Fic Toll de WifesKaulitz

Capítulo 28

— Mhmm, Tom. — gemía mientras estaba completamente desnudo, a cuatro patas en la enorme habitación de Tom. Estábamos a oscuras y la única sensación que podía sentir era su lengua lamiendo y escupiendo en mi entrada.

Me aferraba a las sabanas negras, aruñando, mordiendo la almohada y demasiado sudoroso… tenía unos cuantos cabellos pegados en el rostro pero no era esa mi preocupación. Si no otra cosa.

— Tom. — llamé en medio de un gemido. — Francis…

— No le diré nada. — murmuró azotando mi culo a mano llena. — Es tu problema.

No le respondí nada más.

Solo pensaba en qué Tom no tenía piedad a la hora del sexo, nunca la había tenido… ahora se sentía todo muy diferente sí no había sentimientos de por medio.

O eso es lo que creía yo.

— Francis es un niño, Bill. — gruñó él, sujetando mis caderas con fuerza que dejaría marcas para mañana. — Él no sabe lo que es tenerte así.

Enterré más la cara en la almohada, ahogando un grito que mezclaba el placer más puro con la culpa que me quemaba por dentro. El nombre de Francis se sentía como una traición física en mi boca, un contraste doloroso con la calidez y la dulzura que él me ofrecía.

Francis me quería, Tom me consumía.

— ¡Cállate! — logré articular, girando la cabeza para mirarlo por encima del hombro pero solo veo oscuro. — Solo… termina de una vez.

— No, Bill. No voy a terminar rápido. — susurró ahora inclinándose para morder mi hombro, justo donde la piel es más delgada. — Vamos a disfrutar cada segundo de este trato.

Yo ni siquiera recuerdo como llegamos hasta ese punto luego de que se la había chupado en la sala, donde estaba siendo brusco, metiendo su polla hasta casi lastimar mis cuerdas vocales en el proceso.

Lo único que se y si recuerdo perfectamente es la forma en la que nos comimos salvajemente la boca. Tom me devoraba con muchísimas ganas, como si hubiera extrañado mis labios, mi cuerpo, mis besos… todo… a pesar de que haya dicho esa mierda de que está es la única forma de entendernos.

Mis pensamientos se ven nublados lentamente en cuanto siento como la punta de su polla empezaba a hundirse tan delicioso en mi interior. Arrancándome un gemido profundo.

— Sigues estrecho. — comentó con un tono de burla, pero muy entrecortado por el placer. — ¿Acaso cuando Francis te la mete no te llena lo suficiente?

— ¡No! — exclamé en cuanto la clavó toda, hasta la base. Rompiendo por dentro a billanito. — No me he acostado nunca con Francis y si sigues hablando de él, lo haré.

— No. — gimoteó y pude jurar que hizo también un puchero.

— Mierda… mhmm. — Tom empezó a moverse y como dije, no se movía con delicadeza. Sus embestidas eran precisas, furiosas… directamente clavadas en mi interior justo en ese punto débil que en aquella posición entraba de lleno.

Cada vez que me clavaba con entusiasmo, sentía cómo su cuerpo pesado y sudoroso chocaba contra el mío.

Quiero admitir que realmente extrañaba coger con él, me gustaba mucho la forma en que hace que mi cuerpo reaccione ante él.

— ¿Nunca? — gruñó cerca de mi oído. Las manos de Tom ahora enrollaban mi cabello. Parecía que ya conocía mi cuerpo a la perfección porque no necesitó buscarlo a tientas.

«O puede que sea la experiencia, no lo sé.»

Solté un gemido ahogado, enterrando las uñas hasta que sentí que la tela cedía. No podía responder, no cuando cada movimiento suyo me robaba el oxígeno y me hacía ver estrellas. Me sentía tonto, lleno de él de una forma que nadie nunca podría entender.

— Oh, joder. Baja. — ordenó haciendo presión en mi trasero para que mi cuerpo entero quede sobre el colchón y el estar acostado sobre mí. Enredó sus largas piernas entre las mías, muerde mi hombro mientras yo… solo estiro los brazos hacia al frente.

Muy cachondo.

Tom aceleró el ritmo, volviéndose errático…
El sonido de su piel golpeando la mía rítmicamente llenaba el silencio de la habitación. Eran más fuertes que mis gemidos que trataba de reprimir masacrando mi labio inferior.

— ¡Tom! — gemía su nombre una y otra vez.

— Agh, Bill. Qué rico estás, me fascinas.

— ¡Ah! — el sonido de su pene entrando y saliendo de mi culo era lo mejor. Lo más curioso es que por mucho que yo quisiera negarlo, mi cuerpo seguía reconociéndolo como su único dueño.

— Date la vuelta, Bill… — giré como pude, con los músculos temblando y la cabeza dándome vueltas. En cuanto quedé boca arriba, Tom se posicionó entre mis piernas, abriéndolas de par en par, poniéndolas sobre sus hombros.
Se hundió de nuevo en mí, esta vez en la posición de misionero, permitiendo que su dura polla rozara el fondo de mi culo. Tom me hace arquear la espalda y soltar un grito que él mismo se encargó de silenciar.

Sus labios chocaron contra los míos con una violencia necesitada.

Tom me besaba como si quisiera arrancarme el alma, succionando mis labios y me dejaba sin aliento, tirando de mi labio inferior con los dientes antes de volver a invadir mi boca con su lengua.

— Eres mío, Bill… siempre vas a ser mío. — susurró entre jadeos, bajando sus besos hacia mi cuello mientras seguía embistiendo.

— ¡Mhmm!

Qué delicioso fricción, que delicioso el peso de su pecho sudoroso aplastando el mío y la forma en que su pene se ensanchaba dentro de mi culo. Qué deliciosa la acción de permitirme tocar mi polla entre ambos.

Estaba al límite de lo placentero.

Él me besaba los ojos, las mejillas, la frente, la mandíbula y volvía a succionar mis labios con desesperación, como si intentara beberse mi resistencia. El placer era tanto, sentí como las ganas de acabar empezaba a subir desde la base de mi columna, nublándome el juicio y haciéndome olvidar todo.

— ¡Sí, Tom! — chillé. La mano derecha del trenzado ascendió sobre mi cabeza, evitando que continúe tocando mi pene. Sus labios no se despegaban nunca de mi boca.

Logré correrme muchísimo entre el cuerpo de ambos y luego Tom en mi interior.

— Oh, dios… sí… sí… — me abrazó fuerte. — Joder.

— Tengo que irme. — susurré.

— No. — plantó un beso suave al salir de mi, acostándose detrás mío y levantando mi pierna. — Mañana te irás deslechado, con el culo ardiendo y las piernas también.

La volvió a meter en mi interior de un solo.

Oh, por dios

— Te voy a extrañar mucho.

— Tom, basta… — traté de jadear, pero mis palabras se perdieron en un suspiro que fue más un ruego que una orden.

Él no me escuchó, o simplemente decidió que mi resistencia era parte del juego. Al volver a entrar en mí, mis dedos se enterraron en el colchón, me sentía demasiado sensible después de haberme corrido con anterioridad, me hizo ver destellos blancos detrás de mis párpados.

— No te vas a ningún lado. — sentenció él, tan cerca de mí oreja.
Tom empezó a moverse con una cadencia más lenta pero mucho más pesada.
Me besaba el hombro, la nuca, y volvía a succionar mis labios cuando me giraba un poco.

Pasamos el resto de la madrugada así, en un ciclo infinito de sudor, jadeos y tanta necesidad que parecía no tener fin.

Mi culo ardía tal y como lo había dicho, mis piernas temblaban cada vez que intentaba cambiar de posición pero solo pensaba en disfrutar.

&

A la mañana siguiente desperté con la luz del sol filtrándose por las enormes ventanas de la habitación de Tom. Me dolía hasta el alma, sí. Tenía el cuerpo pesado, marcado por sus manos, y los labios hinchados. Tom estaba a mi lado, profundamente dormido, con un brazo rodeando mi cintura.

Estiré la mano hacia mi celular, que estaba en el suelo. Al encender la pantalla, el corazón me dió un vuelco.

> Francis (23:45): Bill, ¿dónde estar? Me preocupas.
> Francis (01:12): ¿Tode ben?

> Georg (08:30): ¡Bill! ¿Vas a venir a clase? Francis está aquí y quiere acompañarnos a las piscinas. Tiene una cara de perro triste que no puedo con ella. ¡Se ve tierno!

Miré a Tom y luego al teléfono.

La culpa empezó a llenar mi cabeza de inmediato.
Salí de la cama de un salto, aunque el tirón en mis muslos y el ardor en mi trasero me recordaron de inmediato la intensidad de la noche. Me vestí a una velocidad récord, ignorando dolor. Miré a Tom una última vez; dormía como si no hubiera roto un plato, como si no hubiera chantajeado mi cuerpo a cambio de la ruina de mi hermana.

— Idiota… — susurré, apretando los dientes mientras salía de la habitación sin mirar atrás y próximamente de su casa.

Conduje hacia la mía casa con el corazón en la garganta. Al entrar, el olor a café y pan tostado inundó mis fosas nasales. Mi familia estaba ahí, sentada en el comedor como si nada. Mi madre sonrió al verme, pero Bhianesh, que tenía los ojos rojos y una expresión de pocos amigos, ni siquiera levantó la vista de su plato.

— Saben que Bill no llegó ayer en la tarde y tampoco a dormir, ¿verdad? — soltó Bhianesh con veneno en la voz en cuanto me senté.

— No empieces, Bhianesh. — mascullé, sirviéndome un poco de jugo con las manos temblorosas.

— ¿Y ese cuello alto con este calor? — insistió ella, soltando una risita burlona mientras me señalaba con el tenedor. — ¿Mhmm?

— ¿Dónde estabas, Bill? — pregunta mi padre levantando la vista de su taza hacia mi, arqueando una ceja. — Todavía sigues bajo vigilancia, que no se te olvide.

— ¿Quieren saber dónde estaba? — pregunté, dejando el vaso con un golpe seco sobre la mesa e hizo que mi madre diera un respingo. — ¿De verdad?

— Sí, por favor. — agregó mamá.

— Me quedé a dormir con Tom. — mi hermana escupió su comida, mi mamá se quedó fría y mi papá simplemente suspiró. — Y no te preocupes por Francis, le diré la verdad. Nos llevamos bien como amigos, es todo.

— Bill, Tom es un hombre comprometido…

— No creo que ese sea el problema, mejor hablemos de ti, hermanita.

— Déjame en paz. — murmuró mirándome de reojo antes de levantarse para empezar a irse, pero mis palabras la detienen en seco. — ¿Por qué no le cuentas a mamá y a papá la verdad?

— ¿De qué hablas? — voltea a verme, con una ceja arqueada y los brazos cruzados.

— ¿Ustedes están en contra o a favor del aborto, padres? — me dirigí a ellos con curiosidad.

— A favor, lo sabes. — intervino mi padre luego de aclarar su garganta. — ¿Por qué? — hice un silencio épico mientras pasaba mis ojos de mis padres a mi hermana.

Uff.

— Papá, mamá… Bhianesh está embarazada. — el silencio que siguió fue lo mejor. El tenedor de mi madre cayó al suelo. Bhianesh se puso de todos los colores posibles, cubriéndose la cara con las manos mientras empezaba a sollozar de manera histérica. — Y lo mejor de todo es que ni siquiera sabe de quién es el hijo.

— ¡Bill, cállate! — exclamó ella con intenciones de golpearme pero mi padre intervenía con un grito.

— ¡No lo hagas! — la mano de mi hermana se quedó en el aire. Escuché cómo la silla de mi padre se movía para colocarse en la mitad de ambos.
Yo decidí continuar.

— Ría lo sabía, papá. Estaban contando con la ayuda de Tom para un aborto en una clínica privada y no en uno clandestino. Mi hermanita quería seguir fingiendo que es la hija perfecta ante ustedes y ante Devon.

— ¡Zorra! — gritó Gordon Trümper antes de estrellar su mejilla en la cara de su hija perfecta. Apreté los ojos asustado porque la hizo caer al suelo por la fuerza con la que le dió.

— Bill… ¿qué has hecho? — susurró mi madre con la voz rota.

— Lo que ella no tuvo el valor de hacer. — respondí, agarrando mis llaves para subir a la habitación. Me bañé, me cambié y salí de la casa sintiendo que me faltaba el aire.

La bomba había estallado.
Ahora solo me quedaba enfrentar la mirada de Francis, y no sabía qué dolía más, si mi trasero o el pensar que Francis me llegara a odiar por haber echo eso con Tom a cambio de la destrucción de mi hermana mayor.

Pero obvio no le iba a decir eso…

En cuanto llego puedo ver la moto de Francis y a mis amigos con un par de cervezas fuera de la universidad, hablando y riendo mientras que alrededor la multitud de estudiantes repetía su acción.

Si más no me equivoco había un programa o algo así…
Estacioné el coche con las manos temblando sobre el volante. Ver a mi padre golpear a Bhianesh me había dejado un sabor amargo, una mezcla de triunfo retorcido y un miedo que no lograba hacerme sentir bien.
Quizás en otro momento, donde nos hubiéramos llevado bien yo le hubiera ayudado con aquello perfectamente. Hay veces en las que no la culpo porque eso provocaron mis padres pero ella decidió continuar así, solo para verme mal.

Bajé del vehículo tratando de caminar con la mayor naturalidad posible, aunque cada paso me costaba un mundo. A lo lejos, el grupo resaltaba sobre el resto: Georg con su risa escandalosa, Gustav asintiendo con calma y Francis…

Francis estaba apoyado en su moto, luciendo guapo como siempre. Iba de blanco está vez. Tenía una cerveza en la mano, pero no bebía… parecía como si me estuviera buscando con la mirada en todo momento y al encontrarme sonrió.

— ¡Ahí estar! — gritó Francis, dejando la botella sobre el asiento de la moto y corriendo hacia mí con los brazos abiertos.

Me tensé por instinto.

En el momento que sus brazos me rodearon me sentí la persona más sucia del planeta.

— Bill, asustar mucho a Francis. No responder mensajes, no llegar a casa… — murmuró contra mi oído, apretándome con una ternura que me hizo querer llorar. — ¿Tú estar bien?

— Yo… sí, Fran. Perdón. — me separé suavemente, evitando mirarlo a los ojos directamente. — Tuve un problema familiar horrible. Mis padres… mi hermana… uff… — agaché la cabeza sonrojado. — Nos enteramos que mi hermana está embarazada y todo explotó esta mañana.

— ¡Hey, el desaparecido! — Georg se acercó trotando, dándome un golpe amistoso en el hombro que me hizo soltar un quejido involuntario. — Vaya cara traes, hermano. Parece que te pasó un camión por encima. ¿Tan mala estuvo la pelea en casa?

— Peor de lo que imaginan. — respondí, tratando de acomodar el cuello de mi camisa, consciente de que las marcas de Tom estaban ahí.

— Bueno, lo importante es que ya estás aquí. — intervino Gustav, entregándome una cerveza fría. — Francis estaba a punto de llamar a la policía o a los hospitales. — rió un poco dándole un sorbo a la suya. — Vámonos a las piscinas, Bill. Necesitas despejarte y nosotros necesitamos un descanso de tanto libro. Ya la mayoría de la universidad está allá.

Francis me tomó de la mano, entrelazando sus dedos con los míos. Su piel estaba tibia y su tacto era tan respetuoso que me quemaba.

— ¿Bill querer ir? Si tú estar cansado, podemos ir a descansar a mi casa de Nick. Todos estar de viaje. — miré a mis amigos y luego a él. El remordimiento me estaba matando, pero estar solo con Francis en casa de su hermano ahora mismo me aterraba.

— Vamos a las piscinas. — dije forzando una sonrisa. — Necesito… agua fría. Mucha agua fría.

Francis y mis amigos aceptaron.

El trayecto hacia las piscinas del club universitario se sintió lejano. Mientras Georg y Gustav iban en el coche de adelante, cantando a todo pulmón y haciendo bromas por la ventana, yo iba en mi coche con el aire acondicionado al máximo, sabiendo que Fran iba en su moto a mi detrás.

Al llegar, el lugar era un caos de música, risas y cuerpos bronceados. Mis amigos no perdieron tiempo; se lanzaron al agua casi de inmediato, salpicando a todo el mundo y compitiendo por quién hacía el mejor clavado.

Yo, en cambio, me senté en la orilla de una de las reposeras más alejadas, con las piernas colgando hacia el agua pero sin intención de quitarme la camiseta. Francis, que se había quedado en shorts mostrando su torso poco marcado y esas rastas que caían con descuido sobre sus hombros luego de haberse echo un moño sin tanto éxito. Se sentó a mi lado con una cerveza nueva.
Estaba tan tranquilo, tan ajeno a la tormenta de suciedad que yo cargaba.

— Bill… — murmuró él, rozando con sus dedos mi rodilla. — Tú estar muy callado. Si tú no querer estar aquí, nos vamos. No importar los chicos.

Suspiré, mirando cómo Georg intentaba hundir a Gustav a lo lejos… creí que era el momento.
No podía seguir fingiendo que el problema familiar era lo único que me tenía así.

— Fran… — hablé por fin, sin ser capaz de sostenerle la mirada. — Perdón por preocuparte tanto. — él se inclinó hacia mí, obligándome a que lo mirara.
Sus ojos eran tan claros, tan honestos, que sentí un pinchazo en el estómago.

— Francis no importar eso. Francis solo querer que Bill estar feliz. — hizo una pausa, pasando su mano por mi brazo, justo donde una de las marcas de Tom comenzaba a asomarse bajo la tela. — Tú… tú estar diferente hoy. ¿Algo más pasar en casa? ¿Tus padres decirte algo malo a ti?

Tragué saliva.

— Pasaron muchas cosas, Francis. Cosas que… — apreté los labios en una línea recta. — Uhm, siento que no soy la persona que tú crees que soy. A veces tomo decisiones de mierda pensando que estoy ayudando a otros, pero solo termino manchándome yo.

Francis frunció el ceño, confundido y luego me tomó de las mejillas con ambas manos.

— Bill ser bueno. Bill ser la persona más hermosa que Fran conocer. — susurró, acercándose a mi rostro. — Fran estar aquí para cuidarte.

— Francis… yo… — empecé a decir, pero el sonido de una notificación estridente en mi mochila, que estaba justo entre nosotros, me interrumpió.
Era mi teléfono y la pantalla se iluminó con un mensaje que hizo que mi sangre se congelara.

> Desgraciado (12:15): ¿Podemos vernos hoy? Te fuiste de mi casa sin despedirte.

Francis bajó la vista hacia la mochila, atraído por la luz que parecía un faro en medio de la tarde. El rastafari frunció el ceño ligeramente, sus ojos se movieron de la mochila a mi rostro.

— ¿Descraciado? — murmuró. — ¿Quién ser descraciado, Bill? — el silencio que se formó entre nosotros fue mucho más ruidoso que los gritos de Georg y Gustav en la piscina. Francis soltó mis mejillas lentamente, como si le quemaran. Sus manos bajaron hasta quedar inertes a sus costados. — ¿Mhmm..? — joder, ahora me estaba analizando de pies a cabeza. — Ese… ese marca en tu cuello, Bill. ¿Qué es? — quedó callado, procesando la información. Miró el teléfono que yo apretaba contra mi pecho luego de sacarlo de la mochila y volvió a mirar la marca.

— Fran, yo… — aclaré mi garganta.

— ¿Ser él? — preguntó Francis con demasiada curiosidad. — ¿Ser Tom?

— Sí. — suspiré agachando la cabeza.

— Oh. — el rastafari empezó a reír a carcajadas. — ¡No poder creerlo! ¡Bill agregar a Tom como desgraciado, miegda! — yo fruncí el ceño y crucé los brazos.

— Es lo que es.

Francis no se lo creía.

— ¡Descraciado! — repitió él, secándose una lágrima imaginaria mientras me miraba. — Bill ser muy divertido. Tú odiar tanto a Tom, eso ser muy… ¡muy tú!

— ¡Francis! — grité tratando de captar su atención. El rastafari dejó de reír para mirarme con seriedad.

— Lo siento… ¿qué pasa?

— Ayer estuve con Tom y… — bajé un poco mi camisa para dejarle ver las marcas. Francis arqueó ambas cejas, abrió mucho los ojos mientras una sonrisa que no supe cómo describir aparece en sus labios.

— ¿Te cogió? — murmuró tan bajo haciendo que mi rostro se encendiera en un leve tono rojo. — ¡Oh! — Francis se tapó la boca con ambas manos.

Muy dramático el tipo.

— ¿Qué sentir?

— Ehm, y-yo… ¿no estás molesto?

— Nein, pff. Tú decirme… ¿qué sentir? — me encogí de hombros mientras sonreía con el ceño fruncido.

— Pues sientes… uhm… no sé cómo decirlo, Fran, es una sensación muy deliciosa. ¿Tú ya lo has echo?

Francis se sonrojó y antes de responder…

— ¡BILL! ¡FRAN! ¡VENGAN YA O LOS ARRASTRAMOS! — el grito de Georg rompió nuestro momento.
A lo lejos, Georg y Gustav estaban flotando sobre unos inflables gigantes, saludando con las cervezas en alto. Francis se puso de pie, ofreciéndome la mano con caballerosidad y por supuesto la tomé con una sonrisa. Me encargué de ponerme adecuado antes de lanzarme a la piscina con él en medio de risas.

Un problema menos.

&

— De acuerdo, Bill. Yo esperar. — dijo Francis en cuanto llegamos a la casa de Tom luego de salir de las piscinas.
Geo y Gustav se fueron muy… ¿cómo puedo decirlo..?
Muy cachondos entre las copas que se habían pegado mientras se divertían.

En cambio yo solo tomé muy poco y Francis también, estábamos bien dentro de lo que cabe.

Asiento con la cabeza mientras me bajo del auto, para tocar el timbre. Una mujer mayor desconocida se dejó ver ante mis ojos para dejarme pasar y suspiré, dirigiendo mis pasos al interior de la enorme casa de Tom Kaulitz.

Olvidé mencionar que había decidido llegar sin avisar.

— Creo que ya llegó el wedding planner, hija.

— Genial. — comenta Ría con una sonrisa pero al girar a verme esa misma sonrisa desapareció.

— ¡Tú! — exclamó con enojo.

— ¿Yo? — arqueo una ceja.

— ¿¡Qué haces aquí!?

— Pues no sé. — me encogí de hombros. — Tu prometido me quiere ver… aunque es lógico que me busque porque luego de la noche caliente que pasamos ayer, ¿quién no quisiera volver a repetirlo?

La cara de Ría pasó de blanca a un rojo encendido en menos de un segundo, con la boca entreabierta, procesando mis palabras mientras su madre, la mujer mayor que me había dejado pasar, soltaba un jadeo de puro horror.

— ¿Qué… qué acabas de decir?

— Lo que oíste. — respondí cruzándome de brazos. — ¿Dónde está? — Ría soltó un grito de rabia y se lanzó hacia mí, pero antes de que pudiera tocarme, una voz ronca y autoritaria retumbó desde lo alto de las escaleras.

— ¿Qué vas a hacer? — Tom estaba apoyado en el barandal con una camisa negra entreabierta y unos pantalones de pijama. No parecía ni un poco arrepentido; al contrario, bajó los escalones con una lentitud exasperante, clavando sus ojos en los míos.

— Tom… — murmura Ría, girándose hacia él con lágrimas en los ojos. — Dime que no es verdad. — Tom se detuvo al final de la escalera, metió las manos en los bolsillos de sus pantalones y se encogió de hombros.

— No entiendo el por qué te poner así si entre tú y yo no hay nada, simplemente nos vamos a casar por lo que ya sabes. Es todo. — dijo él, ignorando su llanto. — Y solo quería verte, Bill. Me hace bien…

— Okay. — sonreía con inocencia. — ¿Ya me puedo ir? Es que Francis me está esperando afuera.

Tom arqueó las cejas.

— ¡Estás jodido! — comenta Ría caminando al exterior de la casa a pasos rápidos. — ¡Le voy a decir al pequeño que te acostaste con su hermano! — la oigo decir, pero no importaba a estas alturas de la vida.

— ¿No la vas a detener? Digo… es que seguramente Francis pueda que lo tome de la peor manera y yo no me quiero pelear con nadie. — Tom agachó un poco la cabeza. — Me siento muy apenado también… no debí pelear.

— No me lo digas a mí, él está afuera. Probablemente le haga bien que su hermano quiera disculparse luego de la estupidez que hicieron ambos.

Tom suspiró.

— No me des sermones, anda a ver qué hace Ría.

— Yo…

— ¡La gente está mal! — entró gritando Ría, despertando a su mamá que se había quedado dormida en uno de los sofás. — ¿¡Cómo es posible que ese niño estúpido no reaccione de la peor manera y te deje para que sufras!? ¡para que te quedes también como el perro de las dos tortas, maldito!

Tom me miró esperando una explicación. Solo pude encogerme de hombros.

— ¡Él ya sabe que se acostaron! ¡No puedo creerlo!

— Ser porque Bill y Francis solo ser amigos, no pareja. — entró diciendo el rastafari, haciéndose presencia en la escena. — ¿Nos vamos, Bill?

— Sí. — entrelacé su mano con la mía mientras me dejaba llevar hacia el exterior de la casa de Tom.

En silencio.

Continúa…

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por WifesKaulitz

Escritora del Fandom

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