
Fic TOLL de WifesKaulitz
Capítulo 69
La mañana siguiente llegué como si nada a casa, a la habitación a bañarme, ir por mis pequeños hijos hasta donde estaba Gianluca desayunando y acostarme en la cama con ellos a mí lado. Lo bueno es que Tom no estaba por ningún lado de la casa y que podía estar tranquilo al menos un momento sin la bomba de preguntas que me vendrían.
No tenía miedo de eso sí no de lo cínico que puedo llegar a ser a veces y que en medio de eso terminara diciendo como si fuera lo más normal del mundo lo que hice.
No sentía remordimiento.
Y por lo tanto, seguí con la jodida reservación del hotel. Dando los últimos detalles, las cosas que quería en la habitación. Preservativos, comida, arreglos, todo… la mejor atención que tuviera el hotel en el día que nos vamos a quedar. Con una sonrisa de picardía termino con esos detalles pequeños.
Fui hasta donde estaba mi traje para verlo una vez más, observando el reloj en la pared. Cada vez faltaban menos horas para la boda y claro que los nervios me estaban acechando a una velocidad increíble.
— Ay, mierda. Si estás aquí. — entró corriendo Tom de repente a abrazarme por la espalda con la respiración agitada. Soltó todo el aire de sus pulmones mientras me estrecha entre sus brazos tan fuerte que me deja sin respirar. — Creí que habías salido corriendo y… y qué… ay, maldita sea. — dejó de abrazarme para darme la espalda tapando su nariz. Mantenía los ojos cerrados dejando caer unas lágrimas mientras yo lo observo con curiosidad. — Que… olvídalo. ¿En dónde estabas? — mordí mi labio inferior luego de dejar ir un suspiro y me crucé de brazos.
— Si te lo digo ya no es una sorpresa, amor.
— Oh. — ríe un poco ya más calmado, volviendo hacia mí, relajado. — De acuerdo, ¿tiene algo que ver con la noche de bodas?
— Por supuesto que sí. — sonreí mirando en una dirección diferente, un poco picaron.
Tom suspiró quizás imaginando lo que podría llegar a ser y en una parte sí pero más romántico, claro.
— ¿Solo los dos?
— Síp.
— ¿Y qué hay de los bebés?
— Espero que Gianluca pueda quedarse con ellos las veinticuatro horas del día que vamos a perdernos porque ya después pienso regresar a Alemania, ¿uhm? — envuelvo el cuello de Tom entre mis brazos para apegar mis labios con los suyos en besitos cortos y seguimos hablando.
— Me fascina la idea.
— Ujum, es lo que podemos festejar por el momento. Ya cuando regresemos a nuestro país, celebremos la boda más grande yo voy a exigir un jodido viaje a Escocia, ver el lago Ness…
— Joder, ¿y si nos sale el monstruo, eh?
— Nada de eso.
— Jum, quizás quieres ver hombres con falditas rojas a cuadros…
— ¡No! — me alejo riendo con gracia y negando con la cabeza. Muerto de la risa. — Podría verte solo a ti usando eso, me gustan tus piernas gruesas.
— Y a mi lo bien que se abren las tuyas para recibirme. — azotó mi trasero fuertemente y luego apretaba la nalga para calmar el ardor. Yo solo sonreí. — Porque solo se abren para mí, ¿verdad?
Uy…
¿Qué quiso decir?
— Por supuesto. — Tom tenía una sonrisa orgullosa en la cara y se hizo aún más grande mientras vuelve a apretar mi trasero una vez más con ganas.
— Bueno, amor. No puedo esperar a mi sorpresa. — dijo Tom, separando su mano de mi glúteo derecho. — Creo que deberíamos empezar a prepararnos los últimos detalles para la boda. ¿Qué te parece si no nos vemos hasta la boda?
Asentí con la cabeza, tratando de sonreír. Me sentía un poco nervioso, pero también emocionado de casarme con Tom. Solo esperaba que pudiera dejar atrás lo sucedido con Adam y concentrarme en mi futuro con Tom.
— Sí, suena bien — apoyé besando a Tom en la mejilla. — Vete de una vez antes que me resulte imposible dejarte ir.
Tom asintió y se fue a su habitación, no sin antes darle un beso a sus bebés en las mejillas. Yo fui hasta la puerta para ponerle seguro y apegar mi espalda en ella con los ojos cerrados. Tiré todo el aire cargado en mis pulmones ese rato acompañada de una queja adolorida.
El corazón me estaba latiendo como un jodido desesperado por sentirse hipócrita, pero yo… en serio amo a Tom, que no quede la duda…
&
La hora de la boda civil ya estaba a solo diez minutos de llevarse a cabo. Mi bebé ya estaban listo con su trajecito blanco. Maddy y Angeline estaban con un vestido casi del mismo modelo. Los tres se veían demasiado guapos así, pero lamentablemente mi hija mayor cayó en un profundo sueño jodiendo lo perfecto que estaba el vestido.
Bueno, los tres dormidos.
En mi estaba dando los últimos retoques para ponerme aquel sombrero que tenía un velo. Me alejé del espejo cuando me ví listo y coloqué ambas manos en la cintura. Estaba genial.
De pronto la puerta fue golpeada y entraba Gustav junto con Linda, ambos sonrientes e igual de elegantes.
Los abracé a ambos con los ojos cerrados y tratando de no sacar lágrimas que pudieran arruinarme.
— Nuestro pequeño se va a casar. — dijo ella si con lágrimas en los ojos.
— Estoy contento de que hayas tomado mis palabras.
— Gracias, pero yo… — me separé de ellos jugando con mis dedos. Las manos estaban sudorosas y empezaba a hiperventilar. — Uhm… — saqué la cabeza por la puerta para asegurarme de que no haya nadie y me vuelvo hacia ellos, mirando a ambos a los ojos. —… le fuí infiel a Tom. — susurré.
Linda palideció y Gustav enrojeció.
— ¿¡Pero qué estás diciendo!? — susurró/gritó Gustav sacándose los lentes para frotar sus ojos. En cambio Linda caminó hasta la ventana para abrirla. Tomar aire luego de lo escuchado.
— Joder, y ojalá tuviera un remordimiento pero no lo tengo. No existe y quería comentarlo con alguien más de mi absoluta confianza.
— ¿Con quién fue?
— Adam. — volví nuevamente en un susurro.
Linda se acercó a mí, con una expresión de tristeza en su rostro. — Bill… — dijo, poniendo una mano en mi hombro. — ¿Por qué te fuiste con Adam? ¿Qué pasó? ¿Tom falló en algo este rato? y si es así hablen antes de unirse para siempre.
Me encogí de hombros de nuevo. — No, Tom fue y es muy lindo conmigo. No ha hecho nada, solo me dejé llevar en ese momento por las emociones. Simplemente pasó. Y no me arrepiento.
Gustav sacudió la cabeza. — Eso es lo que más me preocupa — dijo nervioso. — Que no te arrepientas. Bill, la infidelidad es un problema grave en cualquier relación. Y si no te arrepientes, ¿cómo puedes esperar que Tom te perdone?
Me sentí un poco incómodo bajo la mirada crítica de mi amigo. — No sé — admití. — Supongo que simplemente espero que Tom me ame lo suficiente como dice para perdonarme.
Linda suspiró. — A veces el amor no es suficiente para superar la infidelidad. La confianza es lo que importa. Y si no puedes ser honesto con Tom, ¿cómo puedes esperar que él te sea honesto?
Y le dió en el blanco, joder.
Me sentí un poco abrumado por las palabras de la que consideraba mi madre. Sabía que tenía razón. La confianza era lo que importaba en cualquier relación. Y yo había roto esa confianza con Tom.
— Lo siento. — dije finalmente, sintiendo un poco de remordimiento. Y las ganas de llorar no faltaron. — Lo siento mucho… pero no es momento de retractarme ahora. Simplemente no puedo.
«Tengo que asegurarme primero.» – culminé en mi mente.
Gustav y Linda se miraron entre sí, y luego me miraron a mí antes de darme un abrazo fuerte para librar la culpabilidad que tenía dentro. Okay, Tom se iba a enterar pero cuando yo crea necesario y si es como lo creí ayer de que nunca se tenía que enterar, pues así se quedaría.
— De acuerdo, ¿qué va a pasar?
Justo en ese momento, la puerta se abrió y Tom entró en la habitación. — ¿Estás listo? — preguntó, sonriendo. — La ceremonia está a punto de comenzar.— estoy tan nervioso al ver a Tom. Ya era hora de empezar.
— Sí, estoy listo. — respondí finalmente, tratando de sonreír. — Vamos.
Tom se acercó a mí y me tomó la mano, sonriendo como nunca antes lo hizo. Muy ilusionado. — Estoy tan emocionado de casarme contigo — dijo, mirándome a los ojos con ese brillo particular. — Te amo, Bill.
Y otra vez ese sentimiento de culpa…
— Te… te amo también, Tom — respondí, casi sin poder decirlo como antes. Así de tranquilo y sin el peso de mi jodida conciencia. — Mucho… — juntos, salimos de la habitación y nos dirigimos al lugar.
La ceremonia de boda se lleva a cabo en el hermoso jardín rodeado de flores y árboles. El brillo de la luna daba suavemente y una ligera brisa agitaba las hojas de los árboles. Tom y yo nos paramos frente al altar improvisado, rodeados de las personas invitadas.
El oficiante comenzó la ceremonia, hablando sobre el amor y el compromiso. Tom y yo nos miramos a los ojos, y por un momento. Él me mira como si fuera la única persona presente en la casa, como si nadie más hubiera alrededor que nosotros dos.
Luego, el oficiante nos pidió que intercambiáramos nuestros votos. Tom comenzó, hablando sobre cómo me había cambiado la vida y cómo me amaba más que nada en la tierra. Sentí conmoción por sus palabras y traté de contener las lágrimas inútilmente.
Luego, fue mi turno. Me tomé un momento para recoger mis pensamientos y luego comencé a hablar. — Tom, desde el momento en que te conocí, supe que eras especial. Me has enseñado a amar y a ser amado. Me has dado una familia, un hogar y… unos hijos maravillosos que amo con mi vida. — traté de sonreír, pero las lágrimas comenzaron a caer.
Tom sonrió y me tomó la mano. Los ojos se empezaron a nublar también. — Te amo, Bill. En serio que no puedo con todo lo que siento por ti que mis palabras se quedan cortas, no es suficiente. — el oficiante nos pidió que nos besáramos, y Tom y yo nos besamos suavemente. La multitud aplaudió ante nuestro sello de amor…
A continuación seguían las firmas de la constancia junto con los testigos. Al obtenerlo nos declaró marido y marido. Tom y yo nos abrazamos, emocionados, felices…
Todo había salido bastante bien.
La recepción fue un éxito, con música, comida y baile. Tom y yo bailamos nuestra primera canción como esposos siendo el centro de atención.
Pero mientras bailaba con Tom, no pude evitar pensar en Adam y en lo que había pasado entre nosotros.
Qué maldito imbécil calenturiento fui… y me pregunté si había tomado la decisión correcta al casarme con Tom… pero por ahora… traté de dejar todos esos pensamientos de lado y disfrutar del momento. Después de todo, era nuestro día especial.
&
Al hotel llegamos como a las once de la noche, no estábamos borrachos ni nada por el estilo pero la recepción había estado muy interesante viendo como esas personas sacaban temas de la política, de empresarios entre otras cosas que mantenían a Tom feliz, entretenido hablando y sentí más seguridad de su capacidad para mantener un negocio por como hablaba.
Menos duda tenía ahora. Definitivamente quiero que maneje mis negocios y esté a la cabeza.
Pero no era importante ahora… si no pensar en lo feliz que estaba con extrañamente ahora que era su esposo, ¿y cómo no? si era un Kaulitz más. Tom me lleva en sus brazos como los recién casados que somos hasta llegar a la habitación y me tira en la cama con suavidad (en medio de la oscuridad). Caí acostado con los brazos abiertos, manteniendo una sonrisa. Después Tom enciende la luz y veo el arreglo de pétalos de rosas decorado como quería.
Mi novio (ahora marido) sonrió con encanto mientras cierra la puerta. Mirando todo a su alrededor. Los globos de corazones con helio cuelgan del techo y como un chiquillo me paro en la cama para agarrar uno y aspirar el helio en mi boca.
— I’m not a girl… — canté provocando la risa escandalosa de Tom y la mía en el instante. —… todavía no. — reí mucho más.
— Eres un verdadero caso.
— ¿Te gustó la sorpresa, amor?
— Sí. — sonrió ladino. — Y yo ya quiero darte mi sorpresa también en Alemania ya que nos vamos a volver allá.
— Mi sorpresa favorita sería el jodido viaje a Escocia, amor. Quiero mal gastar tu dinero en mis caprichos. — hice un puchero de brazos cruzados mientras doy un brinco y caigo sentado en la cama. Tom con una sonrisa se abrió paso entre mis piernas para plantar un beso en mis labios con una caricia en la mejilla. Después me quitó el sombrero para tirarlo por ahí.
Su caricia fue un poco más a mí mentón y otro besito corto más.
— Gasta lo que quieras, no me va a molestar. — ese puchero se convirtió en una sonrisa de satisfacción.
— Ve por el champagne, ¡tenemos que brindar! — dije gateando en la cama. Me arrodillé para ir quitando botón a botón mi traje bajo la mirada de Tom, que no podía apartarla de mi cuerpo. Sus manos se vuelven inútiles y no puede sacar el corcho haciendo que me riera con gracia ante los nervios que se reflejan en todo su cuerpo.
— Joder, tan pronto se me olvida como abrir una perra botella.
Continuo hasta quedar con los pantalones abiertos y visible mi ropa interior de la que me regaló Tom. El mencionado enloquece en cuanto se da cuenta que la llevo y riega un poco del vino sobre la mesa, soltando un ‘mitch’ furioso o eso intentó.
Extendió una copa para que la tomara en mi mano y «accidentalmente» la riego sobre mi cuerpo haciendo que me viera tentador.
— ¿Te limpio?
— Ujum. — asiento y no se hace esperar. Casi corre a mi para llegar a mi torso, pasar la lengua en mi piel desnuda húmeda. Eché mi cabeza hacia atrás, regando a propósito un poco más que Tom vuelve a limpiar. — Pareces un perro, amor. — murmuré ronco. — Lamiendo como un desesperado su plato de comida.
— Soy un jodido perro desatado fuera de control siempre y cuando se trata de ti. — mordió mi pezón. — Ay, tu piel con el sabor del champagne haciendo juego, uff… son cosas que quiero probar seguido, todos los días de mi vida.
— Hazlo, pruébame una y otra y otra y otra vez. — hablé en tono seductor. Esta vez dediqué a tomar el champagne a fondo y no seguir desperdiciando. Tom en un movimiento brusco me hizo cambiar de posición y le daba la espalda.
— Oye, ¿que te pasó en la espalda? — preguntó marcando en una línea la herida y el ardor vuelve a aparecer en mi espalda. — ¿Quién te rasguñó o qué?
Suspiré volteando a ver a Tom directamente a los ojos, por un instante se me pasó la idea de decirle lo sucedido pero no lo hice, al contrario. Agaché la cabeza fingiendo tristeza y el hizo que la levante para que lo vea.
— ¿Qué pasó?
— Disculpa, estaba tan ansioso por la boda que… — mordí mi labio inferior desviando la mirada. — … empecé a hacerme daño porque no aguantaba más… ya sabes… no puedo controlar mis emociones.
— Joder, lo siento mucho. — rodeó mi cuerpo entre sus brazos tan preocupado por mi. — Dios, yo no creí que fuera a pasar. Perdóname de verdad.
— Está bien, solo… no hablemos de ello, ¿sí? quiero seguir. — puse la mano entre sus pantalones para masajear el pene a Tom, causándole un suspiro. Mi novio asentía alejándose de mi para verme, barrerme el cuerpo que poco a poco me encargué de dejarlo sin una pizca de ropa y rápido lo noté ponerse duro.
Continúa…
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