
Fic Toll de AndyKltz
Capítulo 9
3 días después de lo ocurrido
—El médico ya emitió la alta —habló Evan mientras esperaba a Bill afuera del baño de la habitación, Tom había llegado al hospital minutos antes para llevarle un cambio de ropa limpio a su ¿novio…? Bueno, Bill no sabía qué eran después de lo que pasó hace 3 días desde que intentó desvivirse.
El pelinegro salió del baño después de darse una ducha refrescante, listo para irse de una buena vez de aquel deprimente lugar.
—¿Bill… Tom te hizo algo esa noche? — preguntó Evan de la nada al notar el nerviosismo de su amigo, a lo que el pelinegro simplemente negó con la cabeza, y suspiró.
—No, Evan, no pasó nada —murmuró mientras metía su muda de ropa sucia en su maleta, sin ver a los ojos a su amigo quien lo observaba inquisitivo, sentado en la orilla de la camilla.
—Bill, no me mientas, lo sé todo.
Por su parte, el pelinegro terminó desesperándose de tanto interrogatorio por parte de su amigo, que aventó la maleta con brusquedad hacia la cama antes de mirar a Evan con enojo.
—¡Si sabes todo entonces para qué preguntas! — alzó una ceja y se cruzó de brazos. Evan se levantó de la cama y respondió de igual forma con un.
—¡Porque me preocupas, Bill! ¡Se supone que iban a “hablar” no a follar! —le reclamó.
Ante aquel comentario, el pelinegro le dedicó una mirada llena de incredulidad, mientras posaba una mano sobre su cintura y observaba fijamente con el ceño fruncido al chico.
—Evan, sé que me aprecias, yo también. Pero lo que haga con mi culo y a quién se lo dé no es de tu incumbencia —espetó cortante, sin decir nada más tomó sus cosas y se dirigió a la salida de la habitación—. Te espero afuera…
Y así fue, sin hablar más salieron de la habitación. El señor Kaulitz firmó los respectivos papeles de la alta mientras que Evan, Tom y Bill los esperaban en el auto.
Un silencio incómodo se formó en el ambiente ante la creciente tensión que se generó entre Evan y Tom quienes parecían asesinarse con la mirada, mientras que Bill, absorto a todo lo que pasaba miraba a través de la ventana del carro sin importarle nada de lo que pasara a su alrededor.
—¿Bien, y a dónde vamos ahora? —intervino Jorg rompiendo el hielo.
—A la casa de Evan —murmuró Bill—. Olvidé mi uniforme ahí y mañana tengo examen de laboratorio.
Ante aquello, Evan le dedicó una mirada consternada antes de regañarlo y decirle.
—¡Pretendes ir mañana a la universidad en ese estado! —exclamó, con la boca entreabierta.
Bill por su parte cerró los ojos tratando de mitigar la jaqueca que le estaba dando desde que salieron del hospital, e intentó responder de la forma más tranquila posible. Tom por su parte mantuvo silencio, esperando el momento justo para atacar, porque conocía perfectamente a Bill y cuando algo lo molestaba o fastidiaba primero se mantenía sereno, para después explotar, sonrió ladino, ya quería ver cómo Bill mandaba a la mierda a Evan en ese momento, sólo era cuestión de esperar.
—Evan, no voy a faltar. Ese examen depende si me gradúo o no de la licenciatura.
Bill aún recordaba su maqueta destruida por la hermana de Tom, no se iba a dar el lujo de faltar cuando aquello ya le estaría bajando considerable porcentaje en la materia.
—¡Por el amor de Dios Bill, tienes que recuperarte, aún estás débil!
—¡Con una mierda Evan, cierra la puta boca porque juro que te la rompo de un solo golpe en este instante! —respondió fúrico.
Un silencio largo e incómodo hizo presencia. Evan observó con sentimiento al pelinegro tragándose sus lágrimas por la forma en la que su mejor amigo le había contestado, y la manera en la que lo estaba mirando, como si quisiera que desapareciera. Sin contestar, el chico desvió su mirada fijando sus ojos hacia el exterior del coche, intentando no romper en llanto.
El señor Kaulitz quien en todo momento se mantuvo callado, miró a través del retrovisor aquella escena, conectando sus ojos con los orbes apagados de Bill el cuál frotó sus brazos mostrándose nervioso, y sabiendo que había arruinado todo.
Tom, tampoco mencionó nada, también se mantuvo expectante con una sonrisa llena de victoria mientras fingía ignorar lo ocurrido viendo a través de la ventana del auto.
Sin decir más, Jorg suspiró, y arrancó el carro directo a la casa de Evan.
Durante todo el trayecto nadie mencionó nada de lo ocurrido, ni se le cuestionó a Bill más de lo que Evan ya lo había hecho, al llegar a la casa de su mejor amigo todos se bajaron esperaron a Bill en la sala de estar.
Una vez el pelinegro encontró lo que necesitaba bajó con prisa las escaleras de la casa, y sin despedirse de Evan se dirigió hasta la salida del alojamiento dispuesto a irse. No contaba con que Tom lo detuviera sujetando su brazo.
—Tenemos una plática pendiente, Kaulitz.
Ante aquello, Bill frunció el ceño con confusión, dedicándole una mirada incrédula a Tom quien parecía hablaba en serio.
—¿No pretendes que tengamos esa conversación aquí enfrente de Evan y mi padre, verdad? —alzó una ceja.
Tom asintió con la cabeza dándole a entender a Bill que estaba dispuesto a soltar fuego sin importar dónde y con quienes estuvieran presentes.
—Necesito explicaciones del porqué la vez pasada casi me matas a golpes.
—Ya te lo dije, sé que tú fuiste quien subió esas fotos mías a internet.
—¿Ah sí… Y de dónde sacas semejantes conclusiones, tienes pruebas? —se cruzó de brazos, y alzó una ceja irradiando altanería.
«Carajo… ¿Ahora qué digo?» pensó Bill. Evan ya sabía la verdad de todo, pero evidenciar a su padre enfrente de Tom era hacer que una guerra explotara ahí mismo.
—Eres el único que conoce mi casa a la perfección… —habló con firmeza.
Jorg y Evan se mantenían expectantes a la amena conversación, sin saber por qué Tom quiso sacar aquel tema a la luz con ellos presentes.
—¿Y qué hay de Evan…? —señaló al mencionado. Ante aquella acusación el chico se levantó del sillón y se puso a la defensiva.
—¿Me estás culpando, imbécil? —reclamó Evan, mirando a Tom con enojo, pero manteniendo distancia del contrario.
—Evan no sería capaz de eso Tom tú sólo… —Bill intentó poner excusas, pero Tom lo interrumpió.
—¿Entonces por qué mierda había cámaras de espionaje en tu cuarto?, sabes perfectamente que esas cámaras no cualquiera las tiene. Bill, date cuenta de la situación. Evan es el único de tu círculo que sabe sobre sistemas, lo tenías enfrente de tu cara ¿y nunca sospechaste nada…?
Al escuchar aquello, la respiración del pelinegro se cortó, sintiendo cómo un ligero mareo casi lo tiraba directo al piso, pero pudo sostenerse de una silla.
—Evan… Por favor dime que tú no tienes nada que ver con eso… —encajó su temerosa mirada sobre la silueta de su mejor amigo, quien se mostraba nervioso con el paso de los minutos y cada que Tom hablaba.
—¡N-no sé de lo que está hablando…! —alzó sus manos en son de excusa—. ¡Bill, no fui yo, por qué no le dices lo del video!
Lo que Bill no quería que se supiera, ahora Evan era el que había cavado su propia tumba. Pues el padre de Bill frunció el entrecejo e intervino.
—¿Qué video Bill? —alzó una ceja.
El pelinegro pasó saliva duramente, y mantuvo silencio sin valor de hablar.
—Nada… No sé de qué está hablando…
—¡No, Bill, dí cómo este maldito cerdo se masturbaba mientras te veía coger! —señaló a Tom, el cuál ante tal acusación observaba a Evan con una sonrisa ladina y socarrona.
El padre de Bill, supo de qué video hablaba, aunque omitiera la parte en donde él y su hijo fornicaban, todos sabían del intruso que se lograba ver de fondo en la grabación.
—¿Estás seguro que yo soy el del video? —Tom alzó una ceja, sacó su celular de su pantalón y abrió un archivo, antes de entregárselo a Bill y que este lo viera.
Se trataba de aquella dichosa grabación, pero con mayor contraste e iluminación, enfocándose al fondo donde supuestamente se veía a Tom manoseándose. Sólo que un gran detalle, Bill pudo darse cuenta de manera instantánea gracias al brillo máximo del video que no se trataba de aquel chico.
—Aaron… —murmuró por lo bajo, en completo estado de shock.
El video había sido un montaje para que Bill creyera que Tom era el co-protagonista de aquella cinta.
—¿Ahora me crees, Bill…? —Exclamó Tom, antes de quitarle el celular al pelinegro.
—P-pero… Si tú no fuiste quien subió mis fotos a internet…
—Es mejor que lo veas con tus propios ojos… —interrumpió Tom. Mostrándole de nuevo la pantalla del celular al pelinegro el cual tomó con miedo, sintiendo sus manos temblar.
Se podía apreciar con claridad archivos, conversaciones y la suficiente evidencia que apuntaba, nada más ni nada menos, que a Evan.
Quien había sido el culpable de todo y de montar semejante espectáculo, siendo el responsable de los mensajes anónimos y amenazantes que Bill recibía cada día.
No pudo seguir viendo, su mente no estaba procesando tanta información en ese momento.
Su aliento se cortó antes de sentir cómo una lágrima traicionera escurría por su mejilla, hasta que levantó su mirada dolida observando a Evan quien en todo momento se mantuvo callado sin entender lo que ocurría.
—¿Fuiste tú, cierto…? —murmuró Bill, casi al borde del llanto.
Evan mordió su labio inferior e intentó excusarse pero lo único que consiguió fue tartamudear en frases vagas.
—N-no sé de qué habla yo no…
—¡No mientas, acabo de ver todo Evan! —gritó, con la mirada acuosa sintiendo cómo cada vez las lágrimas escapaban de sus ojos con rapidez. Sus dientes crujieron producto del enojo, un silencio sepulcral se adueñó del ambiente. Mientras que el padre de Bill silbó antes de hacerle una seña a Evan con su mano dándole a entender un “estás muerto chico…”
—Tom, ¿desde cuándo fue…? — el pelinegro señaló a Tom con el dedo.
—Bill por favor…
—¡Cierra la maldita puta boca, perra! —le gritó Bill a Evan, y ante aquello el chico prefirió mantenerse callado.
Tom miró con una mezcla de lástima y miedo a Bill. —Antes del 14 de febrero… —repitió.
Bill sintió el peso de aquellas palabras golpear en su pecho como un martillo rompiendo una pared dura de concreto. Todas las veces que Evan lo había consolado y aquellos “te quiero”, eran pura falsedad. Evan era un lobo disfrazado de oveja.
Recordó las veces que su amigo se desvelaba con él abrazándolo mientras lloraba por culpa de la humillación que aquellas fotos lo hicieron pasar durante más de un mes en la universidad, haciéndolo sentir como un cualquiera. Llegando al punto de destruir la relación que tenía con Tom.
La repugnancia y decepción fue tan inmensa que Bill tuvo que cubrirse la boca para no vomitar ahí mismo.
—Eres una maldita perra… —murmuró Bill, saliendo del shock momentáneo, y se dirigió a Evan quien inconscientemente había empezado a llorar— .¿Estás llorando…? ¡Dices ser mi mejor amigo y me traicionas de esta manera! —le gritó en la cara, casi al punto de escupir cada palabra que soltaba.
Evan no soportó más así que decidió huir de ahí, corrió escaleras arriba mientras que Bill le siguió el paso por detrás soltando miles de insultos y explotando de coraje, Tom intentó detener al pelinegro casi pisándole los talones.
Evan se encerró en su habitación no sin antes cerrar la puerta con seguro, la cual Bill comenzó a golpear frenéticamente, mientras lloraba a moco suelto.
—¡Evan abre la maldita puerta…! —sacudió con violencia el picaporte.
—Bill… Vámonos no vale la pena —Tom lo sostuvo del hombro, pero Bill corrió el agarre con brusquedad.
—¡Abre la puerta, maldito hijo de perra! ¡Por qué lo hiciste, qué fue lo que yo te hice…! —soltó en llanto, si no fuera porque Tom estaba al lado suyo su cuerpo se hubiera desplomado sobre el frío piso—. ¡Por qué todos se empeñan en joderme la vida, qué he hecho…!
—Bill… —murmuró Tom, jalando el cuerpo de Bill. Se encontraba deshecho.
Del otro lado, Evan se encontraba tratando de cubrir con su mano los sollozos que estaban escapando de su boca. No tuvo el valor de salir y enfrentar a su ahora ex-amigo.
—¡Si quieres mandar todo a la mierda, está bien, pero ya no quiero ser más tu amigo! ¡Vete a la mierda maldita perra traicionera! —espetó por último, dando una fuerte patada a la puerta que la hizo retumbar con violencia por el impacto. Y se largó, llorando a moco suelto mientras Tom le seguía el paso detrás suyo.
Jorg, su padre, quien estuvo escuchando aquel teatro desde la sala, chasqueó su lengua mostrándose indiferente a la situación mientras jugaba con una navaja que sacó de su pantalón, siguiendo a Tom y a su hijo hasta el carro.
En definitiva, aquel no era el día de Bill…
Continúa…
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