El hambre de Bill 8

Fic TOLL de ZenTortugaHua

Capítulo 8

Era pasada la madrugada. La habitación estaba iluminada solo por la luz de la pantalla del celular de Bill.

Su esposo dormía profundamente a su lado, roncando como siempre a espaldas de él.

Bill estaba acostado de lado con el teléfono pegado a la oreja, hablando en voz muy bajita. Y Tom estaba al otro lado de la línea.

—Si no fuera por mi hijo tendríamos más tiempo…— Murmuró el de rastas bicolores, con la mirada perdida en la oscuridad de la habitación.— Podría quedarme más tiempo contigo. No tendría que estar corriendo todo el tiempo.

Del otro lado se escuchó la risa baja y ronca de Tom.

—No te quejes tanto, precioso. Es tu hijo. Tu responsabilidad.

El mayor se quedó callado un segundo. No sintió enojo con esas palabras viniendo de Tom. Solo una especie de aceptación tranquila. Miró el techo y pensó en una solución a su problema.

Si el problema era su hijo quitándole su tiempo con Tom, qué mejor que chantajear a Al para que contratara a una niñera.

Tenía suficiente material para presionarlo.

La idea llegó tan natural que ni siquiera le sorprendió. Siguió hablando con Tom como si nada.

—Lo sé… pero igual. Me gustaría tener más libertad. Contigo.

—Me gusta cuando hablas así. ¿Qué más te gustaría hacer si tuvieras más tiempo?

Bill sonrió en la oscuridad, mordiéndose el labio un tanto fuerte. El hombre a su lado se movió un poco, pero siguió durmiendo. El mayor bajó aún más la voz.

—Me gustaría que me follaras sin tener que mirar el reloj…

El de trenzas rió bajo.

—Me gusta…

Siguieron hablando un buen rato. Tom le hacía preguntas subidas de tono que hacían sonrojar a Bill, y este le respondía con esa honestidad cruda que solo comenzaba a tener con él. En un momento, el de rastas giró la cabeza y miró a Al dormido a su lado.

—Ojalá estuvieras aquí…

—Ten paciencia hasta mañana— Respondió— Mientras tanto… dime qué traes puesto.

Bill soltó una risita baja y se tapó más con la sábana, como si eso pudiera esconder su timidez.

—Solo una camiseta de tirantes y mi ropa interior…

Tom gruñó al otro lado.

—Bien… tócate y cuéntame cómo te sientes.

El mayor obedeció, deslizando la mano entre sus piernas mientras seguía hablando en susurros con Tom, con Al completamente ajeno a todo a solo unos centímetros de distancia.

&

A la mañana siguiente, el desayuno transcurrió con una extraña normalidad.

Bill había preparado de todo. Se veía más arreglado que de costumbre. Llevaba una camisa que le marcaba sutilmente los pechos y una falda negra arriba de las rodillas. Su cabello en rastas iba en una coleta baja.

Cuando Al se sentó, Bill se acercó por detrás, le dejó en la mesa su desayuno y le puso las manos en los hombros, empezando a darle un masaje lento.

—Cariño… estuve pensando…— Empezó con voz suave.— Creo que sería bueno contratar a una niñera para Dennis. Así yo podría tener más tiempo para la universidad y tú no tendrías que preocuparte tanto.

El hombre tomó un sorbo de su café y frunció el ceño.

—No. Para eso estás tú. No necesitamos gastar dinero en una extraña.

El de rastas no se rindió. Siguió masajeándole los hombros con más presión, bajando las manos por su pecho.

Se inclinó y le dio un beso en los labios, después otro pero más lento, metiendo la lengua como sabía que a Al le gustaba. Y le susurró:

—Solo piensa en lo bien que nos vendría… yo más relajado, tú más tranquilo. Podría hasta recibirte mejor cuando llegues cansado…

Dennis, que estaba jugando con el camión en la mesa, protestó de inmediato.

—¡No quiero una niñera!

Su padre soltó una risa baja claramente afectado por los besos y masajes de Bill. Miró a su hijo divertido.

—Tu mamá está siendo muy persuasiva hoy, ¿eh?

Bill fingió una risa dulce y siguió besándole la boca de forma sucia, metiendo la lengua con descaro mientras le acariciaba el pecho por encima de la camisa. El hombre le correspondió el beso, agarrándole la cintura con una mano.

—Eres un demonio cuando quieres algo—Murmuró contra sus labios. La excitación se le notaba en la voz.

El menor sonrió con inocencia fingida y le dio otro beso rápido.

—Solo quiero lo mejor para todos…

El pequeño Dennis vio a sus padres e hizo una mueca de asco.

—Guácala…

Tanto Al como Bill se rieron. Su marido se rió más fuerte, el de rastas bicolores con una risa más controlada, fingiendo que todo era normal y cariñoso.

—Está bien. Lo pensaré. Pero no prometo nada.

Bill sonrió, victorioso por dentro, y le dio un último beso en la comisura de los labios.

—Gracias, amor.

Se sentó en la mesa como si nada, animando a Dennis a comer más con una calma que ocultaba perfectamente lo que realmente estaba pensando.

&

Era hora de receso. El salón estaba vacío y en silencio. Bill estaba sentado en las piernas de Tom, quien se había acomodado en el asiento del docente. Tenía las piernas abiertas, con el de rastas bicolores de lado encima de ellas.

El de trenzas le acariciaba el muslo lentamente por debajo de la falda, subiendo y bajando mientras lo miraba a los ojos y labios.

Bill hablaba en voz baja y Tom lo escuchaba con mucha atención, sin dejar de mirarlo a los ojos. Su mano seguía subiendo cada vez más.

—Entonces le dije que sería mejor contratar a una niñera. A él claramente no le gustó pero al final me dijo que lo pensaría.

—¿Y cómo lo convenciste exactamente? —Preguntó con una sonrisa curiosa.

Bill se sonrojó un poco, pero respondió con honestidad.

—Lo besé, como a él le gusta. Le dije que si teníamos una niñera yo podría recibirlo mejor cuando llegara cansado… ese tipo de cosas…

Tom soltó una de sus risas bajas y oscuras, haciéndose el impresionado.

—Vaya…— Dijo con admiración en la voz.

Bill se rió bajito, y avergonzado escondió la cara en el cuello de Tom. Este siguió acariciándole el muslo, subiendo hasta casi tocar su braga.

—No me siento mal…— Admitió el mayor.— Solo quiero más tiempo… para esto. Para ti.

El de trenzas le agarró la barbilla suavemente y lo obligó a mirarlo a los ojos.

—Entonces usa todo lo que tengas que usar— Murmuró rozando sus labios contra los de Bill.— No me importa si tienes que manipular a tu marido. Mientras tú termines aquí conmigo… todo está bien.

Le dio un beso lento metiendo de por medio la lengua, con calma, mientras su mano terminaba de subir por el muslo y apretaba la nalga por debajo de la falda.

Bill gimió bajito contra su boca. De pronto sentía una deliciosa sensación en su sexo.

Tom sonrió contra sus labios.

—Qué bueno que estés aprendiendo a ser tan malo, profesor…

Siguió besándolo un rato más.

Cuando se separaron, tenía los ojos más oscuros y la voz más ronca.

—Se nos está acabando el tiempo…— Dijo— ¿Por qué no bajas y me la chupas antes que suene la campana?

Bill se quedó mirándolo con las mejillas rojas y asintió con la cabeza.

Se deslizó hacia abajo hasta quedar de rodillas entre las piernas de Tom. Él lo miró con esa sonrisa arrogante y satisfecha ante su obediencia.

El mayor le desabrochó el pantalón con los dedos algo temblorosos pero ansiosos.

Sacó la polla erecta de Tom y este sonrió al verlo apreciar su longitud con brillitos en los ojos.

Saliendo de su encantamiento hacia tal divina erección, Bill se la metió a la boca sin pensarlo dos veces.

Solo con eso, emitió un gemido de aprobación y comenzó a chupársela con ganas, metiéndosela a más no poder, dejando que la cabeza gruesa de ese pene le rozara la garganta.

Tom soltó un gruñido y le puso una mano en la cabeza, enredando los dedos entre sus rastas.

—Así… qué boca tan buena tienes— Halagó mirándolo desde arriba.

Se notaba la dedicación de Bill con esa polla.

Su lengua giraba alrededor de la cabeza de una forma que desarmaba a Tom, agregando que Bill lo miraba directamente a los ojos.

Bajaba hasta la base, y las succiones hundían aún más sus mejillas. Y los sonidos, los sonidos obsenos no faltaban.

La saliva le corría por la comisura de sus labios cuando su cabeza iba de arriba hacia abajo.

Y Tom no se quedaba atrás.

Lo hundía aún más aunque hubiera llegado al límite de su pene, como su quisiera pegarlo ahí mismo.

Y lo increíble era que Bill ni se atragantaba. Ni una sola arcada. En cambio, se deleitaba con el roce y olor del vello púbico de su pelvis. Tenía los ojos llorosos pero el deseo seguía ahí, intacto.

Continúa…

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por ZenTortugaHua

Escritora del Fandom

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