

Fic TOLL de WifesKaulitz
Capítulo 6
By TOM
— ¿Qué tal estuve en mi primer día, papá Tom?
— Perfecta. — sonreí mientras bajaba la mochila del auto con las demás cosas. Había ido a inscribir a Maddy a su curso de ballet después de salir del banco y su primera clase empezó a las tres y terminó a las seis que estamos en clase. Me había quedado para ver a su petición y bueno.
Ya estamos en casa. Adicional habíamos traído comida para compartir mientras veríamos algún programa de televisión.
— Mira. — señalaba el interior de la casa mientras nos acercamos cada vez más. Maddy anotaba el código de la puerta para abrirla y entramos en silencio. — Parece que papá está en casa.
— Yo lo buscaré, ¿de acuerdo? tu ve a bañarte.
— Gracias. — me dió nuevamente un abrazo antes de salir corriendo por las escaleras. Suspiré dirigiendo mis pasos hacia el despacho como mi primera opción. Golpeo la puerta con suavidad pero no escuché nada detrás de esta por lo que decido entrar a dar un vistazo nada más. Todo estaba oscuro e iba a irme si no fuera por el pequeño quejido que escuché provenir de la parte de arriba.
Mis pasos eran silenciosos al subir las escaleras. Me quedé de pie sin dar un paso más al ver a Bill mordiendo su puño, la mano entre sus pantalones y en la pantalla de su laptop una página pornográfica. En ella podía ver un par de hombres cogiendo. Uno de ellos traía una peluca rubia con un saco de lana mientras el otro estaba desnudo, arrodillado detrás de él lamiendo su entrepierna y acariciando sus nalgas.
Admiraba la vista que tenía en silencio, con la curiosidad en dónde Bill estaba tocando. Su polla estaba durísima entre sus dedos y claro, nada del otro mundo pero no era ese el punto de todo esto, si no lo que salió de su boca.
“—Tom…—”
Solté un suspiro alto, demasiado para que me oyera y dió un brinco tapando con su mano la entrepierna para después cerrar la laptop de golpe. Encendí la luz desde el interruptor que estaba a mi lado y me crucé de brazos, recargado en las escaleras con una sonrisa. Bill ahora guarda su miembro entre sus pantalones, todo sudado tratando de respirar adecuadamente mientras mira a un punto fijo.
— ¿Te estabas divirtiendo mucho?
— N-no… ¿q-qué…
— Respira. — pedí terminando de subir las escaleras y acercándome a él. Bill rápido se puso de pie pero era acorralado entre el librero y ni cuerpo, poniéndole nervioso.
— Aléjate de mi, por favor. — murmuró con la respiración entrecortada pero me acerqué un poco más.
— ¿Y si no qué?
— Tom… — mordió su labio inferior.
Yo tomé esa mano que había estado entre sus piernas para llevarla a mi olfato y oler. En ningún momento dejé de observar sus ojos y Bill miraba cada acción que hacía con su mano.
Después de oler bajo un poco para meter sus dedos a mi boca. Lamer simulando una paleta de helado o mucho mejor, su pene. — Oh, dios mío. — su espalda fue a dar al librero haciendo que un par de libros caigan cerca de nosotros y empiezo a meter mano entre sus pantalones.
Bill abrió la boca queriendo gritar pero se ahogaba en cuanto tocaba su intimidad y yo me acaloraba demasiado. La punta de su pene parecía estar mojada igual o más que una vagina de las que he probado anteriormente y era sorprendente.
Ni siquiera yo me mojaba así.
— Wow… — murmuro ronco aferrándome a él, sin dejar de lamer sus dedos y tocarle la intimidad de arriba hacia abajo.
— Tom… — repetía gimiendo bajo. — Mhmm. — apegó su frente a mí hombro. Yo continuaba con mi mano, profundizando en su intimidad donde aprieto el glande tan mojado que mi dedo se desliza con facilidad en formas circulares.
Rápido, profundo, recio.
Lo siento apretar su agarre en mi brazo y humedecer mi mano con su líquido seminal. Bill cae débil al suelo, con los pantalones goteando se su esperma y mi mano fuera de su alcance.
— No vuelvas a tocarme. — farfulló mirándome desde el suelo y yo sonreí, lamiendo sus fluidos antes de retirarme al baño, lavar mis manos y esperar un a que se me baje la erección para ir con Maddy que bajaba con la secadora para que le acomode el cabello.
En cambio Bill salía en silencio y con prisa a su habitación.
&
Llegaba a la casa de Georg luego de dejar a Maddy y Bill en su respectivo lugar de trabajo. La mucama me deja entrar y subo a la habitación de Georg. Cómo tenía la confianza suficiente abrí la puerta y me llevo la sorpresa de él desnudo con su novia.
Las cobijas caídas en el suelo y se les vió todo por lo que así como entro salgo, sonrojado, incómodo.
— ¡Tom! — escuché la voz de Georg.
— Estoy aquí.
— Por dios, que bueno que vienes a visitarme. — decía asomándose con él albornoz y llevándome de la mano hacia la sala casi corriendo. Me obliga a sentarme en el sofá. Yo lo veo con seriedad fijamente antes de que empiece a hablar. — ¿No te ha mencionado algo sobre las flores que le mandé?
— Piensa que fui yo.
— ¡Dios! — chilló con emoción. — Le aclaraste que no, ¿verdad?
— No, me hice el tonto en realidad.
— No me jodas. — tapaba su rostro con ambas manos, en el proceso recuesta su espalda sobre los cojines, frustrado.
En cambio yo lo observo silencioso.
No le iba a contar nada de lo sucedido ayer entre Bill y yo y sobre ese jugoso secreto que tiene entre sus piernas.
Una verdadera sorpresa.
En eso suena el móvil que me prestó por lo que decido levantarme y alejarme de Georg para tomar la llamada en un intento falso de privacidad: — ¿Sí?
— Dad Tom. — empezaba con ese toque sensual, haciendo que regrese a ver a Georg. — Voy voy a comer contigo y con Maddnees, ¿hay algún problema?
— ¿Quién es? — susurraba Georg, caminando hacia mí.
— ¿Estás con alguien? — el muy imbécil me arrebata el móvil de la mano para ponerlo en alta voz al ver el nombre de Bill en la pantalla. Rodeo los ojos dispuesto a no caer en su juego tonto. — ¿Tom?
— Hola, Bill. Soy Georg Listing, ¿te acuerdas de mi?
— Sí, ¿cómo olvidarte? ¿cómo estás?
— Bien. ¿Te gustaron las flores que te mandé?
— ¿Fuiste tú? — había cierto tono de sorpresa en su voz. — Creí que fue…
— No. — interrumpía con una sonrisa casi de oreja a oreja. — Fui muy observador. Eso no importa, lo importante es saber que te gustaron.
— Sí…
«Mentiroso.» — pensé relamiendo mis labios.
— … gracias… uhm… ¿puedes pasarme a Tom? — Georg me devolvía el móvil en silencio dando brincos mientras retomaba la llamada.
— ¿Mhmm?
— ¿Sí comemos juntos?
— Sí, claro que sí. ¿Voy a buscarte antes?
— Por favor, también voy a aprovechar en hablar algo contigo y con ella.
— De acuerdo, nos veremos.
— Adiós, Dad Tom. — Bill cuelga la llamada finalizando con un beso. Apreté el móvil en mi mano antes de guardarlo en cámara lenta. Georg me miraba con ansia de saber por qué había reaccionado así.
— ¿¡Qué!? ¿te dijo algo de mí?
— No. No te ilusiones, ya te dije que tiene novio. Ahora debo irme, lo buscaré para ir a recoger a Maddnees y…
— Voy contigo. — corta mis palabras de golpe. — No te vayas y si te vas le diré que no tienes la edad que cree.
— Me tiene sin cuidado. — suspiré derrotado caminando hasta la puerta.
— No es cierto, ¡llévame, Tom! ¡Toooom!
— ¡Mueve el culo! — le grité irritado saliendo de su casa para subirme al auto a esperar. ¿Cuánto iba a tardar? si Georg se arreglaba como si fuera una chica que una maquillaje, pestañas faltas y tantas cosas para una salida pequeña. Miraba el reloj que marcaba en la radio del auto a cada rato desesperado, tocando el claxon reiteradas veces hasta que por fin salía.
Ya iba tarde a ver a Bill pero podía esperar, Maddy no. Estaba más cerca de la escuela y tuve que ir primero a recogerla. Rápido me bajo del auto para cruzar la calle y la niña corre hacia mí como siempre. La profesora me ve con una sonrisa compasiva antes de hablar.
— ¿Tiene tiempo para hablar?
— Uhm ¿sí…? — decía haciendo una mueca y alargando el ‘i’. La Miss suspira, cruzando los brazos.
— Maddnees me dijo que una niña de un grado superior le hizo caer mientras jugaban baloncesto en el receso y decidí comunicarme con los papás de la niña para el día de mañana a la salida, por lo tanto rogaría que usted o el joven Kaulitz estén presentes.
— ¿Es todo? — pregunté sintiendo el móvil vibrar en mi bolsillo.
— Sí.
— Está bien, cuente conmigo y disculpe la mala educación pero voy tarde a recoger a su papá.
— No hay problema, que pase una buena tarde. — asentí corriendo con Maddy de la mano para subirla al auto y luego yo de volada. Aceleré directo al trabajo de Bill con nervios.
Cuando se molesta se le cruzan los cables e iba a regañarme.
Todo por Georg.
— ¿Qué le pasa? — pregunta Georg mirando a Maddy por el retrovisor.
— Se peleó con una niña.
— ¡No es cierto! — chilló cruzando los brazos molesta. — ¡Ella me empujó y me hizo llorar!
— Era que le jales el pelo.
— ¡Georg! — le grité dándole un golpe en la pierna, haciendo que se quejara en medio de risas. — No es cierto, Maddy. No le hagas caso. Mañana hablaremos con sus papás y no volverá a molestarte.
— Ya… — murmuró mirando fijamente a Georg. Decido ignorar por estacionarme frente a Bill que subió a los asientos de atrás hecho una furia. Regreso a verlo. Así como tenía la cara Maddy la tenía el. Su ceño fruncido, la boca haciendo un puchero y los brazos cruzados. Ambos mirando distintos puestos. Después volteo a ver a mi mejor amigo que tenía la vista al frente, sonrojado.
Solté un suspiro pesado mientras pongo a andar el auto.
— ¿Puedes llevarme a mi casa? — decía él muy tímido. — Me tiembla todo. — lo miro sin expresión alguna cambiando de rumbo hacia su casa.
Quizás había sentido incomodidad por la molestia de Bill ante mi retraso y no quería ser participe de lo que sucediera a continuación por su culpa.
Así que lo dejo en su casa y luego Bill se pasaba al asiento de adelante mientras el auto andaba y me golpeaba en el brazo. Suelto un quejido mientras lo veo con el ceño fruncido.
Los tres ahora estábamos malencarados.
— ¿No me vas a dar explicaciones de tu retraso?
— No. — respondo con frialdad.
— Soy tu jefe, Tom.
— ¿Y?
— ¿¡Qué hacías mientras te esperaba como imbécil ahí afuera!?
— ¡Shh! — siseaba Maddy.
— Responde.
Claro que no lo hice.
— ¿Estabas con alguien?
— ¿Importa? — Bill se hace el tonto mirándose al espejo para acomodar sus lentes de sol que sacó de la gaveta. Recostó su espalda en el asiento y decide mirar por la ventana. — ¿A dónde te llevo a comer?
— Hice una reservación para los tres a la una y ya pasó quince minutos.
— ¿No iremos dónde mi abuelita?
— No, Maddy. — respondí observando a Bill por el rabillo del ojo. — Tú papá se ha puesto de mal humor con su novio y ahora nos está castigando a ambos.
— Ash, ni que fuera tan bueno. — murmura. Bill regresa a verla con la boca abierta mientras yo estallo a carcajadas ruidosas. — Perdón, hoy en la clase de inglés aprendí que el pez se le dice fish y su apellido es Fish, Alex Pez y le queda bien, papá Tom. Su novio tiene cara del pez gordo de buscando a Nemo.
Y yo no daba más con la risa.
Bill solo estaba en shock con las cosas que decía su hija.
— Ya, llévame a casa. — suspiraba. — Y así te disguste Alex es la pareja que yo elegí para compartir mi vida, Maddy.
— Qué pareja tan fea. — seguía.
¿Faltaba decir que me dolía el estómago de tanto reírme hasta que llegamos a casa y Bill se bajó hecho una furia mientras Maddy solo sonreía con maldad?
¿Qué estaba planeando su pequeño cerebro a estas alturas?
— ¿¡No piensan entrar!? — chillaba desde la puerta del interior de la casa a lo cuál nosotros dos nos bajamos de volada para no seguir tentando nuestra suerte. Entramos a la casa a paso lento, detrás de él y con cautela.
Se dirigía al convencional para ordenar pizza mientras yo me dirigía a Maddy: — Ve a cambiarte, no quiero que te regañen ahora. — me obedeció y continua rumbo a las escaleras.
Metí las manos mis bolsillos mirando a Bill servir una copa de vino estresado y la tomaba de golpe e iba a seguir con otra pero caminé rápido para evitar que la alzara.
— Una es suficiente.
— Eres un imbécil, ¿sabías?
— ¿Qué tienes? — arqueo una ceja. Ahora el que se bebía esa copa de vino era yo e hice una mueca de disgusto total que le hace reír, olvidándose de ese mal humor. — ¿Tú novio te folló mal anoche y por eso estás así?
— A qué folla mejor que tú.
— Bueno, eso no lo sabrás… — me encogí de hombros sentándome en el sofá. Solté un ‘ayayay’ al estar sumamente cómodo y después jalaba el brazo de Bill para sentarlo en mis piernas.
Él tan pronto se puso sonrojado.
—… a menos que quieras saberlo ahora y nos quitemos las dudas. — acaricio sus piernas de abajo hacia arriba deteniendo en el muslo para apretar. Bill analiza mi semblante libidinoso jadeante. Abro paso para mí mano entre sus piernas y toco sobre la tela del apretado jean su pene que despierta ante mi toque.
Hace su cabeza atrás, cerrando los ojos al hacerlo y puse mi boca en su cuello para mordisquear esa zona pálida cubierta por el cuello de tortuga del buzo puesto.
Asciendo mis mordiscos hacia su mandíbula apretaba. Mi mano desocupada toma un puñado de cabello, forzando a que me mire e iba acercándome para besarle aún cuando el se resistía.
— Hazlo. — ronroneo muy cerca de su boca. Mi contrario cierra los ojos, a punto de perder el control. — Bésame. — le pido…
Más bien exijo demandante y bastó eso para que su boca se haga una con la mía. Mi lengua se desliza dentro de su boca para mayor profundidad, ladeando la cabeza en el transcurso que duraba el beso. Bill rodeaba mi cuerpo con una mano mientras la otra me toca la mejilla.
A ciegas busco el botón del pantalón y lo quito para poder meterme una vez más entre sus piernas.
— ¡Ih! — ambos saltamos lejos dándole la espalda a Maddy. Yo por tener una erección que cubrí con un almohadón y Bill para abrochar su pantalón, tratando de verse bien para su hija. — Mis papás… ¿qué estaban haciendo?
— Hablando, amor. — le dijo dirigiendo sus largas piernas hasta donde estaba ella. Cargó su cuerpo frágil y le daba un beso en la mejilla. — Nada malo.
Continúa…
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