
Fic TOLL de WifesKaulitz
Capítulo 31
By TOM
Llegamos a casa alrededor de las once de la noche. En mis manos traía unas cuantas bolsas repletas de muñecas, juegos de cocina, bebés cicciobello y muñecas Barbie—compradas en un mercado a tres euros cada cosa—y Maddnees estaba feliz. Le prometí regalos si sacaba bien en sus pruebas y en la salida me restregó sus diez en las que rindió en ese rato.
Tiene un cerebro increíble.
A ello le sumo las bolsas de comida que compré para ambos ya que Bill no se encontraba en casa y Maddnees lo va a notar al subir a buscarlo a la planta alta mientras yo me dejo caer al sofá con cansancio.
Si yo estaba exhausto y Maddnees no. Estaba con ganas de jugar y toda la cosa. También estaba inquieto por la salida de Bill con Andreas. Gianella los dejó por los suelos a ambos y sentía ganas de ir a sacarlo de dónde quiera que esté para que vuelva a casa.
— Papá, mi papá Bill no está. — viene hacia mí con el gato en sus manos y un pucherito de tristeza. Tomé asiento adecuadamente en el sofá para recibir a Maddy en mi regazo junto con el gato. — Quería que juegue con nosotros.
— ¿Lo extrañas? — pregunté con curiosidad. Maddnees asiente con la cabeza. — Yo también. — murmuré mientras pensaba que hacer para localizarlo. — ¿Qué tal si vas a comer mientras yo lo contacto?
Maddy se levantó de mi regazo para ir junto con su gato a buscar su comida entre las bolsas. Yo saco mi teléfono para empezar a llamar incontables veces pero todas son rechazadas. Al menos sé que observa el móvil.
Uhm…
— Maddy.
— ¿Mhmm?
— Ven.
— ¿Sí, pa? — dice mientras gatea hacia mí para quedarse a mi lado con un pedazo de pechuga en la boca y yo sonreí.
— ¿Sabes usar ese aparato? — señalé el convencional.
— No.
— Okay, no es difícil. Yo marcaré un número y cuando se escuche la voz al otro lado hablas.
— ¿A quién? — ladea la cabeza curiosa.
— A Bill.
— Está bien. — sonríe limpiando sus manos en la ropa con emoción. Entonces abrí en mis contactos el número telefónico de Bill para marcarle con el código previo para que entre la llamada al móvil. Lo coloqué en mi oído y comienza a timbrar.
— Ven. — Maddy se pone contenta parándose a mi lado mientras le pongo el móvil en el oído y yo también apego el mío para oír.
— ¿¡Bueno!? — se escuchan las palabras arrastradas del pelinegro detrás de la línea junto con la bulla de la música pero a lo lejos. — ¿¡Quién me llama!?
— Papá, soy Maddy.
— Oh, amor… hermosa, preciosa, princesa, amor de mi vida, ¿cómo estás te sucede algo?
— Dile que si. — susurré solo para ella.
— Sí…
— Ow, mi amor. ¿Qué te duele? — le señalé la panza mientras gritaba mi abdomen.
— La pancita.
— Ay, bebé… ¿y dónde está el perro de tu papá que no te prepara algo o te compras una pastilla, eh?
Maddy abrió los ojos en grande al escuchar eso y me mira. — Dile que salí. — susurro en el mismo tono de antes.
— No está, salió.
— Jodido rastafari mugroso, seguramente se fue a… — y se calla unos segundos, luego aclara su garganta antes de hablar. — …amor, lo llamaré para que vaya contigo, ¿de acuerdo? yo ahorita sí que estoy mal, estoy en el trabajo. No puedo salir hasta más tarde, amor. Perdóname.
— Mhmm. — arrugó el ceño. — ¿Otra vez me vas a dejar tirada sola en casa?
Yo miraba en silencio mientras niego con la cabeza, ¿qué fue eso?
— Ay… perdón, Maddnees. Ya voy a llamar a papá para que vaya contigo hasta que yo arregle unos pendientes aquí, ¿okay?
— ¿Y será pronto?
— Más de lo que crees.
— Está bien, te amo.
— Te amo también, preciosa. — le daba fin a la llamada del convencional y segundos después entraba su llamada a mi móvil. Me levanté lejos de Maddy, rumbo al jardín para responder.
— ¿Sí?
— ¿¡Dónde mierda estás!? ¿¡por qué mi hija está sola!? agh, ¡claro! seguramente estás con la fea de Gianella.
— ¿Y qué? ¿te molesta?
— Me da igual. Lo que no entiendo es como esa fea y yo somos tus mismos gustos, ¿o sea? ubícate, mi amor.
— Joder. ¿Y eso qué? ¿en dónde estás tú que no vas por la niña?
— Trabajando. — responde con burla antes de colgar la llamada y suspiré. Enojado. Vuelvo a ingresar a la casa para encontrarme con la imagen de Maddnees dormida, sin acabar la comida, el gato sobre su cuerpo que estaba en el sofá lamiendo su pelaje.
Suspiré tomando su cuerpo entre mis brazos luego de quitar el gato de encima y la llevo a su habitación.
Recuesto su cuerpo en la cama y busco un par de cobijas para taparle. También le quité los zapatos y doy un beso suave en su frente para despedirme. Antes de salir apago la luz y hecho llaves su cuarto y bajo a la sala.
Una idea descabellado se me cruzó por la mente y era suerte o muerte.
Antes de irme me aseguro de dejar cerrando todas las puertas de la casa con seguro para la protección de Maddnees y luego salía de la casa en el auto. En el trayecto busco en internet ‘¿existe una discoteca llamada trabajo en Leipzig?’ y me aparecía una en ese rato. Abro la dirección en Google maps y no pierdo la oportunidad de acelerar rumbo a ese lugar.
He de admitir que estaba bien lejos y casi me pierdo por las calles hasta finalmente llegar. Era un lugar de mala muerte con un título en grande de ‘Work’ y más abajo la frase: “Ven si te gusta trabajar”. En el exterior habían prostitutas paradas esperando clientes. Más allá borrachos peleando, otros durmiendo y dios, ¿qué clase de lugar era este? dudo mucho que alguien importante como Bill pise lugares así de desagradables pero nada perdía con entrar.
En el ingreso presento mi ID al guardia y con gusto le abre la puerta para que entre. Quizás tenía la fachada de afuera de mal vibrosa pero el interior era un lugar gigante con un diseño sofisticado de lugar caro.
Me acerco a una de las muchas barras para preguntar por él siendo el centro de atracción de muchas meseras que te seducen para que consumas y nada más. Al estar en la barra central, el barman me sonrió de lado.
— Buenas noches. — saludó en coquetería. — ¿Gustas algo de tomar?
— Un whisky en las rocas quizás.
— Saliendo un whisky en las rocas. — dice mientras busca sus instrumentos para prepararlo con manos expertas, mientras le pregunto algo más.
— ¿De pronto aquí ha venido Andreas Gühne? — trato de no mencionar el nombre de Bill por si no era aquí el lugar donde estaban y no crear mala fama del pelinegro. A Andreas no pasaba nada. Probablemente no lo conocen ni en su casa.
— ¿Estás interesado en él o algo? — se burló.
— Quizás. ¿Le conoces?
— ¿Quién no conoce a Andreas Gühne aquí y a su amigo? ese que es modelo de revistas de alcurnia. — coloca la bebida en frente de mí sin perder esa expresión de burla y coquetería. — ¿Tienes alguna relación con ellos? ¿eres de sus muchos novios de una noche?
— Trabajo para su amigo. — respondí luego de beber.
— Ya entiendo… Bill Kaulitz y Andreas Gühne son nuestros clientes más antiguos. Es una sorpresa que estén aquí de nuevo.
— Entonces si están. — digo más para mí que para él.
— Por favor, si te acercas no cometas la estupidez de tomarles fotos para difamarlos sino quieres que te metan a prisión. Ambos son como los favoritos de los dueños del bar y bueno… no quiero perder mi trabajo.
— Descuida. — volteo a ver el lugar tratando de encontrarlos. — ¿desde cuándo los conoces?
— Pff, desde que trabajo aquí, uhm… ¿diez años? admito que ahora ambos se ven más atractivos, a Bill le va el cabello así como lo tiene ahora y no lleno de laca. — reí divertido ante su comentario.
— ¿Eres uno de sus novios de una noche de la antigüedad?
— De Andreas. — suspiró jugando con sus dedos. — Fue mi novio y terminamos porque me causaba celos la amistad tan extraña con Bill, que por cierto. Allá están. — señaló aquella barra de pole dance. Ambos están subidos en ella bailando con solo unos boxers mientras se acarician. Los dos extremadamente borrachos. Dejé las barras para acercarme hasta donde estaban, a primera fila. Bill se deslizaba como un experto. Luego vuelve a subir para darse un beso erótico a Andreas, alterando mi control.
No sé si eran celos lo que estaba sintiendo o excitación pero me senté sobre él sofá con la entrepierna dura. Posé ambos brazos a lo largo de la cabecera del sofá mientras lo veo. Todavía no se da cuenta que estoy aquí. A mí alrededor el ambiente está lleno de personas teniendo relaciones sexuales abiertamente sin importar qué.
— Te olvidaste de tu bebida. — llega el barman sentándose a mi lado, entregando el vaso en mis manos con un roce delicado. — ¿Cuál es tu nombre?
— Tom. — susurré en su oído mientras él sonríe con ganas en cuanto me alejo.
— Soy Gianluca.
— Es un lindo nombre.
— Gracias. — agachó la cabeza sonrojado quizás. — Te me haces conocido, ¿sabes?
— ¿A quién? — pregunté con burla.
— Te pareces al hijo de Charlotte y Jörg Wieger. Su hijo se llama Nick y tipo, desapareció mágicamente del mapa. No se ha vuelto a saber nada de él ni de sus papás… ¿qué edad tienes?
— A veces suele suceder que hay personas que se parecen en el mundo y tengo diecinueve. — reí terminando mi bebida y dejando sobre la butaca de al lado.
— Bueno, es cierto. Nick Wieger tendría actualmente veinticinco años y además siempre vestía elegante y jamás se le vió vestido mal. — mordió su labio inferior cuando lo veo, ofendido. — No digo que te quede mal esa ropa, al contrario…
— No hables más.
— ¡Lo siento!
— Ya…
— Okay, ahm… te lo digo porque tu parecido es grande y también porque me interesa el tema político de los Estados Unidos… Nick era mi crush. Era el hijo del ex presidente del país y ya pues. — en mis labios aparece una sonrisa ladina mientras niego con la cabeza volviendo mi vista a Bill, quién estaba inmóvil en la barra, sus ojos fijos en los míos y Andreas observaba a Gianluca de brazos cruzados, con una ceja arqueada.
Nos estaban fulminando con la mirada y al darse cuenta se hicieron los locos, continuando con un baile sin la misma emoción de antes por estar mirando de a ratos.
Gianluca suspiró tocando mi pierna y se acerca a mi oído.
— ¿Soy yo o Bill Kaulitz no te despega la mirada de encima?
— Sí, uhm… creo que también soy uno de sus novios con el que pasó el rato a diferencia que a mí me va a ver todos los malditos días y no le será fácil superarme.
— Ay no, hermoso. Ya te hacía siendo algo con Andreas e iba a darle celos contigo.
— ¿Ah, sí? — digo, poniendo mi mano en su nuca para acercarle lo suficiente a mi rostro. Gianluca sonrió mirándome fijamente.
— Oh, joder. ¿Vas a besarme? porque si es así estaría encantado de besarme con el doble de Nick Wieger. — reí divertido acercándome a Gianluca para tratar de unir mis labios con los suyos y lo hubiera conseguido si no fuera porque alguien me tiró a mi algo frío encima. Gian se separó de mí para ponerse de pie mientras yo me quedé con los ojos cerrados, mordiendo mi labio inferior. Muy enojado. — Oh, por dios… Bill…
Y ‘plaf’ sonó.
— ¡Ah! — se quejó en cuanto fue abofeteado por el pelinegro tan fuerte que cae al sofá y me reaccioné de golpe para detener a Bill, para que no hiciera más.
— ¡Suéltame! ¡imbécil! ¿¡cómo te atreves, hijo de puta!? ¡eres un imbécil!
— ¡También tú! — se lanza Andreas a Gianluca.
— ¿¡Qué pasa pues!? — le grité a Bill tirándole al sofá y atrapando sus muñecas con ambas manos. Bill me miraba con los ojos llenos de lágrimas, por la rabia y caían de a montón perdiéndose en su cabello.
— Eres un hijo de puta. — murmuraba. — ¿¡Cuánto vas me vas a hacer sufrir!? ¿¡en cuantos más te vas a fijar sabiendo que me muero por ti!? ¡dímelo! ¿¡cuánto más va a durar la puta broma de fingir que te gusta Gianella para hacerme enojar!? ¡solo estás consiguiendo que quiera volver a mi vida por no sentirme lo suficiente para ti! ¡al menos en esta vida si puedo llenar ese vacío al sentirme no pertenecido por ti! ¡vienes aquí a llenarme de celos y me jode la vida, Tom! ¡te odio! ¡te odio por acabar con mi estabilidad! ¡te odio por tenerme tras de ti babeando y que no te importe en lo mínimo! ¡te odio porque en verdad estoy hasta los huesos de ti!
Yo solté a Bill para sentarme a su lado con la mirada perdida. Era tanto que no podía procesar…
— ¿¡Ves!? ¡te vale una mierda!
— ¡No! — grité. — ¡No me vale!
— ¿¡Entonces qué!?
— ¡Estoy tan inseguro de lo que dices sentir por mi por las cosas que haces y por eso no me decido! ¡prefiero jugar de la misma forma en que lo haces tú con tal de no involucrarme porque yo más que un puto gusto estoy enamorado de ti, Bill! ¡Y lo que dicen es cierto! ¡Tú no quieres a nadie más que a ti mismo! ¡eres tan egoísta! ¡te gusta que yo esté ahí para que te cuide a la niña mientras tú vas y haces lo que te da la maldita gana y pues no! ¡lo siento mucho por ti y por Maddnees pero no estoy dispuesto a aguantar tus actitudes! ¡y si acepté estar contigo fue por la niña aún sabiendo que esto nos causaría un gran daño a ambos!
— ¡Pues vete! ¡lárgate de mi vida y de la de mi hija! ¡no vuelvas más! ¡haz lo que te dé la gana después de todo no eres su papá! — sentí mi corazón partirse en mil pedazos y claro que me pongo de pie para irme de ahí. A medida que voy avanzando me tomó por sorpresa jalando mis rastas para que voltee y darme un puñetazo. — ¡Imbécil! — lo oigo gritar mientras caigo sobre la mesa de cristal lastimando mi rostro.
— ¡Bill, no! — chilló Andreas abrazándole por detrás. Alguien a mi lado intenta ayudarme a levantarme pero no le dejo, le doy un manotazo cabreado mientras acomodo mi mandíbula devolviéndola a su lugar y veo a Bill.
— Jodete, ¿oíste? vete a la mierda y quedate en tu mundo de porquería. Prefiero estar con alguien que de verdad me quiere y no con alguien como tú, muñeco de plástico cabeza hueca. — tiro con odio y saco de mi bolsillo las llaves del auto que las tiro a la cara pero Andreas las atrapa en el aire. — Al carajo. — y así soy media vuelta para salir del lugar sin ver atrás, con la música y el llanto desconsolado de Bill de fondo.
Continúa…
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