

Fic TOLL de WifesKaulitz
Capítulo 54
Ahora iba en el cuarto mes de embarazo.
Era de noche y todos terminamos de cenar. Íbamos a acostar a Maddy en su habitación porque ya inició su ciclo y mañana era su primer día. Se acostaba con toda la emoción del mundo. Tom y yo le dimos un beso en la frente antes de apagar la luz e ir a la que era nuestra habitación. Ambos nos pusimos las pijamas para después acostarnos a descansar. Posé mi cabeza sobre su pecho y cerré los ojos para dormir.
No sé cuánto tiempo pasó pero me desperté por los quejidos que estaba haciendo Tom en medio del sueño, quizás está volviendo a tener esas pesadillas que empezaron desde que regresamos de la capital de aquel desfile de modas. Esas consistían en Tom subiendo a una avioneta y luego estrellándose, todas y cada una de sus pesadillas eran así. Yo sentía que eso tenía que ver con la historia que me contó Simone y vagamente Tom estaba empezando a recordar.
— N-no… no… no… — gimoteaba.
Todas las noches era así o bien se quejaba, sudaba o me despertaba por los gritos que tenía y ya me estaba preocupando.
— Tom. — empecé a despertarlo moviendo su cuerpo con toques suaves. — Tom, despierta…
— N-no… no, no, no, no, no… ¡ayuda!
— ¡Tom! — grité más fuerte dándole manotazos fuertes en el pecho porque no me escuchaba. — ¡TOM, MIERDA! ¡despierta! — y Tom se despertó bruscamente, jadeando y con los ojos abiertos de par en par. Me miró durante un momento, como si no supiera dónde estaba.
— ¿Qué… qué pasó? — preguntó, aún jadeando. Su pecho estaba bastante mojado al igual que su rostro y puesto de la cama por el sudor.
— Tenías una pesadilla — le respondí, acariciando su cabello con suma preocupación. Tom se pasó la mano por la frente y luego se tiraba de nuevo observando el techo, parpadeando lento. Decidí darle aire con la almohada mientras recuperaba el aire. — Tom, no estás bien. ¿Qué pasa? siempre que te pregunto me evades y me molesta porque no puedo ayudarte.
— La avioneta… me estrellé…
— Otra vez. — murmuré ceñudo y mordiendo el labio el inferior. Dejé de lado la almohada para poder sentarme al borde de la cama, ponerme las pantuflas e ir con las llaves del auto para salir en búsqueda de una farmacia que me vendiera pastillas para dormir. Es la única forma en la que podría ayudarle para que descanse con tranquilidad. ¿Qué importa si lo estoy automedicando? si en mi máxima desesperación es lo único que puedo pensar.
Salí de la casa para meterme al auto y abrir el portón para salir. Lo cerré desde el botón e iba rumbo a la farmacia 24/7. Me daban muchos escalofríos escuchar sus palabras, su historia con la avioneta y quería buscar a Simone para que le dijera ya la verdad pero Dios, ellos no estaban en la ciudad. Habían salido al campo.
Yo sabía que esas pesadillas eran un síntoma de algo más profundo, algo que Tom no quería enfrentar pero más allá ¿qué era?
Al llegar estacioné el auto y me bajé rapidito para la ventanilla pequeña abierta.
— Buenas noches. — saludé a aquel hombre detrás la lanfor. — ¿Me das unas triazolam, por favor? — el asentía yendo en búsqueda de mi pedido y venía con una caja de treinta tabletas de 0,125 gramos. Me cobró veinte euros por toda la caja y le pagué. Me devuelvo al auto e iba a toda prisa a la casa hasta llegar, meter el auto y bajarme para llevarle a Tom una pastilla.
— ¿Dónde fuiste? — susurró al verme entrar. Estaba sentado en el suelo con las piernas recogidas, abrazando las mismas y la cabeza escondida en el hueco que forman estas.
— A la farmacia. — susurré tomando la jarra para servir agua y sacar una pastilla de su envoltura. — Toma, bebe. — levantó la cabeza para verme y abrió su boca para recibir la pastilla. Después tomó el agua y tragaba haciendo sonar con satisfacción al probar el líquido.
Y volvió a su postura.
— Tom, ¿qué pasa? — le pregunté, tratando de sonar lo más calmado posible. — ¿No quieres que vayamos a dónde un profesional mañana y que lo hables para que lo traten?
Tom se miró las manos, como si no supiera qué decir.
— No lo sé. — respondió finalmente. — Pero no creo que sea importante que lo hable con alguien más… a parte es como si viviera una vida que no me pertenece, es de alguien que no soy yo.
Me senté a su lado en el suelo, rodeándolo con mis brazos. Tom se recostó en mí, cerrando los ojos: — Tom, no puedes seguir así.. — Tom se movió un poco, como si estuviera acomodándose a mi lado y bostezaba. Yo acaricié sus trenzas mientras suspiraba. — Tom, vamos a la cama… — no me respondió, solo empezaba a roncar y sonreí.
Ahora sí podría recuperar su sueño ya que no quería hablar.
&
Quinto mes de embarazo y estaba en mi jodida ecografía junto a Tom. En esta ocasión Maddnees no pudo acompañarnos por la escuela y Tom tuvo que salirse de sus clases para poder acompañarme a pesar de que le dije que podía solo.
— El quinto mes de embarazo comprende desde la semana 17 a la 20 y forma parte del segundo trimestre de gestación. Los síntomas más evidentes que se pueden empezar a experimentar en el quinto mes de embarazo son, especialmente, el crecimiento en el tamaño de los pechos y del vientre, así como el comienzo de los movimientos del bebé. — explica la doctora mientras pasaba el aparato por mi abdomen con ese gel frío. — El bebé también ya empieza a percibir la voz de sus padres.
— Que emoción. — susurraba Tom. — ¿Y ya podemos saber el sexo del bebé? — preguntaba nervioso, agarrando mi mano y apretando. La sentía sudorosa pero a parte de molestarme, me gustaba sentir su apoyo en mí.
— Sí, ¿quieren saberlo?
— Sí… No… — hablamos al mismo tiempo y Tom me miró inexpresivo mientras la doctora reía.
— ¿Por qué no quieres saberlo? — arquea una ceja.
— Quiero que sea sorpresa y sea lo que sea lo amaremos igual. ¿Es necesario saberlo ahora?
— No… — la doctora sonrió y asintió con la cabeza.
— Entiendo perfectamente — intervino entre ambos. — No hay problema en no saber el sexo del bebé. De hecho, es una sorpresa muy emocionante para muchos padres. — Tom me miró y sonrió, apretando mi mano.
— Ya, de acuerdo, Bill. — decía rodeando los ojos. — Que sea una sorpresa, joder. — la doctora asintió de nuevo y comenzó a recoger sus cosas mientras yo me ponía muy feliz.
— Bueno, eso es todo por hoy. Todo parece estar bien con el bebé. La próxima cita será dentro de dos meses conmigo, con mi compañera todo normal. — me puse de pie y Tom me ayudó a limpiarme la pancita con delicadeza.
— Gracias, doc.
— Buena suerte, familia Kaulitz. Estoy segura de que todo saldrá bien. — salimos de la consulta y nos dirigimos al coche. Tom me abrazó con fuerza y me besó en la mejilla reiteradas veces, teniendo esa melosidad que no había perdido con el tiempo, al contrario. Se incrementa.
— Estoy tan emocionado. No puedo esperar para conocer a nuestro bebé. — sonreí y lo besé también pero yo le di en los labios.
— Yo tampoco, mierda. No sabes lo bien que estoy pasando el tiempo de embarazo. Ojalá pudiera retroceder lo para que este sea Maddy y…
— Shhh. — puso su dedo índice sobre mis labios en cuando llegamos al coche. Apoyé mi espalda adolorida en la puerta y suspiré. Tom se quedó frente a mí con una mano al lado de mi rostro mientras la otra la ponía en mi mentón para besarme con suavidad, atrapando mi labio superior entre los suyos y metiendo su lengua dentro de mi boca para luchar con la mía, humedeciendo las comisuras de mis labios con su saliva. — No lo digas, no lo recuerdes y no te mortifiques, por favor. Maddy es una niña maravillosa y tú también, ¿okay?
— Sí, te amo.
— Te amo muchísimo más, bebé. — y así nos volvemos a fundir en un beso romántico.
&
Sexto mes de embarazo…
— Tom. — susurraba moviendo su cuerpo con suavidad de un lado a otro con el estómago rugiendo de hambre. — Amor… — daba golpecitos suaves en su mejilla pero nada. — Tom. — continuo pero dándole más fuerte. — ¡Tom, despierta! — le grité con un golpe fuerte en la boca.
— ¿Mhmm?
— Tengo mucha hambre, ¿me puedes comprar un pastel de tres leches, con una coca cola y una bolsa de frituras? de preferencia que sean papas, por favor.
— No, Bill. Tengo sueño y además son… — estiró la mano para tomar su teléfono y ver la hora. — …las tres de la mañana, Bill. — susurró volteando y tapándose con las cobijas de pies a cabeza. Suspiré cruzando los brazos con el rostro enojado. Traía el ceño demasiado fruncido.
— Claro, como ya puedes dormir tranquilamente con tus pastillas, sin preocupaciones como si no tuvieras un novio al cual atender no te importa nada. — a medida que iba hablando la voz se me iba quebrando y Tom se rió somnoliento. — Y si, tómalo a chiste pero cuando ya tenga mi hijo no te voy a dejar verlo por no atendernos a nuestros antojos.
— Ay, cariño… iré ahora mismo a buscar una panadería para comprar, ¿sí? solo dame un ratito más…
— No, cállate. — respondí en el mismo tono al ver como estaba por sentarse. — Ya no quiero nada, el bebé me va a salir feo y desfigurado.
— Bueno. — y no se sentó, al contrario. Se tapó más dejándome sin cobijas y me resentí.
— ¿¡Y no vas a ir!? — Tom se rió de nuevo y se sentó en la cama de golpe, mirándome con ojos somnolientos.
— Ay, Bill, no seas tan dramático — me miraba sonriendo con burla. — Te compraré todo lo que quieras mañana, te lo prometo. — me crucé de brazos y lo miré aún enfadado.
— Mañana no es lo mismo — dije. — Quiero mi pastel de tres leches y mi coca cola ahora.
Tom se rió de nuevo y se levantó de la cama. — Está bien, está bien, te compraré lo que quieras. — me miró con ojos burlones y se dirigió hacia la puerta luego de vestirse con ropa abrigada. — Pero solo porque te amo, y no porque me estés chantajeando con nuestro hijo.
— Te amo también, Tom — hablé fingiendo la voz de un niño pequeño mientras le hacía ojitos, emocionado. — Y gracias por entender mis antojos.
— Siempre, Bill. Te adoro… Ahora, ¿qué es lo que quieres exactamente?
— Un pastel de tres leches, una coca cola y una bolsa de frituras de papas — dije.
Tom asintió y se dirigió hacia la puerta.
— Está bien, voy a comprar todo eso — dijo. — Pero no te duermas, porque cuando vuelva, vamos a comer todo eso juntos que quiero probar tus antojos.
Me reí y me acosté en la cama aplaudiendo sin poder evitar mi emoción. — No me duermo, amor. Te espero.
Así salió de la casa dejándome ahí con los antojos que crecían cada vez más.
Esperé durante lo que pareció una eternidad, pero finalmente escuché el sonido de la puerta abriéndose. Me senté en la cama y sonreí, mientras Tom prendía la luz.
— Lo tengo todo. — depositó la bolsa en la cama con cansancio. — Pastel de tres leches, coca cola y frituras de papas.
— Gracias. — me lancé sobre la bolsa, abriéndola con ansias para sacar la torta pequeña y abrir las frituras que las puse sobre el pastel para hacer una mezcla rara. Así me la estaba comiendo mientras tomaba la cola.
Tom hizo una mueca de asco y se sentó a mi lado en la cama, abriendo la bolsa de frituras de papas al mismo tiempo que enciende la tele para ver cualquier cosa. Juntos, nos lanzamos sobre nuestros antojos, disfrutando de la deliciosa comida y de la compañía mutua. — Deberías probar.
— Olvídalo. — se burló haciéndome encoger los hombros y continuar.
&
Séptimo mes de embarazo y nuevamente estaba en mi ecografía.
¿Estaba demás decir que el bebé estaba en una posición demasiado extraña? sus piernas como abiertas y la doctora trataba de hallarle la forma hasta que lo encontró como medio abierto y su sexo estaba ahí en la pantalla en grande.
Tom estalló en risas al observar el increíble miembro de su hijo posar en la pantalla y yo me sonrojé.
Pues nos acabaron de dar la noticia—indirectamente—de que mi hijo era niño.
— ¿Ves? desde ahora está marcando su carrera pornográfica. — expresaba Tom con orgullo y le sacaba una foto al eco en la pantalla grande mientras hace reír a la doctora con ganas. — Me encanta, de verdad.
— Te recomiendo hacer que ubiquen al bebé en una posición adecuada para que puedas estar tranquilo porque si sigue así te va a doler. — dijo la doctora al calmar su risa. — Como es sabido el bebé está saludable, me encanta su proceso.
Tom asintió, todavía sonriendo.
— Excelente — murmuraba acercándose para ayudarme a sentarme ya que casi no podía. — Y ahora que sabemos que es un niño, podemos empezar a planificar su futuro como estrella del porno. — me reí y le di un golpe en el brazo.
— ¡Tom, para! — reía a la par de la doctora. — No vas a convertir a nuestro hijo en una estrella del porno. — Tom también se rió y me abrazó.
— Solo bromeo, cariño. Pero estoy muy emocionado de ser padre de un niño. — mordí mi labio inferior encantado con la emoción de mi novio. Dedicó su tiempo a limpiarme, a agradecerle infinitas veces a la doctora su atención y salimos juntos abrazados.
— Vamos a llamarlo Max o quizás Lucas.
— No, que feos nombres… además tenemos tiempo para decidir. — dije caminando ya lento y como un pato. — Pero quisiera que se llame como tú la verdad, no sé si te agrada la idea. — e iba a responder pero detrás de nosotros se escuchó una voz familiar. Tom y yo volteamos a ver al mismo tiempo hacia atrás y ahí venía su madre en compañía de Gianella casi con la misma barriga que yo. Olvidé mencionar ese detalle importante sobre que Andreas sacó a su hermana de la casa y ahora esta vivía bajo el techo de mis suegros.
A ello le agrego que Simone me odia porque cree que a propósito yo le he dado a Tom ese sobre para que participe en el desfile pero hasta ahora no hay que tener si no ha pasado nada.
Tom se había vuelto tan solicitado que ahora no había revista donde salga modelando, presentando perfumes y así. La mitad le ayudaba a Gianella mientras la otra decidía guardarla en el cofre que teníamos en casa para cualquier momento que se pueda presentar o para él mismo. Yo prefería para él y sus gastos personales.
— Mamá. — me deja para abrazar a su mamá con un beso en la mejilla. — ¿Cómo está todo?
— Bien. — respondió luego de suspirar.
— Ya sabemos el sexo del bebé. — interrumpió emocionada, acariciando su abdomen. — Es una niña.
— Oh, felicitaciones. — le dijo tan frío y dándole un toque en el hombro. Se notó el descontento de ambas mujeres (Simone y Gianella) en sus rostros.
— ¿Qué hay de su bebé? — cuestionó interesada.
Tom no pudo aguantar la emoción.
— Es un niño.
No me contuve la risa burlona ante la cara de esas mujeres al verlo así tan feliz por mi bebé.
Continúa…
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