

Fic TOLL de WifesKaulitz
Capítulo 68
By BILL
Cuánto había deseado yo tener una familia así de linda como la que estaba formando con Tom pero siempre habían las diferencias entre mis padres como: maltratos, golpes, gritos por todos lados y malas actuaciones de ellos delante de los medios de comunicación. Quizás sí tenían una mala relación pero conmigo siempre fueron atentos hasta cierto punto donde se pudo porque ya después fui una oveja descarrilada, dando vergüenza y mucho de que hablar.
Eso estaba pensando ahora que estaba solo en el parque del frente de la casa.
Decidí dar una vuelta para despejar un poco y volver con menos tensión luego de escuchar que la boda sería pasado mañana así… tan de repente.
Ya que no amamantaba si podía fumar con la debida precaución y eso lo necesitaba urgentemente. Encendí un cigarrillo mientras observo el paisaje junto con la enorme casa Wieger. Realmente no me imaginaba volver a pisar por aquí y menos casarme con la persona que odiaba.
En tiempo pasado.
No me habían dado el lujo de buscar alguna ropa acorde al momento. Lo que me hacía sentir bien es que ya en mi país se organizaría como yo lo quiero a lujo de detalles.
— Billy, corazón mío. — y me tensé jodido. Solté el cigarrillo de mi boca. Este cayó al suelo y él… él… Adam estaba ahí (mi ex novio) recogiéndolo con una sonrisa coqueta para ponerlo en sus labios, terminar de fumar y tirarlo apagado. Exhaló el humo al aire mientras lo veía estupefacto.
Inmóvil.
Rojo, rojo, rojo como la nariz del reno.
Hasta las orejas.
Y peor cuando sus labios se pusieron en mis mejillas. No podía reaccionar en ningún rato ni siquiera para cachetearlo por su confianza en exceso. ¿Qué carajos le estaba pasando? ¿es que luego de lo sucedido en nuestra relación no fue suficiente?
— Yo jamás me imaginé volverte a encontrar y sigues igual de guapo que antes… o hasta mejor. — la respiración se me cortó como nunca cuando sus labios se pegaron a los míos. Si nos poníamos a hablar seriamente, que de donde venía todo este problema del que yo me haya vuelto así fue su culpa. Adam me había estado viendo la cara con alguien de mi propia familia que hasta asco me da recordar su nombre.
Cuando lo descubrí la escena fue tan dolorosa porque fue en mi cama, mi habitación del hotel en el que nos estábamos quedando en New York en un viaje de dieciocho años que costearon mis padres para mí, mis amigos y personas de confianza.
Fue tan jodido mi sufrimiento. Fuimos un par de adolescentes enamorados, impulsivos que se amaban con locura y teníamos tantas cosas en común. Su infidelidad ocurrió un par de semanas antes de conocer al rastafari. Todo estaba mal. No lo había hablado con nadie sobre lo sucedido. Ni siquiera Gustav sabía y por lo visto el tema jamás estará superado porque fue mi primer amor. Fue el hombre con el que hasta pensábamos en casarnos en secreto y ahí estaba el problema de mis inseguridades que me ponen a sobre pensar en tantas cosas relacionadas y no relacionadas.
Por su culpa me volví así y ahora viene como si nada…
Entonces me aparté de él de golpe, con una mirada furiosa en mis ojos y dándole un manotazo en el rostro acompañado con mis largas uñas, rasgando su piel.
— ¿¡Qué estás haciendo aquí!? — le pregunté con un grito, mi voz está llena de ira y desconfianza.
Adam sonrió, sin parecer afectado por mi reacción pero tocándose la mejilla.
— Solo quería verte, Billy. — dios, aún tenía esa voz suave y melosa que endulzaba mis oídos muchas veces. — Me enteré de que estabas aquí y no pude resistir la tentación de venir a verte. Te he echado de menos, mi amor. Tenemos una charla pendiente.
Me crucé de brazos, intentando mantener la distancia entre nosotros.
— No tengo nada que hablar contigo, Adam. — le dije firme. — Lo que pasó entre nosotros está en el pasado y no voy a permitir que vuelvas a entrar en mi vida. Lo que sea que hayas tenido que decir úsalo para limpiarte el culo.
Adam se rió, bajo y sarcástico. — Oh, Billy, siempre tan dramático. Además no vine a causar problemas, solo quería verte y hablar contigo de Maddnees. Por ahí me cuentan que la niña puede ser mía.
— Estás loco. — bufé encabronado. En cambio este mantiene una mirada intensa, y por un momento, me sentí atrapado en su agarre. — Empieza a parecerse a su verdadero papá más que a mí.
— ¿Qué pasa, Billy? te veo dudando. — preguntó con suavidad, tocando mi mano y dándose cuenta tan rápido que estaba temblando. — ¿Tienes miedo que sea así?
Ahora el que se ríe fui yo. Seco y amargado.
— No tengo miedo, Adam. Simplemente no es tuya y ya, ¿quién te hizo creer semejante estupidez?
— Supongo que conoces a Ría.
— Ah, ya veo. — mordí mi labio inferior. Entrecerré los ojos atando hilos en la pizarra imaginaria de mi cabeza en los que la zorra ponía en duda la paternidad de Tom para conseguir separarnos y quedarse con Tom. Realmente no quería caer en su trampa porque estoy seguro de lo que tengo a mi lado. No hace falta ponerme a pelear si sé que hará lo posible por darme mi lugar… ¿no?
— ¿Quieres caminar hasta el otro extremo? te invito un helado… — con la cara de pocos amigos empiezo a caminar adentrándome al parte a su lado mientras me abrazo en completo silencio. — ¿Aún te sigue gustando tu helado de vainilla con chispitas de colores y sirope de mora, Billy?
— No. — mentí. Pero él se reía y en cuanto llegamos al puesto de helados pedía un par con la descripción dada hace unos momentos. Si hasta en el helado teníamos el mismo gusto aún, pero eso no quiere decir que ya signifique algo. Recibí mi helado para volver al parque con Adam a mi detrás. Nos sentamos en una banca a comer. Yo lo hacía lento, disfrutando pero con el desinterés reflejado en mí cara.
— Estás bien lindo. — susurró pegando su cuerpo al mío y quitando un poco de la crema que tenía en mis labios para llevar a su boca y lamer el dedo. Respiro profundo cerrando los ojos, sintiendo como mi corazón latía rápidamente por su cercanía que era cada vez más. Nuevamente me empiezo a sentir así de confundido. — Ups, te acabo de manchar. — dice luego de poner una cantidad considerable de helado sobre mi boca y pegó sus labios a los míos.
Mi pecho sube y baja incontrolado en cuanto su boca se mueve sobre la mía pero me separé de inmediato con un ‘no’ antes de salir corriendo tirando el helado rumbo a casa con sus gritos de fondo llamando mi nombre. Crucé la calle sin ver los autos que venían y en la puerta chocaba con Tom, que preocupado me abrazó.
— Bill, ¿Todo está bien? iba a buscarte porque tardaste mucho.
— Sí, solo… — regresé a ver al parque y Adam estaba de pie frente a nosotros viendo la escena. Tom también miró en mi dirección. — Vamos. — apresuré jalando su mano para que pudiéramos entrar al interior de la casa. Tom entraba a fuerzas sin dejar de verse con Adam.
&
Hoy día estábamos viendo así rápido la ropa que usaríamos para mañana en una de las mejores boutiques gracias a mi petición. Y mientras me probaba el traje no había dejado de acariciar mis labios en ningún momento recordando lo estúpido que me ví dejando que la persona que me hizo tanto daño me plantara un beso de esos que pareció habernos removido hasta las entrañas.
Lo cierto y que me cuesta admitir abiertamente es que si sentí cosas…
Mhmm… no, no. ¿Qué cosas voy a tener que sentir por ese imbécil? Sí, con Tom me siento mejor, todo está mejor…
Me miré al espejo, ajustando el traje que me había probado dando la vuelta para comprobar. Me parecía perfecto, pero mi mente estaba en otro lugar. No podía dejar de pensarlo por más que quisiera.
Qué horror.
Tom entró en la habitación, sonriendo. Con su ropa igual de siempre pero dándole un estilo un tanto elegante, igual de negro que el traje que yo llevo puesto.
— ¿Te gusta? — preguntó, refiriéndose al traje. Me encogí de hombros, intentando sonreír.
— Sí, me encanta — dije, pero mi voz sonaba distraída. — Y no deberías estar aquí para ver el traje, si que es de mala suerte.
Tom rió y se acercó a mí, poniendo sus manos en mi cintura. Hizo que mi espalda se quede apegada a su pecho fornido mientras nos vemos a través del espejo.
— Espero realmente que no, de ser así me salgo ahora mismo. — reí un poco al ver la reacción de Tom, y por un momento, me olvidé de mis pensamientos sobre ese tipo que no diré más el nombre.
— No, no te preocupes — dije aún sonriendo —. Creo que la superstición solo aplica para las novias.
— Ay, que alivio. — soltó un suspiro bastante exagerado. — Y me alegra que te guste el traje. Estás muy guapo. — sentí más relajación después del abrazo de Tom, y mi mente comenzó a despejarse un poco. Volteo hacia él para rodear su cuello con ambos brazos y vernos así de cerca.
— ¿Sabes, Bill? — dijo Tom, mirándome con tanto amor, ternura, ilusión y todas las emociones positivas que puede haber en su ser, en esos ojos oscuros que podía ver más allá. — Estoy muy emocionado de que mañana vayamos a ser oficialmente una familia.
— Yo también, Tom. — apego mi frente a la suya con ojos cerrados. — Estoy muy emocionado.
Pero mientras sonreía, no podía evitar sentir que estaba mintiendo un poco. ¿Podría realmente dejar atrás mis sentimientos aparecidos de repente por ese imbécil y comprometerme con Tom para toda la vida? La respuesta estaba clara, por supuesto que podía por mi bien, por el de mis hijos, por el de mi salud mental. Ya no tenía veinte como para actuar como un inmaduro y dejar lo estable por un desliz.
Eso estaba mejor.
Y Tom jamás tendría que enterarse que me ha vuelto a buscar, que me ha besado y que yo he sentido algo más.
— De acuerdo. — me volví hacia la modista que veía la escena enternecida. Tengo una sonrisa grande en mi rostro que no se puede ocultar. — Nos llevamos estos trajes, ¿sí?
— Perfecto.
— Okay, voy a meterme al vestidor.
— Ojalá pudiera hacerlo contigo. — la modista rió escandalizada por lo bajo mientras yo solo sentí mis mejillas arder. Le dí un golpe suave a Tom en el brazo antes de entrar y empezar a quitarme la ropa con sumo cuidado de no arrugar. Me asomé al vestidor para entregarle a la mujer mi traje que rápido lo tomó en sus manos y se fue. Tom tampoco estaba. Cuando empiezo a ponerme el pantalón (o intentar), mi novio aparece por detrás abrazando mi cintura nuevamente.
— Tom. — susurré escandalizado.
— ¿Y tú creíste que yo no me iba a quedar con las ganas?
— No, que nos van a ver.
— Por favor. — susurró besando mi espalda desnuda en lo que masajea mi trasero produciendo una erección insoportable. Entendía bien sus ganas porque nos sometimos a una abstinencia sin querer gracias a nuestros hermosos y amados hijos…
— Un día más. — susurré igual, volteando para atrapar sus labios en un beso. — Solo uno más y luego lo haremos las veces que tú quieras, cielo. Aguanta… para darnos con ganas.
Lo dije con seguridad porque desde ya estaba planeando nuestra pequeña luna de miel, así de rapidita en un hotel de lujo como el Grand Hyatt al menos por un día
Darnos el placer de ser recién casados sin hijos por esas veinticuatro horas.
— Bueno. — suspiró con una mueca de tristeza. — Ya me voy. — asentí con la cabeza observando como con la cabeza baja de iba como un niño pequeño pero luego se devolvía otra vez. — Pero que sea sin protección para darte uno más que cuidar.
— ¡No! — me escandalicé empujándole fuera de mi vestidor mientras reía a carcajadas graciosas. Yo en medio de los nervios me empiezo a vestir pronto para salir de los vestidores y tomar la caja de mi traje que me pertenecía.
Tom en la recepción ya estaba con la suya, hablando alegre con su papá. Al verme me sonrió y finalmente toma mi mano para empezar a salir de ahí rumbo a la casa. Me dejaron a mi solo porque ellos se irían a continuar con las preparaciones de mañana.
Iba a entrar a casa pero la persona en frente parque me llamaba. Era Adam.
Si que lo ignoré entrando a la casa para dejar la caja en mi habitación, bien guardada para que no sucediera nada con mi traje.
— Ya llegaste. — sonrió Gianluca con mi bebé en brazos. — Son tan lindos, Bill. ¿Lo vas a tomar o me quedo otro rato? prefiero la segunda opción.
— Está bien. — respondí de la misma forma sin darle tanta importancia al pequeño. — Hazme el favor y mañana quizás también todo el día porque iremos con Tom a tener un momento a solas y…
— Está bien, tú no te preocupes.
— Gracias. — doy una caricia a mi bebé antes de voltear para irme casi corriendo fuera de la casa en búsqueda de Adam, quien estaba en la casa del árbol y me llamó. Recordé nuestro reencuentro con Tom tan estúpido que fue y tuve un pequeño remordimiento.
Pero ya estaba subiendo, ¿qué iba a hacer?
— Hola, Billy. Te traje tu flor favorita. — sonrió dejando asomar un girasol de crochet con una carita de enamorada aquel detalle y sonreí, sintiendo como el corazón me latía como nunca. — Quería verte una última vez antes de volver hasta mi ciudad. Tengo muchísimo trabajo y no puedo estar más tiempo.
— Es lo mejor que puedes hacer.
— ¿No vas a extrañarme?
— No. — desvié la mirada y después empiezo a caminar hasta la pequeña ventana. — Para mí mejor.
Adam rió.
— Yo te voy a extrañar demasiado. — para el desgraciado solo eso le bastó. Unió sus labios a los míos una vez más y que como tonto su beso fue correspondido.
Minutos más adelante el beso fue intenso.
Un poco más adelante terminamos ambos entrando en calor, bajando esa excitación y llegando a la cima de la manera más sucia que puede haber.
Joder, le fui infiel a Tom.
Y ni siquiera me digné a dormir en la casa, en la misma habitación que él…
Dormí junto a Adam en el jodido hotel que se estaba quedando, dejando que ambos nos diéramos hasta por no se donde como su supuesta despedida y que mi móvil sonara toda la noche sin cansancio hasta que lo apagué.
Cansado de la insistencia del papá de mis hijos.
Continúa…
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