

Fic TOLL de WifesKaulitz
Capítulo 40
By BILL
El móvil de Tom vibraba con tanta insistencia interrumpiendo mi sueño. Me arrastré en el colchón somnoliento buscando a tientas su móvil con la mano y al encontrarlo abrí los ojos. Una sonrisa de malicia se extiende por mis labios al ver el nombre de Gianella en grande.
Me levanté al instante de la cama para asegurar la puerta ya que Tom no está en la habitación y contesto sin decir una sola palabra, esperando que hablara.
— …¿¡dónde carajos estás!? desde anoche estoy en tu casa esperando a que llegues porque cumplimos nuestro segundo mes de noviazgo y no apareces… ¿¡no me piensas contestar o por qué te quedas callado!?
Reí divertido a carcajadas al escucharla tan histérica e iba a contestar pero la puerta fue golpeada. A propósito dejo el móvil en su lugar con la llamada sin colgar y corrí a abrir la puerta.
— Hola, amoooor. — digo tan alto lanzándome a los brazos de Tom. — Tom, amor, buenos días.
— ¿A qué se debe esa emoción? — respondió sonriente. — ¿Hoy estás de buen humor?
— Sí. — suspiré profundamente dejando que entre a la habitación. — Me encanta que duermas conmigo, Tom. No sabes cómo extrañaba verte rondar por mi casa.
Tom sonrió de lado antes de acercarse lo suficiente para besarme en la boca.
Me reí para mis adentros al pensar en la cara de Gianella mientras escuchaba nuestra conversación. Yo le devolví el beso con pasión. Nuestros labios unidos en un beso fogoso, lleno de deseo y emoción. La lengua de Tom se deslizó suavemente en mi boca, explorando cada rincón, cada curva. Yo respondí igual, mi lengua entrelazándose con la suya en un baile sensual.
Mi cuerpo y el suyo se acercaron—gracias a qué pone sus manos en mi trasero—, presionándose el uno contra el otro. Mi propia pasión se desató, y me sumergí en el beso, perdiéndome en la sensación de tener a Tom tan cerca.
¿Estará escuchando Gianella todo esto?
— Quisiera seguir. — comentó Tom repartiendo besos pequeños en mi boca con la respiración incontrolado. — Pero te he preparado el desayuno con mucho amor para que no te de nauseas tu propia comida.
— Oh, mi amor. Eres el mejor del mundo.
— Tú también lo eres. — da un último beso y me mira fijamente con ternura.
— Okay, dame unos segundos y bajo, ¿de acuerdo?
— Rápido. — ordenó y yo asentí, cerrando la puerta a mi detrás para después ir corriendo hasta tomar el teléfono riendo. Gianella aún seguía en la llamada y coloqué el móvil en mi oído.
— ¿Giani? — pregunté curioso y en un tono burlón.
— Eres un hijo de puta, no sabes cómo te odio.
Me reí a carcajadas otra vez al escuchar la furia en la voz de Gianella. Sí será tan estúpida: — Oh, Giani, eres tan dramática — dije, riendo. — No sabes cómo me duele que me odies. Gianella soltó una serie de insultos y maldiciones, pero yo solo me reí más. Alejando el teléfono sin escuchar lo que decía. Ya sabía que estaba furiosa por la traición y bla bla bla…
— …¡hijo de putaaaaaa! — oí gritar al final.
— Giani, Giani, cálmate — dije, intentando contener la risa. — No vas a cambiar nada con tus insultos. Tom está desde ayer conmigo, ¿y adivina qué? ¡estamos esperando un bebé! — Gianella se detuvo, y por un momento, hubo silencio al otro lado de la línea.
— ¡No, es cierto! ¡es mentira! ¡solo lo estás engatusando para que se quede contigo y ganarme pero no te voy a dejar! ¡te odio, Bill! eres el ser más despreciable del planeta tierra y cuídate demasiado las espaldas porque ¡no te voy a dejar en paz! ¡ahhhhh!
— ¿Siiií? ¿y qué más?
— Esto no ha terminado. — dijo finalmente, con una voz fría y amenazante.
Me reí de nuevo.
— Estoy temblando de miedo — respondí, burlón. — Adiós, Giani. — colgué el teléfono y me reí de nuevo, sintiendo una sensación de liberación. Sabía que Gianella no era una amenaza para mí.
En ningún momento de mi vida, jamás lo será. Así que sin problema bajé hasta la cocina para reunirme con mi amado y sentarnos a desayunar entre besos y charlas tontas de enamorados.
Luego de comer nos dispusimos a arreglar la casa en medio de música. Yo estaba barriendo la enorme sala mientras Tom le cambiaba de lugar en la mesa. Estaba dándole un toque varonil a la casa con algunas cositas que estaban en las cajas de la bodega y las dejaba increíbles en la repisa donde ese ve en grande los carros de carreras de juguete que tenía mi padre en su colección. Yo las quité porque las odiaba pero si Tom las amaba pues se quedan.
La historia que le había contado a Maddnees sobre que yo era un conductor había sido la historia que sucedió conmigo y mis papás… pero no es momento de recordar cosas tristes.
— Joder, ya quiero trabajar en mi profesión. — decía Tom con una sonrisa caminando hasta donde yo estaba con solo un short hasta las rodillas y una franelilla blanca empolvada llena de sudor. Su rostro también estaba algo sucio y me mordí el labio inferior con solo verlo, empezando a calentarme. Abaniqueo mi mano para darme aire mientras le veo hablar. — Quiero comprar una casa para que vivamos ambos, se siente raro vivir aquí sabiendo que todo esto es tuyo y yo no he aportado nada.
— Ay, no digas tonterías. Sabes que no me molesta compartir.
Tom suspiró.
— Soy el hombre, te quiero mantener.
— Okay, amor. Las cosas con calma. — sonrío ladino. — Mientras tanto aprovéchate de mí, joder.
— ¿Ah, sí?
— Sí… — rodeo su cuello con mis brazos una vez que llegó en frente mío. Nos unimos en un beso mientras me obliga a caminar hasta atrás hasta chocar con la pared. Baja hasta mi cuello para lamer y morder mientras exploro su espalda, acaricio su nuca y después desato sus rastas para liberarlas. — Oh… — gemí al ser dado la vuelta con tal grosería. Mi pecho desnudo queda contra la pared y me quita el albornoz dejando mi desnudez al descubierto.
Acaricia mi entrada con sus dedos, mientras yo también me acaricio el pecho y la entrepierna empezando a ponerme como un maldito ansioso.
Segundos después la entrepierna de Tom empieza a jugar en la entrada para lubricar nada más con sus fluidos y así me la metía de golpe.
Arqueo la espalda con la boca tan abierta mientras sigue entrando todo hasta que mis nalgas chocan en su pelvis.
Tom empieza a moverse con ganas en mi interior, soltando gemidos graves que me erizan la piel. Escuchar sus gemidos me pone más que cualquier otra cosa y me fascina. Yo daría lo que fuera por escucharle gemir una y otra vez todo el día de ser posible. Era tan entregado al placer que maldición, jamás me cansaría de dejarme hacer suyo las veces que le plazca.
— ¡Mhmm! — mordí mi labio inferior, subiendo una mano hasta la frente para limpiar el sudor que sale. Ladeó la cabeza para ver a Tom con los ojos cerrados, sus labios entreabiertos y tan caliente conmigo. Su rostro estaba rojo hasta las orejas y al darse cuenta de mí mirada se relamía los labios tan sensual. — Ay…
— Agh… — susurra dando un azote.
— Uy, Tom… ay… eres tan sexy, joder. Fóllame… fóllame tan duro para que pueda sentirte.
— Ohgjm… ¿así? — pregunta acelerando sus movimientos.
— ¡Sí! — exclamé hasta quedarme sin aliento. Pongo las manos contra la pared para dejar a ojos cerrados, dejando que mi polla se quede ahí sin tocar mientras el asciende ambas manos hasta los pectorales para apretarlos.
Uh, como me ponía de duro ese hombre. ¡Y solo es mío!
— Tom, mierda. Sí…
— Mhmm. — continuaba. Ahora apego mi mejilla en la pared y llevo ambas manos hacia atrás con una sonrisa de picardía. Las pongo en ambos glúteos y los abrí dejándome expuesto ante su mirada. La respiración de Tom enloqueció y sacó su polla tan rápido como pudo para echar su esperma en mi trasero. — Ah, ah… — se quejaba. — Uff, uhm… dios, qué…
En cambio yo volteo a verlo mordiendo mi labio inferior. Tom estaba demasiado sonrojado al igual que su pecho. Observó mi erección y así se lanzó a mi para besarme mientras ataca mi hombría con su mano. Meto mis brazos por debajo de su axila acariciando su ancha espalda.
Estamos desesperados por el beso y bajo hasta sus nalgas obligándolo a crear una fricción entre ambos miembros. Tom se vuelve a poner duro y así nos frotamos, muy ansiosos.
— Billy, que delicioso…
— Si… — gemí con los ojos cerrados.
Después, se aleja para llevarme hasta un lugar más cercano que vendría siendo la cocina y fui recostado en el mesón con las piernas abiertas. Tom volvió a introducir su virilidad en mi interior para follarme de nuevo, con esa rapidez.
Asciende ambas manos para ponerlas sobre mi cuello y así darme y darme todo el rato. Podía ver como su hombría aparece y desaparece ensanchando mi trasero como nunca y me excita tanto hasta hacerme correr.
— ¡Ahm, Tom! — grito, lleno de espasmos todo el cuerpo. Debilitando piernas, brazos y provocando un tirón en mi abdomen. Tom también se corría una segunda vez sobre mi virilidad suave y caía encima, ambos abrazándonos para recomponernos.
En eso sonaba el timbre de la casa y Tom se alejaba, para acomodarse.
— Iré a ver…
— De acuerdo. — suspiré bajando mi cuerpo del mesón para limpiar con las toallas desechables. Vuelvo a hacer uso del albornoz para cubrirme y acomodo mi cabello para no verme mal por si era alguna visita a pesar de que ya olía a sudor y era desagradable.
Dirijo mis pasos con intención de subir a darme un baño y veo como entra Gianella de golpe al interior de mi casa con el propósito de golpearme pero era detenida con tal rapidez por Tom, ambos cayendo al suelo. Más atrás entraba Simone, preocupada y enojada.
Oh, por dios.
— ¡Gianella, cálmate! — grita sacudiendo y ella se quedaba quieta llorando en el suelo, en un mar de lágrimas. Muerdo la piel interior de mi mejilla. Me abrazo a mi mismo observando la situación.
Quería dejar salir mi verdadero yo pero estaba mi suegra. Ella tiene más influencia que yo sobre su hijo, no me conviene actuar como estúpido.
No ahora.
— Dios. — lloraba Gianella revolcándose en el suelo, gritando tan fuerte. — ¿¡Por qué me hiciste esto, Tom!? ¡me dijiste que ya no te importaba! ¡me dijiste que te daba igual y que solo era yo la que te gustaba! ¿¡por qué!? — Tom se puso de pie de pie y suspiró, apegando su espalda en la pared al lado de la puerta, con los ojos cerrados y sonrojado. — ¡Habla, poco hombre!
— Te mentí. — susurró. — No he podido olvidarlo por más que trataba y me esforzaba, siempre lo pensaba. Siempre lo tenía en mi mente hasta ahora.
— ¡Idiota! — se levantó del suelo para acercarse a Tom para cachetearlo. Él solo se quedó quieto y yo fruncí ambas cejas con una mueca en la boca de disgusto, pero bueno, se lo merecía por andarse metiendo con esa.
Aún así estaba molesta por eso.
— ¡Imbécil, estúpido, hijo de perra, naco, asqueroso, perro…! — empezaba a golpearlo en el pecho con tanta rabia mientras Tom ladeaba la cabeza. — ¿¡Cómo puedes decirme eso!? ¿¡qué hay de mí y de mi esfuerzo!? ¿¡qué hay de mis sentimientos!?
— No lo sé… — susurra. — Solo… estoy enamorado y no lo puedo evitar, me gusta lo que siento. — su voz empezó a quebrarse.
A todo esto ellos estaban discutiendo mientras la mirada de mi suegra estaba sobre mí. Tragué saliva y suspiré profundo, agachando la cabeza en señal de mi máxima vergüenza cuando no sentía ni el uno por ciento.
Es más, no sé ni qué es la vergüenza.
— Usted lo disfruta, ¿verdad?
— ¿Qué? — digo en un hilo de voz, mientras iba acercándose amenazante a pasos lentos. Yo me quedé dónde estaba.
— Ver sufrir a las personas, lastimar a los demás. Sobre todo a mi hijo, ¿qué le hizo mi hijo para que lo tenga así de engatusado? así de tonto y pareciendo un zombie por usted. ¿Disfruta que esté detrás de usted rogándole mientras usted se da la gran vida, eh? — fruncí el ceño observando fijamente a Simone a la cara una vez que estamos frente a frente.
— Uhm, no… yo lo quiero de verdad…
estoy enamorado de hecho.
— ¡No me mienta! — exclama tan fuerte para luego darme una cachetada tan fuerte y flaqueo. Casi cayendo de trasero en las gradas pero no fue así. No caí. Tom se dió cuenta y empujó a Gianella para venir corriendo a posarse en el medio de su mamá y yo.
— Hey, no lo hagas. ¿Qué te pasa?
— ¡Yo ví llorar a mi hijo! ¡yo le ví llorar por usted! ¡y no le creo!
— ¡Bill no quiere a nadie! ¡ni a él mismo, ni a su hija! ¡peor te va a querer a ti, Tom! — agregó Gianella.
Rodeo los ojos sin dejar de sobar mi mejilla.
O sea, ¿qué mierda les pasa? están agrediéndome en mi propia casa.
Qué gentuza más vulgar y corriente.
— Me importa una mierda. — murmuró Tom ya rabioso. — ¡Me importa un carajo si no me quiere a mi, a su hija, si no se quiere él! ¡me importa… una… mierda! — habla pausado en cada palabra. — ¡Ustedes no son nadie para meterse en mi jodida vida!
Simone lo miró ofendida.
— Y tú no vuelvas a ponerle un dedo encima a mi novio, ¡porque está esperando un bebé!
— Oh, por dios. — la mayor tapó su boca dando unos cuantos pasos hacia atrás, con los ojos llenos de lágrimas.
Pero qué escena tan dramática es la que se está presentando aquí.
¡Joder!
— Ja. — tira con sátira. — Ese hijo de cuál de sus cuantos hombres será, por Dios, Tom. Abre los ojos, solo te quiere tener para joderme la vida, amor. — se le pega tanto intentando besarlo pero Tom la detiene.
— No me importa de quién es, si es del vecino, del loquero, del pollero o mío, ¡es mío y punto! ¡no te metas más!
«Si me iba a defender así mejor se hubiera quedado callado.»
Gianella lloriqueaba más.
— Dios… no puede ser. No me hagas esto, estoy tan enamorada de ti, amor.
— ¡Ya fue suficiente! — chillé rabioso pasando por al lado de Tom empujándole para tomar a Gianella del pelo. Jalé tan fuerte que cayó al suelo y la empiezo a arrastrar hasta la salida de mi casa con una fuerza que ni yo mismo creía. Al llegar a los barrotes la tiré y cerré la puerta tan rápido como pude, observando con una sonrisa como trataba de meter sus brazos por estos para golpearme. — ¡Vete de mi casa! ¡ya acepta tu derrota, zorra y ve! ¡ve a hacer lo único que saber hacer para llamar la atención de los demás!
— Vamos. — aparece Tom tras de mí jalando mi mano para que camine a la casa. Mientras, ella grita.
— ¡Te vas a arrepentir! ¡te voy a destruir, Bill Kaulitz! ¡esto no se va a quedar así!
Continúa…
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