando mientras Georg hablaba y reía a su lado, creyó reconocer la cabellera de rizos en la entrada del estudio, definitivamente era Noah, esa sonrisa no podía confundirla, automáticamente sus labios se curvaron en otra sonrisa cálida, llegaron hasta él, Bill fue el primero en saludarlo.

¡Noah! —le dio un ligero abrazo.

Qué tal —contestó éste, con sus ojos brillando, Georg le ofreció la mano tapando unos instantes el celular contra su pecho.

Yo, muerto de hambre —contestó el castaño.

¿Qué les parece ir a almorzar? —preguntó Noah.

Genial, Georg y yo íbamos a eso —contestó Bill subiendo la cremallera de su abrigo hasta el tope, ya no hacia tanto frío como en navidad pero aún se sentía el clima en las calles.

Chicos —dijo el castaño metiendo el celular a su bolsillo—, lamento decir esto, pero…

¿Te invitaron a comer? —preguntó Bill sonriendo.

Algo así… ¿No les molestara que me retire?

Claro que no, Georg —dijo Bill dándole una palmadita en el hombro—, ve y no las pierdas —animó.

Gracias Bill, realmente eres un gran amigo, nos vemos en el depa, adiós Noah.

Adiós —contestó el modelo.

¿Entonces, vamos?

Caminaron por la calle conversando de las campañas en las que habían participado cada uno, Noah le contó cómo fue su iniciación en el mundo del modelaje, para una revista juvenil de deportes donde lo hicieron posar con ropa de nadador profesional, según Noah se marcaba mucho la entrepierna con ese tipo de ropa, Bill le había dicho era para llamar más la atención del comercial o propaganda.

Llegaron a un restaurante que parecía cálido, la música era suave, acorde con el clima y el estado de ánimo, relajante, Noah detuvo a Bill por el brazo antes de entrar.

¿Me dejaras pagar verdad? —preguntó.

No, claro que no Noah, no me dejaste regalarte nada para navidad a pesar de que tú me diste este collar —dijo señalándose el pecho cubierto por la ropa.

Aun así Bill, yo te invité, déjame pagar.

Pero Noah… Yo soy… —se detuvo antes de hablar.

¿Ibas a decir mayor? —preguntó Noah sin lucir enojado.

Sí —admitió Bill algo avergonzado, y se percató de algo—. ¿Cuántos años tienes? —nunca lo había preguntado, ni leído en ninguna revista.

Cumpliré 18 en cinco meses más y seré mayor de edad —dijo el joven.

Y dos meses después, yo cumpliré 20 —contraatacó Bill.

Bueno la edad no importa, déjame pagar, sólo por esta vez, luego tú invitas —casi suplicó Noah, Bill se rindió ante sus ojos negros y brillantes.

Vale —suspiró dejando que el vapor manchara el aire unos instantes—, pero sólo esta vez —Noah sonrió y se enganchó más fuerte a su brazo, Bill creyó que se vería raro que dos chicos estuvieran así, pero no le importó, era divertido.

Sin soltarlo Noah lo guió hasta una mesa dentro del restaurante. Un hombre por los 30 años de edad guardo su cámara dentro del estuche, qué buenas eran las cámaras modernas, no hacían ruido al tomar la fotografía y tenían un zoom excelente, a pesar de la distancia con la que tomó la foto se distinguían perfectamente a los que aparecían en ella, volvió sobre sus pasos entrando a su Volkswagen amarillo, esa foto le proporcionaría algunos billetes, estaba contento.

& Continuará &

por Amudiel

Escritora del Fandom

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