Fic TOLL de WifesKaulitz

Capítulo 4

Al llegar a mi casa abrí la puerta y entraba con Maddnees en mis brazos. Mi mamá bajaba las escaleras con un canasto de ropa que dejó caer al verme con la niña en brazos.

— Oh, Dios mío. No me digas que es tu hija.

— No, mamá.

— Bendito sea Dios. — caminé hasta el sofá y dejo a la niña sobre este. Mi madre suspiraba aliviada retomando la ropa que dejó caer. Yo continuo mirando a Maddy en el sofá, estaba aún dormida.

— Mamá, la niña tiene dolor de cabeza. ¿Puedes revisar? — dejó de lado la ropa mientras se limpia las manos en el delantal.

— En el refrigerador hay una bolsa de hielo, ponla en un trapo y trae. — voy a pasos rápidos para dirigirme a la cocina y sacar el hielo. Le puse en un trapo limpio para después llevarlo a mamá. Ella se encargó de revisarla mientras yo me encargaba de buscar en la mochila de Maddy algún número que pueda contactarme con Bill. Por supuesto que encontré en el cuaderno de literatura su número privado y lo anoté.

Para volver a guardar el cuaderno se me hizo complicado y tuve que sacar todo. De ahí salía una bolsa. La abro con curiosidad y ahí estaba su refrigerio (un yogurt de fresa, galletas integrales con mermelada y una manzana).

El dolor de cabeza era debido a que no había comido.

— No comió. — niego con la cabeza, preocupado. — Pobre niña. Despiértale para que coma un poco, ya está la comida, luego le compras una pastilla de dolor de cabeza para niños por favor. — ella se levantó para ir hasta el comedor para poner los platos mientras yo despertaba a Maddy.

Ella abría sus ojitos y se sentaba.

— ¿Por qué no has comido?

— Estoy muy triste. — susurraba. — Mis amigas dicen que mi papá no me quiere.

— Claro que te quiere. No solo él, yo también.

— ¿Cómo a un papá? — el corazón se me removía tiernamente al ver su rostro mientras le decía que si con la cabeza, en silencio. — ¿Serás mi segundo papá, Tom?

— ¿Quieres que sea tu segundo papá?

— Sí, por favor y quiéreme… quiéreme mucho.

Oh, Dios… mordí mi labio inferior que empezaba a temblar porque me estaba aguantando las ganas de lagrimear.

Pobre niña, tan pequeña y estaba sufriendo.

— Ya está. — dijo mi mamá.

— Vamos a comer, ¿sí?

— Si, huele rico. — cargo a Maddy en mis brazos para llevarla al comedor. La siento en la silla cerca de mi y mamá le sirve la comida. Busqué un trapito viejo para colocarlo sobre el uniforme con cuidado. Maddy toma el cubierto para degustar la comida y lo saboreaba haciendo ‘mhmm’. — Oh, ¡está muy rico!

Mamá sonreía enternecida.

— Mamá cocina muy bien. — halago yo también empezando a comer.

— Oh, ¿es tu mami?

— Sí…

— ¿Te quiere mucho?

— Muchísimo. — respondía Simone encantada con la dulzura de Maddy.

— ¡Qué bien! así como Tom me quiere mucho, ¿verdad, papá Tom?

— Sí. — respondí sonrojado.

— Que linda niña. — susurraba Simone. — Si Tom es tu papá eso quiere decir que yo soy tu abuela y tú abuela te quiere mucho.

— ¡Yei! — festejaba luego de tomar el jugo de limón y soltar un eructo que nos provoca risa. — Lo siento. — comenta sonrojada. Decidimos no decirle nada y continuar comiendo en silencio. — ¿Me pueden poner un poquito más? está muy rico.

— Claro, mi niña.

— Yo te pongo. — dije levantándome para agarrar la olla y servir más pasta en su plato con un par de papas, pechuga cocina y un poquito más de arroz.

— Wow, papá no deja que coma esto. Me encanta. Quiero venir a comer todos los días aquí contigo, abuelita. — mamá moría al ver como Maddy dejaba su comida para ir a abrazarla.

&

Hoy era mi segundo día de trabajo, a pesar que no me acostumbré al repentino cambio de horario iba bien.
Bill me había dado la confianza de quedarme con el auto como chofer y estaba encantado, no tendría que usar más mis piernas para después de bajar del bus ir hasta su casa.

Ya estaba listo y a punto de salir pero antes mi madre me detiene con una bandeja en manos: — Dale a mi nieta. — decía sonriente. — Le he preparado fruta picada con avena, ahí le mando un poco de batido, un sándwich de queso y jamón con una paleta. Me ha hecho recordar las veces que te preparaba el lonche.

— Gracias. — sonreí recibiendo la comida y luego besando sus manos.

— Ay, no entiendo como llegaste a trabajar de niñero con lo mucho que te gustan los niños. — la miró ofendido por sus palabras, haciéndole reír. — Pero es una niña linda. Te dice ‘papá Tom’.

— Te platicaré las razones luego, ahora tengo que irme, ¿sí?

— Espero verte en el almuerzo. — asentí con la cabeza mientras salía de la casa hacia el auto. Lo enciendo y me dirigí a la casa de Bill. En cuanto llego veo a Maddy emocionarse, dar brincos. Estaciono el auto frente a ella y me bajo para abrirle la puerta para que suba, mientras Bill subía al asiento del copiloto. Le coloqué el seguro le di un beso en la frente.

— ¿Cómo estás, papá Tom?

— Bien. — respondo en cuánto rodeo el coche para subirme y avanzar hasta su escuela. — ¿Cómo estás tú?

— Muy bien. — sonreía abiertamente. — ¿Cómo está mi abuelita? ¡ya quiero verla!

Bill regresa a verme sorprendido.

— Perfecta. — respondí. — También quiere verte. — ella daba aplausos sin dejar de festejar hasta que llegamos a la escuela. Bill no se preocupó en bajarse del auto porque fue ignorado por su hija. En cambio ambos nos adentramos la institución y antes de llegar a su grado la detuve. — Tu abuela te preparó un rico lonche, te lo comes todo, ¿va?

— ¡Sí! — gritaba. Yo reí guardando la comida en su mochila. — ¡Adiós, papá Tom! ¡te quiero!

— Y yo también. — con esa motivación Maddy corría a su aula y yo me devolvía al auto con Bill, quien estaba con una expresión neutral a te mi presencia. — ¿Te llevo a tu trabajo?

— No, antes quisiera desayunar contigo. Yo lo pago.

— Ahí hay un restaurante. — dije señalando el más cercano.

— Vamos. — lo miro bajarse extrañado. Empieza a caminar apresurado mientras yo lo seguía atrás. Al llegar Bill pidió un par de desayunos que fueron servidos lo más pronto por ser una figura conocida.
Me ruge el estómago al ver lo deliciosa que estaba. — Ayer que fuiste a casa me olvidé sobre tu contrato. Luego de que Maddy coma el almuerzo ve a mi oficina y lo firmas.

— Está bien.

— Uhm. — relamía sus labios. Nuevamente me había dado justo ahí, dónde dolía. — Tengo que admitir que me da celos lo bien que vas con Maddy.

— Solo le doy atención. — Bill no hizo nada más que meter fruta a su boca.
Yo tampoco preferí decir nada más al respecto, ¿o quizás sí? — ¿Te gustan los lirios?

— No. — decía mientras fruncía el celo y sonreía al mismo tiempo. Después dejaba de picar la fruta con el tenedor para mirarme sonrojado. — Oh, así que fuiste tú el que me mandó ese arreglo bonito de lirios.

Mi boca no podía estar más abierta: — ¿Qué?

«Maldito Georg»

— Agradezco tu intención, está bonito pero no me gustan los lirios. A mí me gustan los tulipanes o girasoles. Son más bonitos.

— Pero es que yo…

— Está bien. — sonreía. Después guiaba su mano para ponerla sobre la mía y le dió un apretón. Encantado con la suavidad de su mano le devolví el apretón de la misma forma, mirándonos fijamente. — Fue lindo.

— Ay… — exhalé todo el aire de mis pulmones. — Por cierto, tengo nuevo número. ¿Lo anotas?

— Claro. — me extendió su teléfono para que yo—personalmente—escriba su número.

Lo guardé como: — ‘Bae Tom’.

&

— Maddy no se ha comido su refrigerio. — decía la profesora con la funda de la comida que le había dado Bill en manos.

— Y yo le dije a la Miss que si comí lo que mi abuelita me mandó e incluso lo compartí con mis compañeras porque también les gustó.

— Es cierto. — dije afirmando con la cabeza. Recibiendo el refrigerio intacto. — Le mandamos comida en exceso a Maddy y se comió la golosina.

— Entiendo. Ya me había preocupado nuevamente.

— No pasa nada. ¿Ya nos vamos, papá? ¡quiero ver a mi abuelita!

— Si, princesa.

— ¡Adiós, Miss!

— Adiós, Maddy. — nos dirigimos al coche y bueno, una vez más retomamos rumbo a mi casa donde esperaba mi madre en la puerta para recibir a Maddy con una sonrisa.
Ambas se abrazaban y entraban. Yo las seguí detrás para luego sentarme en el sofá.

— Papá. — se acerca hacia mí con su refrigerio mañanero. — Te lo regalo por ser el mejor. Hoy mis amigas sintieron envidia por haberme dado ese rico lonche.

— Gracias. — le dije recibiendo la comida. — Pero es tu abuela quien lo hizo.

— Gracias a ti también, abue. — corrió hacia mi madre para darle un abrazo sorpresa. Ella no paraba de mimar a Maddy. Al instante le servía el desayuno y se dedicaba a comer como ayer, halagando la comida en todo momento.

Yo comía en silencio mientras sentía un cosquilleo en la mano que había tocado Bill, me había gustado mucho ese toque tan simple…

— Papá, te llaman por teléfono. — decía haciéndome volver en sí y levantarme de la mesa para tomar el móvil.

— ¿Sí?

— Bae Tom… — dijo en un susurro. Yo me estremecí ante su voz y tuve que correr fuera de los oídos de mi madre. — Es uno de los términos más cariñosos que pueden salir por la boca de un adolescente.

— Y también por la abreviatura del inglés de la palabra babe. — agregué divertido e hizo reír a Bill de igual forma pero en el lo oí sexy.

— Por poco tengo problemas con mi pareja por eso, Bae Tom.

— Si quieres también puedes agregarme como 𝖽𝖺𝖽 𝖳𝗈𝗆, no me molesta.

— Mhmm. — se quejaba ronco enviando choques eléctricos a mi cuerpo. — Te espero ahora mismo en mi oficina, Dad Tom.

— Ahí estaré.

— No tardes. — con eso daba por finalizado la llamada. Miré la pantalla del móvil sin palabra alguna que describa lo que acaba de suceder con esa llamada.

Me muero.

— ¿Quién era papá?

— Bill. — suspiré volviendo en sí para ver a la pequeña fijamente. — Tenemos que ir a su oficina, ¿sí? ve a despedirte.

— Bueno… — la noticia le había causado disgusto por lo que fue hasta donde mamá a darle un abrazo mientras yo salía con sus cosas al coche. — Papá, deberías vivir conmigo en serio. — al salir se sube enojada al coche, sentándose en el asiento de mi lado para ponerse sola el cinturón. Levanto las cejas divertido por aquel arrebato y luego me subo yo. — ¿Qué es esa cochinada de estarse alejando de su hija?

— Ah, ¿y con esa boca dices que me quieres mucho?

— Jum… — en medio de una risa escandalosa puse a andar el auto.

Ella tenía los brazos cruzados, aún enojada.

— ¿Y dónde está el chiste que no lo veo? — pone la mano en su frente tratando de encontrarlo.

— Maddy, ya. — decía entre risas. — Verás a tu papá y antes de llegar le compraremos flores, ¿qué dices? — su expresión de enojada cambiaba a una de picardía.

— ¿Por qué? — cuestiona curiosa.

— Bueno, porque hay que alegrarle el día. Supongo que está muy estresado.

— ¿O porque te gusta? — yo no le respondí, al contrario. Me reí haciéndome el tonto mientras buscaba la radio. — Ya… — ella sonrió e igualmente se quedó en silencio.
Tal y como había dicho pasaba a comprar unos tulipanes de cinco euros bien cuidados y a Maddy le compré una rosa que traía en el cabello.

De ahí fuimos a la oficina y aquí estamos haciéndonos anunciar.

La mujer de pelo blanco que estaba ese día en su casa vuelve a mirarle con desagrado antes de hacerme pasar. Maddy sujetó bien la plata empezando a caminar mientras yo le abría la puerta y dejó caer el ramo de las flores al suelo, ante lo que había visto.

Sus ojos pequeños buscan los míos y no pude hacer más que sonreírle mientras tomaba su mano, dando un apretó no tan fuerte.

— Oh, por Dios. Maddy… — Bill se alejó del tipo que lo estaba besando y corrió hacia ella. La cargó entre sus brazos para abrazarla mientras estaba nervioso. En cambio yo recogí los tulipanes.

— Maddy las compró para ti. — caminé hasta donde estaba un arreglo de flores de plástico para reemplazar por unas de verdad. Algo que a vista de ese hombre le disgustó.

— ¿Es cierto?

Ella asentía.

— Oh, amor. Están bonitas.

— Ya, bájame. — Bill me miró estupefacto. Yo asentí para que lo hiciera y la niña vino a esconderse detrás de mí.

El pelinegro suspiró, colocando las manos en sus caderas:

— Tom, él es Alex Fisher. Mi abogado.

— Y novio. — agregó. Tomó una carpeta junto con un esfero para pasarme y lo tomé, observando fijamente a ese hombre alto. — Ese es el contrato de trabajo, léelo bien. — al mismo tiempo que yo caminaba hasta el sofá para sentarme, Maddy lo hacía de igual forma pero ella se sentó en el suelo, en medio de mis piernas aún abrazándome.

— Maddy ven. — le llamaba Bill pero ella se negaba. — Oh, por favor. — rodeaba los ojos. Se supone que yo tenía que estar leyendo mi contrato pero no podía. Estaba analizando la situación que se presentaba.

Bill era un desesperado.

— Te quiero presentar a mi novio…

— No.

— Vamos, Genny. — apoyaba el tal Alex pero ella se negaba. — Quiero ser tu amigo.

— No.

— Por favor.

— No. — después ella jalaba la basta de mi pantalón, llamando mi atención y la tenía. — Ya me quiero ir.

Pero el tal Alex insistía: — Genny, por favor.

— No me llames Genny, mi nombre es Maddnees Genevieve Kaulitz. Para los amigos Maddy y para los desconocidos Maddnees. No Genny, No Gen, tampoco Vie-vie. Genevieve.

Bill y yo nos quedamos estupefactos ante su respuesta.

Por ende termino por firmar el contrato sin haber leído nada y me puse de pie, tomando la mano de Maddy en el proceso.

— Que niña. — murmuró Alex, a lo cual Bill se cruzó de brazos.

— Maddy tú y yo tendremos una conversación ya mismo. Vamos afuera.

— No, solo quiero irme. Papá Tom, por favor.

— Adiós. — me despedí empezando a salir.

— ¡Maddy! — le gritó un Bill furioso. — ¡Ven aquí!

— ¡No quiero! — empezó a llorar mientras temblaba de los nervios. — ¡No lo quiero conocer! ¡soy muy inteligente para saber que tú no estás conmigo por él!

— No me hables así. — dijo mientras daba unos cuantos pasos y al llegar levantó la mano, cosa que detuve.

Maddy se hizo bolita a mi lado y fue tanto su miedo que la niña se hizo orina en los pantalones.

Continúa…

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por WifesKaulitz

Escritora del Fandom

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