

Fic TOLL de WifesKaulitz
Capítulo 74
Estoy de pie en el altar, mirando a Tom a los ojos. El sacerdote está hablando, pero apenas lo escucho. Mi corazón late con emoción y nerviosismo a diferencia de Tom que sonríe y me toma la mano, y siento una oleada de calma.
El sacerdote nos pide que nos miremos y que nos prometamos amor y fidelidad… esa última palabra es la que estaba más decidido a cumplirla para no volver a pasar por algo así, porque no lo merece y porque se verdad es el hombre que quiero para pasar conmigo de por vida aunque quizás yo no lo sea para él.
Tom y yo nos miramos profundamente, y puedo ver el amor y la devoción en sus ojos. Me siento abrumado por la emoción y apenas puedo contener las lágrimas.
— Bill, ¿quieres tomar a Tom como tu esposo, para amarlo y cuidarlo, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, hasta que la muerte los separe? — pregunta el sacerdote.
— Sí, quiero. — respondo con firmeza, mi voz temblando ligeramente a causa del llanto.
Tom sonríe y me aprieta la mano. — Yo también quiero. — dice con voz clara y firme. Demasiado seguro en lo que responde.
El sacerdote nos pide que nos intercambiemos los anillos de boda. Tom me pone el anillo en el dedo, y yo le pongo el mío haciendo perfectamente lo propio.
El hombre que nos está cansando los bendice y nos declara marido y marido al final. La iglesia estalla en aplausos y vítores pidiendo un beso entre ambos. Tom me agarra como una pluma para cargarme entre sus brazos y nos besamos apasionadamente delante de toda esa gente, las cámaras, noticieros, personas importantes y siento que estoy flotando en una nube de felicidad. Estoy casado con el hombre que amo, y nada puede hacerme más feliz.
Me siento envuelto en una mezcla de emociones mientras me beso con Tom. La felicidad y el amor que siento por él son abrumadores, pero también hay una pizca de miedo y duda. Me pregunto si realmente soy digno de su amor, si puedo ser el esposo que él merece.
Mientras nos besamos (o nos comemos la boca) puedo sentir los ojos de los invitados sobre nosotros. Algunos están sonriendo y aplaudiendo, otros parecen un poco incómodos. Pero no me importa. En este momento, solo importa Tom y yo.
Cuando finalmente nos separamos, Tom me sonríe y me besa en la cabeza.
— Te amo. — me susurra al oído.
Yo le devuelvo el abrazo y le susurro que lo amo también.
Al salir de la iglesia nos tiraban pétalos de rosas blancas, arroz crudo y muchas felicitaciones. Nos invitaron a una pequeña cena qué habían planeado los padres de mi esposo pero no se podía ya que el vuelo estaba pisándonos los pies. No esperaba pasar por aquel inconveniente para poder casarme.
Lejos de todo había salido bien.
&
De abordo en el vuelo hacia Escocia los asientos habíamos elegido juntos, no importó pagar un poco más para ir con toda la comodidad del mundo con nuestros bebés y Maddnees, quien iba en completo silencio abrazada a Tom.
Yo no me animaba a hablar con ella y tratar de solucionar las palabras grotescas que le había dicho por el enojo porque no tenía cara. Estaba apenado de que sucediera así las cosas y ya no había vuelta atrás. Probablemente había lastimado tanto su corazón que no va a querer ni oírme.
Siempre jodiendo todo.
— Hasta ahora no me has dejado darte el maldito regalo. — murmura Tom poniendo un mechón de mi cabello tras la oreja. Yo me sonrojé ante su acto para luego agachar la cabeza. — Ya mejor te digo que es.
— Dime…
— Te he comprado una casa con un maldito vivero para cuidar. Tiene variedad de plantas porque si te compro flor a flor estarán marchitas y bueno… se llama como tú: «ViBill». Te lo compré porque supe por medio de alguien lo mucho que te emocionaba de pequeño cuidar plantas y quise darte uno.
— Ay… — mordí mi labio inferior sintiendo mi corazón apretujarse. — Es el mejor regalo, te lo aseguro. — acerco mi rostro al suyo para darle un beso corto en los labios. Al separarme mi hombre me sonríe tan enamorado de mi y yo de él. Apegamos nuestras cabezas luego se soltar un suspiro al mismo tiempo.
Las horas de viaje fueron cortas, no me dormí ni un momento por ver a Tom junto a los niños dormir. Estaba pensando en lo fresco que se vió Tom delante de mí hace unas horas cuando me encontró llorando. Me pregunto si a parte de ir con Adam hizo algo más.
No se me olvida que allá pudo haberse encontrado con Ría quien quizás estaba buscando la mínima oportunidad para aprovechar el asunto y meterse entre sus narices. Vaya que inseguro me estaba sintiendo en este rato y las lágrimas se estaban apoderando junto con la desesperación.
Seguramente no iba a vivir aquel matrimonio feliz como pensaba porque en todo momento iba a estar tan inseguro y que yo no pueda quejarme porque fui yo el que empezó todo.
Oh, no…
Con esos pensamientos atascados llegamos finalmente a Escocia donde nos esperaba un pequeño auto antiguo pero grande y el chofer nos ayudó con la maleta mientras yo cargo a los bebés en las mecedoras a dos manos. Observaba con una cara de terror a Tom quién se veía demasiado fresco colocando a Maddnees dentro del auto, luego los niños y yo al final. Habló un par de cosas con el chofer antes de despedirse y subir para dirigirnos al hotel guiado por el mapa que estaba bien señalado en la hoja.
No fue tanto trayecto ya que Escocia no es tan enorme.
— Mira, Maddy.
— Wow. — susurra Maddnees mirando atenta por la ventana. — Es como un castillo el hotel, me gusta mucho. — pero si voz no era como esa emoción normal de una niña encantada con lo que ve. Más bien fue fingido.
— ¿Qué pasa, muñeca? — pregunta su papá observando por el retrovisor. — ¿Está todo bien?
— No. — susurró.
— ¿Me quieres hablar?
— Es papá Bill. — una vez que el auto se detiene yo me iba a bajar al vuelo para salir huyendo de la situación si no fuera porque Tom me tomó de la mano tan fuerte para que me quede. Me crucé los brazos mirando hacia al frente con el ceño fruncido.
Tom suspiró muy serio.
— ¿Qué es lo que ha pasado ahora?
— La he regañado y ya. — entonces Maddnees se puso a llorar en silencio poniéndome nervioso y arrepentido por las cosas que le dije. — Lo siento, Maddy. — suavicé mi tono de voz dejando mi actitud de porquería y tapé mi rostro ruborizado.
— No quiero…
— Anda, déjame hablar con ella. — miré a Tom con una mala cara antes de bajar del auto junto con ambas mecedoras y entrar al hotel a pasos rápidos con toda la molestia del mundo. En la recepción pedí información de la enorme habitación para todos nosotros y al obtener las llaves pedí a uno de los encargados que fuera por las maletas mientras yo los esperaba aquí.
Fue una eternidad lo que tardaron pero por suerte ahí venía Tom con Maddy en brazos y solo lo ignoré.
Por supuesto que yo primero más enojado.
Subimos por las cansadas escaleras hasta la tercera planta donde era nuestra habitación y las cosas las dejaban en el interior. Tom les dió una propina antes de que se vayan y coloqué a mis bebés en la cama mientras yo me acostaba junto con ellos, jugando con sus pequeños manitos.
Ese par ya estaban más avispados con el pasar del tiempo y los veía más hermosos, agarrando rostro. Angeline se parecía un poco a Maddnees de pequeña pero mezclada con la fea cara de su mamá y mi hermoso pequeño Tom pues tenía todo de su papá y el sexy lunar bajo su labio inferior junto con el de la mejilla.
¿No podía amarlos más?
— ¿Por qué le has dicho que le odias, Bill? ¿qué carajos te pasa? — susurró sentándose al otro extremo de la cama. Observo a Tom y parpadeo reiteradas veces.
— Solo estaba enojado.
— Ah, pues por tu enojo acabas de perder a tu hija.
Tomé asiento en la cama junto con el pequeño Tom en brazos y acaricio la mejilla de mi hijo. — Pues no me afecta mucho la verdad, tengo a mis dos bebés.
— No puedo creer lo que estás diciendo. ¿Quién eres?
— Pues… que se note la jodida diferencia entre unos hijos bien recibidos y uno que no.
Tom abrió su boca a más no poder al igual que sus cejas se arquearon de la misma forma. — Me cuesta creer que estás hablando así, ¿en serio le sigues teniendo ese rencor a nuestra hija mayor, Bill?
No respondí.
— Esto no lo puedo permitir, de verdad. — a pasos largos empieza a dirigirse a la habitación de Maddnees que entrando por la puerta del clóset y vuelve con ella de la mano, quien tiene su rostro empapado de lágrimas. Sus ojos hinchados al igual que su boca. — ¿En serio no te causa nada verla así? — Maddy lloró con mucha fuerza ahora abrazando la pierna de su papá y tragué saliva, desviando la mirada teniendo el corazón roto.
Oh, claro que me está doliendo verla así por mí culpa.
Dejé al bebé en la cama nuevamente, para levantarme y abrazarme a mi mismo. Teniendo un impulso de querer abrazarle pero ya lo jodí todo.
— Papá, ya me quiero ir a dormir. — habla en medio de sollozos. Tom me sigue mirando y al ver que no decía nada suspiró rendido.
— Está bien… ve. — Maddy con la cabeza baja se separa a fuerzas de su papá Tom y corre a su habitación.
Y yo…
Yo…
— Maddy, espera… — llamo con la voz rota. Ella se detiene en seco y yo respiro agitado caminando unos cuantos pasos para arrodillarme frente a mí hija con el rostro deshecho, llorando desde ya. — Amor, perdóname. No debí hablarte así nunca, en ningún momento. Tienes razón al haberme dicho que yo mentí pero no quería aceptarlo, esto no es culpa tuya, es mía… y si te cuesta perdonarme está bien, yo lo voy a entender pero quiero que sepas que voy a luchar constantemente por ganarme tus disculpas para que me vuelvas a querer.
— Solo no me odies, por favor. — entonces ella fue la que me abrazó. — No quiero olvidarme de ti, se mis hermanitos o de mi papá. Los amo a los cuatro con mi vida entera. — y mi hija sollozaba con tanto dolor que hasta escuché a Tom llorar en un silencio inútil.
— No, cielo. No vas a olvidarte de nosotros, ¿sí? te amamos más que a nada en el mundo. — decía Tom uniéndose al abrazo.
— Te amamos, mi niña.
— Y yo los amo a ustedes, papás.
Y ahí nos teníamos los tres bien abrazados llorando como nunca.
&
La noche avanzaba con rapidez a medida que los besos de mi esposo se vuelven más ardientes.
Luego de dormir a los niños nos escapamos a una de las cabañas alquiladas. La cual sería cómplice de nuestros más sucios deseos por las noches. Su lengua recorre mi piel limpiando la crema chantillí que había colocado sobre mis pezones y en mi zona íntima y disfrutando del sabor.
Me deleito tan caliente observando como lo hace, concentrado limpiando a la perfección sin dejar un mínimo detalle de la crema en mis poros.
Al dejar mi cuerpo limpio me lanza a la cama y vierte otra cantidad, bastante exagerada en mi trasero y gimo al sentir su lengua pasar por la mitad.
— Que rico estás, cielo. Te amo y amo tu culo. — gimoteo mientras me sigue lamiendo con unas ansias tan exquisitas ahí atrás. Traigo el cabello pegado en la frente, la boca abierta y debajo mi pene esta en medio de una prisión siendo rozado por las colchas. — Quiero comérmelo todas las noches antes de dormir, al despertar, al cenar o antes de ir a trabajar.
— Cómetelo. — susurro con excitación. — Todas las veces que quieras, no me molesta.
De soslayo veo como toma el preservativo para ponérselo cansado de dar tantos rodeos y se adentra en mi interior de una sola estocada dejándome lleno. Aferro mis uñas en las sabanas de seda dejando que traspase mi trasero con cada movimiento. Nuestros cuerpos se encuentran melosos y quizás llenos de las pelusas de las colchas pero es lo de menos.
Tom me está haciendo suyo y he perdido la cuenta de las veces en que lo ha hecho y se siente bien. Antes habría pensado que comerse el mismo plato de comida una y otra vez era aburrido, cansado pero hoy la vida me estaba demostrando que no.
Tom hacia cada cosa nueva en la cama.
No para de sorprenderme.
Apega su pecho sudoroso a mí espalda, sin dejar de restregarse. Metiendo cada vez más a fondo su entrepierna en mi interior. Pasó su brazo alrededor de mi cuello, ahorcándome como solo él sabía que me gustaba.
— Oh… — mordí mi labio inferior cerrando los ojos con la boca entreabierta. Tom aprovechó eso para meter sus dedos y yo los lamía como si fuera su polla dura. Lo hago entre mordiscos que le roban gemidos roncos de lo más profundo en su garganta.
— Mhmm, Billy…
La saliva se va escurriendo y aprovecha eso para levantarme como si fuera un objeto. La espalda de Tom fue apegada a la pared para arrimarse y darme de esa forma. Esa mano llena de saliva agarra mis huevos para masajear suavemente. Su boca en mi cuello dando lamidas, probando el sudor exactamente donde tenía otro tatuaje.
Me agacho un poco, empinando mi culo y coloco las manos en el suelo. Tom se descontrola por el gemido que sale de su boca y las ganas que le pone a sus movimientos. Traza una linda que eriza mi piel en la espina dorsal y me tiemblan las piernas de puro regocijarme de la calentura.
— Aysí de sumiso me encanta tenerte, mi amor. Qué erótico te ves así tan calientito gracias a mi polla… ish… — suspiraba con dificultad cuando vuelvo a tomar postura y hago que salga de mi.
Volteó para darle la cara con una mirada lasciva. Empiezo a caminar retrocediendo hasta que toco la cama y me acuesto en ella con las piernas abiertas masturbando mi polla. La otra se dirige a mi entrada para tocar mientras Tom se enciende más.
Su polla está mucho más rígida que antes. La punta la veo rojiza dentro del látex y muerdo mi labio inferior.
— ¿Sabes que se me antoja, Dad?
— Dios, no me llames así que me desconozco y no podrás sentarte en una semana…
Reí en medio de suspiros eróticos a oídos de Tom.
—… pero dime, ¿qué se te antoja, bebé?
— Quítate el puto preservativo y déjame sentirte, esposo mío. Necesito sentir como tú carne me posee una y otra vez esta noche y quiero ser rellenado de ti.
Entonces Tom no lo dudaba para quitarse el condón y tirarlo lejos de nuestra vista para venir a mí y meterla de golpe. Nuestras frentes se pegaron en ese rato. Agarro a Tom por la nuca y así me lo beso descaradamente, la saliva de escurre por la comisura de mis labios y las mordidas son fuertes pero no dolorosas.
Nos acostumbramos a ello y fuera de joder, nos encantaba.
— Te amo. — le digo con toda la sinceridad del mundo. Con el corazón desnudo al igual que lo estaba yo una vez que mis piernas tiemblan con el orgasmo aproximarse.
— Te amo muchísimo más, bebé. — me respondió cerrando su boca alrededor de uno de mis pezones. Hice la cabeza hacia atrás, explotando mientras veo el techo con una sonrisa exhaustiva y Tom me rellenaba entero.
Tratando de ponerle todo de él a fondo.
— Muchísimo, eres mi vida entera.
Continúa…
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