
Fic Toll de AndyKltz
Capítulo 18

—Bien, comenzamos interrogatorio a sujeto llamado Tom Trümper de 21 años, sexo masculino, Alemán nacido en Leipzig; vive con su padre y hermana —murmuró el oficial sin siquiera levantar la vista de la carpeta, pasando una página con desgane—. Ha sido detenido por ser el principal sospechoso de la desaparición de Bill Kaulitz.
Tom se encontraba frente a él, sentado del otro lado de la mesa de interrogatorios y con el metal de las esposas lastimandole las muñecas. El chico miró al policía con nerviosismo, y suspiró preparándose mentalmente de que estaría metido en detención preventiva durante mucho tiempo.
—Vale, sin rodeos —intervino el segundo policía, que se encontraba cruzado de brazos dando un paso al frente hasta quedar cara a cara con el interrogado—. ¿Tom, conoces a Bill Kaulitz?
Por su parte, Tom soltó un suspiro tembloroso y apretó su mandíbula con fuerza, antes de levantar la mirada y responder:
—Sí, es mi, ¿novio? —murmuró lo último con confusión haciendo una mueca, pues Bill nunca le dijo directamente “terminamos la relación”, sólo dejó de hablarle de un día para otro.
Ante la inconsistencia en su discurso, ambos policías se voltearon a ver con complicidad.
—¿Es tu novio, o no lo es…? —cuestionó uno de los oficiales con una ceja alzada en dirección a Tom.
—Sí… Bueno, no —se contradijo negando con la cabeza, buscando las palabras adecuadas para describir su extraña relación con Bill, claro, omitiendo ciertos detalles—. Ay mierda no lo sé…. —bufó con frustración, si no estuviera esposado ya se hubiera jalado el cabello por la desesperación que le causaba aquella situación—. Es que días antes tuvimos sexo, ¿pero a él le gustó…? Creo, entonces no sé si sigue siendo mi novio. Y después de eso me bloqueó por mensajes porque nos peleamos y me dijo que era un imbécil de mierda por no quererlo lo suficiente, cuando yo sé que tiene razón, pero todos cometemos errores, ¿sabe?, y la verdad me fastidia tener que lidiar con ese tipo de cosas porque yo sé que Bill me ama y yo también a él, pero… —soltó de golpe y sin ningún tipo de pausa en su discurso.
—¡Bueno ya…! ¡Dios, hombre! ¡No necesito saber lo que hiciste con él hace días, lo único que me interesa es ubicar su paradero! —interrumpió con enojo uno de los policías, soltando un suspiro cansado, le regresó su mirada discrepante a su compañero de al lado quien parecía querer soltar una carcajada. Pero se contuvo.
—Perdón, me emocioné demasiado… —murmuró Tom con pena mientras se encogía de hombros.
—Aquí no es sesión de terapia psicológica; si quieres contar tus problemas amorosos, entonces busca a un profesional en salud mental—rodó los ojos con fastidio. Y el chico asintió por lo bajo.
Estaba claro que ambos sabían que Tom tenía que ver con la desaparición del pelinegro, pero para descubrirlo, tendrían que sacar hasta la última gota de información. Y aquello era algo por lo que Tom no estaba dispuesto a evidenciar, prefería pasar el resto de su vida tras las rejas que tener conflictos con una red criminal, como lo era la del padre de Bill.
—¿Cuándo fue la última vez que viste a Bill?
—Hace dos días… —respondió Tom, procurando que su voz no temblara de los nervios, suspiró, recordando aquel momento en que Evan se llevó a Bill hasta los baños de la universidad para follárselo—. Tuvimos otra discusión en el campus… Típica pelea de pareja, ese día se fue muy enojado, pensé que se había ido a su apartamento para pensar bien las cosas. O ignorarme como siempre solía hacerlo cada vez que peleábamos.
Por un momento, Tom pensó que podía convencer a ambos policías con su respuesta que parecía sacada de quién sabe qué parte de su trasero. No fue, hasta que uno de los oficiales soltó una risa seca, nada divertida, y se inclinó hacia adelante diciendo:
—Me parece muy certero lo que dices, Tom. Discuten, y Bill se va, por arte de magia nadie lo vuelve a ver. Lo curioso aquí es que las cámaras de la universidad los grabaron a los dos saliendo de las instalaciones en tu cadillac. Es una lástima que las cámaras de las avenidas por donde transitaban no hayan grabado el trayecto completo que tu carro recorrió, pero hay evidencia de que Bill sí estaba contigo en el momento de su desaparición. Así que te sugiero que hagas memoria, porque esa carita de asustado no te salvará de este problema.
«Me lleva el carajo…» pensó Tom al quedar pasmado con todo lo que el policía le dijo. «Vamos Tom, ¿de qué te sorprendes? es obvio que ya estás jodido…»
Ambos detectives notaron que Tom se había quedado helado, pues dieron en el punto clave para empezar a escarbar y sacar la debida información.
—Y-yo… —murmuró nervioso.
—¡Ah, y no sólo eso! —exclamó uno de ellos fingiendo euforia—. Nos enviaron un reporte de emergencia para cubrir un altercado en una de las avenidas, en donde se suscitó un tiroteo por parte de hombres armados no identificados, lugar donde tú tuviste un accidente automovilístico junto con Bill…
«Ya, a la mierda, ¡arrésteme señor justicia!», pensó nuevamente el chico, mordió su labio inferior, dejando que el silencio inundara la sala de interrogatorios.
Estuvo a punto de responder, pero la puerta se abrió de golpe dejando ver a otro de los policías que custodiaban la entrada del cuarto, con una expresión preocupada. Se acercó a uno de los detectives que interrogaban a Tom y le susurró al oído algo que el de rastas no pudo escuchar con claridad.
El detective abrió sus ojos con sorpresa y respondió:
—¿Lo dices en serio?—espetó consternado, y el contrario asintió con rigidez.
—¿Pasa algo? —preguntó el compañero del otro detective, quien no entendía el por qué de las reacciones angustiadas de sus otros colegas.
—B-bien damos por terminado el interrogatorio de Tom Trümper, y se cierra carpeta de investigación —dijo uno, deteniendo la grabación de golpe antes de mirar con miedo a su compañero de al lado quien lo seguía observando con el entrecejo fruncido.
Tom, por su parte, se mantuvo expectante sin comprender por qué demonios acababan de parar en seco cuando ya lo tenían acorralado y sin oportunidad alguna de defenderse. Fue levantado de su silla sin delicadeza y sacado de la sala de interrogatorios a punta de empujones. Cuando estuvo en el lobby del edificio le quitaron las esposas, le regresaron sus pertenencias y lo corrieron sin razón aparente.
—Será mejor que no vuelvas por estos rumbos otra vez —murmuró uno de los oficiales al oído de Tom, prosiguiendo a cerrar la puerta en su cara. Dejando al chico confundido.
—Pero qué mierda… —murmuró por lo bajo para sí mismo. Sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando la notificación de un mensaje de un número desconocido apareció en la pantalla de su celular:
«Apresúrate, no hay tiempo. Te espero en la siguiente cuadra a la vuelta, a mano derecha por la pizzería que está enfrente del parque».
Claro, era de suponerse, Jorg mandó a uno de sus hombres para sacarlo del apuro. «El príncipe salva a la princesa encerrada en la torre, y evita su fatal destino de ser devorada por el dragón que custodia el castillo…» pensó con fastidio.
Sí… Tal vez imaginarse como una damisela en apuros era la única manera absurda que su cerebro encontraba para calmar el caos mental. Porque si no fuera por las influencias del señor Kaulitz, en ese preciso momento estaría dentro de una celda gris y asquerosa, resignado en pasar el resto de su juventud, sin cédula profesional… O sin hijos.
Aunque Tom nunca había pensado en la posibilidad de tener hijos, no ignoraba esa opción, el problema yacía en que Bill estuviera de acuerdo con eso.
—Mierda Tom, deja de pensar idioteces —se autoregañó suspirando por lo bajo. Si Bill estaba con vida, no “intentaría” ser la mejor persona para el pelinegro, sería alguien digno de merecerlo, —veamos si dice la verdad—.
Cuando dobló en la esquina tal como indicaba el mensaje, reconoció de inmediato la camioneta negra con vidrios polarizados que pertenecía a Jorg. Se apresuró a abrir la puerta y se dejó caer en el asiento del copiloto, soltando todo el aire acumulado.
—¿Andreas…? —murmuró Tom con confusión al percatarse de que el conductor no era el señor Kaulitz.
El rubio se quitó sus lentes oscuros y la capucha para mirarlo con una sonrisa socarrona.
—¡Cariño, cómo te fue tras barandillas! ¿los policías te trataron bien…? —fingió excesiva preocupación, posando su mano de forma dramática sobre el hombro de Tom.
—Maldita rubia oxigenada pelo tieso de estropajo… —espetó con recelo barriendo con la mirada al contrario. Andreas soltó una carcajada al ver la expresión indignada de su amigo y negó repetidas veces con diversión.
—¡Ya, Tom, relájate y deja de ser un amargado!
—¡Pues claro que estoy de malas! ¡Necesito saber si mi novio está con vida! —reclamó, frotando su sien con desespero, mientras el zumbido de su pulso le machacaba los tímpanos. «Necesito algo dulce, creo que se me bajó el azúcar por el coraje…». Pensó Tom.
Andreas frunció el entrecejo, parpadeó borrando su sonrisa y mantuvo silencio por cortos segundos, percatandose de la gravedad del asunto.
—¿Con vida…? ¿A qué te refieres con eso? —alzó una ceja—. Se supone que tú y Evan fueron a esconder el cuerpo…
—Sí, Andreas, “con vida” —recalcó fastidiado, y rodó los ojos—. Evan le puso un rastreador a Bill y hoy en la mañana vimos que su ubicación se movió. Por eso me urge que ese idiota responda el puto teléfono; no sé si le pidió ayuda a Jorg o se arriesgó a ir por su propia cuenta…
Ante aquello, Andreas chasqueó su lengua y movió pensativo sus dedos sobre el volante.
—Tranquilo, está con Jorg —afirmó Andreas—. Evan me pidió de favor que viniera a recogerte mientras él resolvía un asunto del que prefirió no darme detalles —suspiró con pesadez, y se mantuvo pensativo—. Lo único que me dijo es que se iba a reunir con el señor Kaulitz, y ninguno de los dos podría venir por ti. Con lo que me acabas de contar ya me queda claro la situación que tienen que resolver.
Por su parte, Tom asintió con la cabeza mientras intentaba comunicarse con Evan, pero las llamadas lo mandaban siempre a buzón sin obtener respuesta alguna.
—Me lleva la mierda, no contesta… —se quejó dando un ligero golpe a la puerta de la camioneta.
La tensión y silencio se mezclaron en el ambiente, dejando que la respiración pesada de Tom fuera lo único que se escuchara dentro del vehículo, Andreas debatía mentalmente si darle un golpe de realidad a su amigo o dejarlo que se ilusionara de más.
—Te juro que yo hubiera querido que tu novio estuviera muerto… —añadió el rubio. Y Tom lo miró con una expresión ofendida.
—¿Pero qué mierda estás diciendo…?
—Tom… —suspiró pensativo—. Si Bill siguiera con vida nada bueno le va a deparar, su destino ya está trazado…
—No lo creo… —negó con seguridad. Y su mente se iluminó, recordando el momento en que el señor Kaulitz les enseñó los documentos de “inversión de deuda” que Bill había firmado a los 17 años—. Bill las tiene todas de ganar, Jorg le hizo firmar un documento cuando aún era menor de edad, legalmente no tiene validez.
Ante la hipótesis certera de Tom, Andreas mordió su labio inferior con preocupación, como si intentara ocultar algo.
—¿Andreas, todo bien…? —murmuró Tom, y el rubio negó con la cabeza.
—Ayer estuve en la oficina de Jorg —suspiró nervioso—. Sé de qué papeles hablas, los ví en su escritorio, pero encontré algo más importante… —por último, sacó su celular y prosiguió a mostrarle la pantalla de este a Tom, quien frunció el entrecejo con extrañeza.
—¿Y esto…?
—¿Ves las fechas? —señaló la pantalla, en donde se veían dos documentos legales de identidad, se trataban de las actas de nacimiento de Bill—. Una es del año 2000, y la otra del año 2001.
—Andreas no estoy entendiendo nada yo…
—Tom, Bill firmó ese documento siendo mayor de edad —soltó de golpe, dejando aún más confundido al contrario—. ¿Bill cumple años el 4 de septiembre, cierto?
—Sí, su cumpleaños es en esa fecha… —respondió Tom, intentando unir cabos en su cabeza.
—Bueno, pues el documento que Jorg le hizo firmar a Bill tiene como fecha 20 de noviembre del año 2018; el señor Kaulitz engañó a Bill haciéndole creer que era menor de edad en ese entonces cuando no lo era, el acta oficial que acredita que Bill es mayor de edad es la que indica que nació en el año 2000, no en el 2001.
Por su parte, Tom parpadeó repetidas veces, con la cara pasmada de la sorpresa y sin poder asimilar tanta información.
—¿Entonces…? ¿No tiene cómo librarse de esa deuda? —espetó por lo bajo, sintiendo el nudo en su garganta, él quería ayudar a Bill pero cada que pasaba el tiempo recordaba todas esas veces que Bill le decía: “estoy jodido Tom, no tengo a dónde ir”.
«Fui un completo imbécil de mierda…» Pensó Tom, sintiendo la culpa carcomer en su pecho.
—Tom… ¿No te das cuenta? —continuó Andreas, con una mueca de frustración en sus labios—. Si Jorg lo hubiera hecho firmar creyendo que usaba el acta del 2001, ese papel no serviría de nada porque técnicamente sería menor…
—Por eso lo engañó, porque necesitaba que Bill pusiera su firma pensando que estaba protegido por la ley de protección a menores, cuando en realidad el documento se selló con su identidad real del año 2000 —añadió Tom, interrumpiendo a Andreas quien asintió al ver que el de rastas finalmente captó el problema en el que el pelinegro estaba metido.
Una cosa tras otra, parecía que los problemas eran infinitos para Bill, así que por primera vez Tom deseó que el pelinegro estuviera muerto.
Continúa…
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