

Fic TOLL de WifesKaulitz
Capítulo 8
El problema quedó solucionado ahí con una firma de constancia de ambas partes donde decía que ya no iba a suceder algo así en las instalaciones de la institución porque si había una segunda vez las iban a sancionar y en caso de una tercera la expulsión. Ambas sintieron temor ante esas palabras por lo que escribieron un compromiso y con eso acababa la reunión.
Bill y yo salimos de la dirección en silencio mientras Maddy volvía a su aula con la Miss muy emocionada por haber ganado una nueva amiga.
El novio de mi jefe no se encontraba afuera por lo que ambos estábamos solos e iba a irme si no fuera por el jalón en mis rastas que me hace detener.
— Por favor no las toques. — pedí acomodando bien mi gorra. — Detesto que lo hagan.
— ¿Por qué no me hablas?
— Porque tienes novio. — me burlé cruzando los brazos. Después me arrimo en la pared para observarlo. — Creo que se fue también. — Bill impulsivamente me abraza fuertemente pero yo no moví ni un dedo al respecto. — ¿Qué te pasa? parece que estás teniendo muchos cambios de humor, ¿te va a dar la menopausia?
— Abrázame.
— Mhmm, no… ¿por qué?
— Te lo ordeno como tú jefe. — rodeo los ojos al igual que rodeo su cuerpo delgado entre mis brazos. — Gracias. Gracias por hacer eso con Maddnees, no sé cómo habría reaccionado yo.
— De nada. Soy su papá.
— No es cierto.
— Ella dice que si y su palabra cuenta.
Bill rió alejándose de mí. Después toma mi mano para continuar saliendo del establecimiento: — Ni siquiera yo sé quién es su papá. — arqueo una ceja volteando a verle incrédulo.
— ¿Por qué? se supone que eres tú.
— Ay. — suspiraba fuerte mirando el reloj de su mano. — Vamos al parque que queda cerca y hablemos, Maddnees ya mismo sale y… quisiera desahogarme con alguien. — asiento en silencio mirando como nuestras manos estaban enlazadas pero son separadas al ver a Alex en la puerta dando la espalda.
— Parece que otro día será.
— Mhmm… — hacia una mueca y se adelantaba en dirección a su novio mientras yo pasaba de largo al auto para subirme. Los veía tener una discusión insignificante atento a lo que sucedía aunque no podía escuchar.
Minutos después el timbre de la escuela anunciando la salida de las niñas se hacía presente y Maddy salía corriendo, con la mirada me buscaba inquieta. Bajé la ventana de la parte del copiloto y pité para que sepa que estaba ahí. Daba brincos emocionada cuando Bill le tomó de la mano e hizo que cruce la calle.
Obligado me bajo del auto para recibirla con un fuerte abrazo y un beso en la mejilla.
— ¿Cómo te fue, hermosa?
— ¡Bien! — exclamaba levantando sus brazos, eufórica. — No puedo esperar para que empiece nuestra primera comida de uno… — señalaba a Bill. — dos… — luego a mí. — ¡y tres! — culmina señalándose así misma.
— Maddy, Alex también nos va a acompañar. — decía con cierto disgusto. La niña también hizo un rostro igual al de Bill, no estaban contentos con que esa persona nos acompañe.
¿Por qué?
— ¿Pero va a venir mi papá Tom?
— No, Tom tiene cosas que hacer, ¿verdad? — forzaba una sonrisa.
Maddy miró mis ojos esperando una respuesta con tristeza e hizo que la ponga en el suelo. Estaba chantajeándome emocionalmente una niña de siete años, ¿qué mierda?
Simone mi madre ya me habría dado un jalón de orejas y me erizaba la piel pensarlo a pesar de que yo no recordaba nada de las cosas que me decía aunque no tiene importancia ahora porque ya pasó mucho y los tiempos cambiaron.
Sin más me incliné para quedar a su altura.
— No puedo pero esperaré aquí afuera para poder llevarte a tu clase de ballet.
— Ujum. — me dió la espalda abrazándose a si misma. — Ya, mejor que ese Alex sea mi papá. Tú acabas de perderme. — arqueo una ceja dolido por su respuesta. En cambio ese Alex aprovecha la situación para tomar su mano y empezar a andar junto a Bill, quien me dió una mirada de pena.
Lo único que pude hacer es comprarme algo para comer rápido en el auto y esperar a su salida.
Me había quedado pensativo durante un rato, sintiendo esa presión en el pecho como si de mi hija biológica se tratase y vaya que si me afectaron gravemente sus palabras de que la perdí. Sentía mi corazón muy entristecido.
— ¡Papá Toooom! — gritaba ella a lo lejos mientras salía corriendo de uno de los locales de comida. Bill estaba detrás de ella y Alex también. — ¡Huye, papá Toooom!
No entendía nada.
— ¡Vete, papá! ¡vete! — no me fui, al contrario. Me bajé del auto para pedir explicación alguna sobre lo que estaba gritando pero el novio de Bill me tomaba por sorpresa golpeándome en la mejilla. Me desequilibré y mareé al sentir el impacto fuerte. Mi cuerpo chocó abrupto contra la puerta del auto.
— ¡Ya! — jalaba Bill de atrás para evitar otro golpe.
— ¡Alex tonto! ¡feo! ¡feo! ¡feo! ¡feo! — dijo Maddy dandole de golpes en la pierna mientras lloraba. — ¡Cara de pez! ¡no le pegues a mi papá!
El líquido bermellón estaba trascendiendo por una ruptura en mi labio y la tanteo volviendo en sí.
¡Ese imbécil me había roto el hocico!
— No entiendo qué está pasando pero es mejor que tú hijo de puta corras por tu vida. — amenacé.
— ¡Tom! — me grita Bill a mí. — ¡Cuida tus palabras frente a mí hija! — suspiré cerrando los ojos cuando ella me abrazó la pierna temblando.
Bill había logrado llevarse a ese noviecito suyo en un taxi que ardía en rabia.
— Papá, vámonos. — pedía jalando la basta del pantalón. Asiento subiendo su cuerpo pequeño al auto y luego yo, después arrancaba a toda prisa. Su clase de ballet es a las tres, tenía que llegar, hacer su tarea, cambiarse y salir nuevamente. — ¿Estás enojado conmigo?
— ¿Por qué debo estar molesto contigo, hermosa?
— Por nada…
&
Estoy sentado en las escaleras del enorme coliseo donde se realizan las clases de ballet de Maddnees usando mi móvil como espejo mientras colocaba hielo sobre la herida.
«Fui golpeado y no sabía por qué»
— Tom. — Bill llegó al lugar, tocó mi hombro y se sentó a mi lado. Lo ignoro molesto. Parecía ser una persona que cargaba con él muchos problemas y no quería formar parte de ellos. — ¿Te ayudo?
— No.
— Por favor. — murmuró tocando mi pierna. — Vamos fuera, necesito hablar contigo.
— Hazlo aquí, no creo que sea importante.
— Si que lo es. — no muy convencido me pongo de pie con Bill a mí detrás caminando, ambos saliendo del coliseo para salir a la calle. Bill compró un par de snacks para ambos y mientras caminamos hablaba. — Discúlpame. Todo fue muy repentino.
— ¿De qué?
— Alex.
— Ah… mejor dile que si le veo romperé su fea cara.
Bill rió.
— Está bien, hazlo.
— Ujum. — metí un poco de papas a mi boca en cuanto nos metimos al auto, a los asientos traseros. Nadie sabría que estamos dentro por el polarizado que este traía y eso me gustaba de cierta forma. — ¿De qué quieres hablar?
— Sobre el viaje de Maddnees a Marbella y… también sobre su papá.
— Ah, ¿cómo es eso que no sabes quién es?
— A vista de todos yo soy su papá pero no es así. — miró por la ventana con vergüenza. — Maddy es producto de una noche loca en Miami, no recuerdo con quién pero aquel hombre tenía unos años menos que yo. Lo cierto es que pasó lo que pasó y no usamos la debida protección. Se podría decir que soy como su mamá, yo la parí. — metí otro poco de papas a mi boca sorprendido. — Era un hombre adicto al sexo, jamás tenía satisfacción y mis padres creyeron que era adecuado tenerla para calmar esas ganas y funcionó en gran parte pero ahora…
— ¿Qué? — arqueo una ceja.
— ¿No te parezco raro por haber tenido una hija?
— Mhmm, no. Supongo que es normal. ¿Has pensado en buscar a su papá?
— No, ¿por qué no la busca él? no se lo voy a negar después de todo. Ese estúpido sería de gran ayuda si estuviera aquí pero claro, seguro anda fingiendo una vida sin hijos, fiestas, viajes… hijo de perra. — murmuró al final, sacándome una risa divertida.
— ¿Tanto lo odias?
— Por no reconocer su rostro, no por nada más y ya cambiemos de tema que me molesta hablar de ese sujeto con la cara incógnita.
— Bien. — puse mi mano sobre su pierna. — ¿Qué pasa con el viaje a Marbella?
— Ve conmigo. — colocó su mano sobre la mía, mirándome a los ojos fijamente.
— No puedo.
— Oh, vamos. No quiero estar solo con Alex y mi hija, los tres incómodos.
— Yo lo haré peor, Bill.
Mi contrario desvía su mano muy cerca de mi entrepierna, robándome un suspiro que me hace acomodar mejor en el asiento: — Ha terminado conmigo porque Maddy le dijo que tú y yo hablábamos uniendo nuestras bocas cuando estábamos a solas. — mientras hablaba había sacado mi polla semidura de su lugar para tocarla.
— Oh, no es cierto.
— Lo es. — dicho eso se agachaba para rodear mi polla con su cálida boca y chuparla. Muerdo mi labio inferior agarrando un puñado de su cabello para guiar como lo quería. Ganoso de joderle esa boca. Movía mis caderas y provocaba sonidos ahogados cada que lo hacía. Bill con la otra mano tocaba mis huevos, apretando leve y masajeando los mismos con suavidad.
Cuando lo saco de su boca sus ojitos me miran con un brillo particular, llenos de deseo y ansia de ser traspasado con una polla como la mía.
— Móntame. — casi supliqué en un jadeo antes de deslizar mi lengua sobre sus labios mojados de saliva y pre semen. No deja de mover su mano desde la base hasta la punta mientras tiene una sonrisa de zorra hambrienta.
— No.
— Eres una perra. — le doy un golpe suave en la mejilla y aprieta mi glande jodidamente delicioso que me hace perder el control. Acerqué mi rostro al de Bill salvaje para besarlo a mi antojo antes de volverlo a mi polla y penetrar su cavidad como un completo salvaje. Se la introduzco con fuerza, amando esos gemidos ahogados.
Voy tocándole el trasero, metiendo la mano debajo del jean y apretando sus nalgas con fuerza. Su pantalón era descaderado por lo que me era fácil llegar hasta ese lugar donde hago presión metiendo mi dedo.
De mi boca ya empezaban a salir gemidos que no podían ser silenciados. Rápido alejé mi pene de la boca de Bill y masturbaba con mi mano.
— Ogm… — gemí dejándome venir sobre su rostro. Veía al techo del auto casi sintiendo las putas estrellas en ese instante. Bill se recomponía y me besaba la mejilla. — Dios, qué boca.
— Creo que sí me jodiste. — sus cuerdas vocales estaban tetricas y todo lo malo que puede haber. Su voz sonaba rasposa, ronca y dañada.
Recibí el paño húmedo que me extendía y me limpiaba para poder acomodarme. Bill también limpió su rostro con un par y bajó los cristales para que se vaya el calor.
— Lamento mucho lo sucedido.
— No importa…
— Ya no hables. — apreté los ojos avergonzado. — Me siento culpable pero en mi defensa debiste darme el culo.
— Cállate.
Reí recibiendo el golpe que me daba.
Al asegurarnos de que el auto estaba oliendo nuevamente a ambiental volvimos a dónde estaba Maddy para retirarla y volver a casa.
&
Ya era viernes y hace media hora me despedí de Maddnees que se quedó muy triste, llorando porque la llevarían en contra de su voluntad pero ¿qué más podía hacer? tenía la opción de ir pero carajo, serían mis días libres por lo cual aprovecharía en invitar a Georg con el suelo ya pagado.
Por supuesto que tenía la camioneta a mi disposición y eso era bueno.
A ello le agregué una cantidad de dinero para sacar mi licencia de conducir porque la multa sería grave.
En fin…
Estaba terminando de darme los últimos retoques de mi ropa, tomaba las llaves del auto y bajaba hacia donde estaba mi mamá mirando ‘Teresa’. Le doy un abrazo por detrás con un beso en la mejilla y en su mano pongo ciento cincuenta euros.
— Para ti. — beso su mejilla una vez más.
— No, cariño. Guarda para ti.
— Mamá. — rodeo los ojos sin recibir el dinero que me estaba dando. — Por favor, es para ustedes.
— Ay mi vida. — suspiraba mientras sonreía. — Gracias, pero te lo guardaré.
— Okay… por cierto voy a salir con Georg, quizás me quede con él.
— De acuerdo, gracias por avisarme, amor. — asentí con la cabeza dirigiendo mis pasos a la salida, abrí la puerta y veo a Bill cargado una mochila rosa con Maddnees en brazos a punto de golpear la puerta.
Levanté ambas cejas.
— Hola… — saludó con cierta timidez. — Uhm, me ha hecho un show por ti. No sé si puede quedarse contigo o tú ir con nosotros a Marbella, lo cierto es que tienes que estar si o si con ella.
— Iba de salida…
— Yo la cuido. — decía Simone a mi detrás empujándome para cargar a Maddy en sus brazos, luego toma la mochila y sube en dirección a mi habitación.
Ahora volvía sin Maddnees.
— Ve, no te preocupes por la niña.
— Muchas gracias. — sonreía Bill. — Nos vemos, solo será un corto tiempo. — asentí mirándole irse en un taxi del aeropuerto.
Pronto me llegaba una transferencia de doscientos euros con el siguiente mensaje:
“|Saca a pasear a tu hija|”
No lo podía creer.
Continúa…
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