
Fic TOLL de WifesKaulitz
Capítulo 9
Bajo la confianza de mi madre salí con Georg a una disco bar dónde estaban algunas caras conocidas de la universidad. Fuimos el centro de atención en el lugar solo con llegar y no sabía las razones.
Todo se veía alegre.
— ¿Cómo pude rechazarte tantas salidas así? — pregunto al oído del castaño para luego meter un shot a mi boca.
— Porque no tenías dinero. — bromeó pero yo asentía riéndome porque en parte tenía razón.
— ¡Hey! — alguien a mi detrás tocaba mi hombro llamando mi atención. Al voltear a verme me encuentro con la Miss de Maddy. Para nada traía ese delantal infantil o ropas de una evangelista. Hoy venia de vestido corto brillante, tacones, su cabello lacio suelto en ondas y maquillaje. Estaba linda, ¿para que? — Tom, ¿no? — yo asiento con la cabeza recibiendo el beso en la mejilla que me acaba de dar. Georg suelta un silbido de coquetería dejándome a solas con ella. — ¿Cómo está Maddy? ¿ya se fue de viaje? la nena no estaba contenta en viajar.
— No. — respondí tomando su mano con educación para hacerle sentarse en una banca frente a frente. — Se va a quedar conmigo en casa. Ahorita aproveché que dormía para salir un momento.
— Oww. — hizo un puchero con su boca al mismo tiempo que tocaba su pecho. — Maddy te ama más que a su propio padre. Es una niña muy dulce que necesita muchísimo amor.
— Sí, supongo que sí.
— Con las cosas buenas que me cuenta de su «papá Tom» se me antojó conocerte también.
— Te aseguro que no soy alguien interesante, solo un empleado más que mintió para tener trabajo y no esperaba llevarme así con Maddnees Kaulitz. En un principio odiaba los niños porque pienso que soy mimados pero se ha robado mi corazón, ahora le quiero como si fuera mi hija, sangre de mi sangre.
— Dios mío, ¡yo pensaba igual! — exclama en medio de risas. — Ahora mis alumnos son lo que más amo en mi vida, tengo treinta y cinco hijos.
— Que sufrimiento.
— Para nada… tú no tienes hijos, ¿verdad?
— Aún no. Soy muy pequeño para eso, a penas salgo de mi infancia.
— Exagerado. — rodeaba los ojos. — Seguramente tienes mi edad.
— ¿Qué edad tienes tú y cuántos crees que tengo yo? — cruzo los brazos con una sonrisa ladina, observando fijamente sus ojos.
— Veintiséis tengo yo y tú quizás veinticuatro.
— ¡No! — exclamó entre risas.
— ¿Cuántos?
— Diecinueve.
— ¡Oh, no! — también reía junto a mí mientras tapaba su boca. — ¡Eres una criatura! un pollito.
— No creas tanto, que si sé por ahí un par de cosas que te pueden interesar. — digo en un doble sentido para meter otro shot a mi boca. Ella abaniquea su mano para darse aire y me mira silenciosa e iba a decir algo más si no fuera por la interrupción de mi móvil. — Discúlpame, lo voy a atender. No te muevas, por favor.
— Te acompaño. — tomaba mi mano para ambos salir del club a un lugar más silencioso. Al pasar cerca de mi amigo colocaba algo en mi bolsillo y me brinda una nalgueada que me hace verlo medio enojado.
Al salir me fijé en la pantalla, exactamente en el nombre de la persona que me llamaba insistente.
‘Baby Bill…’
— ¿Dónde carajos estás?
— Se supone que tú estás en un avión, rumbo a Marbella. ¿Qué haces llamándome? — abrí la puerta del auto para dejar pasar a la Miss en los asientos traseros mientras yo estaba afuera.
— Perdí el puto vuelo por ir a dejar a Maddnees a tu casa y ahora estoy aquí.
— ¿En mi casa?
— ¡Sí! — chillaba cabreado. — ¿¡Dónde carajos estás!? — repite una segunda vez tan alto que tuve que alejar el móvil de mi oído con los ojos cerrados acompañado de una mueca.
— ¿Tardas mucho? — para cagarla hablaba la Miss de Maddnees en un tono sensual y Bill lo había oído.
— ¿¡Quién era esa perra!?
— Para gritar bien que no te duele la garganta y no te falta la voz.
— ¡Habla!
— Te hablo luego, ¿va? — colgué la llamada con picardía antes de meterme al auto junto a la maestra que estaba buena. Por supuesto que no pensaba más allá de lo debido, no quería ser un irrespetuoso porque no sabía cuánto tiempo nos veríamos y claro, sería incómodo.
— ¿Pasó algo?
— El papá de Maddnees probablemente venga aquí. — relamía mis labios atento a cualquier auto que pasaba.
— ¿Eso significa que no vamos a poder hacer nada o ir a algún lado? — la miró con las cejas arqueadas mientras busca en su bolsa un preservativo que lo pone en su boca.
— Oh, por Dios. Ven aquí. — la atraje hacia mi del cuello para poder besarla. — Mami dime tú nombre, odio llamarte como la Miss de Maddnees.
«Cabe recalcar que todo esto lo hacía a propósito para joder a Bill como él me hizo joder el labio del ridículo de su novio celoso.»
— Sara. — gimoteó al tener mis dedos tocando su zona íntima y dejando que ponga su boca sobre mi cuello, mordiendo y chupando aquella zona frágil. Sara se había humedecido mucho con mis dedos en señal de estar preparada para la acción.
Yo estaba caliente pero no tanto como cuando Bill me daba miradas o me besaba, estaba semidura mi polla y no era buena amiga para una gran oportunidad como una mujer sensual como la Miss Sara.
Me tocaba a mi mismo buscando erectarme pero mejor no, porque la puerta del coche era abierta de golpe y Sara era bajada del cabello de volada: — ¡Au! ¡basta! — se quejaba y yo ví a Bill impresionado por su arrebató. Le dió una bofetada en una mejilla y luego en la otra.
— ¡Oye! — me metía en el medio de ambos y yo también fui abofeteado de la misma forma. Me importó una mierda y lo lancé al interior del auto poniendo el respectivo seguro. — Discúlpame, por favor. Debo irme.
— ¡Idiota! — gritaba Bill desde el interior.
— Si, vete. ¡Llévalo! — me subo al auto para poder llevarme a Bill a toda prisa mientras continuaba haciendo un jodido berrinche en la parte trasera.
— ¡Te estabas revolcando con la maestra de Maddnees! ¡qué poco profesionales e hijos de puta son! ¡los odio! ¡los odio!
— ¡Bill! — grité con histeria. — ¡Cálmate!
— ¡No me calmo nada! ¡nadaaaa! ¡perro! ¡sucio! ¡juegas conmigo!
— ¿¡De qué hablas!?
— ¡Bájate de mi puta camioneta! ¡déjame aquí que yo me voy solo por mi hija!
— ¡Basta! ¿¡por qué te pones así!?
— ¡Bájateee! — frené a raya deteniendo el auto. Pongo el freno de mano antes de quitarme el cinturón para bajarme del auto y azotar la puerta e irme en dirección contraria.
Esperaba que Bill con todo el enojo que tenía se fuera en su coche pero no pasó, se bajó y corrió hacia mi para empujarme. Ambos cuerpos cayeron al pasto húmedo. No desaprovechó la oportunidad de subirse sobre mí para golpearme por dónde vaya y yo intentaba cubrir mi rostro.
— ¿¡Por qué..!? — su voz se iba rompiendo de a poco. — ¿Por qué le haces esto a mi hija? — sostuve sus manos antes de que volviera a pegarme y lo apego a mi cuerpo para abrazarlo, pecho con pecho. — Tom… — empezó a llorar fuertemente. — Maldito…
— Lo siento. — me disculpo por lo bajo, abrazándolo más fuerte. — Joder, no era mi intención. No llores y no estoy jugando contigo.
— Lo haces… vienes, me tomas, follas con otra y no te das cuenta de lo que causa en mi también. Desde que entraste por esas puertas de mi casa tenías que dejar tu vida y dedicarme al cuidado de Maddnees, de mí…
— No comprendo lo que quieres decir.
— Firmaste un contrato donde decía en una cláusula que estabas dispuesto a abandonar tu vida personal y dedicarte fielmente al cuidado de Maddnees y su papá. Se supone que lo leíste. — deja caer su cuerpo a mi lado limpiando sus lágrimas. — En pocas palabras no puedes tener nada con nadie mientras trabajes conmigo porque somos tu maldita prioridad. — dicho eso Bill se levanta del césped para dirigirse a la camioneta.
Yo lo seguí detrás.
— Confieso que no leí esa parte… bueno, nada del contrato en realidad.
— Eres un verdadero estúpido. — subió al auto y yo junto a él, retomando el control del coche para ir en dirección a mi casa en medio de ese silencio ensordecedor que casi rompe mis tímpanos de tanta bulla que había en el lugar.
&
Bill se había quedado a pasar la noche en casa de mis padres, durmiendo con Maddnees en mi cama mientras yo dormía sobre el sofá de la sala o eso trataba. Daba vueltas una y otra vez sobre mi propia base intentando dejar de pensar en él pelinegro que duerme plácidamente.
Estaba igual que Georg. Pensaba todo el rato en él e imaginando cosas estúpidas muy ilusionado a mi corta edad como Bill y yo dándole una familia bonita a Maddnees en un futuro, los tres en la burbuja de la familia perfecta que creamos.
Los tres luchando contra las adversidades y después la etapa donde Maddnees consiga novio.
Me imaginaba un momento gracioso en el que Bill y yo le hablemos cosas al respecto sobre la intimidad, como debe cuidarse y obviamente ser abiertos en ese tema ya que sería una mujer. Tenía que andarse con cuidado.
Me imagino horrores y no sé que había sido todo ese show pero de lo que estoy seguro es que si me gustó verlo enojado y ahora será algo que no podré evitar.
Hace que sienta atracción hacia él en lo sexual y en lo emocional.
Solo me hace falta descubrirlo a fondo.
Tenía una sonrisa en el rostro que me permitía conciliar el sueño.
&
— ¡Buenos días! — chilló Maddnees en cuanto abrí los ojos. Tallé esos mismos para luego sentarme. Hice una mueca de ternura al verla frente a mí toda desarreglada (muy diferente a lo que suele vestir en su casa) y con una bandeja del desayuno en manos que no tardo en recibir para poder darle un abrazo.
— Buenos días también, princesita. ¿Cómo estás?
— Muy bien. — caminaba con dificultad puesta un par de chanclas grandes que le pertenecen a mamá. — Estoy feliz de no haber ido a ese viaje. Te iba a extrañar mucho, papá Tom.
— Bill tampoco fue. — menciono metiendo una cucharada de cereal a mi boca. Ella hace una mueca de no creer lo que había dicho hasta que lo vio entrar con un par de fundas y mi madre a su lado.
— ¡Pa! — gritaba cruzando sus brazos. — ¿Qué haces aquí?
— Perdí el vuelo, amor. — respondía con cierto nerviosismo en sus palabras, algo que me pone a dudar y analizar su expresión.
— ¿Por qué no compraste otro? — pregunté metiendo una segunda cucharada en mi boca. Maddnees asentía en silencio.
— Déjenlo, si no quiso comprar pues es su problema. — agregó Simone pasando de largo, salvando a Bill de la lluvia de preguntas que iban a caer sobre él.
— Bueno, ¿qué vas a hacer abuelita?
— Lavar los trastes, ¿me ayudas?
— ¡Sí! — levanta sus manos celebrando antes de correr tras su abuela para limpiar la cocina. Bill solo sube las gradas y claro, yo detrás de él.
Evito que cierre la puerta con mi pie y se sobresaltó al verme. Agradecí internamente que no haya puesto resistencia alguna y me haya dejado entrar.
Cierro la puerta a mi detrás, dejando la espalda apagada en la pared.
— ¿Perdiste el vuelo o no quisiste ir?
— Ambas. — respondió con frialdad.
— ¿Por qué?
— La sesión fotográfica era una propuesta de mi ex novio y bueno, ¿para que iba a ir? no soportaría el hecho de que me dé miradas que me hagan sentir culpable cuando es lo último que no siento.
Entrecerré los ojos dando pasos hasta acercarme a Bill, él retrocedía y yo avanzaba más hasta acorralar su cuerpo entre el mío y la pared. Su respiración cambió al momento que le susurré: — No te creo.
— No me importa lo que creas o no.
— Quizás no perdiste ese vuelo, solo no quisiste ir.
— Por favor, deja de hacer esto. Me pones nervioso.
— ¿Cómo me encontraste anoche? — pregunté al alejar mi rostro de su oído porque el olor de su cabello y cuello me embriaga, debilitando mis piernas. Tuve que poner las manos en la pared, creando un par de barreras para sostenerme o caería. Su cuerpo quedó atrapado entre mis brazos y su rostro se sonroja, viéndose así tierno.
Cómo su hija.
— Todos los autos de mi propiedad tienen un microchip GPS, sé a dónde vas sin que me lo digas.
— Ah… — reí por lo bajo levantando mis cejas. Bill cruza los brazos y arquea un de sus cejas bien perfilada. Seguido humedece su boca con esa lengua dejando ver esa bola negra en el centro.
Me ví perdido al instante.
Bajé mi mano izquierda hasta su cuello. Bill mira mis labios, teniendo medio abiertos los suyos. Corté la distancia de nuestros cuerpos al poner la otra mano en su mejilla e inclinarme para murmurarle.
— ¿Qué pasa si me voy a vivir a tu casa?
— Harías muy feliz a Maddnees.
— ¿Y a ti?
No dijo nada pero sus labios. Ay, joder. Esos apenas rozaron con los míos roba mi compostura y en el momento que daría el siguiente paso nos vimos interrumpidos.
— Tom, creí que… lo siento. — entraba mi mamá de golpe a la habitación haciendo que Bill me empuje y tome su maleta, dando una orden con altanería.
— Te esperaré en la camioneta. Quiero que me lleves a casa. — saca la maleta de mi habitación con dificultad junto con la mochila rosa de Maddy. Doy un par de pasos para tirarme a la cama con los brazos abiertos. A mí nariz llegó el aroma de su perfume suave e inhalo con los ojos cerrados.
— Ay, mamá… — decía aspirando más la cobija.
— Me preocupa tu falta de profesionalismo. — Simone cruza los brazos molesta. — ¿Dónde quedó el respeto hacia tu jefe?
— ¿Ah? — claro que no le estaba oyendo por estar perdido con el olor de Bill en mi cama.
— No te hagas el tonto. — tira el pañuelo lleno de grasa de la cocina en mi cara y yo reí. — Respetalo, es tu jefe.
— Perdóname, no sé si pueda hacerlo. — digo levantando mi cuerpo de la cama para darle un abrazo. — Pero Bill es encantador, tiene algo que me gusta y yo no soy un hombre de plástico. Sí siento.
Simone suspiró.
— No me gusta como piensas.
— Lo siento. — me disculpo una vez más plantando un beso en su cabeza. Aún así no estaba convencida. — ¡Mamá, ya! — exclamé alejándome de ella para buscar ropa al armario y también una maleta pequeña que tenía ahí.
— ¿Qué haces?
— Voy a ir a vivir a su casa el tiempo que trabajaré, está en el contrato que firmé. — mentí.
Ella agacha la cabeza tapando su rostro con una mano y los ojos cerrados.
— ¿Está mal?
— No… creo…
Continúa…
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