
Fic TOLL de WifesKaulitz
Capítulo 3
Ayer al ver la casa de Bill había sido un verdadero ensueño y había quedado loco con las cosas que tenía.
No paraba de imaginarme como sería mi vida una vez que esté trabajando de la profesión elegida y ya tenga mi dinero a base de esfuerzos.
Esos pensamientos eran la motivación de cada mañana al despertar para comenzar con un nuevo día.
Ya eran las cinco y media de la mañana así que tuve que darme un baño rápido. Me coloqué ropa limpia y decente. Salí a tomar el primer microbus que me dejaría unas cuadras cerca de la casa de Bill y estaría listo oficialmente para mí primer día que sería llevar a Maddy a la escuela.
Lo mucho que tardaba en llegar el camión hasta mi destino eran cuarenta minutos y dependiendo del tráfico; una hora, pero como salí temprano llegó más rápido de lo pensado. Así que bajo a pasos apresurados para ir a la casa, si no la niña podría llegar tarde y no quería.
Una vez que estoy frente a la puerta me arreglo un poco. Huelo mi ropa y a mi mismo asegurándome de no tener mal olor o sudor corporal en plena mañana. Lo bueno que no era así.
— ¡Tom! — sale gritando Maddy por la puerta, mientras corre hacia mí. Bill solo se quedaba distante tecleando la clave en su móvil para abrirla. La pelinegra da un salto para que la cargue en mis brazos.
— Hola, ¿cómo estás?
— Bien. — sonreía. — Ya estoy lista para ir a la escuela. Papá dice que irá a dejarme y tú nos vas a acompañar. — yo miré a Bill por encima de Maddy y este hizo un ademán con la mano. Yo sé lo devolví de la misma forma antes de que se metiera a la casa.
— ¿Te emociona mucho ir a la escuela? — ella asentía mientras jugaba con mi cabello. Yo arqueo ambas cejas. A su edad le daba batalla a mi madre para todo y siempre terminaba golpeado.
— ¿A tí?
— No mucho. — hice una mueca, haciéndole reír. Segundos después aparecía Bill en el auto de mis sueños. El portón se abría automáticamente para salir y luego se cierra de la misma forma.
— ¿Te gusta mucho ese auto, Tom?
— Sí… — sonreí.
— Creo que papá se dió cuenta. — relamía sus labios. En cuanto Bill se estacionó frente a nosotros hice que Maddy se suba en los asientos traseros con el debido cinturón. Después yo cierro la puerta de la casa y sin poder creerlo me subo al asiento del copiloto. No podía creer lo hermoso que era por dentro. Sin duda mi favorito. El olor del perfume de Bill inundó el auto por lo que había quedado encantado y no me molesté en bajar la ventana.
— Hoy parece que hará un buen sol. — comentó Bill, regresando a verme con una sonrisa. Yo asiento con lentitud. En silencio. Me daba pena decir alguna otra palabra y así había sido hasta llegar a nuestro destino.
Bill y yo nos bajamos junto a Maddy. Ambos la tomamos de la mano para hacerla cruzar la calle y meterla a la institución, exactamente a su aula.
Al llegar abandonaba nuestras manos para salir corriendo hacia un grupo de niñas que la saludaron a penas la vieron. Haciendo sonreír a Bill mientras se abrazaba así mismo.
— Niños, despidan a sus papás. — decía la maestra arreando a los niños como pequeñas ovejas. Maddy volvía hacia nosotros y preguntaba:
— ¿Hoy vamos a comer juntos, pa?
Bill suspiró antes de hincarse frente a ella: — No creo poder, amor. Tengo actividades pend…
— Ya. — interrumpía ella mirando al suelo. — Al menos comeré con Tom, ¿verdad? — la niña me miraba con esa expresión triste. Yo normalmente no solía almorzar tanto porque no paraba en mi casa gracias a la universidad y mi estómago estaba acostumbrado pero el de Maddy no.
Sentí tanta pena por ella que no pude evitar decirle: — Sí.
— Gracias. Trabaja lo que quieras, pa. — le daba un abrazo antes de dármelo a mi e irse corriendo. Bill se quedaba en silencio mientras volvía a su postura y acomodaba su cabello.
— Vámonos. — murmuró, bajando sus lentes de sol para cubrir sus ojos. Ambos salimos a pasos lentos de la institución en dirección al auto. Estaba incómodo por la situación entre ellos dos.
— ¿A dónde iremos?
— Te llevaré a mi trabajo y después te irás en el auto a cualquier lugar, que se yo. — decía en un tono despectivo. Rodeo los ojos irritado por la actitud que había tomado.
— ¿Te ha enojado que tú hija se comporte así?
— ¿Qué? No… — soltaba una carcajada fingida. — No, solo…
— Si te enojaste.
— ¡Dios! — dió un golpe en el volante, cabreado. Pisó el freno de golpe y detenía el auto en el semáforo en rojo.
Yo me aseguré bien en el asiento inconscientemente bajo la mirada furiosa del pelinegro. — No siempre voy a ceder a los malditos caprichos de mi hija, ¡tengo mis jodidas responsabilidades! ¿¡qué le cuesta entender!? — el semáforo se ponía nuevamente en verde y seguía, pero yo no estaba de acuerdo.
— Bill, ¿qué carajos? solo es una niña buscando la atención de su papá. Quieres compartir pequeños momentos contigo y tú se lo niegas. Yo creo que en tu trabajo van a entender las necesidades de tu hija, debe ser tu prioridad.
— Soy el dueño de muchas empresas, no tengo tiempo. ¿Acaso crees que yo lo pedí?
— Quizás no, pero la etapa de la niñez se vive una sola vez. — dije poniendo mi mano sobre la suya que se encontraba en la palanca de cambios.
Bill me miró con el rostro encendido. — Cuando crezca estoy seguro de que buscarás estar con tu hija, recuperar ese tiempo y habrá sido tarde. Estará resentida de por vida contigo. Eres lo único que tiene. Le puedes poner varios a cuidarla pero el amor de papá siempre será único.
El auto se detenía frente a la empresa de nombre K’z. Bill pegó su frente en el volante luego de quitarse las gafas para dejar caer un par de lágrimas: — Yo no quería tenerla. — lo mejor que pude hacer fue jalar su brazo para atraerlo hacia mí y abrazarlo.
— Ya…
— Tom. — lloriqueaba aferrándose a mi camisa. — Sé que no tiene la culpa, trato de acercarme a Maddy pero hay algo que no me deja y… — el ruido de la ventana interrumpía lo que iba a decir. Asustado se separa de mi, limpia sus lágrimas o eso trata ya que el maquillaje se le había corrido y le sonríe al hombre que no para de mirarme extrañado y de mala manera. — Debo irme. — me dice en voz baja, recogiendo sus cosas. — ¿Sabes conducir?
— Sí, pero…
— Llévatelo. Maddy sale a las doce, te quiero puntual en su escuela por favor. — termina de decir eso y se baja del auto. Yo no paro de mirar como el hombre que nos había visto casi se devora a Bill con la boca y luego se iban. Reí irónico mientras me bajo del auto para rodearlo y sentarme en la puerta del chofer.
«¿Qué tan inseguro es para hacer eso?» — me burlaba mientras arrancaba el auto en búsqueda de Georg.
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— Buenos días. — saludaba la mucama con una sonrisa dejándome pasar. Georg, quien estaba sentado frente al televisor en cuanto me ve pega un brinco para venir hacia mí, jalarme de la camisa e ir escaleras arriba hasta su habitación.
Al estar ahí cerró la puerta de golpe y empezó a decirme: — ¿¡Cómo te fue con ese bombón!? — chillaba emocionado. — Ay, está bien atractivo. Me muero. No he parado de pensarlo toda la noche. — di un suspiro pesado en lo que jalaba la silla de su escritorio para sentarme pero con el espaldar frente a mí pecho. Las piernas a cada lado de esta. Coloqué mis brazos en la cabecera de la silla y arrimé mi mejilla en mis brazos.
— Yo también. — Georg me miró con sorpresa. Me pongo nervioso y aclaro las intenciones con la que lo dije. — Me refiero a pensar toda la noche en el trabajo y eso lo implica a él.
— Oh, bueno. — sonreía de lado. — ¿Crees que se fijaría en mí?
— No. — reí negando con la cabeza. — Además no vine a hablar de él.
— ¿Por qué no? — frunció el ceño. — Mi papá me dijo que es gay.
— Tiene novio. Lo sé porque cuando fui a dejarlo a su trabajo salió un hombre a recibirlo. Por poco y lo succiona con la boca.
— Pero yo quiero con él, no con su novio. — empecé a reírme mientras negaba con la cabeza, divertido. — ¿O me estás diciendo esto porque ayer tú también babeabas al verle?
— ¡No! — salté alterado poniéndome de pie y con el ceño demasiado fruncido. — Es muy grande para mí.
— A sus ojos tu tienes como veintitrés.
— Porque tú le mentiste.
— Ese no es el punto, ¿en serio tiene novio?
— Sí, Georg. — rodeo los ojos cansado. — ¿Ya te puedo pedir el favor?
— Dime.
— ¿Aún tienes el móvil que usabas antes de cambiarlo? — él asintió dirigiéndose a su armario para buscarlo.
— Si te presto. — al encontrarlo me lo extendía con todos los accesorios que tenía él al usarlo antiguamente. El móvil era un iPhone X que me había dejado usarlo tantas veces.
— Te devolveré en cuanto compre uno.
— No pasa nada, te lo regalo. — ladeo una sonrisa.
— Te invitaré a salir con el primer sueldo, lo aseguro.
— Quieras o no. — decía. En cambio yo ponía a cargar el teléfono y con confianza acostarme en su cama, junto a él a mirar el techo. — ¿Crees que le gustan los lirios? es que ayer en su casa ví muchos de plástico.
— No lo sé, no me fijé en eso.
— Ay. — suspiraba. — ¿Por qué siempre llega alguien a hacerte dudar de tu sexualidad?
— ¡Yo que sé, Georg! — exclamé alborotado, con él rostro rojo. — Yo siempre me he sentido así, confundido. He tenido una novia pero si me han gustado otros hombres como Eminem por ejemplo. — relamía mis labios. — Sus músicas, ropa…
— Eso explica muchas cosas pero ese tipo de gusto no. Además es tu cantante favorito y es normal. Yo hablo de la vida real, así como me estoy sintiendo por Bill.
— No sé… — suspiré. Empecé a mover el pie con desesperación.
— Es tan guapo. Quisiera darle unos cuantos besos en esa boquita rosa, me encanta.
— ¿Qué hora es? — le pregunté con intención de cambiar de tema. El se fija en su reloj antes de responder. — Once. — levanté mi cuerpo pesado de su cama para tomar el celular. — ¿Qué? ¿a dónde vas?
— Tengo que ir por Maddy, me atraso.
— Te acompaño.
— No, ya no hay tiempo. — después de decir eso salgo apresurado de su habitación y después de la casa. Me subí al auto lo más rápido que pude y arrancaba lejos de la casa Listing.
En realidad faltaba una hora para su salida pero no quería que siguiera hablando sobre Bill.
Era muy raro todo este tema ya que Georg tenía novia…
Y claro, Bill también tenía su pareja, así que no. Nada que ver algo entre ellos.
Así que despejo mis pensamientos mientras tomo rumbo a la escuela de Maddy. En cuanto llego estacioné el auto en la sombra y buscaba con la mirada donde comprar un chip para tener un número y ponerme al día.
A ello también le agrego la facilidad de abrirme una cuenta con banca móvil y actualizarme.
No había más.
Al encontrar el lugar me bajé, obviamente aseguré las puertas y voy en dirección al local de celulares que vendían esas cosas.
— Buenos días, ¿en qué le puedo ayudar?
— Un chip, por favor.
— Son tres euros y le puedo dar empadronando. — dijo mientras sacaba de abajo de la vitrina aquel chip. Saqué mi billetera para darle aquel billete de diez euros que me había estado acompañando toda mi vida y le dí, también con la identificación. No sé demoró tanto en hacerlo. — Este es su número. — dice mientras me muestra el único contacto de nombre ‘Yo’. — Tiene un combo ilimitado de siete díaz.
— Gracias. — sonreí al tomar el móvil junto con el cambio y el recibo. Salí del local para esperar recargado en el coche mientras empiezo a registrar los números que me sabía de memoria.
Entre ellos le mandé un mensaje a Georg para que registre el número y ya estaba.
El tiempo iba pasando e iba faltando menos para la salida de Maddy.
En el teléfono buscaba las páginas de los bancos para abrir mi cuenta. Anoté todo lo que me pedía y al correo que registré me llegaba el número de mi cuenta. Sonreí e hice la solicitud para activar mi tarjeta que estaría en proceso mañana por la mañana.
Eso era bueno.
El valor era de veinte euros e hice una mueca. ¿Que más da? le pediría prestado a mamá.
Entonces el timbre suena sacándome de mis actividades y guardé el móvil. Me acerco junto a los demás padres de familia a la puerta. La primera en salir fue Maddnees. Corre hacia mí y abraza mis piernas mientras acaricio su cabello.
— ¿Cómo te fue?
Maddy no me respondió.
— Hola… — se acercaba muy tímida la maestra hacia mí. Yo me preocupé.
— ¿Sucedió algo?
— Por decirle que la niña ha estado con un dolor horrible de cabeza, no sé si la podría llevar al médico. Estábamos llamando al número de su papá pero sale apagado.
— Oh, disculpe. — hice una mueca. — El trabajo lo consume mucho pero aquí estoy yo, uhm… — de mi bolsillo saqué el recibo donde apuntaba el número. — No sé si podría guardar mi número, yo soy su niñero y estaré a cargo de Maddy cuando su papá no puede. Mi nombre es Tom Trümper.
— Gracias. — sonreía la docente también acariciando el cabello de Maddy. — Me será de mucha utilidad. Que pases una buena tarde, Maddy.
La niña se aferraba más a mí.
Después la separé como si fuera un chicle y la cargue hasta llevarla al auto e hice que se acueste en el asiento trasero.
— ¿Duele mucho? — pregunté al subirme. Ella asiente en silencio.
No sabía que hacer en estos instantes por lo que decido llevarla a mi casa para que mi mamá la revise, ella tenía más conocimiento en cosas relacionadas a la medicina y sería de gran utilidad.
Continúa…
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