
Fic Toll de WifesKaulitz
Capítulo 10
Llegué a la acera de la avenida principal con pasos apresurados. Mi mente estaba en la risa de Karina, la foto, lo que hizo Tom estando ebrio, en todo… estaba tan absorto en mi propio desastre que puse un pie en el asfalto sin siquiera mirar a los lados.
De repente, el chirrido ensordecedor de unos neumáticos quemando caucho me obligó a saltar hacia atrás. El aire caliente del motor me golpeó las piernas y el corazón se me subió a la garganta. Un deportivo negro se había detenido a escasos centímetros de mis rodillas, balanceándose por el frenazo en seco.
Me quedé paralizado, jadeando, con las manos temblorosas. El conductor no perdió ni un segundo, apagó el motor con un movimiento brusco y la puerta se abrió de golpe.
— ¿¡Pero qué carajos te pasa!? — rugió Tom, bajándose del auto con una expresión de pánico absoluto mezclada con una furia ciega. — ¿¡Es que estás intentando matarte o qué!? — se acercó a mí a zancadas, agarrándome de los hombros que casi me dolió, obligándome a mirarlo. Sus ojos miel estaban dilatados, escaneando mi rostro para asegurarse de que no me había tocado.
— ¡Suéltame! — exclamé, recuperando el habla y dándole un empujón, aunque mis piernas seguían siendo de gelatina. — ¡Casi me atropellas, idiota! ¡Deberías mirar por dónde conduces!
— ¡Yo miraba! ¡Tú caminabas como un maldito zombi hacia el tráfico! — me gritó de vuelta, sin soltarme. — ¿¡Pero estás bien!? ¿¡Te golpeé!? ¡Háblame, Bill! ¡Háblame o de inmediato te llevo a un hospital!
— ¡Estoy perfectamente! — mentí, aunque el temblor de mis manos me delataba. — ¿¡Qué haces aquí, Tom!? ¿¡No tuviste suficiente con el espectáculo de anoche!? ¿¡Ahora me persigues hasta la universidad!? ¿¡Me estás siguiendo!? — Tom soltó un suspiro pesado, su expresión se suavizó un poco mientras una sonrisita ladeada cargada de arrogancia que empezaba a asomar en la comisura de sus labios.
Soltó mis hombros y se cruzó de brazos, apoyándose contra el capó de su coche mientras me miraba de arriba abajo.
— Dejemos de gritar, por favor.
— Okay, ¿por qué me sigues?
— ¿Seguirte? — soltó una risa seca, acomodándose la gorra hacia atrás junto con las gafas. — ¿Estás loco? Solo tú haces eso y no digo nada.
— ¿Y entonces? — crucé mis brazos mientras arqueaba una ceja.
— Resulta que tengo una sobrina que estudia en esta prestigiosa y chismosa institución. Venía a dejarle unos papeles que olvidó en casa de su papá y ya. — parpadeo repetidas veces con incredulidad.
— ¿Una sobrina? — repetí, sintiéndome doblemente estúpido por creer que estaba aquí por mí.
Qué tonto soy.
— Sí, una sobrina. — reafirmó él, arqueando una ceja. — Pero eso no es importante, olvídalo. — me crucé de brazos, desviando la mirada hacia el suelo, sintiendo cómo el calor subía a mis mejillas.
Después al darme cuenta de que el silencio era tan incómodo pero tampoco me quería ir llevé mis manos hacia atrás para entrelazarlas y empezar a mover mi pie derecho.
— Tom…
— ¿Sí..?
— Verás, yo… quisiera disculparme por…
— ¡ALÉJATE DE MI TÍO, MALDITO ARRASTRADO! — interrumpió Karina a mis espaldas caminando tan rápido hasta posarse en medio de Tom y yo.
¿Karina?
¿¡KARINA ERA LA SOBRINA DE TOM!?
¿Cómo es que nunca me di cuenta de que Karina tenía el apellido Kaulitz?
— Wow. — Tom empezó a reír con gracia. — Pero ¿qué es lo que pasa?
— ¡Pasa que Bill es lo peor del mundo en esta jodida universidad y lo quiero lejos de tí!
Wow.
Quería reír.
¿Alguna vez han estado en medio de un par de personas donde se siente que la tensión media sexual entre familiares está en el aire?
Pues así sentía la relación entre Tom y Karina.
— No sabía que tenía un guardaespaldas personal.
— ¡No es broma, tío Tom! — chilló ella, dándose la vuelta para fulminarlo con la mirada. — Este… este tipo es un arrastrado. Salió en DCOPN hoy mismo, ¿sabes dónde estuvo anoche? ¡En un motel de mala muerte! Es la burla de toda la facultad. No puedes dejar que se te acerque, va a manchar el apellido, en serio.
Quedé mudo, mudo, mudo. Sintiendo cómo la sangre abandonaba mi rostro. El término «tío» saliendo de su boca sonaba tan bizarro que me daban ganas de reír histéricamente.
Tom me miró por encima del hombro de su sobrina; sus ojos miel brillaron con malicia que me hizo temblar. Él sabía perfectamente dónde había pasado la noche… porque él mismo me había sacado de ahí.
— ¿Un motel, dices? — Tom fingió sorpresa, arqueando una ceja hacia mí. — Qué escandaloso. No parece del tipo que frecuenta esos lugares… a menos que sea una emergencia, claro.
— ¡No fue una emergencia, fue una cita con un becado! ¡sabes lo que significa! — interrumpió Karina, agarrando el brazo de Tom con una familiaridad que me revolvió el estómago. — Tom, por favor, entrégame los papeles y vete. No pierdas el tiempo con esta basura.
La tensión en el aire era asfixiante.
Karina tiraba del brazo de Tom y la forma en que ella se pegaba a él, buscando su atención de esa manera tan… poco familiar, me dio un escalofrío.
Tom, sin embargo, se soltó de su agarre. — Nop, no me voy a ir.
— Pero…
— Además deberías ir respetándome. — comenté desde atrás mientras hacia una mirada inocente y ladeaba la cabeza.
Estaba a punto de joder todo ahora mismo en plan de venganza por haberse burlado de mí.
Obtuve la atención de ese par de inmediato y suspiré.
— ¿De qué habla?
— Pues bueno, verás… Tom y yo somos novios. Entonces… cómo quien diría lógicamente soy tu tío. — dije inocente, fue tanto, que hizo reaccionar mal a Karina en plan de querer pegarme si no fuera por Tom quien la rodeó de la cintura mientras ella pataleaba gritando que quiere matarme.
Yo solo sonreía viendo cómo la cara de Karina pasó de un rojo encendido a un blanco cadavérico. Sus gritos eran tan agudos que juraría haber escuchado algún cristal rompiéndose en el edificio de artes.
— ¡Mientes! ¡Maldito mentiroso! ¡Alguien como él no es para ti! — gritaba ella forcejeando contra el brazo de Tom que la mantenía a raya como si fuera una muñeca de trapo.
Cómo a mi hace unos ayeres.
— ¡Él no puede ser nada tuyo! ¡Es lo peor que puede haber! ¡Acepto que seas gay pero hay muchos en el mundo! ¿¡por qué él!?
Yo mantenía mi pose, con las manos entrelazadas al frente y una inclinación de cabeza digna de una primera dama. La adrenalina de la venganza era mejor que cualquier café matutino.
Ver a la todopoderosa Karina Kaulitz perdiendo los papeles por mi confesión era la gloria misma.
¿Quién era la vulgar ahora?
Tom, por su parte, no me quitaba la vista de encima. Sus ojos miel ardían mezclados de sorpresa genuina y una diversión oscura que decía algo como «No tienes idea del incendio que acabas de provocar, Bill».
Lejos de desmentirme, apretó un poco más el agarre sobre la cintura de su sobrina, quien seguía lanzando patadas al aire en mi dirección.
— Karina, cálmate. — ordenó Tom, aunque su tono no tenía nada de autoritario, sonaba más como si estuviera disfrutando del espectáculo. — Estás haciendo una escena frente a toda la universidad. Mantén la compostura.
— ¡Me importa una mierda la universidad! — bramó ella, señalándome con el dedo. — ¡Dile que es mentira! ¡Dile que solo es un cliente o un juguete! ¡Tú no sales con gente como él!
Tom ríe bajito, me puso los pelos de punta. Se inclinó un poco, acercando su rostro al de Karina, pero manteniendo su mirada fija en mí, desafiándome a sostener la mentira.
— ¿Y por qué te mentiría Bill, cariño? — le dijo Tom con calma. — ¿No te parece que hacemos una pareja… interesante? — Karina se quedó loca, con la boca abierta y los ojos llenos de lágrimas de pura rabia e incredulidad. El golpe final fue el silencio de Tom.
No lo negó. No me llamó loco.
Al contrario, me siguió el juego.
— No… no es posible. — sollozó ella, soltándose del agarre de Tom y retrocediendo como si le hubieran dado una bofetada física. — Me has decepcionado, en serio. — y salió corriendo hacia el campus, tropezando con sus propios pasos mientras sus amigas intentaban alcanzarla.
Cuando estuvimos solos, Tom se giró hacia mí apoyándose de nuevo en su coche, cruzando los brazos sobre su pecho. Me miró durante lo que pareció una eternidad, con esa media sonrisa que significaba que yo estaba en problemas.
— Creí que el noviazgo solo se usaba para tus familiares, no para los mios, eh.
— Yo solo me estaba vengando de ella. Realmente no sabía que era tu familiar, pero en fin, ya me voy. — empecé a caminar en dirección contraria pero la mano de Tom detuvo mi paso.
— ¿Irte? ¿A dónde? — cuestionó Tom y me atrajo hacia él con un tirón firme que me obligó a quedar a escasos centímetros de su pecho. — Acabas de hacer algo que no sé si agradecer o solo enojarme y ahora solo te vas.
— Fue un impulso, Tom. Ella me estaba humillando hace un momento. — me defendí, aunque el calor de sus dedos sobre mi piel estaba empezando a nublar mi capacidad de discutir. — Además, tú me seguiste el juego. No tienes que enojarte.
— Lo hice porque me divierte ver cómo me metes en problemas y eso me hace salir de mi rutina aburrida. — admitió, inclinándose un poco para que sus ojos miel quedaran a la altura de los míos. — Pero ahora, como mi novio y tío de esa pequeña fiera, tienes que cumplir con el papel y sinceramente, dudo que quieras volver a entrar ahí después del espectáculo de Karina.
Tenía razón. Si ponía un pie en la cafetería, los susurros me comerían vivo si ya había logrado pasar desapercibido.
— Súbete al coche. — ordenó, esta vez con un tono que no admitía réplicas.
— ¿A dónde vamos?
— A ser una pareja normal o al menos a fingirlo hasta que se haga verdad. — abrió la puerta del copiloto y, tras un segundo de duda, me subí. Sonrojado.
El motor del deportivo rugió y salimos del campus dejando lo sucedido tiempo atrás. Media hora después, nos detuvimos frente a un cine antiguo de la zona alta, de esos que tienen cortinas de terciopelo y butacas de cuero que crujen.
— ¿Cine? — pregunté, arqueando una ceja. — ¿En serio?
— ¿Tienes una idea mejor? — contestó él, comprando las entradas para una película de la que ni siquiera miró el título.
Entramos cuando la sala ya estaba a oscuras. No había casi nadie. Nos sentamos en la última fila, y el silencio solo se veía interrumpido por el sonido de la película proyectada. El ambiente olía a palomitas dulces y coca cola.
Durante los primeros veinte minutos, ninguno dijo nada. Pero sentía su presencia como lo mejor del mundo. Su mano buscó la mía en la oscuridad, entrelazando nuestros dedos.
— ¿Sabes que Karina no se va a quedar tranquila, verdad? — susurró Tom, acercándose a mi oído, enviando unos escalofríos que me erizaron los pezones al igual que la piel.
— Uhm, ya tiene suficiente con saber que soy su tío.
— Por dios. — rió él por lo bajo mientras soltaba mi mano solo para pasar su brazo por detrás de mis hombros, pegándome a su costado. Levanté la cabeza lo suficiente para ver sus ojos en completo silencio. — Que malvado.
Tom se inclinó más, reduciendo el espacio hasta que nuestras respiraciones se mezclaron y plantó un beso suave sobre mi cuello .
Soltó un suspiro pesado cuando me provocó un gemido ahogado.
Ni siquiera había echo nada más y yo ya tenía una erección entre mis pantalones.
— Sucio.
&
Estaba revisando mi computadora mientras escuchaba música y vestía unas muñecas en la página de juegos FRIV. El aburrimiento me estaba matando y para colmo estaba solo.
Me encontraba en ese estado de trance donde el cursor de mi computadora era lo único que se movía, vistiendo a una muñeca virtual con un vestido de gala que jamás me pondría, cuando mi teléfono comenzó a vibrar sobre el escritorio, rompiendo la paz de mi habitación.
Era uno de mis mejores amigos.
— ¿Hola? — contesté con desgano, sin despegar la vista de la pantalla.
— ¡Dime que lo estás viendo! ¡Dime que ya entraste a la página! — la voz de Georg sonaba eufórica, casi fuera de sí. Podía jurar que estaba saltando en su silla.
— Georg, estoy intentando que esta muñeca no parezca un árbol de Navidad, ¿qué pasa ahora? ¿Otra foto de Bill Trümper entrando al cine? — suspiré, preparándome para lo peor.
— No, no, no. ¿Eso qué? Tienes que entrar a DCOPN ahora mismo. ¡Hazlo ya! — solté el mouse con un mal presentimiento, tecleé la dirección de la página. Lo primero que apareció en el feed principal no fue una foto, sino un video con un título en letras mayúsculas y brillantes:
«¿LA KARINA KAULITZ FUERA DE JUICIO? EL NUEVO TÍO DE LA UNIVERSIDAD LE DA UNA LECCIÓN DE MODALES.»
Hice clic. El video tenía una calidad sorprendentemente buena para haber sido grabado a escondidas. Se veía perfectamente el momento en que yo soltaba la bomba y la cara de Karina en 4K era un poema de tragedia. Pero lo mejor —o lo peor— fue el montaje. Le habían puesto efectos de sonido de cristales rompiéndose cuando ella gritaba y una música de violines dramáticos mientras Tom la sujetaba de la cintura.
El video terminaba justo cuando ella salía corriendo como una loca, con un cartel digital que decía: «GAME OVER, NIECE».
Bajé a los comentarios y casi me ahogo con mi propia saliva:
> ¿O sea que Bill ahora anda con un Kaulitz? ¿Luego de que se le vió entrando a un motel de mala muerte? Qué cachudo es ese tal Tom.
> La cara de Karina es lo mejor que me ha pasado en todo el semestre. ¡Al fin alguien la calla!
> ¿Podemos hablar de cómo el tío la sujeta para que no mate a su novio? Eso es cine.
> Karina pasó de ser la abeja reina a ser la sobrina berrinchuda en 30 segundos JAJAJAJA»
> ¡Qué sexy se ve ese tal Tom! Me mojó las pantaletas.
— Georg… — susurré, con los ojos como platos. — ¿Qué es esto? Tiene más de cincuenta mil reproducciones en dos horas.
— De nada, Bill. — respondió Georg con una suficiencia que se sentía a través de la línea. — Fue mi obra maestra. Estaba escondido detrás de una jardinera con la cámara de mi nuevo teléfono. Gustav decía que era arriesgado, pero yo sabía que ese momento valía oro puro. ¡Mira los comentarios! Karina está siendo destruida. Nadie la va a tomar en serio después de ese berrinche de niña de cinco años. No me lo agradezcas, Bill, y se lo merecía porque sé que se burló de ti.
— ¡Me va a matar! — exclamé, aunque una parte de mí sentía una satisfacción deliciosa.
— Oh, vamos. Tom se veía increíblemente sexy defendiéndote, él no se va a enojar. Es más, ahora lo quiero como mi cuñado. Y Karina… bueno, Karina es Karina. Disfruta tu victoria, tío. Te lo ganaste. — decía Georg burlándose de mí.
Colgué el teléfono mientras tenía una sonrisa de satisfacción y suspiraba.
No estaba mal que le den una sopa de su propio chocolate, ¿no?
&
El eco de mis zapatillas contra el suelo de madera del gimnasio era el único sonido que me acompañaba mientras terminaba mi rutina de estiramientos junto a Georg y Gustav, quienes se quejaban del cansancio y yo solo me reía de sus quejas.
De pronto la puerta doble se abrió con un estruendo que resonó en las vigas del techo. No necesité girarme para saber quién era ya que el aroma de su perfume, la derrota y la pura histeria la seguía.
¿Ahora qué es lo que quería Karina?
— ¡Tú! ¡Pedazo de basura trepadora! — chilló Karina, cruzando la puerta a zancadas. Sus ojos estaban rojos e hinchados. También traía el teléfono en la mano, seguramente con el video de Georg en bucle.
Me levanté con lentitud, sacudiendo el polvo invisible de mis mallas. Mi calma parecía enfurecerla más.
— Hola, sobrina. ¿Viniste a entrenar o solo a dar otro espectáculo para DCOPN? — solté con un veneno que me sorprendió incluso a mí.
— ¡No me llames así! — rugió, lanzando su bolso de diseñador contra el suelo. Se detuvo a escasos centímetros de mi rostro, temblando de rabia. — ¿Te crees muy listo, no? Crees que porque Tom te hizo su novio ahora eres parte de la familia. ¡Estás mal! ¡Mi familia tiene buena reputación y tú no la vas a ensuciar! ¡Tom solo se ríe de ti!
— Pues se ríe bastante fuerte, Karina. Deberías escucharlo cuando me dice que me ama. — le devolví con una sonrisa fingida. Los G’s estaban detrás de mí probablemente listos para evitar una pelea pero ¿para qué me iba a rebajar? — Mejor deja de comportarte como una mimada vulgar y pídeme la bendición.
Fue entonces cuando perdió el control. Su mano voló hacia mi cara en un intento de bofetada, pero logré esquivarla, aunque sus uñas me rozaron el pómulo.
No lo pensé tanto o quizás sí.
La adrenalina de días de humillación explotó y la empujé por los hombros, haciéndola retroceder.
— ¡No me vuelvas a tocar! — le grité.
Karina soltó un grito de guerra y se abalanzó sobre mí. Terminamos en el suelo, un caos de extremidades, pelo revuelto y jadeos. Ella tiraba de mi cabello con una fuerza animal y yo intentaba inmovilizarle las manos. En el forcejeo, logré girarme y quedar sobre ella, presionando mis antebrazos contra los suyos.
— ¡Imbécil te voy a matar!
— Pero yo no, porque a pesar de todo sigo siendo un maldito hombre que sabe respetar a las mujeres y no te voy a pegar, sobrina.
— ¡AGHHH, DEJA DE LLAMARME ASÍ! — gritaba como una loca.
— ¿Así cómo, sobrina?
— ¡Estúpido! ¡Él no va a dejar de ser escort por ti, maldito! — escupió ella, con la voz rota y la cara roja por el esfuerzo de zafarse. — ¡No seas tonto! ¡Eres solo un cliente más en su agenda! ¡Alguien que paga por su tiempo, aunque ahora te haga creer que es gratis!
— No pretendo que lo haga, cariño. — susurré con una frialdad absoluta. — ¿Si no de qué va a vivir? Es más, yo quiero ser su manager para arreglar sus citas con las mujeres y hombres que soliciten sus servicios, querida. Quiero que sepas que no me molesta en lo absoluto porque así lo conocí.
Karina dejó de forcejear.
Sus ojos se abrieron tanto que creí que se le saldrían de las órbitas. La revelación de que yo no solo sabía la verdad, sino que la abrazaba con esa descarada propiedad, la dejó sin palabras.
— Eres… eres un enfermo. — balbuceó, con las lágrimas empezando a asomar. — Estás loco… tú… ¡claro! ¡solo lo estás haciendo uno más de los perros de tu lista! ¡y quieres su dinero!
— Sí, sí. — la solté con brusquedad y me puse de pie, arreglándome el pelo con una elegancia que la hacía parecer pequeña en el suelo. — Ahora, levántate y lárgate de aquí antes de que me den ganas de cobrarte la entrada por este show, sobrina.
Me di la vuelta para recoger mi botella de agua, sintiendo el ardor en mi pómulo y la satisfacción recorriéndome la columna.
— No lo puedo creer. — se reía Georg mientras caminaba a mi lado y me abrazaba. — ¡Pero qué fiera!
— ¿Pero de verdad son novios? — cuestiona Gustav mientras llevaba nuestras cosas hacia la salida del lugar.
— No, ustedes saben como empezó todo pero ahora con esto solo tengo más ganas de seducirlo y hasta proponerle un noviazgo. Dudo mucho que me diga que no. — mordí mi labio inferior, luego acaricio mi mejilla y suelto un suspiro ya más calmado.
En cuanto llegamos a nuestro salón, Georg me revisaba la mejilla con muchísimo cuidado.
— Pues hacen bonita pareja.
— Gustav tiene razón.
— ¿Tú crees? Él me atrae mucho por eso siento que es fácil.
— Entonces ya está. — la burbuja de victoria duró poco para mí. No pasaron ni diez minutos cuando la puerta se abrió y apareció el prefecto con esa cara de alguien va a ser expulsado.
— Bill Trümper, a la oficina del director. Ahora. — sentenció con voz de mando.
Georg y Gustav intercambiaron miradas de pánico, pero no me dejaron solo. Se levantaron de inmediato, siguiéndome por el pasillo como mis guardaespaldas personales mientras los demás alumnos sacaban sus teléfonos. Sabía que esto era obra de Karina. Ella no perdía.
Si no ganaba en el suelo, ganaba con el apellido.
Al entrar a la oficina, la escena era patética. Karina estaba sentada en un sillón de cuero, con un pañuelo en la mano y el rímel corrido. A su lado, su padre —un hombre que destilaba el mismo veneno que ella— fulminaba al director con la mirada.
— ¡Ahí está el salvaje! — chilló Karina en cuanto me vio, fingiendo un temblor en la voz. — ¡Mírele la cara, director! ¡Me atacó por la espalda, me arrastró por el gimnasio y me amenazó de muerte! ¡Es un animal!
— Eso es mentira. — intervino Georg, dando un paso al frente. — Ella entró agrediendo y Bill solo se defendió.
— De hecho ni siquiera le pegó. — argumentó Gustav. — Solo trataba de que ella no siguiera golpeándolo tomándola por las muñecas.
— ¡Cállate, cómplice! — rugió el padre de Karina, el hombre era como ver a un Tom medio viejito. De unos treinta y pico de años. — Mi hija es una Kaulitz. No vamos a tolerar que este… este delincuente juvenil ponga sus manos sobre ella. Exijo la expulsión inmediata de los tres.
— Señor Kaulitz, por favor… — el director sudaba frío. — Bill, debido a la gravedad de las acusaciones y las marcas que presenta la señorita Karina, quedas suspendido por dos semanas. Y sus amigos, por obstrucción y falta de respeto a la autoridad, también.
— ¡Es una injusticia!
— ¡Cállese!
— ¡No es justo lo que hace! — gritó Gustav, pero ya era tarde.
El director ya estaba marcando el número de mi casa, luego el de la casa de ambos y me sentía jodidamente culpable por arrastrar a mis amigos en mis problemas.
&
Dos horas después, el salón de mi casa se sentía como una sala de interrogatorios de la comisaría. Mis padres estaban sentados frente a mí, con una expresión que mezclaba la decepción más profunda con la furia contenida. El video de DCOPN subido por Georg me culparon a mí y la llamada del director habían sido el combo final para su paciencia.
— ¿En qué estabas pensando, Bill? — mi padre soltó el periódico sobre la mesa con un golpe seco. — ¿Peleándote en un gimnasio, Bill? ¿En serio? ¡Nos has puesto en ridículo frente a todos!
— Ella me provocó, papá. ¡Karina no para de molestarme, de hacerme sentir mal..! — traté de explicar, pero mi madre me cortó con un gesto de la mano.
— ¡No nos importa lo que ella te dijo! — exclamó ella, con los ojos al borde de las lágrimas por la vergüenza. — Sea lo que sea es una Kaulitz y familiar de tu novio ¡y tienes que respetarla! ¡Fuera de eso eres un niño peleandote con una mujer! ¡Creo que te enseñé buenos valores, Bill!
— ¡Qué yo no le pegué! ¡Solo le di un empujón para que me dejara en paz!
— Cómo sea, Bill. Entréganos tarjetas, teléfono, no más chofer, no más salidas cuando te da la gana, ¡no más nada!
Oh, por dios.
Era como si me quitaran la vida.
— Pero…
— ¡Pero nada! ¡Hazlo!
Me puse de pie, sintiendo la rebeldía quemarme las venas mientras le dedicaba una mirada de odio hacia mi padre y mientras lo hacía empecé a hablar. — Ahí tienes tus porquerías y para tu información, papá. Si pensabas que ibas a sacar algún tipo de provecho de la falsa relación con Tom Kaulitz ¡pues estás equivocado! ¡no somos novios! ¡fingimos que lo éramos solo para joderte la vida! ¡Tom Kaulitz es un hombrezuelo, un prostituto que se acostó conmigo hace unos días por dinero! ¡Lo conozco poco! ¡Y me hizo el fav..! — mi madre no me dejó terminar.
La mejilla que había sido agredida por Karina con anterioridad fue azotada por su mano dura con una fuerza que casi me tumba al suelo.
Continúa…
Gracias por la visita. No olviden dejar un comentario 😉