
Fic TOLL de WifesKaulitz
Capítulo 63
La mañana siguiente había hablado con Hasiel para que aliste un par de cosas con antelación para salir mañana a primera hora a Alemania en aquel avión de carga que tenía en letras grandes el apellido de mi padre biológico. Gianluca también viajaría de regreso conmigo para ir por algo de ropa y hablar sobre su trabajo porque como había dicho la oportunidad de que sería un reportero famoso se le estaba dando gracias a su investigación conmigo. Tuvo algunos ofrecimientos de trabajo en los que tuvo que escoger al mejor porque vaya que eran algunas oportunidades.
Lo felicitaba demasiado por su grande logro y a mi por… recuperar la memoria del todo.
— ¿Y qué recuerdos le vas a comprar a tu chico? — preguntaba mientras observamos las vitrinas con hermosas chaquetas de cuero finísimas. Unas botas como las que solo él solía usar y los hilos.
Benditos hilos encantadores que le cubren la parte más exquisita del cuerpo y como se le meten en lo más profundo de sus glúteos.
— Parece que los hilos te llamaron mucho la atención, Tom. — sonreí.
— ¿Ves que si puedes llamarme como lo pedí?
Hasiel bufó. — Pff, no me he dado cuenta de ello pero me agrada porque se nota el interés en tu chico. ¿Crees que podamos llevarnos bien?
— Sí. — relamía mis labios analizando la situación. Entrecerré los ojos pensando en lo odioso que podría llegar a ser Bill con algunas personas y pronto negué con la cabeza no tan convencido de mi respuesta. Gianluca rió adelantando su paso al interior de la tienda y mi primo me miraba de brazos cruzados, con la ceja arqueada. — Quizás no tanto.
— ¿¡Cómo no le voy a caer bien!? — exclamó en un tono considerado cuando seguimos a Gian dentro de la tienda. — Si yo soy tu primo al que amas y adoras, soy tu hermano de otra madre y si te ama a ti tiene que amarme también.
Oh, es cierto. Las palabras de Hasiel aquel día que me daba de comer en la boca pronto fueron descubiertas como yo creía en un doble sentido incestuoso. Para nada. Era un amor de hermanos como lo había dicho hace un instante. Había sido el más preocupado de la familia en querer dar conmigo y jamás se rindió junto con todas esas personas que me golpearon—y que disculpé—porque no era una persona rencorosa.
Me mostró tantos recuerdos de cuando éramos niños hasta el último momento dónde me vió y ahí en aquel álbum aparecía una foto mía junto con un Bill mirando despistado a una dirección opuesta.
Me creaba una ansia de querer ir ya por él y nuestros bebés. No quería esperar más.
— No sé tú pero yo si me llevo una docena.
— Bueno, yo también. — mordí mi labio inferior agarrando más de lo que lleva la docena de todos los colores habidos y por haber. Entre ellos iba un modelo de encaje negro que amé desde un inicio. También pedí un abrigo de piel sintética para llevar. El negro si que le va al hombre que va a ser mi esposo.
Uff.
— ¿Deseas algo más?
— Mhmm. — entrecerré los ojos pensando en Maddnees y lo berrinchuda que es, supongo que me hará un drama por pensar solo en su papá y no en ella. — ¿Y para niña tiene algo? — la mujer negaba y yo hago una mueca de disgusto. — Solo eso. — mis tarjetas tenían ahora un par de números más en ellas por lo que pagué también lo que Gianluca iba a costear y lo de Hasiel como un acto de caridad de mi parte por ser pacientes conmigo.
Salimos del interior del local hasta una sección donde habían cosas exclusivamente para niñas y le compré un pony a petición del par de maricas que iban junto a mí.
Cómo si fuera para ellos.
— ¡Qué hermoso! — exclamaban Hasiel y Gianluca mientras cargaban el enorme pony café entre los dos mientras yo llevaba sus bolsas en dirección al auto.
— ¡Seguramente mi sobrina va a quedar encantada!
— ¡Owww! — rodeo los ojos. Un guardaespaldas abrió la puerta para dejarnos pasar. Veía asombrado aquel juguete que no sabría cómo entraría al auto. Mientras pensaban una oleada de chicas corrían hacia nosotros para golpear las puertas del auto llamando a Nick por todas partes.
Yo sonreí bajando la ventana a una altura considerable para tomar todos esos papeles que entran por la misma y firmar mi foto ahí.
¿Qué era todo esto?
No lo sabía pero la fama se me da bien.
&
— Recuerdo el programa que salió internacionalmente… — dió una calada a su cigarrillo armado con la hierva mágica y luego me lo extendía a mi para fumar. Me calmaba la ansiedad con las ganas de querer ver ya a Bill.
Hasiel estaba conmigo en la terraza de la enorme casa en Washington mirando al vacío con los ojos algo rojos y achinados por la droga.
— Jim y Bill ahí hablando de un supuesto Tom, una tal Gianella entre otras cosas más que la verdad me pareció una estupidez pelear por un hombre bisexual, pensé en ¿por qué no se queda con los dos y ya? felices los tres. Apagué el televisor aburrido de la farándula. Quizás si hubiera continuado mirando te hubiera descubierto.
— Gianella está muerta. — susurré expulsando el humo con voz ronca a causa del frío que se cuela por mis huesos.
— Es una pena.
— Lo sé, me siento demasiado culpable. Ojalá pueda pasar por su lápida y pedirle unas disculpas pero no me es posible. Quizás lo sea a través de la hija que tenemos juntos.
— Eres una máquina. — se burló fumando su turno.
— Espero amar a la pequeña Astrid… no tiene la culpa de lo mierda que fuí con ella. Lo daré todo.
— Y si no puedes déjala con nosotros, la cuidaremos bien.
Reí negando con la cabeza y metiendo las manos en mis bolsillos.
— No, Bill no te la va a dejar y… la verdad es que tampoco lo quiero. Me quiero acercar a la niña. Mucho ya fue con Maddnees… no quiero que tenga resentimientos después. — Hasiel asiente en silencio convencido de mi respuesta con un toque en mi hombro y voz arrastrada.
— Perfecto, Tom. Ya me voy a descansar, mañana tenemos que irnos a primera hora.
— Sí, estaré un poco más aquí.
— Buenas noches. — dije un ‘igual’ muy, muy bajito continuando mirando al vacío y…
con el corazón también vacío.
Después de que escuche a mi primo ¿qué es lo que va a pasar entre ambos? una cosa es que yo me haga ilusiones en la cabeza de que al volver todo va a ser color rosa. Bill va a disculparme, casarse y vivir con el jodido felices para siempre obviando el detalle de su molestia conmigo.
¿Será que no me busca porque me odia aún y me desea lo peor? si la verdad era esa no iba a aguantar con la depresión. Seguramente moriría de amor. Es que yo no quería a nadie que no fuera Bill en mi vida por más estúpido que suene. Hasiel me decía que hay más culos que estrellas pero Bill no es cualquier culo, es una estrella y no cualquiera. Es un jodido sirio, la más brillante de la faz de la tierra.
.
By BILL
Okay…
Estaba ya aquí en la casa de los padres de Gustav mientras me ayudaba con los niños a ubicarlos en una habitación cómoda con la ayuda de su mamá quien me había recibido de brazos abiertos una vez más. Gina era una persona tan amable a diferencia de lo irritante que era su papá que por cierto no estaba en casa (agradeciéndole a Dios). Millones de recuerdos venían a mi con solo poner un pie en la ciudad y ni hablar si iba a Miami (que sería la ciudad donde vive Gustav con su esposa). Seguro me daría un vuelco el corazón.
— ¿Sabes dónde está la casa de los Wieger, no? — asiento lento con la cabeza abrazándome a mi mismo mientras veo el suelo. Gustav me extendió las llaves de su coche y las recibí con temor. — Ve. Habla con Nick.
— Es Tom. — corregí.
— Tom. — carraspeó avergonzado. — Soluciona el problema porque en verdad es horrible la forma en la que tú hija actúa se ve afectada. No dejes que tú negatividad gane a eso tan lindo que sientes. Fue hermoso ver como te expresaste de él. Jamás te vi tan feliz.
— No sé si pueda hacerlo. — susurré. — Me duele. — Gustav me dió un abrazo gratificante.
— Está bien y si no fluye hablen con la niña adecuadamente. — asentí al separarme y luego iba hacia el auto que estaba estacionado fuera para ponerlo a andar hasta la casa en la que debería estar Tom. Mis manos estaban sudorosas y mis mejillas húmedas llenas de lágrimas. Por suerte no traía nada en el rostro que pudiera hacerme ver imposible de ver.
La casa no estaba lejos pero preferí estacionar el auto a una distancia prudente para bajarme a caminar. Apretaba los puños sin parar. Hundiendo mis uñas en la palma sin dejar de acercarme cada vez más a la jodida casa que alguna vez fantaseaba con tener una así de lujosa. Era tres veces más grande que la de Alemania.
Al estar frente detuve mi paso en seco al verlo con alguien más de pie fumando. Ese olor a marihuana ya lo conocía. Me tembló todo el cuerpo.
Me escondí detrás de uno de los arbustos mientras seguía viendo fumar y hablar de cosas que no entendía porque no logré oír a la distancia en la que estaba. Su silueta alta era reconocible a la distancia en cuanto se queda solo, como si observara en mi dirección.
Me sentía un niño puberto actuando así y me armé de valor para salir del escondite en el que estaba. No dije nada pero él si me vió. Ví claro cómo empezó a dudar si bajar por el tumbado de la casa y lo hacía como si tuviera más vidas que un gato. Yo empiezo a correr en dirección opuesta huyendo de la escena por temor a hablar, a expresarme. Solo con el miedo y los nervios dentro.
Al ver que no podía más me escondí en la enorme casa del árbol en lo alto y me senté tapando mi rostro para llorar.
— ¿¡Bill!? — lo escucho gritar a la lejanía de dónde estaba. — ¡Joder, me estoy volviendo loco! — chilló. — ¡Mierda! ¡Sí estás aquí déjame verte y si no… si no que me parta un maldito rayo ahora mismo porque no sabes la maldita ansiedad que tengo por verte, tenerte entre mis brazos para abrazarte, besarte y decirte una vez más lo mucho que te amo!
Todo lo que estaba diciendo estaba gritando a los cuatro vientos con la voz rota.
— Dios. — ahora estaba más cerca. Saqué la cabeza un poco para ver cómo se lanzaba sobre la banca de fierro, rendido tapándose el rostro para llorar. — Maldita droga que me haces alucinar y juegas con mi corazón de esa manera, ¿es porque soy principiante y por eso te burlas de mí así? — empecé a bajar del árbol con suma lentitud, con intención de no caerme pero ahí iba mi bota a enredarse en la madera haciéndome caer patas arriba y enredado. Di un grito que le hizo sentar a Tom de golpe y mirarme.
Mis cuerpo y mis brazos quedaron colgados como si fuera una maldita trampa para osos y yo caí en la trampa esa.
— Bill. — corrió en mi dirección en medio de gimoteos para tocarme, abrazarme así como estaba.
— ¡Bájame! — grité empezando a marearme.
— Mierda, mierda, mierda. — medio de subió al árbol para hacer no sé qué cosas y mi cuerpo empieza a descender. En el proceso me agarro como puedo de su pantalón haciendo que ambos nos caigamos al suelo. Uno encima del otro pero mi espalda y cabeza recibiendo el impacto mientras Tom sobre mí.
Lastimando mi abdomen con el codo.
— Au. — nos quejamos los dos adoloridos y Tom empieza a reírse como estúpido ante mi cara de dolor. Mi tobillo estaba lastimado y sentía como me latía intensamente.
— ¿Cuál es la gracia?
— Estoy drogado, no lo sé. Supongo que como te enredaste el pie en el árbol tan torpe, Billy. — y seguía con la risa, reincorporando su cuerpo para sentarse en frente de mí, sacar mi bota y frotar dónde estaba hinchado. Una bola gigante a un lado que por poco me hace desmayar si no fuera por el calor de sus manos en esa zona… — Seguramente esto también es producto de mi mente.
— ¿Y si no?
— Sería el hombre más feliz del planeta tierra. — puse ambas manos detrás, acomodándome bien para seguir recibiendo sus masajes observando su rostro concentrado atento. — Aunque si es mi mente, Bill me trataría como la basura por saber quién soy.
Mordí mi labio inferior al escucharlo, tenía el corazón roto desde ya una vez más.
— Pero si él supiera que yo no quería abandonarlo, que a penas me enteré que estaba esperando un bebé fuí en su búsqueda y que mis padres produjeron el accidente de la avioneta ya que no me querían ver con él por ser ojo alegre. — parpadeo lentamente al sentir gotas de sus lágrimas caer sobre la piel descubierta de mi pie.
— Mierda.
— Sí, que mierda, que asco, que vida, que familia. Lo odio todo y mañana quiero ir con él, quiero que se case conmigo. — ahí fue cuando levantó la mirada para ponerla sobre la mía y dejar mi pie. Sentí frío cuando abandonó sus caricias para venir a mi y tomarme entre sus brazos, olvidando la bota a un lado empezando a caminar, llevarme dentro de su casa de toda la vida. — Te ves muy real, quiero que esta noche duermas junto a mí, Billy extraterrestre.
Y yo reí mientras por dentro me moría.
—… disculpa, es que no logro diferenciar la realidad y la ficción ahora.
— Está bien… — me metió a la que era su habitación por el sin número de gorras que tenía en la pared para recostarme en la cama. Él se posicionó detrás de mí, atrayendo por la cintura para abrazarme escondiendo su rostro en mi cabello, ronroneando antes de caer en un profundo sueño y yo también.
Estaba cansado luego de un viaje tan agotador con esos bebés y Maddy.
Ya mañana enfrentaría la situación como debe ser.
Continúa…
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