
Fic TOLL de WifesKaulitz
Capítulo 7
La pizza había llegado y los tres estábamos sentados en el suelo del pequeño juego de sala, mirando la tele hasta que Bill la apagó, obteniendo nuestra atención sobre él.
— Lo siento, necesito hablar.
— ¿Sobre qué, papi? — le pregunta en un tono de voz tan inocente que provoca una sonrisa en Bill. Creo que eso lo motivó a darle un beso en el cabello a su hija y abrazarla.
— Pasado mañana voy a viajar a Marbella a una sesión de fotografía e iré con Alex. — podía notar los nervios en su voz por la distancia que tomó Maddy e incluso dejaba de comer. — Llevaré a Maddnees, Tom.
Yo asentí.
— Tómalo como unas vacaciones y disfruta, tendrás tu primer sueldo. — yo lo miré sin comprender, si aún no cumplía el mes. — En tu contrato estaba cuatrocientos euros semanales, ¿lo olvidaste?
— No. — mentí porque no había leído nada referente a mi contrato, términos y/o condiciones pero supongo que todo estaría bien.
— Rogaría tu número de cuenta para transferir.
Vuelvo a asentir.
— ¿O sea que no va a ir mi papá Tom?
— No, Maddy.
— Oh. — agachó la cabeza con tristeza abrazándose a si misma. Probablemente a punto de hacer un drama para salirse con la suya.
— Quiero que aproveches en ir, conozcamos Marbella y también conozcas a Alex. No es una mala persona, solo quiere ser tu amigo como Tom.
— Tom no es mi amigo… — Maddy gatea en mi dirección para abrazar mi brazo y esconder su cabeza en mi ropa. —… es mi papá. — afirmo con la cabeza mirando a un Bill con el rostro encendido de rabia.
¿Por qué le molestaba? si eso es lo que había dicho él mismo.
— Bueno, Alex quiere ser tu amigo y ya. ¿Puedes hacer eso por mí, por favor? si te portas bien prometo compensar con una nueva colección de my littlest pet shop.
Maddy negó con la cabeza varias veces.
— ¿Por qué? si son tus favoritos.
— Quiero que vaya mi papá Tom.
Bill y yo nos miramos fijamente. Este se cruzó de brazos con la ceja arqueada. Yo solo estaba tranquilo escuchando atento la conversación. En voz baja me dice un ‘haz algo’, muy amenazante a lo cual me provoca un suspiro: — Maddy. — empiezo luego de masticar el maní que metí a mi boca. — Dale la oportunidad a tu papá.
— Nop.
— Maddnees, él a cambio te promete estar presente en cada comida del día, se portará bien e irá cada que pueda a verte ensayar al curso de ballet, porque eso es lo que quieres, ¿verdad?
— Sí. — susurraba ella dejando mi brazo para después encoger sus piernas y abrazarlas, observando a su papá. — ¿Es mucho para ti? — la expresión de Bill se relajaba al instante y se volvía dócil.
— No, amor.
— Por favor, promete que no vas a faltar a tu palabra.
— Por supuesto que no, amor. — Bill acariciaba su cabellera brillante con toques suaves, dándole una mirada de comprensión.
— Es que así me prometiste tú tantas veces y jamás cumples.
— Yo me voy a encargar de que lo cumpla, Maddy. — intervine ganando una mirada de ambos con diferentes significados. La niña estaba feliz. Bill no mucho, quizás estaba consciente de mis palabras y ahora se vería en la obligación de hacerlo.
Cuánto le costaba acercarse a su hija.
— Gracias, papá. — una vez más mi abrazo se veía envuelto por los más pequeños de Maddy. La mirada de Bill permanecía sobre mí ahora inexpresivo. — Tengo sueño.
— Ven. — la cargo entre mis brazos para que duerma tranquilamente mientras Bill colocaba una manta sobre mí. El silencio reinaba en la casa y entre los dos también, quienes éramos los únicos despiertos en el lugar.
Saqué mi móvil para ver algunos vídeos ya que me sentía demasiado incómodo con ese silencio.
Entré a la red social de Instagram y al instante salieron fotos de un par de modelos en ropa interior. Les daba like sin intención alguna y…
— Degenerado. — habla mientras me quita el celular para ver. Rodeo los ojos y me inquieto por no poder hacer nada al tener a Maddnees en mis brazos bien dormida.
— Devuélvemelo. — pido con voz amenazante pero no me hizo caso y continua.
— Que horror, tu página es toda pornografía de mujeres con más operaciones que las matemáticas, iugh.
— Bill. — advierto una segunda vez.
— Eres un irrespetuoso.
— ¿Por qué? — digo frunciendo el ceño y soltando una risa irónica. Pero él estaba tan molesto que me golpeó en la pierna. Me tragué una maldición por respeto a la niña, más no por él.
— Estás viendo esas mujeres frente a mí hija.
— Basta, entregamelo. — extiendo la mano, mirándole fijamente pero el sonrió.
— Si es que me atrapas. — entonces Bill sale corriendo puertas fuera de la casa y doy un golpe en el sofá. Pongo a Maddy muy cuidadoso en la alfombra, me aseguro de que no despierte para ir en su búsqueda corriendo de igual forma. La silueta de Bill se veía corriendo por la puerta que daba a la alberca y me apresuré a punto de alcanzarlo.
El gritaba como loco porque ya casi podía pisar los talones y me detengo en seco al entrar en la zona de la alberca porque se detuvo ahí, teniendo intenciones de tirar el móvil al agua.
— Oh, vamos. Dámelo.
— No solo le faltas el respeto a mi hija, sino a mi también. Soy tu maldito jefe.
— ¿Y qué? — relamo mis labios luego de cruzar los brazos y abrir las piernas tratando de hacerme ver interesante.
— No tienes que ver chicas enfrente mío.
— Lo siento pero soy un hombre soltero. Tengo derecho a ver los atributos de esas chicas. — bromeo pero lo enojó más que tiró el móvil al agua.
Yo tomé impulso muy molesto y me lanzo al agua, en el proceso empujando a Bill para caer los dos.
Ambos nos estábamos ahogando por la profundidad del agua e inútilmente trataba de subir a la superficie.
Al salir me limpio la cara y busco a Bill pero este estaba aún debajo por lo que me hizo preocupar tanto que volví a meterme por él.
Tomé su mano y lo jalaba hacia arriba para sacarlo del agua con dificultad. Después salí yo con toda el agua escurriendo mi ropa pasada por lo que tuve que desnudarme hasta quedar en los boxers y darle los primeros auxilios.
Asustado.
— Bill… — palmeaba su rostro y después me acercaba a su boca para darle respiración pero él me tomaba por sorpresa rodeando mi cuello con ambos brazos y profundizando un beso que duró poco porque me alejé, cayendo sentado, controlando mi respiración mientras se burlaba.
— Hubieras visto tu cara.
— Eres una mierda.
— Ash. — rodea los ojos mientras se sienta y se quita los zapatos, sin mirarme. — Que delicado. — me jodida tanto la frescura de sus palabras que vuelvo hacia él para llevarlo al borde con mi mano en su cuello y la otra en su cabeza, como si quisiera ahogarlo. — Tom, ¿qué haces? — ahora también estaba asustado.
— ¡Tiraste mi móvil! — hice intención de meter su cabeza en el agua pero no lo hice.
— ¡Pues te compro otro!
Y lo soltaba mientras me reía escandalosamente de su cara asustada. Bill bufó rendido retomando su postura: — ¡Ahora tú hubieras visto tu cara!
— ¡Imbécil! — se lanza hacia mi para golpearme. Rápido tomo sus manos y se queda quieto, mirando mis ojos con la respiración agitada. Yo merodeo sus labios con los míos. Bill hace intención de besarme pero lo evito haciéndome hacia atrás. — Por favor… — murmura acercándose más por lo que suelto sus manos y las pongo en su cintura. Este pone sus frías manos en mi rostro para así unirnos en un beso y ahora lo tomo por la nuca, mi mano se cierra alrededor de ella, y le beso con más fuerza deslizando mi lengua dentro de su boca, con intensidad.
Bill se acomoda entre mis piernas para sentir como mi miembro iba despertando y jadeaba al obtenerlo a causa de que empujo mis caderas en su contra y le beso más fuerte, mordiendo su labio y bajando la única mano que tengo en su cintura al trasero por debajo de la tela húmeda de su ropa.
Mi respiración se vuelve agitada y por la falta de aire nos separamos. El calor era insoportable en el lugar ¿o era por lo que había pasado?
Bill me mira y para no caer en un silencio incómodo lo jalo hacia mí y le hago acostarse en el suelo mientras iba descendiendo con besos sobre la ropa y bajaba hasta tener su entrepierna frente. Desabroché su jean y con dificultad lo bajé hasta sus rodillas para dejar a la vista una increíble zona púbica que estaba cubierta con un hilo de la marca Calvin Klein y se le ajustaba bien a su intimidad semidura.
Se me hace agua la boca y pongo mis labios sobre su sexo: — Tom… — se queja excitado. Yo le abro más las piernas para continuar lamiendo sobre la tela e inhalando ese aroma tan encantador que desprendía por su calentura. Olía a jabón de rosas.
Me la podía dura.
Doy un pequeño mordisco en la misma que provoca un brinco pequeño. Ahora le hago a un lado la misma para tener su zona rosita y mojada. Tomé su miembro en mi mano. Acerqué mi boca a su glande para dar lamidas constantes, robándole el aliento y arrancando gemidos de lo más profundo de su garganta.
También con mi dedo índice jugueteo su zona anal dando leves caricias. La saliva que escurría de mi boca iba en dirección a su ano y así lubricaba para poder meter mi dedo.
El pelinegro se tensaba. Su espalda cae con lentitud sobre el cemento y pone su mano en mi cabeza, guiandome.
— Nunca nadie se atrevió a hacerme sexo oral. — gimoteaba muy bajito y balbuceando. — Mhmm… s-sí…
— ¿Cómo no? si lo es la mejor parte del sexo. — Bill se sienta y yo muerdo su glande sin fuerza. Le provoca un orgasmo precoz que pruebo en el rato, ganandome una mirada oscura y llena de deseo.
Vuelvo a mi postura al verlo un poco inquieto.
— ¿Ahora qué? — dice con cierto toque de vergüenza en sus palabras.
Muerde su labio inferior al ver mi entrepierna y posa su mano sobre ella, erizando mi piel, encrespando todo mi ser como si fuera un gallito de pelea.
— Joder. — puse mi mano sobre la suya para moverla un poco deseando de su contacto. — Te la quiero enterrar ahora mismo. — hablo en voz baja, dejando que mis impulsos sexuales hablen por mí. Dejo la mano de Bill para bajar mis boxers y mi pene rebotó de felicidad al salir de esa prisión. — Quiero joderte la boca también.
— Que grande… — se ahogaba con su propia saliva y no paraba de jadear.
— Tocalo, quizás se vuelva más grande.
Frunció el ceño.
— N-no… ¡no! — exclamó poniéndose la ropa nuevamente y luego de pie. Yo lo observo confundido, volviendo a cubrir mi intimidad y me pongo de pie a la par suya. — Tengo novio, no puedo hacer esto. ¡Aléjate de mí! — y ahí se iba corriendo una vez más.
Dejándome cachondo.
Bufé dejando caer mi cuerpo en el agua fría de la alberca e iba tan profundo que tanteo el móvil y lo saco.
Lo único que me serviría era el chip.
&
Bill y yo estábamos en una tienda de teléfonos reponiendo con uno mejor—a pesar de que le dije que no—que el que tenía. Ya le había hecho poner todos mis datos personales y número telefónico. Lo pagaba con su tarjeta muy tranquilo y salíamos de la tienda para el auto.
Ninguno de los dos se había dirigido la palabra más que lo necesario y supongo que así estaba bien. Mucha tentación era yo para él que tenía su noviecito.
En cuanto pongo a andar el auto llaman a mi móvil. Bill paró la oreja con intenciones de escuchar la llamada pero no lo consiguió porque le bajé el volumen y lo puse en mi otro oído.
— ¿Sí?
— Por favor para que se acerque ahora mismo a la institución de Maddnees, es un tema urgente.
— Okay. — dije antes de colgar y pasar de largo el trabajo de Bill.
— ¡Oye! — exclamó mirando hacia atrás. Por el retrovisor veía su novio hacer gestos con los brazos y yo reí. — Para ahora.
— No.
— ¡Hazlo! ¡Alex me está esperando! — piso de golpe el freno del auto haciendo rechinar los neumáticos.
— ¿Es más importante el hijo de puta de tu novio o tu hija, eh? házmelo saber para ir solo a su escuela.
— ¿Qué? — se ponía pálido. — ¿¡Qué le pasó!?
— No sé, solo tenemos que ir allá ahora.
— ¡Pues ve! — ponía a andar el auto otra vez para la escuela de Maddnees. Al llegar ambos nos bajamos y nos hacíamos anunciar. A eso—desgraciadamente—se nos sumó su noviecito que nos había estado siguiendo en el auto y los tres entrabamos como papás de Maddnees hasta la dirección.
Ella estaba sentada ahí toda despeinada y tranquila mientras que la otra niña que igual estaba con sus padres lloraba despeinada también.
Pensé lo peor.
— ¡Papá! — corría hacia mi para lanzarse a mis brazos. Extrañamente llenó mi rostro de muchos besos bajo la mirada atenta del novio de su papá. — Que guapo te ves hoy, te quiero mucho, mucho, mucho.
— ¿Y tú? con esa cabeza así no te ves linda, pareces una pulga.
Ella rió.
— Que bueno que llegaron. — dijo una mujer alta con cabello rubio. Ella tenía un carnet en letras grandes donde decía ‘Directora’. Detrás de ella estaba la Miss de Maddy y me sonreía abiertamente. — Por favor, que ingresen las niñas con los papás. — los padres de la niña que lloraba entraron primero mientras que nosotros estábamos por discutir en si Alex debería entrar o yo.
— Creo que esto no es tu asunto por el momento. — le dice Bill a su pez. — Por favor, espérame aquí. Vamos, Tom. — arqueo ambas cejas e intentaba no reírme mientras entraba a la habitación luego de bajar a Maddnees de mis brazos.
Ahí ya estábamos las ocho personas necesarias para hablar.
— ¿Qué sucedió con Maddnees, directora?
— Ayer Monserrat agredió a Maddnees y quedamos en que lo hablaríamos tranquilamente hoy a la salida con sus padres.
— Hoy no sé que le sucedió a la niña Kaulitz que agredió a su compañera.
— ¿Qué le hizo? — pregunta Bill mirando a la niña que no paraba de llorar.
— Le jalé muy poquito el pelo. — susurró Maddy.
Y yo tuve ganas de joder a Georg por lo que le había dicho ayer, ¡mierda!
— ¡Pero ella también lo hizo! — se excusó. — Y si no quería que le haga eso no debió molestarme.
— Maddy. — llamé su atención poniendo mis manos sobre la silla, sintiendo el peso de la culpa sobre mí. — Eso está mal, pídele disculpas a tu compañera, por favor.
— Lo siento. — agachó la cabeza. Bill miraba con atención como su hija accedía dócilmente a mi petición.
— Lo siento también. — dice Monserrat limpiando sus ojitos. — No debemos pelear, seamos amigas.
— ¡Sí! — chilló Maddy impulsivamente dándole un abrazo.
Así de fácil es como se arreglaba una situación de niñas en la escuela.
Ojalá así también pudiera arreglarlo en mi vida personal.
Continúa…
Gracias por la visita. Te invitamos a comentar 😉