
Administrador: Y ahora sí a morderse las uñas, porque comienza la historia 😉
Fic Toll de AndyKltz
Capítulo 1
Leipzig, Alemania, 14 de febrero de 2022.
Bill odiaba las muestras de afecto, y eso era algo de lo que todos estaban conscientes.
El 14 de febrero, ese día en que todos parecen obsesionados con regalar flores o chocolates solo para terminar rechazados frente a una multitud. Un día en el que, como Bill Kaulitz, muchos no reciben nada y prefieren continuar con su vida, ignorando lo que pasa a su alrededor.
Después de todo, ¿quién dijo que el 14 de febrero es la única fecha para demostrarle a la persona que quieres que la amas?
Sin embargo, aquel día Bill estaba molesto y fastidiado. Su querido novio Tom, había decidido unirse a la masa que se comporta como perros condicionados repartiendo paletas en forma de corazón a cualquiera que pasara por los corredores de la universidad. «¡Feliz San Valentín!», decía sin siquiera darse cuenta de la presencia de Bill.
—¡Feliz 14 de febrero! —exclamó Tom, parado en la entrada de su salón, repartiendo dulces a diestra y siniestra.
Bill, recién salido de su clase de Histología Funcional, cargaba pesadas carpetas y libros entre los brazos. Solo quería llegar a su casillero para dejarlos de una vez por todas, estaba exhausto.
Después de dos horas de pie en el laboratorio, lidiando con reactivos y con un profesor que insistía en que nadie saliera hasta obtener el resultado correcto, su humor estaba por los suelos.
—¡Bill! —gritó Tom al verlo desde la distancia. Bill se detuvo en seco.
«Ignóralo», pensó Bill mientras conectaba su mirada con los emocionados ojos almendrados de Tom, se detuvo admirando el nuevo piercing que acababa de hacerse en el labio, le encantaba, eso no lo dudaba. Aún no sabía por qué los perfectos no lo habían corrido de la universidad con las pintas en las que iba. Siempre vestía con pantalones anchos y blusas holgadas que eran el doble de su tamaño, un paliacate en la frente mientras su cabello —rastas— era amarrado en una coleta, y para rematar, sus cachuchas que le daban aquel toque de chico hipster de hollywood.
—¡Ey! ¿Y esa cara larga? —preguntó Tom una vez que llegó hasta Bill, se recargó en la pared cruzado de brazos y miró a su pareja con una ceja levantada.
—No estoy de humor, Tümper — Bill rodó los ojos con fastidio. Se había tallado tanto los párpados producto del cansancio, que la sombra negra que siempre acostumbraba a llevar se había corrido por completo, dándole un aspecto más mundano y desaliñado digno de un estudiante de medicina sobreexplotado por el sistema.
—Pensaba si querías ir con Georg, Gustav y yo al parque, es viernes, y se viene fin de semana ¿por qué no sales y te distraes un rato? —Tom alzó sus hombros con despreocupación a lo que Bill le respondió con un suspiro lleno de cansancio, y lo miró fijamente.
—¿Vez esto? —señaló su mejilla en la cual yacía un gran hematoma de tonalidad verde azulosa, Tom por su parte abrió los ojos con sorpresa y tocó ligeramente el rostro de Bill.
—Oh… mierda ¿qué te pasó? —exclamó con una expresión consternada.
—Esta es la marca de la esclavitud cuando rotas por pediatría, tuve que cuidar a cinco niños y uno de ellos me golpeó la mejilla cuando estaba a punto de canalizarlo —suspiró, pasando su mano por su largo cabello negro en capas, dejando relucir las rastas blancas que recién se había hecho, un nuevo cambio de look. Ante su respuesta, Tom no pudo evitar soltar una carcajada.
—¿Un niño te hizo eso? —rió—, ¿se supone que eres estudiante de medicina no de enfermería, por qué tenías que canalizarlo?.
—Porque los estúpidos de los enfermeros no hacen bien su trabajo, hubieras visto las pésimas canalizaciones que les hicieron a los niños, tuve que hacerles el trabajo yo solo —respondió Bill, y rodó los ojos.
—Bueno, y es por eso que te digo que salgamos, has estado demasiado ocupado estos días…
—No puedo, tengo que llegar a tiempo al pro… al restaurante de mi padre —se retractó en sus palabras y corrigió con agilidad, pasó saliva con dureza y nerviosismo ante la mirada indignante de Tom.
—¿Tu papá sigue teniendo el restaurante de comida alemana?
—Sí ¿no te dije que recién abrieron nueva ubicación? —exclamó Bill frunciendo el ceño. Y Tom negó.
—¡Bill! —gritó alguien más desde el otro extremo del pasillo, interrumpiendo la plática que ambos tenían. Bill cerró los ojos con frustración. «Por el amor de Dios, lo que me faltaba: otro imbécil».
Era Aaron Muller, estudiante de Pediatría, a quien Bill le había prestado un libro de Embriología hacía poco.
—¡Muller! Qué… agradable sorpresa —dijo Bill con una sonrisa forzada, justo antes de que Aaron se lanzara a sus brazos, tirando al piso todos sus libros en el proceso.
Aaron se separó de él, apenado al ver el desastre que había causado. Bill lo miró de reojo con una expresión de evidente disgusto que no pudo disimular.
—Discúlpame —dijo Aaron, rascándose la nuca mientras recogía los libros del suelo.
—No te preocupes… Los accidentes pasan —respondió Bill, forzando otra sonrisa. Aaron imitó el gesto, más tranquilo, y le ayudó a recoger sus cosas.
El ambiente se llenó de un silencio incómodo. Tom quien miraba la escena manteniendo su sana distancia, y Bill quien fruncía sus labios sin saber qué decir para romper el hielo ante la atenta mirada de Aaron. Hasta que este último decidió intervenir.
—Yo solo quería saber si…
¨Oh, no. Aquí vamos otra vez.¨ Pensó Bill.
—No puedo, tengo prácticas en la clínica —lo interrumpió Bill con rapidez. Sin más, pasó de largo hacia su casillero, dejando a Aaron con la palabra en la boca. Lo último que quería era hablar con alguien como él, alguien que fingía desconocerlo, pero que siempre encontraba una excusa para acercarse. Tom sonrió victorioso y le dedicó una mirada llena de orgullo a Bill, lo abrazó por la espalda no sin antes fulminar a Aarón con sus ojos quien se sintió intimidado por la fuerte aura del chico.
—Creo que Aaron está muy interesado en ti —Tom se cruzó de brazos, observando a Bill mientras jugaba con el piercing de su labio.
—Por mí que se vaya a tomar por culo —exclamó, mientras guardaba sus libros en su locker y soltaba un chasquido con su lengua.
—Si… pero veo que tú no haces nada para alejarlo —confesó. Y ante aquello, Bill paró en seco sus acciones antes de dedicarle una mirada llena de incredulidad y estupefacta por lo que Tom acababa de decir.
—¿Disculpa… En verdad te estás oyendo? —alzó una ceja, y soltó una risa irónica, pasó de largo a Tom y continuó su camino a la salida de la universidad, a lo que el contrario lo siguió por detrás.
—¡Ey oye! —lo tomó del brazo de forma brusca.
—Si eso te hace sentir inseguro no entiendo entonces por qué estás conmigo —contra-atacó Bil deshaciendo el agarre de Tom con fuerza.
—Yo no me refería a eso, me refería a…
—Ordena tus prioridades Trümper y déjame descansar, te lo pido por favor, si eso te genera inseguridad no veo el motivo por el cual sigamos juntos —exclamó por último Bill.
Entonces lo ignoró, y salió de la universidad. No tenía carro propio, Bill acostumbraba a caminar largas distancias para tratar de distraer su hiperactivo cerebro que no lo dejaba descansar ni en días donde no tenía trabajo. Sintió la vibración de su teléfono en el bolsillo del pantalón. Al revisarlo, encontró un mensaje de un número desconocido que decía: “¿A qué hora llegas, bebé? Te estoy esperando… Por favor ven pronto.”
Bill suspiró y guardó el celular nuevamente, sintiéndose más agotado que antes.
&
Bill retiró con delicadeza un pequeño trozo de basura enredado entre sus finos cabellos castaños oscuros antes de tocar el timbre de la casa. Dió su mejor sonrisa, una que no había mostrado en todo el día. La puerta se abrió, revelando a un hombre de unos cuarenta años. Era su padre, a quien no veía desde hacía cuatro meses.
—Papá… —murmuró con sequedad, pero él lo observó con indiferencia antes de hacerle un gesto para que entrara. Bill obedeció, cruzando el umbral y dejando su mochila y bata médica en el perchero junto a la entrada. Caminó hasta el sillón de la sala y dejó caer su cuerpo pesadamente sobre él.
—¿Cómo has estado? —preguntó su padre, peinándose el cabello hacia atrás con los dedos. Se sentó junto a él, sosteniendo en una mano un vaso de whisky que había llevado consigo. Bebió de un solo trago antes de dejar el vaso vacío sobre la mesita de centro.
—¿Qué crees tú? —replicó Bill con desdén, sin siquiera mirarlo.
—Uh, no lo sé… Tal vez estresado. Tienes la mirada agotada. ¿Te está matando la universidad, querido? —respondió con una sonrisa burlona. Bill le dedicó una breve pero fulminante mirada de odio.
—Déjate de tonterías —espetó, irritado—. ¿Para qué demonios me llamaste?
—¿No puedo acaso querer ver a mi hijo después de tanto tiempo sin noticias suyas? —alzando una ceja, su padre parecía disfrutar del intercambio.
—Como si te importara… —replicó Bill con sarcasmo, rodando los ojos. su padre dejó escapar una leve risa.
—Bien, iré al grano —suspiró, mientras Bill lo miraba con impaciencia—. Te necesito… —murmuró, extendiendo una mano para acariciar su rostro, pero Bill se apartó bruscamente.
—No estoy de humor para tus juegos, viejo —dijo, poniéndose de pie con visible irritación, dispuesto a marcharse.
Sin embargo, su padre lo detuvo.
—Me importa una mierda —respondió el hombre, con un tono más autoritario mientras se levantaba también del sillón.
Bill sabía que seguir discutiendo sería inútil. Era algo que odiaba de su padre: lo desafiante y terco que podía ser. Al fin y al cabo, ambos compartían la misma naturaleza. Era su sangre.
—Dije que no quiero —reafirmó con firmeza. Pero el gesto de su padre dejó en claro que no estaba dispuesto a aceptar un «no» como respuesta.
La mente de Bill se nubló. Nadie, salvo su padre, Jorg, tenía el poder de doblegarlo, de reducirlo a nada. Era como si supiera exactamente cuáles eran sus puntos débiles. Y uno de ellos era, indudablemente, ese hombre.
—Papi te necesita, amor… —murmuró con voz suave.
Bill cerró los ojos por un momento, tratando de acallar el conflicto interno que comenzaba a sufrir. «Te subirá el sueldo, solo déjate hacer…» pensó, resignado. Y entonces, lo hizo.
Una vez más, su padre estaba orgulloso de él. Una vez más, le hizo saber lo mucho que lo amaba… a su manera.
—Si tu madre estuviera aquí… —murmuró, reprimiendo con su mano los sollozos que estaban escapando de la boca de Bill mientras él continuaba con lo suyo como el animal y desgraciado que siempre fue—. Feliz catorce de febrero, corazón…
«Tom no debe saberlo» pensó Bill.
Continúa…
Gracias por la visita. Te invitamos a seguir leyendo y a dejar un comentario 😉
en efecto, primer capítulo y quiero vomitar
no sé si me enoja el hecho de que tom reclame a bill, pero este wey también es una mariposa social con todos
o el hecho de que posiblemente bill trabaje en realidad en un prostíbulo, y su papá sea una puta mierda
Y lo que te espera amistad 😭💔🫠
no importa cuantas veces lea el primer capítulo, siempre me genera una sensación de desagrado y asco por el personaje de jörg 🤢🤮
Ahorita que estoy editando el fanfic te juro que que si aprieto el puño de coraje pq no sé de donde demonios pude sacarle una personalidad tan cínica que va totalmente en contra d emis creencias e ideales (no sé si sea bueno o malo) 😭🫠