Fic TOLL de WifesKaulitz

Capítulo 42

— ¿Pero qué mierda es la que están diciendo aquí? — comenta Tom luego de leer toda la plana del periódico mientras yo camino de un lado a otro histérico. — Yo tengo diecinueve años, no más no menos. Diecinueve exactos, ¿qué le sucede a la gente? están mal informados.

— ¡Fue la perra de Gianella! — exclamé dando un golpe en la pared. — ¡Esa puta quiere arruinar mi carrera y no le voy a dejar! ¡no se lo voy a permitir!

— Es mierda. — musitó Tom usando el mismo periódico para poner en el suelo y limpiar el charco de la leche sobre la cara alfombra negra en la habitación.

— Oh, dios mío. — coloqué la mano sobre mi boca. La respiración me empezó a faltar y Tom al darse cuenta corre hacia mí para hacer que me siente en la cama mientras menea su mano dándome aire, asustado.

— Joder, con calma. No te tomes las cosas tan a pecho. — murmuró intentando calmar lo que sentía pero yo estaba demasiado descontrolado como para ponerme tranquilo. La cabeza me estaba empezando a doler y la respiración ni hablar. — Por favor… Bill, si te pones así de enojado creo que te afectará mucho al embarazo y quiero que estés bien, no importa lo que haya dicho Gianella. — agrega Tom ahorita que se sentó a mi lado, pero yo me aparté, no queriendo que me tocara más.

— Es tu jodida culpa. — dije con una voz cortante. Obviamente no lo miré. Traía una rabia enorme. — ¿¡Por qué no vas y le cierras el culo a esa zorra!?

Tom se quedó quieto, sin decir nada, pero yo podía sentir su mirada sobre mí. Sabía que estaba preocupado e igual de afectado que yo y que trataba de verse tranquilo para que yo también lo haga pero a mí me era imposible.

Pensaba que su tranquilidad era porque no le importaba lo que estaba sucediendo conmigo.

— Bill, por favor… — empezó a decir Tom, pero yo lo interrumpí.

— ¡No! — grité, levantándome de la cama. — ¡No quiero hablar calmarme nada, que se calme tu maldita perra sucia que anda publicando mi relación como si les importara! ¡No quiero hablar sobre nada! ¡y no me calmo nada! ¿ahora que van a creer? ¿qué me lio con hombres menores de edad? ¡joder! — Tom se levantó a mi detrás pero a una distancia prudente.

¿¡Cómo podía seguir así de tranquilo!?

— Pero sabemos que es mentira… solo está despechada y dolida por mi rechazo. Quizás está celosa de que me quedé contigo y también porque le mentí. — terminó en voz baja con un suspiro.

— ¿Y a mi qué me importa?

— Ay, Bill. — puso los ojos en blanco. — ¿Te vas a poner así?

— ¡Sí!

— Bueno, pues yo también. — y salió de la habitación de mis padres dando un portazo. Observé con los ojos bien abiertos la puerta y mordí mi labio inferior. Repentinamente empecé a sentir como los ojos se me llenaban de lágrimas y caen luego de que parpadeo para tratar de ahuyentarlas pero solo caen más.

— ¿En serio? — susurré para mí mismo, impresionado. — Se fue… — cerré los ojos y apreté la sien con mis dedos pensando en que hacer. Lo único que se me ocurrió fue ir a darme un baño para quitar el polvo de mi cuerpo y ponerme ropa limpia.
Iría a ver a Jost a mi empresa para hablar de la situación.

Tomé mi bolsa junto con las llaves del coche y bajé rumbo a la salida de la casa. Tan solo me quedé parado en el jardín mirando como todos los medios de comunicación habidos y por haber estaban ahí amontonados y al verme empezaron a hablar todos por igual, haciendo bulla.

En ese instante me sentí aturdido y corrí al interior de la casa, con la respiración para que no puedan verme. Segundo fue sentirme mareado y con ganas de vomitar. Tuve que ir corriendo al baño para expulsar todo, absolutamente todo.

Luego de eso jalé la cadena y subí a la habitación para acostarme a descansar.

Quizás para mañana ya sepa algo para ser y tenga mis pensamientos en claro.

&

Nuevamente estaba siendo despertado por el ruido de el teléfono y este si era mío. Abrí los ojos y estaba con el ceño demasiado fruncido porque estiré la mano tratando de alcanzar el móvil en la mesa de noche pero no podía.

Olvidé que estaba en la enorme cama de mis padres y obligado tuve que arrastrarme hasta donde está conectado al cargador para atender.
Abrí los ojos de golpe al ver el nombre de Emma en grande y lo contesté mientras iba rumbo al baño.

— Estás interrumpiendo mi sueño.

— ¿Eso qué importa? tienes que ver las noticias. Esa mujer está hablando tan mal en los canales de farándula.

— Oh, por Dios. — antes de cruzar la puerta me detuve para correr a la cama a tomar el control y encender la televisión para buscar el único canal que pasaba a estas horas de la mañana. Efectivamente ahí estaba esa perra en el programa ‘Saca la lengua’ y la escuchaba con atención.

“—… Bill Kaulitz siempre le anda robando los novios a sus amigas. En esta ocasión me tocó sufrir un par de relaciones fracasadas por su culpa. Tom, quien es su actual pareja fue mi novio hasta ayer y vaya… ¿quién no se va a ir con alguien que te ofrece todo? las relaciones que ha tenido siempre son por interés y por eso le terminan pagando mal… así fue con Alex… Alex fue mi primer novio y este era un golpeador, manipulador, celoso… me golpeaba por la mínima charla que tenía con alguien y pff, esta vez le tocó a Bill.—” decía con burla. “—La primera que quitó el novio le dejé pasar porque realmente no valía la pena y este segundo lo vale todo…—”

“—¿Es porque está guapo?—”

“—¡Sí!—” exclama con emoción. Se muerde el labio inferior y suspiraba como una estúpida.

“—Por favor, ¿podemos proyectar una foto de él?—”

“—Oh, por supuesto.—” y en grande, muy, muy grande aparecía una foto de Tom con ella logrando causar una molestia grande en mi y empecé a gritar.

— ¡AAAAAAAAAH! ¡AAAAAAAH, MALDITA SUCIA, SARNOSA, NACA, ZORRA…!

— ¡Bill! ¡NO ES TIEMPO DE PONERSE A GRITAR COMO UN MOCOSO! — exclamó Emma haciendo que me calle la boca al instante. — Tú cómo también te tienes una entrevista en farándula con Jim en la noche, hemos pagado lo necesario para que todos los medios nacionales e internacionales te vean. Ve con Tom, por favor y mantén la calma. Mientras tú aclaras la cosas nuestro equipo también trabajará por lo legal. Le vamos a meter una buena demanda por difamación.

— ¿Es todo?

— Sí, a las ocho allá. No olvides.

— Gracias. — cuelgo la llamada y dejé el móvil junto con el control para ingresar al interior del baño en silencio. Orinaba mientras miraba a un punto fijo, desganado.

Emma me había callado como muchas veces lo hacía mi madre y ush, como lo odiaba porque hacen que me trague mi propio veneno.

Así no funcionan las cosas, eh.

Luego de orinar me entraba a la ducha a darme un aseo rápido porque estaba empapado de sudor. Refriego bien mi cuerpo y rabioso me lavaba el cabello.

Al terminar primero me sequé bien todo el cabello acomodando perfectamente las rastas hasta tenerlas secas. Luego empecé a ponerme ropa que ya no me cerraba, empezaba a ajustarme. Me gustaba la ropa pegada al cuerpo ¿y ahora que parecía? tuve que elegir una de las camisetas que estiraba para ponerme y el pantalón gris oscuro de los muchos que tengo.

Salí de la habitación rumbo a la cocina. Toda la casa estaba en silencio y supuse que Tom seguía durmiendo.
Hoy se me antojó prepararme… unos fideos con atún y mayonesa, joder, pero… no los quería preparar yo porque me daba asco después.

— ¡Tom! — empecé a gritar. — ¡Tooooom!  — caminé hasta las escaleras para continuar gritando y subir hasta su habitación. Giré la perilla pero el no estaba, la cama estaba tendida. Seguí buscando en las demás habitaciones y nada, no estaba.

Es que acaso… ¿en serio se fue…? luego de discutir ayer no nos vimos para nada y oh, dios.

No.

Empecé a desesperarme yendo a buscarlo por el resto de la casa a ver si me lo encontraba pero nada, no había rastro. Entonces llegué rendido hasta el comedor para pegar mi frente sobre la madera, jadeando para no llorar y siento la puerta abrirse.

Levanté rápido la cabeza para verlo y ahí entraba con unas cuantas fundas de ropa y sus rastas ya no habían. Ahora Tom traía unas jodidas trenzas africanas negras corridas en su cabeza con una bandana negra que lo hacía ver malditamente sexy. Su ropa ya no estaba tan grande, su piercing era negro y no plateado. Su rostro se veía más pronunciado y su nariz perfilada, mierda.

Lo barrí con la mirada en solo diez segundos y la polla se me humedecía entre los pantalones.

Tom estaba bastante ardiente con ese nuevo estilo.

Al percatarme de que también me miraba fijamente mordí mi labio inferior agachando la cabeza, lleno de nervios y el rostro sonrojado.

— ¿Ya comiste?

— N-no. — tartamudeo aún sin verle. Tom suspiró y vi a penas como soltaba las bolsas en el sofá y se sacaba la chompa que traía para adentrarse a la cocina.

— Joder, ya es medio día. ¿Cómo es posible que todavía no?

— Ujum. — al pasar su aroma se quedó en el aire. Lo aspiré como un psicópata a ojos cerrados y me debilitaba a más no poder.

— ¿Qué se te antoja?

— Fideos con atún y mayonesa. — susurré.

— Bien. — asentí con la cabeza aún sin verle, como si me hubieran regañado. No era capaz de verlo o me imaginaria cosas sádicas en ese rato.
Y joder, se supone que estoy tan molesto con él.

— En la noche tenemos que salir, tenemos que aclarar sobre las cosas que dice Gianella en televisión.

— Bueno. — me sobresalté al escucharlo tan cerca mío. Resulta que ahora estaba sentado frente a mí con esa mirada penetrante martirizando mi cabeza. Volví a sentir con la sangre se me subía a la cabeza y pasaba de un tomate verde a uno rojo, maduro.
Rojo, rojo, rojo. — No me creerás pero, joder. He sido perseguido por un grupo de chicas ahí afuera diciendo ser mis fans. Más que dañar nuestra imagen nos está dando fama en la relación, joder. Bueno, tú ya eres famoso… a mí me están dando fama, ah. — decía con diversión.

Y yo levanté la cabeza para cruzar los brazos, celoso. Haciendo contacto visual.

— Mhmm, ya… sigues enojado.

— Y caliente. — agregué en un susurro tratando de que solo sea para mí pero por la risa que soltaba lo había escuchado también. Me pongo de pie torpemente de mi asiento. — Cuando esté me llamas, ¿por favor? — sin esperar una respuesta de su parte empiezo caminar y al pasar por su lado me jaló del brazo tan fuerte que me hace caer sentado en sus piernas. Su brazo se posó en mi nuca y se acercó para plantar un beso en mis labios.

Me cortó la respiración, por supuesto.
Empecé a darle golpes en los hombros y pecho, como podía. Tom me tomó de las muñecas con brusquedad y mordía mi labio inferior.

— Au… — me quejé con los ojos cerrados y el ceño fruncido. — Me estás jodiendo, Tom.

— Mhmm. — rió con burla al dejar mi labio. Lo relamí para sentir sus babas dulces. — Tus labios son deliciosos, los quiero besar todo el rato. — y así lo hacía. Volvió a atrapar mi boca con la suya en un beso que fue correspondido de mi parte. Un beso en el que al instante su boca se adueña de la mía y su lengua inicia una lucha por tener el control. Ese beso en el que mi saliva pasa a formar parte de la suya y viceversa. Enredé mis manos alrededor de su cuello para así profundizar. Ladeamos la cabeza dándole larga al mismo. Nuestras babas se escurren por la comisura de los labios y se vuelve intenso.

Agitado por la falta de aire y empezamos a hiperventilar. Claramente podemos separarnos para tomar aire pero la necesidad de besarnos era tan grande. Tom deslizaba su mano por mi pierna hasta llegar a posar en la mitad de mi trasero. Acariciando mis glúteos solo con esa mano y apretando.

— Tom… — susurré al separarme. — A veces siento que el que tiene más edad aquí eres tú… — jadeo repartiendo besos por esa mandíbula fina. La lamía y besaba con ganas. — Yo me siento el de diecinueve y a tí te siento el de veintiocho.

— La edad solo es un jodido número, Bill. Tengo la mente más abierta que la de uno de mi edad.

— Me encanta. — susurré abrumado con sus caricias aún sobre mi trasero y Tom volvía a besarme. Dejándome mareada por aquella intensidad con la que me besaba nuevamente. Acomodó sus manos en mi cuerpo perfectamente para así cargarme entre sus brazos e ir como si estuviéramos iniciando nuestra luna de miel.

Recuesta mi cuerpo sobre el sofá y se reincorpora para verme con deseo.
Estiro la mano para acariciarle las bolas sobre el jean y Tom suspiró.

— ¿Me harás el amor?

— No.

— Oh, por Dios. — sentí como si me dieran una apuñalada en el pecho. — ¿Por qué?

— Se supone que estamos molestos.

— ¡Tom! — exclamé escandalizado por su respuesta y decide irse dejándome con las ganas visibles en la entrepierna. Estaba tan caliente que yo mismo empecé a desabrochar los pantalones para así poder tener más acceso a mi entrepierna y tocarme.

Suspiré profundo con los ojos cerrados teniendo a ese hombre en mis pensamientos, observándome, con su nuevo estilo. Las trenzas cayendo a los lados tan sexy.

— ¿Estás muy caliente? — susurró en mi oído y mordiendo el lóbulo de la misma haciendo que gimiera.

— Sí… — susurré de vuelta. — Y no me quieres tocar. — él soltó una risita llevando su mano sobre la mía que se mueve locamente a lo largo de mi masculinidad.

— No es eso, solo estoy tan deslechado que mi pene ya no funciona. No se para. Me ordeñaste demasiado. — muerdo mi labio inferior abriendo más mis piernas ya que la mano de Tom bajó hasta mi entrada donde da toques suaves.

— Uhm… mentira. — murmuré con la voz de un mocoso caprichoso y un puchero. — Ya no me deseas.

— Amor… — reparte besos en mi cuello mientras mete un dedo al interior de mi trasero. Yo gemí suave y dejo que me folle con su maravilloso dedo. — Te deseo tanto, tanto, tanto… yo podría vivir encerrado en una habitación contigo haciendo que te vengas todo el rato y yo también pero así igual merece un descanso aquel amiguito para recuperar fuerzas.

Dios…

La imagen mental de Tom y yo encerrados, desnudos todo el rato envueltos entre las sábanas llenas de fluido se apoderaron de mi mente, haciendo que me venga sobre mi mano y un gemidito suave. Para finalizar Tom me besó en los labios y así me quedaba satisfecho.

Pero no tanto.

Continúa…

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por WifesKaulitz

Escritora del Fandom

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