
Fic TOLL de WifesKaulitz
Capítulo 65
No sé cuantas horas pasé en el baño, lo cierto es que tuve la oportunidad de salir (luego de darme una ducha) a ponerme la camisa grande de Tom que me tapaba lo suficiente ya que los boxers me rehusaba a ponerme. Tomé asiento en el sofá blanco que estaba cerca de la ventana mientras tengo en mis manos la caja de terciopelo con el anillo dentro.
Regreso a ver a Tom quien dormía en la cama tapado de pies a cabeza. Indiferente a los sentimientos que revolotean en mi interior. Pensé en la libertad que siempre había tenido, en la capacidad de hacer lo que quería, cuando quería. Me pregunté si estaría dispuesto a renunciar a eso, a comprometerme con alguien para siempre.
Un escalofrío recorrió mi espalda al pensar en las responsabilidades que conllevaba el matrimonio. Me sentí atrapado, como si estuviera perdiendo mi independencia. Me pregunté si Tom me entendería si le decía que no, si le explicaba que no estaba listo para comprometerme de esa manera. Mi mente se llenó de pensamientos angustiosos.
¿Y si me arrepentía? ¿Y si no era lo suficientemente bueno para Tom? ¿Y si nuestra relación no era lo suficientemente fuerte para superar los obstáculos que se presentarían?
Todo esto es como si estuviera en una encrucijada, sin saber qué camino tomar. La idea de casarme con Tom me pone como si estuviera saltando al vacío, sin saber si había una red para aterrizar. Suspiré profundamente, tratando de calmar mis nervios. Miré hacia la caja de terciopelo, y luego hacia la cama, donde Tom seguía dormido. Estaba solo, como si estuviera llevando el peso del mundo sobre mis hombros.
Me pregunté si alguien más había pasado por esto, si alguien más había sentido este mismo miedo y esta misma incertidumbre con una propuesta de matrimonio.
Y luego pensé en todas las cosas que me gustaban de Tom, en la forma en que me hacía reír, en la forma en que me escuchaba, en la forma en que me amaba. Pero también pensé en las cosas que me preocupaban, en la forma en que podía ser posesivo, en la forma en que podía ser impulsivo.
Estaba sopensando los pros y los contras de casarme con Tom, como si estuviera tratando de tomar una decisión lógica y no impulsiva. Pero sabía que el amor no era lógico ni impulsivo, que era algo que se sentía en el corazón y en el alma.
Suspiré profundamente, tratando de calmar mis nervios. Parece que estuviera en un laberinto, sin saber qué camino tomar. Pero sabía que tenía que tomar una decisión, sabía que tenía que elegir entre mi miedo y mi amor.
— Buenos días. — saludó Tom estirando su cuerpo. Ya estaba en pie, aún como Dios lo trajo al mundo (con una erección mañanera) y rascaba el pecho. Camina en mi dirección al baño en silencio. Yo le hice una seña con el rostro devolviendo el saludo. — Me doy un baño y nos vamos.
— Sí. — tuve que quitarme la camisa para devolverla a su dueño mientras yo me pongo la ropa, aún con la caja en manos. Tenía tanto sueño. El sobre pensar las cosas no había sido una buena señal y con mis hijos ahora sería peor pero, para eso estaba Tom, ¿no?
Su ducha fue bastante rápida porque en menos de lo pensado ya nos estamos saliendo del hotel. En el trayecto Tom había agarrado bien mi mano (algo que yo quería evitar a toda costa pero que obligó a mi mano a enlazarse con la suya) e íbamos rumbo al auto luego de entregar las llaves del hotel y que nos trajeran la camioneta que le pertenecía ya que el auto de Gustav fue devuelto ayer. Hizo que me subiera para después rodear el coche, subir e irnos a la casa del antes mencionado por los niños, las cosas y agradecer a Gina infinitas veces.
No está demás mencionar que nuestras manos volvieron a juntarse una vez más pero no nos dirigíamos la palabra.
Así era como me daba mi espacio, sin presión alguna e iba bien.
De vez en cuando daba miradas disimuladas a la mano que tenía la cajita y apretaba un poquito más mi mano.
Ya en la casa de Gustav ambos nos bajamos para darle la cara a Maddnees, quien estaba ansiosa por ver a su papá y yo estaba tan nervioso por eso.
— Oye. — llamo su atención antes de que de un paso más. — Por favor no uses a Maddnees en mi contra para presionarme, ¿sí?
— ¿Por qué lo haría? no comprendo.
— No sé…
— Bueno.
Sin necesidad de que nosotros toquemos la puerta esta ya era abierta por Maddy quién salió corriendo a brazos de Tom muy alegre, con lágrimas en los ojos y este la alzaba en el aire para abrazarla, consolarla, darle besitos en el rostro. Yo pasé de largo con intenciones de buscar a mis bebés y los hallaba con Gina, los dos en sus brazos sentada en la silla mecedora. Los dos durmiendo plácidamente tan guapos y sonreí.
— Oh, Bill. Tienes unos hijos tan juiciosos. Me encantó cuidarlos.
— Gracias, Gina. Estoy sorprendido por ello.
— No te preocupes.
— Okay, voy por mis cosas porque iré a casa de mi suegro a pasar hasta volver… — ella asintió y yo fuí corriendo hasta la habitación para sacar las maletas de mis hijos, pañaleras, mis maletas… pronto entró Tom con Maddy quienes me ayudaron para sacar una por una hasta el interior de la cajuela.
— ¿Ya mucho mejor todo? — preguntó Gustav desde la entrada de la puerta.
— Uhm, no… ven. — salí junto con Gustav hasta su habitación para hablar de lo que tenía en el bolsillo de mi chaqueta. Lo dejé al descubierto ante sus ojos y mi amigo sonrió entusiasmado.
— Joder, que huevos. Exijo ser el padrino de la boda y el que les compre las putas alianzas… — al ver mi cara su sonrisa se borró. — Ay, no puedo creerlo. ¿Le has dicho que no?
— Todavía nada.
— ¿¡Pero por qué!? seguramente está cagandose en su antiguo compromiso comprado y tú ahí dudando, no te creo.
— Es que tengo miedo.
Y ahí iba Gustav con sus palabras tan… alentadoras que siempre me hacían cambiar de opinión.
— Bill, entiendo que estás asustado. Es normal sentir miedo ante un compromiso tan grande como el matrimonio. Pero quiero que recuerdes por qué te enamoraste de Tom en primer lugar. No dejes que el miedo te impida experimentar la felicidad que podrías tener con Tom. El amor es un riesgo, pero es un riesgo que vale la pena. Piensa en todos los momentos que podrían compartir juntos, en todas las aventuras que podrían tener, en todas las risas y lágrimas que podrían compartir.
Tom te ama por quién eres, y no quiere cambiarte. Quiere apoyarte, quererte y hacer que te sientas feliz. No dejes que el miedo te haga creer que no es así. Recuerda que el matrimonio no es una prisión, es una unión. Es una oportunidad para crecer juntos, para aprender juntos y para amarse más y más cada día. Bill, te conozco. Sé que eres un hombre valiente y fuerte. Sé que puedes superar tus miedos y seguir tu corazón. Así que te pido que no dejes que el miedo te impida experimentar la felicidad que podrías tener con Tom. Sigue tu amor, Bill. Sigue tu corazón.
La palabras de Gustav van retumbando en mi cabeza mientras vamos rumbo a la casa de Tom.
Odiaba la forma en la que Gustav jugaba con mi mente, como me daba un puto psicoanálisis en un momento y me daba la vuelta las cosas para que cambie mi forma de ver. Qué cambie mi forma de pensar las cosas.
¿Y qué quería decir con ello?
Exactamente lo que creen. Tenía el anillo en el dedo anular ahora mismo y Tom no se había dado cuenta de eso por estar mimando a los bebés cada que podía hasta llegar. De recibimiento los empleados bajan las cosas a la habitación que iba a compartir con Tom y las de Maddnees a la que sería suya. Para poder bajarme Tom tomó a su pequeño y yo me quedaba con la niña que iba con el biberón, comiendo como nunca produciendo sonidos de satisfacción.
— ¿Desear ir a descansar?
— ¿Y qué vas a hacer tú?
— Jugar con Maddnees… quizás… también vigilar a los bebés si deseas.
Y la castaña de ayer se pasaba frente a nosotros con una sonrisa coqueta a mi hombre. Por más tentadora que se veía el solo me miraba a mi esperando una respuesta.
La ví sentarse en el sofá de piernas cruzadas con la vista hacia nosotros. Traía un vestido descarado ceñido al cuerpo. Negro como su fuera de latex.
Barrí a Ría con la mirada y Tom volteaba mi rostro para que lo vea a él mientras me daba un beso.
— Okay. — sonreí ladino. La niña ya había dejado su mamila caer entre mi pecho y el suyo, dormida. El pequeño Tom solo jugaba con una de las trenzas de su padre entretenido, jalando de ellas. — Solo al pequeño bebé. De la nena me encargo yo, ¿sí?
— Está bien. — nos damos un último beso antes de que Tom subiera por las escaleras con el bebé hasta el cuarto de Maddnees dónde hasta aquí se escuchaban sus gritos al ver un pony enorme. Yo en cambio decidí ir a sentarme en uno de los sofás.
Frente a Ría.
— ¿Te hace sentir bien pasearte frente a un hombre casi desnuda sabiendo que no va a mirarte nunca?
— No. Pero me hará bien quitarte el marido así como lo hacías en tus tiempos de perrería, cariño. Así como me lo quitaste lo pienso recuperar y te irás derechito al carajo y por si fuera más te quitaremos los niños. Se nota que le gustan tanto.
Y yo reí.
— …o mejor uno de mi sangre.
— ¿Ves a la niña que tengo en mis brazos?
— ¿Y qué?
— Su mamá también trató…
— ¿Trató? ¿Q-qué quieres decir con eso?
— Si, trató y lástima. No pudo, acabó tres metros bajo tierra. — con eso me levanto del sofá. Sonriente haciéndole creer lo peor a la maldita esa. — Pero sí quieres quitarme al que va a ser mi marido… — digo viendo mi mano derecha el anillo en el dedo anular. — Adelante. Ya quiero ver cómo te va.
Y le guiñé el ojo antes de irme a la habitación, dejándole roja como un tomate.
&
La felicidad había vuelto al rostro de Maddnees solo con estar junto a su papá. No sé le despegó en ningún rato ayer desde que llegamos y yo estaba encamado con mis dos pequeños en la cama ya que el frío estaba insoportable. Era una de las cosas que odiaba de Estados Unidos por el clima tan estúpido que tenía.
En la mañana había ido al pediatra para la revisión de los niños junto a Tom. Ahí fue la primera vez que cargó a su pequeña y como que se sintió triste al verla. Puede que la culpa le haya vuelto pero desde ese entonces (hasta ahorita que está acostado en el otro extremo de la cama) no deja de acariciar a la niña quien se regocija bajo sus suaves caricias.
— ¿Dónde está Maddnees? — pregunté con curiosidad.
— Hasiel y Gianluca se la llevaron al cine a ver un nuevo estreno de Barbie. Estos dos parecían unos malditos mocosos de la edad de nuestra hija. Ni te preocupes por ella.
Qué bonito sonaba el ‘nuestra hija’.
— ¿Y por ti?
— Pues yo estoy bien, no creo que haya tanto que preocuparse. ¿Y tú?
— Sí, ehm… — con el rubor extendiéndose en mis mejillas le mostré mi mano. Tom me observó con unos ojitos brillantes para después lanzarse sobre mí manteniendo toda la delicadeza del mundo. Llenó mi rostro a besos por todas partes mientras yo sonreía con satisfacción. — Acepto, ¿sí? si quiero compartir mi vida con el hombre que me hace feliz.
— Y no vas a arrepentirte, Billy. Lo prometo.
— Sé que no pero… tú vas a llevar mi apellido, Tom. No quiero más, solo esa es mi condición y que mantengas tu nombre de Tom. Y ya.
— Si. Mil veces sí, joder. Tengo que avisarle a Jörg tu respuesta de inmediato. — arqueo ambas cejas al verle salir corriendo como un chiquillo a toda prisa fuera de la habitación. Ví la escena con una sonrisa de picardía y llevé mi dedo índice a los labios analizando la situación.
Okay, como iba a casarme y no de blanco las cosas tenían que ser a mi manera.
Si Tom deseaba casarse aquí lo haríamos pero también en Alemania con todas las personas que amo presentes. Mi boda saliendo por todos los periódicos, revistas, canales de farándula. Uff. Me daría el lujo de disfrutarlo bien.
Y ya no había vuelta atrás.
Tenía que tirar la casa por la ventana.
Quería que fuera perfecta, que reflejara nuestra personalidad y nuestro amor. El dinero en su máxima expresión.
Con esto daba por asegurado mi relación con el ex rastafari y no habría forma de que ninguna perra vuelta a insinuar querer robarme al hombre que tanto me costó.
— Él está feliz, en la noche quiere cenar con ambos para felicitarme y comentar algunos detalles con respecto al matrimonio. Te juro que nunca en mi vida he estado tan feliz como ahora al saber que vamos a compartir juntos una vida. — me levanté de la cama para acercarme a él, dar un brinco y rodear su cintura con ambas piernas. El cuello con ambas manos y lo besaba varias veces.
— Te amo tanto, Tom Kaulitz. — digo haciendo que se riera echando la cabeza hacia atrás. — Discúlpame por no aceptarte ese instante, solo sentí temor pero lo he pensado bien. Muy bien.
— Shh, no tienes que disculparte. Yo te entiendo mejor que nadie. Lo sabes.
Asentí sonriente.
— Vamos a ser la familia perfecta, cielo. Solo los cinco. Nadie más.
— Solo nosotros. — y Tom mordió mi cuello descargando su emoción antes de volver a mi boca para devorarme a besos porque otra cosa no podíamos.
Continúa…
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