Fic TOLL de WifesKaulitz

Capítulo 25

Reí con los nervios evidentes en la carcajada que doy, poniéndome de pie.

— Ya me tengo que ir.

— Espera, te voy a dar el uniforme de Maddy. Ya lo lavé. — asentí con la cabeza al verla irse hasta el cuarto de lavado y volver con el uniforme bien planchado que mete en una funda y me lo entrega.

— Gracias.

— A tí. — sonrió de lado.

— Dile a Maddy que voy a venir en la noche por ella a retirarla.

— ¡Noooo! — escucho gritar desde dónde estaba.

— ¿Por qué? — cruzo los brazos con el ceño fruncido. — Tienes que ir a casa porque los domingos siempre vas a casa de Bri y de aquí sí que nos queda lejos.

— ¡No quiero! me gusta estar aquí con mi amiguita Kari, ¿verdad, Kari?

— ¡Sí! — respondía ella.

— De acuerdo, entonces nos vemos e igual estaré viniendo a ver cómo te estás portando.

— Okaaaay, adiooós papá.

— Yo la cuidaré bien, no te preocupes. — asentí con la cabeza saliendo de la casa llevando conmigo la mochila de vuelta a la mía que dejo en el sofá y me voy con rumbo a la casa de Gianella. Caminé unas cuantas cuadras y luego tomo un taxi cansado por la lejanía del lugar.

Joder, extrañaba el Cadillac y también lo extrañaba a él.

Hago una mueca de disgusto por pensar en lo último y me estreso, intentando darme cachetadas mentales por ser tan idiota. Toda la noche ya había pasado en vela por pensarlo y seguramente estaba bajo sus sabanas con él ahí haciendo… cosas…

Al detenerse el auto esfumo todos esos pensamientos para pagarle al conductor y bajar para tocar la puerta. Detrás de esta se aparece el rubio al cual saludo con una sonrisa.

— Hola, buenos días.

— Hey, Tom. ¿Buscas a Bill? — dice abriéndose espacio entre la puerta para dejar ver el interior de la casa al pelinegro que se hace el tonto tomando una taza de té e iba a hablar si no fuera por los pasos apresurados de Gianella hacia mí para tirarse a mi boca. Retrocedí un par de pasos antes de tomar su cintura entre mis brazos ¡y qué comience la acción! — Dios. — murmuró Andreas por lo bajo al ver como prácticamente nos estamos comiendo con la boca. — Ya, niña. Te lo vas a devorar.

Ella se separa mirándome sonriente.

— Amor. — sonreía entrelazando su mano con la mía. — Vamos a mi habitación.

— Con permiso. — le digo al rubio mientras soy jalado al interior de la casa y guiado a las habitaciones de arriba.

“—¿Qué fue eso?—” le oí preguntarle a Bill a lo cual él solo suspira en silencio y no sé si habló más porque ya Gianella me metía al interior de su habitación.

— ¡Dios! — chillaba dando saltos de emoción. — ¿Le viste la cara? se moría.

Pero yo no estaba feliz.

— ¿Qué pasa? — me senté en la cama luego de suspirar. — Mhmm…

— Anoche me buscó, discutimos y terminamos en la cama. — murmuré con vergüenza.

— Está bien. — dice sentándose a mi lado y poniendo su mano en mi pierna. — Pero tienes que resistir un poco más, no puedes dejar que a la primera oportunidad que te busque caer tan fácil, sino ¿de qué sirve todo esto que estamos haciendo? — no le respondí porque a penas termina de hablar porque mi móvil vibraba. Lo saco para ver y arqueo ambas cejas con el corazón latiendo a mil por hora.

|Te veo en mi departamento
|en veinte minutos.
✔✔

— ¿Es él?

— Sí. — muerdo mi labio inferior. — Quiere verme.

— ¿Y le va a obedecer?

— Es mi jefe…

— Bueno, ve. Por favor no te dejes seducir de Bill, resistencia es lo único que te pido, nada más.

— Está bien. — doy un beso en sus mejillas antes de salir de su habitación para bajar por las escaleras. Bill ya no estaba ahí y a penas salgo consigo un taxi el cuál le doy la dirección del lugar mientras le mensajeo.

Me pagas el taxi ;)|
✔✔

|No tengo problema.
✔✔

¿Por qué estaba tan nervioso? cada vez faltaban menos cuadras para llegar.

Espérame fuera.|
✔✔

Ese era el último mensaje que le dejaba al llegar y efectivamente estaba fuera esperándome de brazos cruzados. El taxi se estaciona donde le pido y Bill se acerca a pagarlo antes de meterse en el edificio. Yo respiré profundo y repetía mentalmente que no debía caer en sus encantos.

Desde que ingresamos al edificio, subimos el ascensor y bajamos en la planta donde queda su departamento estuvimos en silencio. Hace que ingrese. Obviamente me quedo en la sala porque no veía con ningún plan.

— ¿Vino?

— Agua. — Bill iba a la cocina para abrir el refrigerador pequeño para sacar el agua de una jarra y servir en un vaso de cristal. Vuelve hacia mí y me lo entrega para que lo tome. Después se perdía escaleras arriba. Me siento sobre el cómodo sofá a esperar, tomando el agua prestando más atención al departamento. En la pared hay un enorme cuadro donde Bill está sin camisa con alguien detrás mientras le toca el torso mirando muy fotogénico a la cámara, más allá un retrato de su rostro y fotos de él cuando era más joven.

Podría decir que todo su departamento era lleno de sus fotos y me quedé embobado con ellas que saqué un par, olvidando el tiempo que estaba tardando. De repente, escuché el sonido de pasos en la escalera y volteo a ver poniéndome de pie, Bill apareció con unas medias mallas que le cubrían todo el cuerpo de pies a hombros, marcando muy bien su cuerpo delgado y más abajo su entrepierna entrada entre ellas. Se veía muy caliente y yo me sentí un poco nervioso.

— ¿Quieres subir a mi habitación? — me preguntó, mirándome con una sonrisa sugerente. Para mí sorpresa mis piernas temblaron por la pregunta, pero también intrigado. ¿Qué estaba pasando? o mejor digo ¿qué hubiera hecho alguien más en mi lugar?

— ¿Por qué? — pregunté, tratando de sonar casual. Bill se rió y se acercó a mí a pasos sensuales.

— Porque quiero hablar contigo. — habla mirándome a los ojos. — Y no quiero hacerlo aquí abajo.

— ¿Y es necesario esas mallas para hablar?

— Oh… — se aleja un poco de mí mientras se mira y se da una vuelta dejando ver su cuerpo totalmente. — ¿No te gusta? ¿me veo mal?

Joder, en ese instante mi entrepierna estaba hablando por mi debajo de mis pantalones en cuanto vuelve a estar cerca de mi cuerpo y coloca su mano en aquel lugar, arrebatando un suspiro de lo más profundo.

¿Cómo Gianella esperaba que resista así si Bill está con ese traje de zorra deseando mi pene?

Mierda…

— Eres una puta muy caliente. — digo regando un poco del agua en su cuerpo, excitadísimo. Bill asiente con la cabeza de la misma forma y un puchero en los labios. Quita el vaso de mis manos para después empujar mi cuerpo y caigo sentado en el sofá.
Se acerca a mí de espaldas para sentarse sobre mi entrepierna y hacer movimientos circulares con su culo sobre ella y acaricio su espalda con ganas.

Luego le empujo con suavidad para desabrochar el botón de mi jean y bajarlo a una altura considerable al mismo tiempo que los boxers dejando al descubierto mi polla dura. Bill suelta una risa erótica volviendo más su culo a mi entrepierna.

Rompí un poco en la linea de su trasero para meter mi polla ahí y que sea frotada con sus movimientos más la tela.

Uff, estaba tan calenturiento.

— Me encanta lo zorra que puedes llegar a ser. — digo jalando de un puñado de su cabello para acercar su espalda a mi pecho. Bill recuesta su cabeza en mi hombro sin dejar sus movimientos mientras me extiende el preservativo. — ¿Se te olvidó que ayer lo hicimos sin él?

— Me importa una mierda. — gimoteó. — Úsalo, ¿qué tal si Gianella tiene VIH?

— ¿Con Alex también lo usas?

— Todo el tiempo, nunca me la mete sin usar uno. Eres el segundo que me coge sin él.

«Claro, el primero fue el papá de Maddnees.»

Joder.

A la mierda la maldita resistencia.

Tomé el preservativo en mis manos y Bill voltea para verme feliz. Se sienta nuevamente entre mis piernas y me besa mientras le vuelvo a romper un poco más de las mallas para poder liberar su entrepierna atrapada. Al salir roza con mi intimidad y uno estas dos para agarrarlas con una sola mano y masturbar sin dejar de adueñarme de su boca ansioso.

En eso Bill se separa para volver a decirme: — A la habitación. — con fuerza propia levanto mi cuerpo con el de Bill sobre mí para subir a la parte de arriba del departamento. Al llegar suelto a Bill en la cama, quien de inmediato se coloca en cuatro sin vergüenza alguna y yo metí mi rostro entre sus nalgas para preparar mientras masturbo su erección doblando su pene hacia atrás.

Bill empina su trasero más hacia mi, apegando su pecho en el colchón y rasgando las sábanas de seda con sus uñas, gimiendo con ganas. Para asegurarme de que haya una buena lubricación meto dos dedos en su interior que entran resbalosos y los saco. Seguido soy un azote en su culo.

— Mhmm… Tom… — voltea su rostro para verme mientras me voy quitando la ropa. — ¿Te la puedo chupar?

— No es necesario, culo precioso.

Voy rompiendo el preservativo con cuidado y me lo coloco en la entrepierna con cuidado de no arruinarlo. El olor a chocolate envolviendo mi pene inundó mis fosas nasales, prendiendo más mi pene y así se la voy metiendo como un desesperado. Bill continua gimiendo tan alto, haciendo que sus gemidos entren por mis oídos y se queden grabado en mi cabeza a medida que voy dando y dando.

Acaricio el trasero pálido de este. Vuelvo a azotar mientras mis caderas se mueven en contra de las suyas.

— ¡Oh, por Dios! — exclama ahogando con el colchón. Se lo entierro profundo, rápido, uff… — Ah, sí… uhm…

«Que inevitable era no caer en la red, en la tentación de Bill Kaulitz. Tanto física como emocional.»

Le vuelvo a tomar del cabello enderezando su cuerpo. Esa misma mano baja hacia su cuello y lo rodea mientras la otra está en su cintura y así me muevo. Su interior está caliente, me estrecha un poco más de lo que creo. Hace que me ponga a temblar.

Él en cambio tiene recostada su cabeza en mi hombro, su garganta llena de gemidos delicados y se acaricia cuál actor pornográfico en una masturbación. Le beso en el hombro mientras siento como guía la mano que se encuentra en su cintura hacia su entrepierna, rodeo su miembro y me dejo guiar en los movimientos. Ambos igual de duros, cachondos.

— Ay, joder. Dad…

— Oh, mierda. — gimo ronco en su oído. Tan alto que Bill contrajo su entrada y luego se deja venir en mi mano.

— ¡Mhmm!

Dejo que su cuerpo caiga sobre la cama. Mi pene rebota fuera aún duro y lo toco sobre el latex, está hirviendo. — ¿No más? — pregunto por verlo sin moverse. Bill suelta una risa mientras voltea hacia mi y se sienta al borde de la cama, con esos ojitos de inocenton que me ponen… uy…
Acaricia mis testículos sin dejar de verme para luego meterse el par en la boca. Estiro la cabeza hacia atrás, excitado por como me las chupa así de rico. — Acuéstate. — ordeno y Bill obedece e iba a abrirme paso entre sus piernas si no fuera por el ruidoso móvil.

— Agh. — pone los ojos en blanco dando un golpe en la cama al ver como busco el móvil entre la ropa. Al obtenerlo el nombre de Gianella estaba en el y contesto.

— ¿Sí?

— ¿Sigues con él?

— Sí, ¿por qué?

— Tienes que salir de ahí. Te he seguido para saber hasta donde vas y he llamado a Alex para que los vea. Acaba de llegar al edificio furioso.

— Gianella. — aprieto los ojos y me doy con la palma de la mano un golpe en el rostro, con la erección en el suelo.

— Mhmm… oh… ¡ah, Tom! — gime Bill con exageración y yo rodeo los ojos.

— Lamento haber arruinado su momento. — se rió. — Pero ya, tiene que aprender… y por favor, sal de ahí. — cuelga la llamada y yo tiro el celular con rabia.

— ¿Qué pasa? — e iba a hablar pero los golpes en la puerta se hicieron presentes junto con la voz de Alex.

— ¡Bill! ¡Sal de ahí! ¡Sé que estás con el puto niñero! ¡abre!

Bill dió un brinco sacándose las mallas con rapidez para ponerse la ropa y yo hacia lo mismo luego de sacarme el preservativo y tirarlo bajo la cama: — ¿¡Cómo se enteró de mi departamento si no sabía!? — susurró/gritó poniéndose a temblar.

— ¿Qué más da? — suspiré profundo.

— Fue esa perra, ¿cierto?

— ¡Abre la puerta, Bill!

— Sí. — suspiré avergonzado.

— Si la veo le voy a arrancar las tetas, ya va a ver.

— No. — fruncí el ceño. — Ella solo está sintiendo mi engaño y actúa como una mujer despechada y… joder, me siento mal.

«Nuevamente que empiece la actuación.»

— ¡Bill! — ese Alex ya casi derrumbaba la puerta.

— No me jodas. — camina hasta posarse detrás de mí. — ¿Acaso te gusta de verdad? ¿te enamoraste de Gianella?

— Sí…

— ¡Eso es estúpido! — grita de la misma forma en susurros, viniendo a mi para encararme. Frente a frente. — ¿¡Cómo puedes estar enamorado de Gianella con tan solo un día de andar!?

— ¿Y quién dijo que era reciente? si lo que vengo sintiendo por ella ya es de rato.

Bill palideció.

— No, no. Tú lo haces para molestarme s-sí tu también me confesaste que te gusto yo, Tom.

— Ambos me gustan. — mentí. A lo cual me gané una bofetada de Bill, virando mi rostro.

— Eres un idiota. — se le escucha con la voz quebrada. — Vete, ¡vete!

Le brindé una mirada dolida antes de voltear para bajar las escaleras a encarar a ese salvaje que golpeaba la puerta con rabia. Al abrir se quedó estático, hizo nada. Yo esperaba que se lanzara a mi para yo poder descargar mi frustración en él pero no, solo me miró rabioso. — Arriba está. — le dije mientras salía luego me detengo. — Y dile que ya no me busque, por favor. — él se adentró al departamento y yo salgo sin mirar atrás con una angustia en el pecho.

La taquicardia se apodera de mí y más en el lugar cerrado como es el ascensor.

Al llegar a la planta baja observo a Gianella sentada en una de las butacas y cuando me ve corre hacia mí para abrazarme.

— ¿Qué tienes?

— Yo estoy mal, ¿por qué es así? ¿por qué nunca piensa en los demás? ¿por qué es tan caprichoso? ¿por qué cree que todo gira a su alrededor?

— Está bien. — frota mi espalda mientras yo la estrujo en mis brazos. — Llora, Tom. Te hará bien.

Me descompuse totalmente en sus brazos llorando como un mocoso a vista de todos.

— Ayúdame, Gianella. Ayúdame a olvidar esto que siento por él, por favor. No lo aguanto, me está destruyendo como no tienes idea.

Continúa…

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por WifesKaulitz

Escritora del Fandom

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