

Fic TOLL de WifesKaulitz
Capítulo 48
— Buenos días. — saludó Gianluca a la recepcionista. Esta era la misma de ayer que me había hecho la llamada para avisarme. — Venimos a ver al paciente…
— Alex Fisher. — completé ronco.
— Sí, es mi novio. — agregó sonriente. — Quiero hablar con él, me preocupa mucho su estado.
— De acuerdo. — sonrió extendiendo la hoja de visitas para que firmara. La llenó al instante mientras que yo tuve dificultades porque me temblaba la mano, veía doble y pff, estaba frío, con la presión baja. — Síganme. — Gian me jaló del enorme saco negro para empezar a caminar detrás de la enfermera. Pasamos por unos cuantos pasillos que tenían esa luz titilante que me mareaba demasiado y me ponía a sudar en exceso sin duda. — Solo son diez minutos. — intervino frente a la puerta blanca mientras la abría.
— De acuerdo, señorita. Gracias. — ambos entramos a la habitación de ese sujeto. Todo el cuarto estaba lleno de cuadros con el rostro de Bill a lápiz. La habitación sin excepción rodeaba en torno al pelinegro desde distintos ángulos de su rostro, cuerpo y ojos. Aquel hombre estaba sentado dándonos la espalda pintando con la vista frente a la ventana llena de barrotes y alambre de púas. Caminé nervioso un poco más en silencio para ver que estaba pintando y era Bill con una panza de bebé.
— ¿Te gusta? — preguntó con burla, sin dejar de mover su mano dándole el color a la sombra de sus ojos. — Si no te hubieras metido estaríamos felices.
— ¿Por qué crees que el bebé que espera Bill es tuyo?
— Las veces que lo desmayaba de la paliza lo violaba. — decía riéndose por lo bajo. — Nunca usé protección, es más, deberías tener cuidado. ¿Qué tal si te pega una enfermedad? ha estado con tantos que quizás te pega una enfermedad venérea. — y yo me enojé. Empecé a destruir todos los cuadros de la habitación, descolgando de la pared, dándoles pisadas, puños sin control. Gianluca solo miraba mientras se abrazaba a si mismo.
— ¡No te burles así de mi novio! ¡te voy a romper otra vez la cara si vuelves a hablar así! — grité. Alex dejó de lado su dibujo para ponerse de pie y enfrentarme. Su sonrisa cínica me alteró más. Le tiré un golpe vago a la cara que esquivó y tuvo la ventana para golpearme
Golpe tras golpe aterrizaba en mi rostro y yo estaba muy mal para defenderme. Estaba dolido. No podía con eso.
— ¡Oh, por dios! — gritó Gianluca, asustado. — ¡No! ¡déjalo! — su voz me hacía reaccionar y me reincorporé para golpearlo también. No sé cómo me levanté pero lo cierto es que le estaba dando con toda mi furia en la cara también. — ¡Auxilio! — gritaba. — ¡Ayuda! ¡se matan! — aún así no me detuve y seguía y seguía y seguía.
Una y otra vez.
Cada golpe en la cara y después sentía una presión en mi abdomen.
Una que me hace detener en seco y no podía con ello. Dolía muchísimo.
— ¡Basta! — decía una voz ajena y luego nos separaban. — Están detenidos, los dos. — no sabía que estaba pasando conmigo hasta que toqué como el lápiz estaba incrustado en mi piel, perforándome…
.
By BILL
—No, Bill. Tom no me ha llamado, no me ha escrito, no me ha dicho donde está e igual estoy preocupado así cómo tú. — estaba sentado en el sofá de la oficina del director de la universidad con las manos temblando entrelazadas entre sí y mordía mi labio inferior mientras lágrimas descienden en exceso.
— Ayúdame a buscarlo, por favor. — pedí por milésima vez. — Ustedes son amigos, saben a dónde ir, tienen personas relacionadas ¿¡cómo es posible que no sepas, Georg!?
— Ya llamé a todos y nadie lo ha visto. Hoy no vino tampoco… y Gianella igual.
— Ay, no puede ser. — tapé mi rostro con ambas manos.
— Y también fui ayer donde sus papás y traté de no preocuparlos pero tampoco estaba.
¿Es que acaso él la buscó en su momento de despecho? mierda, no lo podía permitir.
— Vamos a la casa de esa zorra, ¡ya! — exclamé poniéndome de pie y jalando al Georg del cabello. Este se quejaba mientras lo obligó a salir de la oficina y próximamente de la universidad hasta el auto. Le obligué a subirse y luego me subí yo en el asiento del conductor. Lo puse a andar a toda prisa que hizo a Georg ponerse el cinturón de seguridad y agarrarse de algún lugar del auto con miedo.
Miraba la pista con los ojos bien abiertos hasta que llegamos y posaba a raya el freno del auto. Me bajé de volada para golpear la puerta o mejor dicho casi tumbarla de los golpes que estaba dando en la madera.
— ¿¡Qué!? ¿¡quién es!? — chillaba Gianella por dentro y luego abría la puerta. — Ah… eres tú. Andreas no está.
— No vengo a buscarlo. — dije empujándola con brusquedad para entrar y correr a las habitaciones de arriba para buscarlo en el baño, bajo la cama, closet, lavandería, cocina.
— ¿¡Pero qué buscas, imbécil!?
— Tom no aparece por ningún lado y extrañamente ninguno fue a clases, ¿dónde lo tienes?
— No sé, no lo ví desde ayer que le confesé que estoy embarazada. ¿Crees que se fue por ahí porque no puede lidiar con la idea de tener dos hijos a los cuales mantener? — yo suspiré sintiendo mi corazón detenerse por completo y desviaba la mirada.
— Ay, amiga. — susurré caminando por la sala de la casa observando las bonitas decoraciones. — ¿Qué caso tiene seguir peleando por un hombre?
— No es un hombre cualquiera, es el papá de mi hijo también.
— Ay… — caminé nuevamente hasta sentarme en uno de los sofás, con la respiración agitada. A estas alturas de la vida no me estaba importando nada realmente y solo quería dejar las cosas por la paz. Georg también entró para observar lo que estaba pasando pero desde el marco de la puerta con el móvil en manos. Agaché la cabeza para luego jugar con mis dedos. Siento como mis ojos se empiezan a llenar de lágrimas. — Siéntate, Gianella.
— No.
— ¡Qué te sientes! — exclamé levantando la cabeza y dando un golpe en el espacio vacío de mi lado. Gianella me miró con nervios pero obedecía, se sentaba junto a mí. Mantuvo una distancia considerable entre los dos y suspiré. — Hay que dejar las cosas ahí. — murmuré mirando hacia el suelo. — Suficiente rivalidad, suficientes discusiones, odio… y… cómo amigo sé que te fallé, que soy una mierda, que soy una mala persona pero… dios, si estás embarazada a esta edad no está bien, Gianella.
— ¿Y por qué no? ¿es que acaso solo tú puedes darle un hijo a Tom?
— No, es eso, Gianella. Tienes veinte años y por experiencia propia no es bueno, no te jodas la vida así. A penas estás en la flor de la juventud, ten muchos novios, conoce personas, viaja, estudia. La vida de padre no es fácil. — hablaba mientras movía mis manos y lloraba aún. — No tomes esto como un juego, como una competencia. Es mucho más difícil de lo que crees… a parte de Tom hay muchos hombres más en el mundo que te harán feliz. Te van a valorar y te van a elegir sobre todas las cosas, amiga. — coloqué mi mano sobre la suya y observé su rostro que estaba rojo también por el llanto silencioso.
— Es que… Bill, yo me enamoré de él y sé que él no de mí y… mierda, vivo con la esperanza de que por fin puedo ganarte un hombre. Que por fin puedo retener a mi lado a ese hombre y no me importa joderme porque sabría que te gané.
— Gianella, pero… ¿un hijo? no… es tanta la responsabilidad. Yo solo no pude con Maddy. Necesitaba a su papá para que me ayude con ella porque me iba a volver loco y te juro… no me lo tomes a mal pero… Tom está tan aferrado a mi y al bebé que dudo muchísimo que te haga caso. Quizás no se descuide de su responsabilidad como el papá de tu bebé pero de ahí más nada.
Gianella me miró con una expresión de tristeza y desesperación.
— Lo sé. — dijo con la voz temblando. — Lo sé, Bill. Pero no puedo evitar sentir lo que siento. Me enamoré de Tom y quiero estar con él, quiero tener un futuro con él y te lo voy a quitar aún así. — sentí como un golpe en el pecho al escuchar sus palabras. Me di cuenta de que Gianella estaba dispuesta a arriesgar todo por Tom, incluso su propia felicidad.
— Gianella, por favor. — dije, intentando razonar con ella. — No te dejes llevar por tus emociones. Piensa en lo que es mejor para ti y para tu futuro.
— ¡Seguramente quieres que pierda a mi bebé! — saltó del sofá para ponerse eres de pie, dándome la espalda. Lloró demasiado alto y me sentía fatal.
— No, por Dios. No te estoy diciendo que lo pierdas.
Gianella me miró con una expresión de determinación.
— No. — dijo fríamente. — No voy a dejar que nadie me diga qué hacer. Voy a seguir mi corazón y voy a luchar por lo que quiero. — ahora yo tenía un sentimiento de tristeza y resignación. Me di cuenta de que Gianella no iba a cambiar de opinión y que iba a seguir adelante con sus planes, sin importar las consecuencias.
&
Era el segundo día que no sabía nada de Tom. Mis detectives no me daban noticias y como no podía con mi desesperación decidí ir a la casa de mis suegros. No podía hacer más que quedarme en mi maldita casa sabiendo que puedo ir a buscarlo.
A penas amaneció y llegó una hora prudente yo estaba yendo a la casa.
Por supuesto que Georg me estaba acompañando. Él y su novia habían ido a mi casa para ayudarme con Maddnees.
Estaba demasiado agradecido por eso…
Entonces al llegar me bajé y fui hasta golpear la puerta. Detrás de esta se deja ver mi suegra con una sonrisa.
— Bill, buenos días. Pase.
— Hola… — saludé con un beso en la mejilla y Georg también lo hacía. Pasaba nervioso hasta el sofá y me sentaba sin esperar a que me invite porque estaba con las piernas pareciendo un par de gelatinas.
— ¿Qué se les ofrece?
— Simone…
— Siéntese. — se adelantaba a decir Georg y ella lo hizo extrañada.
— ¿Le pasa algo a Tom? ¿está bien?
— No… de hecho no lo sé… ya… son dos días que no aparece y estoy muy preocupado. No hay noticias de él.
— Santo Dios. — se ponía de pie lentamente. — Seguro secuestraron a mi hijo, Bill. — fruncí el ceño extrañado y también me ponía de pie, detrás de la señora esperando a que me explique una razón lógica por la cual diría eso.
— ¿Quién lo secuestraría? ¿es que acaso debe algo a alguien? si es así dígame y y-yo lo pago. Lo que pidan, joder.
— No, no. — voltea a verme y toma mis manos entre las suyas. — No debe a nadie, es un buen muchacho y no se mete en esas cosas.
— Y si hubiera sido así lo hubiera sabido. — agrega Georg.
— ¿Entonces? ¿qué es lo que sucede?
— Bill… ¿se acuerda que teníamos una charla pendiente a cambio de algo?
— Sí…
«Recordé que no la tuvimos por las interrupciones y también porque no los volví a ver.»
— Tom no es mi hijo. — soltó de golpe, sin anestesia pero con dolor, no vergüenza y con lágrimas en los ojos.
— ¿Y entonces?
— No lo sé. — susurró. — Cuando íbamos de regreso de visitar a unos familiares en la carretera vimos algo quemarse a lo lejos de dónde íbamos y nos desviamos para ver qué era. Encontramos a ese joven lejos de lo que se estaba incendiando… creo que era una avioneta de esas privadas si más no recuerdo… él estaba tirado inconsciente y estaba tan mal que nos lo llevamos con nosotros hasta nuestra casa. Le cuidé las heridas pero jamás lo llevé a un hospital o algún lugar para que lo revisen y reporten su desaparición. Pasó muchos años sin reaccionar y con el pasar del tiempo incluso me fui encariñando con ese niño porque era un niño aún y decidimos quedarnos con él. Le pusimos Tom porque así se iba a llamar el hijo que nunca tuvimos y le dimos la edad de diecinueve porque sería la que igual nuestro hijo tendría hoy en día y se lo dijimos cuando despertó. Le mentimos… realmente no sabemos quién es él, como se llama, de dónde vino, lo único que sabemos es que lo amamos como nunca y seguramente sus familiares lo han encontrado y se lo han llevado.
Me senté en silencio, procesando la información que Simone me había dado. No podía creer que Tom no fuera su hijo biológico. Me sentía confundido y triste por Tom, que había vivido una mentira durante tanto tiempo…
— ¿Por qué no le dijeron la verdad? — pregunté finalmente, mirando a Simone. Ella se encogió de hombros en medio del llanto desconsolado.
— No quería perderlo y quería protegerlo como a mi vida y sé que fue un error no decirle la verdad pero compréndame. — sollozaba volviendo a sentarse a mi lado. — Mi hogar se llenó de amor cuando él empezó a aceptarnos. Mi relación cambió completamente y me sentí viva. Amaba la sensación que nunca me detuve a pensar en qué iba a pasar en un futuro. Amo a Tom como usted no se imagina.
Maldición.
Tenía tristeza y frustración. ¿Por qué Simone y su esposo habían mantenido este secreto durante tanto tiempo? ¿Por qué no habían dicho la verdad a Tom?
— ¿Y ahora qué? — susurré con una taquicardia insoportable en el pecho. — ¿Qué va a pasar si realmente se lo llevaron?
No me quería imaginar como me iba a sentir si no lo volvía a ver.
— Me odiará…
— No, Simone. No diga eso. — rodeo su cuerpo entre mis brazos para que llore en mi pecho. — Confío en que no pasará así, si no lo han buscado en mucho tiempo dudo que lo hagan ahora. No se preocupe…
— Por favor, encuéntrelo y hágamelo saber. Le voy a rezar mucho a la virgen porque no sea así y mi Tom aparezca. — asentí acariciando su cabello mirando a Georg quien igual estaba impactado por la noticia.
— Sí, está bien.
— Le voy a preparar un té. — ofreció Georg y yo asentí con la cabeza en silencio.
— Si le encuentra por favor no le diga nada que me moriría si me odia y tampoco sabía que explicaciones darle…
— Está bien…
— Por favor. No se olvide que es una promesa y que las promesas se cumplen.
— Está bien. — repetí en medio de un suspiro. — Su secreto se queda a salvo conmigo…
Continúa…
Gracias por la visita. Te invitamos a comentar 😉