
Fic TOLL de ZenTortugaHua
Capítulo 7

Bill terminó de explicar el último ejemplo del día.
Miró el reloj y ya eran casi las cinco de la tarde.
—Bien, eso es todo por hoy. Recuerden entregar el ensayo la próxima semana. Pueden irse.
Los estudiantes empezaron a levantarse entre el ruido de sillas y conversaciones. Varios pasaron cerca de él despidiéndose.
El de rastas bicolores les sonreía a todos con esa sonrisa profesional que ya tenía bien practicada, asintiendo y despidiéndose.
Cuando el salón quedó completamente vacío, soltó un largo suspiro y se tomó unos segundos para sí mismo.
Recogió sus cosas con lentitud deliberada. Guardó los marcadores, cerró la carpeta, se colgó el bolso al hombro.
Salió del salón caminando despacio, como si realmente fuera a tomar el bus. Los pasillos estaban casi vacíos. Solo quedaban algunos estudiantes rezagados y personal de limpieza. El sol ya estaba bajando y el campus tenía esa luz naranja tranquila que lo hacía verse bonito.
Cada paso que daba hacia el estacionamiento de atrás le aumentaba los nervios y el ritmo de su corazón.
Buscó el Cadillac negro que Tom le había dicho entre los pocos autos que quedaban. Y efectivamente, lo vio al fondo, un poco apartado. El de trenzas estaba terminando de guardar algo en el maletero.
El chico volteó como si hubiera sentido su presencia.
Bill sintió un cosquilleo inmediato al verlo. Esa mirada hambrienta ya estaba ahí.
—Hola…— Saludó el de rastas bicolores en voz baja cuando llegó hasta él.
Tom sonrió de lado.
—Hola, precioso— Lo escaneó lentamente hasta volver a verlo a los ojos.— ¿Cansado?
El mayor negó con la cabeza, mordiéndose el labio como ya comenzaba a hacer.
—No…
El de trenzas se acercó, le quitó la carpeta y el bolso de las manos sin preguntar y los colocó con cuidado en el asiento del copiloto. Cerró la puerta del lado del pasajero y miró a Bill con intención.
Bill entendió eso y se dirigió a la puerta de los asientos traseros. Estaba a punto de subirse cuando sintió dos manos fuertes agarrándole la cintura desde atrás.
Tom no lo dejó entrar; lo mantuvo ahí, inclinado ligeramente sobre el asiento trasero con el culo hacia afuera. El mayor soltó un jadeo cuando sintió el cuerpo de Tom pegarse completamente contra su espalda.
—Aquí mismo…— Murmuró Tom contra su oreja, mordiéndosela ligeramente.— No quiero esperar.
Apenas tuvo tiempo de procesar que el de trenzas ya le había bajado sus prendas. El aire le daba frescamente en sus nalgas. Y ni siquiera supo en qué momento el chico se había puesto un condón.
Escuchó cómo escupía en su mano y cómo esos dedos se metían en su ano, estirándolo de una forma rápida y dolorosa que le provocaba excitación.
Aquel majestuoso pene pasó entre sus nalgas y entró de un solo.
El mayor solo pudo contener un gemido agarrándose al asiento del auto.
Ahí mismo, de pie, el de trenzas comenzó con sus embestidas fuertes y rápidas. Una mano en su cadera, la otra en su hombro, manteniéndolo exactamente en la posición que quería.
El sonido de los testículos de Tom chocando contra sus glúteos creaba el sonido más excitante para el de rastas bicolores. Que no le importaba estar inclinado, abierto y expuesto para cualquier persona que se acercara al escuchar esos sonidos tan raros y frecuentes.
—Qué culo…— Gruñó Tom, dándole una nalgada dolorosa y excitante mientras seguía penetrándolo sin piedad.
Cada embestida era una jodida maravilla que Bill se tenía que morder los labios, turnándolos, para no hacer demasiado ruido, aunque se le escapaba más de alguno. El Cadillac se movía ligeramente con las feroces embestidas. Tom lo follaba como si llevara todo el día esperando ese momento.
—Maldita puta— Soltó el de trenzas, llevando la otra mano a su cadera, arremetiendo más contra su culo como si estuviera endemoniado.
El mayor sonrió, y al mismo tiempo que sonreía dejaba salir un gemido. Apretaba las paredes de su agujero solo para encender más al chico.
Hasta que con un gruñido bajo y gutural, Tom derramó su semilla en el condón.
Sacó su pene de un solo, de paso quitándole todo el aire a Bill y quitándose el condón que tiró sobre el suelo de su auto sin importarle que su esencia se saliera y manchara lo que más amaba.
La tembladera del mayor era evidente. Todavía estaba inclinado sobre el asiento con la respiración yéndose y regresando.
Tom lo tomó por la cintura y lo volteó con facilidad.
—Siéntate— Ordenó con voz ronca.
Bill obedeció de inmediato. Sentía las piernas débiles. Apenas se sentó en el borde del asiento trasero y Tom lo levantó como si no pesara nada, acomodándolo completamente dentro del auto. Acostado de espaldas en el asiento amplio.
El de trenzas cerró la puerta con un golpe seco aislándolos del mundo exterior.
Ya encima de él, le desabotonó la camisa con dedos impacientes y se la abrió por completo, bajando el sostén de encaje y dejando sus pechos expuestos al aire caliente que se encerraba en el auto. Quitó de un tirón las prendas en sus tobillos, llevándose al mismo tiempo los zapatos que salieron con facilidad.
Tom se puso otro condón rápidamente, le separó las piernas y se hundió en su sexo de un solo empujón que llegó hasta lo más hondo y placentero de su ser.
—¡Aaah…!— Gimió y casi gritó el pelinegro, arqueando la espalda.
Las mismas embestidas rudas empezaron a arremeter esta vez contra su intimidad más sensible y delicada.
El de trenzas lo miraba fijamente con esos ojos oscuros que brillaban de puro deseo. Esos mismos ojos bajaban constantemente a sus pechos que se balanceaban con cada embestida cruda. Tom gruñó ante la vista y agarró uno de ellos con la mano sin tener piedad alguna. Del pelinegro salió un grito doloroso que se mezclaba con lo placentero. Su espalda se arqueó en ese instante, tiempo mismo que apretó las paredes de su vulva sin pensar.
—Eres masoquista, ¿eh?— Murmuró sin dejar de embestir.
Apretó el pecho aún con más fuerza, haciendo que el mayor reprimiera un grito.
Su cadera chocaba contra la del contrario, el auto seguía moviéndose ligeramente con cada golpe. Y Bill tenía que agarrarse una y otra vez como pudiera del asiento.
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Después de limpiarse con unas toallitas que Tom tenía en la guantera, Bill se arregló la ropa lo mejor que pudo.
Se sentía débil pero tenía que ir por Dennis.
Tom, como si nada, se ofreció a llevarlo.
El Cadillac negro salió del estacionamiento de la universidad con calma. Bill iba en el asiento del copiloto, mirando por la ventana mientras Tom conducía con una mano en el volante y la otra descansando sobre su propio muslo.
El silencio era cómodo pero cargado.
Cuando ya estaban cerca de la guardería, Tom habló:
—¿Quieres que te deje hasta tu casa?
Bill negó rápidamente con la cabeza, un poco nervioso.
—No, está bien. Solo déjame aquí. No hace falta que vayas más lejos…
El de trenzas soltó una risa baja pero no insistió. Asintió y se estacionó en la esquina que Bill le indicó, a unas cuadras de la guardería.
Bill se quedó sentado aún, mordiéndose el labio porque se debatía por dentro. Pero luego se giró hacia él.
—Gracias… por traerme…— Dijo en voz baja, siendo sincero.
Y no dejó que Tom le respondiera. Se inclinó rápido y le robó un beso en la mejilla, justo al lado de la comisura de los labios. Fue rápido y lleno de timidez.
Se bajó del auto sin decir nada más.
Caminó hacia el jardín sin voltear, sintiendo la mirada del chico en su espalda.
Escuchó el motor del Cadillac alejándose y se permitió girarse un poco. Vio cómo el auto negro se perdía en la distancia.
Se quedó ahí parado unos segundos. Aquella sonrisa pequeña y tonta volvía a sus labios. Mientras el corazón se le aceleraba.
Respiró hondo y siguió caminando hacia la guardería para recoger a Dennis.
&
Esa noche la cena estuvo más tensa de lo normal.
Dennis estaba de mal humor desde que Bill lo recogió en la tarde.
Apenas se sentaron a la mesa, el niño empezó a quejarse con la boca llena.
—Llegaste tarde… ¡Muy tarde!— Repetía. Esta vez con intención frente a su padre.
Su esposo levantó la vista de su comida y miró a Bill con el ceño fruncido.
—¿Cómo está eso, Bill?
El de rastas bicolores no contestó de inmediato. Removía la comida de su plato sin mucho apetito.
—Tenía cosas que hacer en la universidad…— Respondió con voz tranquila.— Reuniones con otros profesores y papeleo que no podía dejar para después.
El hombre soltó un suspiro largo y dejó los cubiertos sobre la mesa con más fuerza de la necesaria.
—Pues entonces que no se vuelva a repetir. Dennis necesita estabilidad, no que su madre aparezca cuando se le da la gana.
Bill apretó el tenedor, pero mantuvo la cara neutra.
—No fue tanto tiempo. Solo me retrasé un poco.
Dennis intervino de nuevo, casi lloriqueando:
—Todos mis amigos ya se habían ido…
—Deberías de organizarte mejor. No es tan difícil llegar a tiempo por tu hijo— Su mirada seguía clavada en Bill.
Y él no discutió. Solo bajó la mirada y murmuró:
—Está bien. Intentaré llegar más temprano.
El resto de la cena transcurrió en un silencio incómodo. El hombre seguía molesto, Dennis hacía pucheros y Bill solo comía mecánicamente, con la cabeza muy lejos de ahí.
Tom.
Sí, Tom.
Él era lo más importante ahora.
Cualquier cosa dicha por Al ya no le importaba.
Continúa…
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