

Fic TOLL de WifesKaulitz
Capítulo 28
— ¡Alto ahí! ¡policía!
— ¿¡Quién los llamó, Georg!? — pregunto en medio del llanto.
— Fui yo, antes de llegar. Conozco a Tom y no se va a detener si no es por obligación…
Y era cierto, Tom aún así no dejaba de repartir golpes sobre el rostro de Alex hasta que la policía tuvo que usar el gas pimienta en sus ojos, haciendo que pegué un grito feroz y lo levanten a la fuerza con los ojos cerrados. Tapé mi boca sin parar de llorar, de soltar lágrimas por todo lo que estaba pasando. A eso se sumó la ambulancia donde entraban a revisar a un Alex inconsciente. Se los llevaban a ambos.
Yo solo pude refugiarme en los brazos de Georg y llorar como nunca…
— Mierda… joder… — gemía Tom exhausto en el camino. — Con gusto me voy. No me importa la prisión. Ese imbécil irá allá y nos veremos la cara aún así. — y se rió a carcajadas.
Georg suspiré.
— Maddy… — murmuré.
— Voy a buscarla, quédate aquí. — asentí limpiando mis lágrimas con el dorso de la mano mientras corría a la planta alta.
— Tengo entendido que usted es la víctima, acompañemos a que presente su denuncia.
— Sí, pero mi hija…
— Está bien, ella vendrá. — asentí mientras acompaño al oficial afuera hasta las patrullas. Por supuesto que todo el escándalo estaba trascendiendo y los medios de comunicación estaban presentes ahí, fotografiando, grabando, hablando e incluso evitando el pasó con tal de tener información. La policía los ahuyenta hasta que me subo al auto y me llevan rumbo a la comisaría.
En todo el trayecto no paré de llorar, sintiendo como la culpa cae sobre mi y el arrepentimiento era tan grande.
Cuando pude debí hablar para no llegar a más y joder, mi maldito orgullo y mi ignorancia pudieron más…
En cuanto llego fue la misma historia, paparazzis por aquí, por allá, muchos medios de comunicación. Más de los que estaban fuera de mi casa y me avergonzaba la situación. No era como quería ser el centro de atención.
Así no me gustaba.
Me hacen entrar a la típica sala de interrogatorio como en las películas para tomar mi declaración y presentar cargos. Al sentarme le eché toda a Alex e incluso con mentiras como venganza. Mencioné sus amenazas, abusos físicos, verbales y sexuales todo el tiempo que estuve con él. También que le pegaba a Maddnees y su declaración sería importante por supuesto. Dejé a Tom exhorto de cargos y que actuó así en mi defensa porque es el papá de Maddnees… (eso fue lo que dije)
Después de ello me tomaron fotos, muestras y todo lo demás para hacerme salir a la sala de espera. Ahí llegaba Georg agitado y yo me levanté.
— ¿Dónde está Maddy?
— Discúlpame, Bill. Pero no la encontré por ningún lado de la casa. Quizás escapó.
— Dios. — tapé mi boca mientras me dejó caer en la silla sentado, llorando a mares. — Dios, mío. No puede ser. Mi hija…
— Bill. — entra el abogado que era de mi padre, David Jost. Con preocupación.
— David. — lo abrazo fuerte mientras lloro en su pecho. — Joder, mi hija. Necesito que pongas detectives a buscar a Maddy, no importa el precio.
— De acuerdo. ¿Qué sucedió? me llamaron de la oficina que estabas en problemas.
— No, yo estoy bien…
— Que bueno. Igual hay que hundir a ese estúpido y prohibirle la licencia de abogado para que no vuelva a trabajar más en su vida.
Asentí.
— Entonces ve, habla con Tom que es el perjudicado y dile que vas de parte de…
— Mía. — agregó Georg.
— Eso, si… porque quizás no acepte algo de mí.
David asintió yendo a recepción a pedir información y luego lo dejaban pasar entre las celdas.
— Tom se llevó tu computador, uhm… de ahí sacamos pruebas de la agresión de ese tipo en contra tuya y de la niña, Bill. ¿Sabías que le jalaba el pelo, le pellizcaba y probablemente mientras hacía eso le decía de cosas?
— No…
— Se lo entregué a las personas encargadas del caso, estoy seguro que todo gira a favor de ustedes.
— Gracias. — le doy un abrazo.
En eso llega Gianella junto a la mamá y papá de Tom. La primera me brinda miradas asesinas mientras que Simone se acercaba a mi a preguntar con preocupación.
— Bill… ¿cómo está mi hijo? ¿qué hizo?
— Seguramente Alex los descubrió haciendo asquerosidades y…
— Gianella. — interrumpió un Georg irritado. — Tom estaba conmigo e íbamos a casa de Bill a retirar unas cosas y lo vimos golpeándolo, si no sabes no hables.
Suspiré alejándome de ellos.
— Y Tom está bien, ya tiene un abogado excelente y lo va a sacar. No sé preocupen por eso.
— Gracias, hijo. ¿Será que podemos pasar a verlo?
— Preguntemos. — propone Georg y se acercan hasta la recepción mientras yo sigo pensando en Maddnees.
.
By TOM
— He hablado con mi amigo que es el jefe de la comisaría y sabemos que Alex Fisher irá a prisión.
— ¿Y qué hay de mí? — pregunto desde donde estaba sentado, mirando al abogado. — ¿También iré? ¿le voy a ver la cara? ojalá que sí para que romperle la cara se vuelva mi deporte favorito.
Aquel hombre rió.
— De hecho no, se han presentado pruebas y la declaración de Bill sale a tu favor. Lo único que piden es una fianza que seguramente Bill está dispuesto a pagar para que salgas.
— ¿Y por qué pagaría Bill si vienes de parte de Georg?
— Ambos me contrataron.
— Entiendo. — suspiré. — ¿Y qué debo hacer?
— Nada, esperar a que yo haga unos cuantos trámites. Presentar a mi amigo y mañana estará en libertad.
— Gracias…
— A tí y sé paciente. — me levanté para estrechar su mano en agradecimiento y lo veía irse. Segundos después entraba mi mamá, Gianella y mi papá con preocupación.
Los veo con vergüenza. Ellos no saben lo mucho que su hijo adora los pleitos y meterse en problemas cuando pasan estas injusticias.
— Amor. — decía Gianella con tristeza. — ¿Qué hiciste? lo que tenga que ver con Bill ya no era tu problema, ¿en qué quedamos?
— Lo estaba matando, ¿¡qué quieres que haga!? — grito dando un puño en la pared.
— Calma. — decía Gordon. — Entiendo tu reacción, está bien. Cualquiera en tu lugar lo hubiera hecho.
— Gracias por entender… ¿qué hay de ti, mamá?
Ella suspiró.
— ¿Te van a dejar salir?
— Sí, bajo fianza. No te preocupes.
— Okay, lo único que te voy a decir es que no te quiero cerca de ese hombre, Tom. Muchos problemas te está trayendo a tu vida y no es bueno. Te desconozco.
— Agh. — rodeo los ojos.
— Yo estoy de acuerdo, uhm… ya basta. — agrega Gianella. — Por favor…
— ¡Es que no me pueden impedir!
— ¿¡Qué acaso te sigue importando ese hombre después de haber dicho eso!?
— ¡No! ¡pero agh! ¡ya! ¡ya! ya… si tienen razón. Es muy problemático y también me encantan los problemas. Lo lamento.
Ellos me miran en desaprobación.
— ¡Ya! no volveré a acercarme a Bill, lo prometo.
O eso trataría.
&
Estaba acostado en el suelo abrazándome a mi mismo con frío. No sé que hora era y he perdido la cuenta de las horas que llevo aquí encerrado.
No he tenido ninguna noticia al respecto y joder, que desesperación tenía.
Estar tras estos barrotes estaba acabando conmigo. Ya de una vez bien en libertad o en prisión rápido, rápido.
Quería joderle la vida a ese hijo de puta por tratar así a Maddnees, a Bill.
— Bill… — suspiré relamiendo mis labios. Cómo deseaba tenerlo aquí conmigo. Gritándome y diciendo cosas. Solo quería verlo para calmarme.
— Tom… — escucho su voz ahogada y hace que de forma torpe me ponga de pie. Voy casi corriendo hasta llegar a los barrotes. Nos miramos fijamente y luego lo abrazaba con dificultad por las jodidas barreras. Al separarnos limpié sus lágrimas y como puedo le doy un beso en los labios. Bill vuelve a abrazarme con sentimiento. — Perdóname, tenía miedo. Alex me amenazó con unas cosas íntimas y mierda. No quería manchar mi imagen.
— Está bien… ya pasó…
— Y tampoco sé dónde está Maddnees, ya lleva un día desaparecida.
Se me congeló la sangre ante la noticia.
— Por dios. Solo deja que salga de aquí e iré a buscarla, por favor. Dame tiempo.
— ¿¡Qué hace este hombre aquí, Tom!? ¿¡de qué hablamos ayer!? — Bill se alejó de mi sonrojado al ver llegar a mamá junto con él abogado y Gianella. Se abrazó a si mismo y dió la espalda a nosotros.
— Mamá, basta.
— Que se vaya. — agrega Gianella.
Bill me dió una mirada antes de irse del lugar dejándonos a solas.
— ¿Qué parte de que no lo quiero cerca no entiendes?
— Bill vino a decirme que Maddy está perdida. Nada más.
— Mientras te abraza, wow. Debería ir a las calles a buscarla y no aquí en tus brazos.
Fruncí el ceño.
¿Qué le pasa a Gianella?
— ¿Ya hay noticias? — pregunto desviando el tema e irritado por la tormenta en ese pequeño vaso de agua que estaban formando ellas dos aquí.
— Sí. — sonrió de lado. — Ya estás en libertad y bueno, aún estando fuera tienes que venir a firmar durante tres meses para seguir tu comportamiento. No puedes acercarte a Alex ni a tres centímetros de distancia o irías a prisión. Fisher iba a presentar cargos pero lo tomaron por loco y ahora está en un centro de rehabilitación.
— No está loco, está fingiendo.
David se encogió de hombros.
— Como sea, eres libre. Todo está pagado. — se abren espacio para que el guardia encargado de las llaves abriera mi celda y me deje en libertad. Al salir Gianella me abraza con ganas y mi mamá también repartiendo besos sobre mi rostro haciendo que apriete los ojos ante tal muestra de cariño exagerada. — Que pases un buen día, Tom. — con eso último David se iba dejándonos en privacidad a mi madre y a mí junto a mi novia.
— Te voy a recordar una última vez que no te quiero cerca de ese hombre, Tom. — rodeo los ojos mientras nos dedicamos a salir de la prisión. Ahí veo a Bill junto al abogado y me mira hasta que salí.
— Pues te voy a tener que desobedecer una vez más mamá porque voy a tener que acercarme a Bill para buscar a Maddnees.
Ella suspiró, asintiendo con la cabeza.
— Joder, ¿por qué? — pregunta mi novia de brazos cruzados. — Que la busque él, no sé…
— Basta. Ese será mi último acercamiento y luego tú y yo seremos felices…
O eso trataré.
En los ojos de Gianella se presenta un brillo particular antes de tirarse a mis brazos y besarme nuevamente como hace un rato, feliz. Eso fue lo último antes de que tomen un taxi y se vayan ambas. Me aseguro de que el auto esté lejos para entrar con Bill que seguía con David.
— ¿Todavía no saben nada de Maddnees?
Bill negó.
— Estamos poniendo a detectives a buscarla.
— Me uniré a ello, ¿sí? acompáñame. — pido dirigiéndome al pelinegro.
— Nos estaremos comunicando. — David asintió y Bill se venía conmigo rumbo a su casa. No estaba lejos e íbamos caminando en silencio. Él en su mundo y yo observándolo de reojo.
Estaba pálido, demacrado. No había rastro de ese Bill explosivo que conocí. Ese que se cabrea por todo.
Al llegar nos metimos al interior de la casa con intenciones de buscar una pista y la primera era que se llevó la muñeca que le regalé. Del resto nada.
— ¿Qué se supone que hacemos aquí?
— Solo sígueme…
Salimos de la casa para ir caminando nuevamente hacia el exterior. Conmigo llevé una foto de Maddnees e iba preguntando a todo aquel que pasaba por ahí. Bill les daba detalles de la ropa con la que estaba, características de la misma y nada.
Nadie le ha visto.
Es como si la tierra se la hubiera tragado.
Pasamos horas tras horas buscándola sin éxito hasta que Bill se daba por vencido y regresamos a la casa a las doce de la noche. Le serví un té de valeriana para calmar sus nervios mientras le obligo a acostarse en su cama.
— Por favor trata de descansar. — digo acariciando su cabello. — Todo está bien, ¿sí? la voy a encontrar. Lo prometo.
— Gracias por lo que estás haciendo y por querer a mi hija.
— Es mía también. — ladeo una sonrisa antes de plantar un beso en su cabeza y salir de la habitación para sentarme en la sala a cuidar la casa creyendo que Maddnees vendría.
Bebía mucho café para mantenerme despierto y no dormir mientras John Wick pasa en la tele.
La película es entretenida para los amantes de las películas de acción mientras que a mí me gustaban más las de terror.
Eran divertidas y de tanto que veía ya ni había ninguna que me produzca tanto miedo.
Nada me da miedo.
— Oye… — el olor del perfume de Bill inundó mis fosas nasales mientras acaricia mis hombros con delicadeza.
— Juraba que dormías.
— No puedo.
— ¿Pero estás más tranquilo?
— Sí. — suspiró con fuerza, rodeando el sofá para ponerse frente a mí, evitando que vea la tele y me centre en él. Que tenía un diminuto short y albornoz, nada más.
Bueno, si hay algo que me daba miedo y es el descontrol que tengo si Bill está cerca de mi así.
Se inclinó un poco para soltar el humo que tenía en la boca. Me pasa el cigarrillo y lo recibo en mis labios dando una calada y alterando mi pulso increíblemente justo en el momento que sube sobre mi para quedarse sentado en mis piernas, con las suyas a cada lado de las mías.
Lo miré como el hombre mas sexy del
planeta en ese instante.
Me terminé el cigarrillo y lo apago en la taza de café que está a mi lado. Suelto el humo por la nariz. Bill deja caer su albornoz y se restriega en mi polla a movimientos sensuales.
Por supuesto me la pone dura y ansioso. Lo reflejo poniendo sus manos en sus caderas y ejerciendo presión de estas en mi contra, para que me sienta.
Ambos gemimos al mismo tiempo por iniciar una fricción malditamente deliciosa, su culo restregandose en mis pantalones y mi pene en su short.
Deslizo la mano hacia abajo para apretar su culo debajo la tela oscura.
Mientras, se inclina hacia mi para atrapar mi boca en un beso que duró pocos segundos por el gemido que salió de su boca al tener uno de mis dedos en su entrada, palpando suavemente.
— Dad… — musitó acariciando su cuerpo con ambas manos. Echando su cabeza hacia atrás y yo ya estaba duro.
Más tieso que un muerto.
— Házmelo. — pide, casi suplicante. Buscando el botón del jean a tientas para desabrochar y liberar mi pene.
En cambio yo me tomé la atribución de explorar el short, tanteando la mínima costura y tirar de ella como un salvaje.
Luego le obligo a cambiar de postura.
Su espalda sobre el sofá y bajo hasta quedar entre sus piernas. Tomé su erección para masturbar mientras abría un espacio para meter mi lengua entre su trasero y lamer su entrada. Follar con mi lengua aquel orificio. Veo a Bill tocarse los pezones a ojos cerrados mientras gime con delicadeza. Voy ascendiendo más arriba de su culo al perineo—que es el espacio entre sus huevos y el culo—donde muerdo sin fuerza sintiendo su palo endurecerse bajo el toque constante de mi mano.
Adopto una postura cómoda para mí y para él. Bill se masturba mirándome sacar la camisa y bajar más los pantalones.
— En el albornoz está el preservativo. — agacho la cabeza para observar como el paquete brillante sobresale del bolsillo y lo tomo, siendo rápido en colocarme y llevar la punta de mi pene hasta su entrada e ir metiendo, traspasando su hoyo con mi longitud.
Penetrando y siendo estrechado tan delicioso. — Oug… mhmm… extrañaba excitarme de verdad…
Muevo mis caderas de adelante hacia atrás, chocando mi pelvis en su trasero. No soy delicado al principio, claro que me encantaría disfrutar de un buen sexo lento pero estaba igual de excitado que él. Igualmente no me había sentido así de cachondo como cuando follaba con Gianella. Hacerlo con Bill era diferente, más calor, sudaba a montón y esos gemidos tan embriagantes que salen de su boca me encantan.
Me fascina como llena la sala de ellos, creando música para mis oídos. Sus gemidos son los más calientes que he oído en mi vida y mierda, como me pone.
También su carita de inocente cuando quiere algo e insiste hasta conseguir lo que quiere y me tenía.
Me tenía otra vez entre sus piernas. Me envolvía con su calidez y estrechez. Me sentía suyo con cada movimiento. Todos mis valores se ven pisados y las palabras de mamá se van a la basura pero solo pensaba así con la mente nublada y por supuesto, la polla.
— Aghm… si, Tom… uff…
— Ay… — susurraba llevando mi cabeza hacia atrás, con la boca entreabierta y sin darme cuenta gimiendo más grave y ronco que Bill. — Mhmm, Bill… ahj…
— Sí, bebé… — murmura de igual forma. — Gime así, que rico. M- me encanta y dame más rápido.
Cumplí con su orden. Elevo sus piernas para que queden sobre mis hombros y me apoyo en ellas para moverme rápido. Bill se tapa el rostro con el cojín, que traga sus gemidos o mejor dicho gritos provocados por mi pene.
Yo necesitado de oírle. Quité aquel cojín molesto lanzando lejos de nuestra presencia. Bill se apoya en sus hombros para mirarme.
— Que sexy, amor. — susurro deteniendo mis movimientos, abriendo las piernas de Bill para atraerlo por la nuca y besarlo. Ambos colocamos la mano alrededor de su polla para tocarla juntos.
— Ay, Tom.
— Sí, llámame…
— Tom. — repetía haciendo que esas manos juntas se muevan de arriba abajo y como puedo me muevo dentro de su trasero. La vista que tenía me encanta, no puedo negar. Me incita a un orgasmo.
— Sí, así.
— Tom… quítate el condón y métela así. Quiero sentir la carne. No un puto latex. — cachondo accedí a aquella petición. Saqué mi pene de su interior para quitar el preservativo y dejarlo a un lado y así vuelvo a entrar. A pelo. Sin nada que nos cubra y continuamos entregándonos. Follaba a Bill con esa rapidez aún dejar su polla. — ¡Ahjm! — explota sobre mi mano, sobre la suya y aún mueve sobre su polla para sacar toda la esperma.
Yo quería controlarme, ser un adulto responsable pero Bill contrae su culo apretando mi polla en su interior y exploté sin pudor.
Salí pronto de su trasero para tirarme al suelo, exhausto y Bill sobre mi, tapando nuestros cuerpos con la camisa mía.
— Tom.
— Dime…
— No te menti en ningún momento, si me gustas de verdad. — dijo bajo con voz somnolienta y yo no respondí porque me quedé inseguro.
Cualquier cosa que diga me sonará a mentira.
Continúa…
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