
Fic Toll de AndyKltz
Capítulo 4

El padre de Bill estaba loco, y su hijo no se quedaba atrás. Ambos compartían el mismo carácter explosivo, temperamento volátil y una forma casi idéntica de afrontar el estrés. Bill había crecido moldeando sus ideales a base de golpes y maltratos, lo que lo llevó a detestar profundamente relacionarse con otras personas. La única excepción a esa regla había sido un mocoso insoportable llamado Aaron Muller, hijo adoptivo del tío de Bill y mano derecha de Jorg en el negocio familiar: un prostíbulo.
Cuando cumplió los catorce años, Aaron ya controlaba el 50% de las acciones del negocio. Por su parte, Bill podría haberlo tenido todo: poder, dinero e influencia. Sin embargo, había algo en él que lo detenía, algo llamado dignidad. Mientras que Aaron era el que manejaba la administración del prostíbulo, Bill era solo la carnada. Ambos desempeñaban roles distintos pero igualmente importantes dentro de aquella extraña dinámica familiar.
Aaron era manipulador por nacimiento, capaz de envolver a cualquiera con palabras dulces y persuasivas tal cual veneno de víbora ponzoña. Era encantador, alguien que sabía cómo utilizar su facilidad de palabra para controlar una situación. Aunque estudiaban juntos en la universidad, Bill prefería ignorarlo y fingir que no lo conocía. Sabía que nada bueno podía salir de la boca de Aaron.
Desde pequeños, se supone que nos enseñan a protegernos y valorarnos como el tesoro más preciado. Sin embargo, ese no fue el caso de Bill. Los pocos recuerdos felices de su infancia se limitaban a escapadas fugitivas para jugar con los niños de los barrios más bajos en Stuttgart cuando tenía 8 años de edad, Bill aún recuerda cómo tuvo que pelearse a golpes con uno de ellos por llamarlo afeminado.
Al siguiente año, por cuestiones que él desconoce se tuvo que mudar a Leipzig, donde su padre administraba otro negocio fantasma de comida tradicional alemana, claro estaba, para desviar fondos y lavar dinero.
Desde siempre, Bill había sido un alguien rebelde, que desafiaba constantemente la autoridad y carecía de empatía por lo que lo rodeaba —o al menos eso aparentaba a la vista de mucha gente—. Era caprichoso cuando las cosas no salían como quería, impulsivo y agresivo si algo lo molestaba. Reservado e intolerante con todo mundo, aunque si se trataba de niños curiosamente Bill se doblegaba con ellos, ya que siempre le sacaban una sonrisa con las cosas tan interesantes que decían, y la manera en la que veían el mundo.
Aunque nunca recibió un diagnóstico clínico formal, sus estudios en la universidad le ayudaron a comprender que algo en él no estaba del todo bien, después de llevar la materia de psiquiatría.
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La vida de Bill dio un giro enorme a los 17 años, cuando Tom apareció en su camino. Su actual pareja irrumpió en su miserable existencia como un torbellino. Ambos eran estudiantes de bachillerato y no podían soportarse. Tom tenía grandes habilidades sociales, mientras que Bill luchaba por entablar amistades o mantener relaciones cercanas con sus compañeros.
Tom era selectivo y estratégico en sus interacciones, mientras que Bill era impulsivo y, la mayoría de las veces, abrasivo. Esa impulsividad alejaba a las personas, y con el tiempo, Bill comprendió que no tenía que esforzarse por agradar a todo el mundo. Las personas adecuadas llegarían a su vida por sí solas.
Y esas personas llegaron con un solo nombre: Tom Trümper
La extraña relación entre ambos comenzó un día en las canchas de baloncesto, durante una clase de educación física. Bill no pudo quitarle los ojos de encima a Tom, quien jugaba junto a su grupo de amigos pasándose la pelota mientras bromeaban.
Ambos ya habían tenido interacción después de trabajar en equipo juntos y que Bill regañara a Tom por olvidarse de la cartulina para la exposición.
«—Ay Bill, ya dile que te gusta ¿qué tan difícil puede ser eso? —habló su mejor amiga, Natalie, viendo cómo Bill admiraba desde lo lejos en las gradas a Tom.
—No es tan simple — rodó los ojos, mientras se retocaba el maquillaje—, ni siquiera sé si le gustan los hombres…
—Cariño, le gustan los hombres, es la persona más homosexual que he visto en mi vida —bromeó.
—¿Cómo sabes? —el pelinegro alzó una ceja.
—Porque te está viendo — exclamó Natalie con una sonrisa ladina, Bill abrió sus ojos más de lo normal y dirigió su mirada asombrada hacia la cancha, encontrándose con los ojos cafés y almendrados de Tom. Éste le sonrió ampliamente antes de hacer un movimiento con su mano llamándolo desde lo lejos.
Natalie pegó un grito emocionada por aquel gesto y empujó del hombro a Bill quien aun no reaccionaba.
El pelinegro volteo a sus lados pensando que Tom le hablaba a otra persona, así que se auto-señaló con su dedo y murmuró un “¿me hablas a mí?” el cual Tom pudo leer perfectamente de los labios de Bill, así que con una sonrisa y asentimiento de cabeza le refutó que sí, efectivamente le hablaba a él.
—Mierda Kaulitz ve de una puta vez, hombre, no pierdas esta oportunidad —lo animó Natalie.
Bill le hizo caso así que se bajó con cuidado las gradas y atravesó las canchas, hasta llegar a Tom quien lo recibió con una sonrisa. Se sentía nervioso de alguna manera.
—¿Te pintaste el cabello verdad? —le preguntó Tom a Bill mientras tomaba un mechón de cabello del pelinegro con delicadeza y lo admiraba. Pues días antes se había hecho mechas blancas.
—Ah.. sí, hace dos días —respondió Bill sintiéndose más nervioso que antes por la cercanía del contrario.
—Me gusta —exclamó Tom, con una amplia sonrisa, Bill por su parte se cohibió mientras sentía que sus mejillas se sonrojaban.
—¿Quieres salir conmigo al parque después de clases? —preguntó y Bill por un momento se quedó sin palabras, hasta que aceptó asintiendo con la cabeza varias veces.
—¡Si, claro! — exclamó. Por primera vez en su vida sintió felicidad genuina, finalmente alguien estaba interesado en él.
Y así fue cuando terminaron las clases aquel día, Bill esperó a Tom en la entrada de la escuela.
—¿Quieres ir por un helado antes? yo te lo invito —dijo Tom, Bill sonrió y le tomó la palabra, pero antes de que pudieran irse de la escuela, el sonido del claxon de uno de los carros los interrumpió, fue ahí cuando Bill se dió cuenta de quién se trataba.
—Oh mierda… —murmuró Bill, era Jorg, su padre. No entendía qué carajo hacía en su escuela si nunca pasaba por él después de clases.
—¿Lo conoces? — le preguntó Tom, y Bill asintió.
—E-es mi padre… — desvió su mirada esperando que Jorg lo ignorara y se fuera de ahí. Pero no, lo estaba esperando, y Bill sabía que quería algo si no no estuviera ahí esperándolo.
—¡Oh qué bien!, ¿y si vamos a saludarlo? — dijo Tom , y se dirigió hacia el carro.
—¿Qué? ¡No, Tom espera…! — Bill intentó detenerlo siguiéndole el paso detrás, pero fue muy tarde. El castaño se asomó por la ventana del carro viendo al padre de Bill con una sonrisa amable mientras que el adulto lo miró de arriba abajo.
Tom lo saludó y tocó ligeramente la ventana del auto, así que Jorg bajó la ventanilla.
—¡Hola señor, mucho gusto! soy Tom Trümper compañero de Bill en la escuela —dijo, y el padre de Bill alzó una ceja barriendo con la mirada una vez más al castaño. Bill empujó ligeramente al contrario interrumpiendolo.
—¡P-papá! ¿Qué haces aquí? —murmuró entre dientes mirando a Jorg con evidente reproche.
—Tienes cosas que hacer, sube —le respondió, Bill tartamudeó un poco e intentó defenderse, pero Tom intervino.
—Señor, estábamos a punto de salir ¿dejaría que Bill vaya al parque conmigo?, no nos tardaremos —miró con súplica al padre de Bill, pero este no le respondió, simplemente le hizo una seña a su hijo para que se subiera al carro de una buena vez por todas.
Bill apretó sus labios y soltó un suspiro —Perdón Tom, será en otra ocasión… —se disculpó, dejando a Tom con la palabra en la boca, abrió la puerta del carro y se subió en este.
Jorg arrancó con fuerza el vehículo, mientras que Bill con la mirada perdida veía a través de la ventana, dejando que el aire chocara contra su rostro, una lágrima traicionera resbaló por su mejilla así que la limpió de forma rápida.
Se sintió triste, porque nuevamente, su padre estropeaba sus planes y lo doblegaba a su manera.
—¿Así que te ibas a ir sin avisarme antes? —preguntó Jorg, con la vista al frente mientras manejaba, y acariciaba sutilmente la pierna de Bill, el pelinegro se removió incómodo tratando de deshacer el agarre pero Jorg apretó con más fuerza su muslo.
—No pensé que estuvieras aquí — respondió, sin mirarlo.
—Tienes que avisarme a dónde y con quién vas, ¿qué tal si te pasa algo?
Ante su comentario, Bill soltó una risa cargada de ironía, y respondió.
—No tengo por qué estar pidiendo permiso ni avisando a donde voy, ¿desde cuándo te crees con el derecho de influir en mi círculo social cuando toda mi puta vida fuiste un hijo de puta conmigo? —finalmente, pudo soltarlo, y reclamarle.
—A tu madre no le hubiera gustado que…
—¡A la mierda esa zorra…! ¡Ella no está aquí para decirme qué hacer! —gritó, comenzaba a sentirse enojado, ¿por qué carajo le reclamaba todo eso? si para lo único que Jorg lo quería era para trabajar de puta en el prostíbulo.
No pudo seguir contestando porque Jorg lo tomó de los cabellos con fuerza y dijo.
—Esa “zorra”no estaría muerta si tú no te hubieras inmiscuido con los tratantes de Rusia — dijo, y lo soltó.
—¡Era un niño qué mierda iba a saber yo de los tratos que estaban haciendo con ellos! — exclamó Bil.
Aún recuerda, y tiene bien grabada en su mente aquella escena traumática, donde le dispararon en la cabeza a su madre frente a él con tan solo 7 años, todo gracias a que Bill sin querer soltó el comentario de que su padre debía mucho dinero y que no tendrían cómo pagarle a los rusos. Evidentemente, se las cobraron con ella para saldar cuentas después de enterarse de la estafa de su padre.
—¡Mierda, Kaulitz, y ahí vas de nuevo…! ¡Nunca queriendo hacerte responsable de tus actos!
—¡No fue mi culpa…! — esta vez lloró, queriéndose convencer de que no lo era y no seguir cargando con el peso de una vida.
—¡Sí, sí lo es, acéptalo de una puta vez! — dijo Jorg, habían parado en un alto de un semáforo. Bill lloraba en silencio murmurando para sí mismo de que él no era el culpable. Hasta que colapsó.
—P-perdón, no puedo con esto lo siento… — dijo, y sin importarle, abrió la puerta del carro y salió corriendo de éste, Jorg intentó detenerlo pero era demasiado tarde.
—¡Qué mierda haces! ¡estás loco vuelve acá Bill! ¡Bill…! — gritó.
El semáforo se puso en verde, Bill corrió entre los carros tratando de huir lo más lejos posible de aquella situación abrumadora, estuvo muy cerca de que lo arrollaran, pero no fue así. Su mente entró en un estado de trance en donde no podía diferenciar la realidad de los recuerdos que llegaban como torbellinos a su cabeza.
¿Él no era culpable… o sí?
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Porque sabía que su vida estaba jodida desde el momento en que nació, y que si moría, sus padres serían los primeros en no extrañarlo, y eso le dolía más que cualquier cosa, porque toda su vida siempre quiso sentir amor… amor que nunca tuvo y que con Tom pudo obtener»
Al principio, las intenciones de Bill hacia Tom eran puras. Su novio tenía algo adictivo: una energía irresistible que lo envolvía, además de ser apuesto e inteligente. Parecía la combinación perfecta. Sin embargo, con el tiempo, las cosas tomaron un rumbo distinto, menos ideal. La hostilidad de Tom comenzó a pesar en la relación, haciéndolo sentir como si él fuera siempre el villano de la historia.
Bill había dado lo mejor de sí, esforzándose en cada detalle, pero lo único que recibía a cambio eran críticas constantes. Tom parecía empeñado en recriminarle hasta los errores más pequeños, dejando a Bill hundido en un mar de inseguridades y frustración. Pero soportaba todo eso porque al menos sabía que podía tener la atención y “cariño” de una sola persona, podía sentirse querido.
Lo que Tom no sabía era que Bill tenía una faceta perversa que no muchos conocían. Porque, si había algo que definía a Bill, era su capacidad para vengarse de manera meticulosa y despiadada. Por cada mal momento que Tom le había hecho pasar, Bill estaba decidido a devolver el golpe. Esta vez, quería que Tom sintiera el peso de sus propias acciones.
Ahora, Bill lo tenía todo claro. Sabía perfectamente quién estaba detrás de aquel revuelo de amenazas y del sucio juego con las fotografías esparcidas por todo internet.
¿O tal vez no?
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Cuando el profesor de la última clase salió del salón, Bill se apresuró a recoger sus cosas. Observó la hora en su celular y notó que apenas eran las cuatro en punto de la tarde. Los pasillos comenzaron a llenarse de estudiantes de todas las carreras. El plantel en el que se encontraba estaba dedicado exclusivamente a las áreas de la salud, desde odontología hasta fisioterapia, incluyendo nutrición. Entre tanta gente, Bill visualizó el tumulto de los estudiantes de odontología situados en una de las esquinas, conversando alegremente.
Bill no le dio importancia y estaba a punto de irse de ahí, de no ser porque entre ellos, la silueta de la persona que tanto esperaba encontrar desde hace horas para darle su buen merecido, ahí estaba: Tom. Quien se mostraba divertido y a gusto con su grupo de amigos, vistiendo con su filipina médica color azul oscuro, mientras que en su otra mano cargaba la caja de herramientas donde guardaba los materiales que ocupaba en la clínica.
Bill sonrió gustoso, caminando despacio sin quitar su mirada del objetivo. Con fuerza sujetó entre sus dos manos el libro de tapa gruesa de obstetricia y ginecología que llevaba cargando. Si no le ponía empeño a esa materia, mínimo que el gasto del libro sirva con lo que tenía en mente de hacer.
–Tom, amor, tanto tiempo sin vernos –interrumpió Bill con una sonrisa inocente pero a la vez macabra en su rostro, e inmediatamente los amigos de Tom pararon su amena plática al darse cuenta del entrometimiento de Bill, mientras que la expresión de Tom pasó de ser una relajada a una completamente llena de terror y pánico al ver la expresión tan frívola con la que los ojos de Bill lo observaban, su maquillaje ahumado negro le daba un plus de fachada de loco asesino.
Ni siquiera le dio tiempo a Tom de parpadear, cuando sin preocupación alguna Bill le propinó un fuerte golpe con el libro en su rostro, rompiendo su tabique nasal de forma instantánea.
El cuerpo de Tom tambaleo hasta caer en seco sobre el piso del pasillo, llamando la atención de los estudiantes que se encontraban rondando por el pasillo, incluyendo el “¡Uhhh!”, que salió de los labios de los amigos de Tom cuando casi lo noqueó con semejante golpe.
–Dije que cuando te viera iba a matarte –exclamó Bil, girando sobre sus talones dispuesto a irse, pero Bill no contó con que Tom respondiera a la agresión.
La bata médica de Bill fue jalada con brusquedad, y un fuerte golpe en su mejilla por parte de Tom lo dejó tirado en el suelo.
Tom estaba encima del pelinegro, dispuesto a seguir golpeándolo, lo sujetó con fuerza de los extremos del cuello de su bata médica y lo miró, buscando respuesta en los apagados ojos de Bill.
–¡Estás loco o qué mierda Kaulitz! –le gritó.
–¡El loco eres tú, maldito hijo de puta! – Bill escupió con recelo, plantando una fuerte patada en los testículos de Tom, quien se retorció de dolor, antes de subirse encima del contrario y plantar tres fuertes puñetazos en su rostro.
La situación comenzó a ser preocupante, la sangre escurrió como cascada de la nariz rota de Tom, estaba claro que ninguno daría tregua alguna, pues ahora una guerra de golpes y patadas hizo espectáculo en medio del pasillo, alertando a todos los presentes quienes intentaban separar a ambos chicos lo más pronto posible, o si no terminarían desviviéndose.
–¡Bill basta ya, déjalo! –exclamó uno de sus compañeros del salón quien al escuchar el escándalo allá afuera no dudó en salir a ver de qué se trataba, se acercó a él sujetándolo de la cintura con la intención de separarlo de Tom, pero tanta era su ambición por molerle el rostro al contrario que la ira lo consumió, y de un movimiento brusco alejó a la persona detrás suyo.
–¡Ya paren!
–¡Juro que te mataré! – Bill gritó enfurecido, antes de propinar otro fuerte golpe en el rostro de Tom quien comenzaba a mostrarse inconsciente.
–¡Kaulitz déjalo, lo vas a matar! –exclamó uno de los amigos de Tom. El cuerpo del contrario no tenía fuerzas, la sangre no paraba de escurrir de su nariz y boca, sus ojos y pómulos se mostraban hinchados mientras que toda su cara era irreconocible producto de los golpes que le estaba proporcionando.
–¡Ya fue suficiente! –su cuerpo fue separado por uno de los profesores mientras Bill forcejeaba para que lo dejarán en paz pero tres personas más impidieron aquello, alejando al pelinegro de Tom quien se encontraba tumbado en el piso sin poder moverse.
–Necesita una ambulancia, se ve muy mal…
«Hijo de puta, en verdad eres un grandísimo hijo de puta, Tom Trümper, pensó Bill.
–Bill Kaulitz a rectoría, ahora – le ordenaron, jalandolo lejos de ahí ante las miradas preocupadas de todos los estudiantes. Por el rabillo de su ojo izquierdo, Bill observó cómo varios profesores se habían acercado a ayudar al castaño mientras llamaban a una ambulancia.
Y Bill sonrió con disimulo y orgullo por lo que había hecho.
Continúa…
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😦
no mames, neta ni cual irle
Que bonita venganza 🙏🏼🗣