En los huesos del cadáver 16

Fic Toll de AndyKltz

Capítulo 16

Lo llevaron casi arrastrando su cuerpo hasta la camioneta blindada, mientras que el pelinegro trataba de aferrarse a lo que encontrará pidiendo auxilio con desesperación. Ayuda que nunca fue proporcionada.

—¡N-no… papá por favor, Tom…! —seguía gritando. Aunque sabía que nadie lo salvaría Bill confiaba plenamente en que alguno de ellos fuera en su rescate.

—¡Cierra la puta boca Kaulitz! —exclamó Aaron dando un fuerte golpe en el vientre bajo del pelinegro, acción que hizo que el oxigeno se le escapara por microsegundos. A la fuerza subieron a Bill al vehículo y arrancaron sin darle tiempo de siquiera escapar.

Dentro de la camioneta pudo ver que habían tres hombres más. Aaron se subió en la parte del copiloto acompañando al señor Muller.

—Qué bonita perrita acabas de traer —exclamó uno de ellos acariciando el rostro de Bill con morbosidad soltando un chiflido, como si lo que acabase de decir fuese un cumplido; el cual el pelinegro no aceptó y atinó con guardar silencio mirando a aquel tipo con asco.

—¿Verdad que sí? —respondió Aaron con una sonrisa ladina, volteando a ver a Bill con una expresión victoriosa. Regresó su mirada burlona hacia el frente del camino y espetó por último—. Hagan lo que quieran con él.

Los tres sujetos se observaron entre sí con una expresión la cual Bill no supo cómo interpretar, lo único de lo que estuvo consciente después de eso fue que cerró los ojos con fuerza preparándose mentalmente para lo que venía.

—¿Qué será lo que esconde esta puta debajo de esa ropa? —murmuró uno. Dos de ellos sujetaron al pelinegro de ambos brazos.

—¡N-no…! —gritó Bill con terror moviéndose en un intento de liberarse, pero era imposible.

Así que sólo aceptó lo que estaba por ocurrir. Su garganta ardió cuando sintió que el oxígeno se le escapaba de los pulmones en un grito doloroso; fue ultrajado por los tres hombres que parecieron no tener una pizca de compasión, dejando inconsciente a Bill y repleto de golpes por todo su cuerpo, al punto de que vomitó sangre e intentaba no ahogarse con ella.

Fue humillado, grabado con un celular y sometido sin tener oportunidad de defenderse; cercenaron pedazos de su piel con una navaja estando el pelinegro consciente de lo que pasaba a su alrededor. Quemaron sus piernas con un encendedor y, por si aquello no les pareció suficiente, fracturaron la nariz de Bill gracias a que uno de aquellos hombres golpeó su rostro con la suela de un zapato, dejándole el rostro magullado y poco reconocible.

Seguía intentando recuperar el aire en bocanadas cortas y desesperadas. Bill creyó que habían acabado con él, así que dejó escapar un gélido suspiro de alivio tratando de no cerrar sus ojos y quedar inconsciente.

El pelinegro se percató de que, en una de las esquinas de la camioneta, su celular había caído de su bolsillo; pensó en aprovechar la oportunidad de que los matones estuvieran distraídos y bromeando entre ellos, así que de manera discreta estiró su temblorosa y débil mano hasta el móvil, logrando alcanzarlo.

«Papá…», fue la primera persona en la que pensó en ese instante que por lógica tenía la capacidad de ir en busca de él y con el equipo adecuado para iniciar una operación de rescate. ¿Ridículo, cierto?

Así que abrió la marcación y digitó el número de Jorg en la pantalla, manchándola un poco de la sangre que sus manos tenían, pero cuando estuvo a punto de teclear el último dígito, Bill escuchó a lo lejos, en un eco, lo que uno de aquellos hombres dijo. Se paralizó, así que empujó el móvil debajo de su cuerpo con rapidez.

—¿Cómo haremos para desaparecerlo y que no lo reconozcan, le quitamos la piel de la cara…? —le preguntó uno de ellos a Aaron, el mencionado volteó a verlo con una expresión desinteresada para después fijar su mirada en Bill quien luchaba por mantenerse consciente. Ambos conectaron sus ojos mientras que el pelinegro, con una expresión vacía y perdida murmuró algo que sólo Aaron pudo entender al leer los labios de Bill.

«Por favor…», fue lo que su boca alcanzó a gesticular mientras parpadeaba con pesadez y su pecho subía y bajaba con dificultad intentando conseguir algo de oxígeno. Estaba seguro que le habían roto las costillas. Se quedó rendido sobre el piso de la camioneta pegando su rostro ensangrentado sobre la alfombra.

Aaron por su parte chasqueó su boca, antes de empujar el interior de su mejilla con su lengua observando a Bill con una expresión distante. Así que no supo de dónde sacó fuerza y volvió a suplicar un.

—A-aron p-por favor… —murmuró en voz alta. 

Y finalmente sus ojos se cerraron por el dolor punzante, no supo sí su cuerpo iba a ser tirado como basura en una fosa común o torturado hasta la muerte. Tampoco estuvo consciente de quién abrió la puerta de la camioneta una vez que llegaron a su lugar de destino.

Aaron les hizo una seña a los 3 sujetos en son de negación a lo que ellos obedecieron. Se bajaron de la camioneta dejando a Bill solo luchando por su vida ya agonizando.

—Si muere tú también lo haces —advirtió el señor Muller al oído de Tom, quien los esperaba en la entrada de la casona de seguridad en un terreno baldío y totalmente alejado de la ciudad; donde nadie los pudiera encontrar.

Tom tragó saliva con dificultad y asintió por lo bajo. Dejaron la vida de Bill en manos de aquel “idiota” —según Aaron— y Tom se apresuró a abrir la puerta de la camioneta, llevándose una desagradable sorpresa.

La escena que vió fue tan impactante que no le dió tiempo de seguir respirando con normalidad pues cerró la puerta de golpe y vomitó lo poco que había comido ese día. Respiró con pesadez sin creer lo que sus ojos habían presenciado, y se armó de valor, cerrando sus ojos con fuerza; volvió a abrir la puerta de la camioneta sintiendo sus músculos tensarse.

—¿Q-qué mierda te hicieron…? —murmuró en completo estado de shock, sus labios temblaron tratando de aguantar el llanto. Su mirada viajó por todo el interior de la camioneta hasta posarse en una de las esquinas donde habían tirado un tubo de metal, el cual tenía sangre seca cayendo en cuenta que era del pelinegro. 

Tom se acercó hasta Bill y volteó con delicadeza el cuerpo desnudo del contrario, vió cómo el área de sus costillas estaba hundida señalando una luxación de los huesos de su caja torácica; su boca, cabello y manos estaban llenas de sangre, al igual que su parte trasera. Supo que aquellos cerdos habían introducido el tubo de metal dentro del pelinegro al ver el desgarro en esa zona.

Su apariencia era irreconocible, y Tom estaba consciente que si no actuaba rápido Bill moriría ahí mismo. Así que sacó un celular de su bolsillo y tecleó con sus manos temblorosas el número.

—¿Qué mierda quieres Tom, estoy ocupado? —contestaron del otro lado de la línea.

—Ocupado mi culo, Andreas, necesito tu ayuda ahora mismo —respondió tratando de sonar tranquilo, pero aquello sonó más a una orden. Con sus dedos intentó checar el pulso de Bill percatándose de que aún latía; muy leve, pero aún resistía.

Un corto silencio del otro lado de la línea desesperó a Tom; estuvo a punto de soltar mil y un insultos hasta que el tal Andreas se dignó a responder.

—¿Y qué recibo yo a cambio? —murmuró, con un tono seductor. Claro que Tom sabía a qué se refería.

—Mira, maldita rubia oxigenada, pelos tiesos de estropajo —enojado, pasó sus manos por sus rastas desamarradas—. Prometo que te lo compensaré, pero ayúdame, sólo por esta vez —suplicó. 

El suspiro de Andreas en la llamada se escuchó como un ligero eco dejando a Tom con la incertidumbre a flor de piel, hasta que al fin contestó.

—¿Y cuál es la urgencia, si se puede saber?

—Es mi… —se detuvo, pensando si decir aquello era buena idea, así que no le quedó de otra más que confesar—. Es mi novio.

—Ya veo… ¿Fueron los Muller verdad? —Tom estaba seguro que Andreas ya estaba mofándose de la situación, el poco tiempo que llevaban de conocerse nunca lo había escuchado tan preocupado.

—Sí Andreas, fueron los Muller —rodó los ojos sintiéndose desesperado porque cada que pasaban los minutos sentía que Bill cruzaría al siguiente plano astral—, y deja de interrogarme como si fueses un agente de policía.

—Mira imbécil, si no me compensas esto bien te juro que te jodo yo mismo ¿me oíste? —amenazó.

—¡Que sí; mierda, apúrate…!

—Hablaré con Jorg dame un minuto.

—¡A ese imbécil le importa un bledo lo que le pase a su hijo, Andreas, no me jodas! —exclamó Tom con incredulidad jalándose el cabello.

—¡Bien entonces que se muera tu novio y a ver cómo mierda te las arreglas tú solo, adiós…! —estuvo a punto de colgar, pero Tom lo detuvo.

—¡Bueno ya, entonces llama a Evan yo qué sé…! —alegó con frustración.

Andreas suspiró del otro lado de la línea, y finalizó tajante contestando—. Traelo rápido donde siempre, ¡y que nadie te vea imbécil! —cortó de golpe la llamada.

Así que Tom una vez obtuvo aprobación por parte de Andreas cargó el cuerpo de Bill, fue ahí que el pecho del de rastas dolió como nunca antes al escuchar las súplicas de Bill quien intentaba mantenerse con vida.

—P-por favor no, ya no… —murmuró el pelinegro a media consciencia, con los ojos cerrados e intentando alejar a Tom pensando que era uno de aquellos tipos que lo habían torturado. 

Fuera de aquella faceta imponente y peligrosa que Bill siempre aparentaba, aquel momento era el más vulnerable en el que Tom pudo caer en cuenta de que Bill era una persona demasiado buena a la que le pasaron cosas atroces durante toda su vida.

—Tranquilo Bill, amor soy yo, Tom. Trata de mantener los ojos abiertos, corazón por favor no te duermas —pidió Tom preocupado y con algo de esperanza al ver que el pelinegro aún daba señales de vida.

Acto seguido, se subió a otra de las camionetas con vidrios polarizados, una donde sabía que no había un rastreador integrado. Sería muy tonto meterse en un vehículo con GPS y evidenciar la ubicación exacta del lugar donde trabajaba Andreas para seguir desviando los fondos del negocio de los Muller.

Sólo que un detalle importante, Tom tenía que esperar a que Evan cambiara la señal del rastreador que le habían puesto a él —un brazalete incrustado en su muñeca—. Así que esperó unos cuantos minutos hasta que le llegó una notificación a su celular por parte de Andreas, sonrió victorioso y miró a Bill por unos segundos a quien después cubrió su cuerpo con su sudadera.

«Resiste Bill, yo sé que puedes…», pensó, antes de poner en marcha el carro y arrancar con fuerza.

&

—¿Así que Kaulitz dejó que vinieras? —exclamó Andreas cruzándose de brazos observando a Evan de pies a cabeza, como si quisiera descubrir algo que el castaño le ocultaba. Por su parte el mencionado rodó los ojos y apretó su quijada sin contestarle, no quería recordar la manera en la que pudo obtener permiso para escaparse un rato de las manos de Jorg, le daba asco.

 —Cierra la boca —suspiró con fastidio, posando una mano sobre su cintura sintiéndose impaciente con el pasar de los minutos pues no había noticias de Tom. Ambos se encontraban en lo más recóndito del bosque afuera de una casa de dos pisos con garaje integrado en donde Andreas y Evan improvisaron una sala con el equipo médico necesario antes de que Tom llegara con Bill y pudieran atenderlo.

El rubio ladeó su cabeza, y con una sonrisa burlona tocó con su dedo índice el cuello de Evan donde parecía tener una mancha roja de gran tamaño, por inercia el castaño se alejó de Andreas con un quejido.

—¡Auch, oye no me toques imbécil! —apartó su toque de un manotazo. El contrario soltó una pequeña risa y contestó.

—¿Dejaste que te follara Howard, es en serio? —alzó una ceja mofándose de la situación.

Evan por su parte le dedicó una mirada frívola al rubio antes de rodar los ojos—. Sí, Andreas, lo hice —suspiró.

El contrario siguió observando al castaño con una sonrisa burlona y cuestionó nuevamente.

—¿Debes de querer mucho a ese tal Bill como para hacer semejante estupidez? 

Evan en cambio guardó silencio y dejó que su mirada se perdiera en cualquier punto del lugar. Sintiendo el peso de aquellas palabras dejando que una sonrisa genuina y llena de nostalgia adornara el rostro del castaño.

—Fue mi primer amor, me volvería loco si se va de mi lado —respondió con total sinceridad—. Y fui tan estúpido que hubo un momento en que sí lo perdí por completo.

—Ya veo… —Andreas chasqueó su lengua sonriendo ladino, ambos guardaron silencio por cortos segundos dejando que el aire del exterior pegara contra sus rostros, hasta que el rubio interrumpió nuevamente—. Oye, ¿y de casualidad sabes por qué los Muller se llevaron a tu “amorcito”? —ironizó haciendo comillas.

Evan suspiró, y respondió cortante.

—Tal vez lo sepa, pero es algo que no te concierne de estar al tanto —sonrió burlesco—. Puede que te diga, no lo sé ¿qué tal chupas pollas…? —le guiño el ojo. Evan quiso soltar una carcajada al ver el rostro sonrojado de Andreas quien no supo qué responder por tal atrevimiento.

—¿Estás intentando coquetearme…? —el rubio hizo una mueca llena de incredulidad. Evan rió por lo bajo mofándose de la reacción de Andreas, pasó de lado del chico acariciando con delicadeza su cabellera y contestó.

—No fue coqueteo, fue insinuación —espetó, antes de entrar al garaje de  la casa dejando sólo a Andreas y con la palabra en la boca.

El rubio mantuvo silencio sintiendo sus mejillas demasiado sonrojadas. La vergüenza se le pasó cuando a lo lejos pudo ver una camioneta dirigirse a toda velocidad a la casa, supo que era Tom así que le alumbró con una lámpara de mano para evitar que cayera en una trampa donde escondían el dinero y las armas.

Vió cómo el de rastas se bajó apresurado del vehículo cargando a Bill en sus brazos. Tapó su boca mostrando sorpresa al ver el estado en el que venía el pelinegro y dijo.

—¡Por la mierda Tom, está más muerto que despierto..!

—¡Cierra la puta boca Andreas…! —lo pasó de largo apresurándose a entrar al garaje de la casa, y el rubio le siguió el paso casi pisándole los talones, cuando estuvieron dentro Andreas cerró el portón de la cochera para tener mayor privacidad y que no les llegara algún tipo de sorpresa.

—¡Ayúdame a ponerlo en la camilla! —ordenó Evan, Tom asintió y auxilió al castaño, el cual quiso llorar al ver el estado en el que Bill había llegado—. ¿Qué mierda fue lo que te hicieron Bill…? —susurró Evan acariciando con preocupación el cabello azabache del chico.

Analizó con detenimiento el cuerpo magullado del pelinegro determinando de forma instantánea el traumatismo en su caja torácica.

—¿Crees poder hacer algo…? —preguntó Tom cruzado de brazos al ver a Evan inspeccionar cada parte del pelinegro.

—Cierra la boca Trümper no me dejas escuchar —Evan exclamó enojado, pasando el estetoscopio por casi todo el pecho del pelinegro, intentando encontrar alguna anomalía que le hiciera confirmar su teoría. Palpó la zona de las costillas de Bill y contestó—. Creo que tiene paro cardiorrespiratorio secundario a politraumatismo severo, shock hipovolémico grado 4 y colapso pulmonar por tórax inestable.

Andreas y Tom se voltearon a ver con total confusión, haciéndose muecas mutuamente, y regresaron su mirada a Evan, quien se dio cuenta de que no le entendieron ni una joda a lo que se refería.

—¿Que tiene qué…? —espetó Tom con el entrecejo fruncido.

En cambio, Evan rodó los ojos y dejó caer el estetoscopio con un golpe seco sobre la bandeja metálica a su lado. Se quitó los guantes de látex que se puso en un inicio, mientras se apuraba a rasgar la ropa del pecho de Bill con unas tijeras quirúrgicas para prepararse y comenzar con las maniobras de reanimación, así que sin mirarlos a ambos y concentrado en hacer cuidadosamente RCP les respondió:

—Traducido en lenguaje sencillo, idiotas, su cuerpo colapsó por completo —explicó Evan con la voz temblorosa por el esfuerzo que conllevaba reanimar a una persona, tomando las paletas del desfibrilador y cargándolas con rapidez—. El politraumatismo significa que le destrozaron todo el cuerpo a golpes, el shock hipovolémico es que perdió tanta sangre que el corazón se quedó sin nada y ya no tiene líquido para bombear; y el tórax inestable es porque tiene tantas costillas rotas que los pulmones se le colapsaron y se está ahogando por dentro con su propia sangre. Su corazón está a punto de detenerse…

—¿Qué…? —fue lo único que pronunció Tom al escuchar eso, observando cómo Evan hacía todo lo posible por reanimar al pelinegro.

—Me lleva la mierda… No, no ¡Bill despierta, Bill por favor! —exclamó con angustia al ver que el cuerpo del pelinegro no reaccionaba en lo absoluto, confirmó aquello al checar su pulso imperceptible. 

Fue ahí donde Evan perdió el equilibrio, sin saber qué hacer o decir al respecto.

—¿Evan… Qué sucede? —murmuró Tom con preocupación, casi en un grito, acercándose cautelosamente al cuerpo del pelinegro. Evan por su parte se reincorporó manteniendo silencio e instaurando mayor angustia en Tom—. ¡Mierda Evan dime qué pasa…! —se desesperó, y golpeó con fuerza la mesita de metal de su lado donde reposaban gasas manchadas de sangre. 

Un suspiro ahogado por parte del castaño le hizo saber a Tom que nada estaba bien, observó cómo el labio inferior de Evan tembló por contener el violento llanto, y habló.

—Y-ya no tiene pulso… —murmuró, dejando que una lágrima resbalara por su mejilla la cual limpió con rapidez, tragándose un sollozo lastimero—. Sus pupilas están dilatadas, Tom; se quedó sin saturación no hay nada, sólo mira el oxímetro —señaló por último el aparato que usualmente se pone en el dedo de la persona para checar su ritmo cardiaco y oxigenación.

Andreas, quien estaba presenciando todo recargado sobre el portón del garaje cubrió su boca con su mano mostrándose consternado y sin saber cómo apoyar moralmente a aquel par. Era mejor que no soltara nada por respeto, así que se calló y agachó la cabeza queriendo evitar aquella incómoda escena. «Pobre chico…», fue lo que pensó al ver el cuerpo de Bill prácticamente sin vida y postrado en aquella camilla.

En cambio Tom se mantuvo gélido, sin poder articular algo como si fuese una estatua. Su labio tembló y acto seguido soltó en llanto, dejó caer su cuerpo sobre sus piernas casi arrastrándose hasta Bill tomando la mano fría y algo azul del pelinegro. Quitó unos cuantos mechones de la frente de Bill y posó un doloroso beso en la mejilla de su expareja.

«Todo es mi culpa…», pensó Tom mientras lloraba desconsoladamente sobre el pecho del pelinegro, y sí, gran parte de eso Tom había sido el responsable de que se llevaran a Bill, pero si no lo hacía ahora su padre y hermana estarían tres metros bajo tierra. 

Evan se tragó sus lágrimas para sí mismo y pasó de largo a Tom dispuesto a salir del garaje, con la expresión distante. Como si lo que acabara de pasar no tuviera peso emocional en el castaño.

Pero para el castaño era mejor evitar aquella escena dolorosa y negarse a aceptar que su mejor amigo, estaba muerto, y lo que más le dolía es que Bill partió de ese mundo pensando que lo había traicionado nuevamente de la forma más cobarde y cruel posible. No fue así… Evan le prometió que haría todo para recuperar su confianza, y lo hizo; pero terceros irrumpieron en sus planes.

—Tienes que apurarte a salir de aquí, Tom, sino los Muller van a encontrarnos y ahora sí todos estaremos muertos —murmuró Evan, tocando el hombro del contrario, pero Tom se aferró más al cuerpo de Bill, sin querer separarse de él.

—E-es mi culpa Evan, t-todo es mi culpa… 

Evan mordió su labio inferior intentando encontrar las palabras adecuadas y no soltar mierda a Tom por rectificar que en efecto, había sido culpa del chico.

—Puede que sí tengas cierta responsabilidad con esto… —hizo una pausa mirando fijamente a Tom, y el contrario alzó su mirada acuosa hacia Evan—. Pero de no haberlo hecho, tu hermana no estaría viva. Tom, también tengo culpa en esto, pude haber actuado antes y probablemente Bill siguiera con vida.

Un silencio se instauró en el ambiente, Andreas quien no quiso intervenir en aquella situación finalmente habló.

—Yo no sé qué tipo de relación tenían ustedes dos con este Bill —murmuró por lo bajo, con nerviosismo de no estropearlo, pues Evan y Tom lo miraron con el ceño fruncido—. Lo que sí sé, es que en este tipo de ambientes nadie sale ileso… O a veces uno tiene que sacrificarse por todos —finalizó.

Y era cierto, Bill fue quien siempre se llevaba la mayor parte de los problemas durante casi toda su vida, Evan se negaba a que el pelinegro siguiera en ese concepto de “mártir” a la vista de los demás. Porque no lo era, y lo confirmó cuando Andreas de la nada sacó una memoria entregándosela a Tom, quien miró al rubio con el ceño fruncido.

—¿Por qué me das esto? —espetó confundido, limpiándose los restos de lágrimas antes de incorporarse.

Andreas miró de reojo a Evan como si lo que acababa de hacer fuese lo peor del mundo, claro que el rubio notó la expresión confundida del chico por lo que suspiró pesado. Sacó otra memoria y prosiguió a dársela a Evan.

—Me las envió Jorg —apretó sus labios con nerviosismo—. No sé qué tengan guardadas pero me pidió de favor que le entregara una a cada uno de ustedes.

Evan y Tom se miraron entre sí, curiosos por saber qué contenía la memoria que cada uno tenía. 

—Tom, ya vete, estoy seguro que te están buscando —murmuró Andreas. Y el de rastas asintió.

—Voy contigo —exclamó Evan, y Tom lo miró con sorpresa.

—Evan, el del problema soy yo no tú. 

Por su parte el castaño suspiró, y contestó tajante.

—¿Y qué piensas hacer con el cuerpo, uh? —alzó una ceja, Tom mantuvo silencio observando con una expresión dolorosa el rostro magullado de Bill.

—Tú solo sígueme —musitó por lo bajo, pensando en algún plan. Cargó con delicadeza el cuerpo de Bill antes de que se subieran a la camioneta mientras Andreas vigilaba a los alrededores.

—Tengan cuidado… —murmuró el rubio cuando Tom bajó la ventanilla del vehículo. Este asintió y se puso nuevamente una capucha que cubría por completo su rostro.

Evan se subió en los asientos traseros con el cuerpo de Bill a su lado, dejó que la cabeza del pelinegro descansará sobre sus piernas mientras que Tom se dispuso a conducir. No sabía a dónde iban pero de lo que sí estaba seguro es que no dejaría a Bill solo una vez más, se quedaría hasta el final con el pelinegro aún si eso implicaba poner en riesgo su vida.

Sus labios temblaron queriendo romper en llanto cuando acarició la cabellera negra de su amigo y retiró unas cuantas rastas blancas de su cuello, percatándose que también intentaron ahorcarlo con alguna especie de soga por las marcas en su garganta.

«Perdón por no estar ahí contigo cuando pude evitarlo a tiempo…», pensó Evan. Y acarició con delicadeza los brazos fríos y llenos de hematomas del pelinegro. Sacó de su bolsillo una de las pulseras con GPS incluido, pensando que de aquella forma sabría dónde encontrar a Bill después de que se vieran en la necesidad de esconder su cuerpo para que no fueran descubiertos. Y se la puso, el click en su pálida muñeca hizo un sonido desagradable escuchando cómo los huesos de la zona crujían, pues tenía picos afilados que se incrustaban en la piel una vez puesta.

De manera inmediata, la notificación de conexión le llegó al celular, tal vez de esa manera podría sentirse más tranquilo.

Cuando la camioneta paró, Tom se bajó de la camioneta antes de abrir la puerta trasera del vehículo, Evan se bajó con la ayuda del contrario mientras cargaban el cuerpo de Bill de los brazos y tobillos.

—Tom, no puedo hacer esto.. —murmuró Evan con dolor cuando estuvieron enfrente de un río. Tom alumbró el agua cristalina con su lámpara percatándose de la profundidad.

—No tienes que hacer esto, déjamelo a mí —contestó, así que Evan asintió, antes de agacharse hasta el cuerpo de Bill y plantar un beso cariñoso en la frente del pelinegro, se acercó hasta su oído y susurró algo que probablemente Bill hubiese escuchado con claridad si tan sólo estuviera consciente.

—Prometo no dejarte otra vez solo, perdóname Bill… Por favor perdóname.

Una vez dijo aquello, Evan se separó del pelinegro y dejó a Tom solo con el cuerpo de Bill, se subió a la camioneta sin decir nada. Y cuando estuvo dentro del vehículo el castaño dejó que sus emociones explotaran en un grito doloroso el cual Tom pudo escuchar perfectamente desde afuera.

Una lágrima resbaló por la mejilla de Tom así que se apresuró a terminar con todo eso, no quería seguir viendo más aquella escena tan cruel. El de rastas, al igual que Evan, plantó un beso sobre los labios agrietados de Bill sintiendo el sabor salado de sus lágrimas. Porque para Tom Bill aún seguía vivo, y quería que se fuera con el recuerdo del tacto de sus labios.

Se separó de Bill con un gesto lleno de tristeza, y cargó el cuerpo del pelinegro hasta la orilla del río. Debatiendo mentalmente si aquella era buena idea, pero lo hizo, sumergió el cuerpo de Bill observando con la luz de su lámpara cómo se perdía en las profundidades del agua.

—Esto no se queda así… Te lo prometo Bill —murmuró Tom para sí mismo, convenciendose que el pelinegro tendría justicia por cuenta suya. Puede que lo que tenía en mente hacer no regresaría a la vida a Bill, pero la satisfacción que se llevaría de hacer sufrir a todos los que lastimaron a su exnovio no tendría precio. Porque Tom no quería justicia, necesitaba venganza.

Continúa…

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por admin

Traductora del fandom

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