
Fic TOLL de WifesKaulitz
Capítulo 39
La mano de Bill seguía moviéndose debajo del agua, enviando oleadas de placer a través de mi cuerpo. Su boca en mi cuello era como un fuego que me consumía, y su aliento cálido en mi oído me hacía estremecer.
— Me gusta como suena. — susurré. — Quiero saber qué pasa con nuestro bebé y lo principal, entre los dos. — repetí, mi voz ronca y llena de deseo.
Bill se detuvo por un momento, y luego se enderezó para mirarme a los ojos. Su mirada era intensa y llena de emoción.
— Quiero que sepas que te quiero… mucho. — dijo, su voz llena de sinceridad. — Y quiero que nuestro bebé sepa que tiene dos padres que lo aman con todo su corazón. — me sentí aturdido por la emoción, y mi corazón latía con fuerza en mi pecho. Bill se acercó a mí y me besó, una vez más su boca apoderándose de la mía con dominancia. — Quiero que estemos juntos… que seamos una familia, ¿qué dices? quiero ser tu jodido novio y qué tú seas el mío. Esto que sentimos ambos no se puede evitar y tenemos que dejarlo fluir porque mientras más nos lo prohíben, más nos vamos a aferrar.
— Ay, mierda. — muerdo mi labio inferior mientras llevo ambas manos a los hombros de Bill para acariciar. Deslizo las manos por la espalda hasta centrarme en su trasero el cual masajeo con ganas mientras Bill se reincorpora. Acaricia su torso desnudo mientras yo le beso en el abdomen con ganas. Bajo lo suficiente hasta llegar a su pelvis donde beso, lamo y deslizo mi lengua en aquel tatuaje de estrella.
Más abajo agarro su polla para masturbar con la mano y llevar a mi boca la puntita, robándole gemidos delicados que terminan por endurecer mi miembro.
— Sí… — susurré dejando su polla para levantarme. El agua escurriendo por mi cuerpo y Bill se sonroja al tenerme de frente. Rodeo su cintura con ambas manos apegando su cuerpo al mío. Bill rodea mi cuello con sus manos mientras apega su frente a la mia. — Quiero ser tu novio, quiero ser tu familia. Quiero que seamos nosotros cuatro, Maddnees, el bebé tú, yo…
— Bigotes. — susurró divertido y yo asentía de la misma forma antes de unir mis labios con los suyos. Bill pega un brinco para rodear mi cintura con sus piernas y nos saco de la bañera hasta la habitación. Recuesto su cuerpo sobre la cama, mojando los tendidos pero no tenía importancia.
Empiezo besando el mentón de Bill mientras bajo mis dedos hasta su entrada para tantear la zona. Lo acaricio antes de meter un par de dedos para dilatar la zona. Bill gime hechando su cabeza hacia atrás, a ojos cerrados mientras ahora juego con sus pezones, mordiendo.
— Oh, cuidado. — advertía en medio de suspiros. — Están muy sensibles, duelen. — seguí bajando repartiendo besos por su torso hasta llegar a su intimidad dura y caliente. Agarro con la mano libre su falo para masturbar mientras chupo la punta de nuevo, como si fuera una paleta. — Uh… ah… — gime para luego morder su labio inferior.
Continué hasta llegar a sus huevos donde los beso. La piel estaba medía dura por el frío y sigo hasta llegar a su entrada donde escupí para continuar metiendo mis dedos. Me reincorporé para masturbar mi polla mientras lo observo con unos ojos hambrientos, llenos de deseo.
— Tom… entra ya, por favor. Te necesito. — pide casi a gritos y yo no le obedecí, al contrario. Seguí metiendo mis dedos con más rapidez para desesperarlo. — Tom, ¡mhmm! joder, solo házmelo… una y otra y otra vez, por favor. — sonreí mientras dirigí mi entrepierna hasta su entrada. Muevo la punta en círculos logrando estremecerme y luego voy metiendo en su interior con lentitud. — Ah… si. — respiraba agitado.
Empiezo a mover mis caderas de la misma forma en la que lo metí para acostumbrarlo nuevamente a mi tamaño. Los ojitos de Bill estaban lagrimeando por el placer y de su boca salían gemiditos de dolor mezclado con excitación. Estaba caliente. Con la cachondería notoria en el rostro por no perder el control y hacerlo rápido, duro.
— Tom… más… — suplica clavando sus largas uñas pintadas de negro en mi espalda y yo accedí aumentando a un ritmo considerable. Los gemidos de Bill aumentan pero no lo veía tan satisfecho. — … más. — da un azote de lleno en mi trasero.
Yo obedecí a su petición tan rápido como me lo permitió mis caderas y piernas. Me muevo de adelante hacia atrás creando ese sonido encantador que desprende su piel con la mía cuando chocamos de esta forma.
Qué bien me sentía al coger a diferencia de las veces que se la metía a Gianella en un sexo forzado, ya mi pene se había acostumbrado a levantarse sin ganas cuando quería intimidad y yo no sé lo podía negar.
Realmente se siente una gran diferencia de cuando lo haces con la persona que de verdad te calienta a diferencia de la obligación. Se notaba un grande cambio en la sensación que recorre mi cuerpo de adrenalina y mierda.
Es que… joder, Bill es tan sexy e irresistible. Mucho más cuando es mayor que yo y la idea me vuelve loco. Tenga la edad que tenga me encanta saber la dominación que tengo sobre él y lo masoquista que puede llegar a ser en muchos de los casos.
— Uff… — me inclino hacia adelante para atrapar sus labios en un beso, tragando los ruidos de Bill con mi boca.
Después de unos segundos cambiamos de posición e hizo que me siente en la cama para el subirse sobre mí. Le beso el pecho lleno de sudor mientras le ayudo a qué se siente sobre mi polla y así lo monte, con ganas. Se apoya en mis hombros y hace el trabajo sucio mientras sostengo sus caderas para ayudarle a dar los brincos. Mi boca está entreabierta, el ceño fruncido. Se me escapan ruido al igual que Bill. Ambos llenando su habitación de los sonidos producidos.
Mi polla entrando y saliendo de su trasero caliente, dios. No estábamos usando preservativo ¿y para qué? si oficialmente es mío, su cuerpo me pertenece y viceversa. La frente de Bill estaba llena de sudor, su cabello pegado a la misma creando una visión tan salida de él que se guarda automáticamente en lo más recóndito de mi cerebro.
Y me fascina.
— Me voy a correr. — susurré bajando las manos para apretar su culo y darle un azote a manos llenas, robándole un gemido tan alto, fuerte junto con una risa ida y así se dejaba él venir primero en mi pecho. Pringando de aquel líquido blanquecino mi abdomen y parte de mi pectoral izquierdo. Su cuerpo está lleno de espasmo que le hacen reír como un desquiciado y aprieta el trasero sin darse cuenta.
— Tom…
— Oh, joder. — jadeo llenando lo más que puedo de semen su recto, debilitandome. Bill se mueve un poco más para terminar de ordeñar mi pene con su culo y ambos caemos hacia atrás, con él sobre mí. Ambos con la respiración tan agitada, la mente nublada y así nos besamos.
Ahora venían la hora de caer en la realidad, tenía miedo que dijera algo que me lastime y que todo esto fue solo para acostarse conmigo como una venganza hacia Gianella pero me sorprendía con sus palabras.
— Estoy seguro que a Maddnees le va a encantar la idea de volver a verte y saber que oficialmente somos novios, porque lo somos, ¿verdad? — Bill iba gateando hasta meterse entre las sábanas mientras yo me levanté para cerrar las cortinas ya que la luz entraba a más no poder y el sueño me invadió.
— Lo somos. — respondí metiendo mi cuerpo debajo las cobijas, apegando la cabeza sobre su pecho y con los ojos cerrados, escuchando el latir de su pecho. — Solo dame tiempo tiempo. — murmuré para luego bostezar con sueño. —… para… terminar con Gianella.
Bill rió.
— No te preocupes por eso que yo entiendo.
— Gracias…— susurré y luego siento los labios de Bill posarse sobre mi cabeza, dándome un cálido beso y así en esa posición me quedaba dormido realmente. Con la seguridad en mí.
Por fin estaba en ese lugar que tanto deseaba.
&
Abrí los ojos lentamente. La habitación estaba a oscuras y me levanté de golpe sentándome en la cama. Tanteo el lugar dónde se supone que debe estar Bill a mí lado y no estaba. Entonces sentí la desesperación apoderarse de mi ser.
¿Acaso todo lo que pasó fue un sueño? ¿todo lo que pasó con Bill fue producto de mi imaginación a causa de la resaca? rápido me levanté para buscar el interruptor deseando no estar en mi cama y que todo haya sido real pero ahí estaba. Al encender la luz la cama estaba destendida. Efectivamente estaba en la habitación de Bill y yo estaba desnudo. Suspiré profundamente para luego morder mi labio inferior, guardando una sonrisa de estúpido.
Empiezo a caminar hasta donde estaba mi ropa caída en el suelo para ponerme los boxers y luego los pantalones sin camisa. El albornoz de Bill no estaba y supuse que estaría abajo así que sin más preámbulo salgo de la habitación, rumbo a la planta baja, descalzo. El jean se arrastra por la cerámica ¿pero qué más da? el suelo Bill siempre lo mantenía impecable y no es cosa que me importe.
Bajo las escaleras y ahí escucho como Bill estaba en el interior del baño vomitando. Con preocupación entré y pude sujetar su cabello para que no le moleste y lo haga sin problema.
Al momento de terminar jalé la cadena luego de talar el inodoro y hacer que se vaya mientras Bill lloriquea y jadea exhausto.
— Enjuaga tu boca. — digo ayudando a ponerle de pie y este se mira tembloroso en el espejo. Sus ojos estaban llorosos y su nariz rojita. Bill me obedeció al meter agua y luego escupir para limpiar así tres veces. Después se lavó la cara. Voltea hacia mi para verme y llora con resentimiento. — Todo está bien…
— Me veo horrible. — solloza cerrando los ojos. Yo reí enternecido con su voz de niño pequeño llorón. Puse ambas manos en sus mejillas para plantar un beso en la punta de la nariz, luego en los labios.
— No, no te ves horrible. Eres hermoso, ¿lo sabes? — Bill abrió los ojos y me miró con una mezcla de tristeza y gratitud. Su rostro estaba pálido y sus ojos estaban hinchados, pero para mí, era el hombre más hermoso del mundo.
— Gracias. — susurró, temblando.
Lo abracé con fuerza, sintiendo su calor y su cercanía.
— Te adoro. — digo con sinceridad.
Bill rió débilmente. Después del abrazo salimos del baño con las manos entrelazadas rumbo a la cocina.
— Te he preparado la cena.
— Oh, joder. Huele bien… pero… ¿por qué no me levantaste para ayudarte, eh? — mi novio se encogía de hombros, sonrojado.
— No quería molestarte. Además, pensé que necesitabas descansar después de… lo que pasó.
Me reí y lo miré con cariño.
— Eres un cielo, Bill. Pero la próxima vez, no te preocupes por molestar, ¿de acuerdo? — Bill asintió con la cabeza y me sonrió de nuevo. Luego, se dirigió hacia la estufa para servir la cena.
— ¿Qué hay de comer? — pregunté, sentándome en la mesa.
— Pasta con salsa de tomate revuelto en carne molida. — dice mientras solo sirve un plato con una mueca de disgusto. Lo trae hacia mi y lo pone en frente de mí haciendo rugir mis tripas. Él aún tiene esa mueca de asco en su cara. Me reí y lo incliné hacia adelante para besar en su mejilla.
— ¿Y para tí?
— No, eso me hizo vomitar. — comenta alejándose lo suficiente para salir por las puertas francesas hasta afuera y respirar aire puro. — No soporto el olor de la comida que yo mismo hago.
— ¿Quieres que te prepare algo yo?
— Uhm… algo con sardina. — dice relamiendo sus labios. — Mucha, mucha sardina… y Sprite, por favor.
— Ya. — reí divertido ante su antojo y dejé de lado mi comida para que se enfríe mientras yo le iba a preparar algo con sardina ¿pero qué podía hacerle si nunca me ha gustado cosas relacionadas al pescado? mhmm… opté por tomar la sardina vegetal, una pequeña porción de arroz y papas listas para freír de las que compramos aquella vez para las hamburguesas.
Entonces empiezo a preparar en mi máxima dedicación la comida para Bill mientras me miraba de brazos cruzados, atento desde donde estaba.
Hice de calentar agua para el arroz.
Tuve que esperar a que hierva para poner la taza de arroz con sal adecuadamente y dejar que se cocine con un chorro de aceite.
Me tomó como una hora en preparar todo y finalmente estaba su plato de comida. Bill al verlo sonrió abiertamente tomando su comida para sentarse en la mesa junto a mí a comer como un niño pequeño, con entusiasmo y tantas ganas.
— Joder, delicioso. — murmuró con la boca y las mejillas regordetas a causa de la comida. Yo también empiezo a comer mi comida tibia mientras lo veo, divertido por su expresión encantadora al degustar aquel plato. — Uhm, rico.
— Tú comida también lo está, está deliciosa. Me encanta. — doy un beso en su mejilla haciéndole sonrojar.
— Dios, jamás he sido fan de la sardina por el olor pero ahora es lo único que quiero comer.
— Okay, ¿haremos compras mañana con lo que tengo? te quiero consentir, niño bonito. — Bill dejó de comer, quedándose estático y me regresa a ver con sus ojitos llenos de lágrimas.
Un par de lágrimas deslizan por sus mejillas. — ¿Qué sucede?
— Me dijiste niño bonito. — susurró soltando en llanto y yo reí divertido por su reacción rodeando su cuerpo entre mis brazos. Acariciando esa melena negra con suavidad mientras llora en mi pecho desnudo. — Mierda, me dices cosas muy bonitas… agh… — ahora me daba un golpe en la pierna para separarse.
— ¿Qué? — miré a Bill con las cejas arqueadas.
— Así seguramente le dices a la jirafona de Gianella.
— Oh, joder… no… — reí a carcajadas ante su expresión enojada. Su ceño fruncido en demasía y comía muy molesto su comida. Estaba muriéndome por su cambio repentino de actitud y joder. No lo podía evitar.
— ¿Y el chiste?
— Recuerdo que Maddnees se refirió así también a Gianella… por cierto… ¿dónde está Maddnees? — pregunté arqueando una ceja.
Bill se sonrojó.
— ¿Mhmm?
— Ahm… por ahí…
— ¿Dónde?
— Con su tía Abby. — susurró por lo bajo.
— Ah… ¿ves que sí querías estar a solas conmigo y qué eras tú el que no me dejaría ir?
— ¡Tom! — exclamó sonrojado mientras reía a carcajadas otra vez.
Continúa…
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