

Notas de Amudiel: Cada persona es maravillosa con sus defectos y virtudes, ojala todos pudiéramos reconocerlo…
Esclavo: el perfume del amor. Fic Twc de Amudiel
Capítulo 15: Noah Davenport
—¿no crees que es muy arriesgado traerme aquí? Que sucede si tu esposo decide aparecer…
Chantelle aparto su rubia melena con un gesto de su mano, el pelo cayó sobre su espalda desnuda, cruzo las piernas y le dio una profunda calada al cigarrillo.
—el no volverá, quizás llegue mañana para pasar navidad con la idiota de su madre – el hombre desnudo giro las caderas para quedar de frente a ella, escrutándola con una mirada de decisión.
—Chantelle estoy cansándome de esperar tus planes, se que dijimos que todo era para apoderarnos de la empresa, pero estoy cansándome de tener que verte a escondidas, ¡ya son cuatro malditos años Chantelle!
—Mira Diego no estoy para tus estúpidos ataques de celos, no me provoques que bien me vas a encontrar – ella se paró sin importarle su desnudez y se puso una bata encima – será mejor que te largues, no vaya a ser que mi “querida” suegra decida aparecerse en vísperas de navidad para saludarme
—Chantelle…
—¡lo hablaremos en el hotel! ¿de acuerdo? Ahora lárgate
—cada vez pienso que esto no está saliendo bien…
—cariño, pensar no es tu fuerte, por favor retírate, prometo recompensártelo pasado mañana
—¿pasaras navidad con él?
—no me queda otra opción que pasar la navidad con la que se supone que es mi familia, por favor Diego, no es la primera navidad que enfrentamos desde que me case con el
—hay muchas cosas que enfrentamos desde que te casaste con el Chantelle, y nunca pensé que tus planes durarían tanto, haz algo para que el imbécil de tu marido meta la pata hasta el fondo
Diego busco rápidamente su ropa esparcida en el piso, colocándosela mientras hablaba, afuera caía una ligera nieve, y se oían pasar uno que otro coche, se sentó para amarrarse las zapatillas con comodidad. El estaba enamorado de Chantelle desde el colegio, pero también amaba el dinero, por eso había accedido a ese plan, pero ahora no estaba tan seguro de que hubiese sido buena idea.
—¿o si no que Diego? No puedes amenazarme, solo ten paciencia, un poco mas de paciencia y tendremos la vida que siempre soñamos tener…
—¿y crees que valdrá la pena?
—yo haré que lo valga…
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El sonido de un “toc toc” en la puerta lo despertó, seguramente era Gustav que lo llamaba para desayunar y no llegar tarde a la universidad, estaba dispuesto a apresurarse pero en cuanto abrió los ojos esperando encontrar el calido color blanco y violeta de su habitación, se sorprendió de ver color crema por todas partes, dio un respingo al sentir una mano en su estómago abrazándolo por detrás, y un cuerpo desnudo apegándose al suyo con posesividad, también la dureza que se clavó en una de sus piernas.
—¿señor Kaulitz? – se escuchó desde fuera – es el desayuno señor – Bill recordó todo a un nivel alarmante, las caricias, los gemidos, la nieve, el granizo y a Tom, se giró entre sus brazos y lo zarandeo ligeramente.
—¡Tom! – Susurró — ¡vamos Tom! Están tocando la puerta
—Pues ve a abrir – mascullo el perfumista hundiendo el rostro en las almohadas.
—¡no claro que no!
—¿está bien señor? – Tom se levando bufando molesto.
—Mierda – mascullo levantándose de la cama — ¡si estoy bien! – grito acercándose a la puerta.
—¡Tom! – Chillo Bill asustándolo – ¿no pensaras abrir así? – agrego tímidamente mirando la desnuda figura del perfumista, como cada músculo se tensaba con cada paso que Tom daba, y deseo tenerlo dentro de sí nuevamente.
Tom soltó otro bufido y tomo una bata para ponérsela, Bill creyó entonces que Tom era de tener un muy mal humor al despertarse, apenas abrió la puerta para gritarle a quien sea que estuviera afuera que desapareciese de su vista y jalar el carrito dentro la habitación, era igual al del día anterior, el que Tom se encargó de prácticamente arrojar fuera de la habitación, y luego estampar de manera brusca la puerta.
—¿mala noche? – pregunto Bill con algo de sorna, Tom se desplomo a su lado y lo jalo de repente posándose encima de él, para robarle un beso totalmente demandante, la lengua de Tom encontró cada rincón de su boca, logrando sacarle un par de gemidos ahogados.
—En realidad fue una noche excelente – declaro Tom levantándose nuevamente de la cama para descubrir el desayuno, el sexo siempre daba hambre.
Bill sintió claramente el rubor invadir sus mejillas, de repente se sentía demasiado avergonzado y no ayudaba en nada el hecho de estar desnudo bajo las sabanas, quien lo hubiera dicho que despertar con otro hombre luego de haber tenido sexo no iba a ser tan malo, cuando se sentó con la sabana rodeando su cintura descubrió una ligera molestia en las partes bajas.
El celular de Tom sonó en alguna parte de la habitación, este se apresuró a buscarlo, miro prudentemente la pantalla antes de contestar.
—¿mamá?
—hola cariño, ¿estás bien?
—si mamá, no seas paranoica, esta vez avise que estaría ausente hasta mañana
—justamente de eso quería hablarte Tom, si no quieres no es necesario que pases navidad con nosotros, entiendo que debes estar ocupado con tu “trabajo” –vaya su madre lo conocía muy pero que muy bien.
—no mamá hoy sale mi vuelo a Hamburgo, estaría ahí para la cena…
—bueno también lo decía por que la familia de tu esposa estará aquí como siempre, sé que no te hace nada bien verlos, con eso de que te atosigan tanto con lo del heredero
—eso no importa, estaré ahí
—Tom si es por mí…
—Claro que es por ti – interrumpió el perfumista – ¿por quién mas si no? Y también por papá, pero sobre todo por ti, vamos mamá no intentes percudirme.
—Bueno, que remedio –se quejó Simonne –nos vemos en la noche
—adiós mamá
Tom acerco la mesa rodante lo suficiente a la cama, Bill se abstuvo de preguntar por qué habían dos tazas de café y las raciones suficientes para dos personas, simplemente se puso a desayunar, tenía hambre, quizás por las actividades echas el día anterior.
—¿estas vez avisaste?
—No es como si tuviera que pedir permiso – dijo rápidamente Tom – simplemente que cuando suelo desaparecer, piensan lo peor, como que algún maniático me secuestro para pedir enormes sumas de dinero a mi familia, o mandarme a pedacitos en pequeñas cajas de madera.
—no estarás hablando en serio
—Vamos no sería la primera vez que secuestran a alguien con mucho dinero para hacerse ricos – dijo Tom masticando la tostada con mantequilla.
—¿no deberías andar con seguridad a cuestas?
—opino que eso es demasiado llamativo, se defenderme yo solo
—¿y qué tal si son 10 sujetos que te meten a una camioneta?
—baya, eres bastante imaginativo, hasta ahora nadie quiso secuestrarme
—pues a mí si me secuestraron – dijo inconscientemente Bill, y entonces se formó un momento incómodo.
Tom no sabía como responder a ese comentario, no sentía nada de culpa por haberlo hecho, pero no estaba seguro de cómo expresarse sin cagarla, cualquier paso en falso y Bill podría salir corriendo.
—yo…
—olvídalo – dijo Bill de repente, con las mejillas sonrojadas – no entiendo que hacemos recordando eso, seria hipócrita echarte en cara lo que paso en Hamburgo después de follar anoche – Tom lo miro con los ojos abiertos, era algo raro escuchar hablar de esa manera al modelo, debía admitir que no lo conocía lo suficiente pero si tanto como para comparar su comportamiento anterior, era temeroso y desconfiado, pero ahora parecía seguro de sí mismo, ya no era más como la presa que tenía que cazar, ahora era más como una entrega hacia él, Tom decidió que ambas personalidades le encantaban.
—entonces supongo que no tendrás problema para volver a encontrarte conmigo después de navidad… — dijo tentativamente Tom, la sonrisa de Bill confirmo sus sospechas incluso antes de que este hablara.
—claro, por mí no hay problema
—escucha… esto no
—No te gastes conmigo Tom – interrumpió Bill – sé que es solamente sexo, no soy una chica a la que tienes que intentar convencer de mantener la boca cerrada, después de todo estas casado
—¿y eso no te molesta?
—¿crees que hubiera venido ayer si me molestase? Mira no sé qué es “esto” que tenemos, pero me gusta, es así de simple, y si a ambos nos gusta no hay que poner impedimentos, y como dijiste esto es solo sexo sin motivos sentimentales de por medio…
—vaya, no creí que ibas a tomártelo tan fácil
—ya te lo dije Tom, no soy una chica
—Sin embargo te pareces mucho a una – le molesto el perfumista.
—Si pretendes molestarme con eso vas perdiendo – le sonrió Bill de regreso – ahora me tengo que ir
—¿a reportarte como buen niño a esos amigos raros que tienes? – Bill lo miro frunciendo ligeramente el ceño.
—no son raros, y no tengo que ir con ellos, van a tomarme unas fotografías para el álbum invierno de una fábrica de abrigos sintéticos…
—hum… pues déjame decirte que vas a necesitar mucho maquillaje para cubrir todo “eso” – dijo Tom burlonamente señalando el pecho y cuello de Bill.
—si, al parecer… y tú podrías ser un poco más cuidadoso
—no parecías estar quejándote en el momento en que te los hice – debatió Tom sonriendo con suficiencia – es mas creo que lo disfrutaste
Por más que Bill quisiera parecer un poco menos vergonzoso era imposible, sobre todo al recordar lo pasional que se había comportado la noche anterior, era imposible no avergonzarse.
—la próxima vez te golpeare – mascullo en su defensa, busco la ropa que estaba desperdigada por toda la habitación, y se preguntó en qué momento sus bóxer habían salido volando para quedar atorados en uno de los focos laterales de la habitación, se puso en pie para recogerlo todo a la rápida, estaba muy arrugado, era una suerte que para modelar le facilitaran ropa.
—es ridículo que te tapes de esa manera siendo que ya te vi desnudo…
—Eso no significa que me puedas ver de nuevo, voy a tomar una ducha – dijo antes de meterse al baño y echarle el pestillo, estaba seguro de que si Tom quería podría tenerlo de nuevo, y no estaba seguro de querer aumentar el ardor en su trasero.
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—¿El hotel Westin?
—sí, pensé que tú podrías averiguar donde se quedó Tom cuando vino para la presentación de renacer
—¿Por qué no te quedaste para ver si en verdad ellos dos se encontraron?
—porque se apagaron las luces y hubo una tormenta fuerte ¿Qué no ves las noticias? Tuve que volver
—no me interesa lo que pueda sucederle a la demás gente…
—si como sea, llámame cuando lo averigües
—por si acaso vigila ese hotel hoy
—estoy en eso – fue lo último que dijo Jessica antes de colgar el teléfono, el sol brillaba con fuerza en la nieve, habían unas cuantas barredoras despejando las calles para facilitar el tránsito, el hotel Westin ya estaba en pleno funcionamiento a esa hora de la mañana, como el día anterior se bajó de su carro y con pasos firmes se acercó al hotel, en esta ocasión nadie trato de detenerla, después de todo era una enorme cantidad de gente la que salía y entraba al hotel cada día, fue directamente al ascensor y ni siquiera necesito presionar ningún botón, todos estaban presionados, el aparato se detuvo brevemente en cada piso, dejando salir y entrar más gente.
En el piso número cuatro se salió casi la mitad de la gente y mucha más entro al ascensor, empujo un poco para poder salir, se quedó congelada cuando vio a Bill entrando al ascensor, y retrocedió inmediatamente hacia atrás quedando aplastada contra la pared y la gente, miro hacia delante, Bill estaba de cara a la puerta separado de ella por un montón de cabezas que esperaban bajar, se volteó quedando de cara a la pared del ascensor, sentía a su espalda como la gente subía y bajaba en cada piso pero no se movió, rogando por que el modelo no la viese, ya una vez en el vestíbulo Bill salió sin mirar atrás y ella pudo respirar tranquila.
Se quedó dentro pensando que sería lo más prudente ¿seguir a Bill? O quedarse…
El ascensor volvió a subir, era mejor quedarse y ver si Tom salía de la habitación, para confirmar de una vez que esos dos tenían algo, sentía tanta rabia dentro, Bill no podía ser gay, una persona tan increíble como él no podía desperdiciarse de ese modo, y sobre todo con ese imbécil de Tom Kaulitz, no necesitaba conocerlo para saber que era un cualquiera, no merecía a alguien tan perfecto como Bill, aun recordaba la primera vez que lo vio, en ese entonces tenía un look diferente, el pelo esponjado en muchas direcciones, lucia mas infantil pero igual de lindo, y desde ese día había estado enamorada de él, ya después con las rastas bicolores había afianzado mas su amor, quizás por su forma de verse, ¿pero qué podía hacer? Siempre había amado la belleza por sobre todas las cosas.
Y Bill era el chico más lindo, tenía que estar con ella.
Bajo en el piso número cuatro, avanzo hasta quedarse en el mismo lugar que el día anterior, en las gradas mirando al pasillo, esperando para ver si sus sospechas eran correctas.
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Cuando llego a la fábrica los demás modelos estaban cambiándose, agradeció que Georg aceptara el trabajo en otra empresa pues así no vería las marcas en su cuerpo, una chica bastante bajita se acercó a él con un elegante abrigo que parecía de piel de leopardo en color negro y café, totalmente sintético echo de algodón y plástico refinado, y un par de jeans oscuros, ingreso a uno de los camerinos rodantes y se quitó la ropa, sus rastas seguían algo húmedas por la ducha que había tomado esa mañana, después de salir del baño completamente listo para irse Tom le había arrebatado otro de esos besos que le dejaban sin aliento y hasta le hacían olvidar su nombre.
Cada marca en su piel le recordaba los gemidos, la voz ronca de Tom en su oído, todo su ser siendo inundado por una sensación que nunca había sentido antes, se puso los jeans y un cinturón negro, no necesitaba usar camiseta para esas tomas, ni tampoco zapatos, encima de su torso desnudo se colocó el abrigo dejando ver su pectoral blanco y parte de la estrella tatuada en la cintura, se acercó al espejo que tenía delante y se maquillo pulcramente en unos instantes, toda una vida de practica le daban cierta agilidad a la hora de hacerlo, y no dejaba que nadie a excepción de Sara tocase su rostro, fuera del camerino lo esperaba una desconocida pelirroja que masticaba una goma de mascar de una manera bastante barata.
—dios que nochecita la tuya – le dijo mirando su cuello y pecho – ya podrías decirle a tu novia que sea menos “expresiva” en la cama, sígueme – Bill no dijo nada, algunas personas eran vulgares de nacimiento, total, que le importaba a esa desconocida con quien se acostaba.
En la sala de maquillaje habían dos modelos mujeres en escasa indumentaria siendo arregladas seguramente para una sesión de fotos distinta a la suya, y un chico frente a un espejo, una chica le acomodaba los negros rizos que conformaban su cabello, Bill no logro verle el rostro, se quedó de pie a un costado mientras borraban con maquillaje las marcas de su encuentro con Tom.
La chica que arreglaba el pelo del otro modelo giro la silla de tal modo que Bill pudo verlo al fin, reflejado en el espejo, era muy guapo, traía los ojos cerrados, sus rasgos faciales eran delicados y finos, no pudo calcularle la edad pero era más que obvio que el chico era menor de edad, intuición quizás, su pecho estaba libre de bello, al menos lo que abrigo no lograba tapar, y de un momento a otro el joven revelo su mirada: unos ojos profundos y de un color confuso, entre el verde y el negro, Bill estaba seguro de estar poniendo una cara de asombro muy notoria, pues el joven sonrió hacia el dejo que le devolvió la sonrisa a través del reflejo, era una hermosa sonrisa.
—¡cinco minutos mas y al set! – grito una voz en algún lugar. Bill no le prestó demasiada atención.
El joven se acercaba a él, y en impulso de vergüenza Bill bajo la mirada buscando si quedaba algún rastro de las mordidas de Tom en su cuerpo, soltó un suspiro de alivio al no notar ninguna, y se reprendió al instante ¿Qué le importaba a ese chico si el tenia chupetones o no? La sonrisa seguía marcada en el rostro del joven, era totalmente sincera.
—Hola Bill – saludo – perdona, no debí tratarte tan informalmente… pero es que eres a quien admiro, por ti comencé a modelar – Bill estaba sinceramente sorprendido, además de sentir esa grata sensación de bien estar en su pecho.
—pues… — dudo – muchas gracias, nadie me había dicho antes que me admiraba.
—es que tu trabajo es admirable, te seguí desde las primeras veces que saliste en las revistas, siempre me decía a mi mismo que algún día seria como tú, claro que para eso me falta aun mucho, soy Noah Davenport, para servirte – Bill estrecho la delicada mano, era blanca y de dedos largos, con unos cuantos magullones en las yemas.
—Bill Trümper, aunque creo que es inútil – rio Bill – igualmente, un placer conocerte, y no tengo problemas con que me llames Bill…
—vaya, genial, creí haber metido la pata
—¡comienza la sesión de los modelos! ¿Están listos? – grito la voz de hace unos instantes.
—Esa es nuestra llamada – dijo Noah contento – ¿vamos?
—Claro – sonrió Bill caminando a su lado – ¿y por qué las heridas en tus dedos? – se arrepintió de haber preguntado, la curiosidad era algo natural en el, quizás esta vez había pasado la línea, preguntándole a alguien que acababa de conocer algo privado, pero al parecer Noah no tuvo molestias en contestar.
—Toco el violín en mi tiempo libre, a veces me excedo y me lastimo los dedos – rio suavemente – mi madre pega el grito al cielo cuando eso sucede, pero yo no le veo problema, después de todo no es a mis dedos a quienes van a fotografiar
Bill soltó una ligera carcajada.
—vaya, yo solo estudio en mi tiempo libre, no soy una persona muy entretenida – comento algo reacio a romper la imagen que el chico tenia de él en su mente, pero mentir no era una de sus cualidades, cosa que Tom paraba recordándole a cada momento.
—Yo no creo que seas aburrido, y eso que solo te conozco 15 minutos y 4 segundos – Bill volvió a reír.
—¿estás cronometrando el tiempo que llevas desde que me hablaste?
—Por supuesto – confirmo Noah sin dudar — ¿tú no lo harías al conocer a la persona que admiras? ¡Estoy muriendo de la emoción!
—¿estás siendo sarcástico? – Noah lo miro algo herido.
—Claro que no, siempre soñé con conocerte – Bill se sintió profundamente alagado por ello.
—lo siento Noah, no quise…
—No te preocupes, yo también hubiera preguntado, pero es verdad, me siento muy feliz de que estemos juntos en esto – señalo a las cámaras, los fotógrafos ultimaban detalles, ellos se colocaban en una tarima que quedaba frente a la fábrica, el fondo: las maquinas que creaban la ropa sintética.
—no, igual yo lamento ser tan desconfiado
—es comprensible, muchas personas quisieran acercarse a ti solo por conveniencia, lo sé, pero yo no soy una de esas personas – sonrió Noah – si me das la oportunidad podría demostrarte que soy una buena compañía, o al menos eso dicen mis amigos, los hago reír a menudo – Bill no dudaba de ello, en el corto tiempo que había hablado con Noah se la paso riendo.
—claro, ¿Por qué no? Deberíamos almorzar juntos después de esto – la mirada de Noah se ilumino.
—hoy es el día más genial de mi vida, gracias Bill, eres genial en persona más que a través de las revistas o la televisión.
Las fotos comenzaron, ya no podían hablar, solo mirar a las cámaras mientras cambiaban de poses, Bill noto que Noah salía sonriendo en las fotografías, el siempre salía serio, con una mirada incitadora, los ojos entrecerrados tratando de parecer salvaje, sexy, tratando de seducir con la mirada, en cada campaña siempre era lo mismo, incluso en renacer, y en las demás, pero esta vez no se sintió con ganas de hacerlo, contra todos sus antecedentes sonrió animadamente a las cámaras que redoblaron el número de flashes al verlo, era la primera vez que sonreirá para las fotos, pero de alguna manera supo que no estaba del todo mal el cambio, Noah soltó una risita cristalina, Bill se volvió a mirarlo y su sonrisa se ensancho.
—¿habías visto algo como eso? – susurro el coordinador a uno de los fotógrafos.
—Nunca – admitió este sin desenfocarse del trabajo – es la primera vez que veo a Trümper sonreír así, y la verdad es que luce igual de atractivo que cuando incita con la mirada.
—Esto vale oro – susurro el coordinador – ¡vamos! ¡No muevan tanto las luces! – grito después a su personal.
Definitivamente había personas que se veían muy bien sin importar el gesto de sus rostros, Noah Davenport y Bill Trümper eran dos de esas personas.
& Continuará &