
Fic Toll de AndyKltz
Capítulo 17
Por un momento sintió una paz y tranquilidad tan inmensa como la que había añorado durante toda su vida. Se encontraba en completa penumbra, el crujir de las ramas de los árboles y el ulular de los búhos se escuchaban como un eco lejano, como un sueño del que jamás despertaría.
Y supo que no merecía estar con vida, no después de que su mente se inundara de aquellos amargos recuerdos los cuales prefería esconder en lo más recóndito de su consciencia.
«¿Mamá, papá, por qué siempre llevan esa cámara portátil? ¿Qué es lo que temen, que la pierdan acaso?
Todo está grabado, pueden borrar el contenido fácilmente pero no lo hacen. ¿Por qué? ¿Aún les gusta ver eso?
—Bill, sonríe para la cámara corazón —habló su madre, mientras sostenía la videocámara y enfocaba su hijo.
—¡M-mami, dile que se detenga! —sollozó, mientras el señor Kaulitz solo reía y continuaba quemando la piel del niño con un cigarro.
—Hazle caso a tu madre, Bill… —espetó Jorg y tiró del cabello del niño con fuerza. Bill ahogó un sollozo, asintiendo débilmente, dejando que las lágrimas siguieran escurriendo por sus mejillas. Dirigió su mirada hacia la cámara, permitiendo que su madre grabara mientras su padre seguía lastimándolo»
«—Obedece a papi Bill, anda sé buen niño…»
«—Eres una puta, y las putas como tú nunca podrán salir de este basurero»
«—¡Entiende que me importas una mierda, si mueres o no para mí mejor que estar viendo tu insoportable rostro asqueroso!»
«—¿Crees que tienes derecho a decidir sobre tu vida cuando se te plazca? ¡entiéndelo Kaulitz me debes dinero!»
Dolía, claro que aquello solo le dejaba en claro que era mejor rendirse y esperar a que su corazón dejara de latir por completo.
Su cuerpo fue arrastrado por la corriente del río terminando por impactar contra unas rocas. Fue ahí, en donde los recuerdos felices sustituyeron a los tristes.
«—¡Evan ya, basta, tengo que terminar mi tarea! —exclamó Bill riéndose intentando concentrarse, mientras el castaño lo embarraba en el rostro de crema pastelera.
—¡Vamos hombre deja eso y diviértete un rato! —respondió, acto seguido Bill rodó los ojos y tomó uno de los cojines de la sala y le pegó con este al contrario. Una carcajada por parte del pelinegro resonó en el interior de la casa cuando se percató que aquel golpe alborotó los cabellos de Evan dándole un aspecto cómico. El castaño rió de igual forma comenzando a pelear de manera juguetona con el pelinegro».
«—Bill, te quiero… —murmuró Tom a su oído, retirando unas cuantas rastas blancas que caían por su cuello, Bill sonrió al contacto, y miró a Tom como si fuese un adolescente enamorado y perdido totalmente.
—Te amo… —respondió, y besó los labios del contrario quien lo atrajo hacia él de manera delicada. Regresó su mirada hacia el lago mientras ambos disfrutaban del picnic que Tom le había hecho al pelinegro por su cumpleaños 21, y por su aniversario como pareja.
—Bill, sé que no soy la mejor persona de este mundo, y que probablemente por mi culpa estamos teniendo problemas en nuestra relación, pero quiero que sepas que no te dejaré solo, te acompañaré hasta el final si es necesario.
Bill guardó silencio por cortos segundos, con una expresión pensativa. Sonrió con nostalgia y regresó su mirada hacia Tom, y respondió.
—Sólo demuéstrame que me amas, es lo único que pido… —musitó por lo bajo, acurrucando su cabeza en el pecho del contrario.
—Lo prometo, intentaré hacerlo, pero necesito que me esperes un tiempo… —suspiró mordiendo con nerviosismo su labio inferior.
—¿A qué te refieres…? —cuestionó el pelinegro con el entrecejo fruncido y mirando a Tom fijamente.
—Mi padre está teniendo problemas en su trabajo… Estoy buscando la manera de ayudarlo.
—¿Hay algo que yo pueda hacer para ayudarte…? —murmuró el pelinegro con una ceja alzada, en cambio Tom negó antes de sonreírle a Bill con tranquilidad, besó con cariño la frente de su novio y dijo.
—No, tranquilo, puedo solucionarlo, tú enfócate en lo que tengas que hacer, este año nos graduamos y estoy seguro que no querrás problemas antes de abandonar la universidad.
—Bien, ¿pero sabes que si ocurre algo puedes decírmelo, cierto? —se cruzó de brazos, y Tom asintió, antes de abrazarlo y perder su mirada en el lago.
Debatió mentalmente de si contarle la verdad o no a Bill, pero prefirió callar y guardarse sus problemas para no incomodar al pelinegro»
Sonrió de manera inconsciente, muy débil pero aquello fue genuino, su cabello negro se movió con la corriente del río cubriendo su rostro mientras sentía que el agua lo abrazaba como un manto amigable. Quiso rendirse, pero no lo hizo, «Bill, resiste…» pensó para sí mismo.
No supo de dónde sacó tanta fuerza que con un pie, pudo impulsar su cuerpo a la superficie del río. Dió un suspiró lleno de alivio cuando su cabeza se asomó del agua, se mantuvo lo más que pudo rogando no hundirse más pues lo único que lo mantenía en aquella posición era la piedra debajo suyo que servía como soporte.
Para afianzar más su agarre se sujetó de las raíces subacuáticas de los árboles, que conectaban con las orillas del río. Bill intentó moverse, pero se sentía tan débil que sólo esperaba sobrevivir a aquello.
—P-por favor, a-ayúdenme… —murmuró con cansancio, su boca apenas se abrió. Como si aquel llamado fuera a ser escuchado por alguien. En cambio, obtuvo silencio, y nadie quien lo auxiliara.
&
—¡TODO ESTO ES TU CULPA! —exclamó Evan, empujando con violencia el pecho de Jorg quien lo miraba con el entrecejo fruncido.
—¿Mi culpa…? —se cruzó de brazos, y alzó una ceja.
—¡Tu hijo está muerto maldito imbécil de mierda, pudo salvarse si tú no lo hubieras entregado a los Muller! —reclamó por último casi soltando en llanto. Porque era cierto, Bill pudo haberse salvado si Jorg hubiera intervenido—. ¡Ten un poco de compasión si es que aún la hay…!
El silencio sepulcral se adueñó del ambiente, mientras en una esquina de la oficina se encontraba Tom, sentado en una silla y con la mirada perdida sin decir nada que pudiera solucionar aquel conflicto. Suspiró por último e interrumpió.
—Yo fui el culpable, hice mal un movimiento y los Muller lo descubrieron —miró a Jorg, quien clavó su fría mirada en Tom ocasionando que un escalofrío recorriera toda sus espina dorsal, el de rastas pasó saliva duramente.
—Bien, ¿entonces quién se hará cargo de la deuda? —se cruzó de brazos.
Ante aquello, Evan y Tom se miraron entre sí confundidos.
—¿Q-qué deuda…? —murmuró Evan con temor, sin entender a lo que se refería.
Jorg chasqueó su boca con desinterés antes de sacar de su caja fuerte un montón de papeles los cuales aventó sobre la alfombra. Evan tomó unos cuantos comenzando a leerlos, su expresión confundida pasó a ser una consternada.
—¿Qué mierda es eso…? —exclamó Tom al lado suyo, arrebatándole de las manos las hojas al castaño, de igual forma quedó pasmado con lo que leyó en aquellos documentos. Se percató de algo importante, la fecha de expedición de esos papeles era del año 2017, fecha en que Bill aún era menor de edad, calculaba entre 16 o 17 años.
La firma del pelinegro estaba en cada hoja, fue ahí donde Tom supo el por qué Bill le decía que estaba más que jodido y que nunca podría vivir de manera tranquila. Ya que al parecer Jorg lo había engañado al hacerle creer que eran simples permisos o trámites familiares para poder solventar sus estudios en la licenciatura de medicina. Y cuando leyó las letras pequeñas supo que era un contrato de inversión de deuda.
Bill siempre alegaba que una vez terminando la carrera quería irse de la ciudad, hacer su familia y alejarse de la monotonía que se vivía en Leipzig.
Lo que Evan y Tom no estaban al tanto era el porqué nunca veían a Bill armar un plan o sentirse entusiasmado por graduarse de la universidad. Ahora sabían los motivos, cada centavo que el pelinegro ganara Jorg se lo quitaría para pagar la deuda en la que lo puso como aval. Bill no podía simplemente escapar y abandonar todo, estaba atado de manos sin posibilidad de salir ileso.
Aquello conllevaba manchar su reputación profesionalmente, ir a la cárcel por fraude o en el peor de los casos, el lavado de dinero ya que el pelinegro era quien tenía mayor acceso a las cuentas bancarias que usaban para cometer este tipo de actos ilícitos.
Cuando Jorg supo que Bill las tenía de perder, y que en cualquier momento lo traicionaría con los Muller, decidió usar a Evan como su segunda mano derecha, y que él se hiciera cargo de las acciones mediante las criptomonedas que recibían.
—¡Me estás jodiendo! —exclamó Tom azotando las hojas contra el escritorio de Jorg, sintiendo que en cualquier momento echaría humo por las orejas, enojado era poco para describir lo que sentía en esos momentos.
—¿Qué? —contestó Jorg, con una ceja alzada y actitud altanera que hizo que Evan apretara los nudillos de sus manos controlando las ganas de darle un puñetazo y tumbarle todos los dientes—. ¿Sucede algo, Tom? te veo muy exaltado… —se burló por último.
El mencionado pasó con desesperación su mano por sus rastas desamarradas, relamió sus labios antes de dar un golpe seco con su puño en la pared de la oficina, mientras Jorg se mofaba de la situación y tomaba con tranquilidad un poco de vino de la copa de cristal de su lado.
—Yo lo haré —habló Evan de la nada. Tom volteó a verlo de manera instantánea y dijo.
—¿Te estás oyendo, Howard…? —lo tomó del hombro, esperando que el castaño recapacitara. Evan por su parte miró a Tom con los ojos humedecidos.
—Le prometí a Bill que no lo dejaría solo…
—¡Sí, pero no de esta forma, mierda Howard! —le gritó, haciendo un gesto con sus manos en son de reclamo—. ¿Quieres ser la puta de este imbécil, es eso?
Ante aquella pregunta Evan desvió su mirada, porque claro que no quería, bien podría decirle a Tom que se jodiera él solo. Pero no creía justo eso.
El castaño suspiró, limpiando con rapidez una lágrima traicionera que resbaló por su mejilla—. Yo me haré cargo —miró a Jorg fijamente.
—También estoy metido en este lío, así que o somos ambos o nada —interrumpió Tom, cruzado de brazos.
El señor Kaulitz rió por lo bajo mientras negaba con la cabeza, divertido, antes de tomar un trago a su vino y suspirar.
—Después hablaré con ambos sobre este tema —hizo una pausa—. Ahora necesito que se las ingenien para que nadie en su universidad sepa de lo ocurrido.
Lo último cayó como balde de agua helada para ambos chicos, quienes se vieron entre sí preocupados. Porque era cierto, ¿cómo carajo le harían para no levantar sospechas de lo que pasó?, porque estaban seguros que más de la mitad de la escuela se cuestionarían el por qué Bill de la noche a la mañana ya no fue al instituto.
Y eso era un reto más grande.
—Me lleva la mierda… —murmuró Tom con angustia. Su mente era un caos y necesitaba organizar bien sus jugadas a la par de Evan, porque si uno fallaba, ambos estarían muertos.
—No te preocupes por los Muller, Tom —habló Jorg—. Resolví tu pequeño error con ellos y les dije que ahora serías mi pequeño cerdito —rió por último.
Tom lo miró con algo de temor, pasó saliva con dificultad mientras que Evan mantuvo la mirada agachada y cerró los ojos con fuerza. «Estamos jodidos…», pensó el castaño.
&
2 días después:
Pasaron exactamente 2 días, 48 horas exactas desde que dieron a Bill por muerto.
Sin comida, y luchando por mantenerse con vida, el pelinegro lo único que vió pasar frente a sus ojos eran las nubes moviéndose con tranquilidad, mientras el sol se escondía con el pasar de los minutos. No supo el por qué seguía aguantando aquel calvario, tal vez su sentido de supervivencia básico le gritaba “¡hey, despierta, aún tienes cosas maravillosas por hacer!” —o eso quería creer—.
Sabía que no podía quedarse más tiempo ahí, sino en verdad moriría por inanición. Así que soportando el dolor en todo su cuerpo Bill decidió sujetarse con mayor firmeza de las raíces subacuáticas de los árboles, resbaló en el proceso pero eso no lo detuvo.
—Agh, carajo… —murmuró con dolor para sí mismo, luchando por llegar a la orilla del río ya que la corriente era demasiado violenta que sentía que en cualquier momento se lo llevaría.
Como pudo, finalmente llegó hasta lo menos hondo del agua, se sintió aliviado pero ahora venía lo más difícil: Tratar de impulsarse con sus brazos fuera del río.
Debatió mentalmente si rendirse y aceptar su destino. Pero no fue así, a Bill muchas veces le sorprendía su capacidad de resiliencia ante situaciones de vida o muerte, porque estaba acostumbrado a tener que lidiar con ese tipo de cosas desde que tenía alrededor de 5 años.
—No moriré de esta manera tan patética y miserable —aquello fue más como un auto-empujón emocional, pues en cuanto murmuró aquello reunió la adrenalina, instinto de supervivencia y dignidad en una sola acción y así impulsarse con sus brazos hacia el exterior del agua.
Soltó un grito desgarrador cuando sintió la presión de su cuerpo contra sus costillas luxadas, y una vez que estuvo fuera del agua, vomitó sangre nuevamente. Quedó boca arriba, con la mirada perdida en el cielo azul, y sonrió, como un tonto descerebrado antes de palpar con la yema de sus dedos sus labios resecos y deshidratados. Se acercó un poco al arroyo y estiró sus manos con dolor para juntar agua en estas y tomar aunque sea un poco de líquido.
No sabía qué hora era, ni a qué fecha del mes estaba. Lo único que tenía en mente era poder llegar a la carretera con vida y pedir auxilio. Así que con la idea en mente de soportar hasta donde pudiera, Bill caminó —o más bien se arrastró— sobre la tierra y hojas secas del bosque.
&
Las 11 en punto de la mañana marcaba el reloj de su celular, Evan se mantenía serio y al margen ante lo ocurrido, evitando dar información concreta del paradero de Bill. Varios profesores le preguntaron por el pelinegro ya que no se había presentado en 2 días consecutivos, lo cual les pareció extraño ya que siempre asistía a clases.
Porque después del espectáculo que Tom, Bill y él dieron estaba claro que no pasarían desapercibidos por nada del mundo. Cuando llegó a su casillero y al abrir la puerta de este ahogó un sollozo al ver la fotografía del pelinegro y él abrazados mientras Bill sostenía el pequeño pastel de cumpleaños que le regaló aquella ocasión al castaño. No quería seguir torturándose con la idea de que su ex mejor amigo estaba muerto.
Así que arrancó la imagen de su locker y la aventó a un bote de basura.
Recogió sus respectivos libros de la clase siguiente fingiendo que todo estaba bien y harto de tener que dar explicaciones de que Bill se encontraba enfermo.
—¿A qué clase vas…? —interrumpió alguien de la nada detrás de Evan ocasionando que pegara un brinco en su lugar por el susto.
—¡Mierda Tom, no hagas eso, me espantaste! —reclamó el castaño sujetando su pecho con la palma de su mano derecha. El nombrado se encogió de hombros apenado.
—Perdón… —rascó su nuca, y suspiró—. ¿Ya pensaste cómo vamos a arreglar la situación con este Jorg? —murmuró lo más bajo posible y vigilando que nadie los escuchara.
Evan miró a ambos lados de igual manera un tanto paranoico y respondió—. Que te quede claro que tú y yo no somos amigos —lo señaló con el dedo—, esto lo hago por Bill, no por ti, imbécil.
Tom rodó los ojos, y no le quedó de otra más que asentir levemente. Quiso seguir hablando, pero de la nada, una notificación al celular de Evan captó la atención de ambos.
Frunció el entrecejo con curiosidad al ver la expresión estupefacta de Evan mientras observaba la pantalla de su celular con total sopresa.
—¿Pasa algo? —alzó una ceja.
—N-no no puede ser… Es imposible —murmuró pasmado, sin poder creer lo que veía. Tom se desesperó.
—¿Qué pasa?, mierda dime Evan… —insistió antes de arrebatarle el celular de las manos al castaño quien parecía seguir en shock—. ¿Y qué es esto…? —cuestionó sin entender qué fue lo que hizo que Evan reaccionara de aquella manera.
El castaño le quitó el celular de las manos a Tom, y suspiró pesadamente antes de hablar—. Antes de que ocultamos el cuerpo de Bill, yo le puse un rastreador en su muñeca, lo hice pensando que esa sería la única manera de ir a un lugar al menos para llorarle sin que nadie me juzgara… Y saber dónde se encontraba.
Un silencio incómodo por parte de ambos se adueñó de la situación.
—¿Sí… Pero sigo sin entender por qué…?
—El rastreador no cambia de ubicación a menos que la persona que lo tenga se mueva de lugar… —soltó de golpe.
Y ante aquella afirmación, la expresión de Tom pasó de ser confundida a una llena de preocupación.
—Eso quiere decir que…
—Puede que Bill esté con vida, o alguien más haya encontrado el cuerpo…
—¿Qué…? —sintió que la presión se le bajaba, parpadeó repetidas veces sin creer en alguna posibilidad de que el pelinegro estuviera con vida—. Llama a Jorg, si seguimos las coordenadas del rastreador puede que demos con él.
Evan asintió, así que marcó al número del señor Kaulitz con rapidez, cuando Tom estuvo a punto de decir algo más la expresión del castaño enfrente de él hizo que se volteara para averiguar nuevamente su cambio de actitud tan drástico.
—¿Y ahora qué mierda pasa Evan…?
—¿Usted es Tom Tümper? —preguntó un oficial de policía. Y el nombrado asintió con algo de temor en su mirada—. Queda detenido como presunto responsable de la desaparición de Bill Kaulitz.
—¿Q-qué mierda…? —murmuró Tom, abrumado por la situación y sintiendo cómo le ponían las esposas.
—Tiene derecho a guardar silencio, todo lo que diga podrá ser usado en su contra y tiene derecho a un abogado —finalizó.
Evan se mantuvo quieto sin saber qué hacer o qué decir mientras que del otro lado de la línea se escuchaba la voz de Jorg a través de su celular.
—¿Evan, sigues ahí…? ¡Evan… Me lleva jodida mierda contesta!
—S-señor Kaulitz… —murmuró el castaño por lo bajo y tratando de evitar que alguien más lo escuchara, pues tan pronto llegó la policía el pasillo se llenó de maestros y estudiantes entrometidos que susurraban entre ellos quién sabe qué cosas a sus oídos.
—¡Vaya, hasta que te dignas en hablar! —exclamó Jorg del otro lado de la línea.
—La policía se acaba de llevar a Tom… Ya están al tanto de que Bill está desaparecido pero justo antes de que llegaran por él, Tom y yo creemos que Bill no está muerto… —susurró, alejándose discretamente del tumulto de gente para encerrarse en los baños de la universidad, se cercioró de que no hubiera nadie dentro y finalmente pudo hablar con total libertad.
—¿De qué mierda hablas, Howard? —espetó Jorg en un tono cortante.
—Le puse un rastreador a Bill antes de que fuéramos a ocultar su cuerpo, pero la señal está activa y acaba de moverse, está vivo, o al menos eso es lo que pensamos Tom y yo, tampoco descartamos la opción de que alguien más haya encontrado el cuerpo… —relamió sus labios con nerviosismo, e hizo una larga pausa—. Por favor, ayúdanos… —suplicó en un susurro desesperado, apretó el teléfono con tanta fuerza que los nudillos de sus manos se pusieron blancos.
Mientras que del otro lado de la línea se instauró un pequeño silencio, Evan escuchó la respiración pesada de Jorg imaginando que el señor Kaulitz en ese instante estuviera ideando las mil y un maneras de asesinarlos a ambos. Pero no le convenía, porque aquello conllevaba destapar toda la red de tráfico que venía administrando desde ya hace varios años.
—Mándame las coordenadas exactas de inmediato —ordenó con frialdad—. Me encargaré de este asunto con la policía y sacaré a Tom de ahí antes de que abra su estúpida boca.
Evan por su parte soltó un suspiro lleno de alivio al escuchar aquello.
—Gracias…
—Y no hagas otra estupidez, mandaré un equipo de rescate para que se vean en un punto medio y puedan encontrar a Bill. Si sigue con vida encárgate de que nadie más lo encuentre antes que nosotros —finalizó, cortando la línea de golpe.
Continúa…
Gracias por la visita. Te invitamos a seguir leyendo y a dejar un comentario 😉