

Fic TOLL de WifesKaulitz
Capítulo 30
— Gianella… si, yo sé que te dije eso… pero no puedo, por dios… ¿qué me importa lo que diga Simone, maldición? es mi vida… okay, si quieres hazlo. No dejaré a mi hija por un berrinche… ya sé que no lo es pero la amo como una… si… ¡solo soy el niñero! ya… de acuerdo… perfecto, ¡adiós! — escuchaba desde la cocina mientras preparaba el desayuno para los tres. Tom estaba hablando desde el comedor mientras Maddnees estaba sentada estudiando su cuaderno para la prueba de mañana. Rendiría tres seguidas y uff… le sería complicado.
Tom le ayudaba a estudiar. Hallando formas para que la información se quede en su cerebro y bueno. Aún fingida la relación me gustaba esto.
La rivalidad entre Gianella y yo por lo visto aún no se acaba. Me daba un poco de lastima la situación pero insisto. Seguiría a un paso más adelante que ella, quiera o no.
— ¿Te ayudo con eso? — entra diciendo a la cocina mientras alza sus mangas del buso negro y se pone a mi lado. Niego con la cabeza mientras pongo en la estufa una caldera para calentar agua para la aromática.
— Sigue con Maddy.
— Está haciendo bien, le he puesto un par de preguntas matemáticas y luego lo revisaré.
— Genial. — hice una mueca más que una sonrisa. Tom suspiró al ser ignorado por mí ya que voy a la alacena por la caja de aromáticas para la hierba Luisa que les haría tomar hoy. Luego vuelvo a su lado, agarré tres tazas para poner su respectivo sobre en cada uno y tuve que agacharme para tomar del último cajón unos platos pequeños. Al tenerlos gemí por el roce en mis nalgas provocado por Tom.
Me levanté de golpe para darle un codazo en el abdomen mientras se ríe.
— ¿¡Qué te pasa, idiota!? — susurré/grité alterado hasta la punta de los pelos de mi lugar más recóndito del cuerpo. El relamió sus labios antes de tocar mis nalgas descaradamente como una masa de pan. Lo apretujó entre su mano, moviendo circularmente la misma y terminaba con un fuerte azote que me hace apegar ambas palmas de la mano en el mesón, acompañado de un gemido.
— ¿Te duele algo, papi? — cuestiona Maddnees desde su asiento.
— No, amor. Todo está bien…
— Okay, cuidado.
— Sí…
— Parece que te gusta. — susurra en mi oído disimulado, acercándose para rozar mi entrepierna que estaba despertando entre la tela del short con rapidez. Trato de evitarlo pero Tom no me lo permite. Me atrae el pelo para que me quede a su lado. — Lo quiero bajar.
— No es necesario, si voy al baño, orino y ya está.
Tom vuelve a reír burlón.
— No tienes que hacer esto, ¿sí? yo buscaré alguien más que me cumpla, ¿o se te olvida que todo esto es una farsa para hacer feliz a Maddy? — digo en una forma de defensa para mantener la distancia entre nosotros porque tiene su novia y no es que me importe tanto Gianella sino lo que pueda causar dentro de mi. Sin embargo, la forma en la que me está tocando y me mira me hace saber que no será fácil de mantener la distancia.
Tom se rió suavemente y se acercó más a mí, su aliento cálido en mi oído.
— No creo que puedas encontrar a alguien más que te cumpla, Bill. — dijo Tom, su voz baja y seductora. — Al menos, no alguien que te haga sentir lo que yo te hago sentir. — sentí un escalofrío recorrer mi espalda al escuchar las palabras de Tom. Se sintió que estoy atrapado en una red de deseo y confusión, sin saber cómo escapar.
— ¿Qué pasa, papá? — pregunta Maddnees haciendo que giremos a verla al mismo tiempo. Su mirada expresa curiosidad e inocencia al mismo tiempo. Sentí un golpe fuerte de realidad y me alejo de Tom, tratando de recomponerme y mejorar mi respiración.
— Nada, amor. — respondí forzando una sonrisa. — Solo estaba hablando con Tom sobre… sobre el desayuno. — Maddnees asintió y volvió a su estudio, sin sospechar nada.
Yo sabía que no podía mantener la farsa por mucho más tiempo. La atracción que sentía hacia Tom era demasiado fuerte, y no sabía cómo controlarla.
Lo quería mío, para mí. Y a la vez no por mí estabilidad…
&
—Que bueno de tu niña ya apareció, bebé. — dice Andreas sentándose en el sofá del jardín de mi casa luego de darme un beso en ambas mejillas como saludo. — No sabes lo preocupado que estaba, yo también empecé a buscarla entre mis conocidos hasta que me llamaste.
— Estaba con el corazón en la boca, Andy. Me iba a morir sin mi hija.
— Entiendo. — suspiró. — Pero lo importante es que está bien, ¿sí? y tú también lo estás.
— Eso trato…
— ¿Pero?
— Es Tom, Andy. Creamos un teatrito nací para cumplirle el capricho a Maddy y la verdad es que quería pero por como van las cosas no me gusta. Me asusta.
— ¿No era novio de Gianella?
— Esa zorra. — susurré desviando la mirada. — Jum… es tu hermana, ya lo sé pero agh, ¿a quién engaño? si Tom me fascina. — digo mordiendo mi labio inferior y cerrando los ojos con el ceño fruncido. — Y me importa una mierda Gianella pero no quiero lastimar mi corazón.
— Esa historia me suena. — se burló. — Se está empezando a repetir el ciclo.
— Yo lo tuve en mi cama primero.
— Lo sé.
— Quiero quitarle el novio pero a la vez no. Estoy demasiado confundido. Cuando me enojo o pasa algo me impulsa a querer dejarlo todo e irme con Maddnees de la ciudad para estar lejos de él pero hay otras en las que quiero vengarme de Gianella por quitarmelo. Yo me lo quería ligar, traerlo loco hasta las narices pero soy tan idiota que las cosas me salieron mal. ¡Lo odio!
— ¿Y ahora qué sientes?
— Que quiero ir a bailar, retomar mis salidas cada viernes y amanecer con dos si es posible.
Andy rió.
— No seas tonto. Ya no eres un adolescente.
— ¿Y qué? no está demás que salga.
— Suenas a un viejito despechado.
— ¡Ni hablar! — digo dando un golpe en la mesa. El rubio estalla a carcajadas ante mi reacción. — Soy demasiado joven, soy la puta fuente de la juventud. Estoy seguro que todos quieren andar con un hombre como yo.
— Ay… — rodea los ojos. — Lo único que quieres es llenar ese vacío para olvidar a tu rastafari.
— ¿Y dónde está la mentira?
— Mhmm… — relame sus labios mientras me mira. — ¿Y si te doy un impulso para que te decidas de una vez por él?
— Olvídalo, él no me cree nada de lo que digo relacionado a mis sentimientos.
— Esto te va a interesar.
— ¿Qué podría interesarme? si todo ya está. No le intereso para nada más que coger y ya.
Mi amigo vuelve a reír mientras niega con la cabeza: — ¿Sabes algo que yo no sé? — pregunto con duda, arqueando una ceja. Andreas se sonrojó agachando la cabeza. — Oh, si sabes…
— Bill te adoro, eres mi todo. Hemos compartido tantas cosas juntos y me has ayudado en todo. Jamás te has portado mal conmigo, al contrario. Eres mi amistad más sincera, más íntima y debo devolverte todo lo que haces por mí y hasta más.
Y yo reí recordando los momentos de nuestra etapa en la que Andy y yo salíamos todo el tiempo de fiesta, íbamos a viajes, estudios juntos. Compartimos novios. Sí, estuvimos en una relación poliamorosa y en más de una ocasión llegamos a tener sexo los dos pero jamás hubieron malos entendidos.
Solo eran cosas de amigos y necesitaba una salida así.
— Oh, mierda. Tenemos que salir hoy. — propongo contento. — Hoy estaré libre ya que Tom saldrá a comer con Maddnees y luego a no sé dónde más e iremos a tomar un par de tragos, nos ligamos a unos dos chicos, los llevamos a mi depa y no sé. — muerdo mi labio inferior guiñándole un ojo.
Andreas vuelve a sonrojarse pero se veía inquieto.
— ¿Quieres provocarme un divorcio con mi esposa?
— Anda, ese papel heterosexual no te va. No la quieres tampoco, estás con ella por la niña.
— Sí, ya lo sé p-pero… no es eso a lo que voy. — fruncí el ceño, ladeando la cabeza hacia la izquierda. Él se acercó a mi lado, tomó ambas manos entre las suyas y planta un beso amistoso entre mis labios. — Bill.
— ¿Qué pasa, Andreas? ¿te volviste un amargado?
— Quizás.
— Mhmm, ¿por qué me miras así? ¿te gusto?
— ¡No! — ríe escandalizado. — Joder, no. ¿Qué?
— ¿Entonces?
— Es que me enteré por unas amistades cercanas a Gianella que ella fue la que siguió a Tom hace unos días a tu departamento. Ella llamó a Alex a decirle la ubicación y él los topó juntos. Todo el show que ambos están haciendo es mentira, solo lo hacen para molestarte.
Sentí rabia, decepción, celos, traición, todo…
— Pero si se han cogido, nadie lo niega. Por lo tanto no sé que vas a hacer luego de saber esto.
— No lo sé… — suspiré mirando hacia el estacionamiento de la casa. No me había dado cuenta de que el auto ya llegó. — De lo que sí estoy seguro es que Gianella no me va a ganar, ahora sí ya es seguro. Ya va a ver lo que es bueno.
Andreas rió.
— Que nos odie de una vez, a la mierda todo y por supuesto que te acepto la salida hoy, ¿va?
Sonreí victorioso abrazando a mi rubia amiga.
Después de aquella charla reveladora no se quedó más tiempo y tuvo que retirarse a su casa mientras yo me encontraba en el interior de la biblioteca revisando los pendientes que trajo Emma para mí firma. Coloqué un poco de bebida en la copa para tener la garganta lista para esta noche porque después de tanto tiempo no salir seguramente me iba a pegar recio las bebidas.
Andreas preparaba unas mezclas exóticas cuando estaba mal y yo las tomaba sin importar que al siguiente día amanezca con indigestión y me tenga que poner suero para calmar.
Uf…
Esta noche me iba a desatar.
— ¿Interrumpo algo? — observo a Tom subir las escaleras hasta acercarse a mí escritorio para posarse en frente de mí. Traté de tomar la copa de vino pero él la tomaba primero, acabándose de un bocado. Cómo si fuera agua.
— No, ¿le pasa algo a Maddy?
— ¿A ti qué te pasa?
— ¿De qué? — digo mientras sigo leyendo los reportes de los trabajos que hacía Alex, tenía que hacer un traspaso de cargo para que David se hiciera responsable de ello.
— Te ví.
— Ajá.
— ¡Hazme caso! — dice tumbando los papeles que tenía en el escritorio al suelo. Tiré el lápiz sobre la madera para ponerme de pie, amenazante y tomarlo por el cuello de la camisa haciendo que retroceda un par de pasos hacia atrás hasta chocar su espalda abruptamente en la pared con cuadros colgando. Tom me miró. Traga saliva. Se notaba su sorpresa ante mi arrebato.
— Vas a recoger esa mierda ahora. Son papeles importantes y no pueden estar arrugados, ¿oíste? — afirma mientras en sus labios se ensancha una sonrisa de malicia. — Hazlo… — solté su cuello e iba a voltear si no fuera por el agarre en mi cuello y ahora el que fue estampado en la pared fui yo. Mi pecho quedó sobre la pared y mi rostro ladeo sintiendo el frío en mi mejilla.
Tom se apegó tanto a mí para susurrarme al oído.
— Te ví dejarte dar un beso del hermano de Gianella. — decía enojado. — ¿Ahora le vas a arruinar su relación?
— ¿A ti que te importa? — murmuré tratando de quitarmelo de encima. — Es mi problema.
— ¿Acaso ya no te importo?
— ¿Por qué no le vas a hacer un problema a tu amada noviecita y a mi me dejas en paz? — Tom apegó su nariz a mi cabello para aspirar su aroma mientras sus manos descienden a lo largo de mis brazos para entrelazar estos y colocarlos en la pared. Segundo su pene dormido siento en mi trasero y hace un ‘uhm’.
Alterando mis sentidos. Me sentí atrapado entre la pared y el cuerpo de Tom, que me estaba mirando con una mezcla de celos y posesividad. — ¡Suéltame!
— ¿A mí qué me importa mi novia, mi abuela o el gato? — preguntó Tom, su voz baja y sería. Sentí un escalofrío recorrer mi espalda al escuchar esas palabras.
— ¡Déjame! — vuelvo a gritar intentando quitarme de su agarre. — Aquí, los dos solos no tenemos que fingir cuando sabemos por qué estamos juntos.
— Estoy celoso. — susurró metiendo sus manos debajo de mis pantalones. Toma la base de mi pene para torturarme. Haciendo mi cuerpo temblar.
Estoy atrapado entre sus brazos y vulnerable, con Tom tan cerca de mí y sus manos explorando mi cuerpo. La forma en que me tocaba era como si estuviera reclamándome, como si estuviera diciendo que yo era suyo.
Entonces, Tom comenzó a mover sus manos, a acariciarme y a estimularme. Puso mi cuerpo a temblar y sentí mi respiración acelerarse. No podía negar lo bien que se sentía ser tocado por Tom.
— ¿Qué estás haciendo? — pregunté, mi voz apenas audible.
Tom no respondió. En su lugar, siguió moviendo su mano en mi polla , con la otra siguió explorando mi cuerpo y mi cuerpo arde.
Mi mente empieza a nublarse.
Sabía qué iba a pasar a continuación, sabía qué iba a suceder entre nosotros. También sabía que no podía detenerlo, sabía que no podía evitar la tentación de caer a los brazos de Tom.
Lo deseaba en ese instante. Quiero que me tome a la fuerza en ese rato, aquí contra la pared. En la piscina, en la cama, por todas partes en distintas poses que pueda soportar pero hasta ahora nuestro cómplice a sido la biblioteca, la sala, piscina y mi habitación.
— Mhmmouj… — gimo ante la brusquedad que tiró de mi pantalón hacia abajo. El botón salió volando a cualquier parte de la biblioteca y deja mis pantalones en las rodillas.
Ahora amasa mi culo una vez más como ayer, mordiendo mi hombro con suavidad mientras yo levanto mi buzo hasta la altura de las axilas.
— Bill, esas mallas que usaste el otro día me tienen pensándote demasiado.
— Ay… y las compré especialmente para seducirte porque igual me sentí celoso… ¿por qué habiendo tantas mujeres en el mundo específicamente con Gianella?
«Aunque ya sabía la verdad quería saber que era lo que me iba a decir.»
— Ya te dije que también me gusta. Me gustan los dos. — susurra en mi oído, tanteando mi trasero con la yema de sus dedos. Para ser exactos en mi entrada ejerciendo presión para meterlos sin saliva. Sin nada. Seco y delicado.
— Que te den, Tom. — susurré mordiendo mi labio inferior. — Hijo de perra, ¿cómo te vamos a gustar los dos?
— ¿No se puede?
— ¡No! — chillé molesto. — Al menos esa perra y yo no podemos ser tus gustos. Yo soy mejor, siempre lo he sido.
“—¿Papá?—” pregunta la voz inocente de Maddy. Ambos nos separamos nerviosos para asomarnos por el barandal.
— Dime, muñeca.
— Ya estoy lista, ¿en qué momento nos vamos?
— Ahora mismo. — suspiró derrotado. — Solo me lavaré las manos.
— Está bien, estaré en la sala con él señor bigotes dándole su comida. Te espero ahí.
— Bueno.
— ¡Adiós, papá Bill!
— Adiós, amor. — le tiré un beso volado antes de que saliera por esa puerta. Iba a irme de vuelta a mi escritorio pero Tom evita poniéndose a mi detrás, volviendo a bajar aquellos pantalones molestos. Los dos teníamos la polla dura y empuja mi espalda hacia adelante para que mi trasero quede a su disposición. De soslayo veo como ensaliva la punta de su miembro y luego a lo largo para llevar a mi entrada. Lo mete de lleno robando un gemido grave de mi garganta y me tapa la boca.
Tom se mueve de adelante hacia atrás penetrando mi trasero con tanta fuerza que pone a gotear mi pene de líquido seminal. La habitación estaba llena de suspiros pesados más los golpes secos que producen la piel se ambos. Su ingle arremetiendo contra mis glúteos delicioso.
Se acerca demasiado. El pecho de Tom sobre mí espalda. Ladeo la cabeza con la lengua afuera y Tom la chupa con ansioso sin dejar de moverse. No deja de joder mi trasero tan cachondo.
Una mano se posa alrededor de mi cuello mientras la otra se adhiere a mi cintura. En cambio yo aún dejando que me chupe la lengua subo la mano para atraerlo más de las rastas. Era fácil porque no traía gorra de visera, tan solo un gorro de lana blanco con borde rojo y su largo cabello cayendo en una coleta descuidada.
Él estaba ardiente así.
Bajo la mano libre hasta mi entrepierna donde empiezo a mover de arriba abajo. Con la lujuria viva recorriendo mis venas.
— Voy a… ough… venirme, mhmm… — le hago saber en medio de gemidos ya que el espasmo empieza a venir desde la planta de mis pies.
— Hazlo. — responde antes de atrapar mi oído con sus dientes. Solté su cabeza para apoyar la mano en el barandal. Mi pecho sube y baja con violencia. La mano se mueve por su sola en mi pene. Lleno de placer. Cada que llego a la base me encargo de manosear mis huevos con la boca demasiado abierta.
— Tom… — dije, en voz alta que sonó como un eco a lo grande de la habitación. — Agh… ¡muhm! — explotaba ruidoso manchando la madera del barandal con la cabeza fuera de su lugar. Los pensamientos fuera de sí. Abrumado. El rastafari me obligó a arrodillarme para ver cómo se masturba y luego lo hecha en mi rostro, exhausto.
Casi gritaba al venirse.
Rápido se acomodó la ropa y me ayudó a levantarme. Lo abracé con debilidad. Al apegar mi cabeza en su hombro manchaba su camisa de su esperma y este ríe divertido por la situación. Acomodando mi ropa como su fuera un niño pequeño.
— Ve con Maddy. — murmuré con sueño. — Yo trataré de continuar eso y… uhm… — bostezo en grande. — En la noche voy a salir con Andreas.
— Okay, como quieras.
Tom al escuchar eso se iba molesto.
Continúa…
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