Fic TOLL de WifesKaulitz

Capítulo 27

Georg se quedó buscando los archivos de las camaras de seguridad mientras yo iba por Maddnees a la escuela, volveríamos a la rutina de siempre y la estaba esperando fuera. Compré un par de helados en vasitos porque el calor era insoportable. También estaba dispuesto a comprarle un premio si sacó una buena nota en su prueba de hoy

Entonces las puertas se abrían y las niñas corren a brazos de sus padres. Maddnees también hizo lo mismo al verme ahí. Salía contenta.

— ¿Cómo te fue, bonita?

— ¡Bien! — decía con emoción cuando le entregaba el vasito de helado y luego se le bajaban los ánimos al instante. — Bueno, no tanto… — empezamos a caminar en dirección al auto mientras comemos el helado.

— ¿Es por la prueba?

— ¿Cómo sabes que me gusta el helado de vainilla con oreo?

— No lo sabía, de hecho es mi favorito pero no me cambies el tema.

— ¿Es tu favoritooo? — decía.

— Si, y responde lo que te pregunté.

— ¡El mío también papá!

Suspiré riendo mientras niego con la cabeza. Subí a Maddy al asiento trasero para yo subirme después al del chofer.

— Maddy.

— Hoy estás muy guapo, el verde te luce bien. Qué lindo te ves.

— Gracias, pero ¿cómo te fue en la prueba?

— La, la, la, la, laaa… ¡Yumi! ¡qué rico helado!

Reí más.

— Te fue mal y por eso no me respondes, ¿verdad?

— La vainilla y la galleta, forman mi helado favoritoooo y el de mi papaaaá, la, la, la, la… — comienza a cantar mirando su helado.

— No puede ser. — reí más duro mientras me sentaba bien en mi asiento para encender el motor y partir.

— Rico, rico, rico, mi heladito. — mientras canta me meto al centro de la ciudad por la zona repleta de locales comerciales de comida, juguetes, ropa, entre otras cosas. Estacioné rápido el auto en frente para bajarme e ir a comprar una muñeca Bratz de cabello negro como el de Maddy. Pagué una cantidad exagerada por ser la original y volvía al auto para ponerlo a andar. — ¿Qué compraste? — cuestiona en un tono cantadito.

— Una muñeca, pero lastima que no tendrá dueña porque no me quiere contar cómo le fue en la prueba de hoy. ¿Qué haré con ella? — digo sacando la muñeca ante mis ojos para que la vea e hizo un ‘Iiih’.

— Uhm… ¿y yo soy su dueña?

— Si respondes tal vez.

Maddy suspiró con fuerza: — Ya, te voy a decir.

— Dime.

— Pero por favor, no me pongas un castigo…

— Quizás unas tres horas de pie en el rincón de la vergüenza no está demás.

— ¡No, papá!

Reí divertido.

— Es broma, dime.

— Saqué un siete, ¿ya? perdóname por favor, traté de hacerlo bien pero no pude, me olvidé todo… ya sé que es mala nota p-pero me esforzaré en mis pruebas siguientes, lo prometo. — decía triste, agachando la cabeza.
Detuve el auto fuera de la casa y suspiraba cuando bajo del auto para abrirle la puerta y hacer que se baje con sus cosas. — No te enojes, pa.

— No estoy molesto, muñeca. Siete no es una mala nota pero supongo que para tu papá lo es. En la siguiente prueba trata de sacar bien, ¿de acuerdo?

— Si. — sonreía de lado recibiendo la caja de la muñeca que le daba. — Muchas gracias por confíar en mi. — asentía con la cabeza sonriente ingresando a la casa. Dentro se olía el aroma de la comida casera inundando el hogar y Maddnees corría a la cocina. — ¡Papá! — le oía decir. — Mi papá Tom me regaló esta muñeca, ¿verdad que está linda y se parece a mí?

— Si, amor. Ve a tu cuarto a cambiarte y has tu tarea, ¿de acuerdo?

— Si. — luego volvía corriendo escaleras arriba e iría a su habitación si no fuera por Alex que se presentó en las escaleras sin dejarla subir. Maddy venía hacia mí para refugiarse a mi detrás y abrazaba mis piernas.
Bill también salía de la cocina con una bolsa de hielo en su golpe haciendo que me sienta mal otra vez.

— Que bueno que estamos todos juntos. — su miraba déspota estaba reflejada en mí con una sonrisa socarrona. — Bill tiene algo que decir.

— Alex, por favor no… — susurró.

— Anda, dile.

— Oh, dios.

— ¿Qué sucede, pa? — pregunta Maddy con inocencia y pausado.

— Okay, lo haré yo…

— Alex…

— Tom, estás despedido. Estás fuera de esta casa, de la vida de Maddnees, de Bill, de la mía, de todo. Largate. — chaquea los dedos y se acerca a arrebatarme las llaves del auto.

Fruncí el ceño mirando a Bill, que observa la escena y al sentir mi mirada agacha la cabeza.

— Y no te molestes en subir, ahí están tus trapos. — señaló mi maleta de la ropa sobre el sofá. — ¡Vete!

— No, papá. No te vayas, por favor.

— ¡Largate! — alejé a Maddy de mi cuerpo que se pegó como un chicle y me pongo a su altura para abrazarla porque empezó a llorar.

— Papá… — sollozó. — No…

— Princesa, mírame. — pedí sintiendo mi corazón más roto de lo normal. — Está bien, todo estará bien, ¿de acuerdo? no será por mucho. Soporta por mí, por favor.

— ¡Nooo, pa! ¡por favor!

— Ven. — Bill le alejaba de mi cuerpo y ella empezó a batallar furiosa lanzando golpes tras golpes. Sentí horrible su llanto que no pude quedarme más tiempo en la casa. Tomaba mi maleta y me iba con él llanto de Maddnees de fondo.

No lo soportaba.

También lloraba en silencio por oírla así…

Dios.

Mi corazón se sentía pesado. No podía creer que Bill haya dejado que la situación avance así y mierda. Me estaba muriendo sin la que era mi hija. Sentí que perdí todo lo que tenía y estaba muerto, muerto en vida.
Mientras camino por las calles no puedo evitar pensar en Maddy, su rostro lloroso y su voz suplicante…

La he abandonado…

&

Estaba en mi casa sin ánimos, tirado en la cama abrazando mi almohada con la tristeza en lo más profundo de mi ser. No fui a casa d Georg por la computadora ni mucho menos a la cita que Gianella me dijo por mensaje, quería estar solo.

Quería sufrir en silencio.

No era mi hija pero la amaba como una. Necesitaba de sus abrazos y ella me necesitaba a mi.

Joder.

— Tom. — llama mamá a la puerta, al no obtener respuesta de mi parte entra encendiendo la luz. Achiné los ojos por la luz y me sentaba de golpe. — Amor… tu novia está abajo, quiere verte.

— No, mamá. — hago una mueca. — Quiero estar solo, ¿es difícil entender eso?

— A ver, ¿por qué me hablas así? ¿qué tienes?

— Perdí mi trabajo.

— ¿Otra vez ese jefe tuyo molestando?

— No, él no. Su pareja y no es lo que me preocupa si no Maddy. Se quedó mal, demasiado triste por eso. — mamá se sentó a mi lado en la cama, poniendo una mano en mi hombro.

— Lo siento, amor. Sé cuánto significa Maddy para ti. ¿Qué vas a hacer? — preguntó con preocupación.

Sacudí la cabeza. — No lo sé. No puedo dejarla sola, pero no sé cómo puedo ayudarla si no estoy allí. Me siento tan impotente…

Mi mamá me abrazó.

— No estás solo, Tom. Estoy aquí para ti. Y Gianella también. Ella está abajo, esperando para verte. ¿Por qué no le das una oportunidad de hablar contigo?

Suspiraba.

— No sé… no quiero hablar con nadie ahora mismo.

Simone sonrió suavemente diciendo: — A veces, hablar con alguien puede ayudarte a sentirte mejor. ¿Por qué no le das una oportunidad a Gianella? Puede que ella tenga algunas palabras de consuelo para ti. Es tu novia. — la miré considerando sus palabras. Tal vez tenía razón. Tal vez hablar con Gianella podría ayudarte a sentirme mejor.

¿O no?

— Dile que venga.

— Oh, no. Baja tú que no quiero otra musiquita desagradable en mis oídos. — reí divertido poniéndome de pie para bajar y recibir a Gianella. Ella estaba sentada con una sonrisa y al verme me abrazó seguido con un beso.

— ¿Qué haces aquí tan tarde?

— Estaba preocupada por tí, no me respondiste y creí que estabas ocupado con Bill…

— Ya no trabajo ahí.

— ¿¡En serio!? — exclama con emoción. — Que bueno, que se haga responsable de su hija. Puto perro.

— A ver, Gianella. — dejo notar mi disgusto ante su expresión. — No hables así, basta.

— De acuerdo, perdón. — pone los ojos en blanco.

— Mejor vete, estoy mal y no quiero ver a nadie. — me despido con un beso en la mejilla e iba nuevamente a mi habitación.

&

𝑫𝒐𝒔 𝒅𝒊́𝒂𝒔 𝒅𝒆𝒔𝒑𝒖𝒆́𝒔…

Hoy me encontraba en casa de Georg nuevamente con el tema de la computadora—luego de haberme escondido del mundo exterior en mi habitación—sin ánimos mientras bebía mi RedBull.

— He encontrado joyas. — se burlaba. — Y por supuesto, basuras que te van a cabrear.

Frente a mí pone el aparato con un vídeo de la camara en la parte que da al pasillo, específicamente la puerta de Maddnees, la de Bill y la mía. La fecha coincide el miércoles minutos antes de salir con la niña a comer.
Ella estaba saliendo de su habitación cuando se encuentra con Alex, no hay audio en el vídeo pero este la tomaba del cabello con fuerza y la metía al internet de la habitación y me frustré…

— ¿No hay más?

— Sí… — cambiaba de video y este da al interior de la habitación de Maddnees. Georg acercó la imagen y ahí este le estaba sosteniendo con fuerza el brazo mientras Maddy tenía una expresión de susto. — Quizás no lo veas pero parece que le está amenazando mientras pellizca su brazo, Tom. ¿Qué le pasa a ese hombre? ¿es que acaso no viste algún comportamiento extraño en la niña?

— Sí… — murmuré rabioso, a punto de echar humo por las orejas. — No me quiso decir.

— ¿Qué crees que le dijo?

— No sé, pero lo voy a matar…

— Mejor no sigo mostrando el resto.

— Hazlo. — obligué. El continúa con el siguiente video donde está la habitación de Bill, quien entra al cuarto recargandose en la puerta y luego enciende la luz, se asusta por ver a su novio sentado al borde, dando la espalda a la cámara. Hablan y luego Bill trata de pasar al baño pero lo detiene, lo ahorca y…

— ¡Tom! — grita Georg cuando me ve salir corriendo de su casa. Georg sale tras de mí y en la sala me tropiezo con su sofá y caigo al suelo, con el castaño sobre mi atrapando mis brazos en una llave como si fuera lucha libre mientras empiezo a forcejear. — No, a ver. ¿Qué pasa por esa cabeza?

— ¡Lo voy a matar! — chillé con rabia. — ¡Suéltame!

— No, amigo. Respira profundo, por favor. Vas a cometer una estupidez.

— No… ¡mientras yo estoy aquí perdiendo mi tiempo quien sabe que mierda hace con mi hija! ¡con Bill! ¡agh! ¡Georg suéltame o te juro que no respondo!

— Vamos, las camaras están prendidas. Puedes verlo sin necesidad de que hagas estupideces. — me soltaba con desconfianza. Me pongo de pie con lentitud volviendo a subir hasta su habitación. Tecleaba un par de cosas y ponía la cámara en vivo.
Buscaba dónde estuvieran ellos y al encontrarlos a los tres en el comedor me ponía algo tranquilo…

.

By BILL

— ¿Cuánto más va a tardar la comida? ya tengo hambre. — insistía por enésima vez, poniendo mis nervios de punta y más si Maddnees no se despegaba de mi cada que llegaba de las clases pero para mí era un alivio. Ojalá así no se le ocurra tocarme por respeto a la niña. Tenía que ir a retirarla, cocinar, trabajar y todo por no poder irme, por no cortar ese círculo desde el inicio.

Estaba asustado por lo que me pueda hacer Alex, de verdad tenía miedo.

— ¡Bill! — grita dando un golpe en la mesa, haciendo sobresaltar a Maddnees que abraza al señor bigotes con los ojos cerrados, jadeando al borde del llanto.

— Ya, ya está. — tragó saliva sirviendo la pasta en dos platos. No quería uno para mí porque estaba con el estómago cerrado, cualquier cosa que comía este lo rechazaba e iba a parar al baño. Llevó ese par de platos al comedor. Uno le doy a Alex y el otro a mi hija mientras me siento a su lado para darle de comer en la boca a la fuerza porque tampoco prueba bocado desde que Tom se fue. El lonche también regresa intacto y solo quiere pasar durmiendo todo el rato.

Por más que intento animarla ella abraza su muñeca, a su gato y llora en mi regazo.

Dios, que vida le estaba dando a mi niña…

— ¿¡Qué es esto!? — chilló con molestia escupiendo la pasta en el plato. — ¡Está desabrido y ya comimos pasta ayer!

— Es lo más rápido que pude preparar a penas regresé de la escuela de Maddy. No me diste tiempo de poder preparar algo mejor…

— ¡Eres un inútil! — agarra la pasta a manos llenas para tirarme en el rostro. Maddy se sobresaltó y apretó los ojos. — Ven acá bueno para nada. — se levantó de la silla para tomar mi cabello y alejarme de Maddnees que empieza a gritar con miedo.

— ¡No! ¡no le pegues!

— ¡Ve a tu habitación, por favor!

— Pa… — lloriqueaba.

— ¡Ve, Maddnees! — grité y ella salió corriendo. Luego no sé más porque fuí tumbado al suelo. El miedo me ganaba y no podía moverme mientras él se daba lujo descargando su frustración en mí a patadas, golpes tras golpes mientras me hacía bolita en el suelo tratando de cubrir a como de lugar mi rostro.

Suficiente con el morado que tenía en mi mejilla a causa del golpe de Tom por evitar ya que me amenazó con que si el rastafari lo tocaba me iba a golpear a mi y hasta tres veces peor.

Solo quería evitar…

— ¡Inútil! ¡bueno para nada! ¡me das asco! ¡siempre haciendo las cosas mal! ¿¡es que acaso te encanta que te golpee!?

— ¡Alex, no! ¡por favor! — chillaba en cuanto tomaba mi cabello para levantarme del suelo. Me guiaba a la estufa con intenciones de quemarme la cara y no podía, no..  así que le doy un golpe a mano llena en las bolas haciéndole flaquear.

— ¡Maldito!

E iba a irme corriendo pero me pone zancadilla para que caiga de golpe al suelo, con la mitad de mi cuerpo en la sala y la otra en el comedor. Así me ahorcaba desde atrás.

— ¡He tratado de ser el mejor para ti! ¡para la mocosa malcriada de tu hija y no cooperas! ¡no lo haces!

Empezaba a toser y perder el aliento en ese instante.

— No mereces quitarle aire a las personas, eres un desperdicio. Mereces morir. — yo estaba rindiéndome. La vista se me estaba nublando, perdí el aire totalmente e iba a quedar inconsciente si no fuera porque alguien lo apartó de mi cuerpo con fuerza descomunal y luego otro alguien me jalaba para ponerme de pie y hacer que me siente en el comedor.

— Bill…

Esa voz…

Me daba aire con las manos aquella persona con tanta preocupación y al recobrar el sentido puedo ver mejor. Era el hijo de Moritz Listing mientras en el suelo Tom le daba golpe tras golpe a Alex con ganas.

Continúa…

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por WifesKaulitz

Escritora del Fandom

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