Notas de Amudiel: El dolor es parte de la vida, del vivir diario, y lastimar a quienes amas tambien suele ser parte de ese vivir…

Esclavo: el perfume del amor. Fic Twc de Amudiel

Capítulo 12: La Tormenta

—¿Dónde está Bill? – pregunto Judy de repente dejando un laúd de regreso a su lugar.

—lo vi afuera fumando – contesto Georg, Gustav observo a través del ventanal sin divisar a su amigo, el rubio salió rápidamente fuera de la tienda observando alrededor, Bill era inconfundible, incluso a la distancia, lo que significaba que su amigo no estaba cerca.

—¿Dónde está Bill? – repitió Georg al no verlo cerca.

—quizás decidió volver al hotel – comento la joven.

—él no se iría sin avisarnos – comento seriamente Gustav sacando su celular, el tono de llamada sonó cinco veces antes de mandarlo al buzón de voz. Su pulso se aceleró, Bill jamás le colgaría de esa manera.

Gustav tenía la cualidad de pensar rápidamente, algo de lo que estaba muy agradecido, observo con mucha atención la calle y las personas en ella, la mayoría caminaba de un lugar a otro tranquilamente, algunos se detenían a mirar la tienda de música unos instantes, otros entraban, las personas paradas en distintos lugares de la calle parecían estar en normalidad, un grupo de jóvenes reía animadamente compartiendo cigarrillos, algunos de ellos apoyados en la pared, una mujer con un coche de bebe que parecía esperar a alguien, un par de metros más a la derecha de donde ellos estaban habían dos chicas mirándose preocupadas entre sí, eso llamo la atención del rubio, eran las únicas personas distantes del comportamiento común de las demás en aquel momento.

—El recepcionista no vio entrar a nadie aun – comento Georg colgando su celular – Bill no está en el hotel

Pero eso Gustav ya lo sabía, se acercó rápidamente a las dos chicas que parecían querer retroceder mientras él se acercaba, trato de sonreírles pero no le salía, las sonrisas estaban reservadas para sus amigos, para los momentos de bromas y juegos, desistió, al menos trato de no parecer tan frio.

—Disculpen – pregunto con la voz más calmada que pudo conseguir – ¿por si acaso no vieron a un chico aquí fuera? Estaba fumando…

Las chicas se vieron entre sí abriendo más los ojos, finalmente una, la castaña asintió.

—lo vi en una revista – dijo suave con voz de niña – y le estaba diciendo a mi amiga que era el mismo chico, ella no me creía – siguió con voz infantil, Gustav pensó que estaba muy asustada, su amiga asintió con la cabeza – lo miramos muy detenidamente para saber si era el chico que salía en la revista, y entonces un coche paro frente a él y unas manos lo arrastraron dentro.

Gustav trago en seco.

—se…secuestraron a tu amigo – dijo al fin la otra chica – estábamos pensando en llamar a la policía… porque es alguien famoso si salió en una revista

—¿Cómo era el auto? Cualquier detalle…

—era negro, muy lujoso y…

—Era un Cadillac – dijo la primera chica – se de coches porque mi hermano es mecánico especializado, te aseguro que era un Cadillac, solo que no pude ver mas y no se mas tampoco…

Gustav pensó rápidamente, detrás de él sus amigos tenían expresiones de horror en sus caras, el rubio no se dejó llevar por el pánico, pensando en frio observo detenidamente la calle, habían un par de puestos de periódicos en una esquina, casi corrió hacia ellos, utilizando la mirada más gélida de su repertorio tomo varias revistas ojeándolas, la chica que atendía el puesto no se atrevió ni a respirar, Gustav triunfante cogió una revista y le arrojo un par de billetes a la chica alejándose, se acercó a las chicas que hablaban con Georg y Judy.

—disculpen – llamo Gustav abriendo la revista en una página donde había una foto de Tom, Simonne y Chantelle a punto de entrar a un Cadillac negro, el titulo rezaba “El famoso perfumista Tom Kaulitz reaparece después de una semana” la fecha de la publicación era justo un día después de que lo hubiese interceptado en su camioneta azul – ¿este era el coche?

La chica asintió fervientemente asombrada mirando la revista, Gustav estiro un brazo parando un taxi.

—¿Gus qué está pasando? – pregunto asustada Judy.

—vamos suban, tenemos que ver que Bill este bien

Sus amigos obedecieron rápidamente, Gus estaba en plan acción y ellos solo confiaron en su mente de detective, el taxista los miro por el retrovisor interrogante.

—al edificio ESCENCIAS

&

El Cadillac se detuvo frente a un edificio que claramente tenía muchos departamentos, Tom ingreso al estacionamiento subterráneo del lugar, Bill pudo observar los coches familiares aparcados a los lados, ese edificio tenia departamentos ocupados por familias, el Cadillac quedo estacionado cerca a unas puertas que claramente eran de un ascensor.

—¿Dónde me trajiste?

—A mi casa – contesto Tom.

—¿tu casa? – pregunto Bill escéptico, supuestamente Tom vivía con su esposa Chantelle en una casi mansión cerca del centro de la ciudad, no en un modesto departamento familiar en un edificio común y corriente, al menos por lo que leía en las revistas.

—Es mi casa, o el lugar que utilizo para escapar de todo, nunca vine aquí con nadie – le confesó Tom – serás el primero…

—¿escapar? – Bill no supo porque esas palabras le causaron tristeza – ¿es como un refugio? – Tom sonrió sin que la sonrisa llegase a sus ojos.

—escapar de la realidad, si de hecho creo que es como un refugio

—¿y por qué me trajiste aquí?

—no lo sé, muchas de las cosas que te preguntas me las pregunto yo a mí mismo, y no tengo las respuestas…

Tom quito el seguro de las puertas bajándose, Bill no prestaba mucha atención a lo que el perfumista hacía, es que lo mismo le pasaba a él cerca de Tom, no sabía qué era lo que sucedía, lo único que lograba entender era que se sentía como un pedazo de metal atraído por un poderoso imán, no era correcto y no solo por el hecho de ser ambos hombres, Tom tenia esposa… Además de que debería estar haciendo lo que hacía con Tom a la persona que le gustase.

Por lo pronto estaba seguro de que Tom ocupaba sus pensamientos, ¿no era eso suficiente?

La puerta de su costado se abrió y una amable mano se dejó ver para ayudarlo a descender.

—No soy una chica – le dijo Bill en un casi puchero, Tom quiso sonreír, ¿Por qué Bill era tan divertido? Era tan lindo molestarlo.

—Sin embargo pareces una – Bill enrojeció ligeramente y acepto la mano, Tom no se la soltó ni para cerrar su coche.

—no debiste colgarle a Gustav – se quejó Bill Tom llamo al ascensor sin mirarlo pero Bill sabía que estaba prestándole atención – seguramente ahora estará en un helicóptero buscándome bajo los puentes

—eres mayor de edad y “ese” no es tu padre

—“ese” tiene un nombre…

—Lo que sea – Tom apretó el número 9 y espero, Bill frunció su nariz tratando de convencer a su “secuestrador”

—déjame llamarlo, le diré que estoy bien, si no se van a preocupar mucho por mi

—Lo siento niño travesti – se burló Tom sonriendo malicioso – deje tu celular en el coche

—¡que no soy travesti! Y tampoco me digas niño ¿Por qué eres tan raro? – Tom miro al modelo incrédulo, ¿Cómo le decía raro siéndolo el más?

—Tú eres el raro – le contesto Tom, al salir del ascensor, una señora con dos niñas entro mirándolos extrañada – no suelo venir mucho – explico Tom – y todos aquí se conocen así que debemos ser como extraños.

El edificio era claramente uno lleno de departamentos familiares, Bill pudo ver afuera de una de las puertas un sonajero olvidado por algún bebe, risas de niños se escuchaban al fondo del pasillo, y había un par de letreros que indicaban la prohibición de bebidas alcohólicas en exceso, drogas o fiestas, también imponiendo un toque de queda respetable para todas las familias habitantes del lugar, ver a Tom en un lugar así era bizarro.

—¿enserio tienes un departamento aquí? – pregunto Bill escéptico.

—Es este – Tom introdujo una llave en una de las puertas, Bill leyó rápidamente un 34 antes de que la puerta se abriera, y entonces entendió muchas cosas, definitivamente no era lo que había estado esperando, eso no se parecía ni remotamente a un departamento familiar.

Era todo una sola estructura, a la derecha había un televisor plasma enorme, y en repisas a sus costados innumerables consolas y juegos de video, frente a esto, sillones color crema acomodados en un medio circulo, también a la derecha, pero más cerca a la puerta, un ordenador que parecía ser muy moderno y su despectivo escritorio.

La cama estaba separada de lo demás por dos gradas que hacían el lugar más alto que lo demás, y unas puertas de vidrio que eran parecidas a persianas se cerraban y abrían dependiendo el gusto del ocupante, a la misma línea de la cama, pero más cerca a la puerta, estaba la cocina, una barra la separaba de todo lo demás, totalmente moderno, también un refrigerador, y entre la cocina y la cama estaba una pequeña mesa con algunas sillas a modo de comedor, Tom arrojo su chaqueta en uno de los sillones.

El lugar no podía ser más “soltero”.

—¿quieres un café o una copa de vino? – Pregunto el perfumista acercándose a la cocina – también tengo cerveza, jugo de fresa, todo es fresco, una empleada se encarga de dejar este lugar habitable para cuando me apetezca venir.

—Yo… jugo estará bien – contesto Bill, Tom había dicho que nadie más conocía ese lugar, que era el primero, eso le hacía pensar en que quizás Tom tenía problemas maritales.

De alguna manera eso le provocó una oleada de positividad.

—Ten – Tom le paso un vaso con el contenido color rosa oscuro, Bill bebió el jugo a sorbos lentos refrescándose, dentro hacía calor así que se quitó la camisa negra que traía sobre su camiseta, dejándola pulcramente colgada en uno de los sillones.

—sabes, si querías hablar conmigo solo me lo hubieras dicho, no necesitabas obligarme

—Yo no te obligue – respondió Tom sacando una lata fría de cerveza, Bill se abstuvo de rodar los ojos, Tom era alguien muy especial.

—meter a alguien en un auto a la fuerza y casi matándolo de un susto no es precisamente pedir consentimiento ¿sabes?

—que importa, ya estás aquí

—¿y por qué me trajiste?

—No lo sé, eres interesante – dijo Tom nuevamente – creo que fue un shock verte en Hamburgo, llegue a creer que nunca volvería a verte otra vez

—¿no ibas a regresar?…

—eso fue lo que me pediste – contesto Tom fríamente, pero sabía que era mentira, justo antes de encontrarse con Bill estaba pensando en mandar su orgullo al diablo y viajar a Leipzig para molestarlo un poco y quizás repetir lo sucedido días atrás, ¿Qué importaba que fuesen hombres?

Después de todo nadie iba a enterarse.

—¿Por qué estas molesto tan de repente? – dijo Bill confundido.

—por la misma razón por la que tu deseabas verme tanto…

—yo no…

—Bill, no me cansare de repetirte que conmigo mentir no funciona… – Bill soltó un suspiro de frustración dejando su vaso de vidrio con un golpe violento en la barra.

—¡tú siempre crees saberlo todo! ¡Yo no quería verte! – trato de mentir imponiendo volumen a su palabras.

¿No crees que se ve tierno enojado?Le pregunto la voz a Tom, y este no pudo evitar estar de acuerdo.

—¿Por qué mientes? Sé que querías verme, sé que este mes lejos de mí fue una agonía para ti

—¡No! ¿Cómo querría verte después de lo que me hiciste? – se le salió a Bill, el pelinegro tapo su boca asombrado, no quería tocar ese tema, Tom sonrió victorioso.

—¿de lo que te hice? ¿Qué fue lo que hice? No lo recuerdo…

—¡no bromees! – Tom dejo su cerveza en la barra acercándose un paso a Bill, este retrocedió por instinto.

—¿pero cómo puedo saber de lo que me hablas si no lo mencionas?

—sa…sabes a lo que me refiero – tartamudeo Bill retrocediendo sin darse cuenta, hacia las gradas que separaban la cama de lo demás.

—no tengo idea Bill

—no te acerques – pidió el pelinegro subiendo las dos gradas de espaldas casi sin ser consciente.

—¿me tienes miedo? – pregunto Tom sin frenar su avance.

¡Sí! Pensó Bill pero no de ti, si no de mí mismo

—claro que no – contesto tercamente, la parte trasera de sus rodillas choco contra la cama, su pulso se aceleró un poco más.

—Entonces no huyas – le dijo Tom en voz baja acercándose a Bill, acorralándolo.

—¿Por qué haces esto? – Pregunto Bill desesperado – no me digas que no lo sabes, o que parezco mujer, ni ninguna de esas patéticas excusas, no bromees conmigo

—Estoy siendo serio – contesto Tom sintiendo ese escalofrío que comenzaba a hacerse familiar sobre su piel, la cercanía de Bill lo provocaba – ¿no vas a recordarme que fue lo que te hice?

—n…no ya lo s…sabes – apenas articulo Bill, el rostro de Tom estaba tan cerca, solo un poco mas y sus labios podrían juntarse por segunda vez en el mismo día, ahora que lo pensaba, besar a Tom se sentía realmente bien, estaba siendo más consciente de sus actos, más que la anterior vez en la que solamente pudo dejarse llevar por la corriente.

—Deberíamos recordarlo – susurro Tom siendo presa de la esencia de Bill, el leve sudor de su piel, la canela, los cítricos, las rosas…

Si Bill fuera un perfume…

Sus labios se llamaron silenciosamente, comenzando el beso con una caricia casi imperceptible, la cercanía fue aumentando Tom se embriago con el aliento de Bill y el modelo entreabrió ligeramente sus labios, como siendo aun consciente de que no debía hacer aquello, sin embargo la lengua de Tom se encargó de abrir completamente la boca ajena y explorarla a gusto, de sentir el aroma en un sabor, Bill tenía una esencia tan fuerte, Tom quería drogarse en ella, nadar en su esencia, incluso quizás morir sintiéndola.

Cuando Bill enredo sus brazos en su cuello disfrutando el beso Tom sintió por primera vez algo raro, la realidad golpeándole, estaba besando a un hombre, a una persona de su mismo género y joder que se sentía mejor que nada que hubiera hecho antes, comprendió que no le importaba, en su mente pudo revivir su anterior encuentro, cuando quito la ropa interior del modelo, su miembro tan parecido al suyo, y en vez de sentir algo raro en su pecho solo logro sentir comodidad con ello, como si de repente ya no le importase que Bill fuera hombre.

Bill fue lentamente empujado hacia atrás, como si fuera una pieza delicada de cristal, sentía dentro de sí mismo que algo iba a suceder ese día, el placer de besar a Tom no lo dejaba pensar con claridad, Tom apoyo su peso en una de sus manos para no sofocar al modelo y con la otra se aferró a la esbelta cintura de la persona que estaba debajo de su cuerpo.

¿Puedes observar cuantos colores tiene el rostro de Bill?

Tom dejo de besarlo y se incorporó a una distancia prudente, para observar el rostro sonrojado de Bill, sus mejillas rosas por el rubor, cada gota de sudor, las luces y sombras de su piel, su pelo, su ropa, su maquillaje, todo tenia tanto color, todo Bill estaba tan vivo que lograba hacer sentir vivo a Tom, era una sensación que nunca había sentido antes, tan poderosa, tan presente que sus ojos se aguaron ligeramente.

—no lo entiendo – susurro el perfumista – ¿Qué es esto? – su corazón se estrujo de emoción en su pecho, no lograba entender nada de lo que estaba sintiendo.

—¿Tom? – jadeo Bill suavito.

—¿Qué tienes tú de distinto? – se preguntó el perfumista más a si mismo que a Bill, pero el modelo de todas maneras le entendía, porque él se preguntaba lo mismo en esos momentos, ¿Por qué Tom podía someterlo de esa manera? Y no solo su cuerpo pues su corazón comenzaba a ceder.

Tom deslizo suavemente la mano en la cintura de Bill hasta el inicio de los finos pantalones, bordeados por un cinturón de cuero gris, delineo con la mano toda la extensión de la prenda de vestir, hasta llegar a la hebilla, el cinturón tenía una sencilla manera de ser abierto, ni si quiera requeriría de las dos manos, sin pensarlo mas con un rápido movimiento de la mano, desabrocho el cinturón causando un jadeo asombrado en Bill.

Tom se apodero de sus labios con brusquedad, no quería una negativa, algo le decía que un rechazo lograría algo totalmente erróneo en sus acciones.

Bill ni siquiera supo que el aire estaba faltándole y respondió el beso, no podía evitarlo su cuerpo lo necesitaba, sus delicadas manos se enredaron en las trenzas de Tom jalándolas suavemente sin causar daño. Tom deshizo cualquier barrera de ropa que le impidiera tocar a Bill, con algo de brusquedad retiro el pantalón hacia abajo, sintió al modelo tensarse, pero no se detuvo, bajo el pantalón hasta donde le permitió la posición, Bill abrió momentáneamente los ojos ladeando la cabeza, necesitaba respirar por mas que el beso fuese tan delicioso para sus sentidos, Tom acaricio suavemente su mejilla para luego besarlo nuevamente con mucha mas calma.

Bill escuchaba lejanamente los pasitos pequeños de niños corriendo fuera en el pasillo, sus risas y gritos, las voces de los padres llamándolos, en una escena que distaba totalmente de lo ocurría en esa habitación, Bill gimió suavemente al sentir la mano de Tom directamente sobre su erección, solo atrapada en su ropa interior, Tom le estaba tocando ahí, cosa que no había hecho antes, Tom por su parte trataba de descifrar si eso le molestaba o no, pero no lo hacía, al ser hombre estaba acostumbrado a un cuerpo masculino, hizo un poco de presión sobre los bóxers, Bill mordió su labio inferior impulsando sus caderas hacia arriba en busca de contacto.

Eso era mucho mejor que cualquier mujer retorciéndose bajo su cuerpo.

Tom se recostó de lado colocando a Bill de tal manera que quedase con la espalda pegada a su pecho, Tom acabo de quitarle el pantalón con los pies sin dejar de abrazarlo, Bill sentía la respiración del perfumista en su nuca y cuello, haciéndolo estremecer con anticipación, su cuello se abrió para que Tom pudiera devorarlo, no quería pensar demasiado en ello pero cuanto había extrañado esos labios sobre su piel. Tom fue levantando la camiseta de Bill, el modelo se tensó cuando supo que Tom quería quitársela, se alejó un poco tratando de voltearse para mirarlo pero Tom se lo impidió.

—no Tom…

—Cállate – siseo el perfumista haciendo más intentos de quitársela.

—no, no me la quites – pidió esta vez Bill con un claro matiz de temor en su voz, y entonces Tom recordó.

—¿Qué tienes en la espalda Bill? – pregunto sintiendo crecer su necesidad de curiosidad.

—n…nada – Bill llevo sus manos a las de Tom tratando de apartarlo, de repente la excitación estaba decreciendo considerablemente – Tom déjame – pidió tratando de ocultar su desesperación, el perfumista cogió una de las manos de Bill y la llevo a su propia erección cubierta por los pantalones aun.

—¿piensas dejarme así? – le pregunto con cierto reclamo en la voz.

—yo…

—Bill lo que sea que tengas… – Tom calló, no sabía que decirle ¿Qué quería verlo? ¿Qué podía confiar en él?

—por favor Tom

—Quítatela – ordeno el mayor jalando de la tela hacia arriba – quítatela o la romperé

—¡qué demonios te pasa! – Tom estiro la prenda de ropa creando un ligero sonido de rasgado, Bill se estremeció – ¡no Tom!

—si no te la quitas juro que voy a romperla – Bill sintió un nudo en su pecho, debido al temor, Tom seguía estirando de su camiseta, Bill alzo las manos sumisamente dejando que la prenda abandonase su cuerpo, Tom la arrojo lejos y volvió a atacar el cuello de Bill – tranquilízate – le susurró al oído antes de introducir su lengua dentro, Bill se arqueó.

—aahh – Tom sonrió con suficiencia ¿acababa de descubrir un punto sensible?, volvió a lamer la oreja de Bill y la mordió ligeramente, sintió como la tensión abandonaba el cuerpo del modelo, tensión que el mismo había provocado al quitarle la camiseta – Tom – jadeó Bill en un erótico gemido.

Tom descendió sus manos hasta el elástico de los bóxers de Bill y los bajo antes de que el modelo se diese cuenta, Bill sintió de nuevo un rubor invadir toda su cara, ahora estaba desnudo frente a Tom, mientras que el perfumista seguía vestido, pero a pesar de la vergüenza y esa sensación de empequeñecimiento estaba la otra sensación, esa que gritaba furiosa lo mucho que le encantaba ser dominado de esa manera.

Pero Tom no tenía por qué saberlo.

Bill trato de girarse para quedar frente a frente con el perfumista, sin embargo Tom se lo impidió con un firme y cálido agarre, el mayor llevo una de las manos hacia arriba y aparto el pelo de Bill repentinamente, dejando ver los omoplatos, en el izquierdo estaba una cicatriz, pero no era cualquiera, era una cicatriz muy estilizada que formaba una hermosa letra, que curiosamente era la letra “T”, Tom la observo detenidamente sabiendo al instante un par de cosas, esa cicatriz no pudo habérsela hecho el propio Bill porque por mas largos que fuesen sus brazos el omoplato era un sitio de difícil acceso, además estaba que esa letra “T” estaba muy bien hecha, si Bill hubiese logrado hacerla el mismo estaría distorsionada por la posición, si ya era difícil que alguien se lavase bien la espalda duchándose, mucho peor tatuarse con un cuchillo una letra que según Tom media unos cuatro centímetros de largo.

Estaba claro que alguien mas se lo había hecho.

—no la mires – dijo Bill, Tom se sorprendió de escuchar el llanto impregnado en esas palabras, sabía que Bill no estaba llorando pero era como si lo fuese a hacer de un momento a otro.

—¿Quién te la hizo? – pregunto con cierta ferocidad en la voz que se sorprendió a si mismo, esas ganas de destazar al que hubiera lastimado a la hermosa criatura que temblaba entre sus brazos, Bill negó con la cabeza arrebujándose mas en sí mismo, Tom acaricio levemente con su pulgar la letra y luego paso su lengua sobre ella, era una cicatriz antigua, volteo a Bill dejándolo de espaldas a la cama y se situó sobre él.

—¿Qué haces? – pregunto Bill algo asombrado por el repentino cambio en el ambiente.

—olvídate de todo – le ordeno en un firme susurro.

Ojala pudiera olvidarme pensó amargamente Bill tratando de relegar las imágenes de su pasado y volverlas a encerrar en esa caja que era lo único que le impedía sumirse en la histeria, solo que esa cajita estaba abriéndose en las noches provocándole esas pesadillas que tantas veces habían despertado a sus amigos, ojala pudiese sellar su pasado para siempre.

Tom acaricio la piel perfecta con sus manos, era increíble lo suave que era, el pelo de Bill caía sobre la blanca almohada esparciéndose bellamente en todas la direcciones y cada hebra fina de pelo estaba impregnada por el exquisito aroma, al que Tom empezaba a hacerse adicto, su lengua acaricio suavemente el esbelto cuello del modelo que tantos días había portado sus marcas, mordió con ligera fuerza deseando imprimirlas nuevamente.

Bill gimió.

Tom entonces se atrevió a continuar, como lo haría estando con una mujer, pero perfectamente consciente de que estaba con un hombre, deslizo su lengua hacia abajo hasta toparse con un rozado botoncito de carne, estaba duro y erguido, ahí en medio del plano pecho, pero eso no molesto a Tom, incluso remotamente llego a pensar que era mucho más cómodo disfrutar del pezón sin el excesivo abultamiento de los pechos femeninos, las manos de Bill se enredaron entre las trenzas de Tom y su espalda se arqueo inconscientemente, lo que provoco que su nuca se hundiese entre las almohadas despeinándolo debido a la fricción con las mismas.

Tom estaba asombrado por lo sensible que parecía ser el cuerpo de Bill, incluso más que el de una mujer, de repente el tocar esa piel solo con las manos le parecía insuficiente, con rapidez se quitó la camiseta que traía puesta dejando a la vista sus bien formados brazos, y el estómago duro de Tom se presionó contra el de Bill, el modelo abrió los ojos sorprendido al sentir el contacto directo con la piel del perfumista, el cuerpo de Tom era realmente hermoso, Bill vivía con dos chicos que solían caminar sin camiseta por el departamento y nunca sintió nada parecido al ver el pecho de otro hombre expuesto, esto era totalmente distinto.

Tom abrió con maestría su propia cremallera, estaba de rodillas sobre la cama, entre las piernas de Bill, mirando el cuerpo desnudo del modelo acostado, Bill estaba con las piernas abiertas mirándolo con algo de sorpresa, Tom sonrió y bajo toda su ropa de golpe hasta sus rodillas quedándose desnudo frente a Bill, quien jadeo al verlo. El mayor sin darle tiempo a reaccionar juntó sus pieles sintiéndose abrumado al segundo, era increíble sentirse tan cerca de alguien, su erección choco con la de Bill y ambos descubrieron una nueva sensación.

Tom se sintió maravillado al sentir el vaivén de las caderas de Bill contra su cuerpo, sabía que el también lo estaba haciendo, simulando embestidas que tenían el propósito de restregar la mayor cantidad de piel posible sobre el contrario, Bill no era consciente de que sus gemidos ya no eran suaves para ese entonces, y aumentaron de volumen al sentir uno de los mojados dedos de Tom presionándose en su entrada.

—aaahhh T…Tom – logro decir para luego morder el dorso de su mano, tratando de acallarse, el perfumista la retiro con su mano libre para impedir que Bill silenciara su voz – Tom hay gente fuera…

—No me importa – siseo Tom muy cerca de sus labios – quiero oírte gimiendo por lo que te hago…

Y Tom lo escucho, el tiempo se detuvo alrededor de ambos, las cosas comenzaron a salirse de control, Tom volvió a sentir como sus pensamientos se obnubilaban totalmente como la anterior vez que había estado con Bill, sus dedos abandonaron el interior del modelo, y su cuerpo descendió ligeramente para que la punta de su erección rozara la entrada, la sintió caliente y húmeda contra su piel, por instinto empujo.

Bill entro en pánico.

—¿Tom? E…espera – balbuceo tratando de alejarse, rápidamente empezó a volver a la realidad, su cuerpo se estremeció pero esta vez de miedo, las manos de Tom lo sujetaron fuertemente impidiéndole moverse – No ¡Tom! ¿Qué estás haciendo?

—Voy a romperte por la mitad – le susurro el perfumista hundiendo sus dedos en las caderas de Bill impulsándose hacia delante, casi deja de respirar al sentir como la punta de su miembro entraba en el cuerpo del modelo, la estrechez del lugar lo tomo totalmente desprevenido, era incomparable. Bill cerro los ojos por la punzada de dolor, definitivamente el pene de Tom no era como unos simples dedos, su corazón se disparó acelerado, veía claramente a Tom sobre él, tratando de concentrarse nuevamente, faltando aun una buena cantidad de carne para ingresar.

—¡basta! – dijo en un jadeo ahogado, el dolor inicial se esfumaba rápidamente pero el miedo no, el miedo seguía ahí, dejándolo tenso, volvió a removerse sobre la cama provocando un gruñido ronco en Tom, que sentía su miembro ser apresado por el cuerpo de Bill como nunca lo había sido – Tom por favor – trató – me lastimas…

—No… – Tom soltó aire que no supo que estaba reteniendo – no voy a parar – le informo volviendo a empujar suavemente hacia delante, las ganas de empujarse de una sola vez estaban dominándolo pero sabía que eso era demasiado, pudo pensar eso incluso sobre su niebla mental.

—Tom aahh, no por favor detente, no quiero – gimió Bill sintiendo avanzar muy lento el pene de Tom en su interior, percibiendo su grandeza que se abría camino de una manera cuidadosa, pero eso no importo en ese instante, Tom estaba obligándolo a algo que él no quería, sus ojos se aguaron – basta Tom – su voz sonó ahogada por el dolor en su pecho – aaah duele, mierda, Tom detente me lastimas, por favor no – una lagrima se deslizo por su mejilla – no volveré a buscarte – sollozo.

A Tom le disgusto de sobre manera ver a Bill llorando y suplicándole con la mirada.

¿Pero no era eso lo que querías? ¿Ver su cara presa del llanto y del dolor que estas provocándole ahora?, solo disfrútalo. Tom trato de alejar la voz de su mente, lo hacía sentirse más molesto consigo mismo de lo que ya estaba.

—Bill – Tom se mordió fuertemente el labio inferior, era tan malditamente aprieto y caliente, mejor que nada en el mundo – no puedo – apenas susurro – no puedo detenerme, no ahora…

—aahnn – gimió Bill de dolor sin dejar de soltar lágrimas de sus enrojecidos ojos, sintió las caderas de Tom chocar contra sus nalgas ¿entro todo? Pensó asombrado, el dolor y el ardor eran casi insoportables, sentía el miembro de Tom pulsar dentro de él, su propia erección estaba flácida, aun que aun conservando algo de dureza, se sentía traicionado – Tom – lloro Bill incrustando sus uñas en los fuertes brazos – sal – pidió – du…duele, ¡no! ¡No te muevas! Ahhm – gimió adolorido tratando de alejarse de las suaves embestidas de Tom, se sorprendía de lo cariñoso que estaba siendo el perfumista a pesar de estar lastimándolo tanto, a pesar de estarlo mancillando sin su permiso.

—trata de aguantarlo – dijo Tom observando el rostro desconfigurado del modelo, era tan hermoso de esa manera, lloroso y con una mueca de dolor en su cara que aumentaba con cada embestida, Bill siempre era hermoso y diferente a los demás, a pesar de estar cumpliendo lo que había deseado casi desde que lo conoció, Tom sabía que no era suficiente, que no podía conformarse con eso.

—mierda – gimió Bill mordiendo fuertemente su muñeca, trato de relajarse, sus músculos estaban demasiado tensos y Tom no parecía querer detenerse, lo podía sentir con tanta claridad en su interior, no serviría de nada tratar de evitarlo Tom era mas fuerte que él, se resignó al dolor, no podía hacer nada, Tom sintió como Bill estaba relajándose tratando de respirar normalizadamente, a él le era imposible hacerlo, Bill oprimía de una manera tan placentera su miembro que estaba seguro que estallaría en cualquier momento, tan endemoniadamente rico, ya estaba lastimándolo, lo podía ver en su cara, lo mejor era apurarse, mientras mas antes terminara mas antes dejaría de lastimarlo, acelero sus embestidas dándoles mas profundidad, creyó que moriría de placer.

Bill abrió los ojos asombrado sintiendo un calor diferente ascender desde su vientre, No…gimió en su mente, esto no puede estar gustándome, su orgullo estaba pisoteado trato de seguir enfocándose en el dolor que lo abrumaba desde sus nalgas, pero anteponiéndose a ese dolor otra sensación poderosa empezó a surgir, un cosquilleo casi doloroso de placer, Bill mordió fuertemente su labio cuando Tom lo penetro mucho mas profundamente, casi haciéndolo gritar de placer, ¿Qué demonios está sucediendo? Pensó desesperado, sintiéndose desfallecer con cada embestida, oh Dios eso… se siente genial, sus caderas se empujaron hacia arriba dándole el encuentro a una de las embestidas de Tom, Bill no puedo evitar jadear, Tom abrió los ojos impresionado.

—¿Bill?

—de…detente – jadeo Bill con el estómago comprimiéndose de ansiedad, Tom había detenido sus embestidas y Bill deseaba mas – déjame en paz… maldito violador – le dijo con todo el odio que fue posible, pero Tom lo ignoro.

—esto te está gustando – afirmo asombrado incapaz de creer que Bill pudiera sentir algo más que dolor en ese momento, la prueba era la erección de Bill que creyó perdida, ahora latía y chorreaba nuevamente sobre su abdomen, Tom volvió a empujar sin perderse detalle del modelo.

—¡ah! – gimió Bill desprevenido por el movimiento, el placer abrumador volvió a envolverlo, Bill noto que pasaba cuando Tom tocaba algo dentro de él con la punta de su pene, para su desgracia o deleite Tom también pareció notarlo ¿será como el punto G en las mujeres? Pensó el perfumista mientras volvía empujarse, tratando de no cambiar el ángulo ni la profundidad de sus embestidas – ¡AH! – soltó Bill mas fuerte aferrándose a los brazos de Tom, era demasiado placer como para poder ocultarlo, las lágrimas siguieron cayendo desde sus ojos, a pesar de que el placer obnubilaba al dolor Bill seguía sintiéndose traicionado, por Tom y también por sí mismo.

—Estas… disfrutándolo – rió Tom autosuficiente, impulsándose con más confianza haciendo temblar la cama con sus movimientos – deja de contenerte – ordenó – grita si quieres.

—¡No! – grito Bill pero su cuerpo opino lo contrario cuando sus caderas se levantaron muchas veces al encuentro de cada embestida – ¡mierda! – Tom no podía con todo lo que estaba sucediendo, el rostro de Bill llorando y tratando de no entregarse al placer lo volvía loco, iba a correrse pues la estrechez era demasiada, casi sin pensarlo sujeto el miembro de Bill, sorprendiendo al moreno y la masturbo con furia, quería derrotar a Bill, el modelo no podía resistirse a lo que estaba sintiendo, y lo logró.

—¿te vas a venir? – le pregunto Tom sin dejar de embestirlo con rapidez – ¿lo harás Bill?

—¡si! – casi grito el modelo abriendo la boca en un grito mudo instantes antes de correrse sobre su estómago con tanta fuerza que creyó perder el conocimiento por unos instantes, Tom se sorprendió al sentir la presión crecer sobre su pene, casi asfixiándolo, no podía moverse, era demasiado aprieto, pero no necesito hacerlo, ver el pene de Bill lanzando los chorros de blanco semen fue bastante para desencadenar su propio orgasmo, ni siquiera se detuvo a pensar si era normal excitarse viendo a un hombre corriéndose.

¿Qué demonios va a suceder ahora? Pensó Tom tratando de recuperar la respiración tras el orgasmo, las fuerzas le fallaron y cayó sobre el cuerpo de Bill, sabía que el pelinegro estaba tan turbado como el, su pecho bajaba y subía rápidamente, sus mejillas estaban encendidas, sus ojos maquillados cerrados, y la cabeza ladeada a un costado.

Tan distinto a las chicas que después de un buen sexo parecían espantapájaros destartalados, Bill a pesar de su alborotada melena y el sudor de su rostro seguía viéndose hermoso, Tom supo que no había manera alguna en la que Bill luciera desfavorable.

Un sollozo lo sacó de sus pensamientos.

& Continuará &

por Amudiel

Escritora del Fandom

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