
Fic Toll de AndyKltz
Capítulo 12

Murmullos y más murmullos era lo que se escuchaba dentro del comedor. Bill se encontraba tratando de sobrevivir lo que restaba de la mañana sintiéndose cada vez peor.
Era hora de receso, todo mundo convivía amenamente dentro de la cafetería de la universidad y de vez en cuando le dedicaban una mirada llena de lástima a Bill, quien se encontraba en la barra de comida y se servía pequeñas cantidades de alimento en su plato.
—Muchacho, sírvete un poco más de comida, estás muy flaco así no vas a aguantar lo que resta del día —intervino una de las cocineras asomándose, una vez que se percató de la pequeña porción de ensalada que el pelinegro sirvió en su plato.
—No tengo mucha hambre… —respondió cortante.
La mujer miró con lástima al chico, y dijo.
—Sé que no me incumbe… Pero no vale desgastarse por lo que ese idiota te hizo…
—¿Cómo se enteró de…?
—Los chismes corren, corazón… —hizo una mueca de disgusto—. Además, después del tremendo espectáculo que dieron hace horas en la entrada del edificio, dudo que dejen a ese chico en paz de ahora en adelante.
Ante aquello, Bill soltó un suspiro ahogado, se sentía mal por Evan de alguna extraña forma, pero sabía que no debía dejar que su ablandado corazón lo manipulara, pues Evan estaba recibiendo lo que cosechó.
—Sí… Supongo —murmuró por lo bajo, dispuesto a irse, pero la cocinera lo detuvo jalando su brazo.
—Ey, ey, muchacho espera… —exclamó, mirando hacia ambos lados como si tuviera miedo de que alguien la notara, tomó otra bebida de las cuales venían gratis en el menú escolar y sirvió una porción más de patatas en el plato de Bill, quien miró con confusión a la mujer.
—¿Pero si sólo nos toca una porción por estudiante…?
La cocinera negó con la cabeza y alzó sus hombros despreocupada.
—Tú come, yo veo cómo me las arreglo con el inventario más tarde —le guiñó un ojo. Aquel gesto hizo que el día de Bill se alegrará, aunque fuera algo insignificante para muchos, aquello le dejó en claro al pelinegro que aún habían personas buenas en ese podrido mundo que se preocupaban por los demás, y daban algo sin recibir nada a cambio.
—Muchas gracias… —le dedicó una sonrisa genuina antes de retirarse de la barra.
Tomó asiento en una de las mesas más alejadas de la cafetería, en total aislamiento de los demás alumnos. Curiosamente, el gesto de la cocinera hizo que el estado de ánimo del pelinegro mejorará, porque “pequeñas acciones hacen la diferencia” diría el refrán.
Comenzó a comer con total tranquilidad, ignorando las miradas y murmullos de los demás estudiantes que pasaban por el lugar, atentos a lo que Bill hiciera, pues, gracias a lo de hace horas el pelinegro era el centro de atención de toda la universidad y era el tema de conversación hasta de los maestros.
Su paz y tranquilidad no duró mucho, cuando alguien de la nada llegó sin previo aviso a su mesa y dejó caer con fuerza su bandeja de comida sobre la superficie de madera. Bill se asustó y pegó un brinco, antes de alzar su mirada viendo al responsable con una expresión de reproche, dándose cuenta que se trataba de Tom quien lo miraba desde arriba sin tomar asiento con los brazos cruzados.
El pelinegro puso los ojos en blanco y dejó caer los cubiertos sobre su plato con brusquedad, soltando un suspiro cansado antes de echar su cabello negro en cabas hacia atrás con sus manos, mientras soltaba un chasquido con su boca, mostrando un comportamiento distante.
—Tan agusto que estaba… —murmuró inaudible.
—¿Qué dijiste…? —exclamó Tom con una ceja alzada mirando a Bill con una expresión de reproche.
—Nada, Tom… ¿Qué mierda quieres? —contestó, en un tono fastidiado, mientras dejaba descansar su mentón sobre la palma de su mano y barría con su mirada al contrario.
—¿Se puede saber por qué no contestas mis mensajes? —murmuró, tomando asiento sin despegar su mirada del pelinegro.
Bill por su parte rodó los ojos, mantuvo silencio un corto tiempo dejando que una sonrisa burlona apareciera en sus labios.
—Porque te bloquee —respondió cortante, y siguió comiendo sin preocupación alguna. Ante aquel comentario, Bill quiso soltar una carcajada al ver la expresión consternada y llena de indignación por parte de Tom quien lo veía estupefacto con el entrecejo fruncido.
—¿Hiciste qué…?
—Lo que escuchaste, te bloquee. Ahora Tom, ¿me harías el gran favor de largarte y perderte de mi vista? —espetó Bill, haciendo una seña con su mano invitando al de rastas a retirarse de la mesa.
Tom por su parte desvió su mirada, antes de soltar una risa llena de ironía, parecía que Bill le había dado en su orgullo, y aquello era algo por el que el chico no se dejaría fácilmente.
—¿Crees que puedes sacarme de tu vida así tan fácilmente? —cuestionó, en un tono amenazador.
Y por su parte, Bill alzó sus hombros despreocupado mientras se llevaba otro bocado de comida a la boca, mirando con orgullo al contrario.
—¿Y quién me prohíbe hacerlo…? —respondió con sarcasmo, mientras una sonrisa burlesca se adueñaba de su rostro.
Tom apretó los nudillos de sus manos por debajo de la mesa, conteniendo el enojo al ver la actitud tan soberbia y altanera que Bill estaba teniendo con él, ¿qué le sucedía?.
—Bill ¿qué te pasa, tú no eres así? —murmuró, viendo de pies a cabeza al pelinegro.
El mencionado soltó un chasquido con su boca y acomodó unos cuantos mechones de cabello atrás de su oreja. Suspiró, mordiendo la comisura de sus labios y manteniendo un corto silencio, como si estuviera meditando con precisión lo que estaba a punto de decir.
—Pasa que ya me cansé, Tom —miró al contrario, con una tranquilidad que hizo que un escalofrío recorriera toda la espina dorsal del de rastas—. No sé cuántas veces tengo que repetírtelo, pero no soy alguien a quien puedas usar a su conveniencia para después hacerle creer que lo amas.
—Bill pero yo te amo… —le dijo. Aquella frase que Bill rogó por escuchar, finalmente lo soltó. Pero ahora había un pequeño detalle, Bill no lo sintió genuino.
Por su parte, el pelinegro soltó una pequeña risa mientras negaba con su cabeza tratando de contener una carcajada.
—Tú no me amas… —lo observó con frialdad—. ¿Cuántas veces te pedí que me dijeras aunque sea un “te amo”? ¡Cuántas, Tom! —dió un golpe en seco con su mano sobre la mesa. Captando la atención de unos cuantos estudiantes.
Bill mantenía su expresión llena de reproche y decepción sobre Tom, quien sin saber qué decir al respecto, agachó la cabeza meditando sus siguientes palabras para tratar de convencer al pelinegro.
—Te amo, Bill… —repitió. Y el pelinegro, con una sonrisa que rozaba más en la falsedad, dijo.
—Entonces demuéstralo…
Fue lo único que respondió, con una expresión dolida. Tom sabía que se la estaba devolviendo, ahora, el que manipulaba la situación no era él, sino Bill.
Tom se quedó en silencio, con la boca ligeramente abierta como si hubiera intentado hablar y las palabras se le hubieran quedado atrapadas en la garganta. Por primera vez en mucho tiempo, no sabía qué responder. Bill en cambio, volvió a concentrarse en su comida con una calma que hizo que los vellos de la piel de Tom se erizaran, como si no le importara en lo absoluto su presencia.
Su silencio lo dijo todo, pues Bill susurró un: —Tss… Lo supuse… —el cual fue perfectamente escuchado por Tom, devaluando su silencio y sabiendo que ahora Tom las tendría muy difícil para poder recuperar su amor y confianza.
—Bill… Basta, deja de jugar así… —exclamó Tom sintiéndose desesperado, frotando su rostro contra la palma de su mano.
Mientras que Bill sin siquiera mirarlo, respondió: —¿Vez lo que se siente ser el que no es escuchado? —finalizó, levantándose de su lugar.
—¿A dónde vas…? —intentó detenerlo.
—A un lugar donde pueda estar tranquilo, se me quitó el hambre… —exclamó el pelinegro, barriendo con la mirada al contrario.
Y sin decir nada más, se fue, dejando solo a Tom en la cafetería del lugar.
Quienes estaban atentos a la amena conversación de ambos chicos, soltaron al unísono un “¡Ohh…!” en son de burla hacia Tom quien se quedó humillado enfrente de todos al no conseguir que Bill regresara con él.
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Las 12 en punto del mediodía marcaba el reloj de su celular, Bill caminaba por los pasillos de la universidad con una calma la cual nunca había sentido en bastante tiempo. El pasillo estaba solo, no había ninguna alma que transitara por el corredor pues a esa hora la mayoría no salía de sus aulas. Estaba a punto de entrar a su penúltima clase así que después de dejar los libros que ya no ocuparía en su casillero, el pelinegro sintió cómo era jalado del brazo y metido a la fuerza en el interior de los baños que estaban pegados a 4 taquillas de la suya.
Estuvo a punto de soltar mil y un insultos pero su boca fue tapada por unas manos las cuales sabía perfectamente de quién eran.
—¿Qué mierda quieres Evan? —exclamó con repudio.
—Bill, sé que no quieres verme ni en pintura pero tengo algo importante qué decirte.
—No pienso hablar contigo, imbécil… —intentó salir de ahí pero fue detenido por el contrario, el cual se interpuso entre la puerta y el pelinegro.
Bill suspiró tratando de mantener la poca paciencia que le quedaba.
—Bill escúchame, por favor —suplicó.
—Hazte a un lado —intentó apartarlo, pero Evan era más alto y más fuerte que él así que lo sujetó de los hombros.
—Suéltame, Evan, te lo pido de la forma más amable posible…
—No lo haré hasta que me escuches…
—¡Mierda quítate de mi camino imbec…! —no pudo seguir hablando cuando una fuerte bofetada por parte de Evan dió contra su rostro. Sintiendo el ardor del golpe tocó con su mano la zona afectada y miró al contrario con una expresión consternada, mientras su boca se abría ligeramente y trataba de procesar lo ocurrido.
—¿Acabas de pegarme…? —murmuró con coraje, dispuesto a regresarle el golpe pero Evan intervino.
—Sí, pégame y mátame a golpes Bill, pero no me iré de aquí hasta que escuches lo que tengo que decirte…
Ante aquello, Bill empujó el interior de su mejilla con su lengua, y le dedicó una mirada a Evan la cual pudo tomar como una invitación para que hablara.
—5 minutos, no más —sentenció. Por su parte, Evan suspiró, y comenzó a hablar.
—Escucha, Bill, apenas sabes un porcentaje de lo que pasó, sí, yo fui quien subió tus fotografías a internet… Pero no lo hice solo —mordió su labio inferior, Bill por parte alzó una ceja incrédulo.
—Evan, ¿qué más quieres que sepa, qué más decepcionado puedo estar…?
—Bill… Yo ya sabía todo antes de que me contaras lo que tu padre te hacía, incluso sabía del negocio que él tenía y que te obligaba a trabajar ahí..
—¿Y…? —exclamó el pelinegro con indiferencia, ya nada le sorprendía hasta ese punto después de saber que su ex-mejor amigo era un jodido mentiroso, traidor y falso.
—Le pedí a Aaron que me ayudara, el problema es que una vez que fui al prostíbulo de tu padre me encontré con Tom…
Ante aquello, Bill frunció el entrecejo.
—¿A qué te refieres con…?
—Mierda Bill… Tom hizo negocios con tu padre, no sé en qué carajo se metió el imbécil pero ahora tu tío puso precio a tu cabeza por culpa de ese idiota…
Aquello cayó como balde de agua helada en el pecho de Bill, quien de manera instantánea cambió su expresión cortante a una totalmente preocupada.
—Evan… Dime que es mentira…
Evan negó repetidas veces con la cabeza.
—Escucha, sí… Seré un puto traidor de mierda y un cobarde, no te estuviera diciendo todo ésto si yo tampoco me hubiera visto embarrado en la situación…
La respiración de Bill se cortó por pequeños segundos, sintiendo la preocupación calar con frenesí en su pecho.
—Me lleva la puta mierda… —murmuró el pelinegro mientras jalaba de sus cabellos hacia atrás tratando de buscar una solución, pero ahora estaba acorralado.
Evan se mantuvo en silencio viendo cómo Bill estaba a punto de entrar en crisis, pues el pelinegro sujetó su pecho con la palma de su mano tratando de regular su respiración mientras dejaba su cuerpo caer sobre la pared del baño y contaba hasta diez.
No supo si acercarse o quedarse como idiota mirando como el pelinegro lidiaba con una futura crisis de ansiedad enfrente de sus ojos. Así que le valió y se acercó a Bill con cautela, sujetando con delicadeza el hombro del pelinegro quien había comenzado a llorar desconsolado.
—¿P-por qué mierda no puedo vivir tranquilo…? —fue lo único que su boca pudo soltar sintiendo que nuevamente se quebraba.
Evan sin saber qué decir, lo único que atinó por hacer fue acercar el cuerpo del pelinegro y abrazarlo. Sin emitir palabra alguna, y sintiéndose más mierda que Bill, relamió sus labios con nerviosismo esperando que el pelinegro no reaccionara de mala forma.
Pero no fue así, Bill estaba en completo trance como para recordar que estaba enojado con Evan, y si el chico era la única persona presente en ese momento que podía calmarlo ante su presente ataque de ansiedad, aceptaría la ayuda.
—Bill cálmate… O te vas a desmayar como la vez pasada —trató de tranquilizarlo mientras frotaba la espalda del pelinegro
—V-vete a la mierda imbécil… —espetó mientras lloraba a moco suelto, soltando hipidos en el proceso, mientras se aferraba a los brazos de Evan—. N-no creas que con esto voy a perdonarte…
Evan no dijo nada, sabía que Bill estaba en todo su derecho de reclamarle.
—No me perdones, pero cálmate o si no vas a colapsar de nuevo…
El cuerpo de Bill comenzó a temblar involuntariamente, sus sentidos se nublaron por completo sintiendo que con el paso de los minutos el ataque de ansiedad incrementaba.
Evan revisó en su reloj el tiempo que había transcurrido percatándose que la crisis de Bill había superado los 10 minutos. Fue ahí donde se puso en alerta cuando el pelinegro comenzó a lastimarse los brazos, así que lo sujetó con fuerza tratando de evitar que se dañara.
—Bill, basta… —murmuró, sintiéndose nervioso, no era la primera vez que el pelinegro sufría de un ataque de pánico, sabía que cada que ocurría aquello Bill tendía a lastimarse.
—N-no puedo más… Estoy cansado… —lloró, mientras forcejeaba contra Evan y seguía intentando lastimarse.
Tras varios minutos de forcejeo, sus músculos agotados por la adrenalina, finalmente cedieron. El pelinegro se quedó laxo contra el pecho de Evan, con la mirada perdida en un punto fijo del suelo, mientras los últimos sollozos que emitían su boca hacían temblar su cuerpo en un ligero espasmo.
Un silencio se adueñó del lugar. Bill cerró los ojos tratando de regular su respiración mientras escuchaba los latidos frenéticos del corazón de Evan contra su oído. Sus manos que hace un momento buscaban hacerse daño, ahora colgaban inertes a sus costados, temblorosas y hechas un desastre por lo ocurrido anteriormente.
Evan se quedó inmóvil, pero sin soltarlo.
Bill abrió sus ojos, sintiéndose un poco más calmado. Se separó del abrazo de Evan con un movimiento cortante y se puso de pie, tambaleándose ligeramente mientras se ajustaba la camisa con torpeza.
—Bill… ¿Te sientes mejor? —preguntó Evan, pero el pelinegro no respondió.
—Investiga cuál fue el trato que hizo Tom con mi padre, te veo mañana a las 5 de la tarde en el parque que está a una cuadra de la universidad —fue lo único que dijo, antes de salir del baño como si nada hubiera pasado, dejando a Evan totalmente pasmado por aquella reacción desprevenida.
Era irónico, que la persona en la que más confiaba Bill la cual fue quien lo traicionó causándole un daño irreparable. Fuese el mismo sujeto capaz de tranquilizarlo en momentos como ese. Porque siempre fue Evan quien lo acompañó en ese tipo de situaciones cuando su mundo se venía abajo, podrían destruirse mutuamente pero ahí estaban para calmar la tormenta del otro.
Continúa…
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