En los huesos del cadáver 19

Fic Toll de AndyKltz

Capítulo 19

Su corazón se aceleró de forma precipitada, tanto que tuvo que tomar aire con cuidado y soltarlo en una bocanada mientras sostenía su pecho tratando de mantener la calma. La preocupación lo carcomía y cada que avanzaban por el sendero del bosque el rastreador cambiaba de dirección, alejándose con más fuerza del radar.

«Bill, si sigues vivo no sé de dónde mierda sacaste tanta adrenalina para caminar con semejante velocidad» pensó Evan, aunque en el fondo se encontraba agradecido de imaginar que su mejor amigo estaba con vida. Pero no descartaba la otra posibilidad de que su cuerpo haya sido encontrado por otras personas.

—Deténganse aquí, vamos a bajarnos —ordenó el castaño. El vehículo se detuvo abruptamente, Evan se bajó de la camioneta y se cercioró de que tuvieran lo necesario por si llegaban a encontrarse con “sorpresas”. 

Miró nuevamente la pantalla de su tablet percatándose que la señal del rastreador había parado en seco, a 500 metros delante de ellos. Frunció el ceño, sintiendo una punzada en su pecho signo de que sabía que algo no estaba bien. 

—¿Pasa algo? —preguntó Jorg detrás suyo, Evan asintió antes de mostrarle el monitor con una expresión seria.

—Dejó de avanzar… —mordió con nervios su labio inferior—. Tenemos que apresurarnos sino no lo vamos a encontrar…

—Espera —el señor Kaulitz detuvo a Evan de forma abrupta, posando su dedo índice sobre los labios del castaño; entrecerró sus ojos para enfocar con mayor detenimiento su vista en la pantalla de la tableta, a la cual le hizo zoom, llevándose una gran sorpresa. Su expresión relajada pasó a ser una de conmoción en cuestión de segundos.

—¡Me lleva la puta mierda…! —exclamó con enojo, regresándole de golpe el dispositivo a Evan—. ¡Ya, ya muévanse…! —ordenó con una seña a sus hombres.

—¿Q-qué pasa…? —pronunció el castaño sin entender por qué Jorg los estaba apresurando.

—¡Imbécil de mierda, Bill va hacia la carretera, la señal del rastreador se congeló…! —declaró con furia.

—¡Y qué con eso…! —respondió Evan alzando sus hombros con confusión, pero fue llevado de vuelta a la camioneta a punta de empujones por el señor Kaulitz; quien suspiró hastiado mientras sujetaba el puente de su nariz, buscando paciencia para no explotar de coraje.

—¡A unos metros hay un operativo policial, si Bill llega hasta allá antes de que lo alcancemos estaremos muertos, idiota…! 

—Mierda… —murmuró Evan con preocupación antes de que la camioneta arrancara con una fuerza descomunal y tuviera que encajar las uñas en el asiento, su cuerpo se sacudió con violencia en una curva ocasionando que su cabeza golpeara contra la ventana del vehículo.

De pronto, la camioneta frenó en seco levantando polvo sobre la grava del asfalto. El cuerpo de Evan impactó otra vez con fuerza contra el respaldo del conductor; sostuvo su cabeza gracias a que el golpe lo aturdió por cortos segundos. Los trabajadores del señor Kaulitz se rieron del castaño por la nula experiencia que el chico tenía en ese tipo de “misiones”, se dio cuenta de aquello, así que les dedicó una mirada fulminante a los tres sujetos quienes seguían burlándose del muchacho.

A plena luz del día, se alcanzaban a percibir las luces de las patrullas de los carros de los policías, a varios metros de donde se encontraban las camionetas del señor Kaulitz.

—Saquen lo necesario y muévanse rápido  —anunció Jorg apagando el motor del vehículo y le ordenó con una seña a todos para que se bajaran. Sus guardaespaldas y Evan asintieron, lo acompañaron hasta la cajuela de la camioneta en donde sacaron chalecos y armas cortas, necesarias para no llamar tanto la atención.

Evan al ver eso, sintió terror por lo que le esperaba. «En qué me metí…» pensó el castaño, mientras mordía su labio inferior con miedo, e indeciso de si estaba haciendo lo correcto, y claro que lo estaba haciendo, salvaría a Bill en esa vida y en las que siguieran.

—Evan si te da un ataque de pánico en medio de esto, te juro por Dios que te lanzo como carnada a la policía para que te pudras en la cárcel —soltó con desdén sin siquiera voltear a mirarlo, mientras cargaba su propia pistola. 

—Imbécil de mierda… —murmuró Evan con enojo provocando que los guardaespaldas rieran con burla antes de que adelantaran el paso.

El plan era simple, o al menos eso pensaba Evan, ya que Jorg lo había mandado por la delantera para atrapar a Bill antes de que el operativo se diera cuenta de su presencia. Mientras Jorg y sus guardaespaldas vigilaban la zona desde diferentes puntos ciegos.

Apresuró el paso percatándose en la pantalla de su smartwatch de que el localizador se había detenido abruptamente muy cerca de la zona del operativo; su frente sudó pensando lo peor. Casi soltó un grito de victoria cuando vio el cuerpo de Bill, medio desplomado tratando de sostenerse contra la ladera rocosa de la carretera, justo antes de una curva del operativo. Estaba tiritando, con la ropa sucia, rota y la sangre seca en todo su abdomen.

—Carajo, Bill… —susurró por lo bajo, acercándose al pelinegro con cautela. Quiso llorar, pero se contuvo. Acarició con delicadeza el rostro de su amigo y Bill reaccionó de inmediato al contacto. 

—Mhm… ¿Tom…? —murmuró Bill a media conciencia, con la visión borrosa, relamió sus labios resecos por la deshidratación intentando enfocar mejor sus ojos en la persona que tenía enfrente suyo.

—Ya quisieras… —exclamó Evan rodando los ojos, antes de inclinarse para cargar el cuerpo débil del pelinegro—. ¿Cómo mierda llegaste hasta aquí…? —añadió en un susurro, incapaz de comprender cómo había sacado fuerzas para salir del río en ese estado. 

Así que apresuró el paso, viendo de reojo a su amigo quien luchaba por mantenerse despierto.

—T-tom… ¿a dónde vamos, me llevarás otra vez al mirador de la ciudad? —murmuró entre sueños, recargando su cabeza sobre el pecho de Evan quien no contestó, solo avanzó hasta llegar a la camioneta donde Jorg y los demás lo esperaban.

Cuando llegó, le abrieron con rapidez la parte de atrás del vehículo. Y con ayuda de los guardaespaldas de Jorg, dejaron el cuerpo del pelinegro sobre la alfombra de la camioneta mientras que Evan acompañaba a Bill para vigilarlo durante todo el trayecto.

—Avisa al hospital que llegaremos en menos de 20 minutos —le ordenó el señor Kaulitz a uno de sus hombres, el cual asintió automáticamente.

Con el vehículo en marcha y los nervios a flor de piel, Evan se movió con torpeza a la parte de atrás para atender a Bill, quien se retorcía y se quejaba por el dolor. Lo primero que hizo fue canalizarlo con un suero intravenoso por la notable deshidratación que presentaba; después con sus manos temblorosas y ayudándose de gasas estériles y alcohol, comenzó a limpiar los rastros de sangre y suciedad de sus heridas externas, rezando en internamente para que el pelinegro resistiera el camino. 

Pensó que aquello había ayudado, pues pasaron aproximadamente 5 minutos en los que Bill dejó de quejarse, hasta que Evan notó la respiración irregular del pelinegro.

—T-tom n-no puedo respirar… —murmuró débilmente tomando con fuerza la mano de Evan quien actuó de inmediato.

—Ay no, mierda… —exclamó el castaño con angustia.

—¿Pasa algo…? —preguntó Jorg sin quitar la mirada del camino.

Evan no le contestó, intentó buscar en el botiquín algo que le sirviera de ayuda en esos momentos para mantener estable a Bill si no todo se iría al carajo.

—¡Alguien tiene un lapicero y una navaja…! —gritó con desespero, así que Jorg sacó con rapidez una navaja y bolígrafo de su pantalón, seguido de uno de sus guardaespaldas quien le pasó ambos objetos al castaño.

Evan sintió miedo, nunca había hecho algo así pero en esos momentos lo único que le preocupaba era salvar la vida de su mejor amigo. Uno de los guardaespaldas notó el shock temporal en el que el castaño había entrado así que lo interrumpió.

—Ey, oye ¿ocupas ayuda…? —le preguntó, y Evan asintió de forma instantánea.

—Sujétalo bien, tengo que hacer un corte en el pecho —le ordenó, así que el hombre asintió acatando la instrucción.

—¿Estás seguro de esto, no te veo muy convencido…? —espetó con desconfianza al ver las manos temblorosas de Evan.

—N-no tengo otra opción —respondió terminando de ponerse unos nuevos  guantes de látex, y aumentando sus nervios por la violencia con la que la camioneta se estaba moviendo. Dejó al descubierto el pecho de Bill, conteniendo la respiración mientras acercaba el filo de la navaja a milímetros de la piel del pelinegro, sintiendo terror de cometer un error y matarlo antes de llegar al hospital. 

Tuvo que hacerlo, el pecho de Bill subía y bajaba de forma irregular señal de que se estaba ahogando. Así que Evan apoyó el filo de la navaja e hizo la incisión entre las costillas del chico, dejando que un grito ahogado y doloroso escapara de los labios del pelinegro, ya que no había usado anestesia, pues por la situación no hubo tiempo de aplicar.

Se apresuró a partir en dos el tubo del lapicero, el cual insertó dentro de la incisión. Fue cuestión de segundos en que la respiración de Bill se fue regulando, cortó varios pedazos de cinta quirúrgica para sostener la cánula improvisada y que con el movimiento del vehículo no se moviera de su lugar.

Evan dejó caer su cuerpo hacia atrás con alivio una vez que dejó todo en orden, sintiendo la adrenalina abandonar su sistema.

—Lo hice… —exclamó el castaño sin creer que había sido capaz de realizar aquel procedimiento de manera adecuada y con los pocos recursos que tenía.

Una vez que llegaron al hospital, le hablaron al personal de urgencias quienes llegaron con una camilla y con la ayuda de Evan trasladaron el cuerpo del pelinegro a esta, el castaño acompañó al personal de salud hasta la sala de urgencias aprovechando que tenía a la mano su identificación de estudiante que acreditaba que hacía prácticas en aquel hospital.

—¿Quién hizo esto…? —preguntó con asombro uno de los médicos cuando llegó a inspeccionar el cuerpo del pelinegro, señalando el procedimiento que Evan hizo en Bill. Varios enfermeros señalaron al castaño quien se encogió de hombros esperando el regaño de su vida.

—Durante el camino presentó un neumotórax a tensión, se estaba ahogando y no teníamos equipo, tuve que descomprimirlo con un bolígrafo —Evan intentó explicar con miedo ante la imponente mirada del médico enfrente suyo, por último el doctor dió la orden al personal para que se llevaran a Bill e hicieran los respectivos estudios rápidos al pelinegro.

Una vez se quedó sólo con Evan, se acercó al castaño y dijo:

—No sé cómo carajo lo hiciste, pero si no hubiera sido por ti este chico ya estaría muerto —lo felicitó.

Evan sonrió con felicidad por aquel cumplido.

—Gracias… —murmuró.

—¿Eres practicante, cierto? —le preguntó con una ceja alzada, y Evan asintió—. Lo supuse, no dejan pasar a esta área a cualquiera.

—Tenía miedo de que saliera algo mal… —suspiró, con la mirada perdida, pero el médico le dió ánimos palmeando con gentileza su espalda.

—Tranquilo, lo hiciste bien, demasiado bien para ser un practicante —sonrió—. ¿Estás consciente de que salvaste una vida, verdad? Siéntete orgulloso de eso y de que no perdiste tu oportunidad de graduarte —finalizó, dejando que la expresión de Evan pasara a una llena de terror de solo imaginar que su atrevimiento le costaría su cédula profesional por cometer una mala praxis. 

Al ver la reacción del castaño el médico no pudo evitar soltar una carcajada ante el repentino caos mental del chico. 

—Me mato si eso sucede… —murmuró el castaño con angustia pensando que aquello podría hacerse realidad.

—¡Vamos, chico tienes una vida por delante, eso no sería posible! —el médico lo animó antes de retirarse. Pero Evan suspiró pesado tratando de disipar su alocada imaginación, y se mentalizaba a esperar más de 24 horas en la sala de urgencias por alguna noticia de Bill.

«Ay mierda, tengo que hablarle a Tom…» pensó. Por poco se le olvidaba el imbécil del novio de su mejor amigo. Rodó los ojos con fastidio, tentado a no decirle nada al de rastas acerca de que Bill ya estaba a salvo y recibiendo atención médica adecuada. Sin embargo, al sacar su celular y ver más de ochenta llamadas perdidas de Tom lo hizo sentir un poco culpable. Dejó su orgullo de lado, y decidió a regresarle la llamada… o bueno, lo haría cuando estuviera de mejor humor.  

Continúa…

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por admin

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