Fic TOLL de WifesKaulitz

Capítulo 46

Carajo, como los días estaban pasando así de rápido y mi panza iba creciendo un poco más.

Ya era lunes por la mañana y estaba preparando por voluntad propia el lonche para Tom. Quizás no era tanto pero se lo estaba preparando con mucho amor desde muy temprano para que lo lleve a su primer día de clases. Maddnees me estaba ayudando sentada en el mesón moviendo sus piernas de adelante hacia atrás mientras Tom estaba arriba dándose un baño. Su lonche era unas hamburguesas de milanesa de pollo bien preparadas. Por falta de tiempo compré pan y una bolsa de frituras porque ya no tenía tiempo para freír las que estaba descongelando porque cuánto tardarán.

— ¿Puedes pasarme las tazonas para meter las hamburguesas, Maddy?

— Sip. — dió un brinco para correr hasta el lugar donde las tenía bien guardadas. Vuelve corriendo hacía mí para dármelas y empiezo a meter las cosas en el interior. Envolví con papel aluminio y luego en una bolsa. También le metí dos latas de gaseosa. Los debidos aderezos en una bolsita a parte.

— Buenos días. — entra diciendo Tom a la cocina con una sonrisa. — Que bien huele. — comentó besando a Maddy en su mejilla y a mi en la boca.

— Es para ti, papá.

— Oh, me encantaría quedarme a desayunar pero ya voy tarde.

— No. — reí divertido. — Es tu lonche, lo preparamos Maddnees y yo.

— Ay, no era que te molestes, Billy. — puso ambas manos en mis mejillas para plantar repetidos besos cortos sobre mi boca. Después a Maddnees le daba una caricia en el cabello y ella sonreía. — Que delicia.

— Son un par de hamburguesas, le dije a mi papá Bill que comías mucho y por eso te hizo dos. — asentí con la cabeza mientras colocaba ambas manos en la cintura. Tom reía.

— Gracias, par de hermosos. Me encantó el detalle. Ahora debo dejarlos, ¿sí? — asentí con la cabeza mientras dejaba que me bese nuevamente en la boca.

— Que te vaya bien, papá.

— Gracias, muñeca. Por favor cuida mucho a tú papá.

— Sí, señor. — pone una mano en su frente como un buen soldado haciendo reír a Tom con gracia.

— Y tú también cuida a nuestro bebé y a Maddy.

— Si. — vuelve a besarme por tercera vez, robándome el aliento y haciéndome sentir sonrojado por la mirada de Maddnees sobre nosotros con una mueca graciosa de asco.

— Ya vete rápido. No te lo comas.

Tom volvió a reír dándome el último beso. — Te amo. — dijo, antes de voltear para despeinar a Maddnees e irse corriendo hasta el auto porque tenía que sacarlo y así. Me quedé con la mirada fija en la puerta de la cocina mordiendo mi labio inferior que temblaba y mis ojos se nublaron.

— ¿Y ahora? ¿por qué vas a llorar, papá?

— Él dijo que me ama. — y solté en llanto mientras me abrazaba a mi mismo con los ojos cerrados.

— Ay, no. Pa… ven te abrazo. — obedecí a la petición de mi hija acercándome lo suficiente para dejar que me abrace mientras continuo llorando como un chiquillo en su hombro sintiendo su pequeño cuerpo contra el mío, y seguí llorando. Era como si todas las emociones que había estado guardando dentro de mí hubieran explotado en ese momento.

— Ya, papá. — dijo Maddnees con su voz suave y compasiva. — No llores, por favor. Está bien. — me saqué las lágrimas de los ojos y miré a Maddnees, sonriendo débilmente.

— No es que esté triste, Maddy — hablé temblando. — Es solo que… me siento muy feliz. Tom me dijo que me ama, y eso significa mucho para mí.

Maddnees sonrió y me abrazó más fuerte.

— Owww, papá. Yo también te amo.

— Yo también a ti mi vida pero el amor que siento por ti es muy diferente, ¿me entiendes? y por eso me pone así porque… — vuelvo a llorar otra vez. — Nunca lo sentí tan enserio con mis antiguos novios, amor. — es más, no sabía ni cómo expresarme por lo abrumado que estaba gracias a una oleada de emociones que me invadían el pecho. La felicidad y la gratitud se mezclaban con la emoción y la vulnerabilidad. Me sentía como si estuviera flotando en un mar de sentimientos, sin saber cómo manejarlos.

La declaración de amor de Tom había despertado algo dentro de mí. Algo que había estado dormido durante mucho tiempo, algo que había estado esperando a ser liberado. Me sentía como si finalmente hubiera encontrado mi lugar en el mundo, como si finalmente hubiera encontrado a alguien que me amara por quién era.

Maddnees me abrazó más fuerte, y yo la abracé también. Me sentía agradecido por tenerla en mi vida, por tener a alguien que me amara incondicionalmente. Pero también me sentía vulnerable. Me sentía como si estuviera expuesto, como si estuviera mostrando mi alma desnuda al mundo. Me sentía como si cualquier cosa pudiera herirme, como si cualquier cosa pudiera hacer que me sintiera pequeño e insignificante de nuevo.

Pero en ese momento, con Maddnees en mis brazos y el amor de Tom en mi corazón, me sentí fuerte. Me sentí como si pudiera enfrentar cualquier cosa, como si pudiera superar cualquier obstáculo. Sentí como si finalmente hubiera encontrado mi hogar, mi lugar en el mundo. Y eso era algo que nadie podría quitarme jamás.

— Pa, ¿qué tal si vamos a la piscina? hace tanto calor.

— Sí, amor. Ve a buscar tu traje. — me separé de ella para limpiar mis lágrimas con el dorso de mi mano.

— Pero ya no llores, eh.

— Lo prometo. — ella asintió saltando una mes más del mesón para correr a su habitación y yo suspiré. También empecé a ir a pasos lentos pero tuve que desviarme por el sonido del convencional. Lo levanté para llevarlo a mi oído. — ¿Bueno?

— Bill, tenemos que hablar.

Joder, para recibir llamadas de personas indeseables si tenía señal, ¿no?

— No, señora Fisher. No hay nada que hablar.

— ¿Cómo no? si el hijo que estás esperando es de Alex. No de Tom, ni de ningún otro… no te hagas el estúpido. — colgué la llamada en ese rato con los nervios a flor de piel.

¿Pero qué estaba pasando?

.

By TOM

— Joder, un día eres un simple mortal y al otro día ya eres conocido por ser el novio de Bill Kaulitz y tienes un grupo de pretendientes en la universidad, ¿qué mierda? — comenta Georg mientras salimos de secretaría con nuestros horarios a la mano, rumbo a nuestra primera clase.
Yo reí negando con la cabeza divertido por ello. — Es… impresionante.

— No quiero hablar de eso, realmente casi me cuesta mi relación con Bill. — respondí recordando nuestra discusión un día antes del programa. — Yo lo tomé de la mejor manera, pff, ¿qué les puede importar a los demás?

— Es que la jirafa si se pasó.

— Ay, tú también. — digo regresando a ver a Georg muerto de la risa. Este solo rió suave avergonzado.

— Es que Maddnees, ese día lo dijo tantas veces en un solo rato se me olvida que se llama Gianella.

— Ay, Georg. — respondí entre risas. — Que no te escuche. Se te lanza de las greñas y chao con ese bonito planchado.

— No lo digas. Mi mujer está tan encantada con mi cabello… por cierto, ¿no te ha pasado algo extraño en el proceso de embarazo, Tom? te lo pregunto porque ambos vamos a ser padres. Últimamente mi novia está tan mañosa.

— ¿Te refieres al…?

— Sí. — interrumpió sonrojado. — Hago lo posible por cumplir pero… mierda, Tom. Tengo un límite. Me duele la punta del miembro. — volví a reír a carcajadas mientras entraba al salón siendo el centro de atención de las personas que estaban ahí. — ¡Shhh!

— Es normal. Tú qué ya llevas unos cuantos meses está así imagínate yo que empiezo.

— ¿De verdad es normal?

— Sí, se lo pregunté a la doctora porque Bill se enojaba mucho conmigo por eso. Imagina enojarnos a tal grado de pasar tres días sin hablar y durmiendo en la misma cama, por supuesto.

— No aguantaría. — sonrió sentándose delante de mi, en el asiento de al frente. — Esa parte la tengo con cuidado, eh. Ella está muy sensible.

— ¿Llora por todo?

— Sí.

— Bill también. Me causa gracia a veces pero es lo mejor del planeta. Muestra una faceta suya profunda y puedo con eso.

— Joder, me siento bien de no ser el único. — asiento con la cabeza mientras sonreía. En eso entraba un grupo grande de estudiantes junto con el docente para la clase del día y entre ellos entraba Gianella, que se sentó a mi lado. Simplemente la ignoré poniendo la atención en mi mejor amigo. De soslayo podía verla que estaba demacrada, con los ojos hinchados. — Se ve terrible. — susurró acercándose a mí lo suficiente y yo asentí.

Bill realmente se había encargado—junto con su equipo de trabajo—de destruirla. Dejarla con una mala reputación con aquella demanda de una fuerte suma de dinero que tendría que pagar en un par de semanas. Yo no me metí a opinar porque estaba en su razón… habló mal y solo sufría las consecuencias de sus actos.

Por supuesto que si no pagaba se iría a prisión. Eso fue a petición de Bill que estaba sediento de venganza.

Así la clase empezó con la primera materia de la carrera en segundo nivel. Le prestaba tanta atención hasta que Gianella recogía sus cosas con las manos en la boca y salía corriendo hacia afuera. Me quedé bastante intrigado que también pedí permiso para salir detrás de ella. Dejando las cosas ahí. Corrí hasta afuera y la vi meterse en los baños femeninos.

Caminé lento y al llegar escuchaba como vomitaba excesivamente. Arrimé mi espalda en la pared con los ojos cerrados pensando en la posibilidad de que Gianella también estuviera embarazada y se me bajaba la presión al instante.

Mierda, con ella fuí tan responsable precisamente por eso. Siempre me anduve con cuidado con ella para evitar líos.

— Tom. — salía diciendo del baño con voz débil. — ¿Qué haces aquí?

— Ehm, ¿todo bien? te ví salir y bueno. Tú expresión está horrible, Gianella.

— Lo está. — dice abrazándome para llorar con tristeza. — Pero es porque te extraño mucho y también porque las que dicen ser fans de su relación me están atacando por todos lados. Estoy asustada.

— Uhm, ya… — separé su cuerpo del mío para verle a la cara directamente. — ¿Y el vómito qué fue? ¿te sentó mal algo? — Gianella ladeó la cabeza mirándome fijamente de igual forma.

— ¿Qué? uhm, solo me dió y ya. No creo que sea tan malo, ¿o sí?

— A ver. — suspiré profundamente. — Sí tú tienes lo que pienso pues estás mal. De verdad.

— ¿Crees que estoy embarazada, Tom? — suspiré profundo desviando la mirada y soltando sus muñecas con brusquedad. — Oh, si piensas. ¿Qué hay si lo estoy?

— Te estarías jodiendo la vida, ¿sabes? porque ni así dejaría a Bill.

— Pero estoy segura que él si a ti. Si te dejaría y ¡oh, por supuesto! — exclamó con una sonrisa dando la vuelta mientras posaba las manos en las mejillas como una psicópata.

— Estás loca. — dije retirándome a pasos apresurados para volver hasta el salón.

.

By BILL

Estaba estacionando demasiado nervioso el auto—que nadie sabía que era mío—frente aquel centro psiquiátrico donde estaba aquel hombre de mis pesadillas. Me sudaban las manos en cuanto tomo la bolsa para salir del coche y adentrarme al lugar poniéndome las gafas.

¿Qué qué hacía aquí? solo quería dejarle en claro lo que estaba diciendo, nada más.

También me puse una chalina sobre el cabello para no llamar tanto la atención.

— Buenas tardes, ¿cómo está? ¿en qué le podemos ayudar? — saludaba la recepcionista con amabilidad.

— Hola, ahm… soy Bill Kaulitz. — dije sacando las gafas y la chalina. — Vengo a ver a Alex Fisher.

— De acuerdo, su identificación por favor. — lo saqué de mi billetera para mostrarle mientras mientras observo de un lado a otro que no venga nadie que me conozca y no sepa sobre mi mundo laboral. Aquella mujer anotó un par de cosas e hizo que firmara. — Sígame. — asentí guardando la chalina en el bolso y con las gafas puestas seguí a la mujer por un enorme pasillo donde las luces titilean dando un aspecto medio diabólico.

Seguimos hasta llegar a un jardín donde estaban algunos vestidos de blanco vagando por el lugar.

— Él siempre pasa sentado pintando. — decía llevándome aún más lejos hasta una sala que tenía el nombre de ‘Art’ y pude verlo sentado a través del cristal. Tenía frente a él un enorme lienzo donde pintaba con un lápiz de carbón a una persona que tenía el cabello largo con unos rayos blancos.
Se parecía mucho a mi o mejor dicho era a yo quien estaba dibujando en aquel lienzo.

Me tembló el cuerpo de miedo cuando hizo que entre al interior de la habitación.

— Por favor, no se vaya. — murmuré apenas audible y ella asentía, quedándose a un extremo de la habitación mientras decía unos códigos y veía venir a un guardia pararse junto a mí. Solo así me sentí seguro.

— Billy… viniste a visitarme. — habló sin voltear a verme, continuando con el lienzo. — Tengo muchos de estos dibujados en mi habitación. Todos son tuyos. Me encanta dibujarte. Si llego a salir de aquí te enviaré todos a casa para que no me olvides.

— Créeme que todos los quemaría.

Alex rió.

— ¿Qué haces aquí, amorcito? ¿me extrañaste?

— No, solo… quiero que dejes la idea de que eres el padre del hijo que estoy esperando. Es todo. Tú mamá me llamó a molestar… por favor olvídense de mi, de todo lo que hayamos tenido que ver. Te lo suplico. ¿No te es suficiente con el daño que me hiciste? — hablé con voz entrecortada.

— ¿Hace cuánto lo descubriste?

— ¿Qué importa cuando? solo… no es tuyo y ya. Me acosté con Tom hasta el último momento y jamás usé protección.

Bueno, sí. Un par de veces pero me encantaba dramatizar y exagerar.

— Contigo siempre se usó…

— No es cierto. — comenta tan tranquilo coloreando en las raíces de aquel dibujo. — Aquella vez que te dejé desmayado de la paliza que te di me aproveché de ese momento para mi placer y lo eché dentro. — me tapé la boca con la mano sintiendo como mis ojos se llenaron de lágrimas. — Y si no lo recuerdas fue cuando Gianella me llamó a decirme que estabas con tu amante. Te golpeé en la cabeza y te desmayaste. Estaba tan celoso de que estés con él que te tomé y te hice mío.

— No es cierto… tú… ¡tú me dijiste que solo me caí de las gradas y que por eso me dolía el cuerpo!

— Mentí, ¿okay? no fue así y me gustó. — eso último lo dijo al voltear a verme con una sonrisa zángana que me hizo lanzarme a él para golpearlo. Alcancé a darle dos en el pecho porque el guardia me detenía.

— ¡En tu puta vida vas a conocer este hijo porque primero lo saco! — le grité y solo seguía burlándose. En eso empiezo a hiperventilar de inmediato y todo se volvió negro.

Continúa…

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por WifesKaulitz

Escritora del Fandom

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