

Fic TOLL de WifesKaulitz
Capítulo 24
Bill se quedó mirándome con los ojos llenos de lágrimas, su rostro pálido y su respiración entrecortada. Me sentí mal pero no también estaba sufriendo por sus palabras dichas a ese hombre que lo consideraba mi enemigo a muerte.
De repente, Bill se soltó de mi agarre y se alejó de mí, caminando hacia la ventana. Se quedó allí, observando hacia afuera, con la espalda hacia mí.
Limpia sus ojos en completo silencio.
Me senté en la cama, observándolo de la misma forma e intentando no verme afectado. No sabía qué estaba pasando por su mente, pero podía sentir su dolor y su confusión.
— ¿Crees que te dije mentiras? — murmura.
— No solo a mí, a todo aquel que se enreda en tu cama. — Bill se dio la vuelta hacia mí de frente con unas carcajadas fingidas mientras deja caer más lágrimas.
— Ay, no puede ser. — decía más para él que para mí. — Sí, sí. Tienes razón. Te mentí, no me gustas. Quería comprarte para tenerte en mi cama el tiempo que quiera ¡pero me descubriste! — exclamó. — ¡Mala mía!
Yo me pongo de pie para acercarme a él, amenazante. Me acerco lo suficiente a su oído para decirle: — Y yo por eso no perdí mi tiempo y me acosté con Gianella, se mueve mejor que tú. — al separarme Bill me cacheteó con fuerza.
Y lloraba más, con sentimiento.
— Esa perra nunca será mejor que yo, ¡nunca! — mientras habla picotea mi pecho con fuerza. — ¡Nunca! ¡nunca! ¡nunca! ¡idiota! — me duele la mejilla donde Bill me cacheteó, pero no me importa. Estoy enfadado y quiero que Bill sepa que no puede tratarme de esa manera. — ¡Se supone que yo te gustaba y así se tenía que quedar!
— ¡Basta! — le grito, agarrándolo por los hombros y sacudiéndolo. — No puedes tratarme de esta manera, Bill. No soy tu propiedad.
Bill se queda quieto, mirándome con los ojos llenos de lágrimas y de rabia. Su rostro está pálido y tembloroso.
Bill está completamente descontrolado, llorando y gritando, mientras que yo trato de mantener la calma, pero también mostrando una actitud desafiante y provocativa.
Su actitud es una muestra de su desesperación y su sentimiento de pérdida, más no porque realmente le importe como quisiera creer. Sus palabras revelan una profunda inseguridad y un sentimiento de superioridad que está siendo cuestionado.
Sabe que está perdiendo.
— Me vale una mierda. — murmura, su voz apenas audible. — No voy a controlarme nada ¡nada!
— ¿Qué pasa con nosotros, Bill? — le pregunto, tratando de entender. Su repentina actitud realmente me está descomponiendo a mi y me dejaría flaquear por todo esto que estoy sintiendo. Son varias emociones que no he sentido jamás. — ¿Qué es lo que quieres de mí a parte de jugar? — pregunté con voz rota.
Bill se queda quieto, mirándome fijamente. Luego, de repente, se lanza hacia mí y me besa con sorpresa rodeando su cuello entre sus brazos y yo le respondí de la misma forma. Un beso lleno de mordiscos fuertes, dominancia y desesperación, tosquedad. Caricias fuertes y rasguños. Las uñas de Bill se clavan en mi piel, hundiendo con fuerza mientras ladeamos la cabeza con exasperación.
Le arrancaba la ropa con angustia de querer tenerlo bajo de mí una vez más pero él parecía llevar las riendas del asunto. Nos separamos para sacar su camisa, dejar caer al suelo y seguir devorando nuestra boca como al principio. Su mano baja hasta escurrirse entre mis piernas y tocar sin dificultad mi creciente erección.
Nos separamos una segunda vez para recobrar el aliento. Relamía mi boca para saborear su saliva ganoso mientras baja para quedar a la altura de mi entrepierna y bajar el short para meterse mi polla a su boca.
Suspiré con los ojos cerrados y la cabeza hacia atrás. Recogí mis rastas sueltas en una coleta con la goma que hacía el papel de manilla y tomaba el cabello de Bill para de la misma forma para guiar sus movimientos de adelante hacia atrás. Penetrando su boca a lo largo y ancho de esta. Bajé la cabeza para observar como ese hueco escondía mi polla y sus ojos se llenaban de lágrimas.
Mantuve un momento ahí y luego sacaba mi pene repleto de su saliva. Suelto su cabello para masturbarme mientras me lame los huevos con los ojos cerrados, enviando una corriente de placer en todo mi cuerpo.
Me lo quería reventar.
— De pie. — ordenó y Bill obedece.
La mano libre que tengo lo toma de la barbilla para unir mi boca con la suya, su saliva salada gracias al pre semen pasa a formar parte de mi boca y viceversa.
Bill desata su cinturón para dejar caer su pantalón junto con los boxers luego de quitarse los zapatos. Quedando ante mi vista como dios lo trajo al mundo pero con las medias de un diseño de hello Kitty negras.
Encantador.
Aún con la mano en su barbilla empiezo a retroceder, obligándolo a caminar conmigo hasta que llego a la cama y me siento. Bill se alza sobre mi, muy sensual. Con las piernas a cada lado de mi cuerpo. Su mano alinea bien mi polla en su recto antes de deslizarse hacia abajo para irse penetrando con ella. Pongo las manos en su cintura, dejando escapar todo el aire acumulado en mis pulmones.
Sus ojos me miraban de un modo que me hace creer que soy él único que lo pone así.
Pero miente mucho y no sabía que creer.
Empujo más su cuerpo hacia abajo, sintiendo como me envuelve con su calor. Yo comienzo a moverme dejando de él, haciendo que su cuerpo también suba y baje al ritmo de mis movimientos, hago que Bill muerda sus labios para callar los gemidos placenteros que están por salir de su boca. Bajo ambas manos hasta sus nalgas para continuar a un ritmo acelerado. El pelinegro desnudo clava sus uñas en mis hombros, hecha la cabeza hacia atrás dejando llevarse por la única cabeza que ahora está pensando por ambos. Los sonidos que crean nuestra piel que empieza a soltar sudor se hace audible para nosotros, quizás para mis papás, los vecinos… uff…
Mi boca va a dar a su cuello para lamer y succionar aquella parte sensible que le hace temblar con ansia. Le mordí en ese lugar, arrebatándole un gemido agudo alto que encrespó mi piel al instante.
Empuja mi cuerpo hacia atrás para hacer que mi espalda quede recostada en la superficie blanda y el tomar las riendas de la situación. Se irguió hacia mí, apoyando las manos sobre mis antebrazo para mover su trasero como un puto experimentado volviendo loco los únicos sentidos que tenía concientes.
Su trasero sube y baja batiendo de lo lindo en mi entrepierna y yo sentía que no iba a avanzar tanto tiempo.
Oh, por Dios. Yo iba a acabar tan rápido.
— Que se mueve mejor que yo. — susurraba con mofa, repartiendo besos sobre mi boca que no era capaz de corresponder por mi mente nublada. Estaba ido, sentía que me estaban follando a mi en esa posición e intento recomponerme, tomar fuerza para yo hacer el esfuerzo pero Bill no me lo permitió, inclinándose más abajo para atrapar uno de mis pezones con sus dientes. Lame y muerde mientras juega con el otro con la punta de su uña incrementando mi placer.
Me estaban encantando sus movimientos. Él me estaba matando con sus besos que van ascendiendo hasta mi cuello, a la oreja, dónde muerde el lóbulo y juega con su lengua con la piel que está dentro de su boca.
Solo un poco más y así me haría llegar.
— Mhmm. — suelta mi oído y ahora la víctima es mi hombro. Aferro mis escasas uñas en su trasero, quizás dejando marcas al sentir como estallaba explosivamente en su interior.
— Joder. — gemí como un salvaje.
Bill se aleja con una sonrisa, recomponiendo su postura sin dejarse de mover, sensibilizando la punta de mi glande, haciéndome sentir espasmos intensos mientras masturba su pene ante mi mirada y luego explotaba ruidosamente de la misma forma.
Se queda quieto recobrando el aliento, apretando mi polla en sus paredes y con los ojos cerrados hecha la cabeza hacia atrás.
Ahora venía el remordimiento por verme tan facil de conseguir.
Al estar los dos con la respiración, Bill deja salir mi polla de su interior acompañado de un gemido exhausto y se acuesta a mi lado, de la misma forma en que yo estaba. Duramos unos segundos en silencio así hasta que él se levantó, se limpió con uno de los paños que tenía en la mesa de noche y se colocaba la ropa como si nada.
— Nos vemos el lunes. — dijo, al estar bien vestido y abandonaba mi casa, próximamente por la ventana veo como sale de mí casa en su auto y se va.
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Luego de darme un baño y ponerme ropa limpia bajé a la cocina donde como siempre se encontraba mi madre preparando el desayuno. Esta vez se encontraba mi padre también ahí. Recordaba que cada mes le dan cinco días libres para descansar y volver a trabajar como burro.
— Buenos días. — saludé tocando el hombro de mi padre, quien me da un golpe suave en la espalda baja con una sonrisa. — ¿A qué se debe esa emoción? — pregunto, con una sonrisa y el ceño fruncido. Tomé asiento en la mesa, en mi lugar de siempre.
— Estoy orgulloso de mi hijo. — susurró para que mi madre no oiga. — No solo con mujeres, también con los hombres. Que orgullo sentí al oírte hacer eso.
— ¡Gordon! — exclama mi madre tirándole el pañuelo.
— Ya, mujer. Lo siento.
— ¿¡Cómo es posible que no te sientes a aconsejarle que nuestra casa se respeta!? ¿¡cómo puedes estar tan feliz de que se haya escuchado a los dos ahí haciendo… cosas… — baja la voz con vergüenza .
— Ay, sí. Eso. — decía sin interés alguno. — ¿Cómo es posible, Tom? — fingía un regaño mientras debajo de la mesa me alzaba los pulgares de que le gustaba pero daba un golpe en la mesa, haciéndole sobresaltar.
— ¡Te estoy viendo!
— Lo siento, mamá. — dirigí mis palabras hacia ella. — Yo no esperaba eso…
— Me molesta y más porque tienes novia. Si en algún momento me llegas a presentarla le voy a decir que se busque uno que si le sea fiel.
Gordon reía divertido negando con la cabeza.
— Como quieras. — suspiré estresado. — ¿Has visto a Maddnees?
— Sí, sigue con Kari. — asentí con la cabeza aceptando la comida que puso en la mesa. Extrañaba tanto los desayunos caseros que preparaba mamá con la comida recalentada del día de ayer a diferencia de la elegante y sofisticada que comía Bill.
Mhmm… Bill…
Cierto los ojos metiendo una cucharada de comida a mi boca con un recuerdo azotando mi mente de la noche anterior. ¿Será que solo a mí me pasan estas cosas de recordar los encuentros sexuales y antojarme?
— ¿Qué planes tienes para hoy, pillín?
— ¡Gordon! — volvía mi madre a regañar. Él y yo nos miramos fijamente y luego volteamos a ver a mi madre con una expresión de pánico.
Mejor valía no hacerla enojar.
— Tenía planeado ir a casa de mi novia e ir a dejar a Maddnees en su casa pero dudo mucho que la niña quiera ir.
— Eso iba a decir.
— Uhm. — mi papá metía una porción de la comida a su boca, masticaba con ganas y tragaba antes de hacer un comentario. — Cuando ví a Maddnees Kaulitz podría jugar haberle visto un parecido a ti… ¡au! — se queja de la nada. Yo me quedo en silencio, mirando a mis padres.
— ¿A mí?
Mi papá no respondió.
— Papá.
— No, yo no dije eso. Se parece mucho al joven Kaulitz y ya. Olvida todo. — aclaró su garganta para seguir comiendo.
— Uhm, ya… — relamía mis labios. — ¿Por qué se parecería a mí? ¿antes de perder la memoria hice algo de lo que yo no me acuerdo e implique a Bill? porque cuando empezamos a acercarnos yo sentí como si lo conociera hace tiempo.
Mamá negó.
— No, Tom. Ya te he dicho todo y en ningún momento he mencionado nada de algún Kaulitz. Por favor no insistas.
— Ya. Pero no te enojes, te amo, mami.
— Yo también, mi amor. Pero cuando te pones de necio no te soporto. — coloqué la mano en mi pecho ofendido mientras mi papá se deshace en carcajadas nada silenciosas. Yo suspiré con una sonrisa pensando en la vez que me levanté y no recordaba absolutamente nada de dónde me encontraba, quienes eran ellos y dónde vivía. También que me dolía mucho la cabeza y me atendieron de mi mejor aquí en casa que no tuve duda que si son mis padres. Obviamente como cualquiera que quiere saber sobre su pasado les hice preguntas y así me fueron diciendo sobre mi vida y lo bueno que he sido en los estudios, de eso no me cabe duda.
Mencionaron que éramos una familia pequeña, humilde y trabajadora con valores. Confieso que al inicio me costó adaptarme a esto pero lo fui aceptando con el tiempo y me esforzaba por ser un buen hijo la mayoría del tiempo ya que así como ellos se esforzaron criándome yo debería devolverles el favor.
Los amaba demasiado. Hemos tenido altos y bajos en la familia pero todo bien, hemos logrado superarnos y siempre elegiría esta familia en esta vida y la otra.
— Muy rico. — halago su comida mientras me pongo de pie tomando el plato vacío entre mis manos. Me acerco a mamá para darle un beso en la mejilla y voy al lavadero para lavar mi plato e ir a mi habitación. Ahí tomé el móvil, mi tarjeta para sacar dinero junto con la mochila de Maddnees para ir a buscarla a la casa de la vecina.
Al estar frente a la puerta golpeo un par de veces y me abre Chantelle con una sonrisa ladina e iba a saludarme si no fuera por Maddnees que se tira a mis brazos. Al verle sabía que la iba a encontrar con una ropa nada elegante y toda despeinada. Aquella licra estaba rota de la rodilla y tenía una camisa tres veces mas grande de su talla con unas sandalias de orqueta.
Aquí la llamamos ropa de casa.
— ¡Buenos días! — exclama alegre. — ¿Cómo estás? ¿dormiste bien?
— Si, muñeca. — beso su mejilla un par de beses. — ¿Qué tal tú?
— Pasa. — dice la rubia y yo obedecí hasta la sala para sentarme en el sofá con Maddy junto a mí, frente a frente.
— Bien, la mamá de Kari cocina delicioso, ¡me encanta!
— Que bueno, ¿y le agradeciste?
— ¡Mucho! — chilló. — Y estoy llenita.
— Se nota. — me burlé observando su pancita.
— Sí. — juega moviendo sus piernas de adelante hacia atrás.
— ¿Y ya te bañaste?
— Sí, ella me bañó y me puso esto porque dijo que lavaría mi uniforme. — observé a Chantelle que estaba con una sonrisa y de brazos cruzados mirando tal escena. — ¡Ya me voy a jugar! — y dió un brinco para perderse entre las persianas que hacen el papel de puerta.
Chantelle se sentó a mi lado y yo me acomodé bien en el sofá, con la vista al frente.
— Te ves muy tierno. Ojalá tú hubieras sido el padre de mi Karina. — sonrió poniendo su mano sobre la mía.
Continúa…
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