

Fic TOLL de WifesKaulitz
Capítulo 38
Me arrastré hasta el baño, intentando encontrar algo que me ayudara a sentirme mejor. Me miré en el espejo y me sorprendió mi propio reflejo. Mi cara estaba pálida y ojerosa, mis ojos estaban hinchados y mi cabello estaba cayendo a los lados de mi rostro como un completo desastre.
Me lavé la cara con agua fría, intentando despejarme un poco. Luego enjuagué la boca. Me sentí un poco mejor, pero mi dolor y mi confusión seguían allí.
Salí del baño y me dirigí a la habitación, intentando encontrar mi teléfono pero olvidé que estaba en casa y seguramente Gianella ya había revisado todo lo que tenía ahí, a pesar de no ser nada malo siento que aún piensa que tengo que ver con Bill y en realidad es así, ahora más que nunca.
— ¿Estás despierto? — preguntó Georg asomando la cabeza por la puerta.
Asentí, intentando sonreír.
— Sí, estoy despierto — dije, intentando sonar más animado de lo que me sentía. Georg entró en la habitación y se sentó en la cama.
— ¿Cómo te sientes? — preguntó, mirándome con preocupación.
Me encogí de hombros, intentando no mostrar mi dolor.
— Estoy bien… solo un poco cansado.
Georg me miró con escepticismo, pero no dijo nada más. En su lugar, se levantó de la cama y se dirigió hacia la puerta.
— Vamos a comer, la resaca me da hambre. — dijo — Y fe ayudará a sentirte mucho mejor. — asentí. La noche había sido un desastre, pero un buen desayuno podría ayudarme a sentirme un poco mejor. Me levanté de la cama y seguí a Georg hacia la cocina, intentando dejar mis pensamientos ahí dentro de la habitación. — Uhm, Gianella llamó a preguntarle a mi novia si estabas aquí y le dijo que sí. Probablemente venga a verte y armarte un lío.
— Ay, Georg. — suspiré cansado. — No tengo ganas de pelear. Ojalá te equivoques.
Me senté en la mesa de la cocina, mientras Georg comenzó a preparar algo en la estufa, y el aroma de los huevos y el tocino me hizo sentir rugir las tripas. Mientras tanto mi mente divaga en la idea de que Gianella podría venir a pelear conmigo.
Uhm, estoy seguro que si llega sería la víctima de mi destrabe para sacar todo lo que traigo dentro.
— A que no.
— Ojalá te equivoques — repetí, haciendo que Georg se riera y me pasó un plato con huevos y tocino. Añadió una canasta de pan y la jarra con el agua caliente para preparar un café para ayudar con la resaca.
— No te preocupes, Tom. Estoy aquí para protegerte. — se burló.
Sonreí de la misma forma pero sabía que no podía evitar la confrontación con Gianella para siempre. Algún día, tendría que enfrentarla y explicarle por qué había ido a parar en casa de Georg, con aliento a tragos y con unos ánimos de mierda. Pero por ahora, solo quería disfrutar del desayuno y tratar de olvidar mis problemas.
Comencé a comer, intentando saborear el sabor de los huevos y el tocino. Georg se sentó a mi lado, comiendo en silencio. De vez en cuando, me miraba con preocupación, como si pudiera ver el revoloteo de emociones que se estaba librando en mi interior.
Justo cuando estaba empezando a relajarme un poco, escuchamos el sonido de la puerta principal abriéndose. Georg y yo nos miramos, y supe que Gianella había llegado.
— Ay, no. — susurré, sintiendo un nudo en el estómago. Georg se burló de mí expresión irritada sin decir nada y Gianella apareció en la cocina, con una mirada furiosa en su rostro.
— ¿Dónde estabas anoche? — preguntó, su voz llena de acusación.
Mordí mi labio inferior, sin saber qué decir ni qué hacer. La situación estaba a punto de explotar. — ¡Dime!
— ¿No es obvio? Georg ya te dijo que estuve aquí y aquí estoy, ¿dónde más voy a estar?
Gianella se acercó a mí, su rostro cada vez más enojado.
— No te hagas el tonto conmigo. — dijo, la voz llena de ira se hacía presente porque cada vez más alzaba la voz. — Seguramente estuviste con Bill anoche, ¡él estaba aquí! ¿crees que no lo ví? ¿¡crees que no me si cuenta que te pusiste raro así como así!? ¿¡eh, imbécil!?
— Gianella, por favor… — comencé a decir, pero ella me interrumpió.
— No, no me digas nada — sus ojos empezaron a llenar de lágrimas. — Cada vez te pierdes cuando lo vez, no sabes lo mucho que me enoja.
— Gianella, Bill se fue antes de hecho. Cuando Tom volvió aquí él ya no estaba y en ningún rato cruzaron palabra, ¿puedes creer? — intervino Georg. — Estuvimos aquí solo nosotros y unos amigos de mi padre bebiendo pero Bill jamás, no estuvo con nosotros e incluso se fue antes que ustedes. — su expresión se suavizó y respiró profundo, avergonzada.
— Oh, discúlpame. — agachó la cabeza y yo asentí restándole importancia.
&
Ya en la casa de mis padres por fin tenía mi espacio, Gianella fue a pasar el domingo cuidando a la hija de su hermano y yo estaba en mi cama, encantado con el espacio y acurrucado entre las cobijas luego de darme un baño de agua fría.
El aliento a vodka se me fue y estaba bien físicamente porque emocionalmente no. Tenía la mirada perdida en cualquier parte de la habitación con el nudo formándose en mi garganta nuevamente. He cometido un grave error al dejarme llevar por las inseguridades pero tampoco es que Bill me haya ayudado tanto e igualmente no sé que piensa de mi pero no es nada bueno.
Me sumergí en mis pensamientos una vez más, recordando la noche anterior y la conversación con Bill. Me sentía culpable por haberme dejado llevar por mis inseguridades y por haberle permitido a Bill que me hiciera sentir así. Pero también me sentía perdido, porque no sabía qué había pasado entre nosotros ni qué había significado para él.
Mi mente comenzó a divagar, pensando en todas las posibilidades. ¿Qué habría pasado si no me hubiera ido de su casa? ¿Qué habría pasado si hubiera hablado con él de manera diferente? La incertidumbre me estaba matando.
De repente, escuché el sonido de mi teléfono. Me levanté de la cama y lo busqué, esperando que fuera Gianella llamándome para saber cómo estaba. Pero cuando miré la pantalla, vi que era un mensaje de texto de Bill.
Mi corazón latía con ansiedad mientras abría el mensaje de texto y me senté en la cama, con el teléfono en la mano, y comencé a leer.
| Lo siento por lo que pasó
|anoche. No quería herirte.
|Solo quería ser honesto contigo.
✔✔
Me sentí un poco aliviado al leer el mensaje. Al menos Bill se estaba disculpando por su comportamiento. Pero todavía había muchas preguntas sin respuesta.
¿Qué quieres decir con|
que no querías herirme?|
✔✔
Respondí, decidido a obtener algunas respuestas.
¿Por qué me dijiste que no querías|
que yo fuera parte de la|
vida de nuestro hijo?|
✔✔
Envié el mensaje y esperé a que Bill respondiera. Mi corazón seguía latiendo con ansiedad, pero al menos estaba haciendo algo para obtener algunas respuestas.
Esperé durante lo que pareció ser una eternidad para que Bill respondiera a mi mensaje. Mi mente estaba llena de pensamientos y emociones, y no podía dejar de preguntarme qué había pasado entre nosotros.
Finalmente, mi teléfono sonó, indicando que Bill había respondido a mi mensaje. Me senté en la cama, con el teléfono en la mano, y comencé a leer su respuesta.
|No quería decir que no
|quiero que seas parte de
|la vida de nuestro hijo.
✔✔
|Quiero decir que no quiero
|que te sientas obligado a estar
|en su vida solo porque soy el padre.
|Quiero que tengas la libertad de
|elegir si quieres o no ser
|parte de su vida.
✔✔
Me sentí un poco confundido al leer el mensaje. No estaba seguro pero parte de mí se sentía aliviada de que Bill no hubiera querido decir que no quería que yo fuera parte de la vida de nuestro hijo. Pero otra parte de mí se sentía herida de que él hubiera pensado que yo podría no querer ser parte de la vida de nuestro hijo.
No entiendo.|
✔✔
¿Por qué pensaste que|
no querría ser parte de|
la vida de nuestro hijo?|
✔✔
Envié el mensaje, eufórico.
|Pensé que no querrías ser
| parte de la vida de nuestro hijo
|porque… porque no estás
|listo para ser padre y no quiero
|que te sientas obligado a hacer
|algo que no estás listo para hacer.
✔✔
Uy… quedé herido de un flechazo al leer el mensaje. No estaba seguro de si Bill tenía razón o no, pero sabía que no quería que él pensara que no estaba listo para ser padre.
No es eso.|
✔✔
Estoy listo para ser padre.|
Estoy listo para hacer lo que sea| necesario para nuestro hijo.|
✔✔
De repente, escuché un sonido en la puerta. Me levanté de la cama y fui a abrir. Era mi madre, con una expresión de preocupación en su rostro.
— ¿Estás bien, hijo? — preguntó. — Te he estado llamando y no has respondido.
— Disculpa, ma. No te escuché… estaba ocupado en unos asuntos.
— ¿Y cuáles? — se cruza de brazos arqueando una ceja. — Si es que puedo saber.
Reí divertido.
— Quizás, pero ahora no. Más tarde. — observaba todo el tiempo la bandeja de mensajes esperando por él mensaje del pelinegro pero en vez de eso me llegaba una llamada al móvil que tomé luego de darle la espalda a mi madre para contestar, con el pulso acelerado. — Hola…
— ¿Podemos vernos? me interesa tú último mensaje, Dad Tom.
— Oh, por Dios. — susurré cerrando los ojos. — Me imaginé tu boca diciendo eso. Cómo me encanta y si podemos vernos… ahora mismo si es posible. — mi madre me miraba con el ceño fruncido y el rostro encendido. Le di una mirada inocente y emocionada a la vez. Ella rodea los ojos, cerrando la puerta para irse.
Bill a través de la línea reía.
— En la noche. No quiero que Maddnees se emocione contigo.
— ¿Por qué tan tarde? si me urge verte. — escuché el suspirar de Bill pausado, erizando mi piel.
— Está bien, ven. Probablemente necesites ropa porque quizás Maddnees no te deje ir.
— ¿Maddnees o tú? — murmuré deslizando la lengua por mis labios.
— Maddnees. — repitió en un tono sensual, haciendo que me sienta seducido. — Te esperamos. — dice, antes de colgar la llamada y yo salté a buscar ropa para poner en una maleta. Todo lo que veía a mi paso lo metía y cambiaba la ropa que traía por una diferente. Tiré la maleta por la ventana para luego yo ir corriendo hacia abajo sin dar explicaciones e ir huyendo de la casa como un ratero rumbo a la casa de Bill. A dos cuadras tomé un taxi e iba demasiado emocionado. El sentimiento era inexplicable. Tanto que quería apurar al conductor para que vaya más rápido hacia la dirección dada pero me mordía la lengua para no hacerlo.
Solo me dedico a ver cómo un granjero salido del campo a la ciudad las calles restantes y al llegar me bajo junto con la enorme maleta y veo la casa de Bill sonriente. Tomé el móvil para abrirme la puerta e ingresar. Ahí estaba el Cadillac bien estacionado, reluciente. Continué hasta la segunda puerta para estar al interior de la casa y cierro a mi detrás.
Inhalo el aroma del hogar. Tenía ese toque hogareño que tanto me gustaba y joder. Me recordaba tanto este lugar a mis encuentros más oscuros con Bill. Uh… continuo caminando con la maleta en mano hasta la habitación para entrar a la que era mía y dejar las cosas ahí. Caminé con el pulso incontrolado fijándome que no había nadie en la habitación de Maddnees y sigo hasta la que le pertenece a Bill que está media abierta. Entro curioso al interior y el ruido del agua chapoteando se oye en el baño.
Entré poniendo seguro a la puerta antes de entrar completamente a su habitación y a pasos sigilosos voy hasta el baño. La puerta está abierta de par en par y ahí estaba Bill, dándome la espalda sentado en la bañera llena de pétalos de rosas, vino, unas fresas envueltas en chocolate.
Bonita la decoración del baño.
— Entra. — mandó con esa voz exigente y yo sin perder tiempo me empiezo a desnudar para ingresar al agua, detrás de él con su trasero en medio de mis piernas. Suspiré en cuanto Bill pegó su espalda a mi pecho.
Joder, como me latía el corazón.
Me sentí envuelto en una sensación de calma y relajación mientras me sumergía en el agua tibia de la bañera. Los pétalos de rosas flotaban en la superficie, y el aroma del vino y las fresas envueltas en chocolate llenaba el aire. Bill se recostó mejor contra mí, y su trasero se ajustó perfectamente entre mis piernas.
Sentí un escalofrío recorrer mi espalda mientras Bill se movía ligeramente, frotando su cuerpo contra el mío. Su espalda en mi pecho, y pude sentir el calor de su cuerpo.
— Relájate. — susurró Bill, su voz baja y sensual. Luego, voltea para darme la cara, seguido un beso en los labios y suspiré. — Deja que te mime, amor. Ya lloraste mucho. — me siento envuelto en una sensación de bienestar mientras Bill comenzó a masajear mis hombros y mi cuello. Sus dedos se deslizaban suavemente sobre mi piel, y pude sentir el estrés y la tensión desapareciendo de mi cuerpo. — ¿Te gusta?. — preguntó, su voz llena de sensualidad.
Asentí, cerrando los ojos y dejando que la relajación me envolviera. El agua tibia, el aroma del vino y una de las fresas que fue llevada a mi boca la mastico con ganas, el tacto de Bill sobre mi piel me hicieron sentir como si estuviera en el cielo y me besó. Su boca se apoderó de la mía, y pude sentir la pasión y el deseo que ardían en su interior.
Estaba envuelto en una llamarada de deseo, y supe que no podía detenerme. Quería más. Quería sentir a Bill con todo. Quería que me abrazara, que me besara, que me hiciera sentir vivo.
Me sumergí en el beso, dejando que la pasión y el deseo me consumieran. Le devolví el beso con igual intensidad, y pude sentir que estábamos conectados en un nivel más profundo.
La bañera se convirtió en un mundo propio, donde solo existíamos Bill y yo.
La sensación de unidad y conexión con Bill era abrumadora. Nuestros cuerpos se movían al unísono, nuestros labios se besaban con pasión y deseo. El agua tibia de la bañera nos envolvía, creando un ambiente íntimo y sensual.
Al separarnos tiré de su labio inferior. Abrí los ojos y él me sonreía mientras desliza su mano debajo del agua hasta llegar a mi entrepierna que se encontraba semidura entre mis piernas. La empieza a tocar mientras apega su boca en mi cuello para lamer y succionar. Estiré los brazos a lo largo ancho de la bañera dejándome llevar por la sensación.
Me gustaba esta atención.
— Quiero hablar de nuestro bebé. — murmuro ronco en mi oído. — Y de nosotros.
Continúa…
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