Fic TOLL de WifesKaulitz

Capítulo 23

By TOM

Yo pasé de largo fingiendo no haber oído y visto nada. Salgo hasta la puerta que da al jardín y luego la principal hasta estar fuera de esa casa. Empiezo a caminar sin rumbo fijo con la mirada perdida, ¿por qué regresé a buscarlo con intenciones de disculparme? es cierto que están en lo máximo de su relación y que me mintió diciéndome que le gustaba para poder tenerme a sus pies porque eso era lo único que les encantaba a los niños ricos como Bill. Obtener lo que quieren y desechar sin importar qué. Él ya lo dejó tan en claro…

‘…no estoy interesado en el niñero, si sentí atracción por su pinta… sabes lo que pienso… no me gusta mezclarme con pobres… me dan asco…’

Sus palabras retumban en mi mente y me duelen en lo más profundo del alma. Por supuesto que se me van las lágrimas con rabia por haberme ilusionado tanto con alguien así. Soy un completo estúpido. El corazón está latiendo desbocado, creyendo que es un sueño todo lo que vió pero mi mente me obliga a ver la realidad del asunto.

Me sentí enfermo de escuchar sus palabras tan déspotas. La escena también fue dolorosa. ¿Así se siente ser traicionado y engañado por Bill? ¿quien me mintió y me utilizó para satisfacer sus deseos? ¿de eso hablaba Gianella cuando decía que usaba a los hombres? Sus palabras duelen profundamente y me hacen sentir como un objeto desechable.

Me siento un idiota por haberme ilusionado con alguien que no valora la dignidad ni mi corazón. La rabia y la tristeza se mezclan en mi interior, y las lágrimas no pueden contenerse, caen con exceso nublando mi visión.
La realidad muchas veces es cruel, y mi mente me obliga a enfrentarla.

La caminata sin rumbo fijo me lleva por calles y callejones, sin que me de cuenta de dónde estoy ni por dónde voy. Mi mente está llena de pensamientos y emociones, y no puedo dejar de pensar en Bill y en lo que hizo. Pero, de repente, me doy cuenta de que estoy en un lugar que no conozco. La oscuridad comienza a caer, dejando ver la claridad del otro lado de la calle. Me siento solo y vulnerable. La rabia y la tristeza que se mezclan en mi interior quieren ganarme y hacer como si estuvieras a punto de explotar.

Justo en ese momento, escucho un ruido delante de mi. Doy vuelta, y veo a alguien que me resulta familiar saliendo de una puerta con una bolsa de basura. Es Gianella, la hermana de Andreas. Mira mi rostro con una expresión de preocupación y pregunta: — ¿Estás bien? — al acercarme más rodeo su cuerpo entre mis brazos para buscar consuelo en ella. Sin ser capaz de seguir soltando lágrimas, solo con los ojos apretados.

— No, no lo estoy. — susurré.

— Entra. — me invita a pasar al Inter de la casa. Me siento en el sofá, con las piernas abiertas y los codos sobre mis rodillas. Uno mis manos y apego la frente en esa unión, con ojos cerrados. — ¿Qué pasa?

— Joder, eres mi amiga. Ambos tenemos un par de personas en común y necesito desahogarme.

— Vale, vale… — ríe por lo bajo mientras se va de la sala y luego vuelve, para sentarse en frente de mí. — ¿Café?

— No. — murmuré desganado. — Por favor, algo fuerte. Algo que quite esa sensación que tengo aquí. — señaló mi pecho destruido. Gianella asiente levantándose en búsqueda de lo que pido y regresa con un par de copas más una botella de whisky. Sirvió en ambas y me la da para tomar. Lo hice como si fuera agua y ella también. Ambos hicimos una mueca ácida.

— ¿En qué puedo ayudar?

— Por favor no me juzgues, eres mi amiga, ¿verdad?

Asiente brindando una copa más: — Dime.

— Es Bill.

— Uff. — reía. — Cualquier cosa relacionada con ese imbécil me viene bien, ¿ya está pasando por su desgracia?

— Siento que sí y no me quiere decir.

— ¿Y qué? deja que el estúpido ese le haga sufrir. Qué Bill pague todo el daño causado a sus amigas. — dice, sirviendo otra y otra y otra más. — ¿O por qué te importa tanto? no me digas que también caiste en su red.

— Sí. — confesé con tristeza.

— ¿Ahora me crees lo que digo? ese no quiere a nadie, no se quiere así mismo, ni a su hija, pff…

— Pero yo gusto de él seriamente. — murmuré. — Desde que lo ví y tuvimos nuestra primera cercanía.

— Eres tonto, en verdad. — vuelvo a recibir la copa para beber hasta el fondo otra vez. — Ahora sé por qué Andy me dijo que tú no te fijarías en mi si ya andabas pillado por ese estúpido.

— Lo siento, Gianella.

— Me acabas de romper el corazón. — no sabía si lo dijo de verdad o en broma pero si me incomodó. — Pero, como odio taaanto a Bill me aprovecharé de la situación.

Yo no entendí lo que quiso decir hasta que se levantó frente a mí, mareada. Buscó en una bolsa y de ella sacaba un preservativo que lo puso en su boca.

— ¿Qué tal si le damos una probadita de su propio chocolate, eh? le va a cabrear que se metan con lo suyo. ¿Qué dices? hay que joderle la paciencia un ratito.

Reí.

— No. No soy el tipo de persona que crees.

— Apura. — con confianza se empieza a sentar sobre mis piernas y acaricia a lo largo de mis brazos para guiarlos hasta sus senos. Abrí la boca intentando procesar lo que estaba pasando pero todo iba muy rápido. Gianella comenzó a besarme. Segundos después yo también empiezo a seguirle el beso excitado y luego…

Luego ambos estamos en una habitación. Yo sobre ella moviendo mis caderas con fuerza sintiendo su interior sobre el latex. Ella toda desnuda igual excitada y maldición.

Si me quería vengar.

&

Mi móvil en la mesa sonaba con insistencia y yo lo tomé entre sueños. Este está sobre el suelo y contesto sin ver quién llamaba.

— Ahora no. — murmuré aclarando mi garganta. — Me duele la cabeza.

— ¿Por qué, hijo? — preguntaba la voz dulce de mi mamá a través de la línea.

— Ma…

— Uhm, Tom. No quiero que andes de irresponsable en tu trabajo, por favor. Me llamaron de la escuelita de Maddy para que le vaya a retirar ya que ni tú ni su papá respondieron. ¿Están juntos?

— No, yo ni siquiera sé dónde estoy.

— Ay, Tom. — suspira con decepción. — Cualquier cosa Maddy está conmigo en la fiesta de Kari, la nena pequeña de la vecina, ¿sí? para cuándo la vengas a retirar.

— Bueno. — cuelgo la llamada y luego me siento al borde de la cama. Las rastas caen a los lados de mi cabeza y aprieto las sienes con ambos dedos índices dando masajes. Vagamente recordaba haberme metido entre las sábanas de Gianella y practicar sexo por despecho y ganas de joder a Bill pero no estaba feliz.

Quien sabe si funcionaría y no terminaría por cagarla más.

— Tom. — gimotea la castaña a mi lado, levantándose a mi detrás para besarme en los hombros. — Mierda, que porte. — escurre sus manos por mis pectorales y acaricia. — ¿Eso también probó Bill?

— Y he perdido la cuenta.

— Mhmm. — muerde la piel de mi nuca, tirando de una de las largas rastas. — Ya veo. — rió por lo bajo. — Ambos estamos conscientes de esto, ¿quieres seguir? solo con esto es suficiente para molestarlo. — relamía mis labios pensando.

— Quiero avanzar pero si se da la mínima oportunidad con él te dejaría, ¿sabes, no?

Ella se burló de mí, dando un golpe en mi hombro: — Oh, espero no enamorarme aunque no te dejaría tan fácil, ¿sabes? lucharía por ti y esa polla, que le den al viejito niñato del Bill. — volteaba para tomar un puñado de su cabello.

— No quiero escándalos, te advierto.

— Trataré de evitarlo. — merodeo en su boca, provocando.

— Sé mi novia.

— Sí, sí, sí. — así mismo nos volvemos a revolcar en su cama con un nuevo preservativo sacado de una caja junto a su velador por unos instantes hasta acabar. Luego me doy un baño y salgo de la casa de mi nueva novia en dirección a la de mis padres al tomar un taxi.

Esta vez eran las ocho de la noche y por ende ya tenía mis días libres. Para llegar a mi casa tuve que ir sentado como media hora hasta que por fin el auto se detiene y me bajo luego de pagarle. Me meto a la fiesta de niños de la vecina donde veo que ya estaban por el último y me quedaba parado observando a Maddy bailar por su premio con ganas junto a la cumpleañera mientras mi madre la apoya.

Se veía alegre compartiendo un ambiente digno de su edad y eso era bueno, me agradaba que sea amistosa y divertida. Entonces cuando me ve me sonríe de forma inocente y a mi cabeza solo puede llegar la imagen de su papá acelerando mi pulso. Descolocando mi estado de ánimo por segunda vez en el día.

¿Tanto me importaba para sentirme así?

— ¡Sí! — chilló Maddnees despejando mis pensamientos corriendo hacia mí con su premio para que la cargue entre mis brazos. El público aplaudía a la ganadora que estaba entre mis brazos y me beso en la mejilla. — Mira, papá. Me gané un jueguito de cocina para que el señor bigotes, tú y yo cocinemos juntos.

— Perfecto. — doy un beso en su mejilla. — Ve a seguir jugando, al terminar nos iremos.

— No. — me mira ceñuda y cruza sus brazos haciendo un puchero con su boca. — Quiero dormir con mi amiga hoy.

— Muñeca, no sé si tú papá vaya a querer.

— Pero… — agachó la cabeza con tristeza, le acaricié la mejilla antes de plantar un beso en su mejilla.

— Pero ¿qué, princesa?

— Es déjame dormir aquí al menos como sus disculpas por haberme dejado en la escuela.

— No sabes cómo lo siento, muñeca. Se me pasó en verdad…

— Te disculpo si me dejas aquí.

— Bueno. — reí ante su chantaje. — Ve a jugar, yo llamaré a tu papá.

— ¡Sí! — exclama con emoción llenando mi rostro de besos. — Te adoro mucho, papá.

— Oh. — aquella voz femenina que no había oído hace tiempo se hace presente a mi detrás. Regreso a ver quién era y me llevo la sorpresa de Chantelle con la torta llegando a la fiesta. — Tom, que bueno verte otro vez, ¿es tu hija?

— N…

— Sí. — afirma Maddy abrazando mi cuello con fuerza. Chantelle arquea sus cejas.

— Hace mucho que no nos vemos y ya eres papá. Es lo mejor que te pudo haber pasado. Te sienta bien la paternidad, te ves más guapo que la última vez. — descaradamente me guiña el ojo antes de ingresar a la fiesta y yo fruncí el ceño.

¿Qué fue eso?

— ¿Quién era esa mujer?

— Una conocida, nadie importante. Ahora ve, voy a llamar a tu papá. — asiente con la cabeza eufórica para volver con su amiga mientras voy rumbo a mi casa a sentarme en la a era y llamar a su número con el pulso a mil. — Bill. — digo una vez que contesta. — Maddy está conmigo, uhm… se quedará a dormir en casa de su amiga, te aviso para que no te preocupes y sepas que no llegaré a casa.

— Está bien. Voy a llevarle ropa para traer el uniforme conmigo, seguramente está hecho una desgracia de la suciedad.

— Es lo de menos…

— Gracias por informar, voy para allá. — con eso último cuelga la llamada y guardo el teléfono. Decido ingresar a la casa para darme una ducha y quitar el olor a sexo terrible que tengo. Reemplazar ese boxer sucio por una pijama short que llega hasta las rodillas sin nada abajo y hoy, después de tanto martirio dormiría con absoluta libertad.

— Tom. — golpea mi madre la puerta de la habitación antes de entrar con un pedazo de torta que pone en la mesa. — La niña se quedó con Kari en su casa, ¿está bien?

— Sí, me pidió permiso.

— De acuerdo y… dos cosas más.

— ¿Qué?

— ¿Dónde estabas, con quién estabas y por qué tienes un aliento desagradable?

— Son tres cosas, mamá. — tapé mi rostro con la almohada, avergonzado. Pero ella me la quita con molestia y me da en el rostro con la misma. Me senté de golpe en la cama con una sonrisa.

— Dime.

— Estaba con mi novia, se llama Gianella y bebimos un poco para celebrar nuestro compromiso. Es todo.

— Yo juraba que tenían algo ese chico Bill y tú. — por arte de magia y como si lo hubieran invocado el estaba a unos escasos centímetros de mi madre en silencio. Chocamos miradas y fingí no haberle visto.

— ¿Dejaste la puerta abierta?

— Sí. Tú papá está abajo y no me cambies de tema.

— No, mamá. Ando con Gianella que es mi compañera de universidad… con Bill jamás pasaría algo porque dice que no le gusta mezclarse con pobres, le dan asco. — mi mamá frunció el ceño, cruzando sus brazos con enojo e iba a hablar si no fuera porque la corté saludando al pelinegro. — Hola, Bill. — él se sonrojó y se puso nervioso. — Entre, señor Kaulitz. Por favor.

— Voy abajo. — da media vuelta sobre su propio eje antes de irse de mi habitación. Bill le dijo un ‘Buenas noches’ y ella lo hizo de la misma forma pero con la molestia pintada un su saludo.

El pelinegro suspiró entrando a mi habitación con la mochila de Maddy.

— Cierre la puerta. — él no se movió.
Estaba vestida con una chaqueta grande de cuero que llegaba hasta el piso y sus típicas prendas negras de chico malo.

Malo solo la apariencia.

Así que fuí yo quien se levantó a cerrar la puerta y recibo la mochila de la niña con la ropa de pijama. Algo que no iba a usar porque seguramente le prestarían ropa allá dónde Karina.

— ¿Dónde está?

— Quizás no veas a Maddy todo el fin de semana. — murmuro observando el interior de esta con curiosidad. Algo que Bill ignora.

— ¿Cómo que Gianella es… t-tu novia?— tartamudeó y yo jugueteo con mi perforación, tragando una sonrisa ante su rostro encendido.

— Uhm, sí. A penas empezamos hoy.

— No…

— No, ¿qué?

— ¡No! — exclama empujándome. — ¡No puedes! ¡no! ¡no! ¡no! — mientras grita histérico me da golpes en el pecho, haciendo que de pasos hacia atrás con el rostro serio. — ¡No puedes! ¡no!

— ¿Qué no puedo? — respondo tomando sus muñecas con brusquedad y acercando a Bill a mí cuerpo, para mirarnos fijamente.

— ¿Por qué con Gianella? — dijo, con la respiración entrecortada, casi debilitándose.

— Le recuerdo señor Kaulitz que usted no puede meterse en la vida privada de sus empleados. Ya sabe, solo soy el niñero de su hija.

Y los ojos de Bill se humedecieron. Quizás le cayó como un balde de agua fría, una patada entre las bolas o un golpe en el estómago.

— ¿Por qué esa perra? — murmuró, con la voz quebrada.

— Porque eres un mentiroso, siempre pareces mentir a los demás para obtener tu propio beneficio, Bill. Los usas y luego los desechas cuando ya te cumplieron tu propósito en la cama.

Continúa…

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por WifesKaulitz

Escritora del Fandom

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