Fic Toll de WifesKaulitz

Capítulo 27

FRANCIS

El frío de la noche me calaba los huesos pero nada dolía tanto como el pecho. Parecía que el corazón me iba a estallar.
El maquillaje que Bill había puesto en mi cara con tanta dedicación ahora era un manchón negro y pegajoso que se mezclaba con mis lágrimas y la sangre de mi labio.

Conduje como un loco hasta la casa de Nick, saltando semáforos, baches y algunos cruces peatonales. Al llegar la mujer de servicio me abrió, dejándome pasar.

Nick estaba ahí, con una copa de whisky. Besando con ternura a su esposa… él no lo sabe pero me revolvió el estómago como nunca.
Al verme dejó de besar a su esposa y su expresión cambió.

No se rió, no hizo bromas sobre lo mal que se veía mi cara así.
Dejó la copa sobre la mesa, Heidi nos dió espacio y caminó hacia mí con pasos rápidos.

— ¡Francis! ¿Qué diablos…? — empezó a decir, pero no lo dejé terminar. Me desplomé contra su pecho, escondiendo mi cara en su hombro, manchando su camisa con el desastre negro que era mi rostro. Mis manos se aferraron a su espalda con desesperación, y los sollozos que había estado aguantando salieron de forma violenta, rompiéndome la voz.

— Nick… mamá… ella querer mandarme a Rusia. — logré articular entre espasmos de llanto. — Ella decir que yo ser estorbo… que Bill querer a Tom.

Sentí los brazos de mi hermano mayor rodearme con una fuerza protectora que no esperaba ya que recuerdo que era un hombre poco demostrativo. Suspiró profundamente y apoyó su barbilla sobre mi hombro, ignorando que mis lágrimas y el maquillaje estaban arruinando su ropa.

— Shhh, tranquilo, malen’kiy brat. (hermanito) — murmuró Nick, dándome palmaditas firmes en la espalda. — Respira. Cuéntame todo.

— Tom… Tom me golpeó. — sollocé, apartándome un poco para que viera mi cara, el labio hinchado y el moretón que empezaba a asomar bajo el maquillaje. — On skazal, chto Bill byl musorom… chto ya sobral yego ostatki. No Bill ne musor, Nick. Bill… on muzhchina, kotoryy mne nravitsya. (El dijo que Bill era una basura… qué yo recogía sus sobras. Pero Bill no es basura, Nick. Bill es… es el hombre que a mi me gusta.)

Nick me llevó hasta el sofá, sin soltarme el hombro. Nos sentamos juntos y mi hermanito mayor seguía abrazándome.

Yo lo veía más padre que a mi propio padre.

— Algo mencionaba mamá esta tarde antes de irse. Qué hablaría con Bill, que quería que Tom se case con amor y entre otras cosas más. No comprendo por qué trata de negociar con Tom si mamá sabe muy bien cómo es él de testarudo. No hay remedio que lo haga entrar en razón… si ya eligió a Ría pues ya está y si a ti te gusta Bill borot’sya za eto. (lucha por él). — asiento con la cabeza sintiendo un poco de emoción.

Nick era el único que me entendía.

— Yo no querer irme. — le supliqué, tomando su mano con fuerza. — Yo querer a Bill. No es capricho, Nick. Él estar mal, él estar llorando por Tom y yo solo querer cuidarlo. ¿Por qué todos querer romper a Bill?

Nick me miró en silencio por un largo rato.
Sacó un pañuelo de su bolsillo para limpiarme el rostro con cuidado.
Recuerdo que cuando mamá me pegaba e iba a escudarme tras de él siempre me defendía.

Tom hubiera puesto mi cabeza en bandeja para que mi mamá o papá puedan hacer y deshacer conmigo lo que se les diera la gana.

— Nadie te va a mandar a ningún lado si tú no quieres.

— ¿De verdad? — pregunté, sorbiendo por la nariz. Nick asintió con la cabeza divertido ante tal acción y yo también reí.

— Si, y si quieres voy a hablar con Bill.

— No. — hice una mueca de mal gusto, mirando a un punto fijo de la sala. — Bill quiere espacio, yo respetar eso… además… Fran querer comportarse como un chico maduro para Bill, ¿da?

— Como un hombre de huevos.

— ¡Nick! — exclamé todo abochornado por su comentario. Mi hermano empezó a reír a carcajadas ante lo rojo que me había puesto.

— Fran, por dios. — continuaba riéndose y luego se detuvo, mirándome con curiosidad. — ¿Ya has cogido?

— ¡No! — tapé mi rostro con ambas manos, quería que el sofá me trague ese rato.

— ¡Pff! Yo a tu edad… no, un poquito más ya embaracé a mi última novia y Karina salió de ahí. La amo mucho pero tuvo un final triste… pero en fin, te pierdes de lo maravilloso que es coger.

¿Por qué se sentía tan raro y gracioso la palabra coger?

— No, Nick. No he cogido.

— Pues tienes que ir con Bill, pararte de frente y decirle: Bill, te quiero coger. Los huevos me van a estallar cada que te veo, papacitoh recoh.

— ¡Nick! — regañó mi madre entrando por la gran puerta, haciendo que ahora el sonrojado fuera él. Yo solo me volví tan serio que me levanté del sofá, rumbo a la habitación que Nick me había echo en cuanto supo que yo vendría.

Pss, claro. Soy como su segundo hijo.

— Lo siento, mamá. — ella no le respondió. Su atención iba todo a mí.

— Francis, espera. — me detuve en seco, a solo dos pasos de las escaleras.

— Mamá, deja al niño en paz. No te metas en su vida por un momento, en serio. Déjalo crecer, decepcionarse del amor, odiar a sus hermanos, familiares, a todos…

— No, no me importa. Quiero que se vaya a Rusia con Andreas lo más pronto posible. No estará para la boda de Tom.

— Naskol’ko mne eto vazhno. (Para lo mucho que me importa)

— ¿¡Lo ves!?

— Francis, no responda así a mamá. — regañaba Nick muy serio.

— Mne zhal’ (Lo siento).

— Vamos, recoge las cosas que tengas aquí.

— Mamá. — intervino Nick. — Por favor, no. Fran se va a quedar conmigo y yo me haré responsable. Está de vacaciones y sobre todo enamorado, ¿cómo le vas a quitar ese lujo?

— ¿O sea que apoyas que esté enamorado de alguien que no lo quiere y está confundido? ¿apoyas que siga queriendo las cosas de Tom? ¿apoyas que su comportamiento sea así de rebelde?

— No…

— ¿Entonces? — Nick se quedó callado. — No sabes las ganas que tengo de darle con la chancla en la cabeza para que se olvide del pelinegro de una vez por todas. Quiero que Tom se case con Bill y ya.

— Ese no es nuestro asunto, ¿está bien? Pero Francis no va de vuelta a Rusia, lo extraño mucho y ahora que está aquí pues quiero que se quede… independientemente de todo lo que me has dicho. Recuerda que lo amo como mi segundo hijo.

Charlotte simplemente suspiró…

Porque ella no iba a discutir eso con Nick.

Sabía que saldría perdiendo.

.

BILL

¿Adivinen quién estaba jugando a la familia feliz?

¡Exacto! Los Trümper.

Papá y mamá hacían una buena parrillada mientras que su hija jugaba con Devon—su novio—y uno de los caninos de mamá llamada Perla.

Papá giraba la carne con tanta experiencia que le enorgullecía y mamá reía de algo que decía Devon. Probablemente así se hubiera visto mi día de casado con Tom…

¡Pff!

Sinceramente, no sé qué era más molesto: si la risa fingida de mi hermana, pensar en Tom o esa perra. Qué animal para más feo, de verdad… parecía un error genético con patas que mamá insistía en tratar como si fuera de la realeza.

— ¿Estás bien, Bill? — la voz de Gustav me sacó de mi trance amargo.

— ¿Tengo cara de estar bien, Gus? Mira eso. Es el festival de la hipocresía. — susurré. — Todos sonriendo mientras mi mundo se cae a pedazos.

— Deberíamos salir con Fran. — sugirió Georg a pesar de saber lo que vino a decime su mamá. Gustav le dió un golpe que le hizo caer en cuenta y luego sonreía, con mucha vergüenza. — Lo siento, es que me cayó tan bien y hace mucho que no lo vemos. Lo extraño mucho.

— Yo también lo extraño. — susurré.

Quisiera verlo…

— ¿Qué tal si le hacemos una llamada desde mi teléfono? — propone Gustav al ver mi rostro de tristeza. Yo me sonrojé al instante mientras asentía con lentitud.
Me había acostumbrado tanto a sus estupideces y a qué me haga enojar de la peor manera.

— ¡Genial! — exclamó Georg jalándome a Gustav y a mí muy lejos de la increíble escena familiar.
Al lugar que me llevaban era a mi habitación para mayor privacidad y en cuanto llegamos los tres nos dejamos caer en la cama.

Gustav sacó su teléfono para empezar a marcar el número de Francis que había agregado como: «Tom de Rusia».

¡Pero que nombre!

— Nada más no le digan que también lo extraño y así.

— Okay. — sonreía Geo, pulsando la tecla para llamar. El ruido repicó un par de veces antes de que en la otra línea se oyera una voz.

— ¿Hola?

— ¡Francis! — exclamó Georg con susto. — ¡La voz se te envejeció unos mil años más! — por la forma tan graciosa que rió la persona que estaba al otro lado de la línea deduje que ese era Nick.

— Okay, gracias por eso… pero no soy Francis, soy su hermano mayor Nick. ¿Qué se te ofrece?

— ¡Oh, Dios! — exclamó Georg avergonzado. Gustav y yo nos tapamos la boca para ahogar las risas. — Lo siento, Nick. Es que…

— No te preocupes. — interrumpió.

— Bueno, ¿dónde está Fran?

— Está jodiéndole la paciencia a Heidi en la cocina mientras trata de hacer un pastel, si desean pueden venir ¿o le paso el teléfono?

— Pásale el teléfono, por favor, y si vamos a ir. — agregaba Gustav, dándome una mirada de picardía. Me encogí en mi lugar mientras abrazaba mi peluche bebé, haciéndome el loco.

— ¡Francis! — oí gritar a Nick mientras daba unos pasos. — Te hablan al teléfono.

— Uhm, ¿aló?

— ¡Francis!

— ¡Olé, Georgie! ¿¡Cómo estar, amigo!?

— Bien, ¿cómo estás tú?

— Georgie, Georgie… Fran estar triste. ¿ustedes saber de Bill? — yo tragué saliva cuando mis amigos voltearon a verme. — Él pedirme espacio, ¡pfff! venir a casa de Nick pronto, yo mandar ubicación a teléfono de Gustav. — Georg asentía como si Francis pudiera verlo. — Fran tener que contar a ustedes que yo pelear a golpes con Tom por Bill.

Parpadeo reiteradas veces, sintiendo cómo mi corazón estaba latiendo a mil bajo la mirada asombrada de mis mejores amigos y como no pude aguantar la presión salí huyendo al baño, como todo un maldito cobarde.

Me arrimé a la puerta y me dejé caer, teniendo apegada la espalda en la madera, con los ojos cerrados. Me abracé las piernas y miraba a un punto fijo mientras me balanceaba de adelante hacia atrás.

Yo no quería ocasionar un maldito problema entre hermanos.

Creo que la mejor decisión es alejarme de la familia y ya. Eso era todo.

— Bill. — Georg golpeaba la puerta con toques suaves. Apreté los ojos con fuerza, no quería hablar sobre eso, no quería nada.

— ¿Mhmm?

— ¿Quieres ir con nosotros? Estoy seguro que Francis estará feliz de verte. — levanto de inmediato mi cuerpo del suelo para abrir la puerta y darle la cara a Georg y a Gustav con un rostro de pocos amigos. — No nos veas así.

— Solo dí que quieres ir ¡y ya!

Mordí mi labio inferior mientras una sonrisa se extendía por mi rostro. Georg y Gustav también sonrieron mientras me jalaban de ambas manos para sacarme corriendo de la habitación, rumbo al coche de Gustav.

Mierda, ¿qué había pasado con él pensamiento de alejarme de toda esa familia?

¡Pues nada, se fue al carajo!

&

— Pasen. — sonreía Heidi abriéndose paso. La veo de arriba abajo con una expresión de burla por estar completamente manchada de harina, el pelo revuelto de masa. Más allá el cabello de Nick estaba blanco al igual que su cara y Francis tenía un pañuelo gris en la cabeza tapando sus rastas, una mascarilla y las manos pegajosas de la masa que traía Heidi en el cabello.

En cuanto Francis me vió solo agachó la cabeza.

— Los dejamos, ¿está bien? — Nick se acercaba hasta su esposa para tomarla de la mano y desapareciendo por las escaleras. Francis fue a la cocina, probablemente a verse más presentable mientras Georg, Gustav y yo nos miramos entre nosotros.

— Okay, Gusi. — murmuró Georg tomándolo de la mano. — A la cuenta de tres, nos vamos.

Fruncí el ceño.

— ¿Qué?

— Una…

— Uy, Georg Listing. Si tú te vas. — amenaces con el dedo índice.

— Dos…

— ¡Gustav, dile algo!

— ¡Tres! — y ese par salieron corriendo dejándome bastante confundido en medio de la enorme sala de Nick Kaulitz en menos de lo esperado.
Francis salió ya más presentable luego de unos segundos y al verme solo a mí ahí, suspiró.

— ¿A dónde está Georgie y Gusti? — me encogí de hombros antes de meter ambas manos a los bolsillos de mi pantalón, mirando hacia el suelo. — ¿Algo de tomar, Bill?

— No, y-yo… mhmm… — mi rostro estaba de un ligero color rosa, podía sentirlo en mi cara ardiente. Relamía mis labios una y otra vez sin saber que podía decir, que podía hacer o simplemente podía salir corriendo como un cobarde pero no lo hice.

Mis piernas no obedecen ante mi orden.

Francis suelta otro suspiro a medida que se va acercando a mí, con pasos lentos hasta estar frente a frente.
No fui capaz de levantar la cabeza para poder verlo, me daba muchísima pena.

— ¿Uhm? — apartó un mechón de mi cabello para ponerlo detrás de mi oreja, liberó mi vista en un treinta por ciento donde sus labios se hicieron visibles ante mis ojos.

Tragué saliva sintiendo tanta tentación de comerle la boca en ese instante.

— ¿Bill todavía estar enojado con Fran?

— No estoy enojado. — susurré, finalmente levantando la vista para encontrarme con sus ojos, mismos que me robaron el aliento. Tenía un moretón subiendo por el pómulo, cubierto por una capa ligera de maquillaje que de lejos no se notaba. — Yo… solo quería verte porque extrañaba que me hagas enojar. — confesé alejándome de él, lo suficiente para estar lejos y darle la espalda.

— Wow. — rió con gracia, siguiéndome detrás. — Eso ser muy extraño.

— Lo es. — respondí en un hilo de voz, sin girarme. — Pero ya no importa. Ya te ví y ahora me voy. — dije porque cada vez lo sentía más cerca, más cerca y más cerca.
Siento su mano rozar mi hombro, tal acto me hizo cerrar los ojos… Francis suspiró pero profundo, moviendo los mechones rebeldes de mi cabello, erizando mi piel.

— Fran no querer que Bill se vaya. — soltó de repente, rompiendo la burbuja de tensión. Quería reírme muchísimo pero no lo hice, no era un momento de burlarme de la situación de su mal alemán.

Solo me giré lentamente y lo veo a los ojos.
Estiré la mano para acariciar dónde le habían pegado, toqueteando su carita con muchísima ternura y antes de que pudiera decir algo más simplemente lo abracé con mucha fuerza.

— Francis, me caes muy bien.

— Oh. — me correspondió al abrazo entre suspiros pesados y acariciando tiernamente mi cabello. Cerré los ojos disfrutando de sus caricias, eran tan suaves que me hacían ronronear contra su pecho. — Ya vas ochen’ lyublyu. (Te quiero mucho).

&

Después de un día largo de universidad llegaba a casa, cansado, con mucho sueño. Tiré la mochila en cualquier lado de la sala solo para subir corriendo a mi habitación y lanzarme en la cama, pero los murmullos que oía venir desde la habitación de mi hermana me detuvieron en corto.

Podía reconocer perfectamente su voz y la de la comprometida de Tom, hablando de algo que me hizo sentir mal.

—… ¡ya solo faltan como tres días para la boda, amiga! — susurró/gritó Ría con mucha emoción. — Tienes que ir muy bella, bella. ¿Entendido?

— Ujum. — pero la voz de mi hermana sonaba apagada.

— Beba, no estés triste. Así como Tom me ayudó también te ayudará a ti, ya le hablé de tu problema. Tom lo sabe.

«¿Así como Tom me ayudó?» — le pregunté a mi cabeza mientras entrecerraba los ojos, haciendo memoria.

— ¿Y no te dolió?

— ¿Qué?

— ¡El aborto, Ría! — exclamó mi hermana en medio de un susurro. Tapé mi boca con ambas manos, asustado, asombrado, con todas las palabras que terminen en ado.
Me negaba a creer que mi hermana se encontrara en una situación así.

Era oro puro.

— ¡Shhh! ¡Cállate, Bhianesh! — siseó Ría, y escuché el sonido de algo golpeando la cama, probablemente un cojín. — No digas esa palabra tan fuerte. Nadie puede enterarse, especialmente tú hermano menor… con lo mucho que se aman.

— Pff, Bill no está. No hay nadie en casa.

— Oh, Okay. — escuché la risita nerviosa de la perra de Tom. — ¿Qué tal Devon? ¿Él… él lo sabe?

Mi hermana tardó un poco en responder.
— No… ni siquiera sé de quién es.

Madre mía.

Quería reírme duro.

— ¿Cómo que no? — la voz de Ría sonó con una mezcla de horror y pena. — Beba, eso es… malo. Devon está convencido de que eres la mujer de su vida. Si se entera de que estás esperando un hijo que no es suyo, ten por seguro que no va a querer saber de tu vida nunca más.

— ¡Pues con más razón! — oí exclamar a mi hermana mayor pero esta vez ya a lo lejos porque lo que con lo que supe ya era suficiente. Empecé a bajar a pasos decididos a la salida de mi casa.

Me subí al coche para conducirlo y empecé a llamar a Karina en el proceso.

— Billy, mi amor. ¿¡Por qué siempre llamas en los momentos más…

— Solo quiero la ubicación de Tom, ¿está bien? — Karina colgó luego de soltar un bufido y en menos de lo que esperaba me llegaba la ubi de la nueva casa de Tom.

Conduje el coche rumbo aquella dirección y al llegar lo estacioné como vaya. La casa de Tom era elegante, fría y demasiado grande para alguien tan vacío como él.
Entré sin llamar, empujando la puerta principal que, para mi suerte, estaba mal cerrada. Entonces empecé a escalar la enorme pared hasta caer al otro lado de espaldas.

Me levanté y corrí lo suficiente hasta llegar al interior de la casa donde había un Tom solitario, de espaldas a mí. Lo que ví me dejó vuelto loco y después de mucho… excitado…
Tom estaba sin nada más que no fueran sus boxers, observando un documental de Chernobyl mientras comía palomitas y bebía coca cola.

Eructando al aire.

— ¿Qué carajos haces aquí, Bill? — susurró Tom, probablemente mirándome por la pantalla de la televisión. — Nadie te dió permiso de entrar.

— Tom. — susurré casi olvidando a lo que venía. Su espalda se veía jodidamente bien desde atrás, la luz azulada de la pantalla de televisión resaltaba cada músculo que yo conocía de memoria. Verlo así, tan despreocupado, tan… él, en su estado más primitivo y solitario, me hizo flaquear por un segundo. El aroma de su perfume habitual mezclado con el olor de las palomitas inundaba el lugar, recordándome noches que juré olvidar.

— Lárgate de mi casa. — habló Tom, sin dignarse a girarse, aunque noté cómo sus hombros se tensaban. Agarró el vaso de Coca-Cola y le dio un trago largo, ignorando mi presencia de una forma que solo podía sacarme de quicio. — Vuelve con mi hermanito a jugar a las muñecas.

Ese comentario fue el balde de agua fría que necesitaba para recordar la suciedad que acababa de escuchar en mi casa.
La excitación se transformó en una rabia ciega que me subió por todo el cuerpo.

— No he venido por ti, Tom. Créeme que mi estándar ha subido bastante desde que no estamos juntos. — espeté, recuperando la compostura y acercándome a pasos lentos hasta quedar justo detrás de su sofá. — He venido porque sé lo de Bhianesh.

Tom se quedó quieto, con el puñado de palomitas en las manos a medio camino a su boca.

Lentamente, dejó el envase de las palomitas sobre la mesa de centro y giró la cabeza lo suficiente para que su perfil quedara a la vista.

— No quiero que la ayudes, deja que se joda sola.

— No sé de qué hablas. Vete de aquí antes de que te saque a patadas.

— ¡Bien que sabes, Tom! — exclamé. — Vas a financiar el aborto de un hijo que ni siquiera sabe esa zorra de quién es.

— Es mi dinero y yo veo lo que hago pues. — Tom se levantó lentamente del sofá, para verme a la cara. Sonreí con malicia al darse cuenta de que ya la había cagado y no le quedó de otra más que confesar. — Ría me dijo que tu hermana estaba mal, que necesitaba discreción absoluta para no arruinar su futuro con Devon. Yo solo voy a poner el dinero para que se haga en una clínica de verdad y no en un callejón clandestino.

— No lo hagas… por favor…

Tom sonrió.

— ¿Y qué obtengo yo a cambio?

— ¿Qué quieres? — coloqué ambas manos en la cintura. Tom soltó una carcajada seca, una que no tenía nada de gracia y sí mucho veneno. Se acercó a mí lentamente, poniendo mis pelos de punta.

— ¿Qué quiero? — repitió, bajando la voz hasta que fue un susurro. Sus ojos recorrieron mi rostro, deteniéndose en mis labios. Me hizo querer retroceder y avanzar al mismo tiempo. — Quizás quiero que… te arrodilles un rato. Te culpo cada noche que no puedo conseguir una erección sin pensar en ti. — habló demasiado bajo, solo para mí. — Ni siquiera puedo tener sexo con Ría, no la deseo nada, nada, nada.

— ¿Estás loco? — fruncí el ceño. Tom extendió una mano y con delicadeza rozó mi mejilla con la yema de sus dedos.

— Es justo. — susurró. — Me pides que no la ayude… que deje que su vida se arruine frente a Devon y frente a tus padres. ¿Tanto odio le tienes a Bhianesh? — Tom ahora me toma de la cintura, atrayéndome a su cuerpo mientras hunde su cabeza en el hueco de mi cuello y hombro.

Empezaba a repartir besos mojados que me pusieron nervioso.

— Acepto el trato, Bill. No haré la transferencia… solo si te entregas una vez más… no te pido boda, ni nada por el estilo. — continuaba, descendiendo hacia mi trasero. — Es más, puedo llamar ahora mismo y decirle a Ría.

La respiración de Tom era pesada y caliente contra mi piel. Me atrapó entre el sofá y su cuerpo semidesnudo. Tenerlo así de cerca seguía nublándome el juicio.
Medio me senté en el espaldar del sofá, abriéndole paso entre mis piernas a Tom.

Mi cuerpo era traicionero y mi polla estaba pidiendo auxilio.

— Solo una vez más, Bill… — murmuró. — Admitamos que este es el único lenguaje que ambos entendemos de verdad. Solo tú y yo, antes de que el mundo se acabe para mí en tres días.

Cerré los ojos, apretando los puños. Podía sentir el latido de su corazón contra mi. Era una oferta sucia, un chantaje emocional que me revolvía el estómago, pero también era la forma más rápida de hacer pedazos a mi hermana.
Si aceptaba, Bhianesh no tendría el dinero de Tom, quedaría embarazada, arruinaría su rol de hija perfecta ante mis padres y yo disfrutaría mucho la situación.

Y eso no era todo, también podía restregarle a Ría a la cara que me acosté con su prometido antes de su boda.

Todo era un enredo.

— ¿Mhmm?

— ¿Me lo prometes? — susurré, sintiendo cómo mi propia voluntad flaqueaba ante el roce de sus labios en mi clavícula. — ¿Prometes que lo harás?

Tom se separó a una distancia considerable, lo suficiente para mirarme a los ojos. Había un brillo de triunfo oscuro en su mirada, pero también una desesperación genuina que no podía ocultar.

— Tienes mi palabra, Bill. Llamaré a Ría ahora mismo. — respondió mientras ahora busca su teléfono convencional marcando el número de Ría.

— Hazlo. — dije, con la voz firme a pesar del temblor interno. — Llama ahora. — Tom sonrió muchísimo más y puso el altavoz.

— ¿Tom? ¿Cariño? —la voz de Ría sonó al otro lado, llena de esa dulzura falsa que ahora me resultaba repulsiva.

— Ría, ¿dónde estás?

— En casa de Bhianesh, está demasiado nerviosa por lo que ya sabes, cariño.

— Escucha. — dijo Tom, manteniendo su mirada fija en la mía mientras su mano libre volvía a cerrarse sobre mi cadera. — Olvídalo, ¿okay? Que Bhianesh se las arregle como pueda.

El silencio del otro lado fue lo mejor, seguido de un grito ahogado de Ría antes de que Tom colgara el teléfono sin darle oportunidad de replicar.

Lanzó el convencional al sofá y volvió a concentrar toda su atención en mí.

— Hecho… ahora… cumple tu parte.

Continúa…

Gracias por la visita. No olviden dejar un comentario 😉

por WifesKaulitz

Escritora del Fandom

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!