Fic TOLL de WifesKaulitz

Capítulo 62

By BILL

Los días empezaron a volverse semanas y en mi desesperación ya no tenía cabello…

Gustav no me abandonó en ningún momento, era él quien buscaba a Tom por mi mientras cargaba a dos manos a mis hijos. La pequeña ya había salido del hospital y estaba perfecta, ambos bebés lo estaban ¿pero Maddy y yo? mierda, mi hija estaba en una depresión inmensa que ni con los millones de juguetes que compré logré sacarle una sonrisa.

Ella quería a su papá… y yo… todo bobo. Qué culpable me sentía por actuar así con mi impulsividad y no dar paso a mi parte lógica en la situación y ahora sufro las consecuencias de esos actos. Las ganas de llorar están invadiendo mi mente por lo que voy a la habitación de ambos niños que desde pequeños compartirían hasta cierto momento para dejar a cada uno en su respectiva cuna bien dormidos mientras yo iba a mi habitación a hundirme en la miseria. Me abracé a todos esos cojines a llorar mientras buscaba algo que apoye en mi tristeza.

Lo primero fue correr por una botella de vino y luego volver a la habitación para estar encerrado con el control del televisor en una mano y en la otra una copa rellena del vino que pasaba por mi garganta como si de agua fuera.  Pasaba los canales uno por uno, desanimado, lento y aburrido. Di una vuelta entera para poner al inicio y volvía a pasar hasta que el canal internacional de Alemania enfocaba a una banca donde estaba Jörg sentado dando un discurso. Así mismo Tom estaba a su lado bien colocado una chaqueta de cuero negra, con un chaleco de seda azul rey, una camisa blanca y unos vaqueros oscuros. Tenía una pose de malo y sin dejar de observar la tele con cada movimiento realizado por él llamé a Gustav.

— ¿Todo está bien?

— Él… él está en la tele… él está con su familia… él está en el punto Washington dando una conferencia junto al corrupto de su papá anunciando que Tom sería su nuevo sucesor y no lo quiero, ¿entiendes? no puedo permitir que Tom entre a esa vida corrupta, lo quiero mío aquí. En Alemania conmigo. A mí lado está su puto hogar.

Gustav suspiró con pesadez.

— Y más vale que lo recuperes pronto porque… ¿acaso te olvidaste que allá le espera la mujer con la que le planearon una vida? tu rechazo lo puede orillar mil veces a tomar decisiones de las cuales te vas a arrepentir y cuando sea tarde… no sé que va a ser de tí.

— Okay, Gustav. Me está matando lo que me estás diciendo ahora, no puedo soportarlo. — expresé mis sentimientos bebiendo más del vino con ansias de querer salir corriendo a tomar el primer vuelo en ese instante pero no, no podía. — Pero sí Tom se deja yo me apartaré de su vida. Así de fácil. — bebía más del vino al mundo tiempo que cuelgo la llamada sin dejar de verlo en la televisión tan apuesto, tan ardiente, tan demandante con una sonrisa pero forzada.

No era esa sincera que veía siempre que pasaba conmigo, siempre que amanecía en mi cama. Siempre que cedía a mis caprichos o después de darme un jodido beso.

Volviendo a mi realidad de la conversación con Gustav no iba a mover un dedo para buscarlo, ¿por qué no lo hacía él? si fue quien me abandonó, si lo mandé pero tenía que quedarse, rogarme mientras me hacía el interesante con un show de putas y luego la reconciliación, sí… aquí plantado en mi cama esperaría que me busque.

Por supuesto.

— No voy a mover un dedo, no voy a hacerlo, no lo haré. — pasé mentalizando durante toda la noche que pasé despierto sin dejar de tomar encerrado en la habitación. Por suerte los bebés habían dormido con ángeles sin molestar a papá y Maddnees… mi niña seguía sin salir de su habitación con una depresión más grande que el orgullo de papá. Quizás mañana ya se me ocurra algo para hacer.

&

Le había pedido a Emma muy amablemente que me comprara un par de mecedoras para bebés y las traía como a primera hora unas iguales en las que puse a los pequeños mientras preparaba un desayuno especial con intenciones de hablar con ella. Le obligué a levantarse para ir a la escuela y lo hacía de mala gana.

Aún así estaba aquí arriesgando mi paciencia para con ella.

— Hola. — murmuró sentando su mochila en la butaca de la mesa. Observa a sus hermanitos en aquella mecedora y suspira arrodillándose en frente de ellos, acariciando sus mejillas. — ¿Por qué me mentiste? — habló en el mismo tono de voz. Dejé de picar la piña, quedándome inmóvil.

¿De qué hablaba?

—…Gustav me dijo que mi papá Tom no es mi padrastro… es mi papá de verdad también.

— ¿Gustav te dijo eso?

— Yo le pregunté porque te oí hablar por teléfono con la tía Abby y quería saber, tú no me ibas a decir nada y mi tío Gustav sí. Fue tu culpa que mi papá desapareciera, si no le hubieras sacado de la casa no hubiera pasado nada. — aún estando de espaldas sabía que estaba llorando, tan decepcionada de mí. — Y aquí estás demasiado tranquilo sin mover a tus trabajadores para que busquen a mi papá. Lo estoy extrañando demasiado, ojalá te hubieras desaparecido tú.

Y solo son dos semanas con tres días que Tom no estaba con nosotros…

— ¿Y está bien las palabras que me estás diciendo, Maddnees Genevieve Kaulitz? ¿está bien que desees que yo me desaparezca, Maddy? — mis ojos se empezaron a llenar de lágrimas ese mismo rato que volteo a verla con los brazos cruzados y la voz rota, con ese nudo en la garganta. — Responde.

— No, pero ¿está bien que me mientas?

— Lo hago porque no puedo ver a mi hija triste.

— Lo estaría menos si sé que vas a buscarlo tú mismo. Me conformaría con ver tu esfuerzo porque hasta yo lo estoy buscando con mi tío Gustav cada noche que te encierras con una botella de vino a llorar.

Oh, vale… me ha tomado desprevenido con su última confesión y quería desmoronarme en ese instante. Caer al suelo sin nada que me sujetara y llorar hasta cansarme, quedarme seco o dormido. Y no podía hacerlo. No podía darme el lujo de que Maddnees me viera así de destruido por sus palabras.

— No siquiera mi cumpleaños celebraste y ya estamos a punto de terminar el año… es noviembre quince.

Eso más… me olvidé porque estaba correteando de un lado a otro con mi embarazo aún en ese entonces, ecografías de aquí para allá, Gianella, que si los antojos, que si mi estado de ánimo de bueno a malo, de felicidad a tristeza, de sentirme tan consentido por primera vez pensando en mi felicidad que me olvidaba la de mi hija.

—…y tampoco dije nada porque estaba tan feliz mirándote ser feliz que fue el mejor regalo de cumpleaños para mí junto con mis dos hermanitos a falta de uno.

— Maddy. — con el pecho subiendo y bajando con dificultad dirigí mis pasos cortos hasta ella para tomarla entre mis brazos estando arrodillado también para abrazarla. Cayó en un llanto desconsolado y yo le acariciaba el cabello mirando a un punto fijo del aparador de la cocina. Las pequeñas manos de mi hija se clavaron en mi camisa apretándola, queriendo hundirse en mi pecho sin parar de llorar.

— Lo extraño muchísimo.

— Por todos los santos, amor. Déjame devolverte esa felicidad, no puedes estar así de triste. Tú no, mi cielo. Eres tan pequeña. Tan frágil, mi alma. No puedo en realidad con esto, solo horas. Dame horas, amor mío.

— Ajá. — respondía ella moviendo su cabeza de arriba abajo. La alejaba en ese instante para limpiar sus ojitos rojos con la manga de mí camisa y besaba su frente. — ¿Podemos ir ya a la escuela?

— Sí, está bien. Ve por las pañaleras de tus hermanos y sube al auto. — ella fue corriendo hasta donde le pedía. Gustav entraba por las puertas principales con su terno deportivo después de una rutina en la mañana y me miró, tan desubicado aún en el suelo.

— Te ves muy mal.

— ¿Puedes llevar a Maddnees a la escuela por mí?

— Si, por supuesto. — asentí con la cabeza. Me abrazaba a mi mismo y Gustav le decía algo más a Maddnees que no podía escuchar. Ahora estaba solo porque el sonido de la puerta me lo indicó.

Un segundo viaje al país que empezó todo no estaba demás, ¿no?

.

By TOM

— Estuviste perfecto. — comentó Ría dando unos cuantos pasos hacia mí con un vestido ceñido al cuerpo pero sin llamar mi atención en lo absoluto.

Me había acostumbrado en estas pocas semanas a aprender sobre política olvidando los principales objetivos que tenía en Alemania. Es como si a propósito trataran de hacer que mi mente se mantenga ocupada en cosas que realmente habían ayudado a recuperar memoria en un corto plazo. Hasiel me llevaba por lugares que recordaba al instante, con palabras adecuadas que si podía recordar, que si estaba consciente de que pasó e incluso a detalles.

No eran la gran cosa pero como me emociona recordar.

El puesto que me ofrecían era importante, demasiado importante, muchísimo más que el negocio que me ofrecía Bill pero a cambio tenía que casarme y maldición, que no iba a desaprovechar la oportunidad que se me estaba presentando en este momento porque de pronto a no tener nada voy a pasar a tenerlo todo pero… antes, antes, antes, antes…

Bill…

— ¿En qué piensas?

— Gracias. — respondí relamiendo mis labios evadiendo su pregunta. Se posó detrás de mí y colocar ambas manos sobre mis hombros. Masajear disminuyendo la tensión que se produjo con tener el nombre del pelinegro en la punta de la lengua. Revoloteó todos mis sentidos con solo pensar en su cara bonita y seductora.

Sacaba el móvil para ver esa linda foto suya que tenía en mi fondo de inicio. Su rostro en grande haciendo latir demasiado al corazón que día y noche pedía a gritos que fuera por el, que lo buscara, que lo hiciera mío como siempre en esa cama enorme que se volvió tan nuestra.

Tan cómplice de las veces que nos tomamos y así derrochando amor hasta creer que estábamos envueltos en una gruesa capa de melao pero ese melao era el sudor corporal de ambos.

Mierda, solo con pensarlo me erizaba la polla tan dura y yo estaba consciente, muy consciente que la mujer de atrás no era el pelinegro pero sus caricias me hacían pensar en que sí y hecho mi cabeza hacia atrás, casi chocando con su par de… atributos.

— ¿Te gustan mi caricias?

— Sí y no porque esté pensando en ti.

— Ah.

— Si me disculpas…

Reí apartándome de la silla saliendo del gran salón en busca de Jörg, quien estaba en su habitación haciendo unos cuantos pendientes dentro de su despacho y al verme sonrió, entusiasmado. Yo carraspeo antes de tomar asiento sin que me invite y entrelacé mis dedos observando a ese hombre tan igual a mí pero se ve más oponente, obviamente más grande, más de cabello blanco y desgastado.

Arrugado.

— ¿Te gusta aquí? si seguimos trabajando arduamente podremos postular que seas tú el siguiente presidente, Tom.

— ¿Y es necesario que tenga que casarme con aquella mujer? — expreso mi disgusto refiriéndome a Ría, que no podía despegármela de encima con cada movimiento que hacía.

— Bueno, es la hija de mi socio y aposté todo para que tú puedas proveerla, hacer una familia. — entrecerré los ojos sin dejar de verlo.
— Quizás tus gustos actualmente cambiaron.

— Si. —suspiré con dureza enderezando mi espalda para verlo fijamente, con ambos brazos sobre su escritorio.

— Quizás tengas otros planes en medio y no quiero interrumpir, Nick. Mejor háblame con la verdad.

A todo me adapté menos a ese nombre de mierda, también le tenía cierto rencor…

— Sabes que soy tan gay como Hasiel, ¿verdad? y estoy seguro que también sabes que tengo una familia con Bill y si hay alguien con quién debo casarme es con él.

— Ay, con un Kaulitz. — suspiró dejando de lado todas sus cosas que estaba haciendo para prestarme toda su atención. — Realmente pensamos que fue un capricho cuando quisiste viajar, primero te preferimos muerto antes que con un Kaulitz porque eran una deshonra para la familia que era tan importante en esa temporada presidencial. Ahora eres joven, tienes la responsabilidad de tus actos bajo tu mando. No eres un chiquillo al cual mandar. No voy a meterme. Solo hazlo rápido para que todo pase a tu nombre, ya quiero poder irme de la política en paz. Todo esto lo hago porque quiero un futuro digno para tí y tu hija.

— Hijos. — corregí y él asintió retomando sus papeles. — De acuerdo. — suspiré mientras jugaba con el piercing de mi labio inferior. — Voy a viajar a Alemania pasado mañana y volveré con mi novio, ¿estás dispuesto a interactuar con Bill?

— Sí, ya no es problema.

— Y no quiero ser un puto presidente. — me burlé hasta de como sonaba. — Solo deseo poseer todo e irme, sin problemas a vivir con mi familia y… dejar que Hasiel salga a flote con esa capacidad de convicción porque si tiene ganas de salir adelante, no me importa más ahora que mi familia, una linda y estable lejos de estas cosas.

Jörg rió.

— En otros momentos lo hubiera dudado pero me ha admirado. Gracias por dejarme conocer tu nueva personalidad.

— Okay…

— Y también quisiera mucho conocer a esas personas que cuidaron de ti todo este tiempo, Tom. Quiero agradecerles infinitas veces por cuidarte. — asentí en silencio. Después de todo Jörg no se veía tan malo como parece.

Continúa…

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por WifesKaulitz

Escritora del Fandom

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