En los huesos del cadáver 3

Fic Toll de AndyKltz

Capítulo 3

La vida de Bill era perturbadora para cualquiera que se atreviera a preguntarle sobre la monotonía de sus días. Sabía que tenía muchos enemigos, no lo negaba, pero desde lo ocurrido con ciertas fotos se preguntaba quién fue capaz de traicionarlo de aquella manera tan cobarde. No invitaba a nadie a su casa, a excepción de su padre, Evan y Tom, eran los únicos, por lo que sospechar y ponerse paranoico no estaba demás. 

Después de recibir la llamada de Tom, se dirigió al hotel que usualmente frecuentaban cuando querían tener más privacidad, en la habitación 483. Esa noche Bill tenía un presentimiento extraño, así que ahí estaba, distrayendo su mente con un buen polvo de media noche.

—¡Mierda, Tom… Sé más cuidadoso! — exclamó Bill al sentir su largo cabello ser jalado con fuerza. Estaba hecho un desastre, su sombra de ojos negra estaba corrida por completo y su labio inferior sangraba gracias a que Tom lo mordió con tanta fuerza.

—¿Es lo que querías no?, eres una perra sucia Kaulitz —exclamó Tom mientras seguía embistiendo con fuerza el cuerpo del contrario, mientras tapaba la boca de Bill con su mano, intentó liberarse, pero Tom lo sujetó con más fuerza. 

—¡Tom, no puedo respirar…! —murmuró inaudible, Bill comenzaba a sentirse mareado y estaba seguro que si su novio no paraba quedaría tendido e inconsciente sobre la cama.

Tom gimió roncamente en su oído mientras Bill luchaba por encontrar algo de oxígeno, faltaban solo tres embestidas para que el cuerpo del de rastas se relajara y se estremeciera en un clímax. Así que lo soltó una vez terminado, mientras el contrario trataba de recuperar el aliento, dejando escapar pequeñas arcadas de su boca mientras su vista se nublaba, pudiendo percibir solamente la borrosa silueta de Tom quien lo observaba con seriedad mientras se separaba de él y se ponía la ropa interior.

—¿Te gustó, o prefieres ir con tu amante? —exclamó Tom con un semblante serio, cruzándose de brazos mientras veía a Bill tumbado en la cama tratando de regular su respiración.

—No sé… De qué mierda me estás hablando Tom —respondió con dificultad.

—Deja de mentirme Kaulitz —estiró su brazo hacia el buró que estaba al lado suyo,  antes de tomar el celular de Bill y encenderlo, mostrándole la pantalla en donde claramente se veía la notificación de un mensaje de un número desconocido: «¿Bebé, por qué no llegas?»

Bill enfocó su vista a la pantalla, y sus ojos almendrados se abrieron con evidente sorpresa, tragó saliva duramente e intentó defenderse.

—No sé quién demonios sea esa persona —espetó con seguridad antes de levantarse de la cama, pero Tom simplemente lo veía con una expresión decepcionada mientras trataba de contener las lágrimas que querían resbalar por sus mejillas.

—¡No mientas! ¿Crees que no he visto tus fotos en internet, los comentarios asquerosos que la gente dice de ti? —le gritó entre dientes, azotando de forma violenta el aparato contra el colchón de la cama. 

—¡Mierda…! —Bill gritó, sintiendo la ira y la frustración de no poder decirle la verdad a su novio—. ¿Crees que acaso esto es fácil para mí? ¡Perdí mi dignidad, Tom! Ten una pizca de empatía, maldita sea.

Tom por su parte lo miró con una expresión dolida, dejando que una lágrima escurriese por su mejilla, la cual limpió rápidamente con su pulgar.

Bill le arrebató su celular y abrió la notificación sin pensarlo, y al instante su rostro palideció.

—Esto es de lo que te estoy hablando —dijo, enseñándole la pantalla del celular en donde se podían ver los mensajes que aquel número desconocido le mandó, logrando que la expresión de Tom cambiara radicalmente.

«¿Acaso no sabes con quién estás tratando?», era lo que decía el segundo mensaje.

Bill se sentía inseguro adonde quiera que fuera, y no era para menos. Estaba siendo acosado sin motivo aparente, todos los días bloqueaba números desconocidos, hasta había cambiado de chip telefónico para parar aquel hostigamiento.

—¿Fuiste a la policía? —preguntó Tom.

Bill negó repetidas veces con una sonrisa graciosa al saber que la situación resultaba cómica, pues sabía que no tendría apoyo de nadie.

—Lo hice, y lo único que me dijeron fue que no podían hacer nada —mintió.

—¿Por qué siento que me estás mintiendo? —alzó una ceja.

—Es la verdad Tom, la policía no hace nada, además mi padre…—se retractó en sus palabras.

Tom lo seguía mirando con curiosidad, sabía que Bill le ocultaba algo. 

—¿Sabes que puedes contar conmigo en lo que sea, verdad? —exclamó, sin quitar la vista de los demacrados ojos de Bill, un suspiro cargado de tensión escapó de los labios del pelinegro antes de que este asintiera y se refugiara en los brazos de Tom.

—Te amo… — murmuró Bill, sintiendo como la mano de Tom acariciaba su cabeza de manera cariñosa.

—Tranquilo… Estoy aquí contigo.

«Pero yo no estoy aquí contigo…», pensó por último el contrario.

&

Bil lloraba de forma errática, mientras su padre seguía jalando de su cabello exigiendo el dinero que le debía. 

Se encontraba arrodillado y con las manos lastimadas, trataba de ignorar el dolor punzante en su tobillo izquierdo, seguramente con esguince de tercer grado. El labio del pelinegro había sido roto por el puñetazo que el Jorg le propinó.

—P-papá por favor… —suplicó Bill, arrugando su pantalón entre sus manos.

Su padre lo miró con asco, como si la persona que tenía tirada en el suelo debajo suyo fuese alguien más.

—Quiero el dinero hoy, ningún día más —le dijo, mientras apretaba con fuerza la mandíbula de Bill obligando a verlo a los ojos, después de haberle dado la paliza de su vida. 

Jorg analizó detenidamente el rostro golpeado de su hijo mientras sonreía socarrón y de manera orgullosa por haberle enseñado su lección. Lo soltó bruscamente, dejando el cuerpo de Bill tirado sobre la alfombra de la habitación.

—Papá… —los ojos del pelinegro gritaron por una pizca de piedad—. ¡Papá… no puedo más… Ya no quiero —se derrumbó, estallando en llanto así que se arrastró por el piso y abrazó aún las piernas de su padre, quien inmediatamente soltó un suspiro cansado. Se deshizo del agarre de Bill y se sentó en la cama de la habitación.

—Levántate, y ven acá Bill… —le ordenó. 

El mencionado sorbió su nariz, levantándose con debilidad del suelo y tratando de cubrir su cuerpo semidesnudo, pues lo único que tenía puesto era lencería erótica y la correa amarrada a su cuello tal cual perro en adiestramiento. Jorg se mostraba calmado viendo cómo Bill se hacía un ovillo en su lugar.

—Solo necesito descansar, dijiste que podría… ¿Por qué me mentiste? —el pelinegro lloró mientras mantenía su distancia, extrañamente se sentía traicionado.

—Bill, te dije que vinieras —habló, fingiendo amabilidad en su tono de voz, abrió sus brazos en dirección a su hijo indicando que fuera a refugiarse en ellos.

Bill se acercó con temor hacia su padre. Cuando finalmente dejó que los brazos de su padre lo regocijaran, un fuerte jalón de cabello lo traicionó.

—¡Crees que voy a estar cumpliendo todos tus caprichos, Kaulitz! —gritó Jorg, casi escupiéndole en la cara. Bill negó hipando.

—¡Lo siento, no volverá a suceder…!

—¡Cállate, mierda, cállate! —exclamó histérico, tomándole de la nuca con fuerza y comenzar a azotar la cabeza de Bill contra el colchón de la cama, ignorando las súplicas y llanto de su hijo. Bill sabía que no debía confiar en él, y aún así lo hizo.

Su cabeza comenzó a doler cada vez que se estampaba contra la capa acolchada de la cama, pudo percatarse vagamente que su nariz había comenzado a sangrar al ver la gran mancha roja que se había hecho entre las sábanas blancas. 

«Por favor, solo aguanta un poco más…», pensó, una vez que Jorg decidió que había sido suficiente. Lo soltó, mientras Bill lloraba desconsolado y derrumbado sobre el colchón.

—Vuelve a llorar en frente mío, y te juro que hago que te trasladen con el señor Jul —amenazó, dejando a Bill hecho un desastre y abandonarlo dentro de la habitación. 

&

Los rumores se esparcen en un santiamén, Bill lo sabía, pero estaba consciente que su vida era una jodida miseria. Tom no lo quería, Bill solamente era su juguete sexual, o al menos eso era lo que todos en la universidad aseguraban, pues podías ver un día a la pareja agarrados de la mano mientras que al siguiente día no se dirigían la palabra. La ley del hielo en pocas palabras.

Desde lo ocurrido hace dos días con dichas fotografías, se sentía acosado, en la universidad, sus compañeros lo hostigaban, y eso también incluía a los profesores. 

No entendía por qué le estaban haciendo eso, ¿quién era la persona que publicó esa majadería? No lo sabía por obvias razones, así que para eso, tendría que buscar apoyo. No le importaba meterse en la boca del lobo con tal de que esas fotografías desaparecieran de aquel sitio web. Su amigo Evan, quien años anteriores había estudiado programación, intentó hackear la página, pero lo único que obtuvo en su computadora fue un virus troyano e innumerables hackeos a sus correos electrónicos, en donde intentaban robarle información importante.

Bill Kaulitz era un chico que prefería no contar sobre su vida, pero ahora que media universidad lo veía como un jodido prostituto «cosa que alejado de la realidad no estaba», a la gente le era más fácil inmiscuirse como rata de la peste negra lanzando chismes por doquier con tal de arruinar su imagen de niño bueno. Bill no tenía la culpa de que algún degenerado o degenerada publicará aquellas fotos en internet, tampoco tenía la culpa de que su vida fuera mísera.

Por eso, cuando amigos o compañeros de clase le hacían la preguntas sobre el trabajo de medio tiempo que ejercía después de la universidad, Bill les contestaba que trabajaba como mesero en el restaurante de comida Alemana que su padre poseía. Bill fue testigo de cómo el imperio de su padre creció en los barrios bajos, siendo frecuentado hasta por gente de importancia. El pelinegro sabía que ahora no podía confiar en nadie, no después de la manera en que fue expuesto.

Dentro del restaurante, lo que más encontrabas eran familias que iban a comer y pasar un rato ameno con sus seres queridos, o grupos de amigos que salían a pasar el rato después de la escuela. El local era algo reconocido, su ubicación se encontraba en lo más recóndito del barrio. Jorg prefería pasar desapercibido y dejar que las personas lo hallaran de casualidad.

Bill se encontraba en el mostrador del restaurante, observando a los pocos clientes que había en el lugar. Aquel día no se había maquillado con su característica sombra negra en los ojos, estaba cansado. 

Con el mentón recargado en la palma de su mano mientras su largo cabello negro caía delicadamente sobre su rostro, luciendo el nuevo look que se había hecho días antes con rastas blancas (influencia de Tom), dejó que el aburrimiento se apoderara de él y terminó cerrando sus ojos por el cansancio. 

La única motivación que tenía en esos momentos era la buena paga que más tarde recibiría. Al menos aquello le serviría para pagar las mensualidades de su universidad.

—¿Quieres espantar a los clientes con esa energía? —hablaron detrás suyo, y Bill abrió los ojos con sorpresa dirigiendo su mirada hacia el responsable.

—No he dormido bien estos días… —murmuró con cansancio, casi entre dientes al sentirse desgastado física y emocionalmente. Lo único que quería hasta ese punto era descansar un rato en su departamento, comiendo chatarra e importándole poco si después sufría malestar estomacal. 

Necesitaba que alguien lo abrazara y le dijera que todo estaría bien, que pronto pasaría. Su novio Tom a lo mucho podía reconocer cuando una persona la estaba pasando mal, y aquello era otro de los tantos defectos que poseía: 

«No pareces triste, no estás llorando»

 «Si no hubieras dormido ahora mismo estuvieras al punto del desmayo, no seas exagerado» 

«Estás delgado porque no comes» 

«Solo mírate Kaulitz, haces tanto dramatismo por nada» 

«En verdad eres tan ingenuo Bill…»

La preocupación de Tom hacia los demás se limitaba a ver lo que había fuera del caparazón, y con el paso del tiempo Bill aprendió a tolerarlo.

—Con ese nuevo look te ves hermoso, guardé tus fotos para pasar un buen rato cuando no estés a mi lado —exclamó Jorg, moviendo su celular de lado a lado con burla, refiriéndose a las fotos publicadas en internet de su hijo, obteniendo una mirada llena de desagrado por parte de Bill.

—Puto cerdo…  —quiso vomitar por tal declaración, rodó los ojos y se dedicó a intentar ignorar a su padre. 

—¿Creías que iba a ser el único que disfrutaría de tu belleza?

—Me das asco… — exclamó con total sinceridad.

—No tienes manera de deshacerte de mí… —alzó sus hombros con desinterés—. Recuerda que tienes más trabajo en la noche —Jorg palmeó el hombro del contrario, y Bill asintió resignado, viendo cómo su padre se sentaba al lado suyo y acariciaba sutilmente su pierna.

—¿Podrías darme este día libre? —preguntó con súplica, relajando los músculos de su cara para darle una faceta tierna y a la vez devastada, esperando que accediera.

—No —exclamó indiferente, jugando con los anillos de sus manos mientras se encontraba cruzado de piernas, ante aquello, Bill lo observó con inconformidad.

—Por favor… —pidió de nuevo juntando sus manos, Jorg cerró los ojos después de soltar un corto suspiro.

—¿Para qué quieres el día libre? —preguntó, con un tono de voz que dejaba entrever su desconfianza. Bill meditó su respuesta por unos segundos mordiendo la comisura de su labio, y conectó sus ojos llenos de miedo con los de Jorg.

—Quiero pasar un rato a solas con Tom —dijo, y aquello solo bastó para que su padre le aventara su anillo hacia su cara con brusquedad, levantándose de mala gana. Bill lo siguió con la mirada y tomó su brazo rápidamente—. E-espera… —corrió tras él antes de abrazarlo por detrás, pegando su rostro a su ancha espalda.

—Te dije que terminaras con ese chico, no es bueno para ti —Bill escuchó su respiración acelerada, seguramente porque se encontraba molesto, pero no quería demostrarlo. En cambio, su cuerpo era el que le indicaba aquello.

—Te dije que no lo haría porque yo lo amo —refutó, y su padre giró su cuerpo para quedar frente a él. Antes de tomar su rostro entre sus manos, dedicándole una sonrisa socarrona.

—A veces me pregunto de quién sacaste lo testarudo y caprichoso —exclamó, perdiendo por completo la noción del entorno y solo enfocándose en Bill, ni en nadie más.

Cualquiera que pasara por donde ambos se encontraban pensaría que era la típica escena de amor entre padre e hijo dándose apoyo incondicional, pero eso estaba lo suficientemente alejado de la realidad como para ser verdad. Bill sonrió con melancolía sintiendo cómo sus ojos comenzaban a aguadarse sin razón alguna al conectar mirada con los penetrantes ojos del sujeto que tenía enfrente suyo.

—Por favor… ¿Uh?, solo por un día —Bil sonrió ladino, y vio cómo Jorg lo meditaba varios segundos. Su padre introdujo disimuladamente su mano entre la tela del pantalón de Bill, sintiendo cómo su cuerpo se tensaba ante el contacto.

—¿Y qué obtengo a cambio? —dijo, jalando el cuerpo de Bill con lentitud hacia el suyo, simulando abrazarse con cariño, y ambos caminaron hasta llegar a la puerta del almacén donde guardaban las cosas de limpieza—. Si quieres tu premio tendrás que hacerle ver a papi que te lo mereces —dijo.

—Trato… —exclamó Bill, antes de tomar la perilla de la puerta y abrirla, empujando fuertemente el cuerpo de Jorg hacia el interior del armario.

—¿Cuánto tiempo ha pasado? —le preguntó, alzando una ceja mientras Bill intentaba retirar el cinturón y bajarle el pantalón junto con la ropa interior al contrario.

—Lo suficiente como para haberme acostumbrado —dijo, con una pizca de resentimiento, cuando Bill logró retirarle el cinturón, Jorg tomó con fuerza al pelinegro, y lo obligó a hincarse debajo suyo.

Tomó con posesión el mentón de Bill y el pelinegro lo miró fijamente esperando que él tomara el control de la situación.

Y así lo hizo, obligándole a su hijo a hacerle un oral. 

Cuando terminó, Bill se deshizo de los restos de fluido de su boca disimuladamente mientras su padre se vestía. 

—Tengo que atender a mi último cliente, nos vemos en la noche —Bill se despidió, acomodándose la ropa antes de salir del armario como si nada hubiese pasado.

Pensó que aquel día sería tranquilo, y la verdad, es que no.

Disimuló lo mejor posible para poder seguir con su trabajo, a lo lejos pudo percibir la imagen de un grupo de estudiantes de su universidad llegando a sentarse en una de las mesas del establecimiento. Frunció su entrecejo.

«¿Qué mierda hacen ellos aquí?» Pensó.

Lo extraño en la situación era el hecho de reconocer perfectamente los rostros de dos de los chicos que venían en el tumulto, por lo que Bill cambió su expresión de pocos amigos a una más relajada, pero sin dejar de ser fría; arregló sus prendas cerciorándose de que todo estuviera en orden y no tuviese inconvenientes, antes de caminar en dirección suya con la libreta para tomar la orden en mano.

—Buenas tarde ¿qué van a ordenar? —preguntó, simulando estar al pendiente de anotar en la libreta para evitar alzar su mirada y encontrarse con aquellos dos sujetos.

—¿Bill? —exclamó uno de ellos haciéndose el sorprendido, y automáticamente el nombrado cerró sus ojos con fastidio. Suspiró alzando con lentitud la mirada para evitar mostrar muecas de desagrado.

—Oh… Aaron —fingió al igual que él sorpresa, saludándolo por cortesía y desviando su mirada hacia el otro chico que se encontraba sentado a su lado, quien al ver a Bill este le dedicó la sonrisa más falsa que la cara que él puso al enterarse que su padre le subiría el salario solo con un dólar de diferencia.

—Hola —saludó cortante y él le devolvió el saludo con un movimiento de mano.

Bill terminó barriendo a ambos con la mirada, mientras que los demás acompañantes que venían con ellos notaron con evidencia la tensión inmediata que se formó al encontrarse con Aaron, alias acosador, y su amiguito, del cual Bill no tenía idea de su nombre. Ahora sus ojos se dirigieron viendo al chico de cabello rosa con labios ligeramente carnosos y hombros anchos mirar a través de la ventana del negocio para tratar de evitar la escena incómoda que Aaron, su amigo y Bill crearon, mientras que el otro muchacho a su lado parecía no ser de los suyos, pues portaba el mismo uniforme de odontología que Tom, su novio, de cabello morado y ojos finamente rasgados que hacían perfecto contraste con su piel bronceada.

Leía un libro, y por lo que pudo alcanzar a ver, lo quisquilloso que Bill era, se trataba del libro que llevaba meses buscando.

—Oh Bill, te quería preguntar si…

—¿Qué van a pedir? — Lo interrumpió de mala gana.

—Yo sólo “flammkuchen…” —dijo Aaron haciéndose un ovillo en su lugar antes de soltar un suspiro ahogado. Bill anotó su orden para después dirigir su mirada hacia los demás, los cuales se observaron entre sí incómodos.

—¿Podrías traer lo mismo que Aaron pidió? —habló uno de los muchachos.

—¿Seguro, no se te antoja algo más? —Bill preguntó, pero negó con decisión—. ¿Y ustedes, qué van a querer?—se dirigió a los comensales faltantes.

—Lo mismo que ellos… —respondió uno de ellos en nombre de todos. Bill alzó una ceja y soltó un suspiro amargo.

—Bueno, en un rato les traigo su comida —espetó cortante antes de irse y abandonarlos, sin dejar que Aaron intentara entablar conversación alguna con él. Ese tipo era insoportable.

&

El celular de Bill vibró, mostrando en la bandeja de mensajes un texto de un número desconocido:

«—¿Te dolió mucho que papi no te aumentara el sueldo?»

—¿Quién eres? ¿Cuándo dejarás de molestar? ¿Qué es lo que buscas con todo esto? —respondió él, con el pulso tembloroso.

«—Pregúntale a papi, tal vez él sepa por qué su hijo está siendo expuesto en internet».

Bill quedó paralizado, con el corazón latiendo con fuerza. Intentó escribir una respuesta, pero el remitente ya lo había bloqueado. Lleno de rabia, arrojó su celular lejos, soltando un grito ahogado antes de enterrar su rostro en las almohadas de su cama.

La puerta de su cuarto se abrió de golpe, y Bill se sobresaltó al ver a su padre, Jorg, entrando con el celular en la mano y el rostro lleno de furia.

—¿Papá? ¿Qué sucede…?

Bill no pudo terminar de hablar cuando sintió su mejilla arder gracias a semejante bofetada que su padre le propinó. Sintió un hilo de sangre correr por la comisura de su labio.

—¡Tu noviecito no es tan santo como creías! —espetó con ironía enseñándole la pantalla del celular.

Bill, aún tembloroso, tomó el dispositivo y comenzó a ver el video que su padre había reproducido. Era Tom espiando a través de la puerta de su apartamento, mientras él se “manoseaba” con la imagen de su Bill y su padre de fornicando.

—¿Qué… qué mierda es esto? —murmuró, incapaz de procesar lo que veía.

—¡Eso mismo pregunto yo! —gritó su padre, tirando el celular y empujando a Bill con brusquedad al suelo—. Ese idiota sabe todo ahora.

Antes de que Jorg pudiera continuar, el celular de Bill sonó nuevamente. Al levantarse del suelo tomó el dispositivo. Era otro mensaje de un número desconocido:

«—¿Creías que tu querido novio era inocente, Bill?. Te propongo algo: te diré quién es el culpable si me ayudas a hacer algo».

—Vete a la mierda…

«—Entonces, no habrá problema en mostrarle al mundo quién es realmente el hijo del señor Kaulitz»

Respondieron por último, el mensaje incluía un archivo adjunto. Bill, con la mandíbula apretada, abrió la carpeta y quedó paralizado al ver el contenido: más de quince videos y una colección de fotografías íntimas. Lo peor era que en una de las esquinas de las imágenes, una figura de alguien encapuchado aparecía grabándolos a ambos.

Bill supo al instante quién era después de haber visto el video que su padre le enseñó y el resto del contenido que el número desconocido le mandó. 

—Lo voy a matar… —murmuró con determinación, tomando sus cosas rápidamente antes de abandonar la habitación.

Continúa…

Gracias por la visita. Te invitamos a seguir leyendo y a dejar un comentario 😉

por admin

Traductora del fandom

2 comentario en “En los huesos del cadáver 3”

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