
Fic Toll de AndyKltz
Capítulo 15
—Con un carajo… Me lleva la mierda… —murmuró Bill casi desvistiéndose dentro del baño. Evan lo había llevado a rastras esperando que la “calentura” se le pasara.
—¿Ya se te bajó…? —preguntó Evan tocando la puerta de uno de los cubículos donde se refugió Bill.
—¡Te juro que yo mismo te mato de un navajazo en la garganta Howard! —gritó, antes de salir del baño con las mejillas todas sonrojadas por el cambio drástico de temperatura. Evan dirigió su mirada a la entrepierna de Bill la cual aún se marcaba debajo de los pantalones del pelinegro.
—Joder, estás demasiado empalmado… —rascó su nuca con nerviosismo.
—¡Pero claro que lo estoy, eres un imb… Ay Dios mío! —no pudo completar la frase porque con el simple roce de su ropa interior sentía el cosquilleo en su entrepierna cada vez más fuerte. Por lo que abrazó su abdomen evitando soltar un jadeo.
Evan y Bill se vieron cómplices mientras el pelinegro, aún indeciso de si contestar la llamada o no, frotó su barbilla con algo de miedo.
—¿No que lo habías bloqueado? —cuestionó Evan cruzándose de brazos, pero Bill lo calló posando su dedo índice sobre sus labios.
—Al que debería haber bloqueado es a ti —rodó los ojos.
—Bill, carajo, ya me disculpé. ¿Qué más quieres que haga, hombre? —espetó con fastidio, pues ya había perdido la cuenta de todas las veces que rogó por el perdón de su… ¿amigo? Evan no estaba seguro si habían arreglado su amistad.
—Que te arrastres y sigas suplicando por mi perdón, perra —respondió Bill con una sonrisa socarrona, y Evan sólo se encogió de hombros. No podía objetar contra eso.
Así que sin decir más el pelinegro contestó la llamada, puso el altavoz.
—¿Sí…?
—¿Dónde estás? —habló Tom del otro lado de la línea. Bill frunció el entrecejo por el tono molesto en el que lo dijo.
—¿Por qué tendría que decirte? —alzó una ceja.
—Te fuiste con Evan a quién sabe dónde, ¿tengo derecho a saber no? —respondió con frialdad.
Por su parte Bill estuvo a punto de soltar una carcajada, pero Evan interrumpió arrebatándole el celular al pelinegro de la mano.
—¿A qué le tienes miedo Tom? —cuestionó, posando una mano sobre su cintura. Un corto silencio incómodo se adueñó del ambiente. Bill se mantuvo callado expectante a todo lo que Evan estaba a punto de decirle a Tom.
—¿Dónde mierda están? —respondió tajante, pero por el tono de su voz Bill ya se imaginaba al de rastas con la quijada endurecida y echando fuego por las orejas por el coraje.
Evan sonrió con burla y dijo—. Escucha Tom —fingió quitarse la mugre de sus uñas, con desinterés—, tu querido ex-novio se tomó una viagra hace como 10 minutos, así que si no te importa deja que lo ayude a solucionar esta situación —hizo una pausa—Ah, y por cierto, Tom… Se me olvidaba; cojo mejor a tu ex que tú en una sentada —Remató en un tono cínico y cortó la llamada sin darle tiempo de responder, mientras Bill se le quedaba mirándolo en completo shock.
—¡Qué mierda te pasa…! —intentó reclamar, pero Evan rodó los ojos y aventó el celular de Bill sobre la mochila del pelinegro.
—Cállate —musitó cortante, y sin darle tiempo de responder, acorraló de imprevisto el cuerpo del pelinegro contra la pared. Y apretó sin escrúpulo alguno la entrepierna del contrario.
—¡Evan qué mierda…! —intentó apartar a Evan pero no contó con soltar un gemido ante el toque del castaño cuando el contrario atacó sus labios y atrajo su cuerpo tomándolo de la cintura.
Acción que lo excitó pues jadeó con placer al sentir el roce de las manos del contrario sobre la piel de su abdomen. Fue ahí donde Bill mandó su dignidad al carajo, necesitaba atención, y si aquel momento era el indicado para calmar semejante calentura estaba dispuesto a hacerlo con quien sea. Total, trabajaba en el prostíbulo de su padre y ya estaba acostumbrado a que manos desconocidas siempre lo tocaran.
Evan parecía disfrutar de la situación, pues sonrió con burla sobre los labios del pelinegro quien ya era un manojo de gemidos debajo del castaño, quien acarició con lascivia uno de los glúteos de Bill para después estrujar con fuerza este, el contrario dejó escapar otro jadeo escandaloso.
Porque Evan sabía que eso no iba a durar mucho.
«Ten un poco de dignidad Bill», pensó Evan al ver que el pelinegro dejaba que lo tocara con total libertad.
Continuó dejando besos húmedos por todo el cuello del pelinegro, mientras Bill se restregaba sin pudor sobre Evan y se dejaba hacer como si fuera un muñeco al cual pueden usar a su conveniencia; —porque sí, Bill era un muñeco usado y dañado que no podía decir un “no” como respuesta—.
—¡Carajo…! —gimió fuerte cuando sintió la intromisión de uno de los dedos del contrario en su entrada. Con su otra mano libre Evan hizo a un lado las rastas blancas que caían por los hombros de Bill y mordió el lóbulo derecho de su oreja, excitando aún más al pelinegro.
—¿Quieres que siga…? —preguntó, apreciando el rostro sonrojado de Bill, se detuvo en los labios hinchados del pelinegro hasta llegar a sus ojos los cuales se llenaron de un brillo el cual Evan nunca había visto en su vida.
—Mierda hazlo ya, al carajo todo… —fue lo único que dijo, así que Evan giró el cuerpo del pelinegro quedando a espaldas de él sobre el lavabo. Estuvo a punto de bajar los pantalones de Bill, cuando de la nada, la puerta del baño se abrió de golpe por una fuerte patada.
No les dió tiempo de reaccionar, Bill parpadeó repetidas veces tratando de procesar lo que acababa de pasar al ver el cuerpo de Evan tirado en el piso, mientras Tom lo sujetaba del cuello. Se notaba enojado, y demasiado.
—¡Vuelve a ponerle una mano encima imbécil y te juro que te mato! —gritó, dando un fuerte puñetazo en la mejilla a Evan.
Se levantó con una expresión fúrica y tomó las cosas de Bill, para después jalarlo de la muñeca y sacarlo del baño.
Sin importarle que el pelinegro estuviera literalmente semidesnudo; para Tom no fue relevante el hecho de exponer a su ex-novio frente a casi media universidad que se encontraba en los baños a punto de follar con su antiguo mejor amigo. Porque sí, Tom sólo estaba marcando territorio como perro sin domesticar sin importarle la imagen de Bill, alimentando su ego y posesión con el pelinegro.
—¡T-Tom…! —exclamó tratando de zafar el agarre del contrario. Sus mejillas se sonrojaron más de lo que ya estaban al sentir todas las miradas de los profesores, estudiantes y hasta la señora de la limpieza; sobre él. Intentó cubrirse su pecho descubierto con la tela de su camisa, pero fue en vano, no podía ocultar lo que se veía a simple vista.
Sintiendo sus ojos humedecerse; y mirando a todo mundo con vergüenza, intentó no llorar enfrente de todos. Sus pantalones estaban un poco desabrochados al mismo tiempo que unos cuantos mechones de su cabello se encontraban desaliñados. No hacía falta adivinar lo que estaba haciendo dentro del baño pues su apariencia gritaba “acabo de tener sexo en los baños de la escuela”.
Una humillación total. «¿Cómo mierda me recuperaré socialmente de esto?», pensó Bill sintiendo que en cualquier momento se echaría a llorar.
Cuando Tom cayó en cuenta de lo que había hecho, se sintió mal. Pero el daño ya estaba hecho y ahora Bill le costaría mucho más recuperar su reputación.
«¿Enserio estaban haciendo eso…? ¡Dios, se metió con su ex-mejor amigo ¿entonces Bill ya lo perdonó? ¿Qué no era novio de Tom… Mierda, sí es una zorra…?»
Eran pocos de los comentarios que se susurraban y que Bill pudo alcanzar a escuchar. Se encogió de hombros sintiéndose cada vez más vulnerable.
Así que Tom actuó rápido y lo cubrió con su chamarra la cual era el doble del tamaño del pelinegro.
—¡Qué tanto ven, lárguense de aquí…! —los ahuyentó dando una seña con su mano en son de advertencia, y se abrió paso entre la multitud tomando a Bill de los hombros para guiarlo hasta su cadillac.
Una vez estuvieron dentro del carro, el silencio incómodo por parte de ambos se adueñó del espacio. Bill mantuvo su mirada al frente sin dirigirle la palabra a Tom quién relamió sus labios con nerviosismo; al ver cómo una lágrima traicionera resbalaba por la mejilla del pelinegro, de forma rápida la limpió con su pulgar acción que hizo que Bill corriera el rostro con brusquedad.
—Perdón Bill yo…
—¡Nada de perdón Tom…! —le gritó, dándole un golpe en el hombro al contrario.
—¡Auch no me pegues…! —se sobó.
—¡POR MI TE PUEDES IR A LA MIERDA Trümper DÉJAME EN PAZ, YO SÉ CON QUIÉN FOLLO Y CON QUIÉN NO! —había enloquecido, al punto de jalarse el cabello y ver a Tom como si quisiera asesinarlo —cosa que en el fondo sí quería—.
—¡Ya te dije que perdón no entiendo por qué…!
—¡NO BASTA CON UN PERDÓN, ERES UN IMBÉCIL, IDIOTA Y SOBERBIO QUE SOLAMENTE PIENSA EN SÍ MISMO! —su rostro se puso rojo del coraje, y sin importarle nada se echó a llorar de manera desconsolada—. ¡Si dices amarme p-por qué me haces esto…! —sorbió su nariz, dando cortos hipidos tratando de calmarse; sus manos temblaban y estaba seguro que el ataque de ansiedad se aproximaba.
Tom lo notó, así que atrajo el cuerpo del pelinegro hacia él y acarició su suave cabellera. Bill se desmoronó, se aferró de manera instantánea a la playera del contrario y se desahogó.
—Tienes razón, soy un imbécil y lo admito… Pero no sé por dónde empezar para hacerte feliz —murmuró, soltando un suspiro largo.
—Yo no quiero que me hagas feliz, Tom… —espetó Bill, separándose del contrario, lo observó fijamente. Su maquillaje se había corrido por completo y ahora parecía que no durmió durante 4 días seguidos.
—¿Entonces qué quieres…? —frunció el entrecejo.
Bill pasó saliva con dureza y dijo, una vez se había tranquilizado—. Quiero que dejes de tratarme como un objeto, también soy humano ¿estás consciente de eso, no?.
Por su parte Tom mantuvo silencio, y sólo atinó a asentir disimuladamente, desviando la mirada de Bill hacia el frente. Acción que hizo que el pelinegro se molestara.
—¡No, dímelo Tom, necesito escucharlo de tu propia boca! —gritó, teniendo algo de esperanzas.
El mencionado suspiró, cerrando sus ojos con fuerza antes de recargar su frente contra el volante.
—Lo haré… Intentaré no arruinarlo más… —murmuró cortante.
Conforme con aquella simple respuesta; Bill sonrió, antes de plasmar un beso en la mejilla del contrario.
—Llévame a tu casa —le ordenó, y Tom frunció su entrecejo.
—¿Para qué quieres ir a mi casa?
—Para que me folles —contestó con naturalidad, fingiendo quitarse la mugre de sus uñas. Tom alzó una ceja mientras jugaba con el piercing de su labio, analizando detenidamente al pelinegro. Y rió, no supo por qué pero le causaba gracia el cambio drástico de actitud de Bill.
—Bien, tú lo pediste, después no te quejes de que no respeté tus límites —murmuró por lo bajo arrancando el carro, esperando que el pelinegro no lo escuchara, pero claro que lo hizo por lo que Bill rodó los ojos y contestó.
—No sé si eres tan idiota, o solo te haces, es sentido común saber que desde el momento en que una persona dice “no”; tú paras… —lo señaló con el dedo encajando su fulminante mirada en Tom.
—Ya veo, entonces te vuelvo a preguntar… ¿Tú quieres? —desvió un poco su mirada del camino volteando hacia Bill, enarcando su ceja derecha.
El pelinegro guardó silencio unos pocos segundos, apretó los labios indeciso si responder o no, pero él sí quería. En ese preciso momento necesitaba que Tom lo follase hasta que su culo le doliera; así que contestó.
—Sí… —murmuró cortante, recobrando la postura en el asiento del copiloto, evadiendo al contrario.
—¿”Sí” qué…? —insistió, sin apartar sus ojos del camino.
El orgullo de Bill podía más así que respondió lo mismo—Ya te dije que sí…
—Y yo te pregunté por qué solo me contestas un sí.
El pelinegro rodó los ojos fastidiado—¡QUE SÍ TOM, SÍ QUIERO QUE ME FOLLES… MIERDA CUIDADO…! —se exaltó, pero al momento que quiso seguir gritando, el contrario tomó una curva con brusquedad ocasionando que Bill casi saliera disparado a través del parabrisas delantero del carro todo por no llevar puesto el cinturón de seguridad.
De no ser porque Tom atravesó su brazo y pudo evitar una desgracia, Bill solamente se golpeó la frente sintiendo de manera instantánea un dolor punzante en su cien.
El auto había frenado en seco, y Bill escuchó como a lo lejos el sonido de los demás carros que transitaban en la avenida tocaban el claxon con insistencia, retumbando cada vez más fuerte en los oídos del pelinegro.
Algunos conductores que pasaban insultaban a Tom el cual se desabrochó el cinturón y se bajó del auto. Con la mandíbula apretada y los dientes al punto de crujir producto del coraje.
—¡Qué te pasa imbécil…! —exclamó, y el conductor del otro vehículo se bajó de igual manera.
Intentando recobrar razón, Bill sujetó su cabeza mientras cerraba los ojos tratando de aguantar el dolor punzante que con el paso de los segundos se hacía más fuerte.
«Mierda… Ya se me bajó la calentura», murmuró para sí mismo sintiéndose decepcionado porque ahora estaban inmersos en un accidente de tránsito y tendrían que llamar a la aseguradora. «Grandioso, estupendo…», volvió a quejarse internamente.
Cuando sintió que podía sostenerse de ambas piernas, salió con cuidado del cadillac. Abrió sus ojos con una expresión atónita al ver toda la parte de enfrente del carro destrozada y estrellada contra un poste de luz, mientras que el otro vehículo que los impactó por un lado cuando Tom intentó dar vuelta, afortunadamente había sobrevivido pues no sufrió tanto daño.
Frunció su entrecejo y se acercó hasta Tom quien parecía pelear —o más bien casi soltar golpes— con el otro conductor.
—¡IMBÉCIL DE MIERDA, SI ALGO MÁS LE HUBIERA PASADO TE JURO QUE YO MISMO TE ESTRANGULO CON MIS PROPIAS MANOS AQUÍ EN LA CALLE!
—¡Vamos inténtalo, maldito perro con rabia! —le contestó.
—¡¿Evan…?! —exclamó Bill con sorpresa.
Evan quien era el que peleaba con Tom, encajó su mirada en el pelinegro analizándolo de pies a cabeza con una expresión preocupada, y se acercó a Bill tomándolo de los hombros.
—Carajo, ¿estás bien? —tomó su rostro, cerciorándose de que todo estuviera en orden.
—¡Nos estabas siguiendo, verdad! —Tom lo apartó del pelinegro de un empujón.
Evan rodó los ojos mientras que Bill lo seguía viendo con una ceja arqueada.
—¿Por qué nos seguías Evan…? —cuestionó tajante el pelinegro.
Evan por su parte suspiró mientras apretaba los labios, indeciso si contarles la verdad.
—Escuchen no podemos quedarnos aquí tenemos que irnos rápido, les cuento en…
Otra vez, los interrumpieron. Ya que una camioneta color negro con vidrios polarizados derrapó en la acera, estacionándose como se le dió la gana.
Bill alcanzó a ver a lo lejos nada más ni nada menos que la silueta de su padre; cubierto totalmente del rostro, dejando sólo a la vista sus ojos. Sabía que se trataba de él pues aquel carro era de los que usaban cuando les solicitaban trabajos para desaparecer a “cierto tipo de personas”.
Temió por su vida, al ver también salir de la camioneta a otros tres hombres encapuchados.
—E-Evan… ¿Q-qué hace mi padre aquí? —tartamudeo Bill con terror. Petrificado en su lugar y sin poder articular algo más, con los ojos bien abiertos viendo cómo Jorg se acercaba a ellos. Se puso en alerta al ver que su padre llevaba una “Heckler & Koch MP5” en sus manos, comenzó a disparar al aire ocasionando un caos total. La gente que pasaba por ahí comenzó a gritar y tratar de buscar un refugio.
—¡Mierda no quiero morir…! —exclamó Evan haciendo una mueca llena de miedo casi al punto de llorar, ni él ni Tom se movieron de su lugar, estaban en shock.
—¡Al suelo y escóndanse detrás del carro, haganlo ya imbéciles parece que no tienen instinto de supervivencia básico, Dios…! —se quejó Bill sujetando a ambos del cuello para obligarlos a que se movieran.
Así que se apresuró a ir hasta su mochila dentro del cadillac de Tom, y sacó de los bolsillos de esta una pistola “Glock 19”, sabía que aquella diminuta cosa no se comparaba al tamaño monstruoso del arma que cargaba Jorg.
Pero no le importó. Con rapidez se interpuso delante del carro con el fin de proteger a Evan y Tom, apuntando con el arma hacia su padre, sin intención de negociar con él; no comprendía qué carajo estaba haciendo ahí y el por qué Evan se había estampado contra el cadillac de Tom.
—Baja el arma, Bill —espetó Jorg una vez llegó hasta ellos junto a 3 de sus trabajadores.
—No, ni de chiste, tú y Evan me deben muchas explicaciones ¡por su culpa ya no pude llegar a la casa de Tom, idiotas! —reclamó recordando por último ese importante detalle.
Por su parte Jorg rodó los ojos y se quitó la capucha que llevaba puesta, dejando al descubierto su rostro.
—Después te quejas de que no pudiste follar con tu querido ex-novio, así que saca a ese par de imbéciles de su escondite porque sino nos vamos de aquí todos vamos a morir —sentenció.
Bill hizo una mueca llena de inconformidad. Y antes de que pudiera seguir hablando. Otra camioneta blindada pero de color blanco los interceptó, comenzando a disparar.
Jorg intervino de inmediato y empujó el cuerpo de Bill al suelo para protegerlo, comenzando un tiroteo en medio de la avenida.
—¡Me lleva la mierda, Kaulitz mueve ese sucio trasero de puta y súbanse todos a la camioneta ahora mismo! —ordenó Jorg, pero Bill entró en un shock total pues en ningún momento se movió, quedando en trance mientras observaba disociado de su realidad cómo Jorg y sus tres hombres intentaban matar a los del otro bando.
El padre de Bill se dió cuenta así que sin pensarlo dos veces abofeteó con fuerza al pelinegro, sacándolo al instante del shock—. ¡Muévete imbécil, carajo si nos matan va a ser tu culpa! —gritó enfurecido, a lo que Bill se levantó como pudo del piso y corrió hasta Evan y Tom detrás del cadillac.
—¡Me lleva la mierda me lleva la mierda…! —gritó Evan jalándose sus cabellos color castaño, sintiéndose desesperado porque estaba seguro que ese día todos morirían; mientras se asomaba con cautela por una esquina del coche viendo que los tenían rodeados.
—¡Cállate Evan, me estresas! —exclamó Bill golpeando el brazo del chico con fuerza. Se apresuró a sacar de su mochila un cartucho de balas y recargó la pistola.
—Espera, Bill; no salgas… —lo detuvo Tom al ver que el pelinegro intentó levantarse de su lugar y caminar directo a “la boca del lobo”.
De pronto, el tiroteo paró. Un silencio sepulcral se adueñó del ambiente, Evan, Bill y Tom se miraron entre sí extrañados, hasta que escucharon una voz muy conocida a lo lejos.
—¡Kaulitz, me agrada verte de nuevo…!
Bill al darse cuenta de quién se trataba, supo que en definitiva estaba jodido.
—Carajo… —murmuró el pelinegro con desesperación ocultando su rostro entre sus pálidas manos.
—Bill… —le habló Evan. Y el contrario alzó su mirada acuosa hacia el castaño. Evan sintió una extraña presión en su pecho al ver la expresión llena de terror del pelinegro, así que se armó de valor y sin importarle nada le arrebató de las manos a Bill la pistola, y salió del escondite.
—¡Evan no… Qué haces, vuelve! —le gritó Tom, pero ya era demasiado tarde, el castaño salió con las manos alzadas y el debido sigilo para enfrentar a esos matones, así que Tom rodó los ojos y negó con la cabeza repetidas veces dando un golpe con la palma de su mano en su frente.
—¿Acaso está loco, qué pretende…? —murmuró Bill con preocupación tratando de asomarse y ver qué pasaba.
—El idiota se cree “señor justicia…” —ironizó Tom queriendo soltar una carcajada mientras jugaba con el piercing de su labio, pero se aguantó la risa cuando recibió un golpe en el hombro por parte de Bill quien también quiso reírse con aquel comentario. Pero no era el momento adecuado de hacer bromas, su vida pendía de un hilo.
Aunque aquello hizo que el pelinegro se tranquilizara y mantuviera la mente serena; solo un poco.
—¡Evan! —exclamaron fingiendo alegría una vez tenían enfrente suyo al chico.
Jorg fulminó con la mirada a Evan una vez vió cara a cara a sus enemigos, mientras que el chico le hizo una seña con su mano por detrás de su espalda de forma muy disimulada. Orden que el padre de Bill captó al instante así que decidió darle un voto de confianza a aquel “idiota”, como usualmente lo llamaba y poner su vida en sus manos —no estaba seguro si aquella decisión sería la peor que tomaría en su vida—.
—¿Qué quieres Muller…? —se dirigió a Aaron, quien venía acompañado de su padre. Era obvio lo que buscaban pero Evan prefería fingir calma y hacerse el occiso.
Por su parte Aaron chasqueó la boca y respondió—. Mi papi se acaba de enterar de lo que tú y Bill han hecho en su contra, Kaulitz —fingió inocencia, como si se tratase de un niño de tres años mientras hacía una mueca y se balanceaba sobre sus talones, dirigiéndose a Jorg con evidente cizaña.
Por su parte, el padre de Bill frunció el entrecejo, Y evan cerró los ojos rogando porque Aaron no le soltara toda la verdad a Jorg, porque sino él también estaría muerto. Ya que se había convertido en una especie de mano derecha de Jorg, y traicionarlo sería ir directo a una de las peores muertes del mundo.
—¿A qué te refieres…? —se cruzó de brazos.
El padre de Aaron, Jul Muller; contestó.
—Tu querido hijo ha incrementado tu deuda conmigo Kaulitz, y los fondos de mi negocio los ha desviado hacia el tuyo, ¿eso responde a tu pregunta? —alzó una ceja.
La presión de Jorg se bajó al escuchar aquello. Así que cerró sus ojos ojos conteniendo el coraje, mientras apretaba los nudillos de sus manos.
Evan negó por lo bajo sintiendo de igual manera el terror recorrer cada parte de su organismo, pues él le había ayudado a Bill a hacer todo eso con tal de protegerlo. Porque en el fondo, Evan quería al pelinegro como un hermano, y si era necesario poner su vida en peligro por él, lo haría sin pensarlo. Y cargaría por el resto de su vida con la culpa de haberlo traicionado de la forma en la que lo hizo, se sentía miserable como persona.
Aún si en un inicio se creía con el derecho de ser el “único” que podía lastimar a Bill, prefirió alejar cualquier sentimiento de posesión y pertenencia con el pelinegro y poner manos a la obra.
El día que Tom lo interceptó en el burdel junto a Aaron y le exigió respuestas; Evan había aprovechado aquel momento para mostrarles una pequeña parte de los “planes” que Bill tenía, y hacerle creer a los Muller que él estaba dispuesto a traicionar al pelinegro para salvarse el pellejo. Siendo aliado de ambos bandos y ganándose la confianza de Aaron y su padre con tal de infiltrarse en los planes de su negocio, creyendo que así podría actuar antes de que le hicieran daño al pelinegro. Solo que había un gran detalle evidente; los Muller se habían movido más rápido de lo esperado.
Incluso, cuando se enteró de la peor parte —el día que tuvo que confesarle a Bill que habían puesto precio a su cabeza y desató aquel ataque de ansiedad en los baños de la universidad—, supo que el plan se le estaba saliendo de las manos.
Evan había decidido ocultarle a Bill la verdadera razón por la cual Tom se encontraba en el burdel aquel día ya que el de rastas había hecho negocios con Jorg para saldar una deuda familiar, y trabajando para el señor Kaulitz metiéndose en el contrabando y el lavado de dinero.
El problema inició cuando Tom falló en una transacción y desvió mal los fondos. Para proteger su propio pellejo y desviar la atención, Tom utilizó los accesos digitales y los archivos de la computadora de Bill —aprovechándose de que el pelinegro trabajaba de cerca tanto con su padre como con su tío, Jul Muller, y tenía su total confianza—.
De ese modo, logró que todas las sospechas del desvío de dinero apuntaran directamente a Bill, quien era la mano derecha en ambas familias en el ámbito financiero, y convirtiéndose en el blanco perfecto.
—¡Bill Kaulitz ven en este instante, perra bastarda…! —gritó Jorg, lo suficientemente fuerte para que Bill lo escuchara, dando un fuerte golpe con su puño en la puerta del cadillac.
Por su parte Bill apretó los labios intentando contener el llanto, sintiendo sus ojos humedecerse. Miró a Tom con miedo el cual negó con la cabeza sin estar de acuerdo con que Bill se entregará así de fácil.
—Detente Detente, no vayas.
—Tom… Ya estoy jodido ¿qué más puedo hacer? —murmuró, pensando que lo buscaban por querer boicotear el negocio de los Muller —cosa que mentira no era—. Y recordó aquel día en la cafetería en el que le dijo a Evan: “¿Puedo volver a confiar en tí?”. Estaba consciente de que había una posibilidad de que el castaño lo traicionara,y esa tarde se lo dijo en la cara; pero Evan le prometió que no sería así, y Bill estaba consciente de la manera en la que se lo dijo, fue tan genuino que nuevamente confió en las palabras de aquel chico.
Lo había traicionado de nuevo… «Eres un imbécil, Bill Kaulitz, te vieron la cara de idiotra otra vez» pensó, antes de limpiarse una lágrima traicionera que resbaló por su mejilla.
Con la mirada vacía y sin emoción alguna, se levantó, y salió de su escondite.
—¡Bill no lo hagas, regresa! —Tom intentó detenerlo pero el contrario lo ignoró.
Cuando el pelinegro llegó hasta donde estaba Evan, sin importarle jaló de su cabello hacia atrás, y con todo el odio y rencor que le tenía en esos momentos lo amenazó sólo para que él lo escuchara susurrándole al oído un—. Si salgo vivo de este problema lo primero que haré será buscarte, torturarte y matarte para ver si así se te quedan las ganas de seguir traicionándome hijo de puta asqueroso.
Ante sus palabras, Evan tragó saliva con dureza, sintiendo que comenzaría a llorar en cualquier momento dejando que su aliento se fuera.
«No te traicioné…», pensó Evan, quien alzó sus ojos rojos y humedecidos por aguantar el llanto, mirando a Bill con súplica.
—Bill y-yo no…
—¡Confié en tí Evan, y me prometiste por segunda vez que no me darías la espalda! —lo empujó—. ¡Dime si es justo para mí…!
El contrario no dijo nada, solo mantuvo silencio con su mirada agachada.
—¿Me querían a mí, cierto? —Bill se dirigió a los Muller, con una expresión gélida.
—Me alegra que estés dando la cara Kaulitz —respondió Aaron, y su padre, el señor Muller le hizo una seña a uno de sus hombres el cual sujetó a Bill para evitar que escapara.
—Jorg, tomaré prestado un rato a tu perrita problemática —anunció.
Y el señor Kaulitz mantuvo silencio, conectando su fría mirada con la suplicante expresión de Bill.
—Papá… —murmuró inaudible el pelinegro, esperando a que Jorg hiciera algo por él, ¿porque era su hijo, no? tenía que ayudarlo —o Bill era demasiado tonto por seguir confiando en aquel hombre que decía llamarse padre”—.
Jorg pudo leer los labios de su hijo, pero aquello no le removió el corazón, sólo le hizo una seña a los Muller para que se lo llevaran.
—Tú te quedas conmigo —dijo Jorg dirigiéndose a Evan. El mencionado no le quedó de otra manera más que asentir, y cuando se asomó con disimulo a la parte trasera del cadillac donde se suponía que Tom seguía escondido, ya no estaba… Se había dado a la fuga.
Cuando intentaron llevarse a Bill a la fuerza, el pelinegro puso resistencia, y le suplicó a Tom quien seguía siendo su rayo de esperanza en ese momento.
—¡T-Tom, ayúdame Tom… Por favor haz algo! —gritó, al punto que sintió su garganta romperse—. ¡Tom…!
Pero su llamado fue en vano, Tom lo había dejado solo…
Continúa…
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