Fic Toll de WifesKaulitz

Capítulo 29

Francis se había quedado a pasar la noche conmigo. Habíamos intentado poner una película —una de esas comedias románticas que Georg siempre decía que eran basura pero que terminábamos viendo igual— y el sueño nos venció.

Recuerdo que me encontraba acostado bocarriba, sintiendo el peso reconfortante del cuerpo de Francis a mi lado. Él se había quedado dormido primero; su respiración era rítmica, profunda, y una de sus manos descansaba sobre mi abdomen con suma tranquilidad. Sus rastas estaban esparcidas sobre mi almohada, algunas rozando mi mejilla.

A pesar de toda la confusión que yo sentía por lo de Tom, él seguía ahí, incondicional…

La pantalla del televisor seguía encendida, bañando la habitación con una luz que hacía que los rasgos de Francis se vieran relajados. Lo observaba un momento. Se veía tan en paz, tan ajeno a todo este lío interno que yo mantenía con su hermano y conmigo mismo.

«—Bill ser bueno—» había dicho él.

Cerré los ojos con fuerza, tratando de olvidar todo, absolutamente todo y que para la boda de Tom ya solo faltaban horas…

Me acomodo de lado, buscando su calor, y enterré el rostro en el hueco de su cuello. Francis soltó un pequeño quejido entre sueños y me rodeó con el brazo, atrayéndome más hacia él sin llegar a despertarse.
Me dejé llevar por el cansancio, sintiendo cómo mis párpados pesaban cada vez más. Antes de quedarme profundamente dormido, solo pude pensar en una cosa:

¿Cómo es posible que, sabiendo todo, él decidiera seguir aquí?

Actualmente y siendo altas horas de la mañana, me revuelvo en mi cama con muchas ganas sin ni siquiera abrir los ojos. Me llevé tremendo susto cuando veo a Francis observándome con curiosidad.

Sonreí dándole un manotazo suave en la mejillas mientras escondía el rostro entre las almohadas.

— Buenos días. — susurré y casi gemía en lo que me quitaba la pereza. — ¿Dormiste bien?

— Uhm. — negó con la cabeza, acariciando mi manito en el proceso. — Mucha bulla, Bill.

— ¿Bulla?

— Ruido… tus padres ser muy enojones… ogros de Shrek.

— Oh, por dios. — reí un poco. — Yo no he oído nada, me dormí seco.

— Ellos estar regañando a hermana. — entonces me levanté de un salto de la cama, robándole la camisa a Francis para cubrirme el cuerpo y bajé, ignorando sus peticiones de que me quedara.

Bajé corriendo las escaleras lo suficiente para encontrarme con una escena que no esperaba que se estuviera saliendo de las manos (o eso creía yo).

Ahí estaban mis padres con mi hermana, más allá estaba sentado Devon con los suyos y estaban resolviendo el problemita de traía mi hermana en la panza.

Veía a mi padre que caminaba de un lado a otro como un animal enjaulado, mientras mi madre permanecía sentada con la espalda tan rígida que parecía de piedra. Frente a ellos, mi hermana lloraba en silencio, mientras Devon y sus padres intentaban mantener una postura defensiva que solo lograba encender el enojo de mi padre.

— ¡Es una deshonra! — gritó mi padre. — No solo es el hecho… es el cómo y con que no sepa de quién. ¡Teníamos planes para ti, Bhianesh Trümper!

— Señor, por favor… — intervino el padre de Devon, tratando de sonar conciliador aunque su voz temblaba. — La muchacha cometió un error, entendemos que no sea mi hijo el responsable pero por eso estamos aquí. Porque vamos a responder. Devon se hará cargo de todo, nosotros apoyaremos en lo que sea necesario.

¿Qué? ¿¡O sea que el estúpido piensa hacerse cargo de esa criatura!?

¡Genial!

— ¿Responder? — mi madre soltó una risa seca, carente de humor. — ¿Creen que con eso se borra el ridículo que nos está haciendo pasar? Es una absoluta vergüenza, ¡deberías dejarla y que se las arregle como pueda!

Mi hermana levantó la vista furiosa.

— ¡A ustedes solo les importa eso! — exclamó con la voz rota. — ¡La imagen, el qué dirán! ¡Ni siquiera me han preguntado cómo me siento al respecto! ¡O si es que quiero tenerlo o no!

— Lo vas a tener y aprenderás a ser una maldita zorra responsable, ¿oíste? — me apegué más contra la pared. Ver a Devon ahí, tan pequeño ante la furia de mis padres, me revolvía el estómago.

«Pobre imbécil.»

A mí detrás siento unos pasos ligeros. Francis había bajado también, asomándose por encima de mi hombro con preocupación. Me puso una mano en la cintura que me hizo cosquillas y también se asomó a la escena.

— Bill… — susurró Francis en mi oído. — Esto ser… muy feo. ¿Tú querer intervenir?

Miré a mi hermana, luego a mis padres.

No estaba seguro de eso porque yo mismo lo provoqué. No quiero que sea en vano el pago que le dí al imbécil de Tom a cambio de esto.

— No lo sé, Fran. — respondí en el mismo tono bajo. — Si entro ahí, seguramente mi hermana va a descargar su furia en mi contra. — en ese momento, mi padre se giró bruscamente hacia las escaleras, como si hubiera detectado nuestra presencia.

— ¡Bill! ¡Vete a tu habitación!

— ¡AAAAAAH, MALDITO BILL! — chilló mi hermana levantándose y viniendo hacia mi para querer pegarme.

Lo bueno que no lo hizo porque Francis intervino rápido, poniéndose en el medio y forcejeando tanto que los dos terminaron cayendo por las escaleras.
Me preocupé más por Francis que por mi hermana y su estado de gestación. Bhianesh se revolcaba pataleando, pegándole al rastafari sin dejar de llorar.

Devon trató de ayudarla pero no se lo permitió, es más, le dió un manotazo en la mano. Los padres del novio de mi hermana solo se quedaron preocupados.

En cambio yo veo la escena con una mano en la boca en cuanto Francis, en vez de seguir forcejeando, la abrazó con fuerza. Fruncí un poquito el ceño al ver cómo ella se refugiaba en él.
Y ahora mucho más lo fruncí cuando le veo puesto sus pantalones anchos, con solo medias blancas y del torso una de mis camisetas que le quedaba muy top.

Se veía sexy.

¿Es que acaso no hay algo que le quede mal a los Kaulitz?

Pff.

— Por favor, dejar a ella sola. — sugirió Francis. Mi padre y mi madre solo obedecieron yendo hasta su despacho mientras los padres de Devon obligaban a su hijo celoso a salir de mi casa.

El rubio ayuda a mi hermana a sentarse en el sofá, cada vez abrazándolo con fuerza y aumentando su llanto. Bajé lento hasta sentarme en el sofá de lejos.

Ahorita yo andaba a la defensiva.
Sería capaz de darle una patada en el vientre y que la patada sea tan fuerte que su hijo sale resbaloso de su interior y sienta libertad.

Así como cuando hacemos caca.

Iugh.

— No quiero tenerlo. — susurró.

— Padres poder decir lo que sea. — murmura acariciando su cabello negro. — Pero decisión estar en ti, ¿qué importar lo que digan padres? Tú ser grande para tomar decisión.

— Ellos me odiaran si lo hago, no me van a querer como antes, me van a quitar todo lo que tengo. No quería decepcionarlos.

— Pues hubieras pensado antes de acostarte con cualquiera, estúpida.

Bhianesh se tensó y el de rastas solo me reprendió con la mirada. Hice un gesto de ponerme candado en la boca para no decir nada más.

Me abracé las piernas sin dejar de ver la escena.

¿Por qué la abrazaba tanto? ¿así como si quisieran fundirse?

— Meh, papás decir lo que sea. Importar más comodidad tuya. ¿Creer poder hablar con novio para que te ayude?

«¡No!» — le hacía señas a Francis mientras hablaba sin hablar para que no se le ocurra hacer eso…

pero ya era tarde…

En menos de lo imaginado estábamos los tres fuera de la casa de su novio…

Hablando…

Y yo solo sentía que iba a matar a Francis…

Por imbécil…

— ¿Creer ayudar con dinero a novia para sacar hijo? Ella no querer hijo, querer vivir la vida y luego sí pensar en hijo.

— ¡Por favor! — exclamó Devon casi suplicante, tomando las manos de mi hermana de una forma que me hizo hacer una mueca de asco. — Nena, en verdad, no importa como ni cuando, solo… te amo, ¿está bien? nuestro amor lo puede todo y realmente estoy dispuesto a hacer lo que sea por ti.

Carajo, ¿entonces si fue en vano lo que hice?

— Mis padres no tienen problema en aceptar que vivas conmigo porque no pasan en casa, siempre de viaje y podemos vivir juntos si tus padres… ya sabes… — mi hermana solo asentía en un mar de lágrimas, sin palabras.
Después de lanzó a los labios de este idiota cuernudo bueno para nada.

Ya casi no alcanzamos en la maldita sala porque sus cuernos abarcan todo el espacio.

¡Aaagh!

Luego de ver tan «increíble escena» entre putas comillas me salí de la casa de Devon sin esperar a que el rastafari me dijera algo. Casi le doy con la puerta en la cara pero no importaba porque estaba enojado.

Me subí a ¡MI COCHE! y aceleré demasiado dispuesto a irme sin Francis, pero el maldito es masoquista. Uff, no hay nadie tan masoquista como él.
Se lanzó a la ventana abierta del copiloto de cabeza mientras se reía a carcajadas, disfrutando de la adrenalina de ir así colgado.

— ¡Wooo! ¡Acelerar más! ¡acelerar más!

Y yo como imbécil obedeciendo mientras le gritaba.

— ¡Súbete, imbécil! ¡Te vas a matar! — le gritaba tan fuerte de la rabia. Maldita sea la hora en que el plan maestro que me había costado sangre, sudor y Tom Kaulitz se estaba yendo por el caño gracias a la excesiva nobleza de Devon.

— ¡Más!

— ¡Francis, por el amor de Dios, mete el culo en el coche! — aunque no pude evitar que una chispa de risa histérica se me escapara.

Finalmente se impulsó hacia adentro y cayó en el asiento del copiloto, jadeando y con las rastas totalmente alborotadas. Se acomodó la camiseta—mi camiseta, que le quedaba ardiente—y me miró con esos ojos brillantes cargados de adrenalina.

Reduje la velocidad cuando estuvimos lo suficientemente lejos de la casa de Devon. El motor del coche era lo único que llenaba el silencio, hasta que Francis estiró la mano y bajó el volumen de la radio, que ni siquiera me había dado cuenta de que estaba encendida.

— Bill… — empezó él, logrando tener mi atención. — Tú estar muy enojado. ¿Por qué, mhmm? Devon ser bueno, él querer cuidar a hermana.

— ¡Ese es el maldito problema, Francis! — exclamé golpeando el volante. — Mi hermana no lo merece, y ese bebé… — me callé de golpe, apretando los labios. — Mierda, solo me revienta que actúen como si fuera un final de Disney.

Francis se quedó callado un momento, mirando por la ventana cómo pasaban los árboles.

— A veces… — susurró. — …gente necesitar creer en finales de Disney para no morir de tristeza, Bill.

Me detuve en un semáforo y lo miré.

— ¿Por qué eres así? — pregunté por lo bajo. — ¿Por qué la ayudaste? — Francis se encogió de hombros y se estiró para acariciar mi nuca. Sus dedos estaban fríos, pero su contacto me dio escalofríos.

— Francis odiar ver gente triste. — volví a poner andar el auto hasta que llegamos a la casa de Nick. El rubio me miró en silencio luego de soltar un suspiro pesado.

— Estoy… estoy enojado. — confesé. — No debiste ayudarla, ¡ella ha sido muy mala conmigo y se merece lo peor!

— ¿Okay..?

— Sí, yo… ¡mierda! — me di un frentazo en el volante con los ojos cerrados. — Dios, yo… me acosté con Tom solo para joderle la vida a mi hermana, ¡porque Tom le iba a ayudar a deshacerse de ese bebé como lo hizo con Ría y yo no podía permitirlo! ¡y llegas tú a ayudarla, haciendo que mi esfuerzo haya sido en vano porque de todas formas la perra será feliz! ¡Tenía que quedarse sin novio, sin padres, sin casa y con su bebé! ¡y yo quería disfrutar de eso, mirando como sufre, alimentamdome de su maldito dolor solo para compensar años donde mis padres me hicieron sentir mal por su maldita culpa! ¡AÑOS DE HACERME SENTIR QUE LO QUE HAGO NO ES SUFICIENTE!

El silencio que siguió a mi estallido fue tan incómodo. Seguía con la frente pegada al volante, jadeando, sintiendo cómo las lágrimas de pura frustración empezaban a picarme en los ojos.

Lo solté todo.

Solté toda la porquería que llevaba guardada, la verdad de por qué me había dejado consumir por Tom, de por qué me sentía tan sucio y, a la vez, tan justificado.

— Wow.

¿¡Eso era lo único que podía decir!?

— Tú querer justicia, pero buscarla en cama de Tom solo traer más fuego a casa. Bhianesh ser mala, sí… pero si ella sufrir como tú querer, ¿Bill ser feliz?

— ¡No lo entiendes! — sollocé. — Quería que esta vez perdiera, quería su perdición, su ruina, ¡todo!

— Y ella perder, Bill. — intervino él con firmeza. — Ella perder respeto de padres… tener hijos sin quererlo ser una cárcel de por vida, aunque Devon sonreír y prometer castillos. Ella ya estar pagando.

— Francis… — susurré, sintiendo un nudo en la garganta. — Deja de ser tan bueno, tan inocente, me fastidia eso. — el mencionado soltó un suspiro largo y se pasó una mano por el rostro, dejando escapar una risa seca, casi inaudible.

— Francis saber que Bill ser un niño herido… — enderecé de golpe mi cuerpo, sintiendo cómo la sangre me subía a la cara. La palabra «niño» resonó en mis oídos como un insulto hacia mi persona.

— ¿Niño herido? — repetí rabioso, a punto de soltar espuma por la boca. Me giré hacia él, clavándole una mirada cargada de veneno.

— Ujum.

— ¡No soy un niño herido, Francis! ¡Deja de jugar al sabelotodo que solo tienes dieciséis! ¡No sabes absolutamente nada! — él parpadeó, sorprendido. — ¡Estoy harto de tu maldita paz y de tu bondad de santo! — grité. — ¡Me das rabia! Me das rabia tú y me da rabia tu hermano. ¿¡No crees que tengo la edad suficiente como para que me llames niño herido, cabrón!? ¿¡eh!?

— Bill, yo solo querer que tú…

— ¡Me importa una mierda lo que tú quieras! — lo interrumpí, señalando la puerta del copiloto con el dedo tembloroso. — ¡Bájate! ¡Bájate de mi maldito coche ahora mismo! — vi cómo su mandíbula se tensaba y cómo su expresión se desmoronaba para dar paso a una decepción frívola y tajante.

— ¿Tú hablar en serio? — preguntó él, en un susurro bien inaudible.

— ¡Que te largues! — le chillé, sintiendo que si no se iba en ese instante iba a empezar a romper todo lo que tenía cerca y ese iba a ser el parabrisas de mi auto. — No quiero volver a verte, Francis. No quiero tu lástima ni tus abrazos de consuelo. ¡Vete con tu hermano, ambos son igual de estúpidos! ¡NO QUIERO SABER NADA DE LOS KAULIIIIIIITTTZZZZZ, AGH!

Francis no dijo ni una sola palabra más. Abrió la puerta del coche con un movimiento lento. Antes de salir, se giró hacia mí una última vez, pero ya no había cariño en su mirada, solo un vacío que me hizo querer retractarme, aunque mi orgullo fuera más fuerte.

Salió del auto y cerró la puerta con un golpe seco que hizo mover el coche. Lo vi caminar hacia la acera, con los hombros rígidos y sus rastas moviéndose al ritmo de sus pasos molestos.

No miró atrás.

Me quedé solo en el asiento del conductor, apretando el volante hasta que me dolieron las manos, viendo cómo su figura se alejaba…

&

A estas alturas ya no sabía que hacer con mi vida…

Eran altas horas de la noche y me encontraba con el auto a unos cuantos pasos de mí mientras yo, como todo un cobarde, estaba sujeto a un puente con intenciones de suicidarme.

El viento era frío y la mirada hacia abajito era poco visible, pero no se comparaba con el vacío que sentía en el pecho.

¿Qué quedaba?

Había traicionado mi cuerpo con Tom por una venganza que terminó en un abrazo de consuelo. Había echado a patadas a la única persona que me soportaba. Había decepcionado a mis padres, y mi hermana… mi hermana simplemente seguía siendo el centro de un universo que yo ya no podía evitar.

Y ahora, irónicamente, el silencio de no tener a Francis cerca me estaba matando más rápido que sus palabras, ni hablar de que Tom estaba por casarse mañana.

Era mi perdición.

Cerré los ojos y solté una mano, dispuesto a hacerlo. El corazón me latía de forma ruidosa con mucho miedo pero solo lo veía como una última señal de vida que me resultaba molesta.
Cuando estoy a punto de dejarme ir, de inclinar el peso de mi cuerpo hacia el vacío, un chirrido de neumáticos rompió el silencio de la noche.
No quise mirar.
Pensé que sería algún extraño, alguien que pasaría de largo.

— ¡BILL! — el grito desgarrador de una voz femenina se hizo presente.
Me tensé. Conocía esa voz. Era aguda, cargada de un pánico. Era la voz de la persona que más odiaba, pero que compartía mi misma sangre. — ¡BILL, POR FAVOR! ¡BAJATE DE AHÍ! — Bhianesh apareció en mi campo de visión, corriendo desde un auto que había dejado mal estacionado en medio del carril.

Se veía desastrosa. Su cabello negro estaba revuelto, sus ojos hinchados de tanto llorar y sostenía su vientre con una mano mientras la otra se extendía hacia mí, temblando violentamente.

— ¡Vete, Bhianesh! — grité sin mirarla, con la voz rota por el llanto que finalmente se desbordó. — ¡Vete con tu novio cuernudo y déjame terminar con esto de una vez! ¡Ya ganaste, siempre ganas tú! ¡Sigue siendo la hija perfecta que yo no voy a existir más!

— ¡ME IMPORTA UNA MIERDA GANAR! — chilló ella, deteniéndose a unos cuantos pasos, temiendo que cualquier movimiento brusco me hiciera saltar. — ¡No lo hagas, Bill! ¡Por favor, hermanito, no me dejes sola en esto! ¿A quién voy a molestar después si no estás?

— No ayudas nada ¡y ya vete! — le grité girándome para verla con el rostro empapado en lágrimas y mocoso. — ¡Incluso ahora, a punto de matarme, tienes que hacerlo sobre ti! ¿eso es lo único que te importa? ¡Eres un monstruo, Bhianesh!

— ¡Bill, por favor, baja! — ya estaba bastante desesperada. — ¡Hablemos, te juro que todo puede cambiar! ¡Solo hablemos bien!

— ¡Nada va a cambiar! — intentó apartarme de su toque con un movimiento brusco y violento. — ¡Suéltame, maldita! ¡No me toques!

En mi afán por zafarme de su mano que estaba sujeta sobre mi brazo perdí el poco equilibrio que me quedaba. Mis pies, calzados con esas botas que ahora se sentían pesadas resbalaron.

— ¡OH, POR DIOS, BILL! — sentí el vacío succionando mis talones y un grito mudo se quedó atascado en mi garganta mientras mis manos buscaban algo a lo que aferrarse. El rostro de pánico de mi hermana fue lo último que vi antes de que la gravedad hiciera su trabajo.

«Se acabó»—pensé.

Pero el impacto contra el agua nunca llegó.

En lugar de eso, un tirón violento y doloroso me detuvo en seco. Una mano masculina y grande se cerró alrededor de mi muñeca con una fuerza que me hizo soltar un quejido. El tirón fue tan seco que sentí mi hombro casi salirse de su sitio.

Quedé colgando, balanceándome sobre el abismo, con el corazón martilleando mi pecho tanto que dolía. Levanté la vista, temblando, esperando ver a un policía o a un extraño… pero me encontré con una mirada que conocía demasiado bien.

Aquel hombre estaba inclinado sobre la barandilla, con los dientes apretados por el esfuerzo y el ceño fruncido, sosteniéndome como si su propia vida dependiera de ello.

— Eso no se hace, Bill. — gruñó él, con esa voz ronca.
Bhianesh soltó un sollozo de alivio y se dejó caer de rodillas en el pavimento, tapándose la boca con ambas manos. Yo seguía ahí, suspendido entre la vida y la muerte, mirando al hombre que me sostenía con mucha atención.

— Súbalo… ¡por favor, súbalo! — suplicaba mi hermana.
El hombre no le respondió. Sus ojos estaban fijos en los míos, oscuros y decididos, ignorando por completo el drama de Bhianesh. Con un movimiento coordinado y lleno de fuerza bruta, empezó a tirar de mí hacia arriba, obligándome a buscar apoyo con mi mano libre en el barandal.

Quería gritar de enojo.

¿¡CUANTAS VECES TENIA QUE DECIR QUE NO QUERIA SABER NADA DE LOS KAULITZ, MALDICIÓN!?

¡SI NO ES EL HERMANO DE EN MEDIO ES EL MENOR Y SI NO ES EL MENOR TENIA QUE SER EL MAYOR PERO SIEMPRE UN PUTO KAULITZ, MIERDA!

¡AGH!

— ¡Dios mío, Bill! — mi hermana solo vino corriendo hacia mi cuando estuve fuera de peligro pero yo me aparté de inmediato. Ella solo me miraba, mientras Heidi rodeaba su cuerpo y se dejaba llorar.

Yo no le creía su maldito drama, solo estaba así por el embarazo que le afectaba todo.

— ¡Carajo, niño! ¿¡en qué estabas pensando!? — me regañó Nick en cuanto lo veo fijamente a los ojos. — ¡Anda, te voy a llevar a tu casa! — me metió un golpe en la espalda con fuerza que me hizo soltar un quejido de protesta. — ¡Y no digas nada! ¡Sube, carajo!

Obedecí subiendo a los asientos de atrás de su increíble coche.

— Niña tu vete en el coche que está ahí y Heidi, sígueme desde el coche de Bill. Lo vamos a dejar a su casa.

Heidi asintió en silencio rumbo a mi coche para ponerlo a andar.

Puta mierda, todo el bendito camino Nick Kaulitz me iba dando un sermón…

Y no se detenía.
Su coche bramaba cada vez que aceleraba para pasar un semáforo, pero su voz era todavía más ruidosa que el coche. Iba al volante con una mano, mientras con la otra gesticulaba de forma errática.

Oye, ni mi papá…

— ¡Es que no me entra en la cabeza, Bill! — exclamó, mirándome un segundo por el espejo retrovisor con unos ojos que echaban chispas. — ¿Tirar todo por la borda por una rabieta familiar? ¡Tienes dieciocho años, por el amor de Dios! No eres un crío de secundaria.

— ¡No es una rabieta! — intenté defenderme.

— ¡Me importa un pepino cómo lo llames! — me cortó en seco, golpeando el claxon cuando un taxi se cruzó en nuestro camino. — Casi causas que tu hermana tenga un infarto del susto en mitad del puente. ¿Te das cuenta la magnitud de la estupidez que ibas a cometer? Si no llego a pasar por ahí porque regresaba de una cena importante, ¡pff!

Me hundí más en el asiento de atrás, sintiéndome como un animal acorralado.
El coche frenó en seco frente a mi casa. El chirrido de los neumáticos fue el punto final de su sermón. Nick apagó el motor y se quedó un momento en silencio, respirando agitado, antes de girarse para mirarme directamente.

— Vas a entrar a tu casa. Te vas a dar una ducha caliente, te vas a tomar algo para los nervios y vas a dormir ¡hasta que se te olvide la estupidez que acabaste de cometer, idiota! — miré por la ventana. Mi coche donde Heidi acababa de estacionarse detrás de nosotros me distrajo. Bhianesh en cambio llegó en el suyo, bajó del asiento temblando, y me miró con una mezcla de terror y alivio que me revolvió el estómago.

Nick salió del coche y me abrió la puerta trasera, no con delicadeza, sino como quien saca la basura. Me tomó del brazo y me escoltó hasta la entrada de mi casa, donde mis padres ya estaban asomados a la puerta, alertados por el ruido y las luces.

— Aquí lo tienen. — soltó Nick frente a mi padre, con una frialdad cortante. — ¡Su hijo casi se suicida por una estupidez! ¡Denle más atención, hablen con él! ¡Y amen a sus hijos por igual, carajo! ¡No hagan que el niño se sienta mal por sus malditos desoamsjsn..!

Quería reírme por como se le enredaba la lengua.

— Desplantes… perdón… ¡pero ajá! ¡los dos hijos suyos merecen amor a partes iguales, maldición!

— Gracias… — murmuró mi padre, tomándome del hombro con una rigidez que me dolió.

Entré en la casa sin mirar a nadie. Subí las escaleras mientras oía los sollozos de mi hermana abajo y las preguntas de mi madre. Me encerré en mi cuarto y tiré la ropa al suelo.

Llorando como nunca.

Continúa…

Gracias por la visita. No olviden dejar un comentario 😉

por WifesKaulitz

Escritora del Fandom

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!