Fic TOLL de WifesKaulitz

Capítulo 64

— ¡Tooom! — escuchaba a lo lejos la voz de alguien llamarlo. Debajo de mí los latidos del corazón de Tom retumban en su pecho con brusquedad, producto de la droga en alguien que por primera vez ha probado la droga. Seguro debe tener una taquicardia con una sed terrible.

Y quizás yo era un egoísta. No quería despertarlo para que atienda al llamado que cada vez se va acercando a nosotros. Estaba tan cómodo con mi cabeza sobre su pecho, nuestras piernas enlazadas. Calientes. No sentía el dolor del tobillo del día de ayer. Nada. La paz y la seguridad reina el interior de mi mente, del corazón.

— ¡Tom! — la puerta se abre de par en par y mi novio se sentó de golpe, asustado. Respiraba agitado antes de irse corriendo fuera de la habitación a toda prisa. Yo tapo mi rostro con ambas manos. Exhalando con pesadez por estar bajo la mirada de Hasiel. — Buenos días.

— Días creo yo… a secas.

Tomé asiento en la cama apoyando ambas manos a mi detrás para darle una mirada burlona acompañada de esa sonrisa maliciosa.

Hasiel me miró fijamente, inexpresivo.

— Pero… ¿cómo? ¿qué haces aquí?

— ¿Qué importa? solo estoy aquí y ya. Dónde siempre tuve que estar. — mordí mi labio inferior. Este se adentró un poco más a la habitación hasta sentarse en la cama, sin mirarme y suspiró. Justo en el momento en el que iba hablar apareció una mujer de cabello castaño oscuro, observándome con el ceño fruncido mientras en sus manos traía una charola con desayuno.

— ¿Y tú quien eres? — la barrí con la mirada con cierto asco antes de mover mi cabeza para tronar el cuello de esa forma y levantarme rumbo al baño, cojeando.

— Pon la charola de comida ahí… chacha.

Claro que puso la charola…

…pero en el suelo porque se abalanzó sobre mi con ganas de golpearme pero Hasiel lo evitaba tomando a la sirvienta de la cintura. Yo arqueo ambas cejas abriendo también mucho los ojos.

— ¡Suéltame, lo voy a golpear! ¿¡cómo se atreve Nick a engañarme así!?

— ¿Desde cuándo las chachas le faltan el respeto a los patrones? ¿en qué novela estamos pues? ¿en lo que la vida me robó? — burlé aumentando su enojo.

— ¡Ay, suéltame! ¡Suéltame, suéltame, suéltame que voy a matarlo!

— Ay, ya. Qué vulgar. Relájate. — como la novelería era más y mis ganas de ir al baño se podía aguantar volví a sentarme en la cama, dándole la espalda a ese par, muy confiado. Observando lo maravillosas que se ven mis uñas negras.

— Maldición, ¿por qué me hizo esto?

— Hasiel, ¿por qué no le explicas a esta puta quien soy yo? — y regreso a verlo, serio.

Hasiel se sonrojó.

— Uhm, Ría. Él es Bill… Bill Kaulitz. — carraspeó con algo de incomodidad. — Él es el novio de Tom, papá de sus hijos.

— Y si dios lo permite mañana su esposo. — agregué ahora observando a la mujer que suspiró ya más calmada. Tapó su rostro para dejar escapar un suspiro pesado negando con la cabeza y también se sentaba en la cama dándome la espalda. Rodeo los ojos entristecido porque el show se acabó.

Mordí mi labio sin que pudiera verme e hice una mueca por lo seguro que me ví hablando, diciendo que yo sería próximamente su esposo cuando sabía bien el temor que sentía por las bodas, que si los preparativos, que si esto… lo otro…

Si me mojaba en los pantalones con eso saliendo de mi boca.

— Ah, ya te recuerdo. Eres picaflor de hace unos años que se robó al que iba a ser mi marido.

Y cosas como estas me armaban de valor para hablarlo abiertamente.

— Hasiel, disculpa la demora yo… — se callaba quizás por verme sentado de espaldas. Yo me sonrojé y me levanté (olvidando mi pie) para ir al baño a encerrarme nervioso. Escuché el suspirar de Tom al otro lado de la puerta y mordí mi labio inferior, listo a vaciar mi vejiga con ganas. Quería irme ya a mi casa pero sin un zapato ¿qué mierda es la que iba a hacer? ¿ponerme los deportivos de Tom hasta tener los de mi gusto? eso si que estaba bien.

Al terminar tiré de la cadena para después lavar mis manos junto con él rostro y salir. Tom estaba de pie frente a la ventana. Por fin estábamos solos luego de aquel show por parte de la putita de su amiga que le tenían comprada y me tiro en la cama de brazos abiertos.

— No fuiste una alucinación.

— No, no lo fue. Ahora llévame a casa de Gustav por mis hijos para traerlos aquí. Esta es la casa que le va a pertenecer a Maddnees a futuro. — sonreí volviendo a levantarme para verle la espalda. — La de Miami al pequeño Tom y la de los Angeles a Angeline.

— ¿Angeline? — arqueó una ceja cuando volteó a verme para caminar a pasos lentos hasta sentarse en la cama junto conmigo. — ¿Te refieres a la niña?

— Sí, le he puesto el nombre de mi madre, ¿qué tiene?

— Gianella quería que se llame Astrid Nicole.

— Gianella me puede chupar un testículo desde el más allá, no me importa. Angeline me gusta.

— Okay, es un nombre lindo.

— Sí.

— Ujum.

— Ya.

— Okay.

— Bueno.

— Ajá

— Ya. — ambos nos quedamos en silencio y luego empezamos a partirnos con diversión por la estupidez que estábamos haciendo al actuar de esa manera. Cómo si fuéramos un par de adolescentes de esos que se pelean por chat y no tienen el valor de arreglar las cosas ese rato.

Y bien sabía que yo actuaba así. Qué prefería pelear mil veces antes de hablar con la tranquilidad del mundo que… lamentablemente no tenía pero al estar en un territorio ajeno me sentí amenazado. Por lo que preferí seguir mi parte lógica.

— Tom. — llamé por el nombre que más me gusta porque por ese conocí el lado romántico de mi hombre a lo largo de nuestra relación. Puse mi mano sobre su músculo, acariciando su jean con suavidad.

— Antes de que digas algo… cualquier cosa, yo… quiero que escuches a Hasiel por si no quieres oírme a mi, e-él sabe cómo fueron las cosas y…

— No quiero. — interrumpí.

— Ay, Bill. — evidentemente su aspecto cambió a uno de tristeza y frustración. Los ojos se le llenaron de lágrimas. Tenía la vista clavada en el suelo. Acomodo bien mi cuerpo en la cama para estirar mi mano hasta su mentón. Tom regresó a verme.

Tan triste y vulnerable que se veía.

En mi interior hubo una explosión de sentimientos que no pude evitar al ver así a mi chico sufriendo por mi.
Tomé impulso para acercarme a besarlo, atrapando su labio inferior con los míos que empiezan a evadir el territorio ajeno del contrario que lento cede a mi. No muy convencido por mi actitud repentina.

Solo son roces entre ambos labios.
Después lo abracé fuertemente escondiendo mi cabeza en su pecho y así expulsaba el aire acumulado en los pulmones.

— Ya lo dijiste, amor. No tienes nada que decir, ni llamar a nadie. Antes discúlpame tú a mí por haber actuado así, por favor.

— No me odies, no quiero que lo hagas y me siento tan impotente por eso. Quizás nuestra vida hubiera sido diferente si yo hubiera llegado a tiempo.

— No. — le doy un azote en la cabeza haciéndole reír. — Sino no hubiera encontrado a mi amor, a mí chico ideal.

Tom suspiró como un loco enamorado al separarse y me miró de la forma más linda que puede haber. Enloqueciendo mis sentidos. Mi corazón. Me sonroja el rostro solo con verme de esa forma. Entre el amor y el deseo, ambos mezclados en esos ojos miel y la carita tan linda que pone.

— Estoy muy enamorado de ti, Bill.

— Ay, joder. — cierro los ojos inhalando el aire que me estaba faltando ante su confesión. Qué imposible no sentirse como un puto adolescente si me mira y me habla de esa forma. Le tomé de ambas mejillas para apegar mi frente a la suya con los ojos cerrados. — Me tienes igual, mierda. Te amo mucho.

— Yo te amo igual, quizás muchísimo más.

— Y eres solo para mí, ¿verdad, mi amor?

— Lo soy, mi chico hermoso. — di un grito agudo al separarme derrochando felicidad por lo escuchado. — Tan enamorado que pienso quedarme con Tom Trümper para que seas feliz.

Joder, chicas. No esperen menos.

— Si, lo quiero. Quédate con ese nombre. Me encanta gemirlo. — bromeó haciendo reir a Tom de forma escandalosa mientras volvía a mi.

A mí boca.

&

No es que ambos seamos unos padres irresponsables por dejar a los tres niños en casa de los papás de Gustav pero habíamos querido darnos esta noche para ambos y se lo hice saber a Gustav quien con amabilidad accedió a mi petición y también porque Gina estaba encantada con mis hijos.

Tom y yo estábamos aquí. Los dos juntos…

En un hotel…

— Mhmm.

Revolcándonos entre las sábanas blancas de la enorme cama, sí.

Desnudos…

Comiéndonos la boca a besos.

Cada centímetro de la piel recorrida por ambas manos.

Tom sobre mí restregando su erección contra la mía que estaba húmeda de tantos juegos previos antes de la penetración y me encantaba como se sentía. Nos tocamos como su nos extrañamos de toda la vida y lo dejábamos fluir como nunca. Sus labios se adueñan de mi boca, del cuello y lame aquella nuez de Adán poco visible en mi cuello antes de atacarlo con sus dientes, logrando que prenda mis uñas en sus glúteos y gima alto con los ojos cerrados.

De la excitación he perdido la cuenta de las veces que me cogió porque llegamos aquí desde las siete y supongo que ya es más. No sé cansaba de comerme y yo tampoco de que lo hiciera, maldición.

— Ya. — supliqué en medio de jadeos, ascendiendo hasta su espalda la mano izquierda para ponerla sobre la nuca y volverlo a mis labios. — Una vez más, una más…

— Las que quieras, amor. Pídeme las que quieras que no voy a cansarme de dártelo y no necesariamente en el sexo. — mordí mi labio inferior al sentir frío en el cuerpo cuando se reincorpora para ponerse el último preservativo que había en la caja. Yo le arrebaté de la mano para ponerlo con una expresión juguetona. Después lo voy estirando con mi boca hasta llegar a la base de su pene y aprovecha en dar un azote en mi glúteo con manos llenas.

Me pongo a la par de Tom, observando su rostro fijamente antes de que volviera a besarme y me obligue a voltear. Dejándole mi trasero al expuesto y entraba en mi interior con esa brusquedad tan suya para moverse con ansias. Con las mismas ganas de hace un momento y sin control.

Yo le dejé mi trasero a su total disposición. Tom puso las manos hacia atrás como si estuviera esposado mientras que mi cara se ahogaba deliciosamente en las sábanas que tienen el aroma de ambos.

— ¡Ay, sí! — chillé cuando levanta mi cabeza tomándome por el cabello y mierda.

Qué rico.

Ya iba quedarme afónico de tanto que gemía y gemía. A cambio Tom separa más mis nalgas con morbo para ver mejor como entraba y salía de mí.
Creo que eso lo motiva a seguir dándome más, mucho más.

— Que fascinante es tenerte así, realmente un privilegio que solo yo voy a tener el lujo de darme, ¿verdad que sí, amor?

— Si, solo tú. — respondo con él rostro encendido.

— Ogh… ven, mi amor. Ven. — salió de mi interior para llevarme al sofá tántrico que parecía una «m» del logo movistar y se sienta. Mordí mi dedo índice observando lo roja que está la punta de su entrepierna al igual que el pecho y rostro. Le di una vista algo erótica de mi acariciando mi cuerpo, mi entrepierna, las nalgas. Bajaba como si fuera un bailarín recorriendo lo largo de mis delgadas piernas con el contacto visual ahí.

Tom se acaricia las bolas con un suspiro. Toca suavemente su miembro, gimiendo alto. Era un completo desastre.

Pero un desastre hermoso.

Mi novio se desesperó por tenerme que se impulsó a mi. Tomó mi cuerpo entre sus brazos y así me lleva al sofá, donde quedó tan a su disposición. Se adentró a mi interior para continuar con los movimientos eróticos bajo la prisión de mis piernas en su cintura y mis brazos en su cuello. Desciende un tanto para lamer mis pezones los cuales desde hace un rato lo hacía con suavidad para no lastimar de lo sensibles que se encuentran por las succiones de los bebés.

— Ay, joder. — se centró solo ahí para torturarme. Moviéndose rápido hasta que siento esos cosquilleos en mi abdomen bajo hasta correrme de una vez con un grito alto.

Tom se incorporó para salir, quitarse el latex y acercar su miembro a mi pecho donde acabó también.

— Uh… — soltó aire con debilidad. Yo sonreí acariciando sus piernas. — Ay, uhm…

— Ahora sí tengo hambre de comida de verdad. — sonreí y Tom también.
Se apartó de mi para tomar mi cuerpo y acordarme en la cama con las cobijas tapando mis piernas mientras iba por la comida que estaba esperando por nosotros. Dejó la charola en mis muslos. Su atención tenía toda puesta en mi rostro observando atento como le quito la tapa para encontrarme con un buen plato de comida que estaba tibio, más allá una nota y una cajita de terciopelo negro.

Me decidí por abrir la nota mientras meto una cucharada de comida en mi boca.

Y aquí iba.

𝐁𝐢𝐥𝐥𝐲, 𝐝𝐞𝐬𝐝𝐞 𝐞𝐥 𝐦𝐨𝐦𝐞𝐧𝐭𝐨 𝐞𝐧 𝐪𝐮𝐞 𝐭𝐞 𝐜𝐨𝐧𝐨𝐜𝐢́ 𝐬𝐮𝐩𝐞 𝐪𝐮𝐞 𝐞𝐫𝐚𝐬 𝐚𝐥𝐠𝐮𝐢𝐞𝐧 𝐞𝐬𝐩𝐞𝐜𝐢𝐚𝐥. 𝐓𝐮 𝐬𝐨𝐧𝐫𝐢𝐬𝐚, 𝐭𝐮 𝐫𝐢𝐬𝐚, 𝐭𝐮 𝐟𝐨𝐫𝐦𝐚 𝐝𝐞 𝐡𝐚𝐜𝐞𝐫𝐦𝐞 𝐬𝐞𝐧𝐭𝐢𝐫 𝐜𝐨𝐦𝐨 𝐬𝐢 𝐟𝐮𝐞𝐫𝐚 𝐞𝐥 𝐮́𝐧𝐢𝐜𝐨 𝐞𝐧 𝐞𝐥 𝐦𝐮𝐧𝐝𝐨… 𝐭𝐨𝐝𝐨 𝐦𝐞 𝐡𝐢𝐳𝐨 𝐞𝐧𝐚𝐦𝐨𝐫𝐚𝐫𝐦𝐞 𝐝𝐞 𝐭𝐢. 𝐄𝐫𝐞𝐬 𝐦𝐢 𝐫𝐞𝐟𝐮𝐠𝐢𝐨, 𝐦𝐢 𝐚𝐩𝐨𝐲𝐨, 𝐦𝐢 𝐦𝐞𝐣𝐨𝐫 𝐚𝐦𝐢𝐠𝐨. 𝐄𝐫𝐞𝐬 𝐥𝐚 𝐫𝐚𝐳𝐨́𝐧 𝐩𝐨𝐫 𝐥𝐚 𝐪𝐮𝐞 𝐦𝐞 𝐥𝐞𝐯𝐚𝐧𝐭𝐨 𝐜𝐚𝐝𝐚 𝐦𝐚𝐧̃𝐚𝐧𝐚 𝐜𝐨𝐧 𝐮𝐧𝐚 𝐬𝐨𝐧𝐫𝐢𝐬𝐚 𝐞𝐧 𝐞𝐥 𝐫𝐨𝐬𝐭𝐫𝐨.

𝐐𝐮𝐢𝐞𝐫𝐨 𝐩𝐚𝐬𝐚𝐫 𝐞𝐥 𝐫𝐞𝐬𝐭𝐨 𝐝𝐞 𝐦𝐢 𝐯𝐢𝐝𝐚 𝐜𝐨𝐧𝐭𝐢𝐠𝐨, 𝐁𝐢𝐥𝐥. 𝐐𝐮𝐢𝐞𝐫𝐨 𝐝𝐞𝐬𝐩𝐞𝐫𝐭𝐚𝐫 𝐜𝐚𝐝𝐚 𝐦𝐚𝐧̃𝐚𝐧𝐚 𝐚 𝐭𝐮 𝐥𝐚𝐝𝐨, 𝐪𝐮𝐢𝐞𝐫𝐨 𝐜𝐚𝐦𝐢𝐧𝐚𝐫 𝐜𝐨𝐧𝐭𝐢𝐠𝐨 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐦𝐚𝐧𝐨, 𝐪𝐮𝐢𝐞𝐫𝐨 𝐫𝐞𝐢́𝐫 𝐲 𝐥𝐥𝐨𝐫𝐚𝐫 𝐜𝐨𝐧𝐭𝐢𝐠𝐨.

𝐐𝐮𝐢𝐞𝐫𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐬𝐞𝐚𝐬 𝐦𝐢 𝐞𝐬𝐩𝐨𝐬𝐨, 𝐁𝐢𝐥𝐥.

¿𝐐𝐮𝐢𝐞𝐫𝐞𝐬 𝐜𝐚𝐬𝐚𝐫𝐭𝐞 𝐜𝐨𝐧𝐦𝐢𝐠𝐨?

¿Qué si me enloquecí y me puse como un tomate rojo?

Sí.

¿Qué si fuí corriendo a encerrarme al baño como un estúpido inmaduro asustado ante la propuesta de la nota escrita?

Por supuesto.

¿Qué si Tom estaba detrás de la puerta golpeando para que le diera la cara?

Exacto.

— Amor, no tienes que darme una respuesta ahora. Puedes pensarlo y decirme cuando estés listo…

— Ujum.

— Okay, te daré tu espacio. — arrimé mi espalda desnuda en la madera para deslizarme lento hasta el suelo y abrazarme a mi mismo escondiendo mi cabeza en el hueco que formaban estas con temor.

Una boda…

Continúa…

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por WifesKaulitz

Escritora del Fandom

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