En los huesos del cadáver 8

Fic Toll de AndyKltz

Capítulo 8

Después del buen sexo que tuvo con Tom horas antes, Bill no supo en qué momento su ex-novio lo cambió con una pijama que siempre tenía de reserva en su casa y lo acostó en su cama. Había quedado tan cansado que perdió la noción del tiempo. 

Cuando recibió el mensaje de su padre diciendo: “Te quiero en el club a más tardar a las 3 de la mañana, pagaron por un privado”, su ansiedad incrementó, miles de pensamientos invadieron su mente. El pelinegro no quería ir, cada que su padre lo obligaba a asistir a este tipo de eventos privados Bill se llevaba todo lo malo y su cuerpo sufría las consecuencias los próximos 4 días de la semana.

La última vez que recuerda haber hecho un privado para varios hombres que trabajaban en otra organización aliada a la de su padre, Bill terminó en el hospital por un desgarre y esguince de tercer grado en su tobillo derecho. Simplemente eran unos salvajes que poco les importaba si lo mataban en ese momento, la paga que recibía no era nada comparada con la que comúnmente acostumbraba a recibir.

Así que se levantó con sigilo de la cama procurando no despertar a Tom quien dormía plácidamente al lado suyo. Se dirigió hasta el baño del cuarto y se encerró en este.

Se miró al espejo y pudo apreciar su rostro demacrado y hundido ya que seguía sin alimentarse correctamente, sus manos temblaron involuntariamente producto del ataque de ansiedad que estaba por sufrir. Su cuerpo cayó de manera sigilosa sobre el piso del baño, con la mirada perdida y su mente hecha un caos. Así que finalmente se desahogo, lloró impotente mientras cubría su boca con una de sus manos para evitar que los sollozos se escucharan fuera del baño y Tom se despertara.

Colapsó totalmente, estaba roto y sin ganas de seguir, sintiéndose peor que días antes. 

—¿Por qué no puedo ser feliz…? —murmuró para sí mismo, hecho un ovillo mientras abrazaba sus piernas buscando algo de autoconsuelo.

Bill no quería seguir viviendo aquella vida, como cualquier ser humano solo era cuestión de tiempo para que la bomba explotara. 

Recordó donde Tom guardaba las hojas de afeitar, así que se levantó buscando detrás del espejo del baño, hasta que las encontró.

Admiró el filo de la navaja con una expresión perdida apagada. Se dirigió hasta la tina y abrió una de las llaves del agua comenzando a llenarla, no pensaba con claridad, estaba decidido, y le importaba poco dónde lo hiciera.

Tampoco le importaba si su padre prendía fuego a la ciudad por perder a su trabajador estrella.

Una vez que el agua llegó hasta el nivel deseado el pelinegro ingresó a la bañera sintiendo el frío calar en su piel. Soltó un suspiro, mientras su mirada quedaba pasmada en el techo del baño aún pensando si hacerlo o no, porque había alguien que sí le importaba, Evan y Tom. Eran las únicas personas por las cuáles Bill podía decir que seguía adelante.

Y se sintió culpable, sintió el peso del dolor que sus acciones pudieran causar en los demás… ¿pero por qué se sentía de esa manera?, nunca fue dueño de su vida, siempre decidieron por él, ¿ahora era egoísta tomar las riendas de su vida y acabar con ella de una buena vez por todas?

—A la mierda todo… —murmuró para sí mismo, y con precisión pasó el filo de la cuchilla sobre su muñeca. Tuvo que apretar sus labios ahogando un grito estruendoso al sentir el dolor del corte sobre su piel, acción que repitió en su otra muñeca.

Suspiró aliviado, observando cómo la sangre salía a borbotones mientras se mezclaba con el agua de la bañera. No supo cuánto tiempo pasó pero sus ojos se nublaron hasta cerrarse por completo, sintiendo el sueño y debilidad adueñarse de su cuerpo. Finalmente lo había hecho, y se sentía tan aliviado.

&

No pasó mucho tiempo desde que Bill se había encerrado en el baño. El sueño de Tom se vió repentinamente interrumpido al darse vuelta en la cama y no sentir el cuerpo del pelinegro al lado suyo. Se levantó extrañado.

Supuso que había bajado a la cocina a beber algo como usualmente acostumbraba, pero cuando puso un pie fuera de la cama, frunció el entrecejo con una expresión confundida al ver el charco de agua que se extendía desde el interior del baño hasta dentro del piso de la habitación.

—¿Bill…? ¿Está todo bien, dónde estás? — preguntó, tomando el picaporte de la puerta del baño. Y cuando la abrió, la escena con la que se encontró no fue nada grata.

Su cuerpo quedó paralizado y sintió cómo el aire se le escapaba de los pulmones, la presión se le bajó por completo mientras que un ligero mareo lo atacó producto del impacto que aquella escena la cual estaban presenciando sus ojos.

—¡Pero qué mierda has hecho! —finalmente reaccionó, en un grito cargado de preocupación casi al punto de llorar. Corrió hasta el pelinegro y abrazó el cuerpo delgado del contrario, había entrado en un estado de shock sin saber qué hacer. Se apresuró a checar su pulso dándose cuenta que este aún se percibía muy débil. Y sin pensarlo más, cargó entre sus brazos a Bill, no sin antes hacer un torniquete en ambas muñecas para evitar que siguiera perdiendo sangre.

Con los nervios al por mayor y sin darle tiempo de siquiera llorar por la salvar la vida del pelinegro, salió de la casa con Bill en brazos antes de subirse a su Cadillac y conducir con rapidez hacia el hospital.

&

Se encontraba en la sala de espera de urgencias, esperando alguna noticia buena por parte de los médicos.

Miró el reloj de su celular viendo que apenas daban las 3 en punto de la mañana. Movía su pierna frenéticamente de arriba a abajo lleno de desesperación por saber algo de Bill, la preocupación lo estaba carcomiendo.

Hasta que un médico finalmente hizo presencia.

—¿Familiares de Bill Kaulitz? —hablaron, y de forma rápida Tom se levantó.

—¿Cómo está…?

El médico por su parte relamió sus labios con nerviosismo tratando de buscar las palabras exactas para explicarle a Tom la situación.

—Está muy débil, perdió mucha sangre, acabamos de hacerle una transfusión pero necesita más, perdió casi un litro de sangre completo — El médico hizo una pausa antes de mirar su tabla de anotaciones—. El problema es que el tipo de sangre de Bill es poco común y nuestro banco se quedó sin unidades hace una hora. ¿Usted es familiar directo? ¿Podría donar? 

Por su parte, Tom negó con la cabeza, ya que no era compatible, lo sabía gracias a que una vez Bill se hizo unos estudios para detectar VIH, afortunadamente el pelinegro estaba limpio.

—No, no soy compatible pero… —se detuvo, recordando que el padre de Bill sí era compatible —. Creo saber quién nos puede ayudar —dijo.

—Cuando tenga los datos del donador vaya a recepción y ahí lo anotan, yo marcaré que es una emergencia —exclamó el doctor, Tom le agradeció y el médico se retiró.

De su bolsillo del pantalón, sacó el celular de Bill el cual no había parado de vibrar desde hace media hora, lo tenía en silencio, por eso no entraban las múltiples llamadas perdidas que aparecían en la bandeja de notificaciones.

Así que lo desbloqueó recordando la contraseña del pelinegro, y marcó al número que había estado llamando simultáneamente durante esa hora, Bill lo tenía registrado como “perro sarnoso” lo cuál se le hizo demasiado extraño. Esperó en la línea durante varios segundos hasta que una voz se escuchó del otro lado.

—¡Dónde mierda estás, si no vienes en este instante te juro que yo mismo te mato y te doy de comer a los perros! ¡los tienes esperando desde hace media hora y ya comienzan a desesperarse, ven ahora mismo porque sino…!

—¿Señor Kaulitz? —interrumpió Tom en un tono consternado al escuchar la voz furiosa del padre de Bill del otro lado de la línea.

—¿Tom…? —respondió de la misma manera—. ¿Qué haces con el celular de Bill?

Ante aquella pregunta, Tom soltó un suspiro ahogado antes de contarle lo ocurrido.

—Señor… Traje a Bill al hospital, él… —hizo una pausa, mientras mordía su labio inferior—. Él intentó suicidarse hace rato —confesó finalmente.

—¿Hizo qué…? —exclamó el padre de Bill en un tono estupefacto, sin poder creer lo que había escuchado.

—Los médicos dicen que está muy débil, y que necesita transfusión urgente de sangre, perdió casi un litro completo —explicó—. Supongo que usted puede donar sangre ya que es familiar directo.

Cuando Tom terminó de hablar, un silencio se adueñó del otro lado de la línea, el de rastas pensó que se había cortado la llamada.

—¿Señor Kaulitz, sigue ahí…? —preguntó alzando una ceja. Y a los pocos segundos escuchó un suspiro exasperado por parte del padre de Bill el cuál Tom pudo percibir de manera instantánea, hasta que finalmente le respondió con un.

—Llego en tres minutos —fue lo último que dijo, antes de colgar de manera repentina.

Y así fue, no pasó mucho tiempo desde que Tom llamó al señor Kaulitz cuando percibió por la entrada de urgencias la silueta del padre de Bill. Se notaba molesto, y Tom no sabía el motivo de su enojo.

—¿A dónde tengo que ir? —exclamó, una vez que llegó. Tom por su parte le señaló el área de recepción.

—Tiene que ir a recepción, solo de su nombre y los datos que le pidan —respondió Tom, y el padre de Bill asintió con la cabeza antes de retirarse.

Con estrés, Tom pasó sus manos sobre sus rastas despeinadas antes de soltar un suspiro cansado, había transcurrido media hora más y seguía sin saber noticias sobre Bill. 

No supo cómo carajo cierta persona se enteró de lo ocurrido, cuando la silueta de Evan atravesó el umbral de la puerta de urgencias, con una expresión llena de angustia en su rostro.

Al darse cuenta de la presencia de Tom, se dirigió a él con un enojo evidente antes de tomarlo con fuerza de la camisa y sacudirlo con violencia.

—¡Qué mierda le hiciste imbécil! —le reclamó, mirándolo fijamente, Tom sentiría que en cualquier momento Evan aventaría rayos lásers de sus ojos por la manera en la que lo estaba observando.

—Súeltame, idiota —murmuró con desprecio, deshaciendo el agarre que el contrario tenia sobre él—. Yo no hice nada, él tuvo sus motivos para hacerlo, pero no me involucres en eso.

Por su parte, Evan soltó una risa cargada de ironía, y se cruzó de brazos dándole a entender a Tom que no estaba dispuesto a entablar un diálogo como personas civilizadas.

—Eres la primera persona que se me viene a la mente que le encanta joderle la vida a Bill, no entiendo cómo carajo soportó tanto tiempo contigo sabiendo que ambos son unos tóxicos de primera —atacó.

Y era cierto, Evan no mentía que la relación de Tom y Bill con el tiempo se fue deteriorando, cayendo en una hostilidad por parte de Tom y dependencia emocional por parte de Bill.

Tom mantuvo su postura, mostrándose renuente ante el comentario de Evan. Empujó el interior de su mejilla con su lengua fulminando con su mirada al chico, enojado era poco como para describir cómo se sentía.

—¿Tú también vas a reclamarme lo mismo que Bill? —cruzó sus brazos.

—¿Qué tanto hablaron en tu casa como para que Bill tomara semejante decisión? —imitó la acción de Tom, desafiando al contrario.

Por su parte el de rastas soltó una pequeña risa cargada de ironía  mientras desviaba su mirada. Con lentitud, se acercó hacia Evan con total altanería antes de susurrar a su oído un. 

—Hablar fue una de las cosas que no hicimos, ¿pero sabes qué fue lo que pasó exactamente? —hizo una pausa, y Evan quien se mantuvo estático en su lugar escuchando atentamente lo que Tom le decía, pasó saliva con dificultad sintiendo los nervios a flor de piel por la fastidiosa cercanía del contrario.

—Aléjate de Bill, imbécil, sólo le estás jodiendo la vida… —respondió por lo bajo.

—No estoy jodiendo la vida de nadie, pero si quieres saber qué pasó te lo diré a detalle —rió, sin alejarse del contrario, el cual se mostraba más nervioso que antes—. Me lo follé contra la encimera de la cocina —espetó de golpe. 

Ante el último comentario Evan abrió sus ojos con sorpresa más de lo normal, con una expresión estupefacta mientras que Tom le dedicaba una sonrisa ladina, llena de orgullo por lo que acababa de decir.

—Pero qué…

—Sí, lo hice correrse solo con mi polla en su culo, mientras me pedía que lo follara más fuerte —finalizó. Tom se alejó de Evan cantando victoria al ver el shock en el que había dejado al chico con semejante confesión.

Sin decir algo o siquiera mover algún dedo, Evan se mantuvo estático tratando de procesar lo ocurrido. ¿Era cierto aquello?.

&

Las 10 en punto de la mañana marcó el reloj de la sala de urgencias. Un médico hizo presencia despertando a Evan y al señor Kaulitz quienes se levantaron de su asiento con rapidez.

Tom, quien también se encontraba dormido sobre las sillas de metal fue golpeado bruscamente en la cabeza por Evan. Al momento de recibir semejante impacto, se levantó fúrico dispuesto a devolvérselo al chico.

—¡Vuelves a golpearme y te juro que…!

—¿Pueden dejar de pelear…? —intervino ahora Jorg, quien miraba a ambos muchachos con una expresión de desaprobación.

Tom por su parte tosió ligeramente antes de disculparse mientras que Evan, observaba al padre de Bill como si quisiera asesinar al señor Kaulitz. 

—Ya está más estable, hace una hora despertó… —intervino el médico tratando de ignorar el momento incómodo que se había creado.

—¿Podemos pasar a verlo? —preguntó Evan.

—Sólo una persona por habitación se permite.

—¿En qué habitación está? — habló el padre de Bill.

—Habitación 109.

—Iré yo primero —se adelantó Jorg pasando de largo a todos los presentes, antes de ir a recepción y registrar su nombre en la lista.

Evan quiso detenerlo, pero sabía que se vería demasiado obvio que no confiaba en el señor Kaulitz.

Una vez terminó de registrarse, Jorg caminó por los pasillos del hospital,  subió al tercer piso hasta encontrar la habitación 109. Guardó la poca paciencia que tenía antes de tomar el picaporte y empujar la puerta con sigilo.

Al entrar pudo percatarse del cuerpo de Bill acostado de lado mientras dormía plácidamente. Su padre se acercó hacia él antes de tomar asiento en una silla qué estaba al lado de la camilla.

Admiró fijamente el rostro demacrado y pálido de su hijo, y retiró con delicadeza los mechones negros qué caían sobre su cara. Ante el contacto, Bill se removió incómodo mientras abría sus ojos tratando de acostumbrarse a la luz que entraba a la habitación por la ventana.

Hasta que pudo percibir con claridad la silueta de Jorg quien lo miraba de una manera la cual no supo descifrar qué tipo de emociones estaba conteniendo, sólo sabía que ahora sí estaba muerto.

—¿Qué haces aquí? —exclamó el pelinegro observando a Jorg con una expresión desfigurada en su rostro, terror era el que estaba sintiendo en esos momentos. 

—¿Se puede saber qué carajo te pasa por la cabeza? —se cruzó de brazos.

Bill por su parte se mantuvo estático sin soltar alguna palabra, parpadeó repetidas veces antes de caer en cuenta de quién tenía enfrente suyo. Intentó incorporarse en la cama pero falló en el intento, se sentía débil. 

Jorg se acercó tomando de los brazos al pelinegro y ayudándolo a recargarse en la cabecera de la cama. Su padre siguió mirándolo fijamente, esperando respuesta alguna por parte de Bill, hasta que el chico habló.

—Perdón, no pensé con claridad… —musitó por lo bajo, manteniendo su cabeza agachada mientras observaba sus muñecas vendadas, las heridas comenzaban a picar ya que había requerido suturas.

Jorg por su parte se levantó de su silla antes de sentarse en la orilla de la camilla, Bill se removió incómodo tratando de mantener su distancia, sin ver a los ojos a su padre. Su muslo derecho era acariciado por Jorg sintiendo cómo su cuerpo se tensaba al contacto, su padre se acercó hasta su oído y le susurró un.

—Perdí más de 600 euros esta noche, ¿sabes cómo carajo el negocio se va a recuperar de esta pérdida? —exclamó, en un tono frío, y amenazador, que hizo que un escalofrío recorriera el cuerpo de Bill.

—L-lo siento te juro que no volverá a pasar, yo… —no pudo seguir hablando, pues su padre lo jaló con fuerza hacia atrás de su larga cabellera, obligando a mirarlo fijamente.

—No, claro que no volverá a pasar, porque yo me encargaré de que te arrepientas cada puto dia de tu vida de esto —advirtió, soltando el agarre. dió media vuelta sin decir nada más y salió de la habitación dejando a Bill solo.

Continúa…

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por admin

Traductora del fandom

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